Mises Daily Articles

Home | Node | Carl Menger: pionero de la «teoría empírica»

Carl Menger: pionero de la «teoría empírica»

Tags BiographiesAustrian Economics OverviewHistory of the Austrian School of Economics

02/05/2022Jörg Guido Hülsmann

Introducción

Los problemas e ideas que movieron a Ludwig von Mises en sus primeros años fueron abordados por la obra de cuatro grandes teóricos de la economía: Carl Menger, Eugen von Böhm-Bawerk, Friedrich von Wieser y Joseph Schumpeter. Conocía a los cuatro personalmente, pero Menger se había retirado de la enseñanza un año antes de que Mises descubriera los Principios de Menger. Se encontraron por primera vez hacia 1910, cuando Mises asistía al seminario de Böhm-Bawerk y preparaba su primer tratado, Teoría del dinero y el crédito. Era entonces habitual que los jóvenes que deseaban seguir una carrera académica en economía hicieran una visita a Menger. Los recibía en su casa en medio de su impresionante biblioteca y les hacía hablar de sus trabajos y proyectos.1

Menger nació en 1840 en la ciudad galitziana de Neu-Sandez (hoy situada en Polonia). Su padre era un abogado de una familia de oficiales del ejército y funcionarios; su madre procedía de una rica familia de comerciantes de Bohemia que se había trasladado a Galitzia. Su nombre completo era Carl Menger Edler von Wolfesgrün, pero él y sus hermanos —el influyente político Max y el jurista socialista Anton— no utilizaron su título de nobleza.2

Menger era una personalidad fascinante y enérgica. Intelectualmente vigoroso hasta su vejez, fue un verdadero polímata en su juventud.3 Había estudiado derecho y ciencias del gobierno primero en Praga y luego en Viena. Uno de sus profesores en la Universidad de Viena fue Peter Mischler, un defensor de la teoría del valor marginal, pero al parecer Menger no estaba entonces interesado en la economía ni en una carrera académica. Prefería la escritura no académica y en 1863 trabajó como periodista en el Lemberger Zeitung. Alrededor de 1864, comenzó a prepararse para un doctorado en derecho y ciencias gubernamentales y aprobó el primer examen en marzo de 1865. Ya en ese momento su nuevo compromiso académico se vio eclipsado por sus actividades literarias.4 Cuando aprobó el último de sus cuatro exámenes de doctorado, en marzo de 1867, estaba escribiendo varias comedias.5

Su interés literario era más que académico. Menger fundó la revista Wiener Tagblatt, que apareció por primera vez el 26 de noviembre de 1865. En uno de sus primeros números publicó una novela anónima con el escandaloso título de Der ewige Jude in Wien (El judío eterno en Viena).6 En marzo de 1866 se incorporó a la plantilla de economía de otro periódico vienés, el Wiener Zeitung. Este periódico era «un órgano puramente gubernamental, controlado por el Consejo de Ministros y, en particular, por la Oficina del presidente del ministerio del interior. La redacción era seleccionada por el gobierno, los artículos oficiales se escribían en los ministerios y eran editados y presentados por el Consejo de Ministros».7 De este modo, Menger se convirtió en un empleado del gobierno en un puesto de trabajo rápido que ofrecía perspectivas de alcanzar los estratos más altos dentro de la administración pública austriaca.8

Un puesto en el gobierno conllevaba un gran prestigio y era muy codiciado por las jóvenes élites. La competencia era feroz incluso para los puestos menores. Para tener éxito, era necesario contar con la protección de alguien lo suficientemente alto en la jerarquía del gobierno como para influir en el nombramiento. En el caso de Menger, la Protektion inicial podría haber llegado a través de su hermano Max, pero Carl aprendió rápidamente a valerse por sí mismo.

Una de sus tareas como funcionario del Wiener Zeitung era redactar estudios de mercado. Como le dijo más tarde a su discípulo, Friedrich von Wieser, ésta fue su introducción práctica a la teoría de los precios.9 Le llamó la atención la discrepancia entre el proceso real de fijación de precios tal y como lo explicaban los comerciantes y las explicaciones estándar de los libros de texto que había aprendido en la universidad. Tras un examen más detallado, llegó a creer que los precios dependían en última instancia de los juicios de valor de los consumidores. Con esta tesis acabó obteniendo su Habilitación (la tradicional credencial de profesor universitario centroeuropeo) en ciencias gubernamentales.10 En 1871 publicó su obra con el título Grundsätze der Volkswirtschaftslehre (Principios de economía).

En su libro, Menger presentó un estudio teórico de los fenómenos económicos fundamentales, como los bienes económicos, el valor, el intercambio, los precios, las mercancías y el dinero. Explicó las propiedades de estos fenómenos y las leyes a las que están sujetos en todo momento y lugar. Esto es, por supuesto, lo que los buenos libros de texto de economía siempre hicieron y siguen haciendo. Lo que hizo especial al libro de Menger fue el método que utilizó en sus explicaciones. Trató de rastrear las causas de las propiedades y leyes bajo escrutinio hasta los hechos más simples. Su propósito era demostrar que las propiedades y leyes de los fenómenos económicos son el resultado de estos «elementos de la economía humana» empíricamente comprobables, como las necesidades humanas individuales, el conocimiento humano individual, la propiedad y adquisición de cantidades individuales de bienes, el tiempo y el error individual.11 El gran logro de Menger en los Principios consistió en identificar estos elementos para su análisis y explicar cómo causan fenómenos de mercado más complejos, como los precios. Lo llamó «método empírico», subrayando que era el mismo método que funcionaba tan bien en las ciencias naturales.12

Para el lector actual, esta etiqueta puede resultar confusa, ya que no se trata en absoluto del método experimental de las ciencias empíricas modernas. Menger no utilizó modelos abstractos para plantear hipótesis falsables que luego se ponen a prueba mediante la experiencia. En cambio, el de Menger era un método analítico que comenzaba con los fenómenos empíricos más pequeños y procedía lógicamente a partir de ellos. De este modo, Menger estaba en condiciones de considerar los intercambios y los precios del mercado como macrofenómenos y de explicar cómo son causados por «elementos de la economía humana» atomísticos, pero empíricamente determinables, situados en un microcosmos económico de necesidades individuales y de cantidades marginales poseídas y adquiridas. En palabras de Menger, los precios no eran «en absoluto la característica más fundamental del fenómeno económico del intercambio», sino «sólo manifestaciones incidentales de estas actividades, síntomas de un equilibrio económico entre las economías de los individuos».13

Como revelaron obras y correspondencia posteriores, Menger era plenamente consciente de que su innovación más importante era la aplicación consecuente del nuevo «método empírico», al que también llamó «método exacto», «analítico-sintético» o «analítico-compositivo». En una carta de febrero de 1884 a Léon Walras, en la que criticaba la afirmación de Walras de que existía un método matemático de investigación económica, Menger escribió

Es más bien necesario que nos remontemos a los elementos más simples de los fenómenos, en su mayoría muy complejos, que están aquí en cuestión; que determinemos así, de manera analítica, los factores últimos que constituyen los fenómenos, los precios, y que concedamos a estos elementos la importancia que corresponde a su naturaleza, y que, de acuerdo con esta importancia, tratemos de establecer las leyes según las cuales los fenómenos complejos de la interacción humana resultan de fenómenos simples.14,15

Sólo así era posible describir con exactitud la esencia de los fenómenos económicos, y no sólo las relaciones cuantitativas contingentes en las que podían situarse con otros fenómenos en determinados momentos y lugares. Refiriéndose a los desacuerdos entre su teoría de los precios y la teoría de los precios de su corresponsal francés, Menger argumentó que la experiencia de la vida real era la única forma legítima de decidir los puntos en disputa. El mérito de una teoría «depende siempre de la medida en que logre determinar los verdaderos factores (los que corresponden a la vida real) que constituyen los fenómenos económicos y las leyes según las cuales los fenómenos complejos de la economía política resultan de los elementos simples».

Menger continúa:

El investigador que llega por la vía del análisis a elementos que no corresponden a la realidad o que, sin ningún análisis verdadero, parte de axiomas arbitrarios —lo que ocurre con demasiada frecuencia con el llamado método racional— cae necesariamente en el error, aunque haga un uso superior de las matemáticas.16

La base empírica del enfoque de Menger contrastaba fuertemente con el enfoque anglosajón de la época, que se inspiraba en los principios de Ricardo y se basaba en postulados ficticios y en agregados construidos arbitrariamente como el nivel de precios, los capitalistas, los terratenientes y los trabajadores. Pero el enfoque de Menger también contrastaba con las modas dominantes en el continente y, en particular, en Alemania, donde los economistas —a la manera de los historiadores— trataban los fenómenos complejos observados, como los precios del mercado, como punto de partida para su análisis, en lugar de intentar explicarlos como resultado de factores más fundamentales.

De un plumazo, Principios de economía se apartó de ambos paradigmas. Menger había encontrado el delicado equilibrio necesario para desarrollar una teoría económica que permaneciera en contacto con el mundo real. La amplia arquitectura de su libro también demostró que el principio del valor marginal, que sólo había desempeñado un papel oscuro en las teorías anteriores, tiene una importancia fundamental y omnipresente en la ciencia económica.

El núcleo del libro de Menger es el capítulo sobre el valor, que consume una cuarta parte de sus páginas. Mientras que los analistas financieros de la experiencia de Menger hacían hincapié en los factores subjetivos en la formación de los precios —el juicio personal de los consumidores, los empresarios, los operadores en la bolsa, etc.—, los economistas académicos relegaban estos factores subjetivos a una posición secundaria por debajo de los factores supuestamente objetivos e independientes de las percepciones humanas. Los economistas clásicos británicos (Adam Smith y David Ricardo, sobre todo) habían creado una teoría de los precios completamente objetivista que pretendía explicar los precios naturales o a largo plazo de todos los bienes por referencia únicamente a los costes de producción, en particular el coste del trabajo. Según esta teoría del valor del trabajo, los factores subjetivos pueden hacer que los precios reales del mercado se desvíen de los precios «correctos», pero sólo temporalmente y nunca lo suficiente como para compensar el impacto de los costes objetivos del trabajo. Por tanto, el valor de un producto era, en última instancia, una de sus cualidades inherentes, al igual que el peso o el volumen. Estaba «en» el bien y no era una característica accidental que provenía «de fuera».

