Las
lecciones de Adam Smith convirtieron a los mercaderes de Glasgow a la postura
del libre comercio, pero la mayoría de su influencia se extendió mediante La riqueza de las naciones. Un movimiento triunfal de los discípulos de
Smith empieza solo realmente con Dugald Stewart (1753-1828).
Stewart
era el hijo de Matthew Stewart, profesor de matemáticas en la Universidad de
Edimburgo. Stewart sucedió a su maestro Adam Ferguson como profesor de
filosofía moral en Edimburgo en 1785. Stewart se convirtió en el principal
discípulo de Smith y, tras la muerte de su maestro, se convirtió en su primer
biógrafo, leyendo su Account of the Life
and Writings of Adam Smith en 1793 a la Royal Society de Edimburgo. Pero
para entonces Gran Bretaña estaba sumida en una histérica contrarrevolución (un
verdadero terror blanco) contra la Revolución Francesa y todas sus opiniones
liberales asociadas. Por consiguiente, Stewart fue muy circunspecto en sus
recuerdos y evitó cualquier asunto polémico, como la necesidad de mercados libres.
Stewart
fue un escritor muy prolífico y un orador destacado y notable, pero mantuvo sus
lecciones y sus escritos como blandos y aceptables para quien estuviera en el
poder. Así, en 1794, Stewart se retractó de sus primeras alabanzas al gran
liberal francés del laissez faire e íntimo amigo y biógrafo de Turgot, Marie Jean Antoine
Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet (1743–1794). Este revolucionario
girondino era un tema demasiado candente y Stewart también se aseguraba de
alabar en sus lecciones a la constitución británica.
Sin
embargo, con el cambio de siglo había pasado lo peor de la histeria
contrarrevolucionaria y Stewart se sintió lo suficientemente seguro como para
exponer sus verdaderas opiniones liberales clásicas en libros y conferencias.
De ahí que en 1799 y 1800 Stewart empezara a dar clases de economía política
además de sus clases generales de filosofía moral. Siguió dando estas clases
hasta su jubilación de Edimburgo en 1810. Sus conferencias y clases de 1800
permanecieron inéditas hasta su impresión en 1855 como Lectures
on Political Economy, de Stewart.
Desde la
retirada del gran Thomas
Reid, fundador de la escuela de filosofía del “sentido común”, de su puesto
como profesor de filosofía moral en Glasgow en la década de 1780 y su muerte
una década después, Dugald Stewart se había convertido en el único filósofo
distinguido de toda la Gran Bretaña. Oxford y Cambridge seguían en una aguda
decadencia. Con la guerra europea bloqueando los viajes a o desde el
continente, se puso de moda que los jóvenes estudiantes de toda Gran Bretaña
vinieran a Edimburgo y estudiaran con Dugald Stewart.
De esta
manera, y siguiendo apasionadamente la estela de Smith, Dugald Stewart, en la
primera década del siglo XIX, influyó profundamente y convirtió a un grupo de
futuros economistas, escritores y estadistas. Éste incluía a James Mill, John Ramsay McCulloch, el
conde de Lauderdale, el
canónigo Sydney Smith, Henry
Brougham, Francis
Horner, Francis
Jeffrey y Lord Palmerston.
Así que desarrolló la economía como una disciplina, dando lugar Stewart a
escritores de textos, divulgadores, editores, críticos y periodistas.
Típico de
este ilustre grupo fue el caso el Francis Horner (1778-1817), que había nacido
en Edimburgo, hijo de un comerciante, y había estudiado con Stewart en la
universidad. De vuelta de Inglaterra, Horner se apuntó al nuevo “curso
especial” de Stewart de economía política en 1799, donde estudió La riqueza de las naciones y leyó
ansiosamente a Condorcet y Turgot. De hecho, Horner estaba tan impresionado con
Turgot que quiso traducir sus escritos al inglés. Al convertirse en abogado
poco después, Horner se fue a Londres y se convirtió en parlamentario en 1806.
Inspirados
por las enseñanzas de Stewart, sus alumnos Sydney Smith, Henry Brougham,
Francis Jeffrey y Francis Horner fundaron la Edinburgh Review en 1802, un periódico nuevo, intelectualmente whig
dedicado a educar al público inteligente en la libertad y el laissez faire.
Esta revista whig fue la única publicación económica en Gran Bretaña y como tal
disfrutó de una gran influencia.
La
siguiente década de enseñanza de Dugald Stewart resulto sin embargo ser el
último gran brote de ascendencia intelectual escocesa en Gran Bretaña. Pues las
sombras de la noche se estaban cerniendo rápidamente sobre la Ilustración
escocesa. En primer lugar, la represión tory de las ideas liberales y whigs
durante la generación de la guerra con Francia continuó siendo mucho mayor en
Escocia que en Inglaterra. Más importante a largo plazo fue el reavivamiento
del protestantismo evangélico y militante que cruzó toda Europa y luego Estados
Unidos en los primeros años del siglo XIX. Las visiones liberales, moderadas e
incluso deísticas que se habían extendido por todo el mundo occidental en la
segunda mitad del siglo XVIII se vieron desplazadas por el cristianismo
resurgido.
En
Escocia, la consecuencia fue una contrarrevolución intelectual contra el
control moderado de la iglesia presbiteriana y una purga de las facultades
escocesas de filosofía moral y teología de enseñanzas moderadas, escépticas y
seculares. Se denunció entonces retroactivamente Smith y Hutcheson como
culpables de un “paganismo refinado” y con una recuperación de un estricto
control teológico de la facultad de filosofía moral, las universidades
escocesas perdieron su preeminencia en Gran Bretaña y cayeron rápidamente
cuesta abajo intelectualmente, si no teológicamente. Ni la filosofía social
liberal clásica ni la economía política podían sobrevivir en ese tipo de clima
académico.
