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Venus necesita algunos austriacos

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08/30/2010Robert P. Murphy

Durante mi viaje a Haití, estuve discutiendo con mis compañeros voluntarios acerca de la crisis financiera. Las cosas iban bastante bien al estar de acuerdo en que los ricos bancos de inversión no merecían ningún rescate de los contribuyentes. Sin embargo, mis esperanzas se frustraron cuando uno de los chicos más intelectuales declaró que el problema era el capitalismo y que una «economía basada en los recursos» eliminaría la escasez del mundo.

Aparentemente esta idea está progresando: un lector me envió la grandiosa descripción del «Proyecto Venus». Aunque la gente implicada está haciendo de forma admirable lo que pueden para eliminar la injusticia en el mundo, carecen de un conocimiento básico de la economía. En este artículo, me ocuparé de algunos de los mayores defectos de su propuesta.

El proyecto Venus

De acuerdo con la web,

El Proyecto Venus es una organización que propone un plan factible de acción para un cambio social, uno que funcione para llegar a una civilización global pacífica y sustentable. Delinea una alternativa hacia la cual esforzarnos donde los derechos humanos ya no sean declaraciones en papel sino una forma de vida.

El Proyecto trabaja en un Centro de Investigación de 8 hectáreas localizado en Venus, Florida.

La economía basada en recursos

Para este artículo, es mucho más interesante la sección del sitio web sobre una «Economía basada en recursos»:

Una economía basada en recursos es un sistema en el cual los bienes y servicios están al alcance sin el uso de dinero, crédito, trueque, o cualquier otro sistema de deuda o servidumbre. Todos los recursos se vuelven herencia común de todos los habitantes, no sólo de algunos elegidos. La premisa en la cual se basa este sistema es que la Tierra es abundante en recursos; nuestra práctica de racionar recursos a través de métodos monetarios es irrelevante y contraproducente a nuestra supervivencia.

Voy a ser bastante crítico con la economía basada en recursos (EBR) en el resto de este artículo, así que quiero empezar con una nota positiva: no creo que estos pensadores se equivoquen en su visión de cómo podría ser la vida en la tierra. Su sitio web está lleno de bellas imágenes de colonias marítimas y tecnología no contaminante y estoy de acuerdo con ellos en que el mundo podría fácilmente mostrarse así en unas pocas décadas.

Sin embargo, estos idealistas se equivocan en echar la culpa de nuestro disfuncional mundo actual al capitalismo o el dinero per se. Por el contrario, si todos respetaran los derechos de propiedad de los demás (lo que significa que no habría pequeños delitos, pero tampoco impuestos, servicio militar o prohibición de drogas) la humanidad sería fantásticamente rica en términos materiales. (He presentado una muestra de la potencial recompensa en este artículo).

De hecho, en un mundo verdaderamente libre, en el que miles de millones de personas crecieran sin saber lo que es el robo (no digamos las matanzas masivas), la productividad de trabajo y el correspondiente nivel de vida serían tan altos que, bajo nuestros actuales parámetros, la gente creería estar viviendo en una situación de «post-escasez».

Por supuesto, esto no sería cierto técnicamente, mientras las leyes de la física sigan siendo las mismas y mientras la mente humana cree aún más deseos. Pero pensemos en alguien en el mundo real ahora mismo, que pasara de vivir en las calles de Calcuta a ser adoptado por una familia de clase media en Estados Unidos.

Cuando esta persona vaya con su nueva familia a Costco o al Sam’s Club, disfrutará del aire acondicionado que le alivia del calor exterior. Si tiene que ir al baño, puede hacerlo. Puede beber agua en la fuente y luego recorrer las tiendas probando muestras de comida deliciosa. Al final, sus padres adoptivos podrían dejar la tienda sin haber comprado nada. El antiguo mendigo de Calcuta estaría asombrado por todos los bienes y servicios «gratis» de los que ha disfrutado y comprensiblemente concluiría que Estados Unidos es una tierra de abundancia, mientras que India es una tierra de escasez.

Sea City

Así que lo que estoy argumentando es que en un mundo verdaderamente libre en el que todos respetáramos las propiedades de los demás, el aumento en los niveles de vida sería análogo al de nuestro hipotético niño que se traslada de las calles de Calcuta a las zonas residenciales de Maine. En ese mundo fantástico, hacer a alguien una cirugía de corazón «gratis» podría ser tan barato como dar a alguien un chicle en nuestra sociedad actual.

