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07/01/2011Jeff Riggenbach

[Transcrito del episodio del pódcast Libertarian Tradition "Libertarianism and Psychology"]

Lo que tengo hoy para ustedes son unas breves notas sobre un eminente (o quizá debería decir «notable») psicólogo libertario y un eminente psiquiatra libertario, y una observación o dos de cuál es esencialmente la conexión entre libertarismo y psicología.

La primera de las dos figuras, Timothy Francis Leary, nació el 22 de octubre de 1920 en Springfield, Massachusetts, se graduó en el en un tiempo famoso instituto Classical High School, de Springfield y luego empezó una carrera universitaria de cinco años en la Universidad Holy Cross en Worcester, la Academia Militar de EEUU en West Point, Nueva York, y la Universidad de Alabama, donde se graduó en psicología en 1943. Luego se fue al oeste, consiguiendo una maestría en la Universidad Estatal de Washington en Pullman, en 1946 y un doctorado en la Universidad de California en Berkeley, en 1950.

El tema de la tesis de Leary era: «Las dimensiones sociales de la personalidad: estructura y proceso de grupo». Merece la pena decir en este momento que, por supuesto, las dimensiones sociales de la personalidad se dividen en dos direcciones distintas simultáneamente. Por un lado, cómo uno interactúa con otros es en parte producto de los rasgos individuales de personalidad; por otro lado, los rasgos individuales de personalidad pueden estar influidos por las interacciones de uno con otros. Es un tema sobre el que volverá un poco más adelante.

Leary estuvo la década de los 50 en el área de la Bahía de San Francisco, primero como profesor asistente en la Universidad de California, luego como director de investigación psicológica para la Fundación Kaiser en Oakland. Al final de la década, volvió a Massachusetts y aceptó un puesto como profesor en psicología clínica en Harvard. Mientras estaba en Cambridge, empezó a evolucionar y a formular una nueva teoría de la interacción social y el comportamiento personal como una serie de juegos estilizados. Bajo el nombre de «análisis transaccional», esta teoría se popularizó unos pocos años después por parte de los psiquiatras Eric Berne y Thomas Harris en sus libros superventas Juegos en que participamos y Yo estoy bien, tú estás bien.

Luego, en un viaje de vacaciones a México en 1960, poco antes de cumplir 40 años, Leary comió unos hongos que había conseguido de un brujo local y tuvo su primera experiencia con una droga llamada psilocibina. Nunca fue el mismo. Dedicó la mayoría del resto de su vida a hacer proselitismo de las drogas psicodélicas, particularmente el LSD, que creía que era una de las fórmulas químicas más beneficiosas nunca ideadas por seres humanos. Inevitablemente, esto le puso en contra del Estado americano prohibicionista moderno y paso varios años entre rejas. «Pasé cuatro años en 29 cárceles y prisiones en cuatro continentes», me dijo Leary cuando lo entrevisté en 1976 para la revista Reason, «todo esto por estar en un coche en el que otro tenía, sin mi conocimiento, menos de media onza de marihuana».

No es sorprendente que esas experiencias hicieran despegar lo que podrían llamarse pensamientos libertarios en la mente de Leary. «Después de muchos años de observación de la situación política», me dijo Leary,

Y cuatro años en prisión, donde ves realmente cómo va la política de un país, porque una prisión es el mejor lugar para entender el clima social general, llego a la conclusión de que son todo bandas las que controlan países, Estados, bloques y demás. Todo es como la Mafia. La mejor banda en el mundo, el grupo de gánsteres más poderoso y más ilustrado del mundo que controla territorios es el gobierno de EEUU. Te dan más libertad, más latitud y longitud y me place y estoy orgulloso de decir que voy a negociar con ellos. Eso no significa que esté de acuerdo con ellos. No significa que siga todos los pormenores de la política. Pero básicamente es su elemento. Me gusta estar en su elemento y los respetaré tanto como reclama cualquier líder mafioso.

En el verano de 1976, me dijo Leary, «Soy bastante libertario».

Cuando se publicó esta entrevista en Reason en abril de 1977, creó cierta controversia dentro del movimiento libertario e hizo que se invitara a Leary a realizar el discurso de apertura en la convención nacional del Partido Libertario de 1977, que se produjo en San Francisco en el fin de semana del Día del Trabajo de ese año. Se me pidió que presentara a Leary a la multitud reunida, cosa que hice. Leary destacó de nuevo su compromiso personal con las ideas libertarias.

