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Mesa redonda sobre inmigración: Walter Block

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09/04/2018Jeff Deist

[Nota del editor: Nuestra mesa redonda es una serie de artículos que presentan las opiniones de eminentes pensadores austriacos y libertarios. Necesariamente, cada artículo proporciona solo una visión general básica de esas opiniones, con enlaces a las fuentes originales]

Nuestro objetivo es presentar las opiniones de cada pensador sobre inmigración, extractando sus escritos sobre el asunto.

Anteriores artículos de esta serie trataron las opiniones de Ludwig von Mises y Murray N. Rothbard. Este artículo explica las opiniones de Walter Block.

El profesor Block ha escrito varios artículos académicos y populares importantes sobre el tema de la inmigración, desde la década de 1980 hasta la de 2010. El Dr. Block probablemente sea el defensor más famoso de las “fronteras abiertas” puras entre los miembros sénior del Instituto Mises y aunque sus argumentos principales son fuertemente deontológicos no le cuesta responden a preguntas pragmáticas planteadas por sus críticos. Y al contrario que Mises y Rothbard en lo esencial, Block desde el principio extiende la doctrina del movimiento del laissez faire de trabajadores y bienes del contexto económico a la filosofía normativa libertaria.

Su artículo de 1998 en el Journal of Libertarian Studies titulado “Una defensa libertaria de la libre inmigración” empieza con la brusquedad característica de Block:

Sostengo que emigración, migración e inmigración caen todas bajo la rúbrica de los “delitos sin víctima”. Es decir, ninguna de las tres viola de por sí el axioma de la no agresión. Por tanto, al menos para el libertario, no deberían imponerse restricciones ni prohibiciones al desarrollo de estas actividades esencialmente pacíficas.

La inmigración a través de fronteras nacionales debería analizarse de una forma idéntica a la emigración que tiene lugar dentro de un país. Si no es invasivo para Jones cambiar su sede de un lugar en Misesania a otro en ese país, tampoco puede ser invasivo que de mude de Rothbardania a Misesania. Alternativamente, si la emigración a través de fronteras nacionales es de alguna manera ilegítima, eso también debería aplicarse a la variedad interior. Mientras el inmigrante se mude a un sitio de propiedad privada cuyo dueño esté dispuesto a acogerle (tal vez por una tarifa), no puede haber nada inapropiado en esa transacción. Esto, junto con todas las demás acciones capitalistas entre adultos que consienten, debe considerarse válido en el mundo libertario. Advirtamos que no hay libertad de movimiento de la persona por sí mismo. Está siempre sometido a la voluntad de los dueños de la propiedad en la nación que acoja el inmigrante en su territorio.

Block continúa esta aproximación al exponer el que tal vez sea su argumento más conocido para la libre inmigración: la ocupación de territorio previamente sin dueño:

La defensa es igualmente clara para permitir a los inmigrantes establecerse en un territorio sin dueño. Cuando hay un territorio virgen, no hay razón legítima para que se impida a los inmigrantes (o los ciudadanos nacionales) hacer que produzca frutos. Rothbard dice: “Todos deberían tener derecho a apropiarse como suyo territorio previamente sin dueño u otros recursos”. “Todos” presumiblemente incluye a inmigrantes, así como ciudadanos o residentes del país.

Y aquí Block trata el argumento “paleo” con respecto a la propiedad inmobiliaria pública o común, propiedad ostensiblemente poseída y definitivamente controlada por el gobierno:

Tomemos el caso del vagabundo en la biblioteca. ¿Qué habría que hacer con él, si es que hay que hacer algo? Si es una biblioteca privada, el libertario riguroso o puro estará completamente de acuerdo con su primo paleo: ¡echar al vagabundo! Más en concreto, la ley debería permitir al dueño de la biblioteca expulsar por la fuerza a esa persona, si hay que hacerlo, siguiendo su propio criterio. Hay que darse cuenta del hecho de que si el propietario permitiera a esta persona maloliente ocupar sus instalaciones, pronto caería en bancarrota, ya que los clientes normales que pagan evitarían este establecimiento como la peste.