Si realmente un mundo así es tecnológicamente posible, deberíamos recoger carrete a los soñadores socialistas. Su error no reside en su visión, sino en sus planes para alcanzarla.

¿Desmintió la Segunda Guerra Mundial la existencia de la escasez?

La web da una extraña explicación histórica de sus principios:

Una economía basada en recursos utilizaría los recursos existentes de la tierra, el mar, equipamiento físico, plantas industriales, etc. para enriquecer las vidas de la población entera. En una economía basada en recursos y no en dinero, podríamos fácilmente cubrir todas las necesidades de la vida y proveer un nivel alto de vida para todos.

Considera los siguientes ejemplos: Al principio de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos tenía aproximadamente 600 aviones de combate de primera clase. Rápidamente sobrepasamos este corto suministro añadiendo más de 90.000 aviones por año. La pregunta al inicio de la Segunda Guerra Mundial era: ¿Tenemos fondos suficientes para producir los implementos requeridos para la guerra? La respuesta era no, no tenemos dinero suficiente, ni tampoco oro suficiente; pero sí tenemos recursos más que suficientes. Fue la disponibilidad de recursos la que le permitió a Estados Unidos lograr esa alta producción y eficiencia requeridas para ganar la guerra. Lamentablemente, esto sólo es tomado en consideración en tiempos de guerra.

Pensemos en lo que quieren decir los escritores al decir que Estados Unidos al inicio de la Segunda Guerra Mundial no tenía «dinero suficiente» para pagarla. Es presumible que quieran decir que la opinión pública estadounidense nunca habría consentido las imposición explícita (y la solicitud de préstamos del gobierno) que habría sido necesaria para que el Tío Sam convenciera a los propietarios de recursos para que entregaran éstos al gobierno.

Así que, ¿qué hizo el gobierno federal para superar esta «falta de dinero»? Bueno, sencillamente obligó a los ciudadanos estadounidenses a rebajar su consumo, con el fin de liberar recursos escasos y redirigirlos a la producción bélica. En concreto, la Reserva Federal creó dinero de la nada para prestarlo al gobierno.

Figure 1

Al mismo tiempo, el gobierno amenazaba físicamente a quienes se atrevían a aumentar los precios por encima de los límites permisibles. El resultado fue que la porción de la producción total que iba al sector privado cayó drásticamente durante los años de guerra.

Figure 2

Antes de terminar con esta sección, debería apuntar que el gráfico anterior da la impresión equivocada de que la producción total aumentó durante los años de guerra. Pero como apunta Bob Higgs, es un truco estadístico de gastos públicos masivos unidos a controles de precios. Dicho de forma simple, la Fed y el sistema bancario inundaron la economía con dinero nuevo, aumentando el «numerador», mientras que el gobierno prohibía a los comerciantes subir los precios, manteniendo así bajo el «denominador». Por tanto, las cifras de «PIB real» muestran un enorme aumento durante los años de guerra, pero estas cifras no tienen sentido.

Al contrario de lo que se afirma en el sitio web de EBR, la Segunda Guerra Mundial no ejemplifica los poderes productivos de la humanidad. Por el contrario, demuestra cómo pueden hacerse de derrochadores y monstruosos los asuntos humanos cuando se violan sistemáticamente los derechos de propiedad.

Ignorar las lecciones del debate sobre el cálculo

Nuestro escritor ofrece poca explicación acerca de de dónde va a venir esta nueva abundancia, pero sí dice esto:

A medida que vayamos superando la necesidad de profesiones basadas en el sistema monetario, por ejemplo abogados, banqueros, agentes de seguro, personal de marketing y publicidad, vendedores, y corredores de bolsa, una cantidad considerable de desechos será eliminada.

Esta opinión demuestra que, o bien los escritores nunca han oído hablar del debate sobre el cálculo socialista o que no han aprendido sus lecciones.

