Por Robert P. Murphy. (Publicado el 15 de septiembre
de 2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5652.
Desde que
Ben Bernanke empezara a inundar el sistema bancario con billones de nuevos
dólares en el otoño de 2008, economistas y otros expertos han estado en
desacuerdo sobre si Estados Unidos está listo para una demoledora deflación o
una acelerada inflación. Parte del desacuerdo deriva de alguna gente utilizando
los términos para referirse a los precios, mientras que otros se refieren a
cambios en la cantidad total de dinero y crédito.
Sin
embargo, incluso si nos limitamos a los movimientos en los precios que una familia
media afronta en el mercado, aún hay
un extendido desacuerdo. Aunque la superposición no sea perfecta, normalmente
los keynesianos advierten que con un alto desempleo, EEUU corre el riesgo de
una “década perdida” a la japonesa de precios de consumo planos y crecimiento
económico estancado. Por el contrario, muchos austriacos advierten de una
década distinta: es la de Estados Unidos durante la década de 1970, cuando los
estadounidenses sufrimos un alto desempleo e
inflación de precios.
Para
reforzar su postura, los keynesianos apuntan confiadamente a los bajos
intereses de distintos bonos públicos, señalando que “el mercado” espera
moderados aumentos de precios en los próximos años. Por el contrario, los
crecientes precios del oro y la plata en los últimos años han sido los triunfos
de aquellos austriacos que predecían precios disparados en general.
Durante
un tiempo, los Keynesianos no tuvieron una respuesta adecuada para esto.
Sugerían que los precios de materias primas son volátiles y que la demanda del
mercado emergente (junto con escaseces de producción) podía explicar el
meteórico ascenso del oro y la plata en los últimos años. En un acto particular
de desesperación, Paul
Krugman sugería recientemente que el oro estaba sencillamente en una
burbuja creada Glenn Beck.
Aunque
ahora los keynesianos (y otros que piensan que el mundo se encuentra en una
trampa de liquidez deflacionista) parecen haber establecido una nueva teoría
segura: los precios del oro supuestamente saltaron en respuesta a un bajo tipo real de interés. Si esta teoría es
correcta, los keynesianos pueden explicar los altos precios del oro tanto en la
década de 1970 como hoy y puedes mantener confiadamente que Bernanke tiene que
abrir las espitas monetarias para ayudar a la recuperación económica.
Una teoría de los precios del oro
La teoría
que liga los precios del oro a los tipos (reales) de interés no es nueva, pero
se ha puesto de moda últimamente por su relevancia en el debate político sobre
la política de la Fed. El pasado octubre Eddy Elfenbein explicaba
lo básico y hacía algunas rápidas estimaciones para deducir una regla
genérica: “Cuando el tipo real de interés a corto plazo del dólar está por
debajo del 2%, el oro sube. Cuando el tipo real a corto plazo está por encima
del 2%, el precio del oro cae”.
Mucho más
recientemente, Paul Krugman literalmente no podía dormir preocupado por el
problema, así que a las 4:30 de la mañana escribió
un post de blog utilizando un modelo económico formal para explicar por qué
los precios del oro deberían ajustarse al alza cuando caen los tipos reales de
interés. Después de llegar a su resultado, Krugman declaraba:
Supongamos
que ésta es la explicación correcta, o al menos una buena parte de la
explicación, de los precios del oro. Si es así, casi todo lo ustedes leyeran
sobre los precios del oro será erróneo.
Porque ésta
es esencialmente una explicación “real” sobre el oro, en la que el precio ha
subido porque han caído las expectativas de retorno en otras inversiones: no
es, repito no es, una explicación de las expectativas de inflación. No solo los
crecientes precios del oro no son una señal de inflación severa a la vuelta de
la esquina, son realmente el resultado de una economía persistentemente
deprimida atrapada en una trampa de liquidez: una economía que básicamente
afronta la amenaza de una deflación al estilo japonés, no una inflación al
estilo de Weimar. Así que la gente que compraba oro porque creía que la
inflación estaba a la vuelta de la esquina tenía razón por motivos erróneos.
