Por Ludwig von Mises. (Publicado el 16 de noviembre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/3844.
[Extraído de La
acción humana]
Las consideraciones de los individuos que determinan sus conductas
en relación con el dinero se basan en su conocimiento acerca de los precios del
pasado inmediato. Si no tuvieran este conocimiento, no estarían en posición de
decidir cuál sería el volumen de sus existencias líquidas y cuánto deberían
gastar en comprar distintos bienes.
Es impensable un medio de intercambio sin un pasado. No
puede empezar a emplearse como medio de intercambio nada que no haya sido
previamente un bien económico al que la gente asignara ya un valor de
intercambio antes de ser demandado como dicho medio.
Pero el poder de compra que nos indica el pasado inmediato
se ve modificado por la demanda y oferta de dinero de hoy. La acción humana
siempre mira al futuro, aunque este futuro sea a veces la próxima hora. Quien
compra, lo hace para consumir y producir en el futuro.
En la medida en que se crea que le futuro diferirá del
presente y el pasado, se modifica nuestra valoración y evaluación. Esto no es
menos cierto en relación con el dinero que con todos los bienes vendibles. En
este sentido, podemos decir que el valor de compra del dinero de hoy es una
previsión del valor de compra de mañana.
La base para todos los juicios relacionados con el dinero es
su poder de compra en el pasado inmediato. Pero en la medida en que se esperan
cambios inducidos por la liquidez en el poder de compra. Entra en escena un
segundo factor: la anticipación de esos cambios.
Quien crea que los precios de los bienes en los que tiene
interés aumentarán, compra más de éstos de los que habría adquirido en ausencia
de esta creencia: en consecuencia, reduce su existencia de dinero líquido.
Quien crea que esos precios bajarán restringirá sus compras y así aumentará su
existencia de dinero líquido.
Mientras esas consideraciones especulativas se limiten a
algunos productos, no ocasionarán una tendencia general al cambio de las
existencias en efectivo. Pero es distinto si la gente cree que esta en vísperas
de un gran cambio inducido por la liquidez en el poder de compra. Cuando
esperan que los precios en dinero de todos los bienes suban o bajen, aumentan o
disminuyen sus compras.
Estas actitudes fortalecen y aceleran considerablemente las
tendencias esperadas. Esto continúa hasta que se llega a un punto a partir de
cual ya no se esperan más cambios en el poder de compra del dinero. Sólo
entonces la inclinación por comprar o vender se detiene y la gente empieza de
nuevo a aumentar o disminuir su efectivo.
Pero una vez que la opinión pública está convencida de que
el aumento en la cantidad de dinero continuará y no terminará nunca, todos
intentan comprar lo máximo posible y restringir al mínimo posible su efectivo.
Pues bajo estas circunstancias los costes ordinarios de mantener efectivo
aumentan por las pérdidas causadas por la progresiva disminución del poder de
compra. Las ventajas de mantener efectivo deben pagarse con sacrificios que se
consideran una carga intolerable.
A este fenómeno se le conoció en la grandes inflaciones
europeas de los años 1920 como Flacht in die Sachwerte (correr a por los
inmuebles) o Katastrophenhausse (auge de los desastres). Los economistas
matemáticos no saben qué hacer para entender la relación causal entre el
aumento de la cantidad de dinero y lo que llaman la “velocidad de circulación”.
El elemento característico del fenómeno es que el aumento en
la cantidad de dinero causa una caída en la demanda de dinero. La tendencia
hacia una caída en le poder de compra generada por el aumento en la oferta
monetaria se intensifica por la propensión general a disminuir el efectivo que
éste trae. Al final se llega a un punto donde los precios a los que la gente
estaría dispuesta a desprenderse de los bienes “reales” descuentan hasta tal
punto el esperado progreso en la caída del poder de compra que nadie tiene la
cantidad suficiente de efectivo a mano para comprarlos.
El sistema monetario colapsa, cesan todas las transacciones
en la moneda afectada, un pánico hace que todo su poder de compra se
desvanezca. La gente vuelve al trueque o se cambia a otra moneda.
El recorrido de una inflación progresiva es éste: Al principio,
el flujo de dinero adicional hace que suban los precios de algunos bienes y
servicios, otros precios aumentan después. El aumento de precios afecta a los
distintos bienes y servicios, como hemos visto, en diferentes fechas y en
diferente grado.
Esta primera etapa del proceso inflacionista puede durar
muchos años. Mientras dura, los precios de muchos bienes y servicios no están
aún ajustados a la relación monetaria alterada. Sigue habiendo gente en el país
que aún no se ha dado cuenta del hecho de que afrontan una revolución en los
precios que finalmente acabará generando un aumento considerable de todos los
precios, aunque el nivel de este aumento no será el mismo para los diferentes
bienes y servicios.
Esta gente sigue creyendo que algún día los precios bajarán.
Esperando a ese día, restringen sus compras y consecuentemente aumentan su
efectivo. Mientras la opinión pública siga manteniendo esas ideas, no es
demasiado tarde para que el gobierno abandone esta política inflacionista.
Pero finalmente las masas despiertan. Se dan cuenta
repentinamente de que la inflación es una política deliberada, que continuará
eternamente. Se produce un colapso. Aparece el auge de los desastres. Todos
intentan ansiosamente cambiarse dinero por bienes “reales”, sin importar si los
necesitan o no, sin importar cuánto dinero tengan que pagar por ellos.
En un plazo muy breve, en pocas semanas o incluso días, las
cosas que se usaban como dinero ya no se usan como medios de intercambio. Se
convierten papeles sin valor. Nadie quiere dar nada por ellos.
Fue esto lo que ocurrió con el Continental en Estados
Unidos en 1781, con los mandats territoriaux franceses en 1796 y con el Marco
alemán en 1923. Y ocurrirá de nuevo siempre que aparezcan las mismas
condiciones. Si alguna cosa tiene que usarse como medio de intercambio, la
opinión pública no debe creer que la cantidad de ésta aumentará ilimitadamente.
La inflación es una política que no puede durar eternamente.
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Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela
Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un
escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica,
historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la
teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del
dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria
con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe
fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue
el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia
superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.
Este artículo está extraído de La
acción humana.