Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 9 de diciembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí:
http://mises.org/daily/3932.
Lo fantástico de una recesión es que hace apretarse el
cinturón a las empresas. Los inútiles se van, para alivio de los empleados
competentes, que se desmoralizaban con el vago bien pagado del cubículo de al
lado. Ya era hora.
En una recesión las actualizaciones de software se convierten
en esenciales para la misma vida. Los empleados sienten la necesidad de hacer
cosas aparte de actualizar sus cuentas de Facebook.
En otras palabras, las recesiones hacen que el mundo
desperdicie menos y, en este sentido, forjan un marco de mayor prosperidad en
el futuro. Definitivamente hay algo estéticamente agradable en las casas
limpias y las recesiones lo consiguen por necesidad.
Pero algunas malas prácticas de negocio han sobrevivido a
este cambio y la primera en mi lista es la de enviar regalos a los clientes
durante la temporada de vacaciones. Simplemente no puedo creer que esto
continúe.
Lejos de agradar al cliente, estos regalos tienen el efecto
contrario. Hacen que el cliente se pregunte qué demonios hace la empresa
gastando dinero en inutilidades en lugar de en incrementar la eficiencia y
ofrecer precios más bajos. ¿Realmente se engaña a alguien con estos regalos? Lo
dudo seriamente. A mí, debo admitirlo, estos regalos me generan oleadas de
furia.
Digamos que una imprenta decide enviar cajas de caramelos y
frutas a todos sus clientes, una idea generada por algún graduado en alta
gestión de algún colegio de segunda
clase. Hay 30.000 clientes. Cada regalo cuesta 8$ más 3$ en correo para un
total de más un tercio de un millón de dólares. Con eso, la compañía podría
haber contratado un buen programador o gestor de software durante cinco años.
Hoy en día, un buen empleado puede aumentar la eficiencia de
una compañía en un 50%, sencillamente automatizando procesos que ahora son
manuales. O quizá el dinero podría ir a algún software de empresa o un servicio
web. Pero no: la compañía en cambio despilfarra el dinero en sobornos baratos
que nada tienen que ver con la empresa.
Recibir por correo una cesta de fruta sólo sirve para
recordar a los clientes el fracaso del negocio en seguir el programa. La verdad
es que una gran cantidad de empresas estadounidenses viven en el pasado,
utilizando software y ordenadores anticuados y empleando a un ejército de
idiotas que piensan que la vida de los negocios es vestir bien y hablar de los
partidos. Entre tanto, la gente que realmente hace que los negocios funcionen
(los técnicos) están mal pagados y son poco apreciados. Su valor para el futuro
está casi siempre infraestimado.
E incluso si la compañía está usando al última tecnología
(lo que es bastante improbable), ¿por qué no gastar el dinero de los regalos en
una rebaja de precios a los clientes? Eso es lo que la gente aprecia realmente.
Conlleva una verdadera devoción, un verdadero servicio, un verdadero compromiso
con la idea de excelencia. Nada dice Felices Fiestas como un descuento. Aún
mejor sería un buen servicio y buenos precios durante todo el año.
No veo que Wal-Mart envía regalos a todos sus clientes. De
hecho, la mayoría de la gente estaría bastante sorprendida por recibir un
regalo por correo de Wal-Mart. Lo primero que se le ocurriría al receptor
sería: “¡La silla que compré se desmoronó, el lector de CD dejó de funcionar y
las galletas que compré estaban pasadas!” Haría recordar todos los fallos de la
empresa. Sin duda Wal-Mart es suficientemente inteligente para entenderlo.
Pero es distinto en la contratación entre empresas. De
alguna forma el ethos atrapado en el mundo del B2B sostiene que cada
tercero contratado debe gastarse miles, millones en enviar tratos de
vacaciones. ¿Por qué lo hacen? ¿Tienen las imprentas, almacenes y compañías de
tecnología la impresión de que estos regalos aumentarán la probabilidad de que
la empresa contratante va a usar más a su proveedor el nuevo año? Deben
creerlo. ¿Si no, por qué los envían?
Después de todo, estos proveedores no son los Reyes Magos.
Son empresas. Y en lso negocios el santo y seña debería ser siempre Deshazte
de la basura. Un regalo a un cliente dice: “Amamos la basura y pensamos que
tú también”.
Es verdad que las vacaciones son tiempos de amar y compartir
y de hacer regalos. Pero la gente debe hacer esto con su propio dinero, no a
expensas de otros. Una fiesta
en la oficina es una cosa, pero ¿por qué anunciar ineficiencia a tus
clientes?
Un negocio en el sector privado es total y completamente
dependiente de los clientes en sus beneficios, así que el beneficio que gastan
en dar regalos necesariamente viene también de los clientes. ¿Lo ven? Están
tirando dinero en bagatelas en lugar de servir a otros mediante lo que se
supone que deben hacer.
Mientras reciban regalos de estas empresas, piensen en ellos
como una señal de que esta recesión no ha sido suficientemente profunda o no ha
durando lo suficiente.
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Jeffrey Tucker es editor de Mises.org.