Por Patrick Barron. (Publicado el 13 de abril de 2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5149.
[Discurso
realizado en el Parlamento Europeo en Bruselas el 16 de marzo de 2011]
Introducción: La ilusión de los recursos ilimitados
Los problemas actuales que afrontan
todas las economías del mundo derivan principalmente de una fuente: la
desaparición de la moneda fuerte, cuya cantidad no podría aumentar sin costes
significativos, y su reemplazo con monedas fiduciarios que pueden inflarse en
cantidades infinitas sin casi ningún coste para el productor.
La expansión del dinero fiduciario
hace que parezca a todos los
participantes en el mercado, incluyendo a los reguladores financieros, que hay
más recursos disponibles de los que existen realmente. Así que todos los
participantes, incluidos los gobiernos, se embarcan en programas que no pueden
completarse: sencillamente no hay suficientes recursos en la economía.
No es solo que la moneda fiduciaria
cree la ilusión de mayor riqueza, sino que hace irresistible embarcarse en
nuevos proyectos. Después de todo, ¿no parece siempre que la falta de dinero es
todo lo que separa al hombre del cumplimiento de todos sus sueños? Ahora, con
cantidades ilimitadas de dinero fiduciario, parece haber llegado el día en que
todo es posible. Pero es una ilusión.
A lo largo de mi exposición me
referiré a leyes económicas que actúan como barreras impenetrables para
alcanzar los objetivos buscados por la expansión monetaria. Son leyes de la
naturaleza humana: ignorarlas trae serias consecuencias adversas.
La economía en una ciencia social,
y no natural, porque el hombre es un ser social. Sus acciones no están
gobernadas por estímulos físicos, sino por preferencias derivadas de
valoraciones subjetivas, todas las cuales son desconocidas, sufren un cambio
constante y por tanto no pueden predecirse. Sin embargo sí sabemos que el
hombre es racional, que actúa para alcanzar objetivos que cree que mejorarán su
satisfacción, que emplea medios escasos para hacerlo y que eso significa costes
implícitos, pero como espera mejorar su satisfacción, espera que los costes
sean menores que la satisfacción a obtener, así que el hombre espera
beneficiarse de sus acciones. A partir de esta breve explicación del hombre
como ser racional, podemos deducir leyes económicas irrefutables.
Dos males de la expansión monetaria
Hay dos males principales en la
expansión monetaria: (1) las crisis financieras recurrentes y (2) la expansión
del estado de bienestar y guerra que destruye la riqueza.
Empezaré con por qué continuamos
teniendo crisis financieras recurrentes cada vez más dañinas. Luego explicaré
muy brevemente la expansión del estado de bienestar y guerra que destruye la
riqueza.
No hay ningún beneficio social por la expansión monetaria
La expansión del dinero fiduciario
niega la ley económica irrefutable de que el dinero está sujeto a la ley de la utilidad marginal
decreciente. Esta idea fue explicada por Ludwig von Mises en su clásico de
1912, La
teoría del dinero y del crédito. Mises explicaba que el dinero no es
“neutral”: el dinero es un bien y está sujeto a todas las leyes económicas como
todos los demás bienes. Como cada nueva unidad marginal conlleva una menor
utilidad que todas las unidades previas y como el dinero es fungible (lo que
significa que cada nueva unidad es indistinguible de las unidades monetarias ya
existentes), se reduce el poder adquisitivo de todo el dinero.
Los primeros usuarios del nuevo
dinero se benefician más del dinero recién creado. Hay un círculo estrecho
cerca del acontecimiento de la creación del nuevo dinero. Los que están más
alejados de este acontecimiento, que están en un círculo más amplio de la
economía en general, todos pierden porque este nuevo dinero diluye el valor de
cada unidad de dinero que tengan ahora mismo. Pensemos en esto como si fuera
echar agua a la leche. Por tanto, la expansión de la oferta monetaria no
conlleva ningún beneficio social general.
La expansión monetaria no es estimulante
Vemos de inmediato que un aumento
en el dinero no puede ser estimulante en absoluto. Aunque pueda estimular
algunas partes de la economía (las que obtengan primero el dinero), solo puede
hacerlo a costa de las demás partes, violando otra ley inmutable de la
economía, la ley de Say, que
esencialmente nos cuenta que no podemos obtener algo a cambio de nada. Con la
creación de nuevo dinero fiduciario, la riqueza se ha redistribuido de los
tenedores actuales de dinero (los propietarios legítimos) a nuevos asignadotes
ilegítimos que roban, sin que se note, el dinero de otra gente. El primero de
los receptores tempranos del nuevo dinero se beneficia a costa de quienes lo
reciben después, a través del proceso del mercado, o no lo reciben en absoluto
(por ejemplo, jubilados que viven de la riqueza acumulada de forma privada).
