¿Debería el Congreso aumentar el tope de deuda?

Por Robert P. Murphy. (Publicado el 27 de enero de 2011)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5000.

 

En los niveles actuales de gesto, el gobierno federal puede tropezar con su límite de deuda ya en marzo. El Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, advierte que será “catastrófico para la economía” si el Congreso no aumenta el límite de crédito del Tío Sam. Los escritores en medios conservadores piden a los republicanos que utilicen esta oportunidad para conseguir recortes significativos en el gasto antes de extender el límite. Y algunos libertarios extremistas argumentan que el tope de deuda no debería aumentarse, porque un impago del gobierno sería algo bueno para el pueblo estadounidense.

En este artículo explicaré la situación básica y comentaré cada una de estas opiniones.

El Tío Sam se ha arrinconado

Siempre desde 1917 el Congreso ha dado al Tesoro la capacidad de emitir nueva deuda (es decir, tomar prestado de otras agencias o individuos). En ese momento, la idea era que el poder ejecutivo necesitaba la capacidad de tomar decisiones financieras rápidas para financias el esfuerzo bélico. Sin embargo el Congreso no quería ceder completamente el control de la bolsa del dinero y así que puso un tope a la deuda total que el Tesoro podía pedir prestado en un momento concreto.

Después de la Primer Guerra Mundial, el gobierno de EEUU si recortó drásticamente el gasto y en realidad la administración Coolidge retiró una considerable porción de la deuda. Pero desde la desgraciada presidencia de Herbert Hoover la deuda federal ha florecido y el crecimiento durante nuestra crisis financiera ha sido imponente:

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Actualmente el tope legal de deuda es de 14,294 billones de dólares. En enero la deuda real era ligeramente mayor de 14 billones. Con los presentes ritmos de gasto y con los ingresos proyectados de flujo hacia las arcas federales, los analistas estiman que los federales llegarán a su límite de crédito en algún momento entre marzo y mayo.

Antes de continuar con el análisis deberíamos hacer una distinción importante: Las cifras anteriores se refieren a la “deuda federal total”, que incluye la “deuda intragubernamental”. Sin embargo cuando los economistas discuten cosas como la “relación deuda/PIB” de un país concreto utilizan una cifra inferior contando solo “la deuda total en poder del público”. Para Estados Unidos, esta cifra menor (en diciembre) era de 9,4 billones de dólares, porque 4,6 billones de la deuda estaba realmente en poder de otras agencias públicas como la Seguridad Social.

Incluir o no la “deuda intragubernamental” depende del contexto, pero en la medida en que uno no ve al “fondo de garantía” de la Seguridad Social como un verdadero activo, entonces por coherencia no debería animarse mucho por las obligaciones del Tesoro con el “fondo de garantía”. Si el Tesoro impagase esa porción de la deuda, lo que los ciudadanos perdieran en cheques de la Seguridad Social se compensaría dólar a dólar por reducciones en los pagos de intereses en la deuda federal.

Por otro lado, uno podría argumentar que hay importantes diferencias entre los individuos: unos cuentan con la Seguridad Social para su jubilación, mientras que otros tienen grandes ingresos y pagan a Hacienda grandes cantidades para atender a la deuda federal. No deberíamos poner a todos en el mismo pozo de los “ciudadanos”. (Después de todo, sería absurdo argumentar: “Un impago federal de toda su deuda sería neutral, porque el grupo ‘todos los terrícolas’ vería contrarrestadas pérdidas y ganancias”).

Pero si vamos a insistir en que los títulos del Tesoro en poder del fondo de garantía de la Seguridad Social y toda la demás deuda intergubernamental son tan legítimos como los títulos del Tesoro en poder de los inversores privados, tenemos que calcular la deuda federal como un 95% del PIB. Es mucho más alto que la cifra de alrededor del 64% del que informa normalmente la prensa (utilizando el dato oficial del tercer cuatrimestre de 2010). En otras palabras, la única forma de “salvar” la Seguridad Social y otros programas apreciados (al insistir en que tratemos a sus posesiones de deuda del Tesoro como activos legítimos) es hacer simultáneamente la “deuda nacional” así de peor.

La defensa de la histeria

Naturalmente, Geithner y otros portavoces del poder ejecutivo argumentan que el mundo se acabará si el Congreso no les da el permiso para poner más tinta roja. En particular, dicen que sin la capacidad de pedir prestado a otros prestamistas el Tesoro no podrá cumplir con sus obligaciones actuales, incluyendo los pagos de principal e intereses sobre la deuda ya existente. De acuerdo con estas advertencias, si el Tesoro de EEUU entrara en default, devastaría los mercados financieros mundiales y así que el Congreso debería de dejar de jugar a la política y aumentar el tope de deuda como un adulto.

