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El déficit comercial: Una perspectiva austriaca

06/26/2018Thorsten Polleit

[Nota del editor: Este artículo se publicó por primera vez el 24 de noviembre de 2005]

El déficit comercial de EEUU se ve a menudo con alarma y ha atraído considerable atención tanto por el público en general como por los políticos.1 Mucha de la incomodidad acerca del déficit comercial puede muy sencillamente atribuirse a la propia palabra “déficit”, que tiene muchas connotaciones negativas subyacentes. Sin embargo, al responder a estas preocupaciones, uno debe tener la perspectiva, basada en las teorías de Ludwig von Mises y Friedrich August von Hayek, de le Escuela Austriaca de economía, de que el déficit comercial de EEUU es un mero reflejo de la ventaja competitiva de la que Estados Unidos ha estado disfrutando en las últimas décadas.

La optar por un sistema de un relativo libre mercado, Estados Unidos parece haber tenido éxito en proporcionar un entorno más propicio para la inversión y el crecimiento que otras regiones monetarias, siendo las más notables Europa y Japón. Esto se evidencia, por ejemplo, en sus mayores ratios de crecimiento y retorno de capital.  En palabras de Mises: “el tremendo progreso de los métodos tecnológicos de producción y el aumento resultante en riqueza y bienestar solo fueron viables a través del seguimiento de esas políticas liberales”.2 Dicho esto, el déficit actual en Estados Unidos bien puede haber sido resultado de su adhesión a un modelo económico más eficiente que muchas otras áreas monetarias.

“La idea de que haya un tercer sistema (entre el socialismo y el capitalismo, como dicen sus defensores), un sistema tan alejado del socialismo como del capitalismo pero que retenga las ventajas y evite los inconvenientes de ambos, es una completa insensatez”.3 “La idea de la interferencia del gobierno como ‘solución’ a problemas económicos lleva, en todos los países, a condiciones que al menos son muy insatisfactorias y a menudo bastante caóticas. Si el gobierno no se detiene a tiempo, traerán socialismo”.4

A partir de lo que Mises llamaba la inviabilidad de la búsqueda de un tercer sistema, Friedrich August von Hayek, en La fatal arrogancia (1988) afirmaba que esos intentos interrumpirían la operación natural de una economía de mercado y de la libertad individual y proporcionarán peores resultados que un orden económico que funcione espontáneamente. En contraste con el bastante fuerte grado de intervención pública en el sistema de mercado practicado en muchos países industrializados occidentales (ya sea mediante impuestos, regulación, redistribución de las rentas generadas por el mercado, etc.), Estados Unidos puede seguir inspirando confianza entre los inversores de que se podrían preservar los principios económicos liberales y, por consiguiente, un sistemático mejor rendimiento económico.

El resultado de esa interpretación sería que Estados Unidos continuará atrayendo fondos del exterior mientras se permita que los recursos escasos internacionalmente se utilicen más eficientemente.5 Mientras la demanda de activos denominados en dólares de EEUU en el exterior exceda la demanda de los residentes de EEUU de activos e del resto del mundo, deberíamos ver a Estados Unidos acumulando excedentes de capital, considerados aquí como simplemente el reverso de los déficits de la balanza comercial: una interpretación que recuerda las obras de Eugen von Böhm-Bawerk (1914), que escribió que la cuenta de capital estaría por encima de la balanza comercial.6 Para dar luz a esa conclusión, debemos ver más de cerca los preceptos económicos que subyacen a nuestra comprensión del déficit comercial de EEUU.

Las transacciones de un país con el resto del mundo dentro de un periodo concreto se registran en su “balanza de pagos”. Las transacciones de bienes se muestran en la balanza comercial. Un país registra un déficit (o superávit) comercial si el valor de sus exportaciones queda por debajo (o excede) el valor de las importaciones del exterior. Sin embargo, la balanza comercial muestra solo “una parte” de las transacciones totales, es decir, las transacciones de bienes de un país. El resto comprende flujos de capital, que están reflejados de la cuenta de capital.

