El mercado puede regular los automóviles

Por Daniel Hewitt. (Publicado el 18 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3842.

 

Una de los ejemplos más habituales que aportan quienes se oponen a la abolición de la regulación gubernamental de los productos de consumo es el del automóvil. La lógica de esta objeción es que el automóvil es el producto de consumo más caro y complejo que la mayoría compra en su vida. Tiene tanto impacto en la seguridad personal, el medio ambiente y nuestra cultura en general que es demasiado importante como para dejar que lo regule el libre mercado.

Es ingenua la visión de trampas mortales chapuceramente diseñadas cubriendo el planeta con un espeso humo. Por el contrario, ya hemos visto atisbos en nuestra sistema regulado actual de cómo funcionaría uno no regulado, pues los deseos básicos del consumidor trascienden cualquier regulación impuesta por el gobierno.

Contaminación

El Dr. Walter Block se ocupa del asunto de la contaminación en su reciente libro The Privatization of Roads and Highways[1] [La privatización de las carreteras] y demuestra rápidamente que la pesadilla de los estatistas de una contaminación sin control es falsa. Los propietarios de carreteras privadas, conscientes de que serían los objetivos más evidentes de demandas de contaminación por parte de propietarios colindantes, se protegerían cobrando tarifas más altas a vehículos más contaminantes, dando incentivos a los fabricantes de automóviles para diseñar y construir equipos de control de contaminación en sus vehículos. La explicación de Block es tan lúcida y racional que tiene más sentido examinar los fallos de actual sistema regulado que el funcionamiento de uno no regulado.

Las regulaciones del Corporate Average Fuel Economy (CAFE) dictadas en los años 1970, se tomaron bajo la mentalidad del “gobierno federal como salvador”, en reacción al embargo de petróleo de los países árabes.[2] Desde entonces CAFE se ha transformado durante décadas en un medio por el que los fanáticos del medio ambiente pueden reducir nuestra “huella de carbono”, independientemente de la voluntad del individuo. Con un Congreso elegido popularmente obligando a la economía de gasolina a los fabricantes de automóviles, las millas por galón requeridas han aumentado constantemente con poca consideración de los deseos (o vidas) de los consumidores.

Como el cálculo del CAFE se pondera por volumen de ventas, la cantidad de unidades vendidas de cada modelo es crítica para el cumplimiento de los requerimientos por el fabricante. Para aumentar el volumen de ventas, deben descontarse los vehículos pequeños, eficientes en consumo. En cambio los precios aumentan para los vehículos grandes con niveles de consumo más altos para disminuir las ventas.

Los fabricantes de automóviles, de alguna forma contraintuitivamente, no se oponen a estándares más estrictos. Se llega a acuerdos con los lobbys de los autos, como subvenciones a tecnologías e investigaciones que economicen gasolina a cambio del apoyo de fabricantes a requisitos del CAFE a los que de otra manera se opondrían. Igualmente puede negociarse la categorización de modelos concretos para disminuir el impacto en los fabricantes. Los autobuses y camiones tienen diferentes estándares CAFE y con la aparición de los crossover los límites entre camiones y automóviles se han difuminado (el PT Cruiser de Chrysler se ha clasificado como camión).

La primera consecuencia no deseada de la regulación CAFE ha sido su impacto negativo en la seguridad de los pasajeros. El efecto de los siempre crecientes estándares de economización de combustible ha sido una tendencia acelerada hacia vehículos más pequeños (más rápida que la tendencia que habría tenido el mercado si se le dejara actuar). Los ocupantes de vehículos más pequeños y ligeros tienen mayores riesgos en colisiones múltiples, debido a la gran disparidad en el tamaño.

Un análisis de 1999 del USA Today estimaba que de 1975 a 1999, murieron aproximadamente 46.000 personas en accidentes que habrían sobrevivido si hubieran conducido vehículos más grandes. Son 7.700 muertes acumuladas por cada milla por galón ganada.[3] Se han realizado diversos estudios (con distintas conclusiones, pues es necesario cierto análisis subjetivo), pero la premisa general de que la disparidad en tamaño aumenta las tasas de mortalidad permanece como totalmente lógica.

Perdido en el debate sobre el economización de gasolina está el hecho de que hoy existe tecnología para vehículos más eficientes en combustible, pero el mercado los ha rechazado en su mayor parte. Los compradores de coches han evitado constantemente el cambio manual de marchas, a pesar de su impacto positivo en la eficiencia del combustible, a favor de la más cómoda pero menos eficiente caja de cambios automática.

También los compradores han optado por los tradicionales motores de gasolina frente a motores diésel más eficientes. Igualmente la ganancia en eficiencia de combustible de un motor turboalimentado no ha atraído a los compradores para hacer la inversión adicional. Los fabricantes no han sido capaces de compensar el mayor coste de los paneles de la estructura de aluminio (que reducen la masa y por tanto aumentan la eficiencia) con un precio de venta más alto y así el acero sigue siendo el componente principal de sus carrocerías.