Pero ¿qué pasa si es una biblioteca pública? Aquí los paleos y sus colegas libertarios se dividen. Los últimos argumentarían que las librerías públicas son de por sí ilegítimas. Como tales, equivalen a un bien sin dueño. Cualquier ocupante tiene tanto derecho a ellas como cualquier otro. Si estuviéramos en un estado revolucionario de guerra, el primer ocupante podría tomar su control. Pero si no es así, como en la actualidad, entonces, dadas las consideraciones de la “guerra justa”, cualquier interferencia razonable con la propiedad pública sería ilegítima. Los paleos o libertarios de la postergación adoptan un punto de vista completamente distinto: estas bibliotecas deberían tratarse de la manera más similar posible a cómo se usarían en una sociedad completamente libre. Como en ese día feliz el escenario abrumadoramente más probable es que serían propiedad de alguien que consiga maximizar los beneficios, que tendría una política de “no vagabundos”, así es como debería exactamente tratarse ahora mismo la biblioteca pública. Es decir, lo que deberíamos hacer al vagabundo en la biblioteca pública hoy es exactamente lo que le haría el dueño privado: echarle.

Block alude a argumentos presentados por el profesor Hans-Hermann Hoppe y otros de que la propiedad adecuada (y por tanto las decisiones acerca de su acceso) de la propiedad financiada por los contribuyentes reside en dichos contribuyentes, que presumiblemente tratarían “su” propiedad como cualquier propietario privado. Pero no está de acuerdo en que las imperfectas condiciones actuales, es decir, la propiedad pública de terrenos y edificios, otorgue a las restricciones a la inmigración más que condiciones imperfectas con respecto a lo que conceden las políticas sociales o las escuelas públicas a las aproximaciones no libertarias:

Esta postura plantea problemas. Primero, como ya hemos visto, es extremadamente probable que en la sociedad completamente libre prácticamente todos los inmigrantes entren por un terrateniente en el país anfitrión. Por tanto, si los paleos quieren seguir siendo coherentes con su propia postura deberían rechazar todas las barreras legisladas a la inmigración. En segundo lugar, e incluso aparte de esta consideración, la perspectiva libertaria de la postergación es vulnerable a una reducción al absurdo. Si no debemos permitir inmigración sin restricciones hasta que lleguemos a la sociedad libre, sino que debemos recortar la inmigración en un intento de acercarnos a lo que tendría lugar bajo una sociedad libertaria completa, apliquemos esta idea a otros ámbitos polémicos.

La escuela pública es un desastre. Indudablemente, en esta revista no hay necesidad de justificar esa afirmación. Siendo así, la postura libertaria está clara: librarse de la educación pública, inmediatamente, aunque no hayamos alcanzado una libertad completa en otros sectores de la sociedad.

La política social de EEUU es un desastre. La postura libertaria está de nuevo clara como el cristal: eliminar inmediatamente el estado del bienestar, sin que importe el estado del resto de la economía. Pero los libertarios paleo o de la postergación ven nuevo imposible adoptar una solución tan clara, justa y sencilla.

El Dr. Block es igualmente firme en la cuestión de inmigrantes votando por más gobierno o más estado del bienestar, insistiendo en que el problema principal del voto debería ser el enfoque:

El problema principal se refiere aquí al voto indiscriminado, no a inmigrantes que puedan votar “incorrectamente”. El problema, incluso aparte de la nueva gente que entra en nuestro país, es que quienes ya son ciudadanos tienen ahora “derecho” a votar, no sobre si sí o no, sino sobre cuánta de la propiedad de otras personas puede robarse legalmente a través de las urnas. Esta es la amenaza real a la libertad. En una sociedad libre, todos los inmigrantes en el mundo pensando incorrectamente serían impotentes para acabar con (lo que queda de) nuestras instituciones libres, pues no habría posibilidad de votar expropiar la propiedad de otras personas.

