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Richard Cantillon: Una presentación

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09/22/2018Friedrich A. HayekMichael O' Suilleabhain

[The Journal of Libertarian Studies 7, nº 2 (1985)]

Presentación y comentarios del texto de Friedrich A. Hayek, traducidos por Micheál Ó Súilleabháin, Departamento de Economía del University College, Cork, escritos para la traducción al alemán de Hella Hayek del Essai de Cantillon.1 Todos los números de página citados en este texto del Essai sur la nature du commerce en général de Cantillon son de la versión original francesa.

I

En economía, como en otras ciencias, no resulta en modo alguno excepcional descubrir que tan pronto una “nueva” doctrina resulta aceptable se descubren escritores anteriores completamente olvidados que percibieron estas ideas recién aceptadas con ideas brillantes en su propio tiempo incluidas en sus escritos. En nuestro campo Oresmius, Monchretien, Barbon, Rae, W. F. Lloyd, Cournot Jennings, Longfield y Gossen son solo unos pocos de los ejemplos más conocidos este tipo. Sin embargo, prácticamente ningún ámbito se encontrará un caso similar al del Essai sur la nature du commerce en général de Cantillon, que, habiendo influido enormemente en la configuración de una ciencia y articulándola completamente por primera vez fue en un tiempo completamente olvidado y permaneció en la obscuridad durante aproximadamente un siglo hasta que, redescubierto por accidente, su segunda aparición resultara ser espectacular. Otros aspectos, no menos interesantes, se descubrieron por la investigación que llevó a este logro. Los contemporáneos que fueron testigos de la publicación de este libro en 1755 no tenían más que un conocimiento vago y parcialmente incorrecto de su autor, que había muerto 21 años antes y, aun así, incluso en su forma latente como manuscrito, el trabajo había ejercido una influencia subterránea que solo hoy puede apreciarse.

Aparte de esta historia tan extraña, esta obra, como logro ahora indiscutible de Richard Cantillon, que murió de 734, es de interés extraordinario por sí misma. W. S. Jevons, que redescubrió el Essai, no estaba exagerando cuando lo título la “cuna de la economía política”, el bicentenario de cuya existencia como disciplina independiente podemos por tanto celebrar ahora. Fuera de Alemania, la importancia del Essai es prácticamente indiscutible. El por qué sigue siendo desconocido en este país y por qué tiene que justificarse una traducción al alemán puede explicarse por unas circunstancias no propicias, coincidiendo con las fortunas del libro, en lo que entraremos a su debido tiempo.

El redescubrimiento del Essai de Cantillon fue debido al hecho de que es una de las pocas obras citadas por Adam Smith. En el capítulo octavo de La riqueza de las naciones, Smith, sin ninguna referencia preliminar, sino más bien presumiendo conocimiento por parte del lector, advierte repentinamente en su explicación de los salarios que:

Cantillon, [quien], según esta explicación, parece suponer que los niveles más bajos de trabajadores comunes deben en todas partes ganar al menos el doble de su propio mantenimiento para que uno con otro puedan ser capaces de criar dos hijos: el trabajo de la esposa, contando con su necesaria atención a los hijos, suponiendo no más que lo bastante como para atenderse a sí misma. Pero se calcula que la mitad de los hijos nacidos mueren antes de la edad de la madurez. Los trabajadores más pobres, por tanto, de acuerdo con esta explicación, deben, uno con otro, tratar de criar al menos cuatro hijos, para que dos puedan tener una posibilidad igual de vivir hasta esa edad. El mantenimiento necesario de cuatro hijos, se supone que puede ser casi igual al de un hombre. El trabajo de un esclavo sano, añade el mismo autor, se calcula que dobla su mantenimiento y el de los malvados no puede ser menor que el de un esclavo sano. Así que, hasta aquí al menos parece cierto que, para mantener una familia, el trabajo del marido y la mujer juntos debe, incluso en los niveles más bajos de trabajo común, ser capaz de ganar algo más de lo que es exactamente necesario para su propio mantenimiento, pero no trataré de determinar en qué proporción, si es en la mencionada antes o en alguna otra.2

El único tratado económico que llevaba el nombre de Cantillon, con el que habría que relacionar ese pasaje en ese momento, era una publicación muy mediocre, cuyo título completo era “Un análisis del comercio, la moneda, el metálico, los bancos y el cambio de moneda en el que los verdaderos principios de este conocimiento útil se exponen y explican completa pero brevemente para dar una idea clara de las felices consecuencias para la Sociedad cuando están bien regulados. Tomado principalmente de un manuscrito de un gentilhombre difunto muy ingenioso y adaptado la situación actual de nuestro comercio. Por Philip Cantillon, de la ciudad de Londres, mercader. Londres, imprimido por el autor y vendido por ... MDCCLIX”.

Sin embargo, ese libro no contiene ningún pasaje al que pudiera haberse referido Smith al hacer estos comentarios. Por otro lado, en la literatura económica contemporánea francesa, especialmente en los escritos de la mayoría de los fisiócratas, se podían encontrar referencias a una fuente distinta, un anónimo Essai sur la nature du commerce en général, atribuido comúnmente a Cantillon, que, de hecho (en la página 43), contiene el pasaje que fue reproducido bastante inapropiadamente por Smith. Esta obra, que apareció en francés en 1755 y que pretendía estar “Tranduit de I' Anglois” también mostraba la falsa impresión "A Londres, chez Fletcher Gyles, dans Holborn".3

El hecho de que el Essai fuera ampliamente leído puede deducirse de las muchas citas encontradas en la literatura francesa de la segunda mitad del siglo XVIII y a fortiori por el hecho de que a la edición de 1755 le siguieron dos ediciones adicionales. La primera de estas es similar en formato con un tipo más pequeño, así que abarca 432 páginas (427 numeradas) comparada con las 436 originales (430 numeradas). La segunda resulta ser una reimpresión en el Tomo Tercero de una antología editada por Eleazar Mauvillon, Padre del fisiócrata alemán Jakob Mauvillon, que se titula alternativamente “Discours Politiques”, después de los “Discursos políticos” de Hume en el Tomo Primero o “Les Intérets de la France”, después del tratado de Goudar en los Tomos Cuarto y Quinto.4 Además, apareció una traducción al italiano de F. Scottoni en 1767.5

Fue este Essai francés que el que, mientras los escritores anteriores a Jevons continuaban atribuyéndolo erróneamente a Philip Cantillon, fue muy estimado entre los fisiócratas y el que conoció Adam Smith cuando se presentó en ese círculo de 1765. El primero de ellos que nombra a Cantillon fue Viktor Riquetti, marqués de Mirabeau, a quien no hay que confundir con su famoso hijo, el conde Honoré Gabriel Mirabeau, generalmente conocido sencillamente como marqués de Mirabeau. La referencia a Cantillon se produce en su Ami des Hommes, publicado en 1757, dos años después del Essai de Cantillon.6 Tiene un doble interés, pues, aunque representa una de las fuentes más importantes para una biografía de Cantillon, también tiene una historia singular propia, en la que nos ocuparemos más tarde. Por ahora, ocupémonos de un comentario posterior de Mirabeau con respecto a Cantillon, que ilustra sus relaciones con los demás miembros de la escuela fisiocrática.

Cuando expresaba sus opiniones sobre la población, que era el tema de Ami des Hommes, Mirabeau escribía a Rousseau el 30 de junio de 1767:

Deduje mis opiniones originales, y de hecho las únicas sobre este tema, del Essai sur la nature du commerce de Cantillon, que poseo en forma de manuscrito desde hace casi dieciséis años. (…) Nunca entró Goliat en batalla con mayor confianza que yo, buscando a un hombre que, se me dijo, había tenido la temeridad de escribir al margen de mi libro: “El niño ha sido alimentado con mala leche, la fortaleza de su constitución a menudo le hace ser correcto en el resultado, pero no entiende nada de los principios”. Mi crítico no me atiende, sino que me dice en la cara que he puesto el carro delante de los bueyes y que Cantillon como fundador de la ciencia política era un ignorante. Esas palabras tan difamatorias me llevaron a considerar al hombre que las pronunció como un loco, pero la consideración de que la discusión prospera en la contradicción de indujo a morderme la lengua. Acabe con la discusión y esa misma tarde estaba por suerte en disposición de volver a la cuestión con la mente calmada. Fue entonces cuando le abrí la cabeza a Goliat.7

Cuando Mirabeau escribía en estas líneas, como veremos, había alterado completamente sus opiniones anteriores y se había transformado de ser un admirador de Cantillon a ser un seguidor igualmente entusiasta de Quesnay, sin haber entendido nunca adecuadamente a uno ni al otro. De hecho, conseguía en la continuación del pasaje recién citado atribuir a Cantillon exactamente lo contrario de sus opiniones expresadas, mientras que la evaluación de Quesnay de Cantillon (pues el contexto implica que fue Quesnay) puede realmente explicarse por la equívoca formulación de las opiniones de Cantillon en el libro de Mirabeau. Aparte de eso, el comentario denigratorio provino sin duda, no de Quesnay, sino del propio Mirabeau.8 En todo caso, la historia indica que fue el libro en inspirado por Cantillon el que desató la familiaridad de Mirabeau con Quesnay, en torno al cual se desarrollaría posteriormente la escuela fisiocrática.

Sin embargo, un año antes de esa discusión, que tuvo lugar en 1757 unos cuatro meses antes de la aparición de Ami des Hommes, el mismo Quesnay había citado con aprobación algunos pasajes del Essai de Cantillon, señalando que el autor había entendido adecuadamente las verdades básicas. La ocasión fue un artículo titulado “Granos”, que Quesnay proporcionó para la primera edición de la Encyclopédie Methodique de d'Alembert and Diderot.9 J. C. V. de Gournay, aclamado como el otro gran personaje fisiócrata, no publicó ninguna obra independiente, pero sabemos que recomendaba “sobre todo, leer cuidadosamente el Essai de Cantillon, una excelente obra olvidada de pensamiento”.10

En los veinte años que van de 1756 a 1776, cuando floreció la escuela fisiocrática, encontramos a Cantillon mencionado una y otra vez. Turgot le relacionaba con Montesquieu, Hume, Quesnay y Gournay como uno de los grandes escritores que había sobrepasado a su predecesor Melon.11,12 El Essay era conocido por Dupont de Nemours, Morellet, Mably, Graslin y Savary.13,14  Ya en 1962, pasajes del Essai sobre la relación entre oro y plata (páginas 371-381) eran citados en Gesammelte Briefe von dem Gelde, de Johann Philip Graumann.15 James Steuart citaba del distorsionado “Análisis del comercio” de Philip Cantillon.16 En su inadecuadamente apreciado “Du Commerce et du Gouvernement”, que apareció en el mismo año que La riqueza de las naciones de Adam Smith, Condillac describía el Essai en términos laudatorios, como uno de los mejores libros sobre circulación del dinero que había encontrado y que lo había tomado como punto de partida para su propio análisis.17 En este momento el nombre de Cantillon desaparece de golpe de la literatura económica.18 Los escritores clásicos posteriores, para quienes era conveniente asociar la referencia en Adam Smith con la publicación inglesa inferior de Philip Cantillon parecen (tal vez con la excepción de Malthus) no haberlo conocido. Por supuesto, habrían encontrado partes sustanciales de su trabajo en las páginas de sus plagiarios, de quienes nos ocuparemos más tarde.

Se busca en vano el nombre de Cantillon incluso en la historia del pensamiento económico de Blanqui y hasta 1870 solo parecen referencias dispersas a él, siendo Ganilh un buen ejemplo.19 Eugène Daire le dedicó algunas notas al pie dispersas en su edición sobre los fisiócratas, mientras que Cantillon es de nuevo identificado correctamente en la explicación de economía y su desarrollo histórico de Julius Kautz de 1860 como un “enlace de transición entre mercantilistas, fisiócratas y smithianos, clasificado entre los verdaderos fundadores de la economía política, especialmente debido a su originalidad e independencia de comprensión y presentación”.20 En este punto está bien recordar algo que se ha perdido de vista desde el redescubrimiento de Cantillon, que es el hecho de que Wilhelm Roscher siempre tributó al importancia de Cantillon. Relativamente pocos otros autores tempranos son mencionados tan frecuentemente en los Fundamentos de economía de Roscher, mientras que en su historia de la economía política alaba el Essai de Cantillon por “contener en una forma esencialmente perfecta muchos de los principales tratados y los logros más importantes de los fisiócratas”.21 Seguramente se debe a la influencia de Roscher que Fr. von Sivers, en su ensayo de 1874 sobre “El lugar de Turgot en la historia de la economía política”  ofrezca un aprecio detallado por Cantillon, muchos de cuyos enunciados cita con las mayores alabanzas.22 Entretanto, escribiendo en Francia cuatro años antes, Léonce de Lavergne, ese gran historiador de la literatura económica del siglo XVIII de su país, había empezado su revisión de la escuela fisiocrática calificando a Cantillon y Gournay como sus antecesores, diciendo en concreto del Essai de Cantillon que “este libro, aunque apenas tenga el tamaño de un tomo duodécimo, anticipaba todas las teorías de los economistes”.23

A pesar de las referencias cada vez más frecuentes a Cantillon en la década de 1870, el honor de reconocer la verdadera estatura de Cantillon y de asegurarle su lugar adecuado en la historia del pensamiento económico debe reservarse a W. S. Jevons. El ensayo de Jevons sobre “Richard Cantillon y la nacionalidad de la economía política”, publicado en 1881 en Contemporary Review, logró el reconocimiento de Cantillon, al menos en los países de habla inglesa y francesa, pero sobre todo aclaró la cuestión de la autoría e indicó el camino para posteriores investigaciones con respecto a Cantillon.24 Prácticamente todo lo que sabemos acerca de Cantillon se debe, o bien directamente a Jevons, o bien a las investigaciones de Higgs, a quien inspiró. Baste con recordar aquí su resumen de los logros de Cantillon:

