Por Mark Thornton. (Publicado el 15 de diciembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3953.
[Scroogenomics: Why You Shouldn't Buy
Presents for the Holidays • Joel Waldfogel • Princeton University Press, 2009 • 186 páginas]
Este librito podría ser un buen regalo de Navidad para
muchos de nuestros amigos y parientes. Tiene una información nítida sobre la
Navidad y comparto la opinión del autor de que la fiesta cristiana ha sido
completamente comercializada.
Por desgracia, todo el planteamiento del libro se basa en un
error económico básico. Esto acaba llevando a desarrollar el argumento de
Waldfogel contra los regalos de Navidad. Sin embargo, el libro ejemplifica las
importantes diferencias entre economistas austriacos y la corriente principal.
Los economistas de la corriente principal como Waldfogel
adoptan la posición de Scrooge de que dar regalos es malo para la economía.
Pero para los austriacos los regalos en fiestas están bien. La gente ha venido
celebrando este tiempo desde hace mucho y tenemos multitud de opciones,
incluyendo Jánuca, Navidades, Año Nuevo y más recientemente Kwanzaa y Festivus
para el resto de nosotros. Todos los problemas de esos regalos son o bien
insignificantes o sólo afectan a las personas implicadas.
El fundamento básico de Scroogenomics es que dar
regalos crea un peso muerto perdido para la sociedad. Los compradores de
regalos transfieren su dinero para comprar regalos que ofrecen poca utilidad a
la gente que los recibe. De hecho, Walgfogel pregunta a sus estudiantes si los
regalos que recibieron en vacaciones valían realmente lo que se pagó por ellos
y descubrió al menos un valor inferior del 13%. ¡Sorpresa! Los estudiantes
universitarios habrían preferido recibir el dinero.
Supongamos que este peso muerto perdido sea una realidad.
¿Cuál es el error? Bueno, es un problema de realizar comparaciones entre
utilidades interpersonales. Waldfogel está comparando el coste para el
comprador con el beneficio para el receptor. La comparación real es el coste de
comprador con el beneficio del comprador. Sí, comprar regalos puede ser
frustrante, ¿y qué? El valor real está en el reconocimiento del receptor. El
propio regalo es sólo una parte del ritual general.
Si gasto 20$ para comprar un pastel de frutas para la Tía
María, recibo más satisfacción que en gastar 20$ en alguna otra cosa para mí o
para ella. Sí, los que hacen regalos pueden “sentirse obligados” a comprarlos y
la utilidad que reciben podría considerarse más como un alivio que otra cosa,
pero sigue siendo una utilidad. Además, el receptor obtiene utilidad tanto
directa como indirecta al recibir el regalo.
A veces quienes hacen regalos dan intencionadamente cosas
que no producen la máxima utilidad posible para el receptor. La gente regala
libros a gente que no lee mucho esperando que desarrolle buenos hábitos. Los
que regalan música que otros no conocen, lo hacen con la esperanza de aumentar
sus experiencias musicales. Sí, puede que esos planes no funcionen, pero eso no
cambia la utilidad en el momento de la compra.
Hacemos lo mismo en las donaciones de caridad. La caridad
que intenta ayudar a los pobres no lo hace simplemente firmando cheques y entregando
dinero. El dinero puede ser más importante en lo que respecta a la utilidad del
receptor, pero a los donantes y su caridad les interesan otros resultados. Por
eso tienden a ofrecer comida, ropa, alojamiento, medicinas y educación. De
hecho, la caridad privada tiende a proveer esos servicios de forma que no
puedan venderse a cambio de dinero. Así, comen, duermen y reciben medicinas
bajo los parámetros de la caridad. La ropa probablemente sea usada y de la
talla del donante, por lo que es difícil de revender.
Incluso el gobierno trata de actuar así. A nadie le interesa
maximizar la utilidad del receptor, especialmente si el recipiente es joven,
analfabeto o alcohólico.
La perspectiva austriaca hace menos probable caer en las
trampas en las que tan a menudo incurren nuestros colegas de la corriente
principal y los paternalistas libertarios. Sabemos que no podemos medir la
utilidad. Sabemos que no podemos comparar la utilidad. Sabemos que hay aspectos
en las transacciones que no entendemos ni podemos entender.
El resto del libro de Waldfogel confirma básicamente que dar
regalos no es tan horrible como la economía de la corriente principal podría
esperar. Incluso si aplicamos los resultados de las encuestas de los
estudiantes universitarios al valor total de los regalos, resulta que el peso
muerto perdido en Estados Unidos asciende a sólo 17.000 millones de dólares. Me
apena decirlo, pero eso actualmente es una cantidad muy pequeña de dinero.
Asimismo resulta que la Navidad en Estados Unidos no está
tan comercializada en comparación con otras naciones. Estamos en el puesto 21
más bajo en gasto de los 31 países de la OCDE y gastamos sólo 3 de cada millón
de dólares del PIB, colocándonos los sextos más parecidos a Scrooge de las 26
principales economías mundiales. Desde 1935, el gasto en Navidades se ha
reducido en un 50% (ajustado a la inflación y el PIB). Gastamos más, pero el
gasto en Navidades está realmente haciéndose menos importante en el modelo
general de cosas.
El autor demuestra que en lugar de la postura de ahorrar y
gastar en compra de regalos, los estadounidenses han adoptado la postura de
pedir prestado y gastar propia de nuestro gobierno. Como el punto de inflexión
se produjo en 1980, podemos acusar de este problema a la política pública, no a
Santa: el gobierno ha destruido virtualmente el incentivo para ahorrar.
Las Navidades como institución han evolucionado con el
tiempo y los cambios en la sociedad. Sigue tratando de adaptarse a la
prosperidad y a la naturaleza más dispersa de nuestras familias. Como sugiere
el autor, una solución a este dilema son las tarjetas regalo, que permiten al
vendedor evitar la decisión sobre el regalo, envolverlo y enviarlo y permite al
receptor una gran variedad de regalos. Además, individuos, familias y grupos
han cambiado sus tradiciones para pedir fiestas sin regalos, donaciones de
caridad y limitaciones en los regalos (cantidad, precio o sólo a niños).
A mí este libro me parece como Freakonomics. Es
divertido, fácil de leer, destaca las diferencias fundamentales entre economía
austriaca y de la corriente principal. Los economistas de la corriente
principal parecen empeñados en reformar todo lo que no hayan fastidiado ya.
Entretanto los economistas austriacos se contentan con apuntar los errores de
la corriente principal acerca de la Navidades pasadas y presentes.
Feliz Navidad.
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Mark Thornton es miembro residente senior en el Instituto
Ludwig von Mises en Auburn, Alabama, y es editor de la crítica de libros del Quarterly
Journal of Austrian Economics. Es autor de The
Economics of Prohibition y coautor de Tariffs,
Blockades, and Inflation: The Economics of the Civil War.