Los receptores tempranos compran a precios existentes más bajos, mientras que
los receptores posteriores pagan precios más altos.
Como este dinero recién creado
diluye el poder adquisitivo del existente, vemos esto como precios altos (más
tarde, no inmediatamente). Precios generales más altos son la consecuencia
lógica de cualquier expansión de la moneda. El nivel de precios puede
considerarse como el resultado del gasto monetario total dividido por la oferta
total de bienes y servicios en el mercado. Si el numerador (gasto total)
aumenta o el denominador (oferta total de bienes del mercado) disminuye, el
nivel de precios aumenta.
Hay quien puede objetar a esta
explicación, diciendo que a veces los niveles de precios permanecen
relativamente planos a pesar de un aumento en la cantidad de dinero, porque la
oferta total de bienes aumenta lo suficiente como para compensar los aumentos
en el gasto total. Mi respuesta es que esto es una justificación para una
inflación lenta y planificada, que ignora los dañinos cambios estructurales que
aún se producen en la economía. Explicaré luego estos cambios.
La ilusión de prosperidad causada por un Producto Interior Bruto creciente
Por desgracia, el aumento del gasto
crea la ilusión de un aumento en la prosperidad, porque medimos la prosperidad
por el crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB), una medida solo del gasto
total, el numerador de la ecuación de la teoría cuantitativa del dinero. Bajo
una moneda fuerte, el PIB sigue siendo igual, porque la cantidad de dinero (y
por tanto, la cantidad de gasto total) permanece inalterada.
Pero el gasto inflacionista del
dinero fiduciario, causado por una inflación planificada de la oferta
monetaria, se describe como “crecimiento” económico. Cuando más infle el
gobierno la cantidad de dinero, mayor crecimiento económico parecerá haber
medido por el PIB. Pero es una ilusión. No es crecimiento en absoluto. Son solo
las consecuencias de medir precios más altos.
Hasta ahora hemos visto que la
moneda fiduciaria no estimula en absoluto la economía: sencillamente recompensa
a algunos a costa de otros y crea precios más altos en general. Pero el principal
daño estructural, al que me referí antes, se produce en la estructura de la
producción y se manifiesta en ciclos recurrentes de auge y declive. Es aquí
donde la moneda fiduciaria y la expansión del crédito generan un consumo de
capital puro, robando la futura capacidad productiva de la economía.
Malas inversiones y ciclo económico austriaco
En la creencia errónea de que la
economía puede estimularse hasta un nivel más alto de producción mediante más
dinero, los banqueros centrales rebajan los tipos de interés por debajo de tipo
natural del mercado. El resultado definitivo de dicha intervención es la
destrucción del capital mediante lo que los economistas austriacos llaman malas
inversiones. El capital se dedica a líneas de producción, principalmente en
inversiones a más largo plazo, que nunca se completarán de forma rentable.
Debemos ocuparnos de la pregunta
más perentoria: ¿Por qué caen tantos negocios al mismo tiempo? ¿Puede ser se
una incompetencia masiva se extienda por la economía de forma que experimentemos
un declive a gran escala de vez en cuando? Los gobiernos y banqueros centrales
se centran en este declive y tratan de posponerlo, pensando que este declive es
el problema.
Pero, señoras y caballeros, estoy
aquí para decirles que el declive no es el problema. El problema es el auge y
lo que lo creó originalmente. Por fortuna, este fenómeno del ciclo económico se
ha explicado muy bien en la economía austriaca. Para quienes tengan tiempo, me
encantará explicar los detalles de esto después de mi discurso. Baste con decir
que es la intervención del banco central la que pone en marcha la culpabilidad
de los “tipos ratifícales de interés”. Son falsas señales para los negocios de
que hay nuevos recursos reales para invertir en proyectos de expansión de
capital a más largo plazo. Pero no hay nuevos recursos reales para completar
con éxito y rentablemente todos los proyectos de nuevo tiempo de auge.
La coacción no es la solución
En lugar de cesar en su
intervención monetaria, el gobierno ataca estas consecuencias con coacción en
forma de aumento de la supervisión burocrática de bancos, aumentos obligatorios
en requisitos de capital en bancos y creación de fondos de rescate.
Aumentar la supervisión burocrática
se basa en dos ideas falsas: que los burócratas pueden descubrir problemas potenciales ante los que están ciegos
los banqueros y que, al contrario que los banqueros, los burócratas no son
avariciosos por naturaleza, así que no aceptarán un aumento en el riesgo. Pero
los burócratas del gobierno no pueden detectar errores, culpables o no, mejor
que la comunidad financiera que se supone que regulan. Las indicaciones
económicas normales están escondidas por la expansión del dinero y la
manipulación del tipo de interés. Los reguladores y analistas de riesgos
sistémicos no son más capaces de detectar estos errores que cualquier otro.