¡Si el impago es tan malo, no impaguen!

Sin embargo, incluso en sus propios términos, estas advertencias suponen un conveniente salto de “no aumentar el tope de deuda” a “impago del Tesoro”. Como apunta Michael Tanner:

Si no se aumenta el tope de deuda, el Tesoro puede priorizar el pago de interés y deuda para evitar un impago y poner esencialmente al gobierno bajo un principio estricto de pago a medida que se ingresa. ¿Implicaría eso recortes extremos en el gasto público? Sin duda. Pero podría hacerse, si tiene que hacerse.

Recordemos que el Tesoro aún obtiene bastante dinero en ingresos: obtuvo 604.000 millones de dólares (ajustados estacionalmente) en el tercer trimestre de 2010. En el año fiscal 2010 la deuda anual a atender era de unos 414.000 millones, lo que supone una media de unos 104.000 millones por trimestre. Aunque las cifras no serán las mismas en el futuro, atender la deuda absorberá solo en torno a un sexto de los ingresos percibidos.

Así que hay bastante flujo de caja como para que el Tesoro atienda sus deudas existentes, si es que un impago es realmente tan catastrófico. Tengan también en cuenta que incluso si el tope de deuda no aumentara, el Tesoro aún podría refinanciar su deuda a medida que venzan los bonos existentes. Lo único que no podría hacer el Tesoro es emitir más deuda.

Tal vez el impago no sea tan malo después de todo

Finalmente, ¿por qué dar por sentado que un impago del Tesoro sería tan terrible? Como argumenta Jeffrey Rogers Hummel, puede hacerse tanto una defensa moral como económica para el repudio de las deudas de Tío Sam:

El argumento moral para el repudio es más fácil de entender aunque por sí mismo no dice nada acerca de los resultados prácticos. Los títulos del Tesoro representan un flujo de futuros ingresos fiscales y los inversores no pueden reclamar más justamente esos pagos que en cualquier actividad criminal. Estoy a favor del repudio de toda la deuda pública por la misma razón de que estoy a favor de la abolición de la esclavitud con indemnizar a los dueños de esclavos.

El argumento económico depende de si se sostiene la equivalencia ricardiana.[1] Repudiar la deuda pública elimina futuras obligaciones fiscales. En el grado en que la gente anticipe correctamente esas obligaciones, el valor de los activos privados (incluyendo el capital humano) debería aumentar a largo plazo en la misma cantidad en que cae el valor de los títulos públicos. Así que la gente ganará o perderá dependiendo de lo cerca que esté su riqueza asociada con el Estado. Si por otro lado la gente infraestimara sus obligaciones fiscales futuras, sufrirían una “ilusión fiscal o de bono” en la que los títulos del Tesoro le haría sentir más rica de lo que es. El repudio de la deuda pondría sus expectativas alineadas más de cerca con la realidad, lo que debería aumentar el ahorro.

Cuando consulto a estudiantes en mis clases, la mayoría de ellos afirma no tener expectativas realistas de que la seguridad social siga allí cuando se jubilen. Si fueran sinceros y actuaran bajo esta creencia cuando tengan ingresos, la equivalencia ricardiana no debería sostenerse para esos títulos, haciendo cualquier impago menos doloroso.

Conclusión

Tal vez el argumento más fuerte para no aumentar el tope de deuda es que Estados Unidos está condenado al default (ya sea explícitamente incumpliendo sus pagos o implícitamente mediante inflación masiva) en algún punto en la próxima década o la siguiente. Las propias proyecciones del gobierno muestran la deuda creciendo rápidamente a niveles alarmantes bajo ciertos supuestos y ninguno de sus modelos contempla la posibilidad de una depresión continuada y un colapso del dólar.

Como han apuntado otros, un tope firme de deuda será una “enmienda con dientes a un presupuesto equilibrado”. Es evidente que los políticos no pueden recomendar recortes concretos del presupuesto por miedo a perder poderosos grupos de interés. Pero si los “halcones” presupuestarios recién elegidos quieren de verdad impresionarnos deberían rechazar subir el tope de deuda. Entonces ellos y sus colegas no tendrán otra alternativa que empezar a recortar.

 

 

Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde enseñará Anatomía de la Fed en la Mises Academy este invierno. Gestiona el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy, and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young Economist.



[1] Nota del editor: Ver la página de la Mises Wiki para la equivalencia ricardiana.

Published Fri, Jan 28 2011 9:02 PM by euribe