La cuenta de capital proporciona un contraste entre las importaciones y exportaciones de capital de un país. Si, por ejemplo, los extranjeros compran más acciones y bonos en Estados Unidos de lo que compran los ciudadanos de EEUU en el extranjero, el balance de la cuenta de capital registra un superávit. Por ejemplo, Japón y Alemania son exportadores “crónicos” de capital, lo que significa que la cantidad de activos que adquieren en el extranjero excede la demanda extranjera de activos japoneses y alemanes. Como consecuencia, los déficits de cuenta de capital de estos países se corresponden con los superávits comerciales de EEUU.

Es importante que cuando uno tiene una tasa d intercambio de flotación libre un déficit (o superávit) en la balanza comercial estará acompañado, por definición por un superávit (o déficit) en la cuenta de capital y la balanza de pagos siempre estará equilibrada (es decir, la cantidad de bienes y servicios comprados y vendidos equivale a la cantidad de dinero gastado y recibido del exterior.

Para entender mejor por qué un déficit comercial se considerada por lo general como “peligroso”, es útil fijarse brevemente en el periodo en que prevalecía el patrón oro. Bajo ese régimen monetario, las balanzas comerciales de los países tendían a ser cero, con superávits o déficits comerciales temporales compensados con el tiempo. Por ejemplo, pensemos en un país que aculara un superávit comercial durante este periodo. Recibiría entradas de oro de los países importadores. El aumento en la existencia nacional de oro haría a su vez más “laxa” la oferta monetaria interna, estimulando así la producción y el empleo.

El auge en la oferta monetaria interior se traduciría, antes o después, en precios interiores más altos, que harían que los bienes exportados fueran menos competitivos en precios y los importados más atractivos. Como consecuencia, disminuyen las exportaciones de un país y aumentan las importaciones. La balanza comercial “se deteriora”, lo que equivale a decir que el superávit disminuye (e incluso se hace negativo), como hace la existencia de oro local (es decir, de dinero); este último disminuye en la misma cantidad en que lo hace el superávit comercial. Así que, con el tiempo, la balanza comercial de un país tendería a seguir la línea de un proceso de “reversión a cero”.

La Figura 1 muestra esto. Muestra la cuenta corriente de EEUU como fracción de la producción total en una base histórica. De media, la relación fue de menos del 0,5% (cerca de cero), de 1870 a 1973, después de los cual se acabó finalmente con el patrón oro (es decir, el sistema de tipos fijos de cambio). Desde entonces, el déficit comercial ha seguido una tendencia a acrecentarse. En 2004, la relación de déficit constituía el 5,5%, la proporción más alta de 1870 a 2004.

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Fuente: Series históricas de International Historical Statistics, The Americas 1750-1993, 4ª Edición, por B. R. Mitchell; el gráfico se ha tomado de Pakko, M. R., The U.S. Trade Deficit and the “New Economy”, en: Banco de la Reserva Federal de St Louis, Septiembre/Octubre 1999, pp. 13. – Para el periodo de 1998 a 2004: cuenta corriente en porcentaje de PIB.

Bajo el patrón oro, cualquier creación de superávits en la exportación (y el consiguiente “auge” de la economía nacional) se veía como algo que tenía que invertirse, un proceso acompañado de alternativas no deseadas en crecimiento y empleo. Esto explica hasta cierto punto por qué hasta hoy un desequilibrio comercial de un país se considera como algo calamitoso. Sin embargo, estas preocupaciones ya no están justificadas en la era posterior al patrón oro. El “automatismo del oro” para equilibrar el comercio entre países se acabó con la transición al papel moneda al principio de la década de 1970 cuando empezamos a ver la implantación de tipos flexibles de cambio.

Con tipos de cambio de flotación libre y movimientos de capital prácticamente libres, la creación de déficits y superávits comerciales persistentes (a los que normalmente se refiere como “desequilibrios”) se ha convertido en una característica del sistema comercial mundial. El último impulso hacia una economía cada vez más globalizadas parece haber añadido mucho a la dispersión de la inversión y el ahorro internacional y por tanto a la creación de superávits y déficits comerciales entre los países.7

Hoy los balances de cuentas comerciales (por ejemplo, de capital) de los países reflejan la creciente internacionalización de la inversión y el ahorro. Un país con un superávit comercial simplemente ahorra invirtiendo más en activos extranjeros que en los nacionales: vende más servicios en el exterior de los que importa del resto del mundo y utiliza los beneficios para invertir en el exterior (en bonos, acciones e inversión real en áreas como maquinaria). Igualmente, un país que muestre un déficit comercial recibe más dinero del exterior de lo que está horrando en el extranjero.

