Por Clifford F. Thies. (Publicado el 1 de diciembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3899.
Han aparecido correos electrónicos hackeados o posiblemente
filtrados que indican que mucho de lo que pasa por ser ciencia del cambio
climático es propaganda. Parece que los datos se han filtrado, alterado o
falsificado para negar lo obvio: la tierra no se está calentado de acuerdo con
los modelos del cambio climático, la temperatura global ha venido fluctuando
durante cientos de miles de años debido a variaciones naturales y la tierra no
es ahora más cálida de lo que ha sido en muchos momentos anteriores en la
historia.
El mercado negro ganado por los alarmistas durante la década
de 1970 al predecir un enfriamiento global continuo puede repetirse con los
alarmistas del calentamiento global. Sin embargo, la tragedia real puede ser
que, algún día, los científicos griten “¡lobo!” a un público que ha aprendido a
ignorarles.
Pero ahora cualquiera que sea serio acerca de la posibilidad
de un calentamiento global sabe que la teoría del “palo de hockey” promulgada
por la ONU hace años es basura.
Esta teoría sostenía que no había habido ninguna variación
significativa en la temperatura global durante los últimos miles de años hasta
hace muy poco, cuando el capitalismo empezó a apropiarse del poder industrial.
Que esta teoría la avanzara un científico socialista podría haber hecho que se
cuestionara su validez.
La “ciencia” no es, como imagina mucha gente, memorizar una
lista de hechos (como los nombres de los planetas). Tampoco el progreso de la
ciencia viene determinado por experimentos de laboratorio. Esto es porque, en
los límites de nuestro conocimiento no existen experimentos aceptados de
laboratorio y, en ciertos campos, éstos ni siquiera podrían ser realizados. El
progreso de la ciencia está determinado más bien por la libre investigación, la
discusión abierta y la transparencia entre quienes comparten disciplina.
No debería haber una pretensión de que el Panel
Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU sea una
organización neutral. Se formó por parte de las Naciones Unidas para estudiar
específicamente “los riesgos del cambio climático inducido por la humanidad”.
Por tanto, se preidentifica a la parte culpable y todo lo que queda es recoger
evidencias. Los informes periódicos del IPCC proclamaban, incluso de forma más
autoritaria, que la tendencia del calentamiento global que estaba ocurriendo en
ese momento se debía a la actividad humana. El segundo informe, en 1996, decía
que “la comparación de evidencias sugiere una influencia humana discernible en
el cambio climático”.
El tercero, en 2001, presentaba “nuevas y más fuertes
evidencias”. Este informe incluía el palo de hockey y la loca idea de que la
tendencia al aumento de la temperatura global durante los tres siglos
anteriores (o desde la llamada “Pequeña Edad de Hielo”) se debió a la actividad
humana. El cuarto, en 2007, que lanzaba las afirmaciones más embarazosas,
indicaba sin embargo que “la mayoría del aumento observado en las temperaturas
medias globales desde mediados del siglo XX se debe muy probablemente al
aumento observado de concentraciones de gases de efecto invernadero de origen
antropogénico”.
Todo esto parecía razonable en ese omento por la tendencia
al calentamiento. Pero recientemente las temperaturas globales se han venido
moderando y, además, como demuestran los correos electrónicos, los científicos
estaban alterando en todo momento las evidencias.
Ahora lo ves
A continuación copio un gráfico con la historia de la
temperatura global como se veía en el informe de 2001. Como deja claro la
gráfica, la temperatura global empezó a recuperarse desde la Pequeña Edad de
Hielo hace unos trescientos años. Yuxtapuestos a la tendencia al aumento hay
varios ciclos de 30 a 40 años de duración, incluyendo el que muestro en rojo,
que causó mucha alarma durante la década de 1970 al decir que la actividad
industrial estaba causando un enfriamiento global.
Ahora no
Publicar la historia real de la temperatura global
cuestionaría la hipótesis de que la actividad humana causara su aumento. O, por
citar un correo electrónico de los supuestamente estimados científicos que
promueven la agenda del cambio climático en la ONU, daría “carnaza” a los
“escépticos”. Así que aquí está el gráfico que publicaron.