Parece haber seguido sintiendo lo mismo una década después. Pues en 1988 realizó un acto de recaudación de fondos en Los Ángeles para el candidato presidencial del PL, Ron Paul. Y en 1993, unos pocos años antes de su muerte, cuando escribió un prólogo a una nueva edición de su libro The Politics of Ecstasy, listaba al «libertarismo» como un nombre sugerido para lo que llamaba la «nueva sociedad post-política» que creía que «creó, y continúa creando, la revolución de los sesenta» en este país. En la edición original del libro no había aparecido la palabra «libertario» —pero entonces, se utilizaba infrecuentemente en la América de 1968.

Un año después de la Convención Nacional del PL en San Francisco donde había presentado a Timothy Leary, llegó la Convención Nacional del PL en Boston, también realizada en fin de semana del Día del Trabajo. Allí conocí a un eminente psiquiatra libertario, Thomas Szasz, cuyas obras acababa de empezar a leer. Creo que había leído El mito de la enfermedad mentalCeremonial ChemistryThe Second SinHeresies, Schizophrenia, Psychiatric Slavery y The Theology of Medicine a finales del verano de 1978, junto con dos docenas de artículos en revistas que no se habían recopilado aún en libros. También había leído una entrevista a Szasz que había aparecido en la revista Reason.

Conocí a Szasz en una mesa de almuerzo en un restaurante no lejos del Copley Plaza Hotel de Boston. También sentados en torno a esa mesa aquel mediodía estaban Roy ChildsJoan Kennedy Taylor y Robert Nozick, a quien también iba a conocer. Ya no recuerdo si fue ese día en Boston o en otra comida en un restaurante unos pocos meses después en San Francisco, de nuevo con Childs y Taylor en la mesa, cuando Szasz me contó los tres libros que lo habían impresionado enormemente cuando era joven e influyeron todo el posterior devenir de su desarrollo intelectual. Los tres libros eran Acción humana, de Ludwig von Mises, Nueva clave de la filosofía, de Susanne K. Langer y Espíritu, persona y sociedad, de George Herbert Mead que enseñó filosofía, sociología y psicología teórica en la Universidad de Chicago durante más de 35 años y ahora es considerado generalmente como uno de los padres fundadores de la psicología social.

Nueva clave de la filosofía, de Langer, no sorprenderá a nadie que recuerde la observación de Szasz de que «la enfermedad del cuerpo es a la enfermedad mental lo que el significado literal es al significado metafórico». Y Acción humana no sorprenderá a nadie que haya advertido la forme insistencia de Szasz a lo largo de los años sobre el tipo de sociedad en la que cada individuo resulta completamente responsable de sus acciones. La naturaleza de la influencia de Mead es menos inmediatamente evidente, tal vez especialmente si se recuerda esta formulación clásica del compromiso radical de Szasz con el individualismo metodológico: «No hay psicología», es conocido que escribió. «Solo hay biografía y autobiografía».

La propia biografía de Szasz lo muestra como nacido en Budapest el 15 de abril de 1920, el mismo año que Timothy Leary. Emigró a los Estados Unidos cuando tenía 18 años y fue a la universidad y la escuela de medicina en este país. Después de unos pocos años en Chicago, se unió a la facultad en Centro Médico de la Universidad Estatal del Norte del Estado de Nueva York, en Syracuse (en 1956). Y, esencialmente, nunca la abandonó. Ahora es profesor emérito de psiquiatría en lo que ahora se llama Centro de Ciencias de la Salud de la Universidad Estatal de Nueva York, en Siracusa.

En Día del Impuesto de la Renta celebró su 91º cumpleaños. Ha pasado más de medio siglo desde que se publicó su libro más famoso (¿o debería decir «infame»?) Unos pocos meses después de su primera publicación, en julio de 1961, Szasz recibió una carta desde Cambridge, Massachusetts, que decía:

Querido Dr. Szasz:

Tu libro llegó hace varios días. He dedicado ocho horas a él y me doy cuenta de que la tarea (y el placer) de leerlo acaba de empezar.

El mito de la enfermedad mental es el libro más importante en la historia de la psiquiatría.

Sé que es temerario y prematuro hacer este juicio temprano. Me reservo el derecho posterior a revisarlo y quizá sugerir que es el libro más importante publicado en el siglo XX.

Es grande en tantos aspectos (investigación, conocimiento clínico, sabiduría política, evolución histórica, preocupación humana) y sobre todo por su honradez compasiva y aplastante.