El hecho de que el ahorro de gasolina se haya convertido en un asunto de debate público en lugar de ser una elección del consumidor, es un indicador deprimente de lo difundida que está la visión colectivista de la necesidad de un mercado regulado por el gobierno. Obligaciones de una mayor eficiencia en combustible de automóvil y financiación pública de combustibles alternativos siguen siendo ideas masivamente populares[4], a pesar de que los segmentos de coches pequeños y medianos cubren sólo un 45% de todas las ventas de automóviles.[5]

Calidad

 Consumer Reports es una revista muy conocida que publica revisiones, comparaciones, pruebas y guías de compra de productos de consumo de automóviles nuevos y usados. La publica la organización sin ánimo de lucro Consumers Union y se financia por sus suscripciones. Para mantener la objetividad a ojos de sus suscriptores, su código operativo es estricto: no aceptan publicidad de fuentes externas y compran anónimamente todos los vehículos que prueban. Su relación con los fabricantes de automóviles ha sido tempestuosa desde hace tiempo, pues dichos fabricantes han criticado frecuentemente los métodos de prueba de Consumer Reports, el pequeño tamaño de las pruebas, etc.

Sin embargo, con el tiempo, Consumer Reports ha ganado tanta influencia y ha acumulado el suficiente respeto y buena voluntad entre los compradores, que los fabricantes de vehículos empezaron a trabajar con ellos desde el primer momento. La práctica de pruebas de nuevos modelos de Consumer Reports permaneció inmutable, pero los fabricantes de coches enviarían vehículos en preproducción a su instalación de pruebas para pedir la opinión de los ingenieros de pruebas. Así podían incorporarse las sugestiones de los ingenieros al diseño del vehículo y antes del inicio de la producción en masa (y la consiguiente compra al azar y prueba de Consumer Reports) y lograr una mejor crítica.(6)

En 2003 se informó ampliamente de esta práctica, forzando a Consumer Reports a abandonarla, porque ponía en cuestión su objetividad.[7] Incluso la apariencia de parcialidad, fuera real o no, fue motivo suficiente para que Consumer Reports cambiara de actitud. En una economía de mercado, la opinión de sus clientes era sacrosanta, como en el caso de cualquier vendedor de un bien o servicio.

J.D. Power & Associates, propiedad de la sociedad anónima McGraw-Hill Companies Inc., está especializada en encuestas de satisfacción de los consumidores. Su principal fuente de ingresos son las compañías de automóviles que compran los datos que recogen. Su ampliamente conocida Encuesta de Calidad Inicial (IQS, por sus siglas en inglés) se ha convertido en la referencia de calidad del producto en el sector de la automoción.

Se encuesta a los compradores durante los 90 días después de la compra de un vehículo nuevo y se les pide que indiquen Cosas que Van Mal (TGW, por sus siglas en inglés). El resumen de datos de Cosas que Van Mal por cada 100 vehículos (TGW/100) para cada modelo, fabricante, segmento y planta de fabricación se presenta anualmente al público.(8) Se entregan datos detallados por cada categoría TGW y modelo a los clientes de J.D. Power & Associates.

La IQS tiene limitaciones: cada TGW tiene un peso equivalente, así que un posavasos difícil de usar tendría el mismo impacto que un motor que funciona mal. También 90 días es un periodo de servicio demasiado corto para juzgar la calidad a largo plazo de un modelo. Sin embargo, todos los fabricantes de autos están forzados a respetar el profundo impacto que tiene la IQS en la percepción del consumidor y todos la han adoptado como una medición interna de calidad.

Consumer Reports y J.D. Power & Associates juegan un papel importante en cualquier Mercado, regulado o no, y sin duda continuarán existiendo y prosperando por lo que podrían abolirse las regulaciones gubernamentales.

Seguridad

El Insurance Institute of Highway Safety (IIHS)[9] es una organización sin ánimo de lucro, que recibe fondos de las aseguradoras de automóviles en un intento por reducir el número de accidentes, el alcance de los daños y el nivel de lesiones personales. Al reconocer que las regulaciones impuestas por el estado a través de la Administración de la Seguridad en el Tráfico de las Carreteras Nacionales (NHTSA, por sus siglas en inglés) no reflejaban adecuadamente los objetivos de clientes y aseguradoras, el IIHS formuló varios tests propios de seguridad.

