¿Queremos contraer la economía? Limitemos la fuerza laboral

 

Por Zach Bibeault. (Publicado el 18 de septiembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/story/3690.

 

Escuchar el programa de radio de Thom Hatmann, la única emisión medianamente interesante del día en el lugar donde vivo, es para mí un campo de prácticas sobre falacias económicas. Su programa de radio y su blog en el Huffington Post han fortalecido mi habilidad para descubrir estas falacias y me han dado buenos ejemplos para emplearlos en el futuro.

Hartmann (quien, como la mayoría de los que le rodean en los medios, cree que la “desregulación” y el “capitalismo” han causado la depresión económica actual) apoya la tontería de que “la demanda dirige la economía”, que hizo desafortunadamente a John Maynard Keynes uno de los economistas más célebres del siglo XX.

Hartmann recomendó recientemente en su blog que, como cree que nuestro plan de estímulo no funcionará porque no es suficientemente proteccionista, deberíamos disminuir la edad de jubilación a 55 años.

Esa idea es literalmente una insensatez, por no mencionar que es antitrabajo. Para ayudar a los trabajadores a obtener nuevos trabajos, Hartmann recomienda limitar forzosamente la entrada en el mercado y acabar con la productividad futura: nueva riqueza, nuevos trabajos, etc. En otras palabras, piensa que podemos crear trabajos acabando con otros trabajos. Eso suena muy parecido al intento de FDR de estimular la economía destruyendo alimentos en los años 1930. En resumen, es una insensatez.

Voy a explicar por qué, respondiendo a los comentarios de la columna de Thom.

“[Rebajando la edad de jubilación a los 55 años] se eliminaría el problema del desempleo en Estados Unidos. Todos esos boomers jubilados dejarían espacio en el mercado de trabajo a todos los graduados en institutos y universidades que ahora encuentran tan difícil encontrar un trabajo.”

En primer lugar, Hartmann muestra no darse cuenta de que el salario mínimo es un obstáculo que no pueden superar los graduados de institutos y universidades a los que aquí se refiere. Sin el salario mínimo, esta gente (que está desempleada porque los empresarios no valoran sus servicios por encima del salario mínimo que el gobierno les hace pagar) seguiría siendo contratada con salarios inferiores. Así podrían aprender nuevas habilidades, mejoras sus currículum, progresar en el mundo laboral y así ganar mejores salarios.

Esta idea de Hartmann disminuiría la productividad. También incrementaría el coste de los bienes a causa de la menor productividad y del aumento en volumen de gasto buscando los bienes ya más caros.

En el programa de radio de Hartmann, éste debatió recientemente con John Lott, autor del libro Freedonomics. Cuando Lott afirmó que el plan de Hartmann reduciría la productividad, Hartmann lo rechazó diciendo que los veinteañeros simplemente ocuparían esos puestos y la productividad sería así igual o mejor.

Pero esta idea ignora dos cosas: (1) la gente de más de 55 años dejaría de crear bienes y servicios, es decir, riqueza. Se limitarían a recoger los beneficios del gobierno y a gastarlos. (2) si los veiteañeros fueran mejores en los trabajaos que ahora tiene la gente de más de 55 años, ya deberían haber sido contratados en lugar de la gente mayor. En resumen, podemos a priori saber que una persona menos apropiada para el trabajo ahora podría ejercerlo, gracias a la limitación de la oferta de trabajo por parte del gobierno.

Como podemos ver, este cambio en la edad de jubilación afectaría a la división del trabajo y, en el peor caso, a toda la economía.

“Si dejara de trabajar el número suficiente de boomers, podría incluso invertirse la actual dinámica de mucha-gente-buscando-pocos-trabajos y crear unos mercados de trabajo ajustados (sic). Los mercados ajustados de trabajo aumentan los salarios.”

Hartmann debería preguntarse por qué ahora hay menos trabajos que gente. Echa la culpa a los Reaganomics y al NAFTA/GATT de la externalización de trabajos, así que la única forma de asegurar la existencia de buenos trabajos es que el gobierno fuerce a los ciudadanos a comprar productos hechos en Estados Unidos (que es lo que hace exactamente el proteccionismo).