Se dice a menudo que un déficit comercial creciente llevaría a una depreciación del dólar de EEUU. Sin embargo, los datos muestran una imagen muy diferente. La Figura 2 muestra el valor externo real efectivo del dólar de EEUU y el déficit comercial de EEUU desde mediados de la década de 1970 al primer trimestre de 2005. Demuestra que un déficit comercial en aumento (o disminución), se ha visto, en general, acompañado por una apreciación (o depreciación) del valor real del billete verde respecto del comercio.

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Fuente: Thomson Financials; cálculo propio – Un aumento (o disminución) en el tipo de cambio real efectivo del dólar de EEUU indica una apreciación (o depreciación) del dólar frente las divisas correspondientes en el comercio.

¿Cómo puede interpretarse esa conclusión? Un déficit comercial creciente (o en disminución) implicaría un superávit de cuenta de capital creciente (o en disminución), lo que debería implicar una demanda creciente (o en disminución) para las balanzas de EEUU respecto de las divisas extranjeras. Esto sugeriría a su vez que una balanza comercial creciente debería verse, en general, acompañada por un valor externo apreciable del dólar de EEUU, un resultado que respalda el gráfico anterior. Por supuesto, esto no quiere decir que haya una “causalidad” evidente entre en tipo de cambio y el déficit comercial. Bien podría ser que ambas variables dependieran de otros determinantes.

Sin embargo, desde la segunda mitad del 2002, el crecimiento de la balanza comercial se ha visto acompañado por una depreciación del tipo de cambio del dólar de EEUU respecto del comercio real. ¿Es el último movimiento del tipo de cambio precursor de una futura inversión del déficit comercial de EEUU? No necesariamente. Podría sencillamente atribuirse a la última hinchazón del déficit público de EEUU. Los inversores podrían interpretar el creciente gasto en déficit como un resultado de la creciente aversión social a una confianza continua en las fuerzas puras del mercado y a un creciente deseo de recurrir a una intervención del estado, lo que a su vez genera el riesgo de hacer mella en la confianza del inversor en que se preservará un sistema orientado al mercado.

Lo que nos lleva a la pregunta crucial: ¿Cuánto tiempo puede persistir y persistirá realmente el déficit comercial de EEUU? La noción generalizada de que una reducción de la balanza comercial de EEUU es inevitable se basa en la idea de la teoría tradicional del crecimiento. Esta teoría sugiere que las divergencias entre el crecimiento de las áreas monetarias y sus tasas de retorno de capital podrían resultar ser de naturaleza temporal, ya que tienden a converger antes o después. Si fuera real esa convergencia, entonces de hecho el déficit comercial de EEUU tendría que disminuir en algún punto.

Sin embargo, la nueva teoría del crecimiento sugiere que este mismo proceso de ajuste podría no desarrollarse necesariamente. Esta teoría propone que las instituciones (teniendo en cuenta sus variaciones culturales y tradicionales, así como los sistemas económicos deliberadamente elegidos) podrían impedir al menos una convergencia “completa” de estos factores que se consideran responsables en la determinación de la vía al crecimiento de un país. Según los nuevos teóricos del crecimiento, no es inconcebible que los “desequilibrios” comerciales puedan arraigarse en ciertos países.

Como se sugería antes, el atractivo continuado de invertir en Estados Unidos en relación con otras áreas monetarias podría ser un factor clave en la continuación del déficit comercial de EEUU. Mientras Estados Unidos sea percibido por los inversores como proporcionando al mercado instituciones que llevan a economías de libre mercado y generan crecimiento y tasas de retorno de capital aceptables (comparados con Europa y Japón, por ejemplo), Estados Unidos mantendrá su posición como región favorecida por la inversión. Por consiguiente, Estados Unidos probablemente permanezca en una posición de acumular superávit de cuenta de capital, con el valor externo del billete verde permaneciendo bajo una presión apreciable.