El Essai es mucho más que un mero ensayo o incluso colección de ensayos aislados, como los de Hume. Es un tratado sistemático y conectado, pasando de una manera concisa por encima de casi todo el campo de la economía, con la excepción de los impuestos. Por tanto, más que cualquier otro libro que yo conozca, es el primer tratado de economía. La Aritmética política y el Tratado sobre impuestos y contribuciones de Sir William Petty son libros maravillosos a su manera y en su momento, pero, comparados con el Essai de Cantillon, son simples recopilaciones de ideas casuales. Hubo obras inglesas anteriores de gran mérito, como las de Vaughan, Locke, Child, Mun, etc., pero, o bien eran ensayos y panfletos ocasionales, o bien tratados fragmentarios. El ensayo de Cantillon es, más que ninguna otra obra, “la cuna de la economía política”.25

El ensayo de Jevons abrió el camino a un torrente de escritos sobre Cantillon. El Doccionario de biografías nacionales, el Diccionario de economía política de Palgrave y un tomo suplementario del Nouveau Dictionaire d'Economie Politique le dedicaban espacio.26,27,28 En los años siguientes, J. K. Ingrain, R. Zurkerlandl y especialmente A Espinas lo explicaron en sus historias doctrinales.29,30,31 En la primera edición de sus Principios de economía, Alfred Marshall realizaba un comentario ampliamente divulgado acerca de Cantillon en el sentido de que “fue muy preciso y en algunos aspectos estuvo muy adelantado a su tiempo. Pero me parece que le falta solidez”.32 Realmente tienen mucha más importancia las investigaciones de Stefan Bauer y especialmente a las de Henry Higgs, quien, siguiendo pistas que Jevons había descubierto, pero no pudo seguir debido a su muerte repentina, aclaraban algunos hechos muy interesantes acerca de Cantillon y su obra.33 Estas aparecieron en 1891 en el segundo número del Volumen Uno del Economic Journal.34

A través de la iniciativa de la Universidad de Harvard apareció el año siguiente una reimpresión adicional del Essai, que, nos dice el diccionario de Palgrave, se ha convertido en “una de las obras más raras de la literatura económica”.35 La edición, no exactamente un facsímil, pero tan cercana al original como podía conseguirse sin crear un tipo especial, también ha quedado descatalogada durante años y parece que pocos ejemplares llegaron a Alemania.

La reacción muy favorable y la admiración por el Essai de Cantillon en Inglaterra y Francia no se limitó en modo alguno al pequeño círculo de sus descubridores y biógrafos y su estatus como al menos uno de los fundadores de nuestra disciplina está fuera de discusión. Se podrían aportar muchas evidencias de esto: baste con recordar que H. S. Foxwell asocia las principales etapas en el desarrollo de la economía política con Petty, Cantillon, Ricardo y Jevons, mientras que en años recientes E. Cannan ha afirmado que el entusiasmo de Jevons por Cantillon no era en lo más mínimo exagerado.36,37 Pero incluso en Francia Cantillon es escasamente menos apreciado, a pesar del resentimiento inicial hacia él que se produjo presumiblemente cuando Jevons, al devolverle su preeminencia, reforzaba la reclamación de Inglaterra sobre la de Francia como patria de la economía política.38 Tomemos, por ejemplo, la actitud de Ch. Gide. En su historia de la doctrina económica, que escribió en colaboración con Ch. Rist y que realmente empieza con los fisiócratas, Gide continuaba su breve referencia a Cantillon con una nota al pie que decía: “Cantillon, que ha estado sin ser mencionado durante más de un siglo, se ha vuelto a poner muy de moda en años recientes, como muchos otros precursores recientemente descubiertos. La influencia sobre los fisiócratas que se le atribuye es exagerada”.39 Sin embargo, en una contribución sobre economistas franceses para el Volumen Dos del diccionario de Palgrave, Gide describe explícitamente el Essay de Cantillon como el primer tratado sistemático de economía política y añade: “en esta obra se trata prácticamente toda la materia sujeta a la economía política moderna, de una manera muy lúcida y clara”.

En Alemania, como hemos visto, hubo circunstancias especiales que impidieron una aceptación igualmente rápida del estatus de Cantillon. En el momento en el que el redescubierto Essai estaba discutiéndose en Inglaterra y Francia, la principal autoridad alemana sobre economía francesa del periodo en cuestión, A. Oncken, era un admirador y experto especialmente entusiasta sobre la escuela fisiocrática. Igual que un buen biógrafo debe tener un gusto algo exagerado con respecto a su biografiado, en el caso de Oncken su aprecio por los fisiócratas parece haberle llevado a cierto sesgo hacia el hombre que para él había representado, bastante justificadamente, ser el fundador real de la doctrina fisiocrática.

Por esta razón, y tal vez derivando de su opinión personal de lo que constituían las tareas principales de la economía, Oncken rechazaba insistentemente esta reclamación a favor de Cantillon y cuando, posteriormente, escribió su historia del pensamiento económico, una obra alemana muy leída sobre economía antes de Adam Smith, su veredicto sobre Cantillon fue tan desfavorable que es posible que eliminara cualquier interés serio posterior sobre este último en Alemania.40,41 El pasaje esencial, que desacredita a Cantillon a los ojos de muchos lectores alemanes, es tan característico tanto de la postura como de la comprensión básica de la economía de Oncken, que llevaron a que se ignorara a Cantillon en Alemania, que merece la pena citarse aquí. Oncken escribe:

A partir de todo esto, puede concluirse que , aunque ambas doctrinas [las de Cantillon y la de los fisiócratas, respectivamente] tengan algunos puntos en común, faltan muchas cosas para justificar llamar a Cantillon “el padre de la fisiocracia” y por tanto el originador de la economía como ciencia. Esta última afirmación se basa especialmente en razón a la falta de una base filosófica moral, como la que tiene el sistema de Quesnay, así como el de Smith. Cantillon fue un agudo pensador y estaba extraordinariamente formado para su tiempo, pero en realidad era un mero mercader, como North, Child y posteriormente Ricardo. No fue el fundador de una ciencia.

En un contexto distinto, Cantillon podría haberse sentido contento de ser categorizado con Ricardo, pero, dadas las actitudes que prevalecían en los círculos económicos alemanes en ese momento, el veredicto aseguraba su consiguiente olvido. La influencia de Oncken se refleja más claramente en el comentario de cierto Sr. Oberfohren en el sentido de que “es realmente incomprensible que una publicación tan mediocre e incoherente pueda considerarse una de las obras pre-fisiocráticas más influyentes”.42

En esa situación no podía importar mucho que investigadores individuales como W. Lexis, F. J. Neumann y (presumiblemente incluido por este último) O. von Zwiedineck-Südenhorst apoyaran completamente proposiciones concretas de Cantillon.43,44,45 Eso es aplicable incluso a Schumpeter, quien, en su brillante “Epochen der Dogmen- und and Methodengeschichte”, da en el clavo cuando escribe:

Sin embargo, hay un lugar de privilegio reservado para Cantillon, cuyo Essai puede considerarse como la primera obra sistemática que trabaja el campo de la economía. Tiene el sello de la mente científica. Los problemas individuales están impregnados por principios explicativos unificados y junto crean un análisis completo muy bien diseñado. Los estrechos confines de vías anteriores de pensamiento quedan desbaratados. Se evitan los errores rudimentarios, aquellos que derivan de una habilidad deficiente a la hora de manejar herramientas de análisis, igual que los resultantes de una carga indebida de filosofía.46

Aun así, no es exagerado decir que Cantillon hoy es conocido solo de nombre por la mayoría de los economistas alemanes. La sorpresa producida por mi deseo de tener una edición en alemán de su obra da un elocuente testimonio de este hecho.

II

Con respecto a los contenidos del Essai, no hace falta decir mucho.47 Como guía inicial, las tres partes de las que consta el libro pueden titularse informalmente “Sobre la riqueza o producción”, “Sobre el intercambio” y “Sobre el comercio internacional”, respectivamente. Más allá de eso, y sin tratar de ofrecer un resumen coherente de los pensamientos de Cantillon, nos permitimos dirigir la atención del lector a algunas características de su método y algunas teorías notables contenidas en su tratado.

Para empezar, hay un significado muy definido que el autor asocia a las palabras “naturaleza” y “natural”, produciéndose la primera en el mismo título. Por cierto, en términos de título y rango general de tema, el tratado tiene mucho en común con otras obras que aparecieron en torno a 1735, como las de Melon y Dutot.48,49 En particular, Cantillon usa constantemente la expresión “natural” en el sentido de una relación de causa y efecto (en otras palabras, como una explicación causal científica) y esto se produce unas treinta veces en el Essai. Muy relacionado con esto está su búsqueda consciente y constante de la “teoría pura”, de la explicación de relaciones ausentes de juicios de valor, lo que es particularmente notable para un escritor de su tiempo. Por esta razón frecuentemente acaba un discurso con el comentario de que “esto queda fuera de mi tema”, por ejemplo, cuando se plantea por sí misma la pregunta de si los precios podrían estar asimismo influidos por un intento por parte de los empresarios de engañar a sus clientes (página 70) o cuando rehúye las discusiones sobre si es mejor para un estado una población pequeña pero bien alimentada o una grande pero mal alimentada (página 113). Otros ejemplos son su rechazo a entrar en los motivos que podrían impulsar a los ministros del estado a devaluar las acuñaciones (página 392) y, muy notablemente, cuando, adoptando una actitud moderna en lugar de una contemporánea, considera la deseabilidad práctica de ciertos impuestos más allá de sus términos de referencia (página 210). De hecho, la principal razón por la que el Essai de Cantillon influyó solo en un pequeño grupo selecto puede ser su decidido deseo por descubrir relaciones, por no añadir ni propuestas de reforma ni consideraciones éticas a su marco, sino más bien explicar el estatus quo sobriamente y libre de toda especulación metafísica; añadamos a esto su algo difícil francés.

Dentro de los confines de su análisis, Cantillon empuña su herramienta más importante, el método de aislar la abstracción, como lo llamaríamos hoy, con verdadero virtuosismo. Muestra familiaridad con el dispositivo de la cláusula del ceteris paribus, como ya hubo otros escritores antes que él, con dispositivo del “estado aislado” y la progresión del monopolio a casos más complicados a la hora de explicar la formación de precios (páginas 60-61 y 76 y 131 respectivamente). Excluye repetidamente los efectos de las circunstancias accidentales para evitar complicaciones excesivas para un problema ya complejo (páginas 112 y 350).

La característica más conocida del Essai es probablemente la frase con la que empieza el primer capítulo y en la que una noción básica de Cantillon se presenta en su forma más comprimida, es decir, la relación entre la riqueza, “que no es sino el mantenimiento, las comodidades y los lujos de la vida” y sus dos fuentes gemelas e iguales: tierra y trabajo. Este concepto completamente psicológico de riqueza, con mucho el elemento más importante, aunque también el más olvidado en esa famosa frase, es un logro extraordinario por parte de Cantillon y es tan decisivo para su punto de vista que no podemos considerar que un intelectual francés moderno se haya equivocado mucho cuando describe a Cantillon como un precursor de los hedonistas modernos.50 Sin ser necesariamente una parte de lo que tal vez sea un veredicto bastante atrevido, haríamos bien en tener en cuenta esta definición cuando veamos la explicación del valor y los precios de Cantillon.

No es necesario preocuparse aquí por los capítulos introductorios del II al VI de la Parte Uno, que tratan la formación y estratificación de la sociedad humana y la aparición de la propiedad privada.51 Sin embargo, hay que prestar atención a los posteriores capítulos VII y VIII, que, junto con el capítulo XV de la Parte Uno, contienen la excepcionalmente interesante teoría de la población y los salarios de Cantillon, que ha proporcionado un enfoque concreto para numerosos estudios posteriores.52 Su teoría de la población es interesante, no solo porque, como sugería Jevons, anticipa en pocas palabras el núcleo de la teoría de maltusiana de la población, sino porque la relación en realidad es mucho más profunda que eso. El pasaje de Smith que parece haber atraído el interés por la investigación del propio Malthus muestra una similitud casi literal con la formulación correspondiente en el Essai de Cantillon.53 En relación con esto, Higgs nos recuerda (solo para demostrar lo lejos que puede encontrarse la influencia de Cantillon con un poco de imaginación) que Malthus a su vez inspiró el trabajo revolucionario de Darwin.54

La teoría de los salarios de Cantillon está ligada integralmente a su teoría del valor. Esta última es un estándar de la teoría de la vida, que a su vez evoluciona directamente de la teoría de la población. El que Cantillon dedique tanto espacio a la teoría de los salarios refleja su creencia en que tiene la clave de lo que consideraba Petty el problema más importante de la aritmética política, es decir, el par o ecuación entre trabajo y tierra, que es la base de la teoría del valor coste de Cantillon. G. Pirou ha resumido su evaluación de esta teoría del valor como sigue:

En Cantillon encontramos, por primera vez en la historia de la doctrina económica, una teoría lúcida, coherente y bien construida. El grado de su originalidad y novedad, comparada con teorías anteriores en general y con la teoría de Petty en particular, puede apreciarse mejor en relación con los siguientes tres aspectos: (1) Con respecto al problema del valor normal, Cantillon no se limita a comentarios casuales u ocasionales: plantea la cuestión directa y abiertamente y trata de dar una respuesta satisfactoria. (2) Al examinar los factores perturbadores que impiden que el precio de mercado esté de acuerdo con el valor normal, se esfuerza de la manera más completa y profunda por asignar significado científico riguroso a los conceptos de oferta y demanda, y también por mostrar el mecanismo por el cual las variaciones en la cantidad de dinero afectan al precio. (3) Finalmente, y lo más importante, Cantillon relaciona las dos teorías resultantes entre sí mientras explica cómo, a pesar de los factores inhibidores, la desviación del precio del mercado del valor normal no es nunca demasiado grande, gracias a una fuerza económica que tiende incesantemente a restaurar el acuerdo. Este punto de vista expresado por Cantillon es todavía más notable porque está completamente desprovisto de contenido providencialista o teleológico. No es una exageración decir que, en este sentido, Cantillon es un precursor de los teóricos del equilibrio económico.55

Al tiempo que estamos de acuerdo con las conclusiones de Pirou al considerarlas completamente justificadas, nos gustaría añadir algo brevemente por miedo a un posible equívoco. El logro de la teoría del valor y precio de Cantillon deriva su importancia en primer lugar y principalmente del hecho de que, en lugar de sentirse satisfecho estableciendo algunas normas y fórmulas, digamos para la relación “normal” entre el valor y el precio de distintos bienes, intenta constantemente mostrar qué fuerzas y procesos están implicados, de acuerdo con la idea de que la relación normal se restaura necesariamente. Por ejemplo, basta con referirse al proceso de formación de precios del mercado, el segundo capítulo de la Parte Dos (página 155), que recuerda directamente el famoso ejemplo de la feria de caballos de Böhm-Bawerk.

