Por Robert P. Murphy. (Publicado el 18 de abril de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5210.
Una divertida historia en la NPR explicaba recientemente el origen de una nueva colección de cuentos del Dr. Seuss.
El cuento se refería a un empresario dentista con una pasión por Seuss y un truco para explotar las diferencias de precios.
¿Explicar grandes beneficios? ¡Aquí en Mises sabemos un montón de eso!
¿Hay algún doctor en la revista?
Podemos citar de la transcripción de la NPR para ver el componente empresarial del cuento:
De vez en cuando se descubre algún tesoro de literatura aparentemente “perdido”. El último descubrimiento de este tipo es una colección de cuentos de Theodor Geisel, más conocido como Dr. Seuss. Los estudiosos y coleccionistas de Seuss sabían algo de estas historias, pero los fans tendrán la oportunidad de leerlas en un nuevo libro a publicar por Random House el próximo otoño. (…)
No son cuentos a medio escribir encontrados en un ático lleno de polvo tras la muerte del autor. Son historias que ya se habían publicado. El Dr. Charles Cohen, un dentista de Massachusetts con una pasión por todas las cosas del Dr. Seuss simplemente se las arregló para recogerlas en un solo lugar.
“Aparecieron en las revistas de los 50”, explica Cohen, “Y luego cuando la revista del mes siguiente aparecía, la gente tiraría la anterior. Y estas historias se olvidaron. Y han pasado literalmente 60 años para algunas de estas historias y muy poca gente las ha visto.
Mientras hacía investigaciones sobre el autor de los libro de niños, Cohen empezó a conseguir copias originales de las historias. Pero necesitaba alguna forma de soportar su hábito.
“Encontraría algunas de restas revistas en las que aprecieron y las compraría en eBay por 2$ o 5$ a gente que no sabía que tenían historias del Dr. Seuss”, dice. “Y luego las listaría en eBay y explicaría qué son. Así que una revista me produciría 200$ o 400$ y eso era una gran suma para mí”.
Naturalmente, el relato de la NPR continúa explicando la significación de la colección. En el mejor de los casos, se nos lleva a creer que los beneficios de Cohen en eBay eran un mal necesario para producir el resultado final.
Aún así, quiero centrarme solo en las propias transacciones de eBay. Aunque esto no hubiera producido nada (que no hubiera habido ninguna nueva colección de historias del Dr. Seuss y nunca hubiéramos oído un relato de la NPR acerca de ello), las acciones de Cohen ofrecieron un servicio socialmente útil, que se reflejó en los beneficios que obtuvo.
Emprendedores: la fuerza motriz del mercado
En su obra maestra, La acción humana, Ludwig von Mises escribía:
La fuerza motriz del proceso del mercado no la proveen ni los consumidores ni los propietarios de los medios de producción (tierra, bienes de capital y trabajo) sino los empresarios que promueven y especulan. Son gente que intenta obtener un beneficio aprovechando las diferencias en precios. Más rápidos en comprender y con mejor visión de futuro que otros hombres, buscan a su alrededor fuentes de beneficio. Compran donde y cuando consideran demasiado bajos los precios y venden donde y cuando consideran demasiado altos los precios. (…) La especulación en búsqueda de beneficios es la fuerza motriz del mercado ya que es la fuerza motriz de la producción. (Páginas 328-329 de la Tercera Edición en inglés).
De entre las distintas escuelas de pensamiento económico, la austriaca es la que pone más énfasis en la importancia del emprendimiento. De hecho no es exagerado decir que uno podría obtener un doctorado en economía en una universidad puntera sin que se escuche una explicación del término “emprendedor” en el aula.
La función social del emprendimiento
La mayoría de la gente reconoce las contribuciones de audaces pioneros como Henry Ford y Bill Gates, pero Mises reconocía que incluso operaciones mundanas, en las que empresarios menos conocidos “compran bajo y venden alto”, ajustan el mercado para satisfacer mejor a los consumidores.