Ludwig von Mises demostró que los precios monetarios no son arbitrarios: realmente significan algo cuando una empresa sufre una pérdida. En concreto, cuando una empresa pierde dinero significa que los consumidores no están dispuestos a pagar tanto por el producto (o servicio) terminado como ha gastado la empresa adquiriendo entradas. Por lo tanto, hablando en términos generales, una empresa que pierde dinero toma recursos valiosos y los convierte en algo que la sociedad valora menos.

Mises pone el dedo en la llaga del problema fundamental del socialismo. Si el estado posee todos los recursos, no puede haber precios de mercado para tractores, kilovatios-hora, barriles de petróleo y otras cosas necesarias para la producción. Viendo las distintas empresas productivas en funcionamiento en cada momento, los planificadores centrales no tendrán un denominador común para todas las distintas combinaciones de entradas que van a cada una. Los planificadores no sabrán si una fábrica de automóviles concreta «tiene sentido», simplemente porque tendrán un enorme caudal de datos describiendo los distintos recursos que entran en la fábrica y la cantidad de vehículos que salen de ella. Estos hechos en bruto no dicen por sí solos a los planificadores si se están usando eficientemente los recursos consumidos en la fábrica.

Volviendo a la cita anterior, nuestros escritores de EBR no aprecian que su mundo seguiría requiriendo los servicios de banqueros, agentes de seguros y personal de marketing y publicidad. Realizados individualmente o por la «sociedad» a través de un grupo de representantes, la gente seguirá teniendo que decidir qué parte de sus recursos ahorrar y cuánto invertir en las distintas empresas. También necesitarán decidir cómo ocuparse de la posibilidad de que trabajadores clave mueran de un ataque al corazón, poniendo en peligro sus planes de producción. Además, incluso en la utopía de la EBR, seguiría habiendo una constante innovación en productos. Los ciudadanos necesitarán estar informados de las nuevas opciones, para que las decisiones de producción puedan cambiar para reflejar los deseos del público. Así que ya vemos que incluso la EBR requeriría alguna forma de banqueros, anunciantes, etc.

La competencia como procedimiento de descubrimiento

Nuestros escritores ignoran una de las ideas claves de Friedrich Hayek cuando afirman:

Cantidades considerables de energía también serían ahorradas eliminando la duplicación de productos competitivos como herramientas, utensilios para comer, ollas, sartenes y aspiradoras. Elegir es bueno. Pero en lugar de cientos de plantas manufactureras diferentes y todo el trabajo y personal requeridos para generar productos similares, sólo unos pocos, de la más alta calidad serían necesitados para servir la población entera. Nuestra única carencia es la falta de pensamiento e inteligencia creativos tanto en nosotros mismos como en nuestros líderes elegidos para resolver estos problemas.

Aún así, como apuntó Hayek hace décadas, no es un hecho cuáles son los productos de la «más alta calidad», ni cómo crearlos de la forma más económica. Nuestra sociedad disfruta actualmente de herramientas, utensilios para comer, vasos, etc. de muy alta calidad, precisamente porque los empresarios están en constante rivalidad entre sí, ofreciendo mejores productos a precios más bajos.

Conclusión

Nuestro mundo actual es manifiestamente injusto, Además de guerras y genocidios, hay bolsas de chocante pobreza que podrían erradicarse rápidamente con que sólo se implantaran las instituciones sociales correctas.

Esos defensores de la Economía Basada en Recursos retroceden con horror ante nuestro mundo actual y es compresible que lo hagan. Aún así, como es evidente que no han estudiado economía austriaca, han diagnosticado mal el problema.

Abolir el dinero no resolverá los problemas del mundo, porque el dinero es una herramienta indispensable para el cálculo económico. En su lugar, la forma de aumentar el nivel de vida en el mundo es fomentar un respeto universal por los derechos de propiedad.

Author:

Contact Robert P. Murphy

Robert P. Murphy is a Senior Fellow with the Mises Institute. He is the author of many books. His latest is Contra Krugman: Smashing the Errors of America's Most Famous KeynesianHis other works include Chaos Theory, Lessons for the Young Economist, and Choice: Cooperation, Enterprise, and Human Action (Independent Institute, 2015) which is a modern distillation of the essentials of Mises's thought for the layperson. Murphy is cohost, with Tom Woods, of the popular podcast Contra Krugman, which is a weekly refutation of Paul Krugman's New York Times column. He is also host of The Bob Murphy Show.

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