Antes de proceder con las siguientes secciones del Essai, es necesario destacar un punto adicional de la primera parte, que, además de mostrarnos lo rigurosamente científico que era el marco conceptual de Cantillon, es particularmente notable porque es la primera exposición de un fenómeno económico básico, que es el papel que atribuye al emprendedor (capítulo XIII).56 En opinión de Cantillon, que es también la moderna, un emprendedor es cualquiera que asume riesgos y cuya renta no consiste en rentas del terreno o salarios, sino en beneficio. No solo en esta yuxtaposición, sino también en muchos otros puntos, encontramos a Cantillon anticipando una clasificación de grupos de renta que se iba a convertir posteriormente en convencional. Por ejemplo, esto es cierto para la distinción recurrente, basada en el uso inglés, entre las tres rentas que debe generar el arrendatario: la renta real del terreno, que va al dueño; los salarios para cubrir su propio sostenimiento y los de sus trabajadores y su beneficio empresarial, al cual Cantillon añade, como fuente adicional de renta, el interés recibido por el préstamo de dinero.57

El capítulo final de la Parte Uno, que se dedica al valor de los metales preciosos y la aparición de la acuñación, forma la base para su desarrollo de la teoría monetaria que ocupa la mayoría de la Parte Dos e incluso se extiende a la Parte Tres. La teoría constituye, sin duda, el logro supremo de un hombre que fue la mayor figura preclásica al menos en este campo y a quien los propios escritores clásicos en muchos casos no solo no consiguieron superar, sino que incluso no consiguieron igualar. En el contexto actual debe bastar con destacar algunos puntos importantes, un procedimiento que es ahora viable gracias a la existencia de una evaluación detallada en la magnífica historia de P. Harsin de la doctrina monetaria y financiera en Francia desde el siglo XVI al XVIII, así como en otras obras a las cuales remitimos al lector.58 En su teoría monetaria, Cantillon estuvo aparentemente influido en muchos aspectos por John Law, a quien, sin embargo, no menciona nunca. Esto se ve claramente en su actitud hacia John Locke, con quien está en desacuerdo varias veces y cuya teoría convencional del origen del dinero rechaza, igual que Law; igualmente, rechaza explícitamente el argumento de Locke de que el valor de los metales preciosos está determinado por el consentimiento social. Law, cuya importancia como teórico monetario hoy tiende a estar oscurecida por sus errores, ninguno de los cuales comparte Cantillon, fue, sin embargo, claramente sobrepasado por este último. Entre los logros que distinguen a Cantillon de otros fundadores de la teoría monetaria pueden incluirse su crítica de la ingenua teoría de la cantidad de Locke, en cuyo lugar nos da una explicación detallada del proceso por el que un aumento en la cantidad de dinero afecta sucesivamente a los precios de distintos bienes. Esta explicación se encuentra en el magnífico capítulo sexto de la Parte Dos y ha sido descrito justificadamente por Jevons como una de las cosas más maravillosas del libro. No menos notable es su explicación, desarrollada a partir de la aproximación de Petty, de lo que determina la velocidad circulación del dinero, “en donde se encuentra enunciado inequívocamente por primera vez que la velocidad de circulación del dinero es tan importante como su cantidad a la hora de terminar su valor”.59 Igualmente magníficas son su descripción del funcionamiento de una divisa dual, en cuyo contexto critica las medidas tomadas por Newton en el momento de la reforma de la moneda inglesa en 1717, y finalmente su doctrina con respecto al tipo de cambio, que, en opinión de Jevons nunca ha sido tratada con más perspicacia y precisión científica, ni siquiera en el famoso libro de Goschen.60,61

Los dos últimos capítulos de la Parte Dos del Essai también merecen atención, porque contienen una teoría bastante bien desarrollada del interés, una que, resulta notable, Böhm-Bawerk pasó por alto: aquí la opinión de que el dinero genere interés se rechaza con claridad (un logro que normalmente se atribuye a Hume) y se describen apropiadamente los efectos de una reducción temporal en el tipo de interés, producido por un aumento en la cantidad de dinero. Tras la explicación de los tipos de cambio y la divisa dual encontramos, por fin, en la Parte Tres una descripción detallada del sistema bancario, en la que Cantillon explica, por ejemplo, las circunstancias especiales que hacen que un banquero mantenga una reserva de efectivo mayor o menor del 10% usual de su pasivo. Con eso hemos cubierto los puntos principales sobre los que queremos atraer la atención del lector.

Sin embargo, hay un punto adicional que merece destacarse. En el primer cuarto del Essai, Cantillon se refiere repetidamente (unas páginas 9, 10, 19, 25, 46, 50, 56 y 59) a un apéndice en el que están contenidos cálculos, cuyos resultados usaba en el texto. Este apéndice, que supuestamente se encontraba junto con el manuscrito, no está en ninguna de las versiones publicadas y por tanto se ha perdido. Su pérdida es lamentable, pues debe haber contenido datos estadísticos únicos recogidos por el propio Cantillon. Sin embargo, es probable que Cantillon, al haber mencionado el apéndice solo en la Parte Uno de su Essai nunca fuera capaz de completarlo y por tanto no publicó dicho trabajo.

Finalmente, unas pocas palabras acerca del lugar de Cantillon en la historia del pensamiento económico. Aquí no nos preocupan las cuestiones relativamente poco importantes de si Cantillon era principalmente un mercantilista o un fisiócrata; de hecho, al dominar casi totalmente las discusiones, esta pregunta ha llevado a muchos escritores a errar sobre la importancia real de Cantillon. Ningún lector del Essai dejará de ver que las ideas básicas de los fisiócratas se encuentran en Cantillon (ver especialmente las páginas 9, 29 y ss., 37 y ss. y 78 y ss.), y el propio Quesnay ha atestiguado que tomó su inspiración principalmente de Cantillon. Quien tenga interés en la relación entre las opiniones de Cantillon y las de los fisiócratas y los mercantilistas encontrará una comparación detallada en el ya frecuentemente citado libro de Legrand.62 Mirándolo desde un punto de vista distinto, me parece que la importancia de Cantillon deriva directamente derecho de que se mantuvo apartado de las escuelas. Como Petty antes que él, este dotado observador independiente, disfrutando de un punto de vista insuperable en medio de la acción, coordinó lo que veía con los ojos el teórico nato y fue la primera persona en tener éxito en penetra en lo árido y presentarnos casi todo el campo de lo que ahora llamamos economía.

Consecuentemente, Cantillon representa en mi opinión una de las etapas importantes, y en muchos aspectos tal vez incluso la principal, en el camino directo hacia el desarrollo del conocimiento, del cual los discípulos de las “escuelas” se han desviado siempre de una manera u otra. Los fisiócratas y, como ellos, al menos algunos de los últimos escritores clásicos, estuvieron así dificultando en lugar de promoviendo el progreso, mientras que los grandes avances se realizaban siempre fuera de las escuelas y en su mayoría en oposición a ellas. En términos de ideas realmente originales de valor permanente para nuestra disciplina, Cantillon nos ofrece más que ningún otro autor que escriba antes de 1776, el año en el que aparecieron las obras de Smith y Condillac y, por tanto, más que los fisiócratas, aunque su presentación del flujo circular (al que podríamos describir con razón como una sistematización de las ideas de Cantillon) tuvo un impacto visual mayor y resultó ser más influyente en ese momento. Por tanto, el que se califique o no a Cantillon como el fundador de la ciencia económica es algo de poca importancia. Determinar el punto de origen de una ciencia siempre implica un alto grado de arbitrariedad. El hecho de que debamos clasificarle como uno de los grandes investigadores en esta disciplina espero que sea indubitable para cualquier lector del Essai. El grado real de su influencia sobre el desarrollo de la ciencia económica, por supuesto, es otra cuestión, una que es extremadamente difícil de responder. Antes de tratar de hacerlo, indiquemos lo poco que se conoce de la vida de Cantillon y la historia de su escrito desde el momento de su muerte hasta su publicación.

III

Saber tan poco de las circunstancias de la vida de Cantillon no es en modo alguno nuestra mayor dificultad a la hora de expresar el tipo de persona que era. Mucho más molesto es el hecho de que una buena parte en información tradicional con respecto a él puede considerarse sin fundamento. Por tanto, casi todos los esfuerzos literarios dedicados a él han resultado infructuosos. Incluso escritores en otros casos escrupulosamente meticulosos, cuando han escrito acerca de Cantillon han caído en errores y equivocaciones. Apenas queda algún aspecto en el que no prevalezcan varias afirmaciones mutuamente excluyentes.63

Higgs es la única fuente realmente fiable e incluso sus primeros relatos solo lo son en la medida en que lo cuenta él. El hecho de que la vida de Cantillon, a pesar de esto, se encuentre todavía en buena parte en la oscuridad puede atribuirse parcialmente a la propensión no inusual de la gente de su profesión a rehuir el brillo de la publicidad. En todo caso, lo que sí sabemos acerca de Cantillon nos da un punto de partida, por muy extraño que sea que Higgs, tras haber escudriñando cientos de memorias y diarios contemporáneos, tuviera que informar que no pudo encontrar una sola mención al nombre de Cantillon y que ninguno de los escritores que siguieron el camino de Higgs a la hora de asumir la defensa de Cantillon tuvieran éxito a la hora de añadir algo a nuestro conocimiento de su vida.64 De hecho, P. Harsin, uno de los mayores expertos en historia financiera francesa de ese periodo, solo ha expresado recientemente su asombro por que las fuentes francesas no puedan contribuir en nada más.65 Por tanto, apenas es necesario decir que lo que sigue es esencialmente un resumen de hechos ya conocidos.66

Por desgracia, un relato detallado del entorno en el que vivió Cantillon estaría fuera de lugar en el presente contexto. En la nota adicional se dan varias referencias de obras particularmente informativas y poco conocidas sobre el tema.67 Las circunstancias que hemos referido sirven también para justificar la forma que adopta nuestra explicación, pues su fin, al aunar metódicamente la información más importante disponible, es ofrecer una base para investigaciones posteriores.

Nuestra primera mención sobre el libro se produce en la conocida correspondencia literaria con el barón Friedrich Melchoir von Grimm, junto con Diderot y otros, realizada con las casas príncipescas en Alemania y fue publicada muchos años más tarde. Grimm escribía el mundo de junio de 1755:

Hace un mes apareció una nueva obra sobre comercio titulada Essai sur la Nature du Commerce en général en un tomo bastante grande en duodécimo. Este libro no se ha traducido del inglés, como se dice en la portada. Es una obra compuesta originalmente en francés por un inglés, M. de Cantillon, un hombre respetable que acabó sus días en el Languedoc, donde se retiró y vivió muchos años.68

Grimm da luego una explicación detallada de los contenidos, que, en impresión moderna, equivalen a seis páginas. En su siguiente carta, catorce días después, Grimm aumenta su informe como sigue:

M. de Cantillon, de quien tuve el honor de hablar con usted en mi última carta, menciona varias veces en su obra sobre la naturaleza del comercio otra obra, que considera que complementa la anterior y que contiene, en concreto, varios cálculos ingeniosos e interesantes. Esta última obra, me aseguran, se ha perdido, y todos los intentos de recobrarla han resultado infructuosos. La admiración que merece el primer tomo solo puede servir para aumentar nuestro pesar por la pérdida del segundo.

Otros catorce días después, el 1 de agosto, Grimm encuentra necesario corregir su relato de la persona de Cantillon:

Estaba mal informado con respecto a la persona de M. de Cantillon cuando tuve el honor de escribirle acerca de su excelente obra sobre el comercio. Cantillon, inglés y hombre de intelecto como prueba ciertamente su libro, creó un banco en el tiempo de la Regencia, en París, donde tuvo un crédito inmenso. En los primeros días de su sistema, Law reclamó su presencia y le dijo: “Si estuviéramos en Inglaterra, tendríamos que negociar y llegar a algún acuerdo; en Francia, sin embargo, como sabéis, puedo deciros que pasaréis noche en La Bastilla si no me dais vuestra palabra de que habréis abandonado el Reino dentro de dos veces veinticuatro horas”. Cantillon lo pensó un momento y luego contestó: “Muy bien, no me iré, sino que os ayudaré a que vuestro sistema tenga éxito”. Consecuentemente, adquirió una gran cantidad de papel, que inmediatamente colocó en los intermediarios bursátiles y así financió el préstamo. Pocos días después huyó a Holanda con varios millones. Algunas personas afirman que estaban buenas relaciones con la princesa de Auvernia. Se dice por ahí que murió en un incendio de su casa en Londres en 1733. El hecho es que el incendio se apagó muy fácilmente y encontraron a Cantillon apuñalado. El fuego parece haberse realizado para ocultar el crimen y este asunto dio lugar a muchos rumores en su momento.