Los escritos de Smith y Ricardo tuvieron un éxito abrumador en los países anglosajones, y habían hecho grandes incursiones en el continente europeo. La Revolución francesa había desplazado el centro de la investigación y el aprendizaje económico del continente a Gran Bretaña. La época napoleónica fue especialmente eficaz en la supresión del movimiento liberal clásico en el continente. La atención del público se desplazó naturalmente hacia Adam Smith, el santo patrón de la todavía vigorosa rama británica del movimiento. Smith se convirtió en la principal autoridad en teoría económica, desplazando a Quesnay, reduciendo a Turgot a una nota a pie de página y condenando a Condillac al olvido.

Pero su popularidad como líder intelectual del liberalismo político no ayudó a Smith en Alemania. Los economistas alemanes eran mucho menos receptivos al mensaje smithiano que sus pares en Occidente. Los economistas alemanes solían ser empleados del gobierno y aborrecían las afiliaciones políticas impropias. Wilhelm Roscher, un gran historiador del pensamiento económico y uno de los principales economistas alemanes del siglo XIX, observó célebremente que era «una peculiaridad nacional de los alemanes... desviarse de la regla del libre comercio, importada de Inglaterra y Francia, mediante numerosas excepciones hechas para el intervencionismo gubernamental».17

Los profesores alemanes leyeron a Adam Smith, incluso lo leyeron con atención, pero sólo para descartar sus opiniones por carecer de fundamentos sólidos. Y aunque reconocían a Smith como una autoridad en la materia, equivocada o no, descartaron a Ricardo casi de plano. Los errores de Smith eran discutibles, pero en Ricardo no encontraban mérito científico alguno. Esta preferencia por Smith en lugar de Ricardo se acentuó a lo largo del siglo siguiente y culminó con los trabajos de la muy influyente Escuela Histórica Joven, que rechazaba por completo la «teoría» económica.18

En sus Principios, Ricardo había inventado lo que hoy se llamaría macroeconomía, haciendo hincapié en las relaciones entre diversos agregados como los niveles de precios, los salarios medios, los beneficios medios, pero también entre agregados sociales como los trabajadores, los capitalistas y los terratenientes. Basándose en sus conocimientos sobre las relaciones entre estas variables agregadas, defendió un programa de laissez-faire de gran alcance. Este enfoque no despertó el entusiasmo de los científicos sociales alemanes. Desde que el ejército revolucionario francés invadió Alemania bajo la sangrienta bandera de los derechos humanos abstractos, los alemanes tendían a desconfiar de los programas políticos de gran alcance derivados de la teoría sin base en la realidad observada. Bajo el trauma de la Revolución Francesa, los historiadores, juristas y científicos gubernamentales alemanes del siglo XIX tendían a destacar las condiciones particulares de las comunidades humanas concretas, en lugar de centrarse en las características de una humanidad inobservable en masa.

Ricardo tuvo un defensor muy capaz en Jean-Baptiste Say, que fue infatigable en sus esfuerzos por promover la economía clásica británica. El Traité d'économie politique de Say es una obra maestra por derecho propio, en muchos aspectos más sofisticada que los libros de Smith y Ricardo. Say ofreció una exposición axiomática de la ciencia económica smithiana, aumentando enormemente el prestigio de la poco sistemática Riqueza de las Naciones del escocés.19 Perfeccionó el enfoque de los economistas británicos sobre clases enteras o agregados de bienes, subdividiendo la ciencia económica en una trilogía macroeconómica: producción, distribución y consumo de bienes de consumo en general. Y lo que es más importante, dotó a la economía clásica de una atractiva justificación epistemológica, demostrando que estaba arraigada en la experiencia común. Esta metodología de orientación empírica tenía mucho más sentido para los estudiosos continentales y les convenció de que había argumentos científicos a favor de la economía ricardiana y del programa político que parecía conllevar.

Say fue la figura central en la promoción de la economía británica en el continente europeo, pero es evidente que tenía una deuda intelectual mucho mayor con la tradición científica de su propio país.20 A mediados del siglo XIX, gracias a los esfuerzos de Say, la economía británica se había convertido en la ortodoxia académica de Europa y América. En el marco de esta ortodoxia, Menger trabajó en la reformulación de la explicación del proceso de fijación de precios.

Para desarrollar su teoría del valor y de los precios, Menger se basó en los restos de una antigua teoría de los precios de la Escuela Tardío-Escolástica de Salamanca, que en el siglo XVI y principios del XVII había hecho hincapié precisamente en los rasgos subjetivos del proceso de fijación de precios que brillaban por su ausencia en la escuela clásica británica. Pero los escolásticos tardíos españoles nunca produjeron un tratado de economía, y sus descubrimientos sobre la naturaleza del valor y de los precios estaban dispersos en miles de páginas.21

La teoría subjetivista del valor sólo sobrevivió en esta forma difusa con una importante excepción: El gran tratado de Etienne de Condillac, Comercio y Gobierno. Publicado el mismo año que la Riqueza de las naciones de Smith (1776), el tratamiento de Condillac ofreció la primera presentación axiomática completa de la economía política sobre la base de la teoría subjetivista del valor. Pero el impacto de su obra fue mínimo porque los economistas franceses la rechazaron. Condillac ya era un filósofo famoso cuando publicó el libro, y no consideró necesario seguir las convenciones de los discípulos de Quesnay, sino que presentó su pensamiento de forma independiente y original, una ofensa, resulta, lo suficientemente grave como para impedir la traducción de su obra al inglés durante más de 200 años.22

Sin embargo, Comercio y gobierno fue una de las principales fuentes de inspiración para Menger (que, por supuesto, leía francés, entre otros idiomas) cuando elaboró su teoría del valor económico.23 Menger señaló que el valor sólo puede existir cuando los seres humanos se dan cuenta de que los bienes económicos existen y de que cada uno de ellos tiene una importancia personal —o, como diría Menger, «subjetiva»—.

Lo más importante es que el valor siempre se refiere a las unidades concretas de un bien, es decir, a las unidades «marginales» consideradas, como un vaso de agua, cuatro barras de pan, tres diamantes, dos vasos de leche, etc. Nunca se refiere al stock total disponible de estos bienes, excepto cuando se toman decisiones sobre el stock total. Esta idea es la clave para resolver una aparente paradoja de la teoría subjetivista del valor, que había impedido una mayor aceptación de la teoría. Si el precio de un bien depende realmente de la importancia subjetiva del mismo, ¿cómo es posible que el agua, que es esencial para la supervivencia humana, tenga un precio mucho menor que los diamantes, que son mucho menos importantes que el agua? Esta aparente paradoja juega a favor de la teoría laboral del valor, prácticamente la única alternativa al enfoque subjetivista. Cualesquiera que sean los problemas de la teoría laboral del valor, ésta no contradice la realidad de forma tan evidente como su competidora subjetivista.

Menger demostró que la paradoja es sólo aparente: desaparece en cuanto dejamos de preguntarnos por el valor de clases enteras de bienes, que son económicamente irrelevantes porque no están sujetas a la decisión humana. Si, en cambio, nos preguntamos por las leyes que rigen la valoración de las unidades individuales de un bien, la respuesta queda clara. El agua es tan abundante que no sólo sirve para satisfacer la necesidad humana más importante —y, por tanto, más valorada— de agua, sino también necesidades mucho menos importantes de agua, como las fuentes decorativas; es el valor de la necesidad menos importante, pero aún así satisfecha, el que determina el valor económico de cada unidad de agua, que, por tanto, tiene un precio de mercado bajo. Por el contrario, los diamantes son tan escasos que la oferta disponible sólo puede satisfacer las necesidades más importantes de los mismos y, en consecuencia, son muy caros.

Menger también demostró que el valor de los factores de producción se deriva siempre del valor de los bienes de consumo y no al revés. En contra de lo que afirman los teóricos del coste de producción, una botella de vino no es valiosa porque se haya producido con una tierra valiosa y una mano de obra valiosa; la tierra y la mano de obra invertidas en la elaboración del vino son valiosas en primer lugar porque los consumidores valoran la botella de vino.

Por último, Menger sostuvo que el microfenómeno del valor existe independientemente de cualquier sistema social de división del trabajo. Así, comienza a analizar los macrofenómenos del intercambio, los precios y el dinero sólo después de su capítulo sobre el valor.

A la luz del análisis de Menger, la economía de mercado aparecía como un gran organismo orientado a la satisfacción de las necesidades del consumidor. No sólo los precios del mercado, sino también las instituciones del mercado, como el dinero, forman parte de un orden racional que puede existir y funcionar sin necesidad de la ayuda de las autoridades políticas.

En cierto modo, Menger aportó un complemento a la tesis de Condillac de que las necesidades humanas son el gran regulador de todas las instituciones humanas. Condillac había expuesto sus argumentos desde un punto de vista económico y, sobre todo, epistemológico, argumentando que las percepciones están determinadas por las necesidades.24 Sin embargo, le faltaba el importante elemento del marginalismo, sobre el que Menger construyó una completa y profunda revisión de la ciencia económica.

La obra de Menger en el contexto alemán

La antigua teoría subjetivista del valor había sobrevivido de forma fragmentaria en los escritos económicos alemanes del siglo XIX.25 En este contexto, el joven economista vienés fue visto como un reformista más que como un revolucionario, evitando así el destino de Condillac.

Antes de Menger, varios economistas alemanes habían criticado la teoría del valor del trabajo específicamente y rechazado la doctrina del valor inherente en general. La opinión de Menger de que el valor era de naturaleza subjetiva (personal, individual) no era excepcional entre los autores alemanes de la primera mitad del siglo XIX. De hecho, algunos de ellos incluso conocían el principio del valor subjetivo marginal.26 Pero sus ideas no eran más que observaciones inconexas. Ninguno de los predecesores alemanes de Menger reconoció la importancia central del valor marginal y ninguno había elaborado una teoría subjetivista unificada.

En la década de 1860, en los libros de texto alemanes subsistían dos capas de análisis inconexas. Sus teorías sobre los precios solían incluir explicaciones sobre el coste de producción como componente dominante y permitían una coexistencia incoherente con las explicaciones tradicionales sobre el valor subjetivo.27 Karl Marx despreció y ridiculizó esta flagrante muestra de eclecticismo. Y tenía razón.

Menger tomó lo que sólo se insinuaba en los escritos de sus predecesores y lo presentó en un tratado sistemático que revolucionó la visión de la profesión sobre las relaciones entre las necesidades humanas, el valor y los precios. Mediante el intento sistemático de buscar las causas de estas relaciones en los hechos más simples abiertos a la investigación empírica (los «elementos de la economía humana»), Menger situó el debate sobre las necesidades, los bienes, los sistemas económicos, la producción, los precios, la renta, el consumo, etc. en un terreno completamente nuevo.