Ya he contactado con varios de mis colegas y pretendo que todos los que conozco lleguen a conocer tu trabajo. Estoy a cargo del primer curso de este Centro y aunque no creo en lecturas «obligatorias», sin duda «sugiero» con entusiasmo que este libro se lea y relea.

Tu texto declara de la forma más elocuente, convincente y sistemática lo que un grupo de entre nosotros estaba tratando de comunicar. En el pasado he publicado extensivamente sobre diagnósticos y he llegado a entender los rituales y reglas de ese juego. En los últimos dos años hemos estado intentando aplicar la concepción de «juego» al cambio de comportamiento («tratamiento» o «rehabilitación»). Hemos desarrollado una filosofía, muchas reglas y un nuevo lenguaje para la educación real, es decir, ayudar a la gente a entender sus juegos, planificar nuevos juegos, explicitar las reglas, rituales, objetivos, papeles de los juegos que escogen.

Me pregunto si hay alguna posibilidad de que nos visites. Estaré en Cambridge hasta el 25 de julio y después del 23 de agosto. Si estás en Nueva Inglaterra este mes, espero que podamos conseguir una visita. También me gustaría invitarte a venir a Harvard como profesor-consultor por un par de días en octubre. Un día de consulta y una lección al departamento. Los gastos de viaje y una tarifa de consultor estarían cubiertos si pudieras organizar este viaje.

Te escribiré de nuevo con más detalle acerca de tu libro, pero entretanto acepta por favor mi admiración y gratitud por lo que has hecho para tu profesión y tu época.

Sinceramente tuyo,

Timothy Leary

Quince años después, Leary pudo informarme de que «He conocido a Thomas Szasz durante muchos años. Por cierto, lo invité a Harvard; fue la primera vez que vino aquí cuando estaba en Siracusa para dar una lección. He sido admirador y defensor de sus ideas durante unos 15 años». Y las relaciones de Szasz con Leary, hasta donde sé, fueron siempre cordiales desde entonces.

Tal vez sea útil en este punto recordar que el primer trabajo teórico de Leary como psicólogo se centró en «las dimensiones sociales de la personalidad» y que esta aproximación a la psicoterapia destacaba el grado en que nuestro comportamiento social se asemeja a jugar a una serie de juegos estilizados. Tengan en cuenta todo esto al considerar el siguiente pasaje de la obra de Thomas Szasz:

No esperamos que todos sean nadadores, golfistas, ajedrecistas o tiradores competentes, no consideramos como «enfermos» a quienes juegan mal. Las actividades que comprenden ser un estudiante, padre, trabajador, etc., son en muchos aspectos, similares a las actividades que comprenden ser un golfista o un ajedrecista. Pero actuamos como si esperáramos que todos jugaran competentemente a los juegos de su propia vida y consideramos a los que juegan mal (a ser marido o mujer, madre o padre) como «enfermos», es decir «enfermos mentales».

Szasz y Leary a menudo eligen temas públicos diferentes de los que hablar. A Szasz le preocupa el encarcelamiento involuntario de «pacientes» no violentos en «hospitales mentales». A Leary le preocupa el potencial de las drogas psicodélicas en la terapia y la educación. Pero ambos hombres se opusieron vigorosamente a la «guerra contra las drogas». Y ambos hicieron contribuciones memorables a la tradición libertaria.

Este artículo está transcrito del episodio del pódcast Libertarian Tradition "Libertarianism and Psychology."

Note: The views expressed on Mises.org are not necessarily those of the Mises Institute.
Author:

Jeff Riggenbach

Jeff Riggenbach was a journalist, author, editor, broadcaster, and educator. A member of the Organization of American Historians and a senior fellow at the Randolph Bourne Institute, he wrote for such newspapers as the New York Times, USA Today, the Los Angeles Times, and the San Francisco Chronicle; such magazines as Reason, Inquiry, and Liberty; and such websites as LewRockwell.com, AntiWar.com, and RationalReview.com. His books include In Praise of Decadence (1998), Why American History Is Not What They Say: An Introduction to Revisionism (2009), and Persuaded by Reason: Joan Kennedy Taylor & the Rebirth of American Individualism (2014). Drawing on vocal skills he honed in classical and all-news radio in Los Angeles, San Francisco, and Houston, Riggenbach also narrated the audiobook versions of numerous libertarian works, many of them available on Mises.org.

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