Esto puede complementarse con el segundo relato contemporáneo a la publicación del libro, que se contiene en el tomo de 1755 del Année litteraire de Fréron.69 En la tercera carta, fechada el 4 de agosto de 1755, del Volumen Quinto, empieza el relato detallado del libro, igual que en el caso de Grimm, con la indicación de que el Essai no era realmente una traducción:

Fue escrita en francés y son los propios ingleses lo que lo han traducido a su idioma a partir del original de M. de Cantillon. Este era un irlandés que fue durante muchos años banquero en París y murió trágicamente allí en un incendio. Hombre de gran intelecto, se asoció con personas del más alto nivel social y fue un amigo especial de Lord Bolingbroke. No se sabe a través de quién o cómo llegó a publicarse el manuscrito o por qué su publicación se retrasó durante veinte años. Tampoco se sabe por qué los cálculos, que varias personas afirman haber visto en forma de manuscrito, fueron suprimidos en el momento de imprimirlo.

Fréron también tuvo que corregir su relato de Cantillon. Cuando se estaba redactando la lista de contenidos del tomo en cuestión y se estaba hablando del difunto “fameux banquier” se añadió una nota en el sentido de que

Era incorrecto decir que murió en un incendio en París. Había vuelto a su Inglaterra nativa en 1733 o 1734. Poco después fue robado por un sirviente, que, para ocultar su hecho, incendió la casa. Este último fue descubierto, arrestado y ejecutado en Londres. M. Cantillon había casado a su hija con Mr. Lord Bulkeley, teniente general el servicio francés, caballero de la orden del rey, hermano de la Sra. Mariscala de Berwick. Madame Bulkeley murió en París hace seis o siete años.

Estas declaraciones parcialmente contradictorias, cuyas versiones corregidas también eran imprecisas, comprenden prácticamente todo nuestro conocimiento de Cantillon hasta el momento de la investigación de Higgs. Incluso los dos grandes diccionarios biográficos franceses, el Biographie Universelle y el Nouvelle Biographie Generale, se limitan a reproducir estas declaraciones.70 Un lector conocedor de los cotilleos del momento podría haber recordado un pasaje en las cartas de Horace Walpole, en el que, con fecha 25 de abril de 1743, leemos:

Lord Stafford se ha casado con Miss Cantillon, una enorme fortuna, de su misma religión. Es la hija de Cantillon, que fue robado y asesinado por su cocinero hace algunos años, con motivo de lo cual este último incendió la casa. Es tan fea como él, pero cuando vaya a París y lleve un montón de colorete, y tenga un apartamento independiente, quién sabe, puede que sea una belleza.71

En una nota a pie de página, el editor de las cartas comenta que Cantillon era un mercader de vinos y banquero parisino, que estuvo implicado en la empresa del Mississippi con Law y que posteriormente trajo sus riquezas a Inglaterra y se estableció allí. En mayo de 1734 (el 14 de mayo, para ser exactos) varios de sus sirvientes, liderados por el cocinero, planearon asesinarlo, sabiendo que tenía grandes cantidades de dinero en la casa. Tras matarlo, incendiaron la casa, pero las llamas fueron extinguidas fácilmente y se encontró el cuerpo apuñalado. El cocinero huyó por mar, mientras tres de sus cómplices fueron acusados de asesinato, pero posteriormente absueltos. Este relato aparentemente se tomó de revistas semanales contemporáneas, como fue capaz de confirmar Jevons, investigándolo posteriormente.72 El matrimonio mencionado por Walpole está registrado en los libros de referencias genealógicas, que nos cuentan que el 8 o el 26 de julio de 1743, Henrietta, la hija de Richard (o Philip) Cantillon, un banquero parisino, se casó con William Mathias, conde de Stafford, y, tras la prematura muerte de este siete años después, se casó con Robert (Maxwell), barón (posteriormente conde) de Farnham, el 11 de octubre de 1759, pero murió el 30 de agosto de 1761 a la edad de 34 años.73

El tercer relato contemporáneo de Cantillon consiste en los comentarios ya citados del mayor de los Mirabeau en su famoso L’Ami des Hommes, pública de 1757, dos años después de que apareciera el Essai, y (como se descubrió posteriormente) mucho más cercanamente relacionado con la última obra de lo que habría hecho creer el propio Mirabeau. En el mismo prólogo, Mirabeau se refiere al Essai de Cantillon, sin nombrarlo explícitamente. Tratando de justificar la construcción bastante poco sistemática de su libro, Mirabeau menciona un cambio del plan que se había convertido en necesario a lo largo del trabajo:

Lo empecé en forma de un comentario libre sobre una obra interesante que poseía en forma de manuscrito y pretendía publicar. Sin embargo, la publicación tuvo lugar antes de que hubiera empezado la tercera sección; esto me hizo decidir alterar la forma de mi proyecto y publicar bajo mi nombre los fragmentos desperdigados y hasta entonces abandonados que había entregado al papel.74

Los posteriores comentarios de Mirabeau a lo largo de subtexto indican que se refería al Essai de Cantillon. Tras citar parte del capítulo XV de la Parte Uno del Essai, continúa:

Estas palabras están tomadas de la obra de Cantillon, impresa el año pasado. Fue indudablemente el hombre más competente nunca conocido en este campo. Su obra, que quedó sumergida en el aluvión de obras similares que provocó la moda actual no es sino la centésima parte de la obra completa de ese hombre brillante y que pereció con él en un desastre muy extraordinario y trágico. La propia obra esta truncada, ya que el apéndice, al que el autor se refería frecuentemente y que contenía todos sus cálculos, se ha perdido. Había traducido él mismo la primera parte en beneficio de sus amigos y, sobre la base de este manuscrito se imprimió más de veinte años después de la muerte del autor.

Desarrolla sus principios básicos en una serie de cadenas de razonamientos, tan bien integradas como para resultar indiscutibles. Deberían ser examinadas por quienes discuten sus principios. Tendría que repetirlas en todo o en parte, pero, por un lado, no estoy dispuesto a plagiar, mientras que, por el otro, todo en la obra está tan interrelacionado que no puede extraerse individualmente ningún pensamiento. Al mismo tiempo, la apatía que llevó a que se perdiera en la masa un trabajo tan fuera de parangón puede atribuirse indudablemente a su aridez como obra de lectura.75,76

La declaración de Mirabeau de que no estaba dispuesto a plagiar a Cantillon no estaba de hecho injustificada. Indudablemente parece que al menos los dueños legales del manuscrito de Cantillon en ese momento tendrían razones para temer que esta fuera precisamente su intención. Como queda claro en su carta a Rousseau, que hemos citado, Mirabeau tuvo el manuscrito en su posesión durante no menos de dieciséis años. Cuando Alfred Stern, en su Das Leben Mirabeaus, atrajo la atención a este punto, impulsó a Stefan Bauer, en un primer momento, a investigar acerca de manuscritos de Mirabeau en los archivos nacionales de París, donde encontró en su momento lo que creía que era una copia del manuscrito del Essai.77 Solo cuando Henry Higgs revisó cuidadosamente los manuscritos atribuidos a Cantillon se demostró que no era una verdadera copia sino más bien una versión abreviada del Essai.78 Contenía varias alteraciones, que estaban aparentemente calculadas para engañar al lector acerca de la verdadera autoría de la obra, pero también tenía un prólogo, a partir el título del cual parece haber sido dirigido al duque de Noailles y que, en opinión de Higgs, reflejaba todas las características del estilo de Mirabeau. De la versión completa publicada por Higgs, reproducimos aquí el siguiente pasaje en el que Mirabeau presenta lo que pretende ser obra suya, en términos que muestran un fuerte parecido con los usados con relación al Cantillon en su Ami des Hommes y que ya hemos citado:

Sed amable y perdonad el estilo árido del Essai: convencido de que, al tratar este tema, apenas se puede ir muy lejos eliminando la imaginación para proceder paso a paso y al mismo tiempo por la falta de confianza en mi capacidad de actuar de acuerdo con ello, fui al extremo opuesto. Puedo añadir que esto no es sino un corto extracto de un tratado más largo y completo, pero, al haberme desecho de la mayor parte para que quede terminada he interrumpido la continuidad del trabajo. Sin embargo, tenía que ser breve y si hay algún punto del que deseéis tener más detalles, ya sabéis el autor.

En el texto del Essai que seguía, los pasajes que fueron alterados o eliminados fueron predominantemente aquellos que habrían traicionado un conocimiento experto que no podía esperarse de Mirabeau, mientras que ocasionalmente, como para acallar sospechas, se daba alguna pista de cómo había adquirido el autor la información. Se desconoce hasta qué punto Mirabeau hizo uso de este texto revisado, si es que lo usó. Hay pocos motivos para dudar, como sugiere Higgs, que sus motivos no fueron honorables.

El segundo manuscrito tal vez sea más interesante. Es una copia más fiel de la primera mitad del Essai (extendiéndose desde el inicio hasta el Capítulo VI de la Parte Dos), que fue escrita aparentemente por uno de los secretarios de Mirabeau. Un comentario en forma de notas marginales, añadido por el propio Mirabeau en la primera parte de este manuscrito, pasó con el tiempo al Ami des Hommes. Después de la apelación a los epicúreos que prologa esta obra, y unida lo que es la referencia velada al manuscrito del Essai de Cantillon, encontramos aquí algunas palabras de reconocimiento y aprecio por este último, en las que, muy notablemente, se borra la referencia original a “M. Cantillon” y solo queda “cet homme”. Los siguiente es una traducción de parte de este extenso pasaje, que Higgs pública completo:

Ahora es el momento de hacer justicia a alguien que lo merece. Entre las muchas obras sobre industria y comercio que han aparecido en tiempos recientes y muchas de las cuales he leído con satisfacción, he apreciado una falta de precisión en los principios, aunque contuvieran muchas naciones útiles. Finalmente cayó en mis manos un raro manuscrito, la única reliquia de los inmensos trabajos de uno de los hombres más capaces que haya producido nunca Europa. Debería haber nombrado este hombre con placer [originalmente: ‘Este hombre es M. Cantillon’] y mi deuda con él es tal que me siento obligado a prestar el servicio de entregar a la posteridad su nombre y algún relato de su industriosa vida para que, en todo caso, al menos recaiga sobre su obra la autenticidad que merece. Si embargo, una lectura de su obra basta para ese propósito. Estoy seguro de que hablar de esas otras cosas molestaría a su familia. Únicamente a partir de esta consideración, sin investigarla e independientemente de su veracidad o no, desistiré de hacerlo. Aunque debería pensar menos en aquellos que se ofenderían, para mí la misma posibilidad ofender a alguien ha sido bastante como para retraer mi pluma, un instrumento sagrado en manos honradas, pero una daga envenenada en manos de alguien con una mente trastornada o un corazón corrupto.

Por tanto, digo sencillamente que es la obra de uno de los principales hombres de genio en el comercio en este siglo. Excesivamente activo, su profunda erudición abarcaba todos los aspectos del tema. Previó toda la maldición del fatuo sistema de Mr. Law y, obligado por las circunstancias a tomar parte en él, abandonó el teatro de esta asombrosa revolución, dejando a su corresponsal con órdenes por adelantado con respecto a las distintas etapas del ciclo que produciría la catástrofe. Este hecho no se comenta a la ligera. Sus detalles se han hecho públicos ante uno de los principales tribunales Europa. Hombres como el supieron cómo mantenerse alejados del desplome de este edificio colosal y frágil y cómo tomar buenas decisiones a partir de sus ruinas. Le fue fácil beneficiarse de la crisis financiera que estalló casi simultáneamente en prácticamente todo Europa, en Venecia, Ámsterdam e Inglaterra. Pero, un genio en corazón, así como en cabeza, siempre consideró al oro como un esclavo e hizo a la riqueza servidora de sus gustos y curiosidades, sin pensar en adquirirla hasta que le llegara algún nuevo lujo o alguna ocasión para seguir su inclinación a la generosidad. Entregado a pasiones ocasionales como todos los espíritus ardientes, sus principios fueron siempre la independencia y la libertad. Cosmopolita, o más bien ciudadano de todas partes por igual, tenía viviendas en siete de las principales ciudades de Europa y el menor conocimiento para adquirir o cálculo para verificar le hacía cruzar el continente de un extremo a otro. Uno de sus amigos dijo que le encontró un día en casa en París en bata con Livio sobre su mesa. “Voy”, le dijo, “a hacer un pequeño viaje. Siempre ha habido un error con respecto al valor de las monedas con las que los romanos rescataron a su ciudad sociedad de los galos. No importa si la opinión es verdadera o falsa, los intérpretes eran unos imbéciles y voy a conseguir algunas opiniones definitivas sobre el asunto. Una de estas monedas está en la colección de Gran Duque y voy a verificar su peso y aleación”. En este momento un llegaron los caballos y abandonó a mi amigo para entrar en el coche. En estos viajes se aseguraba de todo, salía del carruaje para preguntar a un trabajador del campo, juzgaba la calidad del terreno, lo probaba, tomaba sus notas y un contable que siempre llevaba con él las ponía en orden cuando se detenían por la noche. Una enorme masa de manuscritos preciosos murió con él en una catástrofe notable y deplorable. Este borrador sobreviviente solo puede servir para aumentar nuestro lamento acerca del resto. Este fragmento llegó a mis manos mediante una especie de robo reconocido posteriormente por la persona para quien se hizo la traducción.79

Mirabeau continúa diciendo que dudaba en publicar la obra, porque le faltaba el suplemento y, además, porque “el autor” (originalmente: “M. Cantillon”) lo había escrito originalmente en su idioma nativo y luego lo había traducido, sin tener especial cuidado, para uso de un amigo, con el resultado de que era bastante engorroso en su expresión. Había planeado originalmente revisar el texto, pero había llegado a la conclusión de que es imposible “echar mano a las obras de grandes hombres, cuando uno no llega a estar al menos a la par con ellos”. En lugar de limitarse a comentar sobre el texto, se había dedicado a su propio trabajo y, al hacerlo, alteró el título, ya que había un exceso de “Essais sue la commerce”.