Block concluye su trabajo con una floritura retórica acerca de las políticas antiinmigración de izquierda y derecha, pero fijaos en la advertencia de Block con respecto a la propiedad y patrocinio de los emigrantes:

¿Son los libertarios moderados o extremistas sobre los asuntos de la emigración, migración e inmigración? La postura libertaria sobre la emigración no constituye un acuerdo en lo que es indudablemente una proposición de todo o nada: o la inmigración es totalmente ilegítima, en cuyo caso no debería haber interferencia alguna con ella, o es una violación del axioma de la no agresión, en cuyo caso debería prohibirse completamente. He argumentado en este trabajo que la primera postura es la única correcta. Pero el libertarismo constituye una postura de acuerdo sobre este asunto en dos otros sentidos. Primero, la inmigración se permite si y solo si hay dueños de propiedades dispuestos a patrocinar (presumiblemente por un pago, pero no necesariamente) a los recién llegados y no en caso contrario. Segundo, hay gente tanto en la derecha como en la izquierda que se oponen a las fronteras completamente abierta a un acuerdo pacífico (Chavez, Buckley) y los libertarios se encuentran seguros en el otro lado de esta alianza infame.

Saltamos a 2011 y el Dr. Block continúa defendiendo el “libre movimiento de bienes y capital” en otro artículo seminal en el Journal of Libertarian Studies titulado “Hoppe, Kinsella, and Rothbard II on Immigration: A Critique”. Aquí trata de rebatir ciertos argumentos realizados por los antes mencionados Dr. Hoppe, el teórico legal libertario Stephan Kinsella y el último Dr. Rothbard, en particular el argumento de que el movimiento libre de bienes y capital requiere un análisis distinto del libre movimiento de personas. En algunos casos responde a refutaciones planteadas por Hoppe y Kinsella con respecto a su artículo de JLS citado antes por extenso. “Rothbard II”, usado por el Dr. Block se refiere a escritos posteriores de Rothbard, especialmente al artículo “Naciones por consentimiento”.

Block empieza cuestionando la afirmación de Rothbard de que una completa privatización de la propiedad inmobiliaria resolvería totalmente la cuestión de la inmigración:

Es tentador pensar que la propiedad privada de todas las calles (además que cualquier otro centímetro cuadrado del territorio) resolvería el problema de inmigración, al menos entre los libertarios. Sin embargo, esto no es así. Peor aún, está además la cuestión de si, dadas las circunstancias presentes con respecto a la propiedad de la tierra, el gobierno está justificado o no para interferir con el libre movimiento de las personas. Es decir, no puede negarse que en la actualidad sencillamente no existe ese saludable estado de cosas (la propiedad privada completa de todo). Por ejemplo, hay enormes propiedades de terrenos por parte del gobierno (calles, parques, bosques, etc.) y, además, hay muchos otros espacios que apenas han sido pisados por pies humanos (principalmente en Alaska, Nevada y otros estados occidentales).

También rechaza la preocupación de Rothbard, tras el colapso de la Unión Soviética, de que lenguajes y culturas artificiales puedan imponerse mediante inmigración masiva y repentina:

Sencillamente no hay nada incompatible entre el libertarismo y la destrucción de “culturas y lenguajes”, siempre que esto último se lleve a cabo son iniciar violencia. Y esto no vale solo para Letonia y Estonia, sino también para EEUU.

Lo que pasa es que no existe el “país propio” de cada uno. Es una noción incompatible con el libertarismo. ¿Qué pasa con la doctrina de permitir la libre competencia en todo? Indudablemente, debería aplicarse a lenguajes y culturas.

Luego continúa citando el argumento de Hoppe de que los contribuyentes que llevan mucho tiempo sufriendo en un país, no los inmigrantes recién llegados tienen un derecho más grande y justo a controlar la propiedad pública o las áreas comunes “sin dueño”:

Dadas las innegables credenciales de Block como importante teórico contemporáneo del libertarismo, merece la pena explicar dónde falla su argumentación y por qué el libertarismo no obliga a una política de puertas abiertas. La postura a favor de la inmigración de Block se basa en una analogía. “Tomemos el caso del vagabundo en la biblioteca”, dice.

