Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 27 de junio de 2008)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3015.
Lo que sigue intenta explicar la idea más importante en la historia del análisis social. La idea (realmente es una descripción de la realidad que nos rodea a todos pero raramente se advierte) ya existía desde hace siglos. Los primeros que la observaron fueron los antiguos. Los primeros que la describieron con rigor fueron unos monjes de la Baja Edad Media que trabajaban en España. Se le dio precisión científica en el periodo clásico. Es la base de los avances en teoría social en el siglo XX.
De hecho es una parte esencial en la defensa de la libertad. Fue la base de la creencia de nuestros antepasados de que podían acabar con el gobierno tiránico y aún así no hacer que la sociedad cayera en la pobreza y el caos. El fracaso en entender esta idea está en la misma raíz de la perversa inclinación contra la libertad y la libre empresa en nuestros tiempos, en la izquierda y en la derecha.
Hablo de la división del trabajo, también conocida como la ley de la ventaja comparativa o la ley del coste comparativo y también como la ley de la asociación. Llámenla como quieran, es probablemente la mayor contribución unitaria que la economía ha realizado a la comprensión humana.
Esta ley (una ley como la gravedad, no como el límite de velocidad) es un descripción de por qué la gente coopera y la ubicuidad de las condiciones que llevan a esta cooperación. Si nos tomamos unos pocos minutos para aprenderla, entenderemos cómo funciona esa sociedad y crece en riqueza incluso sin una mano visible que dirija su camino. También veremos cómo la crítica de que la economía de mercado lleva a que los fuertes dominen a los débiles es realmente una mentira.
Esta ley muestra cómo resulta que la gente puede ganar, materialmente y de todas las demás formas, trabajando junta en lugar de aisladamente. No solo ganan en el sentido de la satisfacción que proviene de la participación solidaria con tus iguales: pueden realmente ganar en las cosas reales de la vida, los bienes y servicios disponibles para todos.
Lo que es más, ganan más que la suma de sus partes. A través de la cooperación y el intercambio, podemos producir más que si trabajamos aisladamente. Esto es aplicable a las cosas económicas más simples así como a las más complejas.
Ayuda explicar esto más rigurosamente de forma que puedan observar la magia del mercado en funcionamiento. (Debo la siguiente exposición a Ludwig von Mises en La acción humana, Murray Rothbard en “Freedom, Inequality…” y especialmente Manuel Ayau en Not a Zero-Sum Game, disponible en Mises.org).
Supongamos que usted y yo hacemos rosquillas y pasteles. Pero hay un problema: usted hace ambos productos con increíble eficiencia. De hecho, usted hace el trabajo de fabricar rosquillas y pasteles mejor que nadie que haya vivido nuca. Usted es el campeón mundial de todos los tiempos.
En cambio yo no soy tan bueno. Mis rosquillas saben tan ricas como las suyas, pero parecen costarme un siglo hacerlas. A mis pasteles les pasa lo mismo. Lo intento una y otra vez, pero por mucho que lo haga, parece que no pueda hacerlas como usted.
¿Qué es lo que probablemente pasaría bajo estas condiciones? La respuesta intuitiva, que usted escuchará en casi cualquier clase de sociología en el país, es que usted hará todas las rosquillas y los pasteles. Nadie más los hará. Usted se impondrá a todos los demás y tendrá un masivo poder de mercado. Si alguien quiere alguna, debe acudir a usted y solo a usted. Usted es un privilegiado, favorecido, rico, poderoso y el esto de nosotros solo podemos sentarnos sobrecogidos y rogarle.
Pero de hecho no es eso en absoluto lo que pasa. Volvamos atrás un poco y veamos por qué.
Digamos que usted y yo no nos conocemos y ambos fabricamos rosquillas y pasteles. Esto es lo que pasa en un periodo de 24 horas: usted fabrica 12 rosquillas en 12 horas y 6 pasteles en las 12 horas restantes. Por otro lado, y solo puedo hacer 6 rosquillas en las primeras 12 horas y 2 pasteles en las 12 horas restantes.
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Producción aislada
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Usted
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Usted
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Yo
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Yo
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Horas
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12
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12
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12
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12
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Producción
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12
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6
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6
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2
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rosquillas
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pasteles
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rosquillas
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pasteles
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Si trabajamos ambos a este ritmo, la producción total es de 18 rosquillas y 8 pasteles.