Todo lo que conseguirán los comités de supervisión es añadir costes al sistema
bancario y posiblemente crear lo que Wilhelm Röpke
llamaba inflación reprimida (a la que llamamos hoy estanflación), por la que la
producción disminuye y el empleo cae mientras aumentan los precios.
Los fondos de rescate son los
culpables por detrás de cualquier aumento en la toma de riesgos por parte de
los banqueros avariciosos. Estos fondos crean riesgo moral, por el que los
participantes en el mercado saben que parte o todo el coste de los riesgos
incrementados recaerá sobre otros pero los beneficios no se compartirán.
Además, debido a la ley de la utilidad marginal decreciente del dinero, los
propios fondos mantendrán, en lugar de curar, el problema causado inicialmente
por la expansión monetaria, pues los fondos se forman con aún más expansión
monetaria.
Toda esta intervención nos lleva de
vuelta a los males de la redistribución de la riqueza, los precios más altos y
más malas inversiones: un círculo vicioso y destructivo.
La disonancia cognitiva de la expansión monetaria seguida por un aumento en
la coacción
Todo este proceso crea un fenómeno
psicológico llamado disonancia cognitiva, que consiste en sostener dos
pensamientos en conflicto al mismo tiempo. La expansión de la oferta monetaria
y la rebaja en los tipos de interés para estimular la economía no es compatible
con un aumento en los requisitos de capital bancario y los comités de
supervisión para detectar el riesgo sistémico.
El gobierno espera que un tipo de
interés más bajo promueva una mayor actividad económica mediante un aumento en
los préstamos. Pero la ley de la utilidad marginal decreciente también se
aplica al préstamo. La única forma de hacer más préstamos es prestar a clientes
menos dignos de crédito. Pero esta es la situación que se tratar de evitar con
más supervisión. Por tanto, aunque los comités de supervisión del gobierno
puedan detectar prestatarios menos dignos de crédito, el mismo propósito de
rebajar los tipos de interés es crear préstamos para esa gente.
Esto no tiene ningún sentido desde
un punto de vista económico o financiero, pero sí tiene sentido desde un punto
de vista política de dirección y control. Así que los tipos de interés más
bajos y el aumento en la supervisión pública se convierten en nada menos que
pleno empleo para burócratas, que disfrutan de las ventajas del poder y no
asumen ninguna responsabilidad por sus acciones.
La alternativa está clara: o más de
lo mismo (es decir, más inyección de moneda fiduciaria y más regulación, con
resultados cada vez peores) o un abandono de la expansión monetaria y la
supervisión bancaria pública junto que su reemplazo por dinero fuerte y los
controles y equilibrios normales del libre mercado.
Expansión del estado de bienestar y guerra
Explicaré ahora el segundo mal
principal de la creación de moneda fiduciaria: la expansión del estado de
bienestar y guerra que destruye la riqueza.
Como el sector generador de riqueza
de la sociedad no tiene nada que ganar y todo que perder por la expansión del
estado de bienestar y guerra, bajo un entorno de moneda fuerte estas
actividades destructoras de riqueza encontrarían una vigorosa oposición. Pero
bajo un sistema de moneda fiduciaria, muchos de los que se benefician de una
economía de mercado no intervenida se ven cegados por la ilusión del dinero y
creen que el gasto público no procede de sus propios bolsillos. Por tanto, no
es coincidencia que el movimiento progresista a finales del siglo XIX y
principios del XX coincidiera tanto con un aumento en el gasto público como con un aumento en la oferta monetaria
proporcionada por los bancos centrales.
Como todas las empresas insostenibles,
el estado de bienestar y guerra depende de inyecciones cada vez mayores de
dinero fiduciario: de otra forma, su programa se derrumbaría rápidamente. Los
aumentos cada vez mayores de dinero fiduciario simplemente retrasan el día del
juicio, porque las indicaciones normales de impuestos y tipos de interés más
altos se evitan durante un tiempo. Así que la moneda fiduciaria lleva al
gobierno ha hacer promesas que al final no puede cumplir.
Cuando el gobierno finalmente se
hace consciente de que está limitado
en lo que puede lograr, afronta una dura alternativa. Si descarta programas, se
arriesga al malestar social de los votantes de su programa. La alternativa es
continuar con los programas solo nominalmente, recurriendo a controles de
precios y racionamiento. Los sistemas nacionales de atención sanitaria son los
mejores ejemplos de este fenómeno. No solo aumenta enormemente la demanda de
servicios sanitarios (una verdadera tragedia de los comunes, por la que
recursos de propiedad común están condenados a la extinción), sino que la
cantidad y calidad de los servicios disminuye en la práctica.