Como demostraba la cita del prólogo de Ami des Hommes, el plan de Mirabeau se vio frustrado, incluso antes de que hubiera completado su tarea, por la publicación previa del Essai por otros. Aun así, cuando apareció finalmente Ami des Hommes, pretendiendo ser una obra completamente independiente, mantenía muchos rasgos de la influencia de Cantillon y Higgs nos dice que los manusritos no publicados contienen más evidencias de esta influencia.80

Mirabeau con fue sin embargo la única persona que trató de usar el manuscrito antes de que se publicara el Essai. Como señalaba Jevons, dos autores ingleses, M. Postlethwayt y el prestigioso teórico monetario J. Harris, plagiaron ambos sin escrúpulos a Cantillon tras la aparición de la edición en francés.81,82,83 Pocos años después, E. Canaan descubría que el mismo Postlethwayt ya en 1751, es decir, cuatro años antes de la publicación del Essai, transcribía largos pasajes literales en el primer tomo de su Universal Dictionary of Trade and Commerce.84,85 De hecho, un prospecto relacionado con ese mismo diccionario, que lo precedía en dos años, contiene pasajes que se han tomado inequívocamente del Essai de Cantillon.86 No podemos decir con seguridad si Postlethwayt tenía a mano la traducción francesa o el manuscrito original en inglés, que los contemporáneos suponían que había desaparecido con Cantillon. Probablemente fuera esto último, porque, para empezar, se sabe que el manuscrito en francés estuvo muchos años en poder de Mirabeau; en segundo lugar, no se producen aquí ciertos errores que hay en el texto en francés y, por fin, porque los “papeles de un caballero fallecido y muy dotado”, de donde se reconoce que se ha inspirado el ya mencionado “Análisis del comercio” de Philip Cantillon difícilmente puede ser otra cosa que el manuscrito inglés original del Essai, todavía existente en 1759.87

Además de aquellas personas de las que existen evidencias firmes, probablemente hubo muchas más que conocieron el manuscrito del Essai, de la cual es presumible que hubiera disponibles varias copias. Esto es apoyado al menos por la declaración de Fréron con respecto a varias personas que afirmaban haber visto el apéndice. Solo a partir de lo poco que conocemos acerca del círculo en el que se movía Cantillon, podemos arriesgarnos a adivinar qué pasó posteriormente con el manuscrito.

IV

Sabemos tan poco acerca de los orígenes y persona de Cantillon como acerca del destino de sus escritos. Es verdad que Jevons encontró los relatos ya citados sobre su familia en publicaciones genealógicas. Sin embargo, tras un examen más minucioso, sus contenidos resultarán estar tan en oposición con los hechos seguros acerca de Cantillon que será mejor renunciar a usarlos en absoluto. Lo único seguro es que los Cantillon se establecieron en Irlanda durante siglos y que varios miembros de la familia emigraron a Francia, como muy tarde en tiempos de Jacobo II, cuando, hacia el final del siglo XVII, los Estuardo fueron expulsados de Inglaterra. Un Richard Cantillon, claramente no el economista sino más bien, de acuerdo con la genealogía poco fiable, su primo, un veterano herido en la batalla de Boyne entre los partidarios de Jacobo II y los de Guillermo de Orange en 1690, se estableció al menos en 1705 como banquero en París y, como tal, fue confidente del gran grupo de católicos ingleses que se reunían allí en torno al hijo de Jacobo II, “el viejo pretendiente”. Higgs ha encontrado detalles de diversos acuerdos empresariales de este Richard Cantillon, en particular un caso no sin problemas de una lotería realizada a favor de los benedictinos emigrantes procedentes de Irlanda.88

La primera referencia a nuestro Richard Cantillon aparece con la muerte de su primo el 5 de agosto de 1717. Este último había contraído deudas muy por encima de sus activos, así que había que pagar a algunos de sus acreedores, en principio el 25% de sus derechos. Pero en marzo de 1720, “M. Cantillon, que en vida del caballero Cantillon era conocido como Richard Cantillon junior, se ofreció graciosamente a pagar a todos los acreedores  del muerto tres cuartas partes de lo que querían como satisfacción completa, aunque él mismo fuera uno de los acreedores por una gran cantidad (…) y llevó a cabo su oferta (…) viéndose impelido a hacerlo por una razón no conocida para nosotros más allá de honrar a una persona cuyo nombre portaba”.89 Sin embargo, hay cierta base para considerar probable que incluso antes de 1717 el dueño real del banco no fuera el veterano inválido, sino nuestro Richard Cantillon. Tenemos el testimonio de este último de 1719 de que se había dedicado a la banca en París durante bastantes años, mientras que otra fuente dice que inició su negocio como banquero allí en 1716. Es poco probable que existieran dos empresas con el mismo nombre sin que hubiera ninguna distinción entre ellas en estas fuentes. Además, como veremos, Cantillon posteriormente colocó a un pariente con el mismo nombre como hombre de paja en una empresa que le pertenecía totalmente. En todo caso, es seguro que los contactos de la empresa bancaria de Cantillon con su clientela se mantuvieron intactos después de la muerte del anterior Richard Cantillon.

Ya en 1715, del banquero Cantillon en París, sin estar identificado más concretamente, se decía que era un banquero con el que los ingleses habían estado tratando durante años. El número de personas inglesas que residían en París en ese momento era excepcionalmente grande. La mayoría de ellos eran emigrantes católicos, muchos de esos, como Cantillon, eran irlandeses. Algunos habían sido expulsados con los Estuardo, otros habían venido a París por sí mismos. Cantillon estaba íntimamente relacionado con algunos de los más famosos, como el estadista y filósofo Henry St. John Bolingbroke (1678-1751), que también se había unido al “viejo pretendiente”, y James Fitzjames, hijo natural de Jacobo II, duque de Berwick y mariscal del ejército francés. En la correspondencia publicada de Bolingbroke encontramos confirmación del contacto ya referido en un relato de Fréron.90 En el caso del mariscal Berwick, Cantillon tenía un parentesco lejano con él por matrimonio. Cantillon se casó, aparentemente en Londres, en 1722 (los votos del matrimonio están fechados el 16 de febrero de 1722), con Mary Anne Mahony, la hija de Daniel Mahony (u O’Mahony, que llevó al francés a escribir Ommani), un rico mercader irlandés de parís, de su matrimonio con la viuda Lady Clare, de soltera Charlotte Bulkeley.91 Su hermana, Anne Bulkeley, era la esposa del mariscal Berwick, mientras que su hermano, Francois Bulkeley, en 1736 o 1737, tras la muerte de Cantillon, se casó con la viuda de este último, que era su propia sobrina.92

Estas relaciones familiares son importantes, porque tanto Berwick como Bulkeley eran íntimos amigos de Montesquieu desde 1717 (o, en este último caso, al menos desde 1723) y por tanto era al menos muy probable que Cantillon también conociera a Montesquieu. Pero incluso aunque Montesquieu no conociera personalmente a Cantillon, es difícil dudar de que conocía el manuscrito dejado por este último, ya que, como demuestran varias cartas, estuvo en los términos más amistosos con la viuda de Cantillon entre 1736 y el momento de su muerte en 1749 o 1750, siendo entonces la esposa de Bulkeley.93 En este punto puede decirse que es bastante probable que fuera Francois Bulkeley el que publicara el Essai de Cantillon. Había esperado hasta la muerte de su esposa debido a la consideración familiar hacía Mirabeau, mientras que su propia muerte poco después (el 14 de enero de 1756) explicaría por qué sus contemporáneos nunca encontraron a quien puso la obra en la imprenta.

Es solo en relación con el periodo posterior a 1720 en el que sabemos algo más acerca de Cantillon, que pasó estos años en parte en Londres, habiéndose mudado allí desde París, y en parte viajando. Esta información se basa en los casos judiciales, a los cuales aludía Mirabeau, y en sus ficheros, que fueron revisados por Higgs, siguiendo una pista de Jevons.94 Resulta que Cantillon, al inicio de 1720, convirtió su banco de París en una sociedad limitada bajo el nombre de “Cantillon and Hughes”, no siendo el Cantillon en cuestión nuestro autor, sino un sobrino de cuatro años y el otro socio un tal John Hughes. Cantillon mismo era socio de la sociedad limitada: suministró todo el capital y tenía derecho a dos terceras partes de los beneficios, siendo el otro tercio para Hughes, más o menos por su trabajo como director. El sobrino no tenía derecho a nada. Poco después (en lo más alto de la especulación del Mississippi) la empresa se dedicó a esas transacciones, que acabaron en los casos en los tribunales. Adelantó unas 40.000 libras a una serie de personas, en su mayoría nobleza inglesa, para financiar la compra acciones de Mississippi, cuyo precio estas personas esperaban que aumentara. Cantillon, que previo el inminente desplome del sistema de Law dio órdenes a Hughes para que vendiera inmediatamente las acciones que se habían pignorado, invirtiera las ganancias en derechos en libras esterlinas y mantuviera solo aquella cantidad acciones que pudieran reclamarle ser entregadas a la vista. Cantillon adoptó el punto de vista, como explicaría posteriormente, de que las acciones no se le habían entregado con números de serie y no eran un depósito en sentido estricto, sino más bien un almacenamiento indiferenciado y por tanto ningún cliente tenía derecho a acciones concretas. Esta acción género un beneficio extraordinario para la empresa, ya que las acciones que vendió a precios altos pudieron reabastecerse después del desplome de los precios y los fondos implicados, en lugar de estar ligados, pudieron entretanto atraer un importante interés en depósitos en libras esterlinas perfectamente seguros.

Cantillon, que había realizado algunas de las operaciones personalmente, presionaba ahora los especuladores, que habían sufrido grandes pérdidas, para que le pagaran los préstamos y acabó reclamando una orden judicial contra ellos. Los prestatarios, a su vez, insistían en que los beneficios obtenidos por Cantillon y su empresa se compensaran a su favor. Demandaron a Cantillon por fraude y usura en los tribunales de París y Londres, haciendo a Cantillon personalmente responsable por su conducta en el asunto, con la evidencia de cartas que se habían cruzado entre ellos, él y su empresa. Después de que hubiera muerto Hughes en 1723, y de que Cantillon liquidara la firma, la viuda de Hughes se unió a la oposición y respaldó sus reclamaciones con el argumento de que Hughes había sido, no solo nominalmente, sino también de hecho, un socio y que como tal tenía derecho a su parte en los beneficios de la liquidación. Fue algunos años antes de que Cantillon pudiera acabar victorioso en la mayor parte de sus litigios: de hecho, un caso seguía sin resolverse en el momento de su muerte en 1734. Se ha conservado una extensa documentación estos procedimientos legales, especialmente cartas de Cantillon a Hughes y a su abogado, que Higgs descubrió en la Oficina de Registros Públicos de Londres y la Biblioteca Nacional de París. Es probable que haya más documentación que ha escapado a la detección, debido a la falta de una catalogación adecuada de los archivos.95 Los documentos disponibles, junto con muchas de las fuentes biográficas ya mencionadas, demuestran que, tras abandonar París en 1720 para no volver durante casi seis años, Cantillon vivió primero en Ámsterdam, luego durante varios años en su casa en Londres, pero de todas maneras viajó frecuentemente por el continente. Así, declaraba ante el tribunal en primavera de 1724 que se había propuesto hacer un viaje de negocios con su esposa a Nápoles y otras ciudades italianas, pero que de alguna manera u otra volvería a Londres “donde tenía su casa y familia y, en la vecindad, a su hijo que debe haber muerto joven atendido por una enfermera”. En 1726, empezó de hecho sus viajes con su esposa: escribía en abril desde Nampon, cerca de Abbeville, en medio desde París, en junio desde Rotterdam y en diciembre desde Bruselas y Colonia. Parece haber pasado algo similar al año siguiente: en abril y mayo escribía desde Verona, aparentemente habiendo visitado Génova entretanto y luego se sintió obligado por informes del caso judicial en París a volver a esa ciudad. Entre 1729 y 1733 estuvo frecuentemente en París, en 1733 en Utrecht y Bruselas y en 1734 de vuelta en Londres, donde encontró su violento fin, del cual hemos hablado. El relato de Higgs es el siguiente:

El lunes 14 de mayo de 1734, Richard Cantillon se trasladó por Londres a casa de su amigo Garvan en Middle Temple y a una casa en Queen Square, Westminster, donde cenó y le dejaron en su portal a las diez de la noche. Según las declaraciones de su sirviente al día siguiente, “durante aproximadamente las tres semanas últimas su amo había tomado la llave de la puerta de la calle y la había llevado a su dormitorio y (el examinado) cree que su razón para hacerlo era algún incidente que había tenido con un sirviente despedido tres semanas antes. Esa última noche dejó la llave, junto con su reloj, abajo en la sala y cree que se debió a que se le [había ordenado] a este examinado a ir por la mañana temprano a comprar un palco de la ópera, porque le dio indicaciones para ese fin (…) su amo la noche anterior (…) se desvistió en la sala como era usual, tomó su vela y libro y se fue a la cama poco después y dijo a este examinado que iba a leer. [Parece que esta era su costumbre habitual].

Primero se supuso que Cantillon se quedó dormido con la vela encendida e incendió la casa por accidente. Pero pronto quedaron claros los hechos que dejaban pocas dudas de que el sirviente despedido, Joseph Denier, alias Le Blanc, entró en la casa por la noche con la complicidad de los sirvientes (tres hombres y dos doncellas) y, tras asesinar y robar a su antiguo amo, incendiaron la casa.