El contraste con sus eclécticos predecesores alemanes no podía ser mayor. Su eclecticismo se vio reforzado por las tendencias que Menger evitó. En particular, los economistas alemanes tendían a dedicarse a un excesivo y a menudo inútil registro y clasificación de los fenómenos económicos, una inclinación que reflejaba el clima político de la época. La restauración de la monarquía y la lucha concomitante contra el liberalismo entre 1815 y 1848 hicieron que fuera imprudente profundizar demasiado en consideraciones teóricas que pudieran conducir a una valoración crítica de los límites del gobierno. Como dijo William Johnston «En una época en la que estaba prohibido debatir cuestiones de principios fundamentales, los académicos se dedicaron a recopilar datos».28 El enfoque del análisis económico basado en la recopilación de datos alcanzó su punto álgido a finales de siglo con el ascenso de la Escuela Histórica Joven. Al igual que muchos otros empleados académicos del nuevo Estado central alemán, se veían a sí mismos como «los guardaespaldas intelectuales de la Casa de Hohenzollern».29

Un defecto alemán relacionado que Menger evitó escrupulosamente fue el historicismo: la tendencia a considerar las regularidades de los fenómenos económicos como «leyes históricas», es decir, como condicionadas por las circunstancias particulares de tiempo y lugar. Aunque los economistas alemanes de aquella época habrían estado de acuerdo con Menger en que todos los fenómenos económicos estaban relacionados de algún modo entre sí y que uno de los objetivos de la ciencia económica era averiguar cuál era esa relación, el análisis de Menger reveló que esas relaciones eran leyes que se mantenían en todo momento y lugar; además, demostró que podían estudiarse sin referencia al contexto histórico concreto. Su libro contenía muchas ilustraciones concretas de las leyes generales en cuestión, pero en esencia los Principios de Menger eran un ejercicio de pura teoría.

Methodenstreit

Mientras tanto, en las universidades del Reich alemán había surgido un vigoroso movimiento que perseguía una agenda diametralmente opuesta a la visión de Menger y abogaba por una ruptura radical con el enfoque tradicional de la ciencia económica.30 Mientras que Menger pretendía convertir la teoría económica en una ciencia analítica, los jóvenes radicales de Berlín perseguían el derrocamiento total de la investigación teórica, sustituyéndola por estudios históricos.

El líder de este grupo era Gustav Schmoller, un joven profesor de la Universidad de Halle.31 El gran objetivo de Schmoller, por encima de todas sus preocupaciones teóricas y metodológicas, era combatir la creciente influencia intelectual y práctica del liberalismo del laissez-faire en Alemania. Su estrategia consistía en promover el debate sobre la «cuestión social», es decir, la cuestión de cómo el gobierno podía promover el bienestar de las clases trabajadoras. Se daba por sentado que el gobierno podía y debía promover el bienestar de la clase trabajadora.

Schmoller puso en práctica su estrategia a través de una asociación de intelectuales y líderes políticos afines, la mayoría de los cuales eran profesores universitarios y funcionarios. En octubre de 1872, convocó una primera reunión nacional de «hombres de todos los partidos de los que se puede suponer que tienen interés y patetismo moral por la cuestión [social] y que no creen que el laissez faire et laissez passer absoluto sea lo correcto en lo que respecta a la cuestión social».32 Schmoller y otros dos que se convertirían en líderes del grupo durante mucho tiempo —el profesor de Breslau Lujo Brentano y el estadístico de Berlín Ernst Engel— se dirigieron a la reunión con conferencias sobre huelgas y sindicatos, sobre las leyes alemanas de fábricas y sobre la cuestión de la vivienda.

La clara orientación antimercado y progubernamental de estos profesores universitarios les valió rápidamente el sobrenombre de Kathedersozialisten, o «socialistas de la cátedra».33 Es significativo que su primera reunión tuviera lugar en la ciudad de Eisenach, que ese mismo año había acogido la convención fundacional del Sozialistische Partei Deutschlands (Partido Socialista de Alemania). Dado que el SPD fue el primer partido socialista del mundo, Eisenach se había convertido en el símbolo del movimiento socialista organizado. El grupo funda ahora la Verein für Socialpolitik (Asociación para la Política Social) con el propósito explícito de promover las políticas de bienestar del nuevo Estado central alemán. El primer presidente fue Erwin Nasse, un profesor de Bonn. Schmoller, que en 1872 era un joven, se convirtió en el sucesor de Nasse en 1890 y siguió siendo presidente hasta su muerte en 1917.34

El Verein organizaba reuniones plenarias, que tenían lugar cada dos años, y reuniones de un comité elegido (Ausschuss). Estas reuniones tuvieron un impacto profundo, y a menudo inmediato, en la política alemana, ya que proporcionaban un territorio neutral a los representantes de los grupos organizados más poderosos. Profesores universitarios, sindicalistas, altos funcionarios y empresarios se reunían en el Verein, se conocían entre sí y forjaban compromisos políticos sobre los temas del momento. La fuerte orientación práctica también se hizo patente en la serie de publicaciones de la Verein. Cada volumen abordaba un problema social acuciante diferente, analizaba sus síntomas y terminaba invariablemente con un llamamiento a la acción gubernamental. Ralph Raico afirma:

Muchos de los 134 volúmenes intensamente investigados que se publicaron hasta 1914 sirvieron prácticamente como acusaciones de diversos defectos y agravios del sistema existente, y cada uno de ellos reclamaba la acción del gobierno.... El principal objetivo de los socialistas de la cátedra, a saber, cambiar la opinión pública dentro de la burguesía culta y, sobre todo, dentro de la burocracia, se logró en gran medida.35

A través de estas actividades, la Verein se convirtió en uno de los vehículos más importantes para la consolidación y expansión de la función pública del nuevo gobierno alemán. Los profesores y los demás funcionarios se consideraban mediadores neutrales entre los diversos grupos sociales en conflicto. Toda solución a cualquier problema social percibido implicaba invariablemente su participación activa o su intermediación.36 Tal como lo veían, promovían el compromiso político entre la izquierda y la derecha, la democracia y la monarquía, el utilitarismo y la justicia, los trabajadores y los empresarios.37 Se consideraban árbitros neutrales porque consideraban estos conflictos desde el punto de vista «superior» del nuevo gobierno central, que representaba a toda la nación.

La época de la Verein für Socialpolitik coincidió con el apogeo de la centralización política alemana. Sin embargo, a partir de principios de la década de 1890, el gobierno empezó a dar la espalda a la Verein. Su constante agitación a favor de la reforma política de izquierdas había tenido demasiado éxito, y corría el riesgo de perder su reputación de neutralidad política.38 Durante un tiempo, Schmoller consiguió oponerse a esta tendencia, pero el propio éxito de la Verein acabó por condenarla. A finales del siglo XIX, ya había atraído a un gran número de intelectuales y líderes sociales, como Max Weber, Ludwig Pohle y Andreas Voigt, que en principio se oponían a los ciegos prejuicios progubernamentales del Verein y se habían unido sólo por su importancia práctica.39 Bajo el liderazgo de Max Weber, estos hombres chocaron repetidamente con el establishment del Verein por la cuestión de la «prueba» científica en asuntos políticos; después de la Primera Guerra Mundial, los seguidores de Weber cambiarían para siempre el carácter del Verein, convirtiéndolo en una institución puramente académica.

«Mientras que Menger pretendía convertir la teoría económica en una ciencia analítica, los jóvenes radicales de Berlín perseguían un completo derrocamiento de la investigación teórica, sustituyéndola en cambio por estudios históricos».

Pero en sus días de gloria de finales de la década de 1870 y 1880, el Verein y, en particular, la persona de Gustav Schmoller transformaron por completo el panorama de la ciencia económica en lengua alemana. Schmoller también tuvo una influencia duradera en la economía alemana a través de su amistad personal con Friedrich Althoff, un alto funcionario del Ministerio de Educación de Prusia, que entre 1882 y 1907 controlaba los nombramientos para las cátedras de economía política en las universidades prusianas. Pronto se hizo evidente que para obtener una cátedra de pleno derecho había que suscribir sin reservas el programa definido en los escritos de Schmoller.

Aunque el programa de Schmoller iba dirigido principalmente contra los héroes del movimiento librecambista, como Adam Smith, Jean-Baptiste Say y David Ricardo, acabó con la enseñanza de cualquier tipo de teoría económica en las universidades alemanas. La llamada Escuela Histórica Joven de Schmoller fue mucho más allá del sano escepticismo de las abstracciones teóricas que había caracterizado los trabajos de la generación anterior de economistas alemanes. Los schmolleristas negaban rotundamente que existieran leyes sociales universales: sólo había ciertas regularidades que cambiaban con las instituciones cambiantes de la sociedad. La tarea de la ciencia gubernamental era sólo incidentalmente estudiar estas regularidades dependientes del contexto. Su tarea esencial era estudiar el significado concreto de la «idea de justicia» en un momento y lugar determinados, porque ésta era la verdadera base del «principio de la reforma social»: ajustar las instituciones sociales existentes a los sentimientos predominantes de lo que era correcto y justo.40 Schmoller defendió así el relativismo radical y el positivismo jurídico radical, las doctrinas más adecuadas para justificar su creencia y adoración del gobierno omnipotente.

Carl Menger había seguido el crecimiento del movimiento de Schmoller durante algunos años. Se dio cuenta de que, bajo la influencia sobrevenida de la Escuela Histórica Joven, Alemania y Austria (que estaba plenamente en la órbita intelectual alemana) estaban en proceso de destruir el trabajo de un siglo de erudición económica. El primer tratado de Menger cayó en saco roto. Había encontrado adeptos en Austria, pero esto se debió en parte a su influencia personal en las nominaciones académicas. Las universidades alemanas eran impenetrables.

Menger decidió sentar las bases de los futuros trabajos de análisis económico positivo mediante una defensa metodológica sistemática de su nuevo enfoque.41 El resultado de estos esfuerzos fue otro gran libro, Untersuchungen über die Methode der Sozialwissenschaften und der politischen Okonomie insbesondere (Investigaciones sobre el método de las ciencias sociales con especial referencia a la economía).42 Menger insistió en que las leyes económicas que había discutido eran leyes «exactas» de la realidad, y que los métodos de investigación histórica eran totalmente incapaces de descubrir tales leyes económicas.