Aún así, el libre comercio hace bajar los precios y permite a los individuos en diferentes países especializarse en lo que hacen mejor. Sin libre comercio, le gobierno arbitrariamente fuerza un cártel con operaciones objetivamente menos productivas con el fin de beneficiar a una “clase” (la clase trabajadora) a expensas de toda la sociedad. Es el peor ejemplo de política de intereses especiales.

La verdad es que en este momento la economía está purgando las malas inversiones creadas por la expansión creada por Greenspan. Una vez que la economía rebote  y se reajuste a las preferencias de los consumidores, se crearán más empleos. Es lo que ocurrió en 1920-21, gracias a la respuesta librecambista de Warren Harding al crash económico de 1920 (que fue peor que el de 1929). Lo único que puede interponerse en esta recuperación es el tipo de intervenciones que propone Hartmann.

“Además, estos nuevos trabajadores pueden así pagar los créditos de estudios, comprar nuevas casas y coches y así levantar la economía desde abajo.”

En otras palabras, Thom quiere que creemos el mismo tipo de gasto insensato que llevó inicialmente a nuestro país a esta crisis. Y la economía una se crea de abajo a arriba, salvo que creamos de alguna forma la oferta puede mágicamente cuadrarse con la demanda. ¿No has oído hablar del ahorro, Thom?

“Para ajustar más el mercado de trabajo y aumentar los salarios (y los ingresos fiscales), modifiquemos la Fair Labor Standards Act de 1938, que ajustó el mercado de trabajo y redujo el desempleo estableciendo la semana de 40 horas, para incluir todas las horas trabajadas por una persona. Podríamos tambien, como en Francia, reducir el máximo de 40 horas semanales de trabajo a 35.”

En este ejemplo. Igual que en el anterior, Hartmann recomienda disminuir la productividad y aumentar el gasto en general. En otras palabras, sugiere disminuir la oferta y aumentar la demanda, lo que acabaría con el actual nivel de vida subvencionando por fuerza la ineficiencia y el despilfarro. Es el polo opuesto a lo que necesita nuestra economía.

Junto con otros “progresistas” puede tener la ocurrencia de que unos salarios inflados gastados por trabajadores crearán a su vez más empleos y así estimularán una mayor oferta, pero la realidad es que este estímulo nunca es sostenible: sólo puede crear diminutos brotes de crecimiento económico que no se expandirán por toda la economía y desaparecerán con la reducción en la productividad.

¿Y piensa que el horario semanal de 40 horas y las 8 horas diarias reducirían el desempleo? Esas medidas siempre aumentan el desempleo, porque los individuos que trabajarían más voluntariamente se ven impedidos de hacerlo por el gobierno.

“Esa es la principal razón por la que los movimientos obreros de los siglos XVIII y XIX combatieron tan duramente contra el trabajo infantil: sabían que si los niños desaparecían del mercado laboral, la oferta de trabajo (el número de personas disponibles para trabajar) disminuiría y el precio del trabajo (salarios) aumentaría. Y sin duda eso es lo que ocurrió, y así empezó a crearse una clase media obrera.”

Justamente. Una de las razones por las que los sindicatos combatieron tan fuertemente a favor de las restricciones a que los jóvenes entraran en el mercado del trabajo no fue la justicia social (como dicen los libros de historia del bachillerato), sino para mantener sus salarios más altos. ¿Y Hartmann ve esto como algo bueno? Forzaba a los jóvenes a no trabajara y así otros trabajadores podían proteger sus salarios hinchados; de nuevo el peor ejemplo de política de intereses especiales

Tampoco esta política fue la que llevó a la creación de una clase media. Al creer esto Hartmann cae en la falacia del post hoc ergo propter hoc.

Hartmann había afirmado previamente que “la ‘clase media’ no es un resultado normal de los mercado libres”, y que tiene que ser creada por el gobierno. En otras palabras, cree que la libertad crearía naturalmente unas pocas personas ricas y una masa de gente pobre pasando hambre y mendigando. (A Thom le vendría bien una lectura de los trabajos de Rothbard y Mises sobre monopolios).