A su mujer e hija, que vivían en París, Cantillon les legó una fortuna considerable, como no podía esperarse menos de un hombre que, según su cajero, había retirado hacía poco tiempo dos millones y medio (¿de Livres Tournois?) de su negocio. Un inventario general, que se realizó poco antes de su muerte, mostraba dinero en bancos en Londres, Ámsterdam, Viena, Cádiz y Bruselas, terrenos y viviendas en Inglaterra, París, Asnières y Luisiana, así como varias rentas y derechos. Aunque el comercio reclamó parte de su atención en sus primeros años, parece haberse dedicado sobre todo a este en los años posteriores: lo encontramos descrito o de vez en cuando como mercader de sedas o vino y sabemos que tuvo también intereses en el cobre. Es verdad que un sirviente le describió una vez como un tirano, pero, en general, había una gran confianza en él y estaba bien relacionado por sus amigos. Se le conocía por su gran franqueza y esto le enfrentó a Law, que se sintió ofendido por sus críticas espontáneas. Sus cartas, en opinión de Higgs, muestran que “Cantillon fue una persona de extrema capacidad y muchísima energía”; su “escritor poseía una gran claridad y entendimiento, rápido en encontrar la ambigüedad o debilidad de la argumentación, capaz en la combinación y el cálculo y en general una maestría en el cambio de moneda que muestra en sus especulaciones una previsión científica equivalente casi a la certidumbre”. Aparte de las cartas existe un memorando (que podemos atribuir al menos con considerable certidumbre a Cantillon) impreso con la demanda de París, en el que explica a su abogado la distinción entre usura y beneficio obtenido por cambio de moneda en tipos actuales del mercado: este recuerda el pasaje correspondiente en el Essai y le aparta de los demás autores que menciona en él, como Dupuy y Savary.96

V

Aunque la magnitud de sus logros científicos es difícilmente discutible, es extraordinariamente difícil evaluar su influencia real sobre el desarrollo del pensamiento económico. Se puede deducir de los diversos ejemplos de utilización no reconocida del Essai, tanto en publicaciones previas como posteriores, que muchos otros escritores conocieron y trabajaron a partir de su obra. Apenas se ha investigado teniendo esto en cuenta la extraordinariamente rica literatura sobre mediados de siglo XVIII. El tiempo y ambiente en el que escribía Cantillon favorecía en grado excepcional un impacto resonante incluso cuando había comunicación personal, pues fue esta misma sociedad anglo-francesa del segundo cuarto del siglo la que, a partir de una revolución intelectual, abre el camino a la revolución política y el alza de las ciencias políticas. No solo Montesquieu, sino también Voltaire y Rousseau estaban en Inglaterra en este momento, en contacto cercano con aquellos círculos los que se movía Cantillon. De la misma manera, David Hume y Adam Smith encontraban estímulos decisivos en Francia. Como hemos dicho, Smith conocía a Cantillon. Es más difícil decir lo mismo a cerca de Hume y no es una pregunta menos atractiva, ya que sus Discursos políticos, que encarnaban sus tratados de economía, aparecieron tres años antes del Essai de Cantillon. A partir de una comparación de la teoría monetaria de Hume con la de Cantillon, se obtiene la inevitable impresión de que Hume debe haber conocido realmente a Cantillon.97

Pueden recordarse esa parte de los pasajes relevantes de Cantillon aparecidos en el diccionario de Postlethwayt en 1751, un año antes de la publicación de la obra de Hume, y el reconocimiento puede haberse originado allí. Sin embargo, las similitudes no se limitan en modo alguno a los pasajes reproducidos por Postlethwayt. Hay varios ejemplos, como el tratamiento de Hume de los efectos de un aumento en la oferta monetaria o su refutación de la noción de que un aumento así podría inducir a una bajada en el tipo de interés: estos equivalen a un parecido superficial que, sin embargo, pierde fuerza una vez se aprecia que Hume no tiene comparación con Cantillon en profundidad de ideas.98 Hume habría tenido oportunidades para conocer el manuscrito del Essai, pues estuvo en Francia la mayor parte de los tres años posteriores a 1734 y en años siguientes (empezando especialmente con Montesquieu en 1749) tuvo correspondencia regular con intelectuales franceses. Esta conjetura se refuerza considerablemente cuando se encuentra en las notas económicas de Hume, que datan predominantemente de 1740/41, la observación de que una libra de acero, al procesarse, puede tener un valor de 10.000 libras, lo que recuerda claramente el ejemplo de Cantillon del muelle del reloj.99 Si, además de Smith y Hume, incluso tal vez Malthus hubiera conocido y tomado prestado de Cantillon (pues hay varios ejemplos en su ensayo sobre los principios de la población donde parece probable), esto bastaría para establecer una influencia persistente sobre todos los economistas posteriores.100

Además de nuestras evidencias anteriores de la eficacia del tratado de Cantillon en Francia, tal vez merezca la pena señalar que el año de su publicación, 1755, fue identificado constantemente por escritores contemporáneos como el año en que apareció la nueva escuela de economía. Germain Garnier, el primer defensor de la teoría de la abstinencia, toma por extenso, pero sin reconocimiento, las ideas de Cantillon al escribir su Abrégé élémentaire des principes de l’économie politique (París 1796) y trató de reconciliarlas con las opiniones de Smith, a quien había traducido al francés, y de los fisiócratas.101,102 A veces, Garnier no solo tomaba prestados ejemplos de Cantillon, sino que incluso reproducía literalmente su argumento.103

Cantillon empezarían a ser olvidado en Francia una vez J.B. Say lideró el camino de ignorar a todos los escritores antes de Adam Smith. Sin embargo, el Essai parece haber sido leído también hasta cierto punto en Alemania e Italia. La influencia de la traducción italiana del Essai se muestra al menos en G. Filangieri, mientras que en Alemania no solo Graumann, a quien nos hemos referido, sino también el “fisiócrata alemán” Jakob Mauvillon, cuyo padre realizó una edición del Essai, deben haber conocido a Cantillon.104 Existen sólidas evidencias en el caso de von Pfeifer, quien, sin nombrar a Cantillon, pero refiriéndose claramente a él, decía que “el sistema fisiocrático se había creado en Inglaterra, propagado en Francia y finalmente transmitido a Alemania”.105 G. A. Will, tras citar este comentario de von Pfeifer en  su “Versuch über die Physiokratie” (1782), añadía a su vez que “es realmente incorrecto que, entre otros, el escritor inglés Cantillon, en su delicioso estudio sobre el comercio, delineara hace muchos años la teoría de los fisiócratas con respecto a la naturaleza del estado en los términos de sus principios subyacentes y sus conclusiones principales”.106

