Por Leonard Read (Publicado el 1 de octubre de 2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/story/3740.
Toda persona debería ser libre
- De
perseguir su ambición hasta los límites de capacidades, independientemente
de la raza, religión o antecedentes familiares.
- De
asociarse con quien le parezca por la razón que quiera, incluso si otro
piensa que la razón es estúpida.
- De
adorar a Dios a su manera, aunque no sea “ortodoxa”.
- De
escoger su propio oficio y solicitar cualquier empleo que quiera y de
abandonar su empleo si no le gusta o tiene una oferta mejor.
- De
establecer su propio negocio, ser su propio jefe y fijar su propio horario
laboral, aunque sean tres horas a la semana.
- De
usar su propiedad o ahorros honradamente adquiridos como quiera: gastarlos
alocadamente, invertirlos juiciosamente o incluso regalarlos.
- De
ofrecer sus servicios y productos en sus propios términos, incluso si
pierde dinero en el negocio.
- De
comprar o no cualquier servicio o producto puesto a la venta, incluso si
el rechazo desagrada al vendedor.
- De
discrepar con cualquier otra persona, incluso cuando la mayoría apoye a
ésta.
- De
estudiar y aprender lo que le parezca interesante, siempre que a él
le parezca razonable el coste y esfuerzo de estudiarlo y aprenderlo.
- De
hacer, en general, lo que quiera, siempre que no infrinja el mismo derecho
y oportunidad de cualquier otra persona a hacer lo que ésta quiera.
Lo anterior, en pocas palabras, es el modo de vida que
ordena la filosofía libertaria.
Es el camino de la libertad individual, del libre mercado,
de la propiedad privada, del gobierno limitado para asegurar estos derechos en
igualdad para todos.
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Leonard E. Read fue el fundador de la Foundation for
Economic Education, el primer think tank moderno en los Estados Unidos y en
buena medida responsable del resurgir de la tradición liberal en los Estados
Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Mises.org pondrá todos sus libros en
línea gratis. Véalos todos aquí.
Este artículo se publicó en el número de noviembre de 1954
de The
Freeman.