“Por supuesto, esto exactamente lo opuesto a la política laboral estadounidense desde la era Reagan/Bush/Clinton/Bush. Reagan rebajó los salarios atacando a los sindicatos (que ajustan el marcado laboral); delcaró una amnistía para millones de inmigrantes hasta entonces ilegales para incrementar la oferta de trabajo y rebajar los salarios (afectando particularmente a carpinteros y otros sindicatos de la construcción) y empezó el proceso (completado en buena medida por Bill Clinton con el NAFTA y el GATT/WTO) de suprimir aranceles, impuestos y leyes que hacía caro o ilegal exportar trabajos estadounidenses.”

Más de lo mismo. Hartmann llega a denostar la amnistía para inmigrantes ilegales, un ideal político progresista habitual, simplemente porque rebaja los salarios carpinteros y trabajadores de la construcción. Pero la última vez que me fijé, los inmigrantes también necesitaban alimentos y trabajo. Hay una razón por la que vienen aquí.

Si se contrata a inmigrantes, es que las compañías obtienen mejores trabajadores por un precio inferior, incrementando así la productividad y el nivel de vida. A su vez, los nuevos desempleados pueden recolocarse en otras tareas que sean más productivas para los deseos de los consumidores. Eliminar las restricciones gubernamentales al trabajo, como el salario mínimo, sería una forma simple de hacer que la bola siguiera rodando.

Además, Thom Hatmann, que constantemente critica el “dominio empresarial” defiende aquí los aranceles, que realmente fuerzan a formar cárteles protegidos en nuestro país. Estas medidas aseguran el dominio empresarial, reducen la oferta y aumentan la demanda. Son terribles para los niveles de vida de todos. Incluida la clase obrera.

Con el fin de entender esto, hay que entender los efectos a largo plazo, no sólo los efectos inmediatos, en esencia hay que ver “Lo que no se ve”, por citar el título de un famoso ensayo de Frédéric Bastiat, pero estoy seguro de que Hartmann simplemente etiquetaría a Bastiat como un ideólogo de la derecha.

“Reagan puso al frente de la Fed a Alan Greenspan, que declaró abiertamente que su trabajo más importante como presidente de la Fed era prevenir la “inflación salarial”, un término que aplicaba exclusivamente a la gente de clase trabajadora. Greenspan sigue predicando esa filosofía ahora desacreditada y antiestadounidense que, de hecho, aprendió de Ayn Rand.”

En un post previo en su blog, Thom Hatmann se refería a Alan Greenspan como un “libertario antirregulación”. Decir que un libertario dirige la Reserva Federal es como de cir que un libertario dirija la DEA o la FDA. Si estás al frente de una de estas agencias, estás demostrando que no apoyas ni siquiera los principios libertarios más básicos.

Y Thom Hatmann claramente no sabe nada sobre Ayn Rand, que denostaba la banca central y la Reserva Federal, así que aunque pensara correctamente que era un error subir artificialmente los salarios, NO dijo que un jefe del banco central debería intentar hacer lo contrario. Es asombroso que Hartmann se equivoque tanto.

¡Oh! ¿Y ser “antiestadounidense”? No es lo mismo que hemos oído de Bush y los neoconservadores.

“Es chocante que ideólogos como Greensapan, Reagan o Clinton creyeran esto, pero es así. Y la única manera de revertir los últimos 29 años de Reaganomics/Clintonomics es ajustar de nuevo el mercado laboral. Aunque un gran principio sería abandonar nuestros insensatos tratados comerciales y empezar de nuevo a proteger a los fabricantes estadounidenses, eso llevaría una década para que el impacto se apreciara realmente, incluso aunque volviéramos a los niveles arancelarios de 1980 ahora mismo.”

Greenspan, Reagan y Clinton no son librecambistas. Fue la reducción keynesiana de tipos de interés de Greenspan la que causó el auge y la crisis. Una verdadera ideología de libre mercado reside en los derechos naturales, lo que es una ideología objetivamente determinable.

