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Por qué los banqueros centrales no deberían jugar con los precios agregados

Etiquetas Economía globalPatrón OroTeoría MonetariaDinero y Banca

01/15/2014Frank Hollenbeck

En noviembre, el (Banco Central Europeo) sorprendió a los mercados rebajando su tasa de refinanciación al 0,25% para evitar la temida deflación y anunció que pretendía mantener «constante el aumento en los precios en torno al 2%», lo que es evidentemente un objetivo y no un techo. Los datos recientemente controlados de inflación son «preocupante» para muchos economistas y ha aumentado las reclamaciones al BCE para que sea todavía más agresivo. Banqueros centrales y economistas siguen en la idea de que la economía puede dirigirse manipulando precios agregados.

La mayoría de los economistas dirán que un poco de inflación es bueno. Si un empresario comete un error y fabrica algo con un coste superior al precio de venta, un aumento en todos los precios puede hacer que esta mala decisión resulte rentable. Será capaz de vender sus costosos inventarios. En otras palabras, un poco de inflación es bueno para algunos economistas porque permite a los empresarios que tomaron malas decisiones, hoy y probablemente mañana, ser un día más. Sorprende sin embargo ver a economistas de libre mercado apoyar esa lógica. El capitalismo es un sistema de pérdidas y ganancias, en el que los empresarios que sobreviven son los más capaces de atender las necesidades de la sociedad. Las pérdidas son en realidad más importantes que las ganancias, ya que eliminan a quienes no sirven tan bien a los consumidores, permitiendo que se canalicen los recursos a donde más se necesiten. El movimiento de precios relativos entre sí en una economía puede condenar a algunos propietarios de negocios, pero los precios relativos, y no los precios agregados, son una clave para comprender la economía.

Un sencillo ejemplo dejará claro esto. Supongamos que tenemos una economía muy poco complicada con solo dos productos, manzanas y naranjas. Suponemos un plazo muy corto en el que no hay efectos de producción. Empezamos con 10 manzanas y 10 naranjas y 20$. Supongamos que la intersección de oferta y demanda de naranjas determina un precio de 1,20$. Esto establecerá simultáneamente el precio de las manzanas en 0,80$. Solo en esta situación no tendremos exceso de dinero ni de producción.

El precio relativo entre naranjas y manzanas refleja la demanda de la sociedad de ambos bienes, de acuerdo con su abundancia relativa u oferta. Ahora, supongamos que los gustos cambian y la gente quiere ahora más manzanas. El efecto a corto plazo será que el precio de las manzanas subirá y, si la oferta de dinero se mantiene constante, el precio de las naranjas bajará. Supongamos que el nuevo equilibrio es de 1$ para manzanas y naranjas. Es un aumento de precio del 25% en el precio de las manzanas y una caída del 16,7% en el precio de las naranjas. La economía está experimentando una inflación de precios del 8,3%, calculado como media ponderada de los dos bienes. Por supuesto, podríamos haber empezado con distintos precios relativos y creado una situación de deflación de precios con la misma facilidad.

En el mundo real, si aumenta el precio del petróleo, el precio de otros bienes y servicios debe caer si la oferta monetaria se mantiene constante. A corto plazo, otros bienes y servicios pueden venderse con pérdidas. Sus costes de producción son irrelevantes, ya que ahora son un coste hundido. A largo plazo, el impacto definitivo de los precios más altos del petróleo en la inflación dependerá de la elasticidad de la oferta y demanda de diversos productos y servicios. La inflación «empujada por los costes» es un error popular. Por otro lado, un aumento general en todos los precios es un fenómeno monetario.

Ahora estamos en mejor disposición para entender la estupidez que supone un objetivo político de una inflación del 2% para toda la economía. En nuestro ejemplo de manzanas y naranjas, ¿debería el banco central disminuir la oferta monetaria para cambiar los niveles absoluto y relativo de los precios de manzanas y naranjas para rebajar la inflación del 8,3% y alcanzar un objetivo del 2%? Si por el contrario hubiéramos creado un ejemplo con deflación, ¿debería el banco central intervenir para aumentar la oferta monetaria para contrarrestar lo que es esencialmente un cambio en los precios relativos? En una economía capitalista, esos grandes cambios en los precios relativos no son infrecuentes.

Con China e India entrando en línea en los últimos 30 años produciendo cantidades masivas de productos baratos, los precios medios deberían haber caído enormemente, como hicieron durante la Revolución Industrial del siglo XIX. Un precio medio estable está ocultando un cambio masivo en precios relativos. El precio de productos y servicios no producidos en mercados emergentes de bajos salarios, como atención sanitaria y educación, ha estado registrando una inflación galopante, mientras que el nivel medio de precios apenas se ha movido.

Supongamos que la sociedad quiere consumir más hoy y menos mañana. Bajo circunstancias normales, el precio de los bienes de consumo (IPC) aumentaría mientras que el precio de los bienes de capital disminuiría. Estos cambios en los precios relativos, junto con tipos más altos de interés (es decir, el precio de las preferencias temporales) actúan como estabilizadores automáticos, rebajando el impacto en la economía de estos cambios en los gustos. Una política del banco central de cambio en la oferta monetaria para corregir lo que es un problema imaginario de los precios en general simplemente estaría añadiendo inestabilidad a este proceso de ajuste. Al centrarse en un agregado, los bancos centrales distorsionan los precios individuales e interfieren con la asignación eficaz de recursos y bienes y servicios.

La acción reciente del BCE para rebajar su tipo de refinanciación era para contrarrestar un cambio relativo en los precios causado principalmente por un euro que se aprecia, pero esto es una interferencia totalmente injustificada en la función de asignar de recursos de los precios.

El dinero es una medida de valor, como la regla es una medida de longitud. Cambiar la longitud de una regla o manipular constantemente la oferta monetaria solo puede crear caos. ¿Es realmente el papel del BCE microgestionar todo cambio mensual en un índice imperfecto? ¿No nos damos cuenta de que cambiar constantemente la vara de medir hace a las decisiones empresariales mucho más difíciles?

Volver al patrón oro, acabar con la banca de reserva fraccionaria y cerrar el banco central finalmente traería estabilidad a la oferta monetaria y, en consecuencia, estabilidad a la economía mundial.

Note: The views expressed on Mises.org are not necessarily those of the Mises Institute.
Author:

Frank Hollenbeck

Frank Hollenbeck has held positions at international universities and organizations.

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