Mamás, dejad que vuestros niños crezcan para ser peluqueros

Por Doug French. (Publicado el 7 de octubre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/story/3749.

 

Gene Epstein firmó un artículo titulado “Tomorrow’s Jobs” [“Trabajos del mañana”] que apareció en la edición del 5 de enero de 2004 del semanario financiero Barrons. La idea central del artículo de Epstein era que la demanda de “trabajadores del conocimiento” aumentaría en los próximos años, mientras que la de trabajos en manufacturas, agricultura y tareas administrativas, así como la de carniceros y barberos disminuiría.

Es fácil seguir el argumento de Epstein de que los trabajadores de la sanidad, programadores informáticos y planificadores financieros tendrían gran demanda debido al envejecimiento de la población. Como apunta Epstein,

“en 10 años, el número de personas de 55 años y mayores empezará una trayectoria ascendente que sobrepasará al segmento más joven casi en un cuádruplo. El número de residentes en EEUU de 55 años o más aumentará de los 63 millones de hoy a 83,7 millones en 2014 y a 101,4 millones del 2014”.

Las secretarias y oficinistas tendrán menos oportunidades en el futuro, de acuerdo con Epstein, pues cada vez más gestores que requieran personal de oficina se retirarán. Los nuevos profesionales ya usan tecnologías de la información y no necesitan secretarias. También el uso del gobierno de oficinistas y secretarias seguramente disminuirá en el futuro siguiendo la tendencia del sector privado. Esperemos que así sea.

“De 1992 a 2002”, escribe Epstein, “una parte desproporcionada del aumento en los oficinistas se produjo en el sector gubernamental y en el mismo periodo la disminución en el número de secretarias se produjo principalmente en el sector privado”.

En el caso de los carniceros, Epstein defiende que su trabajo se está realizando en plantas de procesamiento de comida. Esto es sin duda cierto.

“Los peluqueros”, de acuerdo con Epstein, “viven con la cada vez más remota esperanza de que los hombres deserten de sus estilistas a favor de cortes más baratos”.

Bueno, quizá en Nueva York, o en la costa opuesta, esos metrosexuales no puedan imaginar separarse de sus estilistas. Pero hay gran y viejo país en medio, donde la gente sigue cortándose el pelo en tiendas con unos postes a rayas rojas, blancas y azules orgullosamente puestas en el exterior.

El mundo se quedó con un peluquero menos el 21 de diciembre de 2003. B.G. French (“Frenchie”) cortó su última cabellera el día anterior a morir en el fairway del hoyo sexto del campo de golf del Abilene Country Club (Kansas). Frenchie tenía 75 años, pero no se retiró nunca, cortando el pelo cinco días a la semana (a veces más) durante casi 50 años.

La barbería de Frenchie tenía una silla y un peluquero, pero nunca hizo falta reserva. El precio del corte era de seis dólares cuando murió. A veces Franchie estuvo casi una década sin subir sus precios, a pesar de la inflación. De hecho durante un periodo en los 1980, Frenchie era el único peluquero del pueblo y se quejaba de tener mucho trabajo. Su hijo, formado en economía le apuntó que podría subir el precio por corte, algunos de sus clientes vendrían menos a menudo y no tendría que trabajar tan duro. “¿Dónde van a ir si no?” preguntó su hijo. Pero el precio por corte permaneció igual por muchos más años.

Los peluqueros tienen, por supuesto, que tener licencia en el estado de Kansas e inspectores de la capital del estado venían periódicamente a inspeccionar la tienda de Frenchie. En una visita, un inspector se quejó de que había pelo en el suelo de la tienda, lo que obligó a Frenchie a replicar: “¡Por supuesto que hay pelo en el suelo, imbécil, esto es una barbería!” No es extraño que la irreverencia de Frenchie por el gobierno haya dejado huella (y se haya multiplicado) en parte de su descendencia.

En funerales en un pueblo pequeño como Abilene, todos conocen a todos. Sin embargo había un hombre joven que nadie conocía en la familia French, que estuvo no sólo en el funeral de Frenchie, sino también en el velatorio, el entierro y el almuerzo posterior. Una pequeña investigación reveló que Frenchie había cortado el pelo a este hombre cada seis meses más o menos, así como que la había dado algunos dólares para comer en alguna ocasión.

Uno de los hijos favoritos de Abilene, el secretario de prensa de Reagan y Bush Marlin Fitzwater, siempre paraba en Frenchie para un corte de pelo. Fitzwater había crecido con cortes de pelo muy corto de Frenchie, pero en los años posteriores, sólo hacia palta hacer unos recortes en su cabeza calva. Fitzwater también le enviaba fotos autografiadas con Reagan o Bush que se exhibían prominentemente en la tienda de Frenchie, junto con gorras autografiadas para la floreciente colección de Frenchie.

Las barberías han sido a menudo el lugar de encuentro de empresarios del centro que buscan donde cotillear y hablar de los noticias del momento. La tienda de Frenchie no era diferente. Durante muchos años la pequeña trastiendde de la barbería era el lugar donde la gente importante iba a jugar al poker mentiroso cada mañana. Hubo muchos días en que el propietario hizo más dinero en la trastienda que cortando el pelo.

Gabriel Harvey escribió en 1597: “La silla del barbero es la auténtica bolsa de las noticias”. De hecho Frenchie escuchoó buena parte de las noticias y rumores de sus clientes durante años. En un libro titulado Abilene InSight, Lori Brack citaba a Frenchie:

“Escuchas cuántos divorcios se están produciendo, quién tiene problemas médicos. Quieren contárselo a alguien y me encuentran donde tengo que escucharles. A veces no recuerdo cuando se van por la puerta”.

Gene Epstein menciona en su artículo el ingreso psíquico que pueden obtener los trabajadores del conocimiento en el futuro. Seguro que el trabajo de los profesionales de la sanidad, planificadores financieros, informáticos y profesores puede ser muy satisfactorio. Pero imagine servir a clientes durante décadas, la mayoría de los cuales los conoces por su nombre de pila y luego a sus hijos a sus nietos e incluso a sus biznietos. Frenchie era una institución en Abilene, cosa que ningún programador informático o banquero personal podría ser.

Jóvenes con buen sentido y buen humor: ignorad a Epstein, afilar vuestras maquinillas y encender esas barras de peluqueros. Las vidas en las que impactaréis serán muchas.

Frenchie será recordado con cariño por cientos de personas y especialmente por su hijo.

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Douglas French es presidente del Mises Institute y autor de Early Speculative Bubbles & Increases in the Money Supply. Es doctor en economía de la Univesidad de Nevada- Las Vegas, dirigido por Murray Rothbard, con el Profesor Hans-Hermann Hoppe en su comité de tesis.

Published Wed, Oct 7 2009 7:07 PM by euribe
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