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Una guía sobre empleos y desempleados

Etiquetas Mercados libresIntervencionismo

09/07/2011Walter Block

Con la economía del empleo y el desempleo constantemente discutida en las páginas de economía y las campañas políticas, dediquemos nuestra atención a los fundamentos y a extirpar algunas falacias.

Si los medios de comunicación nos dicen que «la inauguración de la fábrica XYZ ha creado 1.000 nuevos empleos», nos alegramos. Cuando la empresa ABC cierra y se pierden 500 empleos, nos entristece. El político que puede subvencionar a ABC tiene casi asegurado el apoyo masivo del público por su labor para conservar empleos.

Pero los empleos por sí mismos no garantizan el bienestar. Supongamos que el empleo es cavar enorme agujeros y volverlos a rellenar. ¿Qué pasa si los trabajadores fabrican bienes y servicios que nadie quiere comprar? En la Unión Soviética, que alardeaba de dar un empleo a cada trabajador, muchos trabajos es precisamente así de improductivos. La producción es todo y los empleos no son sino un medio para ese fin.

Imaginemos a la familia de los Robinson suizos abandonados en una isla desierta del Mar del Sur. ¿Necesitan empleos? No, necesitan comida, ropa, alojamiento y protección frente a animales salvajes. Todo empleo creado es una deducción del trabajo limitado y precioso disponible. El trabajo debe racionarse, no crearse, de forma que el mercado pueda crear la mayor cantidad posible de productos a partir de la oferta limitada de trabajo, bienes de capital y recursos naturales.

Lo mismo vale para nuestra sociedad. La oferta de mano de obra es limitada. No debemos permitir que el gobierno cree empleos o perderemos los bienes y servicios que de otra manera habrían existido. Debemos reservar el precioso trabajo para las tareas importantes que siguen sin hacerse.

Alternativamente, imaginemos un mundo en el que radios, pizzas, zapatillas deportivas y todo lo demás pueda llover continuamente como el maná del cielo. ¿Querríamos empleos en esa utopía? No, podríamos dedicarnos a otras tareas (estudiar, tumbarse al sol, etc.) que realizaríamos por su propio placer.

En lugar de alabar los empleos por sí mismos, deberíamos preguntarnos por qué el empleo es tan importante. La respuesta es porque existimos en medio de escasez económica y debemos trabajar para vivir y prosperar. Por eso deberíamos alegrarnos sólo cuando sepamos que este empleo producirá cosas que la gente valorará realmente, es decir, estará dispuesta a comprar con su dinero duramente ganado. Y esto es algo que solo puede hacerse en el mercado libre, no por parte de burócratas y políticos.

¿Pero qué pasa con el desempleo? ¿Qué pasa si la gente quiere trabajar y no puede conseguir un empleo? En casi todos los casos, los programas públicos son la causa del desempleo.

El salario mínimo

El salario mínimo ordena que los salarios se establezcan a un nivel determinado por el gobierno. Para explicar por qué esto es dañino, podemos usar una analogía de la biología: hay ciertos animales que son débiles comparados con otros. Por ejemplo, el puercoespín no tiene otras defensas salvo sus púas, el ciervo es vulnerable salvo por su velocidad.

En la ciencia económica también hay personas que son relativamente débiles. Los discapacitados, los jóvenes, minorías, la gente sin formación, todos son actores débiles. Pero igual que los animales débiles en la biología, tienen una ventaja que lo compensa: la capacidad de trabajar por salarios menores. Cuando el gobierno les quita esta capacidad obligando a subir los salarios, es como si el puercoespín perdiera sus púas. El resultado es el desempleo, que crea desesperada soledad, aislamiento y dependencia.

Pensemos en una persona joven, sin formación y sin habilidades, cuya productividad sea de 2,50$ la hora en el mercado. ¿Qué pasa si el parlamento aprueba una ley que obligue a que se le paguen 5$ la hora? El empresario que la contratara perdería 2,50$ por hora.

Pensemos e un hombre y una mujer, ambos con una productividad de 10$ la hora y supongamos que, debido a discriminación o lo que sea, al hombre se le pagan 10$ la hora y a la mujer 8$ la hora. Es como si la mujer tuviera una pequeña señal en la frente diciendo: «Contrátame y gana 2$ más por hora».

Esto hace de ella un empleado deseable, incluso para un jefe sexista. Pero cuando una ley de pagos iguales estipula que debe pagársele lo mismo que al hombre, el empresario puede dar rienda suelta a sus tendencias discriminatorias y no contratarla en absoluto, sin ningún coste para él.

Valor comparable

¿Qué pasa si el gobierno tiene la brillante idea de que tiene que pagarse el mismo salario a enfermeras y conductores de camión porque sus ocupaciones son «intrínsecamente» del mismo valor? Ordena que los salarios de las enfermeras asciendan al mismo nivel, lo que crea desempleo para las mujeres.

