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La ética de los boicots

Tags Libre MercadoEmpresarialidadPropiedad Privada

05/17/2018Murray N. Rothbard

[Este artículo se ha sacado del capítulo 18 de La ética de la libertad]

Un boicot es un intento de convencer a otras personas para que no tengan nada que ver con alguna persona o empresa concreta. Moralmente, un boicot puede usarse para objetivos absurdos, reprensibles, laudatorios o neutrales. Puede usarse, por ejemplo, para tratar de convencer a la gente de que no compre uvas no sindicalizadas o para que compre uvas sindicalizadas. Desde nuestro punto de vista, lo importante acerca del boicot es que es puramente voluntario, un intento de persuasión y, por tanto, que es un instrumento perfectamente legal y lícito de acción.

Repito, como en el caso del libelo, un boicot puede disminuir los clientes de una empresa y por tanto rebajar el valor de su propiedad, pero una acción así sigue siendo un ejercicio perfectamente legítimo de la libertad de expresión y los derechos de propiedad. El que nos guste o no algún boicot concreto depende de nuestros valores morales y de nuestras actitudes hacia el objetivo o actividad concreto. Pero un boicot es legítimo de por sí. Si creemos que un boicot concreto es moralmente reprensible, está dentro de los derechos de quien se sienta así organizar un contra-boicot para convencer a los consumidores de lo contrario o boicotear a los boicoteadores. Todo esto es parte del proceso de diseminación de información y opinión dentro del marco de los derechos de propiedad privada.

Más aún, los boicots “secundarios” también son legítimos, a pesar de su ilegalidad bajo nuestras leyes laborales actuales. En un boicot secundario, los sindicatos tratan de persuadir a los consumidores para que no compren a empresas que tratan con empresa no sindicalizadas (boicoteadas primariamente). Repito, en una sociedad libre, deberían tener derecho a intentar esa persuasión, igual que existe el derecho de sus opositores a responder con un boicot contrario. De la misma manera, es un derecho de la Liga de la Decencia el de tratar de organizar un boicot a películas pornográficas, igual que tendrían derecho las fuerzas opuestas a boicotear a quienes sigan el boicot de la liga.

Aquí es particularmente interesante que el boicot es un dispositivo que pueden usar personas que quieran actuar contra quienes realizan actividades que consideramos ilícitas, pero que ellas consideran inmorales. Así que, aunque empresas no sindicalizadas, pornografía, libelo o lo que sea serían legales en una sociedad libre, también lo sería el derecho de quienes consideren estas actividades repugnantes a organizar boicots contra quienes realicen esas actividades. Cualquier acción sería legal en la sociedad libertaria, siempre que no invada derechos de propiedad (tanto de autopropiedad como de objetos materiales) y esto incluiría boicots contra esas actividades y contra-boicots contra los boicoteadores. Lo que cuenta es que la coacción no es la única acción que puede llevarse a cabo contra lo que algunos consideran personas o actividades inmorales: hay asimismo actividades tan voluntarias y persuasivas como el boicot.

El si los piquetes, como forma de anunciar un boicot, serían legítimos en una sociedad libre es una cuestión mucho más compleja. Evidentemente, los piquetes masivos que bloquean la entrada o la salida de un edificio serían delincuentes e invasivos de los derechos de propiedad, como los serían las sentadas que ocuparan por la fuerza la propiedad de otros. También sería invasivo el tipo de piquetes en el que los manifestantes amenazaran a la gente que cruzara la línea de los piquetes: un caso claro de intimidación mediante amenaza de violencia.

Pero incluso los “piquetes pacíficos” son una cuestión compleja, pues de nuevo afecta al uso de las calles públicas. Y, como en el caso de las asambleas o manifestaciones callejeras, el gobierno no puede tomar una decisión no arbitraria optando entre los derechos de los contribuyentes a usar las calles públicas para manifestarse por su causa y el derecho del dueño del edificio y del tráfico a usar también las calles. Repito, es imposible que el gobierno decida de tal manera que elimine el conflicto y defienda los derechos de una manera clara. Por otro lado, si la calle delante del edificio del piquete fuera de propietarios privados, estos tendrían el derecho absoluto a decidir si los piquetes pueden usar su calle de cualquier manera que consideren apropiada los dueños.1

Igualmente, dispositivos del empresario como la lista negra (una forma de boicot) serían legales en la sociedad libre. Antes de la Ley Norris-LaGuardia de 1931, era legal que los empresarios despidieran a organizadores sindicales que fueran sus empleados y hacer circular listas negras de aquellas personas a otros empresarios. También sería legal el “contrato de perro amarillo”, otro dispositivo anterior a la Ley Norris-LaGuardia. En ese contrato, el empleado y el trabajador acordaban que, si este último se unía a un sindicato, el empresario podía despedirle directamente.

  • 1. Ver Murray N. Rothbard, For a New Liberty, ed. rev. (Nueva York: Macmillan, 1978), pp. 96-97. [El manifiesto libertario]
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