Estos puntos de vista no podían dejar de ofender la sensibilidad historicista del establishment académico, que era especialmente fuerte entre los economistas de la propia generación de Menger. De hecho, mientras que el historicismo ya era perceptible en las obras de la Escuela Histórica Antigua (Roscher, Knies, Hildebrand y otros), en los escritos de la Escuela Histórica Joven (Schmoller, Lexis y otros) se había convertido en un dogma. Schmoller publicó una reseña muy crítica de las Investigaciones de Menger, en la que afirmaba que éste había omitido fundamentar su análisis con estudios históricos adecuados; en la jerga actual, Menger se había entregado a un ejercicio de pura teoría, que carecía de «pruebas empíricas» en su apoyo. Este ataque podría haber dado lugar a un sobrio debate académico si Schmoller no hubiera tratado de estigmatizar a su oponente etiquetando su enfoque como el «método mancuniano-individualista», asociando a Menger con la supuestamente desacreditada Escuela de Manchester.43

El debate entre Menger y Schmoller no tardó en llevar a sus discípulos a un acalorado intercambio, durante el cual incluso el gran hombre de la economía alemana, Wilhelm Roscher, despreció a Menger.44 Este intercambio colectivo implicó varios artículos y libros más.45 Su carácter inusualmente polémico y emocional se debió a que para Schmoller cualquier tipo de teoría económica reforzaba los argumentos a favor del capitalismo.46 El debate culminó en 1895, cuando el último gran alumno de Menger, Richard Schüller, publicó su tesis de habilitación en la que refutaba punto por punto las críticas a los economistas clásicos que Bruno Hildebrand había expresado en su conferencia inaugural en la Universidad de Viena.47

A pesar del caldeado ambiente en el que se desarrolló, el debate sobre el método entre Menger y Schmoller sirvió para aclarar las diferencias entre la investigación económica teórica y la aplicada. Aunque no produjo ningún resultado duradero o definitivo, renovó el interés por el tema y puso de manifiesto la importancia de ciertas distinciones fundamentales que desarrollarían posteriormente economistas, filósofos e historiadores como Max Weber, Heinrich Rickert, Ludwig von Mises y Alfred Schütz. La distinción entre las naturalezas fundamentalmente diferentes de las ciencias naturales, la historia y la economía sería de especial interés.

Lo que no se ve tan a menudo es que la oposición que reunió a todos los «teóricos» detrás de Menger y a todos los «historiadores» detrás de Schmoller hizo que se descuidaran algunas diferencias importantes dentro de cada grupo. Ello fomentó la confusión, sobre todo en las filas de los teóricos, que tendían a ser vistos (y a verse a sí mismos) como adheridos a «la» teoría económica, cuando en realidad tenían nociones significativamente diferentes de la materia y los contenidos de su ciencia. La contribución única de Menger tendía a ser percibida sólo como una parte de un amplio consenso sobre el esquema principal de «la» nueva teoría económica. Menger no compartía esta percepción.

La escuela austriaca y la escuela de Gossen

Con sólo dos libros, Menger había asentado el pensamiento económico y social sobre bases completamente nuevas. los principios fueron pioneros en la aplicación del método empírico en la teoría económica, y las investigaciones habían justificado el método y aclarado la relación entre la teoría resultante y otras ciencias sociales. La ciencia económica ya no era sólo el estudio de los fenómenos económicos visibles, como los precios, el dinero o la producción, sino que se había convertido en el estudio de cómo estos fenómenos eran causados por la interacción entre las ideas humanas y un entorno que ofrecía recursos limitados para la satisfacción de las necesidades humanas.

Tanto sus oponentes como sus seguidores tardaron en comprender el impacto total de la revolución mengeriana. Para sus contemporáneos, el proyecto mengeriano era atractivo por razones distintas a la grandiosa nueva visión que implicaba. En particular, fue el método analítico único de Menger de desarrollar la teoría económica como una ciencia descriptiva del mundo real lo que atrajo a los jóvenes discípulos.

El «método empírico» de Menger se ajustaba al ideal de su época. Las escuelas y universidades habían preparado a conciencia a la joven élite científica para que apreciara las virtudes de la investigación empírica. Más que las universidades de otros países en aquella época, las instituciones de enseñanza superior alemanas insistían en la necesidad de realizar investigaciones empíricas en prácticamente todos los campos. Sorprendentemente, esta orientación era producto de la filosofía «idealista» de Immanuel Kant, que subrayaba que el conocimiento de los objetos del mundo exterior sólo podía obtenerse a través de la experiencia sensorial y, en particular, de la observación. Los científicos alemanes estaban más dispuestos que otros a abandonar sus sillones y despachos para investigar sobre el terreno y dedicarse a la observación sistemática de la naturaleza. El célebre Alexander von Humboldt fue el pionero de este movimiento, pero pronto le siguieron otros. La ciencia alemana destacó en biología, física, química, medicina, historia y prácticamente en todos los demás campos del saber.48

Sin embargo, en el campo de la economía política, que suele enseñarse bajo el nombre de ciencia gubernamental, la exigencia de una base empírica había llevado a la idealización de la investigación histórica. Los historicistas afirmaban que no había más ciencia social que la historia, y que la teoría económica, en la medida en que tuviera algún mérito científico, tenía que ser una generalización de los hallazgos históricos. En este contexto, el enfoque de Menger aparecía como una alternativa atractiva porque mostraba que la teoría económica era una disciplina independiente que podía estudiarse por derecho propio sin abandonar la agenda empírica. La fuerza de este mensaje atrajo incluso a estudiosos de origen historicista que no tenían contacto personal con Carl Menger.

Un ejemplo de ello fue el joven Ludwig von Mises. Inmerso como estaba en los prejuicios del intervencionismo y en la búsqueda de un fundamento verdaderamente científico para la política económica, Mises no habría encontrado convincente a Ricardo. Pero Menger le convenció de que existía una teoría económica científica, un cuerpo de proposiciones sobre la realidad empírica, claramente diferente de las proposiciones derivadas de la investigación histórica. Mises se rindió a la evidencia y se convirtió en un mengeriano, y lo seguiría siendo el resto de su vida.

En obras posteriores, Mises modificaría, generalizaría y matizaría los puntos de vista de Menger. En particular, se hizo famoso por su interpretación del estatus epistemológico de las proposiciones de la ciencia económica, es decir, por su afirmación de que estas proposiciones son verdaderas por motivos a priori y, por tanto, no pueden ser verificadas o refutadas por la evidencia de los sentidos. Pero estas afirmaciones eran intentos de aclarar la posición que Mises había heredado de Menger. La diferencia entre la retórica aristotélica de Menger y la formulación kantiana utilizada por Mises es evidente, pero la diferencia es principalmente retórica. El principal hilo de continuidad entre Menger y Mises es la adhesión al mismo programa científico de desarrollar la teoría económica como una disciplina descriptiva, distinta de otras disciplinas descriptivas como la biología o la historia. Tanto Menger como Mises creían que sus teorías describían ciertas características generales de la acción humana que existen y operan en todo momento y lugar. Esto es lo que les diferenciaba fundamentalmente de Wieser y Schumpeter, y es lo que sigue diferenciando a los economistas mengerianos de todos los demás economistas.

El método de Menger es también lo que más le distingue de Léon Walras y William Stanley Jevons, dos autores con los que a menudo se confunde a Menger como cofundadores del enfoque de la utilidad marginal en la teoría de los precios. Es cierto que estos tres hombres publicaron casi al mismo tiempo exposiciones sistemáticas de la teoría de los precios basadas en la naturaleza subjetiva y marginal del valor. Pero aparte de un amplio acuerdo sobre estas ideas básicas, la teoría de Menger no tiene mucho en común con los otros dos.49

Walras y Jevons tuvieron que superar grandes obstáculos para exponer sus principios. Ninguno de los dos contaba con la tradición subjetivista alemana, y ambos se encontraron con una feroz resistencia por parte de la clase académica. Sin embargo, en lo que respecta a la originalidad y el mérito científico, no pueden compararse con Menger.50 A diferencia de Menger, Jevons y Walras tuvieron un predecesor específico, aunque oscuro, al que reconocieron y elogiaron: el erudito alemán independiente Hermann Heinrich Gossen había anticipado sus principios centrales y su enfoque de la teoría de los precios.

Siguiendo a Gossen, Jevons y Walras desarrollaron una teoría de la utilidad marginal de los precios que tenía mucho menos éxito en la descripción de la realidad observada que el enfoque del valor marginal de Menger. Las diferencias entre Menger, por un lado, y Gossen, Jevons y Walras, por otro, pueden parecer arcanas, pero llegaron a desempeñar un papel importante en el desarrollo de la economía austriaca, y es en este contexto donde hay que apreciar la importancia de las contribuciones de Mises.

Gossen había trabajado durante veinte años en un manuscrito que publicó en 1854 con el título Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs (Deducción de las leyes de las interrelaciones humanas).51 En esta obra combinó dos ideas centrales en un tratado general sobre el comportamiento humano.

En primer lugar, Gossen pensaba que la ciencia económica se refería a las leyes que rigen la psicología humana en relación con la acción humana. Las leyes psicológicas más fundamentales, según él, eran dos leyes de la satisfacción de la necesidad que más tarde se conocerían como la Primera y la Segunda Ley de Gossen. Según la Primera Ley, la satisfacción derivada del consumo de cualquier bien alcanzará en algún momento un máximo. Ni un consumo mayor ni menor producirá una mayor satisfacción. Según la Segunda Ley de Gossen, todos los bienes deben consumirse en cantidades tales que la contribución a la satisfacción global a través del consumo marginal de cada bien sea exactamente igual.

En segundo lugar, Gossen trató de describir la acción humana con álgebra y gráficos, y se basó en varios postulados implícitos y falsos para alcanzar este objetivo. Por ejemplo, postuló que el valor es medible y que los valores de diferentes personas pueden combinarse de forma significativa.

Fue este procedimiento el que hizo que su enfoque fuera especialmente discutible a los ojos del establishment académico de los economistas alemanes, que aborrecían las especulaciones desconectadas del mundo observado. El libro de Gossen también adolecía de graves deficiencias formales, al estar escrito en un texto continuo, sin títulos de capítulos ni índice. Este formato y su excesivo uso del álgebra y los gráficos hicieron de su obra una experiencia de lectura tediosa y desagradable. Cayó en el olvido, donde probablemente habría permanecido de no ser por W.S. Jevons.