Para
completar, podemos también enlazar con Brad
DeLong que desarrolla la postura de Krugman. DeLong hace un gráfico que
compara el precio del oro contra (una representación de) los tipos reales de
interés y en general se mueven en direcciones opuestas. En particular, cuando
los tipos reales de interés podría decirse que fueron negativos a finales de la
década de 1980 y principios de la de 1980 (porque los aumentos anuales en los
precios fueron mayores que los tipos nominales de interés) el precio del oro
fue alto. Pero en nuestra crisis actual, también
tenemos bajos tipos reales de interés porque los tipos nominales de interés son
bajos. DeLong usa la intuición para esta conclusión:
En esta
interpretación, el oro es y siempre ha sido un super bono del Tesoro: un activo
de muy larga duración que es o al menos se percibe que es “seguro” en el
sentido de que su precio no se comercia al descuento (debido a las primas de
riesgo e impago) respecto de un bono del Tesoro de la misma duración, sino que
en su lugar se comercia con prima.
¿Qué
puede decir el economista austriaco ante estas afirmaciones? ¿Es verdad que el
aumento meteórico del oro puede apuntarse principalmente a un desplome en el
tipo real de interés? ¿Es el miedo al envilecimiento del dólar realmente solo
un producto de la imaginación de Glenn Beck?
Mirando más críticamente esos gráficos
Aunque
muchos en el bando deflacionista piensan que han cerrado la última grieta en su
armadura, no nos apresuremos. Lejos de ofrecer una explicación sólida
teóricamente y confirmada empíricamente, Krugman y DeLong en realidad solo han explicado los dos grandísimos repuntes de
finales de la decada de 1970 y de los últimos años. Pero hay otras
implicaciones falsables en el modelo de Krugman: veamos si también pasa esas
pruebas.
Primero,
reproduzcamos el gráfico de los rendimientos diarios de los Títulos del Tesoro
a 20 años Protegidos ante la Inflación (TIPS, por sus siglas en inglés) que
Krugman utilizaba en su propio post:

Si estudiamos la dinámica del
modelo de Krugman, vemos que implica que cambios grandes y repentinos en el
tipo real de interés llevan a ajustes inmediatos en el precio del oro en la
dirección opuesta. Después de todo éste es el mecanismo por el que Krugman
piensa que ha explicado adecuadamente el acusado aumento en los precios del oro
en los últimos años.
Aún así hay largos tramos en el
gráfico anterior que no se ajustan a
esta explicación. Por ejemplo, el tipo real de interés (medidos en los rendimientos de los
TIPS a 20 años) sube bastante abruptamente del 2,06% el 3 de enero de 2006
al 2,58% el 3 de julio de ese año. Es un movimiento muy fuerte para ese corto
periodo de tiempo.
No está claro en cuánto debería
haber movido este cambio el precio del oro, ya que el modelo de Krugman en
cualitativo. Para calcular realmente el nuevo precio spot de equilibrio,
tenemos que incluir una cifra para lo que él llama el “precio de asfixia” del
oro, al que nadie compraría oro para aplicaciones industriales o comerciales.
Aún así,
a pesar del tamaño del movimiento, la
dirección está perfectamente clara:
si la explicación básica de Krugman es correcta, entonces este gran aumento en
el “tipo real de interés” en un periodo de seis meses está claro que debería
haber reducido el precio real del
oro.
Así que
¿cómo se comporta la teoría de Krugman? Echando un ojo a los gráficos de Kitco, el precio spot del oro a principios de
enero de 2006 era de 530$. A principios de julio, el precio spot había
aumentado a 623$. Tras ajustar el cambio al IPC oficial,
sigue habiendo un aumento del 15% en el precio “real” del oro, durante un tramo
corto en el que la teoría de Krugman dice que los precios del oro deberían
haber bajado, yh probablemente de
forma abrupta. Vaya.
El modelo
de Krugman tiene también otras implicaciones. Por ejemplo, si el tipo de
interés real permanece constante durante un periodo largo, entonces el precio
del oro debería aumentar (anualizado) al mismo ritmo durante ese periodo. Por
desgracia, el rendimiento de los TIPS a 20 años rebota por todas partes, así
que es difícil probar esta implicación. Aún así, como indica el gráfico
anterior, el rendimientos estuvo relativamente calmado durante el año 2005 y se
sostuvo alrededor del 2%. A veces es más bajo, a veces es más alto, pero no se
aleja demasiado del 2% durante el año, al menos comparado con lo volátil que es
en el resto del gráfico.