¿Qué podemos hacer con él, si hay que hacer algo? Se es una biblioteca privada, (…) la ley debería permitir al dueño de la biblioteca echar por la fuerza a una persona así, si es necesario, a su discreción. (…) Pero ¿qué pasa si es una biblioteca pública? (…) Como tales [bibliotecas], equivalen a un bien sin dueño. Cualquier ocupante tiene tanto derecho a ellas como cualquier otro. Si estamos en un estado revolucionario de guerra, entonces puede tomar su control cualquier ocupante. Pero si no es así, como en la actualidad, entonces, dadas las consideraciones de la “guerra justa”, cualquier interferencia razonable con la propiedad pública sería ilegítima. (…) Se puede “hacer apestar” la biblioteca con el olor de los cuerpos sin lavar o dejar basura en ella o “liberar” algunos libros, pero no se pueden colocar minas en las instalaciones para hacer estallar a usuarios inocentes de la biblioteca.

El error fundamental en este argumento, según el cual todos, tanto los inmigrantes extranjeros como los vagabundos nacionales tienen igual derecho a la propiedad pública nacional es la afirmación de Block de que la propiedad privada “equivale a un bien sin dueño”. De hecho, existe una diferencia esencial entre bienes sin dueño y propiedad pública. Esta última en la práctica la poseen los miembros contribuyentes del público nacional. Han financiado esta propiedad, por lo que, de acuerdo con la cantidad de impuestos pagados por los miembros individuales, deben considerarse como dueños legítimos. Ni el vagabundo, que presumiblemente no ha pagado impuestos, ni ningún extranjero, que casi con seguridad no ha pagado ningún impuesto nacional, puede por tanto suponerse que tengan ningún derecho con respecto a la propiedad pública.

Block responde con una referencia a Rothbard y una expansión del ejemplo de la biblioteca pública “sin dueño” hasta la idea de ocupar grandes franjas de terreno abierto:

Primero, la postura que adopto no es realmente tan notable. De hecho, fue prácticamente la postura de Murray durante muchos años.

Segundo, aunque Hoppe tiene indudablemente razón al mencionar que me baso en la analogía del vagabundo de la librería, esto en modo alguno anula mis argumentos. Dejadme que menciones brevemente unos pocos antes de volver a la analogía, ya que ninguno de ellos ha sido tratado hasta ahora por Hoppe. Por ejemplo, ¿qué pasa con los enormes espacios abiertos en las Montañas Rocosas y Alaska que nadie ha colonizado? ¿Qué aspecto del libertarismo puede violar in inmigrante si llega de alguna forma a este territorio e inicia una agricultura y ganadería de subsistencia? ¿O comerciando con otros inmigrantes, entre ellos? ¿O comerciando con el resto de nosotros, bajo supuestos completamente voluntarios?

¿Qué derecho tendrían los habitantes preexistentes, por ejemplo, Robinson Crusoe, a prohibir la llegada de gente en un escenario así? Block responde:

La analogía es bastante inatacable. Crusoe y los americanos existentes, estaban antes allí. Viernes y el supuesto inmigrante a quien Hoppe quiere prohibir entrar a este país, están tratando de llegar después. Si Crusoe (los ocupantes actuales) prohíbe a Viernes (futuros inmigrantes, a los que no se les permite ocupar regiones desiertas y montañosas no usadas de EEUU), entonces estamos en el análisis de Rothbard, afirmando que hace falta más que la ocupación para justificarle. Crusoe es el agresor legítimo contra Viernes. No es menos cierto para los ocupantes actuales de EEUU: al adoptar el análisis de Hoppe, impiden a gente completamente inocente llevar a cabo su actividad legal de ocupar territorio vacío.

Pero Hoppe podría responder que la única razón por la que estas áreas montañosas y desiertas no están ocupadas actualmente es debido al hecho de que el gobierno de EEUU prohíbe hacerlo a sus ciudadanos u ocupa ilegítimamente estas tierras él mismo a través de sus instituciones como el Bureau of Land Management. Hay dos respuestas a esa defensa. Una, Hoppe debe por tanto reconocer que los inmigrantes valientes, y no los ciudadanos dóciles, tienen la capacidad de ignorar estas instituciones públicas injustas. Dos, la tierra, por suerte, es un factor superfluo de producción, comparada con el trabajo. Así que, en cualquier momento, habrá tierra submarginal, exactamente el territorio que parece tan atractivo para los hipotéticos inmigrantes que estamos considerando ahora. Pero, con la llegada de esta gente, el margen cambia. Tierra que era previamente submarginal, antes de su llegada, se convierte en supramarginal con su llegada. Esto significa que antes de que esta nueva gente entrara en escena, hay una razón adicional a las prescripciones públicas por las que las montañas de Wyoming y a tundra de Alaska no fueron ocupadas ni colonizadas: eran previamente submarginales, aunque ya no lo sean bajo nuestros supuestos.

