Restaurando el honor del pepino español

Por Brian Ó Caithnia. (Publicado el 27 de junio de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5391.

 

En las últimas semanas, la Unión Europea ha sido testigo de un temor a un envenenamiento alimentario que demostró la frágil naturaleza de todo el proyecto de libre comercio de ésta. La crisis estalló en un momento en que algunos países de la UE ya tenían serios problemas fiscales, lo que ha provocado respuestas exageradas a dicho estallido. Este artículo propone una explicación de las fuerzas económicas que han estado actuando en Europa.

El 2 de mayo de 2011, las autoridades sanitarias alemanas informaron de un brote de una enfermedad grave llamada Síndrome urémico hemolítico (SUH), producto de la bacteria E. coli. Desde entonces se han detectado casi 3.000 casos en Alemania. Durante casi un mes, las autoridades alemanas de seguridad alimentaria no pudieron identificar el origen de la enfermedad. Más tarde, el 26 de mayo, los funcionarios de sanidad alemanes empezaron a apuntar a los cultivadores españoles de pepinos orgánicos.

Instantáneamente se pusieron en marcha los peores elementos del proteccionismo nacionalista y se creó una barrera comercial alrededor de una serie de sectores españoles que por parte de sus supuestos compañeros comerciales, incluyendo a Bélgica, Austria, la República Checa y Gran Bretaña. Este embargo comercial se expandió pronto para incluir no solo a los pepinos, sino también a tomates y lechugas y finalmente a toda la verdura de España. Luego países como Austria empezaron a prohibir alimentos que hubieran atravesado Alemania mientras países de toda Europa empezaran a prohibir las verduras de los demás. Italia puso en marcha a los paramilitares Carabinieri del país para interceptar importaciones sospechosas de contaminación procedentes de España, Holanda y otros países europeos, mientras que el lobby agrícola italiano, Coldiretti, utilizaba el brote para pedir a los italianos que apoyaran a sus cultivadores locales y evitaran las importaciones.

Rusia fue después un paso más allá y prohibió todas las importaciones vegetales de toda la Unión Europea. Arabia Saudita siguió perezosamente a Rusia una semana después (a pesar de que algunos países en ese momento habían empezado a anular las restricciones previas), decidiendo prohibir completamente todos los vegetales frescos y enlatados importados de Europa. ¡Es notable como un brote limitado geográficamente a un área alrededor de la ciudad de Hamburgo, que llevó a una prohibición inicial de los pepinos orgánicos españoles, pudo acabar con el cese total de todo comercio vegetal entre cientos de millones de personas!

El miedo a la intoxicación alimentaria ha devastado el sector agrícola europeo y las pérdidas ya han llegado a los miles de millones. Los exportadores españoles de frutas y verduras estiman que solo ellos han perdido más de 200 millones de euros a la semana en ventas, al quedar sin vender 150.000 toneladas de productos por la reacción en toda Europa ante el brote. La ya inmanejable tasa de desempleo del 21% empezó a aumentar aun más al ser despedidas cientos de personas del sector agrícola que trabaja con márgenes muy estrechos.

El sector era uno de los pocos en España que no había sufrido la recesión y estaba de hecho expandiéndose, sacando lentamente a España de la recesión. ¡El daño causado a España sería equivalente al que se causaría diciendo que en Grecia y todas sus playas hay una variedad de peste bubónica que se transmite por el aire! Para añadir el insulto a la injuria, Rusia ha aprovechado la oportunidad para recuperar a sus compañeros comerciales, acudiendo con entusiasmo a países como Turquía, Egipto y Azerbaiyán para cubrir la cuota de mercado duramente obtenida previamente que había quedado vacía de los productores de vegetales europeos ahora prohibidos.

Al final resultó que los pepinos orgánicos españoles fueron exculpados. La bacteria E. coli encontrada en los pepinos españoles era en realidad una variedad no virulenta y por tanto inocua. Dado que los pepinos orgánicos se cultivan con fertilizantes derivados del estiércol, o heces de vaca, ¿sorprende realmente descubrir alguna bacteria en ellos? ¿No sabemos todos que los vegetales hay que lavarlos? ¿Quién sabe esto ya?

