Por James E. Miller. (Publicado el 20 de febrero de
2012)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5911.
En su obra magna, La
acción humana, Ludwig
von Mises escribía
sobre el tipo de resultado que producen invariablemente las licencias de
ocupación gubernamentales:
Donde el gobierno favorezca
directamente los precios de monopolio, veremos ejemplo de monopolio en las
licencias. El factor de producción por que se produce la restricción del uso es
la licencia, que las leyes hacen un requisito para suministrar a los
consumidores. Esas licencias pueden concederse de distintas formas. (…) Las
licencias se conceden solo a solicitantes concretos. La competencia se restringe.
Sin embargo, los precios de monopolio solo pueden aparecer si las licencias
actúan concertadamente y la configuración de la demanda es propicia.
Según un reciente artículo en Governing,
muchos estados están considerando propuestas para expandir los límites de las
licencias médicas y permitir la aparición de “proveedores dentales de nivel
medio”. Estos proveedores dentales desempeñarían un papel similar al de los
enfermeros y practicantes ofreciendo servicios dentales estándar bajo la
dirección de un dentista licenciado y formado. Estados como Nuevo México,
Oregón y Washington están estudiando esta reforma para aumentar a oferta de
profesionales dentales en áreas rurales. La American Dental Association, que
representa a 156.000 miembros, se ha opuesto a esta medida.
Para tener una idea de cómo
funcionan las licencias de ocupación estatales, pensemos en el siguiente
ejemplo: Imaginemos que Bill tiene un puesto de limonada en medio de una ciudad
con mucho movimiento. En lugar de afrontar la competencia de otros vendedores
callejeros y de locales cercanos, Bill es lo suficientemente listo como para
cabildear en el ayuntamiento para prohibir todos los vendedores limonada que no
obtengan antes una licencia de la ciudad. Debido a su influencia y buenos
contactos con determinados concejales, Bill acelera el proceso de solicitud y
es capaz de obtener una licencia para vender limonada antes que nadie. Ahora
hay poca competencia en su camino. Así que Bill es capaz de mantener su precio
de venta por encima del nivel establecido de un verdadero mercado libre y de
obtener beneficios mientras los consumidores estén dispuestos a aceptar el
coste extra en sus carteras por su deliciosa limonada. Los beneficios son
altos, los tiempos son buenos y la señora de Bill está contenta. Pero ahora el
ayuntamiento empieza a cambiar de opinión sobre el licenciamiento de la
limonada y está pensando en aumentar las licencias. La oportunidad se está
acabando, así que Bill, preocupado por que se acabe pronto la buena vida, lanza
un contraesfuerzo cabildero basándose en que la calidad del producto disminuirá
si se otorgan más licencias.
Apliquemos ahora este sencillo ejemplo
en masa a la American Dental Association, que, como Bill, el vendedor de
limonada, esta cabildeando duro contra las expansiones en las licencias
condenando un potencial declive en la seguridad pública.
Para cualquiera familiarizado con
el funcionamiento de un mercado desinhibido, los planes públicos de
licenciamiento apestan a corporativismo legislativo. En un mercado
verdaderamente libre, la demanda de los consumidores la atienden los
empresarios siempre que oferta y demanda se unan marginalmente y no se
establezcan legislativamente las barreras artificiales de entrada. Donde exista
demanda y voluntad por parte de los consumidores de pagar los costes
necesarios, la inversión de capital y personal se dedica hacia esos sectores.
En ese sentido, no debería haber problemas sobre una falta de atención dental
en áreas rurales, ya que un mercado abierto aseguraría que se provee ese
servicio, aunque probablemente a un precio más alto que el de las áreas
prevalecientes con mayor acceso a la atención.
Pero igual que mucho del sector
médico en Estados Unidos, el acceso a la atención está dificultado debedlo
precisamente al mismo tipo de solución propuesta: es decir, la licencia de
ocupación. Como demostraba Mises, ese licenciamiento debe llevar a disminución
en la oferta, condiciones monopolísticas y por tanto una menor competencia.
Remontándonos a mediados del siglo
XIX, antes de la llegada de las licencias médicas, vemos que Estados Unidos
tenía unas de las mayores
cifras per cápita en el mundo de doctores en ejercicio. Como demuestra Ronald Hamowy,
las escuela médicas eran numerosas y los costes de asistencia eran baratos.
