El estado policial es personal

Por Wendy McElroy. (Publicado el 25 de mayo de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5317.

 

¿Puede considerarse hoy a Estados Unidos un estado policial? Y si es así, ¿dónde pones (o pondrías) personalmente una raya y dirías “¡No! Ésa es una ley o una orden policial que rechazo obedecer”?

Como anarquista, veo a todos los estados como estados policiales, porque toda ley está en último término respaldada por la fuerza policial contra el cuerpo o propiedad de quien no acate la ley, por muy pacífico que sea. Solo veo una diferencia de grado, no de tipo. Pero incluso pequeñas diferencias en el grado de represión pueden ser asuntos de vida o muerte y no deberían trivializarse.

Un estado policial se describe más comúnmente como un gobierno totalitario que ejerce un control social, político y económico extremo. Mantiene este control por una supervisión omnipresente de su propia ciudadanía, por la aplicación de leyes draconianas y otorgando y denegando “privilegios” como la capacidad de viajar. Normalmente hay una fuerza especial de policía, como la Stasi, que opera sin transparencia y con pocas restricciones. Al contrario que los policías tradicionales, que responden de sus delitos, el fin de dicha policía del estado es monitorizar y controlar la sociedad.

Dejadme repetir mi pregunta inicial: ¿encaja hoy Estados Unidos en esta descripción habitual de un estado policial?

Esta claro que sí. El gobierno estadounidense ejerce un control extremo sobre la sociedad, llegando a dictar los alimentos que puedes tomar. Su control económico bordea lo absoluto. Da políticas y preside incluso el tradicional bastión de la privacidad: la familia. Las cámaras y otras formas de supervisión de la vida diaria han aumentado, con el tribunal Supremo extendiendo recientemente el “derecho” de la policía a realizar registros sin autorización. La aplicación es tan draconiana que Estados Unidos tiene más prisioneros por cabeza que cualquier otra nación y a lo largo de los últimos años, la policía ha estado militarizando conscientemente sus procedimientos y actitudes. Viajar, antiguamente un derecho, es ahora un privilegio otorgado por los agentes públicos a capricho. Muchas agencias enormes y tiránicas de aplicación de la ley monitorizan comportamientos pacíficos en lugar de responder al delito. Estas agencias operan en buena medida fuera de las restricciones de la Constitución; por ejemplo, la TSA realiza registros arbitrarios violando las garantías de la Cuarta Enmienda.

Internet se quedaría sin electrones antes de que pudiera completar una lista de cosas concretas que constituyen una emergente América Policial. El grado en que estés personalmente oprimido por el estado puede sin embargo estimarse contestando a varias preguntas abstractas más:

  • ¿Cuántas actividades pacíficas te harían un criminal si decides realizarlas?
  • ¿Qué cantidad de tu vida se emplea en trabajar para pagar impuestos y otras tasas públicas?
  • ¿Cuán libremente puedes reubicar tus activos y persona fuera de la jurisdicción del estado?
  • ¿Cuán libremente puedes utilizar tus activos y persona dentro de la jurisdicción del estado?

Poca gente, aparte de los apparatchiks, del estado puede responder de una forma que les haga sentir de forma distinta de económicamente esclavizados y físicamente atrapados.

Nadie debería tener que elegir entre la familia y el estado, ni entre su riqueza y la ley. Cuando afrontamos esas alternativas, no hay una respuesta fácil o correcta. Una cantidad creciente de estadounidenses se está convirtiendo en expatriada por su propia seguridad y la de sus familias. Pero la gran mayoría de la gente está enraizada en un lugar por su familia extendida, amigos, trabajo, inercia, relaciones emocionales y otras razones convincentes.

Quienes reconozcan la aparición de la América Policial y aún así sientan la necesidad de quedarse deberían hacerse esta pregunta: ¿dónde está el límite en el que renunciarías a cooperar y dirías “¡no!” a una ley estatal u orden de un agente del estado? ¿Informarías acerca de un vecino como te han pedido las autoridades? ¿Ayudarías a un amigo o miembro de tu familia si eso te hiciera criminalmente cómplice y, si es así, a quién? ¿Robarías o dañarías a una persona inocente si te lo ordenaran? Si te lo ordenaran, ¿ayudarías a un agente de policía a hacerlo o interferirías y así te convertirías en posible sujeto de una acusación de “obstrucción a la justicia”?

Hay varias razones para hacernos ahora estas preguntas. Éstas incluyen:

  1. Las consecuencias de tu acto pueden depender no meramente de dónde pongas la raya, sino también de cómo los hagas. Planificar puede ayudarte a poner la raya de una manera prudente.
  2. Puedes ser reticente a poner la raya que quieres porque temas poner en peligro a tus seres queridos, tu riqueza o alguna otra cosa que valoras. Si es posible, asegura esto antes. Prepárate.
  3. Si no sabes dónde está la raya, es mucho más probable que actúes contra tus propios principios o intereses cuando afrontes una situación de alarma y reclamación, como un agente gritándote órdenes.
  4. Saber dónde están tus límites hace más posible evitar situaciones que lo provoquen.
  5. Harry Browne aconsejaba a la gente pagar un precio lo antes posible, porque cuesta menos en general; esto es aplicable tanto a precios psicológicos como financieros. Nunca te será más fácil considerar esta cuestión que ahora, privada y confortablemente.

No hay respuestas correctas. El propósito del ejercicio es sencillamente hacerse más conscientes de cómo, personalmente, podríamos vivir bajo un estado policial mientras retenemos nuestra seguridad y nuestro amor propio.

 

 

Wendy McElroy es autora de varios libros. Mantiene activos dos sitios web: WendyMcElroy.com e ifeminists.com.

Published Fri, Oct 28 2011 6:13 PM by euribe