Las tensiones aumentan

España, el mayor productor y exportador de verduras y hortalizas de Europa, está indignada con la respuesta de los demás países de la UE, porque reaccionaron antes de que se estableciera la fuente de contaminación, Un funcionario público español dijo “ningún país de la UE puede prohibir un producto en su territorio. Eso corresponde a la Comisión Europea. Las decisiones de Alemania, Austria y Finlandia son ilegales”. El brote de la E. coli ha disparado así respuestas comerciales que violan la legislación de la UE y una serie de acuerdos de la OMS.[1] La OMS incluso declaró que no recomendaba restricciones comerciales o de viaje, indicando que dichas medidas no tienen justificación científica o de salud pública.[2]

Lo que estamos presenciando realmente es el “nuevo proteccionismo”: el de los patrones de seguridad alimentaria. La Unión Europea ya ha estado empleando “estándares de sanidad y seguridad” para castigar a los productores del tercer mundo durante décadas. Los lobbies agrícolas han llevado al proteccionismo a una forma cada vez más compleja y difícil de medir. Los “estándares de calidad” se han convertido en las nuevas barreras comerciales. Por ejemplo, los estándares de la UE para proteger a los consumidores contra las aflatoxinas cuestan a los exportadores africanos de nueces, cereales y frutos secos 650 millones de dólares al año y redujeron sus exportaciones en un 64%. El Banco Mundial estima que la política, que es extremadamente costosa para muchos africanos, puede prevenir una muerte porcada mil millones de personas en Europa al año.[3]

Dado que murieron 338 personas en las carreteras de Alemania solo en abril mientras que solo 43 personas murieron en el brote de E. coli a los largo de todo el brote de dos meses, podemos hacernos la pregunta: ¿Cuáles son exactamente las prioridades del gobierno alemán? Sin duda, utilizando la lógica, Angela Merkel debería prohibir a sus ciudadanos utilizar las carreteras hasta que sean seguras.

Tristemente, este fenómeno es tan viejo como el propio comercio. Aprovechando algún defecto en un bien importado, obtenemos una excusa para prohibirlo en favor de productores conectados políticamente. En Europa esto fue más evidente entre 2000 y 2002 cuando Francia impuso una prohibición sobre la carne británica tras la crisis de las vacas locas. La prohibición se mantuvo mucho después de que la carne británica recibiera una aprobación sanitaria. Fue solo después de que UE, y esto hay que reconocérselo por una vez, empezara a imponer multas de 100.000₤ diarias a Francia por su prohibición ilegal, cuando el loqueo se eliminó.

Las secuelas

Lo primero se echó  por la ventana en este fiasco fue por supuesto la propia ley. Bajo los artículos 53 y 54 de las regulaciones de seguridad alimentaria de la UE, Alemania no podía prohibir las importaciones extranjeras sin el permiso de la Comisión Europea.[4] El comisario de la UE declaró de hecho abiertamente que no se implantarían restricciones alimentarias.[5] Podrían engañarnos haciéndonos pensar que la ley no era obligatoria, sino solo una indicación.

En Italia, en respuesta a la caída en ventas de pepinos italianos, Coldiretti llevó a cabo el 4 de junio una campaña en la que regaló más de 10 toneladas de pepino en diversas regiones. Después de retirarse las acusaciones, el gobierno español reclamó indemnizaciones al gobierno alemán por acusar falsamente a los granjeros españoles de cultivar “pepinos asesinos”.

“Tenemos que reivindicar el honor del pepino”, dijo Francisco Sosa-Wagner, miembro español del Parlamento Europeo. Francia acompañó a España en reclamar una compensación al 100%.

Al final, resultó que el brote se localizó en una granja de brotes de soja en el norte de Alemania. Con más de 40 brotes[6] ligados a los brotes de soja en las últimas décadas, no debería resultar ninguna sorpresa.

El comisario de agricultura de la UE calmó la situación ofreciendo reembolsar todas las pérdidas en que incurrieron los granjeros, mientras que el gobierno alemán ofrecía también subvencionar la promoción de los pepinos españoles. Como era previsible, las compuertas se abrieron el 3 de junio, mientras que los estados europeos de la UE, como plaga de langosta, empezaron a recoger el nuevo expolio al contribuyente ofrecido por la UE. La oferta inicial de indemnización de 150 millones de euros fue rechazada en seguida como demasiado pequeña por países como Francia, Polonia y Eslovaquia y se han ido poniendo sobre la mesa ofertas cada vez mayores.