Condiciones de trabajo

Las leyes que obligan a los empresarios a proporcionar ciertos tipos de condiciones laborales también crean desempleo. Por ejemplo, los recolectores inmigrantes de frutas y verduras deben disponer de agua corriente caliente y fría y retretes modernos en los alojamientos temporales que se les proporcionan. Esto es equivalente económicamente a las leyes salariales porque, desde el punto de vista del empresario, las condiciones laborales son casi indistinguibles de los salarios monetarios. Y si el gobierno les obliga a pagar más, tendrán que contratar a menos gente.

Sindicatos

Cuando el gobierno obliga a las empresas a contratar solo trabajadores sindicados, discrimina a los trabajadores no sindicados, produciéndoles una grave desventaja o un desempleo permanente. Los sindicatos existen principalmente para eliminar la competencia. Son un cártel protegido por el estado como cualquier otro.

Protección del empleo

Las leyes de protección del empleo, que ordenan que nadie pueda ser despedido sin un proceso debido, se supone que protegen a los empleados. Sin embargo, si el gobierno dice al empresario que debe mantener al empleado en cualquier caso, tenderá a no contratarle desde el principio. Esta ley, que parece ayudar a los trabajadores, por el contrario los aleja del empleo. Y lo mismo hacen los impuestos al empleo y a las nóminas, que aumentan los costes para las empresas y las desaniman a contratar más trabajadores.

Impuestos en la nómina

Impuestos en las nóminas, como la Seguridad Social, imponen fuertes costes monetarios y administrativos a las empresas, aumentando drásticamente el coste marginal de contratar nuevos empleados.

Seguro de desempleo

El seguro público de desempleo y el bienestar público causan desempleo por subvencionar la indolencia. Cuando se subvenciona cierto comportamiento (en este caso, no trabajar), conseguimos más.

Licencias

Las regulaciones y licencias también causan desempleo. La mayoría de la gente sabe que doctores y abogados deben tener licencias. Pero pocos saben que criadores de hurones, halconeros y cultivadores de fresas deben también tenerlas. De hecho, el gobierno regula más de 1.000 profesiones en los 50 estados. Un comedor popular regentado por una mujer de Florida fuera de su casa fue recientemente clausurado como ser un restaurante sin licencia y mucha gente pobre ahora pasa hambre como consecuencia de esto.

Cuando el gobierno aprueba una ley que dice que ciertos empleos no pueden desempeñarse sin licencia, crea una barrera legal de entrada. ¿Por qué debería ser ilegal que alguien intentara dedicarse a cortar el pelo? El mercado proporcionará toda la información que necesiten los consumidores.

Cuando el gobierno confiere estatus legal a una profesión y aprueba una ley contra competidores, crea desempleo. Por ejemplo, ¿quién cabildea a favor de leyes que impiden que cualquiera corte el pelo? El sector de los peluqueros, no para proteger al consumidor frente a malos cortes de pelo, sino para protegerse ante la competencia.

Venta ambulante

Las leyes contra los vendedores ambulantes impiden que la gente venda comida y productos a gente que los quiera. En ciudades como Nueva York o Washington, los defensores más activos de las leyes contra la venta ambulante son los restaurantes y almacenes establecidos.

Trabajo infantil

Hay muchos trabajos que requieren poca formación (como cortar el césped) que son perfectos para jóvenes que quieran ganar algún dinero. Además de las ganancias, trabajar también enseña a los jóvenes qué es un trabajo, cómo manejar el dinero y cómo ahorrar y tal vez incluso invertir. Pero en la mayoría de los sitios el gobierno discrimina a los adolescentes y les impide participar en el sistema de libre empresa. Los niños no pueden siquiera tener un puesto de limonada en una esquina.

La Reserva Federal

Al producir el ciclo económico, la creación de dinero de la Reserva Federal causa desempleo. La inflación no solo aumenta los precios: también asigna incorrectamente el trabajo. Durante la fase de auge del ciclo económico, las empresas contratan a nuevos trabajadores, muchos de los cuales son sacados de otras líneas de trabajo por los mejores salarios. La subvención de la Fed a estos sectores de capital dura solo hasta el declive. Luego los trabajadores son despedidos y desplazados.

El libre mercado

El libre mercado, por supuesto, no significa una utopía. Vivimos en un mundo de distintas inteligencias y habilidades, de preferencias cambiantes del mercado y de información imperfecta, que puede llevar a un desempleo temporal generado por el mercado, al que Mises calificaba como «cataláctica». Y alguna gente elige el desempleo para esperar a un trabajo que se pague mejor.

Pero, como sociedad, podemos asegurar que todo el que quiera trabajar tiene la posibilidad hacerlo aboliendo las leyes de salario mínimo, las normas de valor comparable, las leyes de condiciones de trabajo, la afiliación sindical obligatoria, la protección del desempleo, los impuestos al empleo, los impuestos en las nóminas, el seguro público de desempleo, el bienestar, las regulaciones, las licencias, las leyes contra la venta ambulante, las leyes de trabajo infantil y la creación pública de dinero. La vía al empleo que importa es el libre mercado.

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Walter Block is the Harold E. Wirth Eminent Scholar Endowed Chair in Economics at Loyola University, senior fellow of the Mises Institute, and regular columnist for LewRockwell.com.

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