¿Y qué pasa con los hijos de los habitantes actuales, que entran en escena de forma muy similar a los inmigrantes? ¿Debería preocuparnos su propensión a crecer y consumir ayudas sociales o dedicarse a actividades delictivas?

¿Qué pasa con los inmigrantes del “país” de Cigüeñovia? Es decir, ¿cómo trata la teoría de Hoppe a los recién nacidos? Mi afirmación sobre esto es que cualquier cosa que este autor pueda decir acerca de un inmigrante la puedo decir yo con respecto a un nuevo bebé, con una demora de unos 18 años, tal vez. Si uno cometerá delitos, lo mismo el otro, en una década o algo así. Lo mismo para las ayudas sociales. Y es igual para que se le permita estar en las carreteras de la nación. Si no deberían permitirse lo inmigrantes ilegales en las carreteras, ¿por qué debería ser lícito para un ciudadano de Texas, por ejemplo, entrar en una carretera de Luisiana? Hoppe podría responder que los padres son responsables de sus hijos de una manera que no es aplicable a quienes contratan inmigrantes. Pero no le lleva más allá. ¡Recordad esa demora! Después de 15-18 años, los padres ya no son responsables de las malas acciones de sus hijos. A partir de la analogía, no hay justificación para tratar los empleados de una forma distinta. Hoppe dice que cualquiera, como un empresario que invita a un inmigrante a este país debe obligarse a apoyarle financieramente. Pero esto es erróneo, ya que no estaría justificado imponerle esa obligación a sus padres para sus hijos recién nacidos.

Y Block discrepa en que los contribuyentes, en opinión de Hoppe, los dueños reales de la propiedad pública, deben tener mayor voz en el control de dicha propiedad que los inmigrantes:

Volvamos, por un momento, al inmigrante ilegal que se apropia de una parte del parque de Yellowstone, sobre el que Hoppe y yo estamos de acuerdo en que ha sido robado a los contribuyentes de Estados Unidos. Esta acción, completamente aislada de todos los demás, debe estar necesariamente justificada. Es una condición necesaria para devolverlo a sus verdaderos dueños. Pero Hoppe objetaría. ¿Qué razón da? ¿Que confundo de facto y de iure? ¿Qua como esta tierra en justicia la poseen los contribuyentes que llevan mucho tempo sufriendo, el ilegítimo para cualquier otro, un tercero, incluso tocarla? No tiene sentido.

Supongamos que el inmigrante ilegal que ahora está posado en una parte del parque de Yellowstone, rechaza devolverla a un contribuyente, el dueño real. De igual manera podemos decir de él que realmente debería devolver esta propiedad a su dueño real. Sin embargo, también podemos decir que, de las dos opciones, la del estatus quo en la que el malvado estado retiene esta propiedad y la otra en la que al ladrón se le quitan sus ganancias ilícitas, esta última es indudablemente un mejor segundo escenario. Así que la inmigración ilegal, a pesar de lo que diga Hoppe, está justifica sobre bases libertarias no solo para la propiedad sin dueño, sino también para la robada a los contribuyentes del país.

Mi respuesta es que no quiero en absoluto afirmar que propiedades como carreteras o bibliotecas públicas estén “sin dueño”. Más bien, afirmo que estas posesiones son robadas. Estoy de acuerdo en que ahora las posee el estado; solo digo que esto no tiene justificación. Y, sí, insisto, el mismo análisis libertario puede aplicarse, en este contexto, al territorio virgen y robado. ¿Por qué? Porque, para el libertario, al menos como yo lo considero, territorio robado es de iure territorio virgen, apto para que se lo apropie el primer ocupante (suponiendo que el verdadero propietario original no pueda conocerse o haya aceptado la apropiación estatal o que, arguendo, podamos ignorar a su verdadero dueño).

