Por Nick Ottens. (Publicado el 27 de junio de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5412.
Los sindicatos del sector público han convocado para el 30 de junio la mayor huelga en una generación para protestar por los recortes presupuestarios del gobierno liberal-conservador. Rechazan el plan de austeridad del Primer Ministro David Cameron, que incluye recortes en empleos, pensiones y gastos del sector público. ¿Es malo para ellos?
Si escuchamos a los sindicatos o a la oposición del Partido Laborista, podríamos creer que los recortes masivos ya han tenido lugar. Pero aunque la coalición liberal-conservadora esté planeando refrenar el gasto limitando el crecimiento futuro de los boyantes presupuestos públicos, el gasto público ha disminuido este año un magro 0,7%. De hecho, el gasto en abril y mayo, los primeros dos meses del nuevo año fiscal, fue un 4,1% superior comprado con el mismo periodo de 2010. Menudos “recortes salvajes” los que supuestamente han tenido lugar.
Respecto de los empleos, el gobierno pretende reducir su fuerza laboral en 100.000 personas en cuatro años, lo que no es una pérdida masiva cuando consideramos que el estado británico emplea a más de 6 millones de personas. Solo el Sistema Sanitario nacional es el tercer mayor empresario del mundo, solo superado por el monopolio de los ferrocarriles en la India y las fuerzas armadas chinas. Estados Unidos tiene aproximadamente tantos soldados en servicio como Gran Bretaña enfermeras y doctores.
Comparadas con las fortunas de la gente en el sector privado, que han visto considerables despidos junto con reducciones en pagas y prestaciones, es difícil tener mucha simpatía por los trabajadores del sector público que protestan que aún no se han visto afectados en absoluto por la recesión.
Incluso si el gobierno las reforma, las pensiones del sector público seguirán siendo enormemente generosas comparadas con las de los jubilados del sector privado. La gente que trabaja en el sector privado no puede esperar obtener pensiones que estén ligadas a la inflación y a los salarios crecientes ya con 60 años, pero los británicos que trabajan para el gobierno a veces las consiguen.
La diferencia entre las contribuciones de los funcionarios y las pensiones que se les abonan se prevé que se doblará hasta los 6.500 millones de dólares solo en los próximos cuatro años. Por eso se espera que el gobierno proponga que sus trabajadores paguen un 3% extra en contribuciones y trabajen tanto tiempo como todos los demás. De acuerdo con los sindicatos, eso es injusto.
Además, se quejan de que los salarios en el sector público son mucho menores que la media del sector privado, pero esa comparación es deliberadamente errónea. Hay muchos más trabajadores de baja formación en el sector público, lo que rebaja la media. Sin embargo, para trabajos comparables, los funcionarios están mejor pagados. Además, disfrutan de más seguridad laboral y vacaciones y están enfermos más a menudo que la gente que trabaja en la economía real.
Los trabajadores del gobierno británico deberían madurar y aceptar que la fiesta se ha acabado. Los laboristas no hicieron nada por aliviar la creciente carga fiscal del estado. “Los gobiernos socialistas tradicionalmente crean un caos financiero”, decía un conservador. “Siempre acaban con el dinero de otros”. Ese conservador era Margaret Thatcher y el año era 1976. Ella sí recortó realmente el gasto. Todavía está por ver si David Cameron lo hará también.
Nick Ottens es el editor de las noticias transatlánticas y el sitio de comentarios del Atlantic Sentinel y analista colaborador con Wikistrat, y escribe sobre política y economía en el blog Free Market Fundamentalist. Es asimismo historiador y su investigación actual es el campo de los movimientos de reavivación islámica y el terrorismo en la India Británica del siglo XIX.