  • 1. El autor agradece al profesor Henery Higgs, de Londres, el profesor Dr, Fritz Karl Mann, de Colonia y al Sektionsrat Dr. Ewald Schams, de Viena, que leyeron el borrador de esta Presentación por sus generosos comentarios, que ayudaron a eliminar algunos fallos y rellenar numerosos vacíos.
  • 2. Adam Smith, The Wealth of Nations (London: Cannan, 1904 and later), vol. 1, p. 70. [La riqueza de las naciones].
  • 3. La traducción francesa de las “Reflexiones sobre la necesidad de una ley para la naturalización de los protestantes extranjeros”, de Tucker, que asumió Turgot, probablemente por sugerencia de Gournay, muestra la misma designación ficticia de lugar de impresión. La traducción, titulada “Questions importantes sur le Commerce”, y el texto original fueron presumiblemente impresos en París. Un librero de Londres con el nombre de Fletcher Gyles había dejado de existir mucho tiempo atrás para 1755.
  • 4. El hecho de que están edición apareciera con varios nombres posiblemente puede atribuirse a la iniciativa de un librero ansioso por aumentar las ventas alterando la página del título. Aparecería datada alternativamente en 1755 y 1761.
  • 5. Saggio Sulla Natura de Commercio, Autore Inglese, con un prólogo de F. Scottoni (Venecia, 1767).
  • 6. La primera edición de esta obra, aunque datada en 1756 en la página de título, no apareció realmente hasta 1757. Ver G. Weulersse, Les Manuscrits Économiques de Francois Quesnay et du Marquis de Mirabeau aux Archives Nationales (Paris, 1910), pp. 19 y ss.
  • 7. Ver J. J. Rousseau, ses Amis et ses Enemis. Correspondence publicée par M. G. Streckeisen Moultou, con prólogo de J. Levallois (París, 1865), vol. II, p. 265 y ss. Puede encontrarse un pasaje más extenso en Oeuvres économiques et philosophiques de F. Quesnay, ed. A. Oncken, (Frankfurt y París, 1888), p. 4 y ss. y una versión alemana en  A. Oncken, “Entsrehung and Werden der physiokratischen Theorie”, en Vierteljahrsschrift für Staats-und Volkswirtschaft, ed. K. Frankenstein, vol. 5 (Leipzig, 1895), pp. 275 y ss., así como en “Geschichte der Nationalökonomie”, Erstel Teil (Leipzig, 1902 y posterior), pp. 318 y ss., del mismo autor. Un relato prácticamente idéntico de la conversación, tomado, sin embargo, de una carta distinta que escribió Mirabeau hacia finales de la dictada en 1770 está contenido en el primer artículo mencionado de Oncken: fue tomado de la conocida obra de L. de Lomiere, Les Mirabeau, nouvelles études sur la societe francaise au XVIIIe Siecle (París, 1879), 2: 170 y ss.
  • 8. Ver Oncken, “Entstehung und Werden,” p. 279. Lo poco sincero del relato de Mirabeau del desarrollo de esta conversación puede deducirse del hecho de que, en una carta escrita a su hermano inmediatamente después de la conversación se describía a sí mismo como el vencedor. Ver ibíd., p. 275, y Lomenie, Les Mirabeau, 2: 196.
  • 9. Ver la edición de 1757, p. 821, reimpreso en Quesney, Oeuvres Economiques et Philosophiques, p. 218.
  • 10. Ver Mémoires inedits de l’Abbé Morellet (1823), 1: 37 y ss.
  • 11. Ver la edición de la obra de Turgot de Eugene B. Daire (París, 1848), 2: 819.
  • 12. J. F. Melon, Essai politique sur le Commerce (Ruán y Burdeos, 1734). Por esa razón, no puede describirse a Melon como predecesor de Cantillon, pues este último murió en el año en que apareció la obra de Melon.
  • 13. Ver “Notice abrégée des différents écrits modernes qui ont concouru en France a former la science de l’Economie politique”, en Quesnay, Oeuvres Economiques et Philosophiques, bajo “Los años 1754 y 1755”, p. 148.
  • 14. Para un relato más detallado, ver Henry Higgs, Economic Journal (1891) 1: 262 y ss.
  • 15. J. Ph. Graumanns, Gesammelte Briefe von dem Gelde (Berlín, 1762) pp. 114 y ss.
  • 16. Sir James Steuart, An Inquiry into the Principles of Political Economy, Libro III, II/3 o vol. XV, p. 284.
  • 17. Ver E. B. de Condillac, “Du Commerce et du Gouvernement, considére relativement l’un à l’autre”, (Ámsterdam y París, 1776), chp. 16, p. 143, Oeuvres Complets (París: 1803), vol. 6, p. 141. Ver también A. Lebeau, Condillac économiste (París, 1903), pp. 11, 350, 412.
  • 18. Pueden encontrarse algunas referencias adicionales a la influencia de Cantillon sobre los economistas de este periodo hacia el final de esta presentación.
  • 19. Charles Ganilh, Des systèmes d’économie Politique, 2ª ed. (1821), vol. 1, pp. XV, 134; vol. 2, p. 107.
  • 20. Physiocrats. Quesnay, Dupont de Nemours, Mercier de la Rivière, L’Abbé Baudeau, Le Trosne, Avec une Introduction sun la Doctrine des Physiocrates, des Commentaires et des Notices Historiques par Eugène Daire (París, 1846), Part 1, p. 74, 82, 274. No es fácil entender por qué Daire no se ocupa sistemáticamente del Essai, que tenía en alta consideración, al editar la colección en 15 tomos Collection des principaux économistes (1843–1848), cuyo segundo tomo contiene los antes mencionados Physiocrats: este hecho contribuyó indudablemente al olvido de Cantillon.
         Julius Kautz, Theorie und Geschichte den Nationalökonomik, Propyläen zum volks-und staatswirtschaftlichet Studium. Zweiter Teil. Literatur-Geschichte den National-Ökonomik (Viena, 1860), p. 320 y ss.
  • 21. W. Roscher, Geschichte den Nationalökonomik in Deutschland (Múnich, 1874), p. 481.
  • 22. Fr. von Sivers, Jahrbücher für Nationalökonomie and Statistik, vol. 23 (Jena, 1874). En las páginas 158-162, que se dedicand enteramente a Cantillon, escribe: “Evitando una opinión superficial, Cantillon en su Essai sur la nature du commerce en général, somete la idea de que toda la población depende de los terratenientes a un proceso de razonamiento profundo. Una observación más incisiva y mejores poderes de descernimiento le llevan a observar que el valor no puede explicarse solo en términos de oferta y demanda y que le precio de mercado formado por la oferta y la demanda orbitan en torno a un medio, que está determinado por otras causas. (…) Basta con recordar que aquí encontramos una triple división de la sociedad, que fue posteriormente considerada un descubrimiento de Quesnay. Los trabajadores agrícolas producen la riqueza, solo los terratenientes son verdaderamente independientes, los artistas y mercaderes se apoyan en la renta neta de los terratenientes. La división de renta es la misma que en el Analyse du tableau économique: la única diferencia es que allí las proporciones son 2, 1, 3, 5, mientras que aquí tenemos una división en sextos”.
  • 23. Léonce de Lavergne, Les économistes francais du dixhuitième siècle (París, 1870), p. 167. El pasaje del que se toma la cita continúa: “La propiedad en general, y la propiedad inmobiliaria en concreto, se presentan como la base de la sociedad. A partir de este principio, Cantillon deduce todas las inferencias que siguen, especialmente en relación con la libertad de comercio en todas sus formas. Si hubiera vivido más, se habría convertido en una de las principales figuras de la escuela de los economistes”.
  • 24. W. Stanley Jevons, “Richard Cantillon and the Nationality of Political Economy”, Contemporary Review 39, Enero de 1881, reimpreso en The Principles of Economics. A Fragment of a Treatise on the Industrial Mechanism of Society and other Papers con un Prólogo de Henry Higgs (Londres, 1905), pp. 155-183.
  • 25. Jevons, Principles of Economics, p. 164.
  • 26. Artículo sobre “Cantillon”, por H. R. Tedder, Dictionary of National Biography, ed. L. Stephen, Sidney Lee (Londres, 1886), 8: 455.
  • 27. Artículo sobre “Cantillon”, por Henry Higgs, F. Y. Edgeworth y Stephan Bauer, Dictionary of Political Economy, ed. R. H. Palgrave (Londres, 1894).
  • 28. Artículo sobre “Cantillon”, por Castelot, Nouveau Dictionaire d‘Economie Politique, ed. Leon Say, Suplemento (París, 1897).
  • 29. J. K. Ingram, A History of Political Economy (Edimburgo, 1888), pp. 60 y ss.
  • 30. R. Zuckarkandl, Zur Theorie des Preises min besonderer Berucksichtigung den geschichtlichen Engwicklung den Lehre (Leipzig, 1889).
  • 31. A. Espinas, Histoire des Doctrines Economiques (París, 1891), p. 179-197.
  • 32. Alfred Marshall, Principles of Economics (Londres, 1891), p. 53. En ediciones posteriores, Marshall alteraba su veredicto y señalaba (en una nota al pie del pasaje en el que describe el logro de los fisiócratas como primer intento en Londres 1916, Apéndice B 2, p. 756), que Cantillon tiene cierto derecho a ser considerado sistemático.
  • 33. Ver las cartas y el diario de William Stanley Jevons, editados por su esposa (Londres, 1886), p. 425.
  • 34. Henry Higgs, “Richard Cantillon”, Economic Journal (1891) 1: 262-291.
  • 35. Cantillon, Essai sur Le Commerce, Reimpreso para la Universidad de Harvard (Boston: Geo. H. Ellis; Londres; Macmillan, 1892), con Prólogo de Henry Higgs.
  • 36. Ver  H. S. Foxwell, Prólogo a W. St. Jevons, Investigations in Currency and Finance (Londres, 1884), p. XLII.
  • 37. Ver E. Cannan, A Review of Economic Theory (Londres, 1929), p. 20n. Este libro fascinante que acabó por impulsarme a dedicarme con fervor a estudiar a Cantillon, da la mejor visión sinóptica de la importancia de Cantillon para todo el desarrollo de la economía.
  • 38. Ver la excelente apreciación en A. Espinas, Historie des Doctrines Economiques, pp. 179-197, que aparecía ya en 1891.
  • 39. Ver la edición alemana, Charles Gide y Charles Rist, Geschichte der volkswirtschaftlichen Lehrmeinungen, 2ª ed. (Jena, 1921), p. 52.
  • 40. Ver A. Oncken, Entstehung und Werden der Physiokratischen Theorie, p. 280 y ss.
  • 41. A. Oncken, Geschichte der Nationalökonomie. Parte Uno (solo en parte), Die Zeit vor Adam Smith (Leipzig, 1902), particularmente p. 279.
  • 42. Ernst Oberfohren, Die Idee der Universalökonomie in der Französischen Wirtschaftswissenschaftlichen Literatur bis auf Turgot (Probleme der Weltwirtschaft. Schriften des kgl. Instituts für Seeverkehr und Weltwirtschaften der Universität Kiel, Nr. 23), (Jena, 1915), p. 124.
  • 43. Ver el artículo de W. Lexis “Physiokratisches System” en Handwörterbuch der Staatsissenschaften, 3ª ed. (Jena, 1913) 6: 1039: “En particular, encontramos (…) que hay indudablemente elementos esenciales de teoría fisiocrática anticipados (…) en el Essai de Cantillon, incluso aunque Quesnay rechazara reconocerlo y de hecho hablara despectivamente de Cantillon en una carta (?) a Mirabeau”. Cantillon es indudablemente menos sectario que los fisiócratas. Ver también su Allgemeine Volkswirtschaftslehre (Leipzig, 1913), en el que el Essai de Cantillon se describe de forma similar como “el primer intento de una teoría completa de la economía” (p. 239).
  • 44. Fr. J. Neumann, “Zur Geschichte der Lehre von der Gravitation der Löhne nach gewissen Kostenbeträgen”, Jahrbücher für Nationalökonomie und Statistik, 3ª serie., vol. 17 (Jena, 1899), pp. 147 y ss.
  • 45. O. von Zwiedineck-Sudenhorst, Die Lohnpreisbildung, Grundriss der Sozialökonomik, Vol. IV/I, p. 320. Allí se expresa la siguiente opinión sobre Cantillon: “Este pionero irlandés de ideas fisiócratas indica todos los argumentos esenciales que van a encontrarse en lo que se considera comúnmente como el edificio de la teoría clásica”.
  • 46. J. Schumpeter, Epochen der Dogmen-und Methodengeschichte, Grundriss der Sozialökonomik, 1ª. ed (Tubinga 1914), vol. 1. p. 1, p. 143.
  • 47. La monografía más detallada con respecto al tema objeto del Essai y su relación con obras anteriores y posteriores es la de R. Legrand, Richard Cantillon, Un Mercantiliste Precurseur des Physiocrates (París, 1900). Como la mayoría de los demás estudios de Cantillon, sufre del defecto de que centra no tanto en la originalidad de Cantillon como en la pregunta de si deberíamos considerarlo como todavía perteneciente a los mercantilistas o ya a los fisiócratas. También hay explicaciones detalladas de los contenidos del Essai en los estudios ya mencionados de Jevons, Espinas. Higgs (Quarterly Journal of Economics 6 (1892)), así como en W. Rouxel, “Un Precurseur des physiocrates: Cantillon”, Journal des Economistes (1892); W. Kretschmer, “Über den Richard Cantillon zugeschriebenen Essai sur la nature du commerce en général mit besonderer Berücksichtigung der Lehren von Otto Effertz” (diss., Liestal, 1899). Nos referiremos a estudios analíticos de teorías concretas de Cantillon cuando lo requiera la ocasión.
  • 48. J. F. Melon, Essai politique sur le commence (Ruán y Burdeos, 1734).
  • 49. Dutot, Reflexions politiques sur les finances et le commerce, 1735.
  • 50. A. Huart, “Cantillon, Precurseur des Hedonistes”, Monde économique. 17 y 31 de mayo; 7, 21 y 28 de junio; 29 de julio de 1913. Para información con respect a este artículo, quien no estaba disponible en las bibliotecas ni de vivienda ni de Berlín, estoy en deuda con el Sektionsrat Dr. Ewald Schams, de Viena.
  • 51. Con referencia a los capítulos IV y V, sobre la formación de los pueblos y ciudades, ver R. Meunier, “Théories de la formations des villes”, Revue d’Economie politique (París, 1910).
  • 52. Aparte de los estudios de Jevons, Higgs y Neumann mencionados antes, ver especialmente A. Landry. “Une théorie négligée. De l’influence de la direction de la demande sur la produaivité du travail, les salaries et la population”, Revue d’Economie politique,24 (París, 1910) y “Les idées de Quesnay sur la population”, Revue d’histoire des doctrines économiques et sociales, 2 (1909): esp. 83 y ss. Ver además R. Picard, “Etude sur quelques théories du salaire au XVIIIe siècle”, 3 (1910): 153 y ss. y R. Gonnard, Histoire des Doctrines de La Population (París, 1923), pp. 142, 173 y ss., así como idem, “Les doctrines de la population avant Malthus”, Revue d’histoire économique et sociale 17 (París, 1929): esp. 223.
  • 53. Comparemos la famosa frase con la que comienza la Parte I, Libro XI de La riqueza de las naciones (“Como los hombres, como todos los demás animales, se multiplican naturalmente en proporción a los medios de su subsistencia, hay siempre, en mayor o menor medida, demanda de comida”) con la exposición en el Capítulo XV de la Parte Uno del Essai de Cantillon, especialmente con la frase: “Los hombres se multiplican como ratones en un granero si tienen medios ilimitados de subsistencia” (p. 110). Huart ("Cantillon precurseur des Hedonistes") piensa que está justificado suponer que Malthus estuvo influido directamente por Cantillon.
  • 54. Quarterly Journal of Economics 6: 455.
  • 55. Gaetan Pirou, “La théorie de la valeur et des prix chez W. Petty et chez R. Cantillon”, Revue d’Histoire des Doctrines Economiques et Sociales,” 4º año (París. 1911), p. 271. Aparte de los estudios previamente mencionados de R. Zuckerkandl y R. Legrand, en lugar de la teoría del Valor y el precio de Cantillon la historia del pensamiento económico también se trata en R. Kaulla, Die Geschichtliche Entwicklung den Modernen Werttheorien (Tubinga, 1906). pp. 92 y ss. y en H. R. Sewall, “The Theory of Value before Adam Smith, Tercera serie, American Economic Association, vol. II, nº 3 (Nueva York, 1981). Ver también A. Dubois, “Les theories psychologiques de la valuer au XVIIIe siecle”. Revue d’economie politique (Paris, 1897), pp. 849 y ss.
  • 56. Sobre la teoría del emprendedor de Cantillon, ver especialmente E. Cannan, A Review of Economic Theory, pp. 285 y ss., 303 y ss.
  • 57. Sobre la teoría del emprendedor de Cantillon, ver especialmente E. Cannan, A Review of Economic Theory, pp. 285 y ss., 303 y ss.
  • 58. P. Harsin, Les doctrines monetaires et financières en France du XVIe au XVIIIe Siècle (París, 1928), pp. 227-236. Además de los estudios de Jevons y Legrand, ver A. E. Monroe, Monetary Theory before Adam Smith (Cambridge, 1923); J. W. Angell, The theory of international prices (Cambridge, 1923); J. W. Angell, The theory of international prices (Cambridge, 1926) especialmente pp. 207 y ss. y F. Hoffman, Kritische Dogmengeschichte der Geldwerttheorien (Leipzig, 1907), especialmente pp. 56-64.
  • 59. M. W. Holtrop, De Omloopsnelheid van het Geld (Ámsterdam, 1928), p. 9.