“Pero dando espacio a buena parte de los trabajadores estadounidenses de más de 55 años inmediatamente nos llevaría a un desempleo de casi cero y estimularía enormemente la economía. Luego podríamos empezar a traer de vuelta nuestras fábricas desde China y dar otros pasos importantes.”

Thom Hartmann cree que las economías llevan a la estratificación de la riqueza, salvo que aparezca la fuerza del gobierno para regular las cosas en nombre de la clase trabajadora. ¿Tiene una explicación para la rápida recuperación de la depresión de 1920? No lo creo. ¿Tiene una explicación sobre por qué la anárquica Islandia duró 1000 años? No lo creo. En su lugar se basa en las explicaciones de los libros de texto, que parece haber memorizado.

El resultado de “desempleo cero” de un reducción forzosa de la jubilación a 55 años sería una falsificación, pues los recién jubilados seguirían trabajando si no fuera por el desincentivo que el gobierno les infligiría.

El desempleo cero sólo se conseguiría en una sociedad libre, sin políticas erróneas que aumenten los salarios y eviten que el precio del trabajo (como el de la tierra y el capital) se liquide a los niveles normales. Si no se permite que se produzca la liquidación y, por el contrario, se realizan pequeños trucos como rebajar la edad de jubilación, se crean desincentivos masivos  para los trabajadores que hacen imposible que la economía se recupere jamás.

E incluso dejando todo esto aparte, es extraño que Hartmann vea la rebaja de salarios como algo malo. La bajada de salarios supone que la mano de obra es más barata y por tanto más fácil de permitírsela por parte de las compañías. Cuando los salarios sean lo suficientemente bajos, los desempleados estarán empelados, la productividad despegará y se crearán más puestos de trabajo.

Esta “liquidación del trabajo” fue precisamente lo que ocurrió en 1920 cuando cayó la economía y el gobierno no hizo nada para aumentar los salarios o la demanda. El crash acabó poco tiempo después. Pero no sorprende que Hartmann no conozca o entienda este concepto, pues en un post previo en el Huffington Post decía que

“En el mundo de Hoover (y prácticamente en el de todos los republicanos desde la reconstrucción, con la excepción de Teddy Roosevelt) el fundamentalismo de mercado era una religión virtual .(…) Hoover siguió con entusiasmo el consejo de su Secretario del Tesoro, el multimillonario Andrew Mellon, que dijo en 1931: ‘Liquidar el trabajo, liquidar las existencias, liquidar a los granjeros, liquidar los inmuebles. Purgar la podredumbre del sistema. Los altos costes de vida y el nivel de vida bajarán (…) los emprendedores recogerán los restos de gente menos competente.”

En realidad, Herbert Hoover era un hiperintervencionista que instituyó el primer New Deal en 1932. El New Deal de Hoover impulsó las obras públicas, restringió la inmigración y otorgó créditos a los estados para aliviar su situación. ¡Guau, Thom, eso realmente me suena a fundamentalismo de mercado!

En conclusión, las opiniones económicas de Thom Hartmann se basan en informaciones erróneas. Tiene razón en que hay una empresocracia en este país, pero defiende las mismas ideas que creó ésta.

La única razón por la que Hartmann mantiene alguna credibilidad económica entre su audiencia es que tiene flojos defensores del libre mercado, como Yaron Brook y Dan Gueinor del T. Boone Pickens Institute como invitados a debatir sobre control gubernamental de los mercados frente a mercados libres. Si hubiera algo de conocimiento real de la economía en el programa, esto cambiaría. Quizá por eso estas personas no intervienen: mantener viva la ilusión de conocimiento económico de Hartmann aumenta sus salarios y evita su liquidación.

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Zach Bibeault es vicepresidente de Young Americans for Liberty en la Universidad de Minnesota. Tiene un grupo musical llamado OBQM y un blog en Praxeological Paradise

 

Published Sun, Sep 20 2009 4:02 PM by euribe