Así que
si el modelo de Krugman fue la explicación completa, entonces el precio real del oro debería haber aumentado
solo alrededor del 2% durante el año 2005. De hecho, el precio spot aumentó de
428$ a 512$; después de ajustar el cambio al IPC, el precio real aumentó en
torno al 16%.
Para
resumir, ya estemos mirando grandes movimientos en el tipo real de interés en
periodos más cortos o a tipos reales de interés bastante constantes durante
periodos más largos, hay casos utilizando la propia serie de datos de Krugman
que incumplen completamente su modelo. Krugman y DeLong piensan que han
resuelto su molesto problema del aumento de los precios del oro, pero realmente
no lo han hecho. Presentaron un modelo cualitativo en el que súbitas caídas en
el tipo real de interés llevan a cambios instantáneos al alza en el precio del
oro. Al ver estos resultados, declaraban: “¡Misión cumplida!” y se sirvieron
unas cervezas. Pero hay bastantes más implicaciones de su modelo de no se
ajustan a los datos.
Ahora
bien, es cierto que el modelo de Eddy Elfenbein para los precios del oro parece
bastante bueno:

Pero el problema es que Elfenbein solo está ajustando la curva. El elegante aparato
teórico que desarrollan Krugman et al. requiere que el oro responda a tipos de
interés a largo plazo, aunque Elfenbein
admite que en su lugar utilizó los tipos a corto plazo para generar el gráfico
anterior. Y lo que es más revelador, Elfenbein dice de su gráfico anterior:
La relación
no es perfecta pero se mantiene bastante bien durante los últimos 15 años
aproximadamente. La misma dinámica parece funcionar en los 15 años anteriores,
pero creo que las proporciones son distintas.
Está bien
hasta aquí y tal vez los que comercien a corto plazo en los mercados encuentren
útil el modelo de Elfenbein. Sin embargo está claro que no nos ha dado “el”
modelo del oro, ya que él mismo admite que (a) no encaja con ninguna
explicación teórica y (b) realmente solo “funciona” cuando restringe los datos
a cierto periodo y luego juega con los parámetros para obtener el mejor ajuste.
Con un procedimiento así, uno podría “explicar” los precios del oro
relacionándolos con todo tipo de cosas.
Para ser
justos con Elfenbein, es bastante claro acerca de los límites de su logro.
(Aunque nadie ha acusado nunca a Paul Krugman de tener una modestia
comparable). Elfenbein escribe:
Déjenme
aclarar que éste es solo un modelo y no estoy tratando de explicar al 100% el
movimiento del oro. El oro está sujeto a un alto grado de volatilidad y
especulación. Por ejemplo, los acontecimientos geopolíticos pueden afectar al
precio del oro.
Es un
detalle excelente y debería dar una pausa a quienes piensan que Krugman et al.
han resuelto el supuesto misterio de los crecientes precios del oro. Es bien
conocido que los acontecimientos geopolíticos pueden causar vaivenes en el
precio del oro. Es interesante advertir que esto no coincide necesariamente con los movimientos requeridos en los
rendimientos de los TIPS. Por ejemplo, después de que el Presidente Obama dijera
al mundo que las fuerzas de EEUU habían matado a Osama bin Laden el 2 de mayo, los precios
del oro cayeron unos 55$ por onza en los días siguientes. Pero el rendimiento de los
TIPS a 20 años también cayó ligeramente. (Para que funcione la explicación
de Krugman, los rendimientos de los TIPS deberían haber aumentado con la noticia “expansionista”, para echara abajo los
precios del oro).
Ignorando al elefante en la habitación: el oro es el dinero del mercado
En la
sección anterior he mostrado los defectos de la teoría del tipo real de interés
en términos que incluso los economistas de la corriente principal pueden
entender. Pero ahora quiero apuntar el problema fundamental de la aproximación
de Krugman et al.: están intentando explicar el precio del oro mientras ignoran su función histórica como
dinero del mercado.