En cada caso, el coste de lo que decida hacer es lo que deja de hacer. Así que para usted el coste de cada pastel es 2 rosquillas e igualmente el coste de cada rosquilla es ½ pastel. Para mí el coste de oportunidad de hacer un pastel es de 3 rosquillas y el coste de hacer una rosquilla es ⅓ de pastel.
Visto así, podríamos observar que usted está bien colocado, mientras que yo lo tengo bastante mal. ¿Qué oportunidad tengo en la vida?
Bueno, mi esperanza se basa en la realidad de que su tiempo y recursos son escasos y usted quiere más de ambos. Así que usted empieza a pensar en intercambiar. A pesar de que no soy muy bueno no en pasteles ni en rosquillas, aún puede ver que puede obtener más de una cosa o la otra animando nuestra cooperación, liberando así su tiempo para hacer lo que mejor hace usted.
Si usted se especializa en fabricar pasteles, aún necesita algunas rosquillas, así que planea intercambiar conmigo pasteles por rosquillas. Con esta idea en mente, aumenta su producción de pasteles y reduce la de rosquillas. Yo, por el contrario, dejo completamente la producción de pasteles y me dedico a la de rosquillas con la esperanza de encajárselas a usted.
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Producción con cooperación
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Usted
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Usted
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Yo
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Yo
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Horas
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8
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16
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24
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0
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Producción
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8
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8
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12
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0
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rosquillas
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pasteles
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rosquillas
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pasteles
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Así que ahora usted emplea solo 8 horas en hacer rosquillas, tiempo en que fabrica 8 rosquillas; en las restantes 18 horas del día, usted es capaz de hornear 8 pasteles. Entretanto yo puedo ahora dedicar todo mi tiempo a fabricar rosquillas y consigo 12 rosquillas en 24 horas.
Sumemos toda la producción. Antes de la cooperación: 18 rosquillas y 8 pasteles. Después de la cooperación: 20 rosquillas y 8 pasteles.
¿Cuál es entonces la ganancia? Exactamente dos rosquillas. ¿Pueden creérselo? No ha cambiado nada más: no hubo ningún incremento en nuestro potencial productivo, ningún aumento en tecnología, ningún cambio en la demanda del consumidor o el clima o la linealidad de la propia historia. Todo lo que ocurrió es que nos pusimos de acuerdo en producir con un intercambio cooperativo en lugar de aisladamente y presto: dos rosquillas adicionales.
¿Cree que hay truco? Vuelva atrás y verifique los números y los datos. Soy igual de malo y usted e igual de fabuloso. Y aún así hay un papel para ambos.
Digamos que ahora intercambiamos los bienes que fabricamos. Usted podría darme 2 de los pasteles que fabricó a cambio de 5 rosquillas que fabriqué. Esto le deja a usted 13 rosquillas y 6 pasteles, mientras que yo tengo ahora 7 rosquillas y 2 pasteles.
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Después de nuestro intercambio
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Usted
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Usted
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Yo
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Yo
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Resultados
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13
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6
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7
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2
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rosquillas
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pasteles
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rosquillas
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pasteles
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Esto sería razonable, ya que esas rosquillas que usted me compra le han costado 5 horas de tiempo de producción. Es verdad que me llevaron 10 horas hacerlas, pero ¿qué obtengo si las intercambio? Obtengo 2 pasteles que me habrían costado 12 horas hacerlos. Así que en cierto sentido, al especializarme he ahorrado 2 horas. ¿Y cuántas horas se ha ahorrado usted al animarme a fabricar rosquillas? 5 horas, durante las cuales usted fabricó pasteles.
¿Y cuál es el coste de intercambio en bienes materiales para cada uno de nosotros? Usted ha perdido 2 pasteles. Yo he perdido 5 rosquillas. Si nuestro tiempo se midiera en términos de bienes, usted ha perdido el tiempo equivalente a 4 rosquillas por 5 rosquillas y por tanto ganado 1. Yo he perdido 5 rosquillas pero ganado el tiempo equivalente a 6, así que mi relación pastel/rosquilla es de 3 a 1.