Cuando Jevons publicó la primera edición de sus Principios de economía política (1871), consideró que su teoría no tenía precedentes. En 1878, el profesor Adamson, sucesor de Jevons en el Owens College de Manchester, encontró una referencia al libro de Gossen en una historia del pensamiento económico e informó a su amigo Jevons, que celebró a Gossen en el prefacio de la segunda edición de sus Principios (1879).52

Walras era aún más entusiasta que Jevons. Comparó a Gossen con Copérnico y Newton, y tradujo el libro de Gossen al francés.53 Cuando Menger le dijo en una carta que creía que había diferencias significativas entre su propio enfoque y el de Gossen, Walras se indignó y respondió que le parecía «odioso» pensar que Menger se negara a reconocer a un predecesor tan importante.54

En efecto, Gossen se había anticipado a las teorías de Jevons y Walras.55 Los tres hombres habían desarrollado teorías generales análogas a la teoría general del valor y de los precios de Menger, pero diferían de ella en su orientación psicológica y en el tipo exacto de explicación que ofrecían.

En la teoría de Menger, el término «valor» no se refiere a un sentimiento psicológico, sino a la importancia relativa que tiene para un individuo la unidad marginal del bien X, es decir, la importancia de X en comparación con las unidades marginales de otros bienes Y y Z. El precio de mercado de un bien resulta de la interacción de vendedores y compradores, para quienes los bienes comprados y vendidos tienen una importancia relativa diferente. En cambio, en las teorías de los otros tres autores, el precio de un bien resulta de la interacción de vendedores y compradores cuyos sentimientos o bienestar se ven afectados de forma diferente por el control del bien. Mientras que Menger explicaba el proceso de fijación de precios como el resultado de la importancia de un bien en relación con la importancia de otros bienes, Gossen, Jevons y Walras explicaban el proceso de fijación de precios como el impacto de una cantidad marginal de un bien en la psicología del actor, un impacto que denominaban deseo-satisfacción (Gossen), utilidad (Jevons) y necesidades satisfechas (Walras). La utilidad marginal de Jevons desempeñaba, pues, estructuralmente el mismo papel que el valor marginal en la teoría de Menger —daba una explicación de los precios del mercado—, pero mientras la utilidad marginal explica el precio de un bien por el impacto directo de éste en los sentimientos humanos, el valor marginal de Menger explica el precio de un bien por la importancia que éste tiene en comparación con otros bienes, según las necesidades de los individuos que participan en el proceso de fijación de precios.

En el enfoque psicológico de Gossen, Jevons y Walras, la psique humana era el gran denominador común del significado económico de todos los bienes; en la teoría de Menger, no había tal denominador común. En su planteamiento, el «valor» no puede ser independiente de las circunstancias específicas de tiempo y espacio; es inseparable de estas circunstancias y significa cosas diferentes en distintos entornos económicos. Según Gossen, Jevons y Walras, la cantidad de «utilidad» derivada de un bien podría ser diferente en diferentes situaciones, pero según Menger, toda la base del valor es diferente en cuanto cambia el contexto económico, porque el bien se compararía entonces con otros bienes diferentes.

Independientemente de lo que se pueda pensar de los méritos del enfoque psicológico, tenía al menos un gran atractivo, a saber, que permitía la posibilidad de una teoría matemática de los precios basada en la utilidad marginal. Con la psique humana como denominador común de todos los valores económicos, se hizo posible representar la satisfacción de deseos o la utilidad derivada del consumo de un bien como una función matemática de las cantidades consumidas; se hizo posible escalar la satisfacción y la utilidad en unidades con las que se podía realizar un cálculo económico completamente desconectado de los precios del mercado. También se pudo combinar las funciones de utilidad individuales en algo parecido a una función de utilidad agregada: la satisfacción de una persona y la de otra pueden sumarse en una sola cantidad que represente «su» satisfacción total; y la ganancia de una persona sumada a la pérdida de otra puede combinarse matemáticamente para determinar si hay ganancia o pérdida neta.56

Estas consideraciones probablemente influyeron para que Gossen, Jevons y Walras eligieran el enfoque psicológico. No comenzaron con la observación y luego adoptaron las técnicas algebraicas y geométricas como las herramientas más adecuadas para representar lo que observaban. Más bien, comenzaron con una agenda -la necesidad de aplicar las matemáticas en la economía para hacerla más «científica»- y buscaban una hipótesis plausible para justificar su enfoque preferido.57 Esto también explica otras estipulaciones ficticias a las que recurrieron, de nuevo, en claro contraste con el método de Menger. En sus teorías sobre los precios evitaron uno de los grandes escollos de la teoría económica à la Ricardo, a saber, la dependencia de los agregados. Pero como querían hacer de la economía política una disciplina matemática, cayeron en el otro gran escollo, la confianza en postulados ficticios ad hoc. Para permitir las representaciones gráficas y algebraicas de la utilidad, la demanda y los precios, Gossen, Jevons y Walras asumieron que todos los bienes eran infinitamente divisibles. Y para justificar su suposición de que el mercado está en equilibrio, ignoraron la existencia del error.

Al igual que los economistas clásicos, la Escuela de Gossen analizaba los precios tal y como serían si se cumplieran ciertas condiciones especiales: analizaban los precios hipotéticos de equilibrio en lugar de los precios reales del mercado. Es aquí, pues, donde encontramos la gran división entre las Escuelas Austriaca y Gossen. Menger abrió el camino para tratar los precios del mundo real. Su trabajo hizo que la economía se volviera más científica en el verdadero sentido de la palabra -aumentando el conocimiento sobre las cosas reales-, mientras que los escritos de Gossen, Jevons y Walras no trataban cuestiones de hecho, sino sólo conjeturas. William Jaffé tenía toda la razón cuando escribió

Carl Menger se distingue claramente de los otros dos reputados fundadores de la moderna teoría de la utilidad marginal.... Nadie que conozca la literatura primaria puede dudar por un momento de que el tratamiento de Menger de la estructura de los deseos en relación con la evaluación fue más profundo y más penetrante no sólo que el de Walras, que no mostró ningún interés particular en tales cuestiones, sino también que el de Jevons.58

Jaffé llegó a identificar la raíz de la mayor profundidad en la búsqueda del realismo de Menger, que le impidió desarrollar la «teoría» en el sentido de una construcción mental que está fuera de contacto con la experiencia concreta:

Menger se mantuvo demasiado cerca del mundo real para la formulación verbal o simbólica de la teoría; y en el mundo real no vio puntos de equilibrio claramente definidos, sino más bien indeterminaciones limitadas no sólo en el trueque bilateral aislado, sino también en el comercio de mercado competitivo.... Con su atención inquebrantablemente fijada en la realidad, Menger no podía, y no lo hizo, abstraerse de las dificultades a las que se enfrentan los comerciantes en cualquier intento de obtener toda la información necesaria para que surja algo parecido a una determinación precisa del equilibrio de los precios de mercado, ni su enfoque le permitía abstraerse de las incertidumbres que velan el futuro, incluso el futuro cercano en la anticipación consciente de que la mayoría de las transacciones actuales tienen lugar. Tampoco excluía la existencia de grupos no competidores, ni la omnipresencia de comerciantes monopolistas o monopólicos en el mercado.59

Al final de su carrera, Menger amplió su enfoque para tratar los problemas sociales. También en este aspecto fue un pionero. El propio término «sociología» había sido inventado recientemente (por el positivista francés Auguste Comte), y todavía no había ningún sociólogo profesional reconocido. Carl Menger fue uno de los primeros economistas convertidos en sociólogos. Muchos otros economistas austriacos, como Schumpeter y Mises, seguirían sus pasos. Mises explicó más tarde que esta ampliación del interés no es más que una consecuencia natural del nuevo punto de vista que Menger había desarrollado en sus Principios, ya que la esencia del nuevo enfoque era un análisis que se centraba en la acción humana individual y explicaba todos los fenómenos sociales como resultado de la interacción de los individuos.60

El avance de la escuela austriaca

En la Universidad de Viena, Menger se enfrentó a la decidida oposición de Lorenz von Stein, el gran defensor del socialismo francés en Alemania y Austria.61 Stein rechazó la primera petición de Menger para obtener el título de Habilitación, aceptando su solicitud sólo después de que Menger hiciera imprimir sus Principios por el editor vienés Wilhelm Braumüller a su costa y enviara una prueba de los dos primeros capítulos a Stein. Tras aceptar su solicitud, Stein siguió sin aprobar el título de Menger. Después de que aparecieran varias reseñas favorables de su libro en las revistas profesionales alemanas, Menger volvió a solicitarlo y esta vez lo aprobó.

Inmediatamente recibió ofertas para dar clases fuera de Viena, pero las rechazó por las fuertes pérdidas económicas que sufriría si abandonaba su puesto en el Wiener Zeitung. En su lugar, permaneció como profesor particular en la Universidad de Viena. Un año después, la Universidad de Basilea le hizo una oferta muy atractiva. Para retener al joven y talentoso profesor, la Universidad de Viena le ofreció a Menger un puesto de profesor extraordinario62 de economía política y le permitió mantener su puesto en el Wiener Zeitung. Aceptó y permaneció en Viena durante el resto de su carrera, impartiendo cursos sobre banca, crédito, economía general y finanzas públicas.63 En el otoño de 1874, abandonó su puesto en el Wiener Zeitung para tener más tiempo para dedicarse a la investigación que llevaría a la publicación de Investigaciones.

En todos sus esfuerzos académicos, Menger se encontró con la continua resistencia del departamento, que estaba dirigido por un grupo bajo el liderazgo de Stein. Menger decidió formar una nueva coalición y derribar a los viejos oligarcas. Y en 1876 lo consiguió, porque se había producido un cambio decisivo en su carrera. El otoño anterior, se le había propuesto ser el tutor privado de Rudolf von Habsburg, el Delfín de Austria-Hungría de veintidós años.

Este encargo iba a ser la cúspide de las actividades pedagógicas de Menger, pero también sacó a la luz sus opiniones políticas, que siempre se había cuidado de no revelar en ninguno de sus escritos publicados. Tras un minucioso análisis de los cuadernos del príncipe Rudolf, Erich Streissler concluye que estos libros «muestran que Menger fue un liberal económico clásico de lo más puro... con una agenda para el Estado mucho menor que la de Adam Smith».64 Streissler continúa:

Las Conferencias Rudolf de Menger son, de hecho, probablemente una de las declaraciones más extremas de los principios del laissez-faire que se han puesto por escrito en la literatura académica de la economía. Sólo hay una causa justa para la acción económica en circunstancias «anormales». Sólo cuando «la catástrofe es inminente», sólo cuando «el apoyo del gobierno se hace indispensable» debe intervenir el Estado. De lo contrario, la «interferencia del gobierno» es «siempre... perjudicial».65

Menger fue lo suficientemente inteligente como para no presentar estos puntos de vista sobre el gobierno como su opinión personal. En lugar de ello, trabajó a partir de lecturas cuidadosamente seleccionadas para transmitir su mensaje. Incluso eligió como libro de texto principal La riqueza de las naciones de Adam Smith. Aun así, las opiniones políticas de Menger parecen haber sido lo suficientemente conocidas dentro del establishment austriaco como para provocar un conflicto sobre la cuestión de su nombramiento como tutor de Rudolf. De hecho, se llegó a un enfrentamiento entre los consejeros conservadores del padre de Rodolfo, Francisco José, y los consejeros más liberales de su madre, Isabel. La emperatriz tuvo finalmente la última palabra.