Por supuesto, bajo dicho escenario, cualquier iniciativa para aumentar el crecimiento económico en países con los que se comercie, funcionaría hacia la eliminación de los déficits y superávits comerciales actuales.8 Como el actual déficit de cuenta de EEUU se corresponde directamente con las importaciones de capital, una reducción en el “diferencial de crecimiento” entre Estados Unidos y el resto de los países subdesarrollados presumiblemente rebajará los flujos de entrada de capitales en Estados Unidos, contribuyendo así a una menor balanza comercial de EEUU y, correspondientemente, a menores déficits en cuentas de capital en los países con los que comercia.

En resumen, bajo el prevaleciente régimen de tipos flexibles de cambio, el déficit comercial de EEUU no debería considerarse un preocupante “desequilibrio” económico que tenga que corregirse inevitablemente. Hasta ahora, el déficit comercial de EEUU parece ser un reflejo de la fortaleza de la economía de EEUU frente a sus socios comerciales.9 Y bien podría ser que el déficit comercial de EEUU continúe agrandándose en los próximos años, lo que se produciría si los socios comerciales de Estados Unidos demostraran ser ineficaces a la hora de hacer sus economías más propicias para la inversión y el crecimiento en comparación con el estado actual.

Así que lo esencial para el futuro del déficit comercial de EEUU es si la actual constelación de rendimientos de crecimientos relativos en el sistema comercial mundial cambiará en los próximos años y cómo lo hará. Mientras Estados Unidos mantenga su preferencia por un régimen de libre mercado, bien podría mantener, o incluso aumentar, su ventaja competitiva en asignar recursos escasos más eficientemente áreas comerciales en las que las intervenciones públicas relativamente extendidas se hayan convertido en una característica de la organización social. En el mundo actual de tipos flexibles de cambio, el límite competitivo de Estados Unidos se refleja en un superávit de capital, es decir, un déficit comercial.

  • 1. Ver en este contexto los análisis de Alan M. Taylor, “A Century of Current Account Dynamics”, en: Journal of International Money and Finance, 2002, pp. 725-748; Maurice Obstfeld y Alan M. Taylor, “Globalization and Capital Markets”, NBER Working Paper 8846, Marzo de 2002; también Holman, J. A. (2001), “Is The Large U.S. Current Account Deficit Sustainable?” en: Economic Review, Primer Trimestre, pp. 5-23; también Pakko, M. R. (1999), “The U.S. Trade Deficit and the 'New Economy'”, en: Federal Reserve Bank of St Louis, Septiembre/Octubre, pp. 11-20.
  • 2. Mises, L. von (1996), La acción humana, 4ª edición (1949), p. 8.
  • 3. Mises, L. von (2002, 1979), Economic Policy, 3ª Lección Interventionism (Ludwig von Mises Institute, versión en línea), p. 54.
  • 4. Ibíd., p. 55.
  • 5. Ver Hayek, F. A. (1988), Fatal Conceit: The Errors of Socialism, Ed. W. W. Bartley III., Londres, Routledge.
  • 6. Ver Böhm-Bawerk, E. von (1914), Unsere passive Handelsbilanz, in: Gesammelte Werke von Eugen Böhm-Bawerk (ed. Weiss, F. X.), Viena y Leipzig 1924, pp. 499-515.
  • 7. Ver en este contexto, Alan Greenspan, “Globalization and Innovation”, en la Conferencia sobre Estructura y Competencia Bancaria, patrocinada por el Banco de la Reserva Federal de Chicago, en Chicago, Illinois, el 6 de Mayo 2004.
  • 8. Esa interpretación se aplicó de hecho por parte de Otmar Issing, Economista Jefe del BCE en la 8ª Conferencia Anual de Europa y EEUU: Compañeros y competidores: Nuevas vías para el futuro Foro germano-británico, Londres, 28 de octubre de 2003.
  • 9. “Estados Unidos ha creado por sí mismo una ventaja comparativa en los mercados de capital y no debería sorprendernos que los inversores de todo el mundo vengan a comprar el producto”. William Poole, “A Perspective on the US International Trade”, Louisville Society of Financial Analysts, 19 de noviembre de 2003.
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