Por Ludwig von Mises. (Publicado el 12 de octubre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/story/3739.
[Este artículo está extraído de La
acción humana, capítulo XVII]
Carl Menger no sólo ha ofrecido una teoría praxeológicamente
irrefutable del origen del dinero. Ha reconocido asimismo la importancia de
esta teoría para elucidar principios fundamentales de praxeología de sus
métodos de investigación.
Hay autores que han tratado de explicar el origen del dinero
por decreto o pacto. La autoridad,.el estado o algún ente entre ciudadanos ha
establecido a propósito y conscientemente el intercambio indirecto y el dinero.
El principal defecto de esta doctrina no es que esté bajo la suposición de que
una gente de una época no familiarizada con el intercambio económico y dinero
pueda diseñar un plan para un nuevo orden económico, completamente diferente de
las condiciones reales de su tiempo y puedan entender la importancia de ese
plan. Tampoco el hecho de que la historia no da ninguna pista que apoye esas
afirmaciones. Hay razones más sustanciales para rechazarla.
Si asumimos que las condiciones de las partes afectadas
mejoran en cada paso que dan del intercambio directo al indirecto y
consecuentemente a preferir el uso como medio de intercambio ciertos bienes
distinguidos por su especial comerciabilidad, es difícil concebir por qué, al
ocuparnos del origen del intercambio indirecto, debamos recurrir a añadir un
decreto autoritario o un acuerdo explícito entre ciudadanos. Un hombre que
encuentre difícil obtener mediante trueque lo que quiere adquirir mejora sus
posibilidades para lograrlo mediante intercambios sucesivos obteniendo bienes
más comercializables. Bajo estas circunstancias no hay necesidad de interferencia
gubernamental o pacto entre ciudadanos. La feliz idea de actuar de esta manera
pudo ocurrírseles a los ciudadanos más perspicaces y los menos dotados pudieron
imitarlos. Es ciertamente más plausible dar por seguro que las ventajas
inmediatas conferidas por el intercambio indirecto fueran reconocidas por las
partes actuantes que suponer que la imagen total de una sociedad comerciando
mediante dinero fuera concebida por un genio y, si adoptamos la doctrina del
pacto, lo hiciera evidente por persuasión al resto de la gente.
Sin embargo, si no asumimos que los individuos descubrieron
el hecho de que se las arreglaban mejor con el intercambio indirecto que esperando
una oportunidad para el intercambio directo y, por seguir con el argumento,
admitimos que las autoridades o un pacto creó el dinero, aparecen más
cuestiones. Debemos preguntarnos qué tipo de medidas se adoptaron para inducir
a la gente a adoptar un procedimiento cuya utilidad no comprendían y que era
técnicamente más complicado que el intercambio directo. Podemos suponer que se hizo mediante
compulsión. Pero entonces debemos preguntarnos en qué momento y bajo qué
circunstancias el intercambio indirecto y el uso del dinero dejaron de ser
procedimientos problemáticos o al menos indiferentes para los individuos
afectados y empezó a resultarles ventajoso.
El método praxeológico reduce todos los fenómenos a la
acción de los individuos. Si las condiciones de intercambio interpersonal eran
tales que el intercambio indirecto facilitaba las transacciones y la gente se
dio cuenta de sus ventajas, entonces nació el dinero. La experiencia histórica
muestra que esas condiciones estuvieron y están presentes. Cómo en ausencia de
esas condiciones, la gente podría haber adoptado el intercambio indirecto y el
dinero y ajustarse a estos modos de intercambio es inconcebible.
La pregunta histórica referente al origen del intercambio
indirecto y el dinero no es después de todo asunto de la praxeología. Lo único
relevante es que el intercambio indirecto y el dinero existen porque las
condiciones para su existencia estaban y están presentes. Si es así, la
praxeología no necesita recurrir a la hipótesis del decreto autoritario o al
pacto inventando estos modos de intercambio. Los estatistas pueden, si quieren,
continuar adscribiendo la “invención” del dinero al estado, por muy improbable
que sea. Lo que importa es que un hombre adquiera un bien no para consumirlo o
usarlo en la producción, sino para desprenderse de él en un acto posterior de
intercambio. Esa conducta por parte de la gente hace de un bien un medio de
intercambio y, si esa conducta se hace común respecto de cierto bien, lo
convierte en dinero. Todos los teoremas de la teoría cataláctica de los medios
de intercambio y del dinero se refieren a los servicios que un bien produce en
su capacidad como medio de intercambio. Incluso aunque fuera cierto que el
impulso de la introducción del intercambio indirecto y el dinero lo realizaran
las autoridades o un acuerdo entre los miembros de la sociedad, la afirmación
permanecería incólume en que sólo la conducta de intercambio de la gente puede
crear el intercambio indirecto y el dinero.
La historia puede decirnos dónde y cuándo se usaron medios
de intercambio por primera vez y consecuentemente cómo la gama de productos
empleada para este fin se fue restringiendo más y más. Como la diferenciación
entre el concepto más amplio de medio de intercambio y el más estrecho de
dinero no es radical, sino gradual, no puede haber un acuerdo acerca del a
transición histórica de simples medios de intercambio a dinero. Es un asunto de
comprensión histórica. Pero, como se ha dicho, la distinción entre intercambio
directo e indirecto es radical y todo lo que la cataláctica establece en
relación con los medios de intercambio se refiere categóricamente a todos los
bienes que se demandan y adquieren como tales.
Como la afirmación de que el intercambio indirecto y el
dinero se establecieron por decreto o por pacto es una descripción de eventos
históricos, es tarea de los historiadores exponer su falsedad. En la medida en
que se avance sólo como una afirmación histórica, no puede en modo alguno
afectar la teoría cataláctica del dinero y su explicación de la evolución del
intercambio indirecto. Pero si resulta ser una afirmación acerca de la acción
humana y los eventos sociales, es inútil, ya que no dice nada acerca de la
acción. No es una afirmación acerca de la acción humana declarar que un día los
gobernantes o los ciudadanos reunidos en una asamblea se vieron súbitamente
inspirados y pensaron que era una buena idea intercambiar indirectamente y
mediante la intermediación de un medio de intercambio comúnmente empleado. Es
sólo repeler el problema que envuelve.
Es necesario entender que no se contribuye en nada a la
concepción científica de las acciones humanas y los fenómenos sociales si se
declara que el estado o un líder carismático o una inspiración que desciende
sobre la gente que los crea. Tampoco esas afirmaciones refutan las enseñanzas
de una teoría que muestra cómo tales fenómenos pueden lograrse como “el
resultado no intencionado, el producto no deliberadamente pensado y al que se
apuntaba por esfuerzos específicamente individuales de los miembros de una
sociedad”.
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Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela
Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un
escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica,
historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la
teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del
dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria
con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe
fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue
el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia
superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.
Este artículo está extraído de La
acción humana, capítulo XVII.