Además de la obligada prueba por parte de la NHSTA del impacto frontal, el IIHS desarrolló la prueba de impacto frontal limitada para representar mejor los impactos de la vida real. La mayor parte de los impactos son limitados, es decir, el impacto se produce sólo en una parte del frontal del automóvil y no se distribuye por igual en toda la parte frontal. La prueba de impacto lateral del IIHS también es distinta de la versión de la NHSTA, para simular la más peligrosa y cada vez más común situación de que un vehículo todoterreno más alto impacte en el lateral del automóvil. En 2009, el IIHS empezó a probar el aplastamiento de techos en vehículos todoterreno, que son propensos a accidentes con vuelco para un estándar más estricto que el que obliga la NHSTA.[10]

IIHS compra y prueba modelos nuevos y rediseños, con los resultados detallados a disposición de fabricantes y aseguradoras e informes resumen para el público general.[11] Los beneficios netos para los consumidores son vehículos más seguros y primas de seguro más bajas, derivadas del beneficio de las aseguradoras por menos indemnizaciones y de menor importe. También los fabricantes se benefician por las mejores pruebas que representan mejor las condiciones de la vida real y así reducen el riesgo de litigios.

Estos deseos permanecerían en un mercado verdaderamente libre y por tanto el IIHS o un competidor que añadiera un valor similar mantendrían este importante papel. Los dispositivos de seguridad de dudoso valor, como los airbags, recibirían la revisión atenta que merecen en un mercado verdaderamente libre y los consumidores se beneficiarían de la transparencia y franqueza que falta a nuestro sistema actual.

Podemos imaginar fácilmente que los propietarios de carreteras privadas impondrían un estándar mínimo de seguridad a los vehículos que las transiten. El nivel de rendimiento de seguridad requerido seguramente variaría de una carretera a otra. Por ejemplo, un tractor que viaja sólo cortas distancias en carreteras rurales no necesitaría tener el mismo equipamiento de seguridad que un turismo familiar en una autopista de circunvalación.

Por encima del umbral mínimo, los fabricantes se adaptarían a las elecciones individuales de los consumidores. Los modelos con niveles más altos de seguridad satisfarían a los consumidores que valoran primas de seguro más bajas o tranquilidad. Los modelos con menores niveles de seguridad satisfarían a los consumidores que se centran en el coste.

La NHSTA emite los conocidos Estándares de Seguridad Federales para Vehículos a Motor (FMVSS, por sus siglas en inglés). Aunque el lobby del sector tiene influencia, las regulaciones de los FMVSS son, esencialmente, dependientes del gobierno. Y, como todo lo que depende del gobierno, crean distorsiones en el mercado. Las aparentemente pequeñas diferencias entre regulaciones ocasionan gastos adicionales para los fabricantes, privando a los consumidores del benéfico máximo de la división internacional del trabajo.

Los vehículos importados deben modificarse para cumplir con los requerimientos propios de los FMVSS, ya sea en la fábrica de origen o por un adaptador local, elevando su coste. Los vehículos exportados se ven penalizados de forma similar. Por ejemplo, los modelos exportados al Canadá deben equipar luces para el día (DRL) y un parachoques con otro diseño, pues los CMVSS (el equivalente canadiense de los FMVSS) tienen provisiones propias, obligando a tener luces operando durante el día y una mayor velocidad de impacto para la vulnerabilidad del parachoques.

Conclusión

Todos los consumidores dan un alto valor a su seguridad personal. Los vendedores de cualquier producto de consumo deben atender este deseo con el fin de prosperar en una economía capitalista.

Los fabricantes de automóviles, a causa de los deseos de sus consumidores de acceder a las carreteras al menor coste posible y para obtener un seguro también con el mínimo coste, se beneficiarían produciendo productos seguros que cumplan los estándares establecidos por los reguladores privados. Los reguladores privados, que dependen de su propia reputación y honradez como marcas, competirían entre sí por la posibilidad de probar y certificar automóviles.

El seguro dejaría de ser obligatorio, dejando la elección a cada individuo. Es posible que algunos propietarios de carreteras requieran a sus usuarios que tengan seguros personales. Además, para proteger los activos que están financiando, quienes otorguen créditos para compra de coches pueden requerir que el comprado contrate un seguro de colisión.

El libre mercado posee los medios para regularse por sí mismo. Los automóviles no son demasiado importantes como para dejar que los gestione el libre mercado. Son demasiado importantes como para dejarlos al gobierno.

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Daniel Hewitt es ingeniero de automóviles en Detroit, Michigan.


[1] Walter Block, The Privatization of Roads and Highways (Auburn: Ludwig von Mises Institute, 2009).

[2] NHTSA: CAFE Overview.

[3] James R. Healey, "Death by the Gallon: Push for Better Mileage Raises Death Tolls," USA Today, Edición Especial Reimpresa, reimpresa de Money, 2 de Julio de 1999.

[5] Auto Sales - Markets Data Center, Wall Street Journal.

(6) "Many Car Shoppers' First Stop Is 'Consumer Reports'", USA Today, 16 de septiembre de 2003.

[7] "'Consumer Reports' Changes", USA Today, 29 de septiembre 2003.

(8) "2009 Initial Quality Study", J.D. Power and Associates, 22 de junio de 2009.

[10] Noticia divulgada por el IIHS, 24 de marzo de 2009.

Published Thu, Nov 19 2009 7:09 PM by euribe