¿Así que quién ganó más? En términos de rosquillas, ambos ganamos lo mismo: una. En términos de tiempo, yo he ganado más. En términos de pasteles, usted ahorró más. ¿Quién es el ganador? Ambos. Otra vez: ¿qué nos hace ganar? La cooperación y el intercambio. Nada más.
Ahora, usted podría decir que esto es absurdo. Nadie se sienta a dibujar matrices de intercambios para ver cómo podría beneficiarse dividiendo la producción. Pero en realidad lo hacemos constantemente. Yo podría ser un maravilloso músico y programador web. Pero mi ventaja está en la programación web, así que dejo la producción de música a otros, incluso si lo hacen menos eficazmente.
Es verdad en el mundo de los negocios: el jefe podría hacer un trabajo fantástico en contabilidad, limpieza, mercadotecnia y soporte a clientes. Podría hacer estas cosas más eficazmente que ningún otro, pero los costes de hacer una cosa son no hacer otra. Tiene sentido depender de otros para así podernos especializar todos.
Pensemos en le gran pianista del siglo XIX Franz Liszt. Fue el músico mejor y mejor pagado en Europa. Supongamos que también fuera un gran afinador de pianos. ¿Tendría sentido que dejara de practicar para un concierto que le reportaría 20.000$ para afinar su propio piano? En absoluto. En su lugar pagaría 200$ a alguien para que lo hiciera. El coste de oportunidad de afinar el piano era muy alto para Liszt, pero para el afinador era demasiado bajo. Intercambian y se benefician ambos.
Pasa lo mismo con doctores y enfermeras. El doctor podría ser bueno en preparar pacientes, pero al hacerlo el doctor deja de realizar otra operación que le costaría varios miles de dólares.
Fíjese en que esto tiene sentido incluso si una persona tiene una ventaja absoluta en cada área. Lo que importa en el mundo real no es la ventaja absoluta, sino la ventaja comparativa. Ahí es donde nace la ley de asociación. Es verdad para dos personas, para doscientas personas, para dos mil personas o para todas las personas de todo el mundo. Aquí tenemos la defensa del comercio internacional, pues no cambia nada acerca de la ventaja mutua para la gente que reside en tierras diferentes.
Por esto tiene sentido comerciar, tanto para países ricos como pobres, como apuntaba Bartolomé de Albornoz ya en el siglo XVI:
Si no fuera por estos contratos, a algunos les faltarían los bienes que otros tienen en abundancia y no podrían compartir los bines que tienen a cambio con esos países en los que escasean.
Fíjese en que estas ganancias no provienen de un diseño sino simplemente por la libertad de asociarse, a la que el Papa León XIII calificó de derecho humano en su encíclica Rerum Novarum:
Si [el estado] tratara de prohibir las asociaciones de los ciudadanos, obraría en contradicción consigo mismo, pues tanto él como las asociaciones privadas nacen de un mismo principio, esto es, la natural sociabilidad del hombre.
Tanto las ventajas morales como las prácticas fueron reiteradas por el Papa Juan Pablo II en Centesimus Annus:
Es evidente que el trabajo de un hombre se conecta naturalmente con el de otros hombres. Hoy más que nunca, trabajar es trabajar con otros y trabajar para otros: es hacer algo para alguien. El trabajo es tanto más fecundo y productivo, cuanto el hombre se hace más capaz de conocer las potencialidades productivas de la tierra y ver en profundidad las necesidades de los otros hombres, para quienes se trabaja.
La ley la formuló David Ricardo en Inglaterra y luego fue más perfilada por los posteriores economistas. Su importancia es imposible de exagerar: significa que no es necesario que toda la gente del mundo tenga los mismos talentos para beneficiarse de la cooperación. De hecho, es la misma diversidad de la población humana la que hace ventajoso trabajar junta y comerciar para su mutuo beneficio.
Lo que significa es que el aislamiento y la autosuficiencia llevan a la pobreza. La cooperación y la división del trabajo son el camino hacia la riqueza. Entienda eso y podrá refutar bibliotecas entras llenas de sinsentidos tanto de la izquierda como de la derecha.
Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo.
Una versión de este artículo apareció en InsideCatholic.com.