Como podíamos prever, ahora que la crisis ha terminado, las barreras comerciales parecen permanentes. El presidente español Zapatero está furioso con países como Rusia que rechaza eliminar sus nuevas restricciones a las verduras europeas, especialmente en este momento de problemas financieros en España. Ludwig von Mises expresó muy bien esto:

La filosofía del proteccionismo es una filosofía de guerra.[7]

¿Hay una solución de libre mercado?

Como se mencionó antes, ya existen numerosos acuerdos internacionales de seguridad alimentaria, sin que se siguiera ninguno durante esta crisis. Con el desacato a la UE por parte de Alemania y otros países de la UE, hay cada vez más llamados a quitar poderes a los gobiernos nacionales y reforzar radicalmente los poderes de la Comisión Europea sobre los estados miembros. Tal vez sea esta la conclusión lógica si el mercado resulta completamente incapaz de ofrecer una alternativa. Por suerte, no es el caso.

Paul Krugman proclama que la “defensa económica” de la regulación pública de la seguridad alimentaria “parece abrumadora” porque los consumidores están en desventaja por su falta de conocimiento de los mercados. Se basa en la falacia de que los participantes en el mercado, afrontando la realidad de la “información imperfecta”, tienen pocos o ningún incentivo para obtener información por sí mismos. Sin embargo es la misma existencia de información asimétrica lo que crea una demanda de servicios de aseguramiento que ocupan rápidamente los empresarios. Desde los chismorreos de barrio hasta marcas de prestigio a Underwriters Laboratories a Consumer Reports protegen a los consumidores contra los vendedores sin escrúpulos.

Aunque la comida es un producto en que el consumidor debe demandar el más alto nivel mínimo de calidad, esto solo añade incentivos a las aseguradoras privadas para ofrecer el mejor servicio posible. Las empresas privadas afrontan un temor a perder su reputación y confianza entre clientes y proveedores y un temor a demandas que produzcan las ventas de productos contaminados. Además, la posición legal está muy clara. Las compañías alimentarias tienen una responsabilidad legal de garantizar que la comida que venden es segura y apropiada para el consumo humano. Una agencia de aseguramiento privado tendría un instinto de supervivencia para localizar el origen de cualquier brote en tiempo récord.

Por el contrario, como consecuencia de la letárgica e incompetente respuesta del los funcionarios de sanidad del gobierno en esta crisis, ahora un grupo de agricultores españoles está demandando privadamente a una autoridad sanitaria alemana que se ha mostrado incapaz de llevar a cabo un análisis científico adecuado. El contribuyente alemán, no estos “expertos” debe pagar las pérdidas. Estas agencias sanitarias financiadas públicamente desplazan a las alternativas privadas a tiempo que externalizan los costes de aplicación de productores y consumidores de productos concretos a contribuyentes.

Como explicaba Santo Tomás de Aquino: “Un error pequeño al principio es grande al fin”.[8] Si empezamos suponiendo que se necesita que el gobierno regule la seguridad alimentaria, pronto las fuerzas sociales y los intereses especiales nos llevarán inexorablemente al mundo a establecer una agencia regulatoria alimentaria mundial. Debemos atacar el problema de raíz, sin embargo, denunciando esta suposición inicial. Es hora de que los gobiernos abandonen la seguridad alimentaria, porque, si no fuera por su intromisión, el antiguo honor del pepino español nunca se habría puesto en cuestión.

Si uno de los grandes fundadores de la Escuela Austriaca, el Padre Juan de Mariana, de la Escuela de Salamanca, estuviera hoy vivo seguramente se uniría a mí en este grito contra la tiranía:

¡Viva el pepino español!

 

 

 

Brian Ó Caithnia es profesor adjunto de economía en la Universidad de Syracuse en Madrid y presidente del Irish Liberty Forum.



[2] Organización Mundial de la Salud, “Brote de EHEC: aumenta el número de casos en Alemania”, 2 de junio de 2011.

[3] Open Europe, “Why the EU must reform to Survive" (2005), p 15.

[5] Declaración de John Dalli, Comisario europeo de Salud y Política de Consumidores sobre la E. coli: 1 de junio de 2011.

[7] Ludwig von Mises, Human Action: Scholars' Edition, p. 683. [Publicado en España como La acción humana].

[8] Santo Tomás de Aquino, El ente y la esencia, “Prólogo”: “Quia parvus error in principio magnus est in fine”.

Published Tue, Jun 28 2011 7:16 PM by euribe