El sistema de Medicare en Estados
Unidos trata de resolver este problema pagando mal por los servicios y luego
obligando a los proveedores, amenazándoles que quitarles sus licencias de
negocio, a absorber las pérdidas del Medicare con la esperanza de cubrir la
diferencia con pacientes privados. Para evitar pérdidas y seguir en el negocio,
las prácticas médicas contestan con peor calidad de servicio y retrasos. Nuestro
vecino del norte raciona la atención a quienes pueden vivir y sufrir lo
bastante como para avanzar hasta el principio de las largas listas de espera.
En una demanda reciente de un paciente canadiense, un juez canadiense declaró
que “el acceso a una lista de espera no es un acceso a la atención sanitaria”.
La solución a largo plazo: Liberar al dinero y la economía del control
público
Una economía de libre mercado, que
incluye una moneda libremente elegida por el mercado, no sufre desequilibrios,
auges y declives periódicos o alto desempleo. La búsqueda constante de
participantes en el mercado para mejorar generará cooperación, en lugar de
confrontación, con todos los pueblos de todas partes. El orden liberal, tal y
como lo veían intelectuales como Ludwig von Mises, puede expandirse para
abarcar el mundo entero, generando una paz y una prosperidad en eterna
expansión para todos los hombres cooperadores en todas partes.
La moneda fuerte es esencial; por
tanto, la primera labor de Europa es estabilizar el euro. Dejar de inflar su
oferta. Dejar de comprar deuda soberana. Ligar el euro al oro o la plata.
Tratar de obtener cooperación internacional cuando se haga, para prevenir
grandes cambios en importaciones y exportaciones de oro y plata cuando otras
naciones vean que deben emular a Europa. En todo caso, si esto no es posible,
hay que ligar de todas formas el euro al oro o la plata.
Luego hay que empezar el proceso de
privatización de la moneda eliminando las leyes de curso legal. Dejar que el
mercado utilice la moneda que elija, incluso múltiples monedas. Algunos
economistas austriacos creen que el eliminar las leyes de curso legal es todo
lo que tiene que hacer el gobierno, que el libre mercado elegirá el dinero que
considere más apropiado para sus propósitos. Puede que sea así; el intento bien
vale la pena sin duda. Un paso en la práctica sería relajar las leyes de curso
legal de una o dos maneras: la no aplicación de las leyes de curso legal o la
despenalización de la producción de dinero privado. La no persecución abriría
las puertas a monedas privadas en competencia.
Acabar con toda la regulación de la
banca, incluyendo las garantías de depósito, que solo causa riesgo moral. Pero
obligar a reservas del 100% contra certificados monetarios y depósitos a la
vista. Reformar el código de comercio para ofrecer protección legal a los
depositantes bancarios como ocurre con cualquier depósito material.
Y permitir completa libertad en la
banca de préstamos, por los que el banquero obtiene la propiedad legal de
fondos durante algún periodo fijado de tiempo, con una promesa de devolución de
fondos, más intereses, al finalizar el contrato. Esta forma de banca de
préstamos puede estar libre de riesgos, como cuando los préstamos de clientes a
los bancos son menos que la cuenta de capital del banco. También es no
inflacionista, porque el banco solo presta fondos que le han sido transferidos
a él y solo a él: el depositante renuncia a reclamar los fondos mientras dure
el contrato. Indudablemente, bajo dichas protecciones legales y riesgos
conocidos, la gente se verá mejor servida que por el sistema actual de reserva
fraccionaria de expansión y contracción constante de la oferta monetaria a
través del préstamo bancario.
Reglas para el estadista
Los que están en puestos de poder,
como todos ustedes, deben guiarse por la razón y no por la emoción. Adopten
como lema el imperativo categórico de Immanuel Kant. Aprueben
solo leyes que sean aplicables universalmente, que beneficien a todos los
hombres en todo tiempo y lugar. Traten a los hombres como fines en sí mismos,
no como medios para otros fines, como el orgullo nacional o regional.
No muchas leyes cumplirán estos
patrones rigurosos. Indudablemente, imprimir dinero, lo que reduce el poder
adquisitivo del dinero en circulación y beneficia a alguien a costa de otros,
suspende este examen, igual que comprar deuda soberana a tipos de interés
subvencionados. Ambas prácticas no llevan a la libertad y la seguridad, sino al
sufrimiento y el conflicto. Les pido que lideren como siempre hacen los
estadistas: basándose en principios que funcionen, sean verdaderos y sean
reales.
Patrick Barron es consultor privado en el sector bancario.
Enseña en la Escuela de Grado de Banca en la Universidad de Wisconsin en
Madison y economía austriaca en la Universidad de Iowa, en Iowa City, donde
vive con su mujer de 40 años.
Este
artículo es un discurso realizado en el Parlamento Europeo en Bruselas el 16 de
marzo de 2011.