Por
ejemplo, miremos bajo la capucha del modelo de Krugman. Si podemos abrirnos
paso a través de la jerga, esto es lo que está haciendo: Krugman supone primero
que hay una existencia fija de oro (ya extraído de la mina) en manos de
diversos propietarios. Luego esa pila de existencias desaparece lentamente al
dirigirse a aplicaciones comerciales e industriales. Pero lo esencial es, en el
modelo de Krugman de que la única razón
para tener oro es esperar que el precio pagado por los dentistas (para
empastes de dientes) suba en el futuro. Aquí están las propias palabras de Krugman:
Funciona
así. Imaginemos que hay una existencia fija de oro ahora disponible y que con
el tiempo desaparece gradualmente en usos del mundo real como en odontología.
(Sí, se extrae oro y hay una demanda más
o menos perpetua de oro simplemente para guardarlo; no se preocupen por ahora).
El ritmo al que el oro desaparece en los dientes (el flujo de demanda del oro,
en toneladas anuales) depende de su precio real (…) [cursivas añadidas].
Fíjense
en la parte que he destacado: Krugman esta ignorando de forma muy consciente el
hecho de que hay alguna gente por ahí que posee oro “para guardarlo”. Dice: “no
se preocupen por ahora”, pero nunca vuelve a este punto esencial.
Como ya
deberíamos suponer, la introducción de Eddy Elfenbein a su propio análisis es refrescantemente
cándida:
Pero la
pregunta es: “¿Cómo puede alguien calcular razonablemente cuál es el precio del
oro?” Para las existencias tenemos todo tipo de ratios. Es verdad que esos
ratios pueden ser malos (…) pero al menos son algo. Con el oro, no tenemos
nada. Después de todo, el oro es solo una roca (vale, vale, un elemento).
¿Cómo
demonios podemos siquiera empezar a analizar el valor del oro? Hay un viejo
chiste de que el precio del oro lo entienden exactamente dos personas en todo
el mundo. Ambos trabajan para el Banco de Inglaterra y están en desacuerdo.
Está
claro que ni Krugman ni Elfenbein tienen ningún aprecio por el papel histórico
del oro (y la plata) como medio de
intercambio, Ludwig von Mises en su obra clásica La
teoría del dinero y del crédito, explicaba sistemáticamente cómo el oro
puede empezar siendo un material normal, con su precio relativo determinado por
su uso como factor de producción.
A causa
del proceso que resumo en este
artículo, los comerciantes empiezan a guardar oro (u otros medios de
intercambio) no porque quieran usarlo
para hacer collares o empastes dentales, sino porque es un activo muy líquido.
Cuando este proceso echa a rodar, el oro (u otros medios de intercambio) se
convierte en comúnmente aceptado y en ese punto el mercado a dado a luz
espontáneamente una moneda. (Ver un reciente
cuestionamiento de esta opinión).
Una vez
que entendemos el papel histórico del oro como la moneda material mundial
basada en el mercado, podemos ver por qué es el refugio por excelencia ante la
inflación y también por qué la gente se dirige al oro cuando tiene miedo. Las
relaciones de equilibrio descritas por Krugman et al. tienen que ser ciertas, si no varía nada más, pero no han
demostrado en modo alguno que Bernanke tenga que inflar más.
Conclusión
Reconozco
que a Krugman, DeLong et al. les resultaría difícil entender realmente la
adopción del oro (y la plata) por el mercado, si tratan de explicar su precio
con un modelo que ignora el papel histórico del oro como medio de intercambio.
(Hay que reconocer que el deflacionista
Mish siempre ha destacado el lugar especial del oro como el dinero del
mercado).
Cuando
las malas noticias desde Grecia hacen que los precios del Tesoro aumenten,
todos aceptan la explicación de sentido común de que “los inversores abandonan
al euro por el dólar”. ¿Entonces por qué debería ser tan misterioso que la
increíble inyección de dólares de Bernanke haya dirigido a los inversores
preocupados hacia divisas-refugio seguras (es decir, al oro y la plata) que no pueden devaluarse?
Hay
muchos inversores (incluyendo pequeñitos y grandes como Jim
Rogers y Marc
Faber) que son muy claros acerca de por qué las políticas de Bernanke han
llevado al alza las materias primas en general y los metales preciosos en
particular. No necesitamos crear elegantes modelos para ponernos en su lugar:
esa gente nos grita sus motivos todos los días.
Puede que
estos inversores de alto perfil estén equivocados y que realmente estemos
esperando precios de consumo estables hasta donde podemos ver. Pero no lo
creo y tampoco lo hacen millones de otras personas que acuden al oro.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy,
and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.