Menger se tomó una amplia licencia en la Universidad para trabajar con Rudolf, que comenzó en enero de 1876 y duró dos años. Se convirtió en «uno de los profesores de mayor confianza del príncipe heredero, de confianza del propio Rudolf y de sus mayores».66

Menger había hecho carrera. Su nueva protección monárquica lo elevó rápidamente al rango de profesor titular de la Universidad de Viena, el puesto más prestigioso para un economista en todo el imperio. Ahora se encontraba en una posición de influencia prácticamente inigualable en las ciencias sociales académicas de Austria-Hungría. Otros honores le siguieron casi como algo natural: se convirtió en miembro vitalicio de la Herrenhaus, la cámara alta del parlamento austriaco, miembro de las academias de ciencias de Viena y Roma, del Instituto de Francia y de la Royal Society de Edimburgo.67

Utilizó este poder para resolver conflictos dentro de su departamento en la Universidad de Viena. Y parece que también lo utilizó para llenar las demás cátedras de economía política de Austria con sus seguidores, como Böhm-Bawerk y Wieser.68

Menger se veía a sí mismo como el fundador y líder de una nueva escuela de investigación social, y se esforzaba por formar discípulos y extenderlos por todo el país. En una carta confidencial de marzo de 1902 dirigida al Ministerio de Cultura austriaco en la que solicitaba la jubilación anticipada, afirmaba que sus actividades docentes «han generado resultados que superan los resultados comunes de la enseñanza. Esto se refiere en particular a la fundación de la Escuela Austriaca de Economía». También señala que muchos jóvenes académicos excelentes recibieron su diploma de profesor universitario (la Habilitación) bajo sus auspicios y que estos académicos obtuvieron la mayoría de las cátedras de economía política en las universidades austriacas. Además de sus principales seguidores, Böhm-Bawerk y Wieser, mencionó a Emil Sax, Johann von Komorczynski, Robert Meyer, Gustav Gross, Eugen von Philippovich, Victor Mataja, Robert Zuckerkandl, Hermann von Schullern-Schrattenhofen, Richard Reisch y Richard Schüller. La lista de sus alumnos que no eligieron una carrera académica no es menos impresionante. Entre ellos estaban Moritz Dub, Viktor Grätz, Wilhelm Rosenberg, Rudolf Sieghart y Ernst Seidler.69 Estos hombres desempeñarían un papel importante en la vida y la carrera de Ludwig von Mises.

Menger consiguió no sólo desarrollar la tradición continental de la ciencia económica, sino también establecer una red de jóvenes pensadores afines dentro de los límites de Austria-Hungría.70 Sólo no consiguió que Böhm-Bawerk obtuviera una cátedra en la Universidad de Viena. Su discípulo favorito se presentó dos veces, en 1887 y 1889, pero en cada ocasión el Ministerio de Educación eligió a un candidato diferente. Argumentaron que Böhm-Bawerk representaba la misma escuela abstracta y puramente teórica que el otro titular de la cátedra (Menger) y que era necesario contar también con un representante de la nueva Escuela Histórica de Alemania.71 Pero ni siquiera esto resultó ser un obstáculo decisivo. En otoño de 1889, Böhm-Bawerk se trasladó a Viena para incorporarse al Ministerio de Hacienda y se convirtió en profesor adjunto de la Universidad de Viena; en 1905 obtuvo una cátedra completa. Así, en claro contraste con todas las demás escuelas modernas (marginalistas) de pensamiento económico, la Escuela Austriaca alcanzó rápidamente una posición de poder, protegida por la tradición intelectual y el patrocinio político. Bajo el liderazgo de la siguiente generación, obtendría una posición de influencia sin parangón.

Este artículo es un extracto del capítulo 4 de Mises: el último caballero del liberalismo.