En
consecuencia, la liderazgo intelectual pasó de Escocia a Inglaterra, y fuera de
la universidad durante un periodo considerable. Como las universidades inglesas
seguían sin ser hospitalarias con la nueva disciplina de la economía política,
el centro del pensamiento económico pasó entonces de los académicos escoceses a
los empresarios, divulgadores y funcionarios públicos ingleses. El cambio se
vio simbolizado en el hecho de que mientras que la Edinburgh Review continuaría publicándose durante décadas y su sede
nominal seguía siendo Edimburgo, tres de sus cuatro editores se habían mudado a
Inglaterra pocos meses después del inicio de la publicación. Uno de ellos, que
murió muy joven, fue Francis Horner. Habiéndose mudado a Londres para trabajar
como abogado, Horner se convirtió enseguida en parlamentario whig y sus
conocimientos en materia monetaria le hicieron presidente del famoso comité de
los lingotes en 1810 que iba a dar el golpe de gracia en favor de la moneda
fuerte. Allí trabajo cerca de David Ricardo.
En el primer
número de la Edinburgh Review, Horner
reseñaba la famosa obra monetaria de Henry Thornton, así como un ensayo muy
importante de Lord King en un número posterior. Horner era miembro de
importantes clubes whig en Londres, el King of Clubs y Brooks's, teniendo en
ambos a David Ricardo como compañero. Horner también compartía intereses
científicos con Ricardo y ambos eran miembros del consejo de la Sociedad
Geológica de Londres.
Otro
ejemplo del cambio intelectual de Escocia a Inglaterra es lo que les ocurrió a
dos brillantes jóvenes escoceses que estudiaron con Stewart e iban a
convertirse posteriormente en grandes líderes en la economía británica. James
Mill (1773-1836) era el hijo de un zapatero escocés que estudió con Stewart y
luego obtuvo licencia para predicar como ministro presbiteriano. Al no poder
encontrar un puesto ministerial en el clima calvinista cada vez más militante
de Escocia, Mill de vio obligado a mudarse a Londres, donde se convirtió en
editor del Literary Journal. Mill
acabó encontrando trabajo en la oficina londinense de la Compañía de las Indias
Orientales, lo que le permitió seguir con su muy activa obra económica y
filosófica en su tiempo libre.
El más
joven John Ramsay McCulloch (1789-1864), que estudió con Stewart en sus últimos
años, escribía artículos en The Scotman
y la Edinburgh Review y organizó una serie de clases de economía.
Pero a pesar de sus evidentes méritos, McCulloch fue incapaz de encontrar un
trabajo académico en Escocia y finalmente se mudó a Londres para enseñar
economía política en la recién establecida Universidad de Londres. Pero después
de cuatro años, dedicó el resto de su vida a trabajar como interventor
financiero en Inglaterra, asimismo escribiendo y estando activo en economía aparte
de su trabajo habitual.
Un
resultado benéfico de la eliminación de los seguidores de Smith liderados por
Stewart es que aumentó la tensión con los competidores de la “economía
política”, los “aritméticos políticos”. Estos “aritméticos políticos o
recolectores de estadísticas” como les llamaba desdeñosamente Stewart, habían
formado una escuela de economía competidora a partir de los escritos de Sir William Petty
(1623-1687) y sus seguidores de finales del siglo XVII. Los aritméticos
generalmente se burlaban del método clásico de llegara a leyes económicas
deducidas de ideas generales de la acción humana y la economía. Por el
contrario, al estilo de Bacon, trataban en vano de llegar a generalizaciones
teóricas a partir de colecciones mezcladas de hechos estadísticos.
Con poca
idea de las leyes del libre mercado o la naturaleza contraproducente de la
intervención pública, los aritméticos políticos tendían a ser mercantilistas y
chauvinistas británicos, proclamando la superioridad económica de su patria.
Pero esta escuela fue demolida por los smithianos, primero por el propio Smith
que declaraba, en La riqueza de las
naciones: “No tengo gran fe en la aritmética política”, y luego por
Stewart, que se dedicó a perseguir una crítica metodológica de esta escuela de
pensamiento supuestamente “científica”. Stewart escribió: “Los hechos acumulados
por el recolector estadísticos son simplemente resultados particulares, que otros hombres apenas tienen la
oportunidad de verificar o desaprobar y que (…) nunca pueden contener ninguna
información importante”. En resumen, al contrario que en los descubrimientos
cuantitativos replicables de la ciencia natural, las estadísticas de la acción
humana son meras listas de eventos particulares y no replicables, en lugar de
la encarnación de una ley natural perdurable. Stewart concluía que “en lugar de
apelar a la aritmética política como una verificación de las conclusiones de la
economía política, es a menudo más razonable recurrir a la economía política
como una verificación de la extravagancia de la aritmética política”.
Por
tanto, tras de la década de 1790, Adam Smith tiene un influjo total sobre el
pensamiento económico en Gran Bretaña. En medio de un floreciente enjambre de
opiniones, todos los principales protagonistas en Inglaterra, como veremos
luego, de Bentham a Malthus a Ricardo, se consideraban devotos de Smith, a
menudo tratando de sistematizar y aclarar las confusiones e inconsistencias
reconocidas de su maestro.