Muchos médicos en ese tiempo practicaban la homeopatía; una especie de
aproximación de laissez faire a la sanación era que el cuerpo redujera su
exposición a condiciones ambientales negativas como el estrés y mantener una
dieta sana. Los que practicaban los que se conocía por medicina ortodoxa
buscaron negar esta competencia cabildeando para una licencia de ocupación
médica a través de los estados. Esto incluía unir fuerza con la American
Medical Association para hacer campaña para un amplio uso de las licencias.
Cooperando con la Fundación Carnegie y Abraham Flexner, un auténtico don nadie
en la profesión médica cuyo hermano era el director del Instituto Rockefeller
para la Investigación Médica, la campañ tuvo éxito con la presentación de
infame Informe Flexner. En Making Economic
Sense, Murray Rothbard escribe
sobre el Informe Flexner y sus desastrosos efectos:
El informe de Flexner estaba
prácticamente escrito por adelantado por altos cargos de la American Medical
Association y su consejo fue rápidamente adoptado por todos los estados de la
Unión.
La consecuencia: toda facultad de
medicina y hospital estaba sujeto a la licencia del estado, que a su vez daba
el poder para nombrar consejos de licenciamiento a la AMA del estado. Se
suponía que el estado pondría fuera del negocio, y lo hizo, a todas las
facultades de medicina que fueran privadas y con ánimo de lucro, que admitieran
a negros y mujeres y que no se especializaran en medicina ortodoxa,
“alopática”: particularmente los homeópatas, que eran entonces una parte
sustancial de la profesión médica y una alternativa respetable a la alopatía ortodoxa.
Así que mediante el Informe Flexner,
la AMA fue capaz de utilizar al gobierno para cartelizar a la profesión médica:
para empujar la curva de oferta drásticamente hacia la izquierda (literalmente
la mitad de las escuela de medicina en el país desaparecieron por la acción de
los gobiernos estatales después de Flexner) y por tanto aumentar los precios
médicos y hospitalarios y las rentas de los doctores.
Y así empezó la tendencia negativa
en el libre mercado de la medicina en Estados Unidos. Con menos escuelas
económicas (y por tanto menos doctores) los salarios pueden mantenerse más
altos de lo que serían en un mercado dominado por la libre empresa y la entrada
sin obstáculos a la práctica médica. Los consumidores, que normalmente
determinan el éxito de los productores, han perdido al afrontar costes más
altos, además de considerarlos demasiado ignorantes como para elegir el doctor
adecuado sin la ayuda del estado. La búsqueda de rentas se incrusta en un
sector que debe dedicar cantidades crecientes de recursos financieros para
aplacar a los cargos públicos.
La oposición de la American Dental
Association a aumentar las licencias tiene más que ver con preservar el estatus
quo que con preocuparse por la seguridad del consumidor. Si se hubiera
mantenido la libertad de entrada en el sector dental, hay pocas dudas de que
los que se dediquen a la odontología de nivel medio, o alguna otra forma de
ésta eficiente en costes, habrían aparecido ya como una ocupación viable.
Sin embargo, debe destacarse que la
realización de un aumento en las licencias para un tipo de dentista de nivel
medio no es en modo alguno una solución completa a los problemas que aquejan al
sector. La previa intervención pública fue la causa de la escasez de dentistas
y de un aumento en el precio de la atención dental. Una mayor gestión de
detalle de un problema ya demasiado gestionado solo producirá más consecuencias
no pretendidas. Así es la naturaleza del estado: la intervención engendra
intervención y avanzamos en el camino hacia el socialismo. Como escribía Mises:
Todas las variedades de interferencia
[pública] en los fenómenos del mercado no solo fracasan en alcanzar los fines
buscados por sus autores y defensores, sino que producen un estado de cosas que
(desde el punto de vista de las valoraciones de autores y defensores) es menos
deseable que el estado previo que pensaban alterar. Si uno quiere corregir su
manifiesta inadecuación y absurdo complementando los primeros actos de intervención
con cada vez más de esos actos, debe ir cada vez más allá hasta que la economía
de mercado sea completamente destruida y sea sustituida por el socialismo.
James E. Miller es licenciado en administración pública con
especialización en negocios en la Universidad de Shippensburg, Pannsylvania. Fue
columnista del Shippensburg Slate y contribuye actualmente en el
periódico de su pueblo natal, el Middletown
Press and Journal. Vea su blog.