  • 1. Mises, Erinnerungen, p. 19; F.A. Hayek, «Einleitung», Carl Menger, Gesammelte Werke (vol. I, Tübingen: Mohr, 1968), pp. xxxii.
  • 2. Después de que Menger cumpliera con éxito su encargo de ser tutor del príncipe heredero Rodolfo en economía, obtuvo el derecho a acceder a la caballería. Menger no lo solicitó porque prefería su condición de burgués. Véase Brigitte Hamann, Rudolf: Kronprinz und Rebell (Munich: Piper, 1978), pp. 77, 86.
  • 3. Sobre Menger, véase en particular F. v. Wieser, «Karl Menger», Anton Bettelheim (ed.), Neue österreichische Biographie: 1815-1918 (Viena, 1923), vol. I, pp. 84-92, reimpreso en ídem, Gesammelte Abhandlungen (Tübingen: Mohr, 1929); F.A. Hayek, «Einleitung», pp. vii-xxxvi; Yukihiro Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers (St Katharinen: Scripta Mercaturae Verlag, 1997).
  • 4. Unos diez años más tarde, en una anotación en su diario, dijo que sus actuales problemas de salud se debían a las excesivas actividades profesionales del pasado, así como a la mala alimentación durante algunos períodos de su adolescencia, al exceso de tiempo que pasaba en los cafés y a demasiadas relaciones amorosas. Entonces decidió pasar más tiempo en el campo y salir a pasear con regularidad. Véase la reseña biográfica de Karl Menger sobre la carrera profesional de su padre Carl, «X. Beginn der akademischen Laufbahn», Carl Menger Papers (Duke University, Box 21).
  • 5. Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers, pp. 65, 170.
  • 6. El tema estaba de moda en las novelas feuilleton, un nuevo género literario de la época. En Francia, el «rey de la novela feuilleton», Eugène Sue, se había hecho rico y famoso con Le Juif errant (1844-45). El protagonista de su novela simbolizaba la opresión del pueblo judío a lo largo de los siglos.
  • 7. Kurt Paupié, Handbuch der österreichischen Pressegeschichte 1848-1959 (Viena: Braumüller, 1960), vol. 1, pp. 119s. Paupié también afirma que el propio periódico de Menger, el Wiener Tagblatt, tenía un carácter oficial o semioficial, en particular debido a los estrechos vínculos de Menger con Belcredi (véase ibíd., p. 119).
  • 8. Subrayó Wieser: «Entró al servicio del gobierno». F. v. Wieser, «Karl Menger», p. 84. Véase también F.A. Hayek, «Einleitung», p. xii; Kiichiro Yagi, «Carl Menger as Editor: Significance of Journalistic Experience for his Economics and for his Later Life», Revue européenne des sciences sociales XXX (92), 1992; Hamann, Rudolf, p. 78.
  • 9. Wieser, «Karl Menger».
  • 10. Al parecer, Menger no abandonó sus intereses literarios. En enero de 1869 publicó otra novela, Die Bettlerin von St. Marx (La mendiga de San Marx) en otro periódico vienés, el Allgemeine Volkszeitung. Véase Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers, p. 65, nota 168.
  • 11. En la jerga de la filosofía analítica del siglo XX, los «elementos» de Menger se habrían llamado «primitivos» de la teoría económica.
  • 12. Grundsätze, p. vii. Barry Smith ha argumentado convincentemente que Menger aplicó el realismo aristotélico en el análisis económico. Véase Barry Smith, «Austrian Economics and Austrian Philosophy», W. Grassl y B. Smith (eds.), Austrian Economics : Historical and Philosophical Background (Londres: Croom Helm, 1986), pp. 1-36; ídem, «Aristotle, Menger, Mises: An Essay in the Metaphysics of Economics», B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990), pp. 263-288. Véase también Raimondo Cubbedu, The Philosophy of the Austrian School (Londres: Routledge, 1993), cap. 1, § 1. 1, § 1.
  • 13. Menger, Grundsätze; traducido como Principios de economía, p. 191.
  • 14. Carta de Menger a Léon Walras de febrero de 1884, traducida y publicada en Étienne Antonelli, «Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence», Économie appliquée, vol. VI, nº 2-3 (1953), pp. 269-287. El pasaje está citado en las páginas 280 y siguientes; la traducción es mía.
  • 15. William Jaffé subraya que «Carl Menger evitó el uso de las matemáticas en su economía no porque no supiera nada mejor, sino por principio. Cuando escribió a Léon Walras el 28 de junio de 1883 que había estado durante algún tiempo completamente familiarizado con los escritos de Walras, no renunció, como hicieron otros corresponsales, a un conocimiento suficiente de las matemáticas para seguir estos escritos, lo que podemos estar seguros que habría hecho si ese hubiera sido el caso. En cambio, Carl Menger declaró su objeción de principio al uso de las matemáticas como método de avance del conocimiento económico». Jaffé, «Menger, Jevons and Walras De-Homogenized», Economic Inquiry, vol. XIV (dic. 1976), p. 521. Robert Hébert informa de que Menger era el propietario de las revistas en las que los «econoingenieros» franceses de mediados del siglo XIX publicaron sus estudios pioneros en economía matemática. Menger también poseía los libros de los principales representantes de esta escuela de pensamiento. Véase R.F. Hébert, «Jevons and Menger Re-Homogenized: ¿Quién es el verdadero 'Odd Man Out'?» American Journal of Economics and Sociology, vol. 57, no. 3 (1998), p. 329.
  • 16. Carta de Menger de febrero de 1884 a Léon Walras, p. 282.
  • 17. Wilhelm Roscher, Geschichte der National-Oekonomik in Deutschland (1ª ed., Múnich: Oldenbourg, 1874), pp. 1014s.
  • 18. Véase, por ejemplo, Gustav Schmoller, «Volkswirtschaft, Volkswirtschaftslehre und -methode», Handwörterbuch der Staatswissenschaften (3ª ed., Jena: Fischer, 1911), vol. VIII, p. 426, donde Schmoller habla de una batalla de su escuela contra la unilateralidad de Ricardo.
  • 19. Sin embargo, por la misma razón, Say también allanó el camino para desplazar la tradición continental del pensamiento económico que se remonta a la escolástica tardía española, una tradición que seguía viva y vigorosa en los países católicos de Europa. Véase más abajo.
  • 20. M.N. Rothbard, Classical Economics, cap. 1. 1.
  • 21. Sobre la economía escolástica y la economía de la Escuela de Salamanca tardía en particular, véase Joseph A. Schumpeter, A History of Economic Analysis (Oxford: Oxford University Press, 1954); Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca: Readings in Spanish Monetary Theory, 1544-1605 (Oxford: Clarendon Press, 1952); Raymond de Roover, Business, Banking, and Economic Thought (Chicago: University of Chicago Press, 1974); Emil Kauder, A History of Marginal Utility Theory (Princeton, New Jersey: Princeton University Press, 1965); Murray N. Rothbard, Economic Thought before Adam Smith (Aldershot: Edward Elgar, 1995); Jesús Huerta de Soto, «New Light on the Prehistory of the Theory of Banking and the School of Salamanca», Review of Austrian Economics, vol. 9, nº 2 (1996), pp. 59-81.
  • 22. Shelagh Eltis y Walter Eltis, «The Life and Contribution to Economics of the Abbé de Condillac», en Etienne Bonnot, Abbé de Condillac, Commerce and Government (Cheltenham, Reino Unido: Edward Elgar, 1997).
  • 23. Menger citó a Condillac más que a cualquier otra autoridad extranjera que no fuera Adam Smith, y en contraste con Smith, sólo lo citó favorablemente.
  • 24. Véase, en particular, Etienne de Condillac, Essai sur l'origine des connaissances humaines (1746), Traité des sensations (1754), Le commerce et le gouvernement (1776). Estas obras están recogidas en sus Œuvres complètes (París: Tourneux, Lecointe et Durey, 1822), vols. 1, 3 y 4.
  • 25. En 1807, Gottlieb Hufeland calificó la teoría subjetivista de «visión tradicional» y recomendó no desviarse nunca de ella. Véase Gottlieb Hufeland, Neue Grundlegung der Staatswirthschaftskunst (Giessen y Wetzlar: Tasche & Müller, 1807), p. 18.
  • 26. Véase en particular Erich Streissler, «The Influence of German Economics on the Work of Carl Menger and Marshall», B.J. Caldwell, ed., Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990); ídem, «Carl Menger, der deutsche Nationalökonom», B.P. Priddat (ed.), Wert, Meinung, Bedeutung (Marburg: Metropolis, 1997), pp. 33-88; Yukihiro Ikeda, Die Entstehungsgeschichte der «Grundsätze» Carl Mengers.
  • 27. Erich Streissler señala que Principios de Alfred Marshall (1891) tenía la estructura exacta de un típico libro de texto alemán. Véase Streissler, «the Influence of German economists on the work of Menger and Marshall», B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and his legacy in economics (Durham: Duke University Press, 1990), p. 51.
  • 28. William M. Johnston, Vienna, Vienna-The Golden Age, 1815-1914 (Milán: Arnoldo Mondadori, 1981), p. 15.
  • 29. Este punto de vista no se limitaba a los intelectuales que trabajaban en campos «ideológicos» como la historia, la economía política o la filosofía. En una conferencia pública pronunciada el 3 de agosto de 1870, Emil du Bois-Reymond, rector de la Universidad Frederick-William de Berlín y pionero de la electrofisiología, proclamó que su universidad era el «guardaespaldas intelectual de la Casa de Hohenzollern». Véase Bois-Reymond, Über den deutschen Krieg (Berlín: Hirschwald, 1870).
  • 30. Erich Streissler, «La influencia de la economía alemana en la obra de Carl Menger y Marshall». A través de este trabajo, Streissler ha corregido de manera convincente la noción hasta ahora prevaleciente de que la Escuela Histórica Joven estaba de alguna manera más arraigada en la tradición alemana de la ciencia económica que Carl Menger. Como afirma Streissler, el verdadero revolucionario fue Gustav Schmoller, no Menger.
  • 31. Schmoller fue profesor en Halle de 1864 a 1872. Siendo uno de los primeros beneficiarios de la victoria prusiano-alemana sobre Francia en la Guerra Franco-Prusiana, se trasladó a la Universidad de Estrasburgo (1872-1882), antes de recibir finalmente una cátedra en la Universidad de Berlín (1882-1913).
  • 32. Gustav Schmoller, «Einladung zur Eisenacher Versammlung von 1872», impreso en Franz Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872-1932 (Berlín: Duncker & Humblot, 1939), p. 241.
  • 33. El término difamatorio «Kathedersozialisten» fue acuñado por Heinrich Bernard Oppenheim en su libro Der Katheder-Sozialismus (Berlín: Oppenheim, 1872). Véase Raico, Die Partei der Freiheit, p. 200. El único participante austriaco en la reunión inicial de 1872 fue un tal Dr. Friedmann (probablemente Otto Bernhard Friedmann), un periodista de Viena.
  • 34. Sobre la historia de la Verein, véase Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872-1932; Dieter Lindenlaub, Richtungskämpfe im Verein für Sozialpolitik: Wissenschaft und Sozialpolitik im Kaiserreich vornehmlich vom Begin des «Neuen Kurses» bis zum Ausbruch des ersten Weltkrieges (1890-1914) (Wiesbaden: Steiner, 1967); Irmela Gorges, Sozialforschung in Deutschland. Gesellschaftliche Einflüsse auf Themen und Methodenwahl des Vereins für Socialpolitik, der Deutschen Gesellschaft für Soziologie und des Kölner Forschungsinstituts für Sozialwissenschaften (2 vols, Frankfurt am Main: Anton Hain, 1986).
  • 35. Raico, Partei der Freiheit, p. 188.
  • 36. Muchos años después, Mises caracterizó su actitud con las siguientes palabras «Es la mentalidad del oficialismo —que, según Brentano, era 'la única caja de resonancia de la Asociación para la Política Social'— la que considera como constructiva y positiva sólo aquella ideología que reclama el mayor número de cargos y funcionarios. Y quien pretende reducir el número de agentes estatales es tachado de «pensador negativo» o de «enemigo del Estado»». (A Critique of Interventionism, New York: Arlington House, 1977, pp. 82f) Ver también Mises, The Historical Setting of the Austrian School of Economics (New Rochelle: Arlington House, 1969), p. 31. Sobre la historia del Estado del bienestar bismarckiano, y de su predecesor bajo Federico II, véase Gerd Habermann, Der Wohlfahrtsstaat: Die Geschichte eines Irrwegs (2ª ed., Frankfurt: Ullstein, 1997).
  • 37. Gustav Schmoller, «Eröffnungsrede zum 25jährigen Bestehen des Vereins auf der Kölner Tagung von 1897», impreso en Franz Boese, Geschichte des Vereins für Sozialpolitik, 1872-1932, pp. 253 y ss. 262f.
  • 38. Ibídem, págs. 260 y ss.
  • 39. En los primeros años, la oposición más ruidosa al programa de la Verein procedía de personas que no eran miembros, como Heinrich Oppenheim y Julius Wolf. Véase Raico, Partei der Freiheit, pp. 200 y ss. Pohle y Voigt no publicaron sus influyentes y devastadoras críticas al Verein hasta que lo abandonaron en 1905.
  • 40. Véase, por ejemplo, Gustav Schmoller, «Die Gerechtigkeit in der Volkswirtschaft», Schmollers Jahrbuch, vol. 5 (1881), pp. 19-54; ídem, Zur Social- und Gewerbepolitik der Gegenwart (Leipzig: Duncker & Humblot, 1890); ídem, Grundriss der allgemeinen Volkswirtschaftslehre (Leipzig: Duncker & Humblot, 1900).
  • 41. Véase su importante carta de febrero de 1884 a Léon Walras, traducida y publicada en Antonelli, «Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence», Économie appliquée, vol. VI, nos. 2-3 (1953), pp. 269-287. La carta se cita en las páginas 284 y siguientes. El pasaje al que se hace referencia está en la p. 283.
  • 42. Carl Menger, Untersuchungen zur Methode der Sozialwissenschaften und der politischen Oekonomie im besonderen (Leipzig: Duncker & Humblot, 1883); traducido como Investigaciones sobre el método de las ciencias sociales y de la economía política en particular (Nueva York: New York University Press, 1985).
  • 43. Schmoller, «Zur Methodologie der Staats und Sozial-Wissenschaften», Schmoller's Jahrbuch, nueva serie, vol. VII, no. 3, pp. 239 y ss. Véase también la reseña de Leser en Conrad's Jahrbücher, nueva serie, vol. VII, pp. 273 y ss.
  • 44. Véase la edición de 1886 de los Grundlagen de Roscher, citada en Milford, «Hufeland als Vorläufer von Menger und Hayek», pp. 99 y ss. En 1871, Menger había dedicado sus Grundsätze a Roscher.
  • 45. En cuanto a las contribuciones de Menger al debate, véase Carl Menger, Die Irrthümer des Historismus in der deutschen Nationalökonomie (Viena: Alfred Hölder, 1884); ídem «Zur Kritik der politischen Ökonomie», Zeitschrift für das Privat- und öffentliche Recht der Gegenwart XIV (1887); ídem, «Grundzüge einer Klassifikation der Wirtschaftswissenschaften», Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, nueva serie, vol. XIX (1889). Estos trabajos se han reimpreso en Carl Menger, Gesammelte Werke, editado por F.A. Hayek (2ª ed., Tübingen: Mohr, 1970), vol. III.
  • 46. El modelo de oposición entre los teóricos de mentalidad libertaria y los historiadores estatistas no es un reflejo completo del estado de las cosas. De hecho, hubo historiadores favorables al mercado, como Lujo Brentano, así como teóricos con fuertes inclinaciones estatistas, como Adolf Wagner, o incluso Wieser.
  • 47. Richard Schüller, Die klassische Nationalökonomie und ihre Gegner (Berlín: Heymanns, 1895). Hildebrand había sucedido a Lorenz von Stein, pero sólo permaneció un año en Viena.
  • 48. Para una introducción al pensamiento alemán del siglo XIX sobre la naturaleza de la ciencia, véase la colección de artículos originales de Humboldt, Gauss, Chamisso, Virchow, Helmholtz, Ranke, Burckhardt y muchos otros en Wolfgang Schirmacher (ed.), German Essays on Science in the 19th Century (Nueva York: Continuum, 1996).
  • 49. Las diferencias entre estos autores pueden encontrarse en J.R. Hicks, «Léon Walras», Econometrica (octubre de 1934), p. 338; Joseph A. Schumpeter, History of Economic Analysis (Oxford: Oxford University Press, 1954), p. 918; William Jaffé, «Menger, Jevons and Walras De-Homogenized», Economic Inquiry, vol. XIV (diciembre de 1976), pp. 511 y ss; Sandra J. Peart, «Jevons and Menger re-Homogenized?» American Journal of Economics and Sociology, vol. 57, no. 3 (1998), pp. 307 y ss. Según una opinión muy extendida, Walras eclipsó a Menger y Jevons porque fue el pionero de la teoría del equilibrio general y demostró así la interdependencia de todos los fenómenos económicos. Esta opinión es peculiar porque esta interdependencia general es, de hecho, un presupuesto de cualquier tipo de análisis económico. De hecho, no es más que otra forma de decir que hay escasez. Mark Blaug corrigió este punto de vista erróneo, subrayando que también Menger analizó los fenómenos económicos en su interdependencia mutua. Véase Blaug, «Comment» [sobre «Lionel Robbins and the Austrian Connection» de O'Brien], B.J. Caldwell, ed., Carl Menger and His Legacy in Economics (Durham, NC: Duke University Press, 1990), p. 186.
  • 50. Jaffé, «Menger, Jevons y Walras Deshomogeneizados», pp. 513 y ss, 518. Un predecesor francés fue Jules Dupuit, que publicó dos artículos sobre el valor marginal a finales de la década de 1840. Véase Robert Ekelund y Robert Hébert, Secret Origins of Modern Microeconomics: Dupuit and the Engineers (Chicago: Chicago University Press, 1999); y L'oeuvre multiple de Jules Dupuit (1804-1866): Calcul d'ingénieur, analyse économique et pensée sociale (Angers: Presses de l'Université d'Angers, 2002).
  • 51. Hermann Heinrich Gossen, Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs und der daraus fliessenden Regeln für menschliches Handeln (Braunschweig: Vieweg & Sohn, 1854).
  • 52. Véase el prefacio de la segunda edición de 1879 de sus Principios de Economía, p. il.
  • 53. L. Walras, «Un economista desconocido: Hermann-Henri Gossen». Journal des Économistes (abril y mayo de 1885). Se trata del mismo Walras que en su correspondencia con Menger se disculpaba porque su alemán no era lo suficientemente bueno para digerir Grundsätze.
  • 54. Véase la carta de Walras a Menger del 2 de febrero de 1887, traducida y publicada en Antonelli, «Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence», pp. 269-287. La carta se cita en las páginas 285 y siguientes. Véase también el intercambio de cartas entre Jevons y Walras publicado en el Journal des Économistes (junio de 1874). En una carta del 27 de enero de 1887 a Léon Walras, Menger había subrayado que sólo había una analogía limitada entre su enfoque y el de Gossen, pero que no había conformidad en las «cuestiones decisivas». Véase Antonelli, «Léon Walras et Carl Menger à travers leur correspondence», pp. 269-287. La carta se cita en las páginas 284 y siguientes.
  • 55. Jaffé (»Menger, Jevons y Walras des-homogeneizados», pp. 515s) subraya que Walras no asoció inicialmente la utilidad marginal decreciente con las cantidades consumidas, sino con las cantidades poseídas. Es cierto que Walras fue más cauto que Gossen y Jevons a la hora de especular sobre los fundamentos psicológicos de su teoría de los precios, aunque en sus Eléments d'économie politique acabara introduciendo el análisis psicológico al estilo de Gossen. Pero, como veremos, la consideración decisiva para nuestros propósitos es que el valor es para Walras (al igual que para Gossen y Jevons) una relación de dos lados, que involucra a una persona actuante y a otro objeto; mientras que el análisis del valor de Menger presenta al menos tres elementos: la persona actuante y dos cosas que se clasifican desde el punto de vista del agente.
  • 56. Gossen, Entwickelung der Gesetze des menschlichen Verkehrs etc. , pp. 80 y ss.
  • 57. Este hecho es crucial para entender la historia del pensamiento económico del siglo XX. Gossen ya era un matemático entusiasta y sólo estudió derecho bajo la fuerte presión de su padre; véase F.A. Hayek, «Einleitung», introducción a H.H. Gossen, Entwicklung der Gesetze des menschlichen Verkehrs, etc. (3ª ed., Berlín: Prager, 1927), pp. xf. Todos sus seguidores tenían la misma mentalidad. Como señala Mark Blaug (Great Economists before Keynes, Cambridge: Cambridge University Press, 1986), Jevons estudió primero química y biología y luego se dedicó a la economía. Su «inspiración fue el 'cálculo felicitario' de Bentham sobre el placer y el dolor, complementado por los trabajos de Dionysius Lardner ... y Fleeming Jenkins ..., dos ingenieros-economistas británicos de la década de 1860» (ibíd., p. 100). Walras realizó estudios formales de letras, ciencias e ingeniería. De su padre, el economista Auguste Walras, adoptó la convicción de que algún concepto de maximización de la utilidad es el elemento fundamental de la ciencia económica. El gran seguidor de Walras, Vilfredo Pareto, era ingeniero y no se dedicó a la economía hasta los 42 años. Del mismo modo, los primeros títulos universitarios de Knut Wicksell e Irving Fisher fueron de matemáticas. Gustav Cassel, que según Blaug (ibíd., págs. 41 y ss.) había escrito el libro de texto más leído del periodo de entreguerras, se doctoró en matemáticas, luego fue maestro de escuela y después se dedicó a la economía, convirtiéndose en el mayor divulgador de la economía de equilibrio general à la Walras. En cambio, la influencia formativa predominante en los economistas austriacos no vino en forma de formación matemática, sino a través de los estudios jurídicos. Hasta el periodo de entreguerras, todos los economistas austriacos debían obtener una licenciatura en leyes antes de poder dedicarse a la investigación de problemas económicos. En consecuencia, los economistas vieneses se distinguían por una gran capacidad de pensamiento conceptual y, sobre todo, por su afán de relacionar todos sus conceptos con el mundo real observado. Su formación en leyes contrarrestó eficazmente la inclinación que algunos de ellos sentían por las ciencias naturales (por ejemplo, Böhm-Bawerk tuvo en su juventud un gran interés por la física teórica; véase Schumpeter, «Eugen von Böhm-Bawerk», Neue Österreichische Biographie (Viena, 1925), vol. II, p. 65).
  • 58. Jaffé, «Menger, Jevons y Walras des-homogenizados», p. 519.
  • 59. Jaffé, «Menger, Jevons y Walras des-homogenizados», p. 520.
  • 60. Mises, Money, Method, and Market Process, editado por R. Ebeling (Auburn, Ala.: Instituto Mises, 1990).
  • 61. Véase la reseña biográfica de Karl Menger sobre la carrera profesional de su padre Carl, «X. Beginn der akademischen Laufbahn», Carl Menger Papers (Duke University, Box 21).
  • 62. A grandes rasgos, este rango correspondía a un profesor asociado actual en los Estados Unidos.
  • 63. Debe haber habido algo de Protektion involucrado. En este sentido, hay que recordar que las actividades periodísticas de Menger le pusieron en contacto muy pronto con las fuerzas políticas establecidas. Estas conexiones probablemente jugaron a su favor cuando solicitó la cátedra en la Universidad de Viena.
  • 64. Erich Streissler, «Menger's treatment of economics in the Rudolf lectures», E.W. Streissler, M. Streissler (eds), Carl Menger's Lectures to Crown Prince Rudolf of Austria (Aldershot: Edward Elgar, 1994), pp. 4, 14.
  • 65. Ibídem, p. 17. Sobre el liberalismo de Menger véase también Israel Kirzner, «Menger, Classical Liberalism, and the Austrian School of Economics», B.J. Caldwell (ed.), Carl Menger and His Legacy in Economics, pp. 93-106; Kiichiro Yagi, «Carl Menger as Editor: Significance of Journalistic Experience for his Economics and for his Later Life», Revue européenne des sciences sociales, vol. 30, núm. 92 (1992); ídem, «Carl Menger and Historical Aspects of Liberalism in Austria», ensayo presentado en un simposio sobre Carl Menger y los aspectos históricos del liberalismo (Center for Historical Social Science Literature, Universidad de Hitotsubashi, 18 y 19 de diciembre de 2004).
     