El Dr. Block también responde a argumentos planteados por Kinsella con respecto a la complejidad de la inmigración libre en una situación en la que el gobierno posee y controla tanto territorio e infraestructuras. Citando a Kinsella:

Volviendo a la inmigración, tomemos el caso del gobierno federal como dueño-cuidador de una extensa red de carreteras y otras instalaciones públicas. Si los federales adoptaran una norma de que solo los ciudadanos y ciertos extranjeros invitados tienen permiso para usar esos recursos, esto restringiría en la práctica radicalmente la inmigración. Incluso si no se prohíbe a los dueños de propiedad privada invitar a quien quieran a sus posesiones, a los invitados les costaría llegar allí o irse sin usar, por ejemplo, las carreteras públicas. Así que limitándose a prohibir a los no ciudadanos usar propiedad privada sería un medio para crear de hecho restricciones a la inmigración. No hace falta prohibir literalmente a los dueños de propiedad privada que tengan inmigrantes ilegales en sus posesiones. Basta con impedir que usen las carreteras o los puertos, que el estado posee.

A partir de esta realidad, ¿qué tipo de normas de acceso y uso deberían apoyar los libertarios? Citando a Kinsella:

Me parece que establecer normas de cómo han de usarse las carreteras públicas no es de por sí antilibertario. Incluso los libertarios que dicen que el estado no tiene derecho a dictar ninguna norma en absoluto con respecto a la propiedad que posee (ni siquiera límites de velocidad, etc.) en realidad defienden la norma siguiente: permitir usarlo a todos o devolverlo al pueblo. Esta es una manera de usar una parte de una propiedad. Pero la mayoría de los libertarios no parecen oponerse por principio a la propia idea de establecer sus normas.

¿Qué normas son por tanto defendibles? Es una respuesta imposible de responder, según Block:

Kinsella está diciendo, si puede parafrasearle, que el gobierno es nuestro cuidador. Como tal, debe por fuerza establecer normas razonables. El estado debería actuar si fuera un propietario privado (tal vez torpe). De esta manera, la gente a la que se robó el dinero para financiar la piscina puede al menos recuperar algunos servicios a cambio. Pero ese es un punto de vista fatalmente conservador. La alternativa radical es que las “normas” de la piscina debería ser tales que eliminen esas empresas del control público. Por ejemplo, a todos, a cualquiera se le debería “permitir” llevarse el agua de la piscina, incluso los ladrillos que la componen.

Y Block va más allá a la hora de oponerse al argumento del “cuidador” o del dueño legítimo:

Me parece decididamente antilibertario defender este tipo de normas “razonables”. Una postura más libertaria será dar la bienvenida a un caos real en todas las propiedades que los estatistas roban a sus víctimas. Lo más probable es que la pura algarabía y pandemonio sobre esos terrenos impediría que los ladrones actuaran de esa manera malvada.

Lo único que puedo decir es que el voto de la mayoría no es la piedra de toque del libertarismo. La mayoría de los estadounidenses también está a favor de leyes de salario mínimo, impuestos, gobierno, acción afirmativa, pero nadie afirmaría que estas políticas son por tanto libertarias. Indudablemente apoyo la idea de Kinsella de que “el 99% de mis conciudadanos contribuyentes (…) preferirían algunas restricciones a la inmigración”. Eso podría mejorar las indemnizaciones, como dice, pero, como he argumentado, la indemnización es una preocupación libertaria mucho menos importante que detener la violencia que lleva a los necesitados a la indemnización en primer lugar.

En definitiva, el Dr. Walter Block es un defensor ruidoso y prolífico de la sociedad sin estado y por tanto no admite argumentos restriccionistas de la inmigración con respecto a propiedad pública, votos o estado del bienestar. Sin embargo, su postura de fronteras abiertas se construye a partir de una base generosa de derechos de propiedad privada, ocupación lockeana y la completa privatización de todo lo que el gobierno haga o tenga.

Leer más sobre sus puntos de vista sobre la inmigración aquí, aquí y aquí.

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