  • 60. Además de Jevons, ver S. D. Horton, Sir Isaac Newton and Englands Prohibitive Tarif upon Silver Money (Cincinatti, 1895), reimpreso en Silver and Gold and Their Relations to the Problem of Resumption (Cincinnati, 1895), del mismo autor, así como la respuesta inacabada de W. St. Jevons: “Sir Isaac Newton and Bimetallism” reimpresa en Investigations in Currency and Finance, ed. por H. S. Foxwell (Londres, 1884), pp. 330 y ss.
  • 61. En lugar de 1717, el propio Cantillon escribía erróneamente 1728 (p. 373) y el hecho de que usara palabras en lugar de números significa que puede descartarse en la práctica un error de escritura o de impresión. Es muy difícil entender un error así, ya que Cantillon no solo experimentó el acontecimiento en cuestión, sino que incluso parece haber estado en contacto directo con Newton. El error persistió posteriormente en la literatura y se repite en Steuart. Inquiry into the Principles of Political Economy, Libro III, cap. 7, 3, p. 47 de la edición Basle de 1796 o el vol. 2, p. 135 de las obras escogidas (Londres, 1805), así como en J. G. Hoffmann, Die Lehre vom Gelde (Berlín, 1838), p. 104. Por el contrario, al reproducir el pasaje relevante, J. H. Graumann (Gesammlete Briefe vom Gelde etc., Berlín, 1762) corregía el error. Ver también Ph. Kalkmann, Englands Übergang zur Goldwährung im Achtzehnten Jahrhundert (Estrasburgo, 1895), p. 127.
         Sobre la teoría del tipo de cambio de Cantillon, ver A. M. de Jong, Bijdrage tot de Geschiedenis van de Theorie den Wisselkoersen voor Adam Smith, De Economist, año 74, nº. 5-8, s’Gravenhage (Mayo-Agosto de 1925).
  • 62. Ver también S. Weulersse, Le Mouvement Physiocratique en France (París, 1910), (2 tomos) y la obra reciente del mismo autor Les Physiocrates (Encyclopédie Scientifique (París, 1931) y G. Schelle, Le Docteur Quesnay (París 1907), pp. 131-184.
  • 63. En apoyo de lo que se ha dicho, deben hacerse aquí referencias a varias de estas declaraciones sin fundamento en la literatura posterior: las primeras fuentes se tratarán a su debido tiempo. La lista comienza con G. Kellner, que afirma en Zur Geschichte des Physiokratismus: Quesnay-Gournay-Turgot (Gotinga, 1847), p. 93, que fue Gournay el que impulsó a Cantillon (¡que murió en 1734!) a traducir su Essai. Igualmente, un autor reciente, J. W. Angell The Theory of International Prices (Cambridge, 1926), p. 213n. comenta bastante condescendientemente que es improbable que Cantillon obtuviera sus ideas a partir de los ensayos de Hume, cuya fecha de publicación remonta a 1741 en lugar de 1752. Fue la explicación de Grimm, a la que llegaremos, la que impulsó a muchos escritores franceses a altaerr la fecha de 1773 como la de la muerte de Cantillon, aunque esto no explica cómo la R. Gonnard Histoire des doctrines de La Population, (Paris, 1923), p. 142, de R. Gonnard la sitúe en 1735. Otros autores han cambiado por su cuenta la fecha de publicación del Essai, así, J. Bonar Philosophy and Political Economy (Londres, 1893), p. 106 escribe 1752, mientras que E. S. Furniss The Position of the labourer in a system of nationalism (Nueva York, 1920), p. 162 y ss. escribe 1736. P. Harsin Les doctrines monétaires et financières en France du XVIe au XVIIIe Siecle (París 1928), encuentra una solución sencilla al problema de quien publicó finalmente el Essai atribuyendo el hecho a Eleazar Mauvillon, de quien solo sabemos que tomó el Essai, que se había publicado en 1755 y lo republicó un año después junto con su traducción de los Discursos políticos de Hume: esta acción contradice por sí misma la suposición de que había lanzado la primera edición del Essai un año antes. No menos desafortunada es la declaración de H. R. Sewall The Theory of Value Before Adam Smith (Nueva York, 1901), p. 80 de que Cantillon era de origen francés o la de R. Legrand, en su obra frecuentemente citada, de que Cantillon había visitado personalmente todos los países que menciona en su Essai.
  • 64. Ver Higgs Preface to W. St. Jevons’ Posthumous Principles of Economics (Londres, 1905), pp. 10 y 13.
  • 65. Les doctrines monétaires etc., p. 228n. Huart (op. cit., 17 de mayo, p.5) comenta que es bastante notable que el “Procès-Verbaux du Conseil du Commerce et du bureau du Commerce 1700–1791”, publicado por Bonnjostieux y Lelong, no contenga nada acerca de Cantillon.
  • 66. Para la comodidad de aquellos que estén familiarizados con la literatura de Cantillon, puede señalarse que en lo que viene a continuación los datos disponibles con respecto al autor y el Essai están tomados de Postlethwayt, tomados de Serionne (ver notas al pie 83 y 86) y de su relación con Montesquieu (ver nota al pie 93).
  • 67. H. Thirrion, La vie privée des financièrs au XVIIIe siècle (París, 1895); Cornelis de Will, La Société francaise et la Société anglaise au XVIIIe siècle (París, 1864); J. H. Hesse, Memories of the Pretenders and Their Adherents (Londres, 1845).
  • 68. Ver p. 43 y ss. 52 y 71 del tercer tomo de la edición completa, realizada por Maurice Tourneaux, de Correspondence littéraire, philosophique et critique par Grimm, Diderot, Raynal, Meister etc. (París, 1878).
  • 69. L’annee Littéraire, Annee MDCCLV, de M. Freron (Ámsterdam), vol. 5, p. 67.
  • 70. Biographie Universelle Ancienne et Moderne... Nouvelle edition, publiée sous la direction de M. Michaud, vol. 6 (París, 1843), bajo el nombre falso de Philippe de Cantillon. El autor del artículo se dice que es Weiss.
         Nouvelle Biographie Générale depuis les temps les plus reculés jusqu’à nos jours, publiée par MM. Firmin Didot Frères sous la direction de Mr. le Dr. Hoefer, vol. 8 (París, 1855), igualmente bajo el nombre de Philippe Cantillon.
  • 71. The Letters of Harace Walpole, Earl of Oxford, (Londres, 1840), vol. 1, pp. 274 y 295. Ver también The Works of Jonathon Swift, ed. Walter Scott (Londres, 1824), vol. 16, p. 262 y ss.
  • 72. The Country Journal or The Craftsmen (18 de mayo y 15 de junio de 1734); Reads Weekly Journal o British Gazetteer, (1 de junio de 1734) y Gentleman's Magazine (mayo y 7 de diciembre de 1734).
  • 73. Ver Complete Peerage of England, Scotland, Ireland, Great Britain and the United Kingdom, extant, extinct or dormant, dispuesto y editado alfabéticamente por G. E. C., vol. 7 (Londres, 1896) p. 217 (Stafford) y vol. 3 (Londres, 1890), p. 319 (Farnham), así como Higgs, Economic Journal, vol. 1, p. 288, que señala que la única hija superviviente del segundo matrimonio de la hija de Cantillon, Lady Henrietta Farnham, no murió hasta 1852. Se casó con el muy honorable Dennis Daly y fue madre del primer Lord Dunsandle, cuyos descendientes son los herederos directos de Cantillon. Menciono esto aquí, porque esta pista tal vez pueda algún día sumarse a lo poco que sabemos ahora acerca de Cantillon.
  • 74. Mirabeau, L’Ami des Hommes, ou Traité de la Population, Premiére Partie (Avignon, 1756) recte 1757), p. 6. Ver también la nota al pie en cap. 2, p. 18.
  • 75. Ibid. p. 85 y ss. (inicio del capítulo 7).
         La cita de Cantillon, que precede a este comentario, es de la p. 107 del Essai, empezando con “le nombre des habitants” y continuando hasta el final del párrafo de la página siguiente.
  • 76. Alfred Stern, Das Leben Mirabeaus (Berlín, 1889), vol. 1, p. 26, quien dice que “una influencia muy considerable del desarrollo de sus ideas fue ejercido por el ‘Essai sur la nature du commerce en général’ de Cantillon, con el que estaba familiarizado en forma de manuscrito desde mucho tiempo antes de su publicación”.
  • 77. Ver Stefan Bauer, “Studies on the Origin of the French Economists,” Quarterly Journal of Economics, vol. 5: 101 (1891).
  • 78. Ver el artículo frecuentemente citado en el Economic Journal, vol. 1, (1891), así como las descripciones de los manuscritos en G. Weulersse, Les Manuscripts Economiques de Francois Quesnay et du Marquis de Mirabeau aux Archives Nationales (París, 1910), pp. 2 y ss.
  • 79. Economic Journal, vol. 1: 267 y ss.
  • 80. A la vista de estos documentos, nos parece divertido que L. Brocard en su libro sobre el Ami des Hommes de Mirabeau (Les doctrines économiques et sociales du Marquis de Mirabeau dans l'Ami des Hommes [París, 1902], p. 48), sin conocer él mismo el estudio de Higgs, se dirija indignadamente a R. Legrand porque este último, reclamando apoyo de Higgs por lo que era un comentario extremadamente cauto, se había atrevido a decir en su Richard Cantillon, un mercantilliste precurseur des physiocrates (París, 1900), p. 8 que: “se puede sospechar que Mirabeau tenía la intención de utilizar el manuscrito de Cantillon y, después de retocarlo, publicarlo con su propio nombre”.
  • 81. “Great Britain's True System” (Londres, 1757).
  • 82. An Essay upon Money and Coins (anónimo), en dos partes, (Londres, 17857/58).
  • 83. En Francia también hubo al menos un plagiario en acción muy poco después de la aparición del Essai. Accarias de Serionne, en su Les Intérêts des Nations de l'Europe dévélopés relativement au Commerce (Leyden, 1766), 2ª ed. (París, 1767) transcribía varios pasajes del Essai en su segundo tomo (segunda edición) como sigue: En una nota a pie de página en la p. 127 un relato literal de las condiciones de vida en China, pp. 50 y ss. del Essai; en pp. 135 y ss., la exposición de las distints relaciones entre oro y plata en diversos países (p. 364-366 del Essai) y en p. 148 la explicación del punto de vista de Newton en el momento de la reforma de la moneda inglesa, sin olvidar la fecha errónea de 1728, p. 377 del Essai.
  • 84. Ver la nota editorial en Economic Journal (1896), vol. 6: 165.
  • 85. The Universal Dictionary of Trade and Commerce, traducido del francés del famoso Monsieur Savary … con grandes añadidos y mejoras incorporadas a través de toda la obra que se ajustas más concretamente por igual a Trade and Navigations of the Kingdoms … por Malachy Postlethwayt (Londres, 1755), vol. 1, 1751, vol. 2, 1755. Ver especialmente el artículo “Balance of Trade, Banks, Barter, Cash, Circulation, Coin, Exchange and Interest” en el tomo 1 y los artículos sobre trabajo y dinero en el tomo 2. El artículo sobre trabajo reproduce literalmente casi todos los contenidos del capítulo 2 y los capítulos 7-11 de la primera parte del essai.
  • 86. Una disertación sobre el “plan, uso e importancia” del Universal Dictionary of Trade and Commerce, traducido del francés … Addressed to the Nobility, Gentry, Merchants and of Great Britain (Londres, 1749).
  • 87. En el ejemplo en el que las porciones relativas de trabajo y material en el valor de un muelle de relojero, que en el texto francés se dan evidentemente de manera incorrecta como “un a on” (p. 35) vienen dadas correctamente en la fuente anterior como “uno a un millón”. El hecho de que Postlethwayt, en su obra anteriormente mencionada “Great Britain's True Systems” (Londres, 1757), p. 154 dé la proporción exacta de 1:1.538.460 impulsaba a Canaan (84) a preguntar si Postlethwayt no poseía realmente el apéndice perdido, una pregunta que no se puede responder.
  • 88. Economic Journal vol. 1, pp. 270-275.
  • 89. H. Higgs Economic Journal, vol. 1: 284 basa esta historia en una referencia a un personaje que se encontraba junto a los registros de la demanda de Carol contra Cantillon (Bibliotheque Nationale, Fm. 2740, 2838), a la que nos referiremos enseguida. Los detalles que siguen se toman de Higgs.
  • 90. Letters Historiques, Politiques, Philosophiques et Particulières de Henri Saint John Bolingbroke depuis 1710 jusqu'à 1736, editado por Grimoard, (París, 1808), vol. 2m:452 y 455, Letters to Abbe Alari (2 y 3 de febrero de 17-18).
  • 91. Todo esto se basa en parte en Higgs y en parte en los artículos sobre Bulkeley y Clare en el “Dictionaire généalogique, chronologique et histoirique... par M.D.L.C.D.B”. (Francois Alexandre Aubert de la Chesnay-Des-Bois) (París, 1757), vol. 1. Según esta última fuente, Daniel Mahoni era “comte titulaire de Castilie, par dou du feu roi Philippe V. lieutenant-general des ses armées.”.
  • 92. Si lo que dice el referido “Dictionaire généalogique” es verdad, Higgs supone que el Francois Bulkeley, con el que se casaría la viuda de Cantillon, era su primo materno. Teniendo en cuenta lo que se dirá en el texto con respecto a Bulkeley, merece la pena esclarecer qué datos pude conseguir acerca de su vida:
    Nacido en Londres el 11 de septiembre de 1686, hijo de Henry Bulkeley, que fue administrador de tierras (Haushofmeister) para Carlos II y Jacobo II, y hermano del segundo vizconde Bulkeley. Vino a Francia en 1700, prestó servicios bajo el mariscal Berwick hasta llegar al rango de teniente general, tomó parte en la fracasada expedición del “viejo pretendiente” a Escocia en 1715/16, con ocasión de la cual, junto al hijo de Berwick, iba a recaudar una gran cantidad de dinero para el “viejo pretendiente”. Murió el 14 de enero de 1756, permitiendo se entregara su regimiento irlandés de infantería a su hijo. Basado en Memoirs du Maréchal de Berwick, (escritas por él mismo) vol. 2 (en Suiza, 1778), pp. 169, 172 y Lettres historiques, politiques, philosophiques et particulieres du Henri Saint-John, Lord Viscomte Bolingbroke, depuis 1710 jusqu'en 1736, editado por Grimoard, vol. 3 (París, 1808), p. 132n.
  • 93. Ver Correspondance de Montesquieu publiee par Francois Gebalin et André Morize (París, 1914), dos tomos. La primera carta de Bulkeley a Montesquieu está datada el 10 de septiembre de 1723, la última el 20 de septiembre de 1751. Se menciona por primera vez a madame Bulkeley por parte de Montesquieu en una carta escrita en mayo o junio de 1740 y por última vez el 22 de junio de 1749, cuando, en una carta a Bulkeley, escribía que acababa de hablar con Mme. Bulkeley. Sin embargo, ya el 18 de junio de 1736, Montesquieu escribía a Bulkeley: “Faites ma cour a Mme. de Cantillon”.
  • 94. Ver el artículo en Economic Journal (1891), pp. 277 y ss.
  • 95. Ver Higgs, Economic Journal (1891), pp. 276, 284.
  • 96. De los dos tomos en folio en la bibliothèque nationale, Paris, fm 2740 and 2838, impreso en Andre Knapen (París, 1730). Ver Higgs, Economic Journal (1891), p. 284, y Quarterly Journal of Economics, vol, 6: 438 (1892), p. 438.
  • 97. Huart (loc. cit. artículo del 26 de julio) también consideraba o considera que la influencia de Cantillon sobre Hume fue muy grande. Por otro lado, A. E. Monroe (loc. cit., p. 228) es de la opinión de que no hay base para suponer que Hume conociera el manuscrito de Cantillon, aunque se sabe que pasó por muchas manos.
  • 98. Ver también L. Cossa, An Introduction to the Study of Political Economy (Londres, 1893), p. 255, que dice que “Los Discursos políticos de Hume (…) no soportan la comparación en términos de coherencia o unidad con la exposición más concisa, sistemática y completa de Cantillon”.
  • 99. J. Hill Burton, Life and Correspondence of David Hume (Edimburgo 1846). p. 367. Este solo contiene extractos de los escritos económicos de Hume. Mr. J. Y. T. Greig, quien, como albacea literario, está preparando una edición completa para imprimir, tuvo la extraordinaria amabilidad de enviarme el texto completo de Hume y encuentro que no contiene más indicaciones de una influencia directa de Cantillon sobre Hume.
  • 100. Como otro ejemplo de influencia de Cantillon en los escritores ingleses, Huart menciona a W. Paley, Principles of Moral and Political Philosophy (1785), VI/II.
  • 101. Ver W. Hasbach, German Garnier als erster Aufsteller der Abstinenztheorie, Jahrbuch für Gesetzgebung usw (1905).
  • 102. Ver E. Allix, “L'oeuvre économique de Germain Garnier traducteur d'Adam Smith et Disciple de Cantillon”. Revue d'histoire des doctrines économiques et sociales, V (París, 1912).
  • 103. Como en la referencia precedente, p. 333.
  • 104. Delle leggi politiche a economiche “Scienza della legislazione II” (1780), reimpreso en Scrittori Classici Italiani, di Economia Politica, editado por Custodi, Parte Moderna, vol. 32. Ver cap. 4.
  • 105. J. F. v. Pfeifer, Natürliche, aus dem Endzweck der Gesellschaft entstehende allgemeine Polizeiwissenschaft, Part II (Frankfurt, 1779), p. 62.
  • 106. G. A. Will, Versuch uber die Physiokratie, deren Geschichte, Literatur, Inhalt und Werth (Nurnberg, 1782), p. 4.

Cite This Article

Hayek, Friedrich A. "Richard Cantillon." Journal of Libertarian Studies 7, No. 2 (1985): 217–247.

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