  • 66. Ibid.
  • 67. Kurt Rothschild, «Carl Menger», Walter Pollack (ed.), Tausend Jahre Österreich (Viena: Verlag Jugend und Volk, 1974), vol. 3, pp. 67ss.
  • 68. Klaus H. Hennings, The Austrian Theory of Value and Capital (Cheltenham, Reino Unido: Edward Elgar, 1997), págs. 10 y siguientes, 24 (13). La caracterización que hace Ludwig von Mises de la actitud de Menger y Böhm-Bawerk ofrece una imagen algo engañosa de la época. En Erinnerungen (p. 22), Mises subraya que estos hombres no estaban interesados en promover su causa mediante su poder personal (véase también Mises, Historical Setting of the Austrian School of Economics, p. 39). Pero eso no significa que no tuvieran un poder considerable, ni que nunca hicieran uso de él.
  • 69. Hayek, «Einleitung», pp. xxxiiif.
  • 70. Al parecer, la razón principal por la que Menger se retiró a la edad comparativamente joven de sesenta y dos años fue que había provocado un escándalo por una aventura con su criada. El asunto se hizo público a raíz del nacimiento de Karl, al que Carl Menger reconoció como su hijo. Karl le costó a Menger su carrera, y con ello también cambió la historia de la Escuela Austriaca de Economía, que bajo la dirección de Carl sin duda habría tomado un rumbo diferente al de su sucesor, Friedrich von Wieser. Pero el nacimiento de Karl también condujo a un acercamiento entre la Escuela Austriaca y la corriente principal por una vía más directa: El propio Karl Menger acabaría convirtiéndose en un famoso economista matemático.
  • 71. Shigeki Tomo, Eugen von Böhm-Bawerk (Marburg: Metropolis, 1994), pp. 157-62.
Author:

Contact Jörg Guido Hülsmann

Jörg Guido Hülsmann is senior fellow of the Mises Institute where he holds the 2018 Peterson-Luddy Chair and was director of research for Mises Fellows in residence 1999-2004.  He is author of Mises: The Last Knight of Liberalism and The Ethics of Money Production. He teaches in France, at Université d'Angers. His full CV is here.