En analogía de Mises, los consumidores “votan” con su dinero, y cada dólar constituye un voto distinto. Los emprendedores entran en el mercado de trabajo y otros recursos con el fin de pagar por esas entradas y producir bienes y servicios acabados a los consumidores, esperando “ganar sus votos”. La importancia de las distintas cosas posibles se indica (aunque imperfectamente) por cuánto dinero están dispuestos a gastar en ellas los consumidores.
Por ejemplo, como los consumidores están dispuestos a gastar algo de su dinero en verduras al por menor, las tiendas de verduras pueden gastar dinero en verduras al por mayor y así subimos por la escalera de la producción hasta llegar a los agricultores que están dispuestos a dedicar parte de su escaso terreno a cultivar verduras.
Sin embargo al mismo tiempo los fumadores están dispuestos a gastar parte de su dinero en cigarrillos. Por eso el proceso del mercado asegura que algún terreno cultivable se dedique al tabaco. Mises dejaba claro que la rentabilidad de un bien no era una señal de su inmoralidad, sino más bien una indicación de que al menos algunos consumidores lo valoraban más que otros bienes potenciales que podrían haber comprado en su lugar.
Mises era muy claro en que quienes condenaban el “capitalismo” por producir cigarrillos en lugar de (digamos) leche maternizada estaban realmente condenado los hábitos de compra de sus conciudadanos. Si los fumadores lo dejaran y usaran en su lugar el dinero para donar leche maternizada a las madres pobres, entonces el capitalismo atendería esas preferencias igual de eficientemente.
El capitalista en el sombrero
Ahora podemos entender cómo el Dr. Cohen ofrecía un servicio cuando encontraba historias escondidas del Dr. Seuss en revistas olvidadas. Alguien que pusiera una revista como esa en eBay por 2$ o 5$ evidentemente no sería consciente de su importancia. Si Cohen no hubiera visto la oferta, podría haber sido comprada por cualquier otro que tampoco supiera nada del cuento del Dr. Seuss.
Aparece Cohen, con su superior conocimiento. Ha descubierto antes muchas revistas que contienen historias del Dr. Seuss, así que puede reconocer los números concretos cuando los ve en eBay. Al comprarlos (a un precio bajo) y luego revenderlos a un precio mucho más alto (y advirtiendo el hecho de que contenían historias desconocidas del Dr. Seuss) Cohen “creaba riqueza” en un sentido muy real.
En concreto, Cohen compraba revistas que la gente estaba dispuesta a vender por solo 5$ y a su vez las vendía a gente dispuesta a pagar hasta 400$ por ellas. Cada parte de la transacción era voluntaria; todos pensaban que se beneficiaban cuando se consumaba cada transacción. Las revistas se transferían de la posesión de gente que no era consciente de lo que contenían a las manos de gante que sí lo era (porque Cohen se lo decía).
En un sentido económicamente relevante, Cohen creaba esas copias extra de historias originales del Dr. Seuss, igual que un artista puede crear una figurilla de un bloque de madera con un cuchillo. Es verdad que podía haber simplemente enviado un correo a los vendedores en eBay e informarles de lo que poseían, en lugar de comprarles. Pero en este caso, esos vendedores probablemente habrían aumentado sencillamente el precio de puja. Las revistas habrían acabado en manos de los amantes del Dr. Seuss. La única pregunta sería: ¿Quién debería obtener los beneficios del descubrimiento: Cohen o el ignorante propietario original?
Conclusión
Siguiendo a Mises, los modernos economistas austriacos destacan la primacía del emprendedor. En el fondo, el emprendedor simplemente compra barato y vende caro. Pero para poder hacerlo, el emprendedor debe ver una oportunidad en la estructura de precios del mercado que otros hayan pasado por alto.
Al perseguir beneficios personales, el emprendedor acaba reordenando bienes de una forma que place más a los consumidores. El caso del entusiasta de Seuss, Charles Cohen ejemplifica de forma bella la armonía entre beneficio personal y servicio a otros en la economía voluntaria del mercado. Para lo bueno o lo malo, los emprendedores ofrecerán lo que quieran los consumidores: ya sea un pez, dos peces, peces rojos o peces azules.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará Anatomía de la Fed en la Mises Academy este invierno. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.