![Figure 2]()
Cuando después de su publicación por la ONU, la teoría del
palo de hockey fue revisada por la Academia Nacional de Ciencias, se consideró
“inconsistente” con los datos disponibles en el momento. Es una forma elegante
de decir que no se empelaba más cantidad de interpretación subjetiva de lo
habitual. Un científico que sea socialista, pro supuesto, tenderá a dejar de
investigar cuando haya “probado” que el capitalismo, al permitir una población
creciente con niveles de vida constantemente más altos, es realmente malo. Por
el contrario, un científico que sea capitalista tendrá la postura contraria.
A pesar de estos prejuicios, hay esperanza en el progreso de
la ciencia porque, mientras haya libre investigación, los datos acabaran por
hablar por sí mismos. Este tipo de toma y daca sucede el todo momento en las
disciplinas científicas. Pero esconder las evidencias, como sabemos que ahora
se ha hecho, es un fraude académico.
Entonces, ¿qué dicen los datos?
Buena parte de los datos se han obtenido después de que la
ONU empezara su “ataque en tromba” contra la libre empresa. Primero, tenemos
muchas más evidencias de la variación natural del pasado basada en una gran
variedad de fuentes de temperaturas. Durante los últimos milenios ha habido dos
periodos durante los cuales la temperatura global ha sido tan alta o más que
ahora.
Correlacionando periodos cálidos y fríos con lo que sabemos
acerca de la historia, los tiempos cálidos han sido épocas de florecimiento
humano, expansión de la actividad económica, el progreso científico y la
expresión cultural. Y los tiempos fríos han sido épocas de hambre, enfermedad y
colapso de la civilización. Si pudiéramos controlar la temperatura global,
procuraríamos más evitar un enfriamiento global que un calentamiento.
Segundo, sabemos que, al menos hasta ahora, realmente no
sabemos demasiado acerca de las causas de los cambios climáticos. Los modelos
informáticos que incorporan la teoría de los gases de efecto invernadero han
sido contradichos masivamente por los datos actuales. Es decir, el CO2 continúa
acumulándose en la atmósfera y aún así la temperatura global se modera en lugar
de continuar aumentando.
Podría ser, como puede interpretarse a partir de las
evidencias históricas, que la variación del CO2 en la atmósfera sea un efecto
en lugar de un causa de la temperatura global, ya que los niveles de CO2
parecen venir un lapso después de la variación de la temperatura global. El
asunto merece sin duda un estudio continuo.
Tercero, sabemos que los alarmistas asociados al IPCC no son
de confianza. El planeta es tan importante que necesitamos una comunidad de
climatólogos no predispuesta hacia una teoría o, aún peor, a una prescripción
política. La agenda de la ONU está obviamente manejada por las muchas naciones
despóticas del mundo que buscan usar el cambio climático para robar a las
naciones ricas del mundo, en colaboración con una élite intelectual que
favorece el socialismo por encima del capitalismo y con grupos de intereses
especiales en busca de enormes subsidios del gobierno. El Tratado de Kyoto, que
impone límites sólo a ciertas naciones (las más ricas), no podría funcionar
nunca, pues sólo traslada la actividad industrial a naciones sin límites (las
más pobres), sin una reducción neta de las emisiones de carbono.
Por fin, sabemos que, en lo que se refiere a los recursos
escasos, una aproximación de mercado es preferible a una aproximación
socialista, especialmente a un gobierno socialista mundial.
Un aproximación de mercado a la política medioambiental no
sólo lograría que cualquier objetivo se realice eficientemente, a partir de las
tecnologías actualmente disponibles: induciría al descubrimiento de nuevas
tecnologías, haciendo posible lo que hoy parece costoso y quizá incluso
imposible, con un mañana con niveles de vida cada vez más altos.
Al contrario que el socialismo, el capitalismo no se basa en
el temor. El capitalismo se basa en la confianza, la confianza en la inagotable
creatividad de las personas libres.
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Clifford F. Thies es el titular de la Cátedra Eldon R.
Lindsay de Libre Empresa en la Universidad de Shenandoah en Winchester,
Virginia.