Por Eric M. Staib. (Publicado el 24 de febrero de 2010)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/daily/4106.
[La siguiente es la segunda de una serie
de tres partes acerca de la crisis de los huérfanos de Haití]
Una vez establecidas
las bases éticas ed los derechos de los niños haitianos y de sus padres
biológicos y adoptivos, podemos usar ahora la deducción praxeológica para
analizar la forma en que actuaría el mercado de la adopción y la transferencia
de hijos en una sociedad libre.
También podemos analizar los efectos de las limitaciones de
la sociedad libertaria en el mercado de adopción como fue descrita en La
ética de la libertad de Murray Rothbard. Este análisis aliviará muchos
de los temores de los libertarios a los que puede preocuparles que un libre
mercado de adopciones se convierta en una caza desorganizada y peligrosa de
huérfanos perdidos y solitarios vagando por las calles de Haití.
Formación del mercado
En el mercado libertario debe permitirse un libre comercio
de huérfanos con su consentimiento. El que ese comercio se produzca o no en la
realidad depende de las circunstancias particulares de la demanda en distintos
momentos y lugares.
Está claro que, con tal vez más de medio
millón de niños sufriendo tan cerca de un país tan rico como Estados
Unidos, el comercio de tutelas de huérfanos sería bastante robusto en el futuro
próximo. ¿Cómo se realizaría este comercio?
La opción más primitiva sería que los que quieran ser padres
adoptivos viajaran a Puerto Príncipe y recorrieran las calles buscando a
huérfanos que quieran ser adoptados. Este método, naturalmente, resultaría engorroso
e ineficaz, tanto para los posibles padres como para los huérfanos, que se
verían obligados a vagar por ahí buscando a tipos de personas que difícilmente
saben cómo identificar. Muy pocos padres adoptivos apoyarían un mercado que
anima a los jóvenes huérfanos a vagar por las calles.
Por tanto, para superar estos altos costes de transacción,
se formaría un red de distribución coordinada y compleja, tal y como ocurre en
todos los mercados libres.
Puede esperarse que la red de distribución de huérfanos tome
una forma similar a la de otras redes de distribución. Pequeños orfanatos de
barrio recogerían a los huérfanos vagabundos y servirían como puntos de entrega
a padres que quieran comprar sus derechos de tutela. Estos orfanatos locales
probablemente formarían redes en Haití y constituirían asociaciones más grandes
para la protección y alimentación de los huérfanos.
El que la existencia actual de huérfanos probablemente
abrume seriamente la capacidad de Haití de ofrecer estructuras locales no
impediría el progreso de este mercado. Más bien las deficiencias de Haití en
este aspecto constituyen la misma raíz de la demanda de huérfanos haitianos: el
beneficio psíquico que un padre adoptivo obtiene de amar y proteger a un
huérfano indigente es inversamente proporcional al antiguo nivel de vida del
niño.
Por tanto, la baja existencia de casas seguras en Haití
aumentaría la integración de adoptantes estadounidenses en el mercado. En
términos concretos, esto significaría que los ingresos irían de los
“consumidores” de huérfanos al alquiler de estructuras seguras ya existentes y
la construcción de nuevos orfanatos, que naturalmente podrían venderse para
otros fines después de que el mercado de huérfanos haya superado el exceso
actual. Esto realmente ayudaría a una pronta reconstrucción de Haití.
Estos orfanatos locales probablemente se asociarían
regionalmente para economizar en la gestión, aunque seguirían faltando recursos
o experiencia para enviar a los niños o asignarlos de acuerdo con los deseos de
ambos, padres e hijos. (Recordemos que los huérfanos retendrían todos sus
derechos de auto propiedad y pueden rechazar cualquier familia).
Al advertir esta escasez de orfanatos, las empresas
internacionales aparecerían para coordinar la distribución y asignación de huérfanos.
Estas empresas probablemente vendrían de los mercados más ricos del mundo, cuya
gente tiene la mayor demanda de huérfanos y por tanto traerían con ellas la
experiencia en la coordinación rápida y ágil de sistemas globales eficientes de
distribución.
Estas empresas serían responsables de la recogida y entrega
de huérfanos. Esto implica entrar en relaciones profesionales con orfanatos
locales o redes regionales de éstos, empresas de transporte en Haití, líneas
aéreas, empresas de distribución de huérfanos y otras empresas como servicios
médicos para asegurarse de que los huérfanos gozan de buena salud.
Una vez recogidos en estas empresas, los huérfanos pueden
distribuirse por todo el mundo por éstas o por empresas de distribución, según
el acuerdo que prevalezca de acuerdo con las fuerzas del mercado. Cualquiera
que sea la empresa que se ocupe de la distribución de los huérfanos, tendría
que ponerse en contacto con agencias de recogida, redes de transporte en países
ricos, empresas de publicidad, orfanatos o albergues extranjeros y otras
empresas para atraer a los padres adoptivos y enviarles los nuevos huérfanos
rápidamente y con seguridad.
Esta red local simplemente no puede coordinarse eficazmente
mediante una burocracia estatal. El conocimiento organizativo necesario para
dirigir un proyecto tan ambicioso sólo puede adquirirse mediante la recogida y
distribución privada de información. Y sólo puede esperarse una acción racional
consecuente sobre dicha información de dirigentes de empresas abiertas a la
competencia y que deben por tanto actuar de acuerdo con las demandas de los
consumidores.
La supervisión del mercado
La reacción inmediata de algunas personas a los argumentos
anteriores sin duda sería que, mientras se puede confiar en que las organizaciones
benéficas traten a los huérfanos con dignidad, las corporaciones en busca de
beneficios maltratarían a los huérfanos para recortar sus costes y aumentar sus
beneficios.
Esos comportamientos se castigarían en la sociedad
libertaria. Al saber de esos maltratos, muchos padres presentarían demandas
contra las empresas abusadoras, ofreciendo así información útil a otros
posibles padres. Otras empresas que hagan negocios con estas empresas
negligentes también actuarían rápidamente rescindiendo sus contratos para
proteger a sus propias marcas. Al recibir demandas globales y el desdén del
mercado, esas empresas cerrarían enseguida.
Por el contrario, no existen esos procesos de reparación
contra las autoridades gubernamentales abusadoras. Una autoridad estatal apoyada
por el inmenso poder del ejército de los Estados Unidos sólo está limitada por
otras agencias dentro del mismo aparto estatal. Mientras que el gobierno dicta
sus propias reglas, el mercado dicta claramente el comportamiento de las
empresas.
También está claro que un mercado de huérfanos desarrollado
libremente probablemente seríaa mucho más transparente que un sistema de
monopolio estatal. Y esto es porque, en la transacción de un bien tan
profundamente importante como los derechos de tutela de los huérfanos, las
preocupaciones secundarias como la seguridad, confianza y salud del huérfano
son muy importantes para los consumidores, los padres.
En el libre mercado, esta preferencia de los padres por la
salud de su nuevo hijo probablemente obligue a las empresas a llegar a niveles
de control de calidad e inspección absolutamente sin precedentes en relación
con los que conocemos hoy. De hecho, las empresas privadas de inspección ya han empezado a revisar organizaciones
benéficas que distribuyen ayuda en Haití y cabe suponer que los padres
reclamarían que las empresas privadas se sometan a inspecciones similares.
Además, el compromiso con una inspección rigurosa e independiente
también señala credibilidad para otras empresas en el mercado: sus marcas no se
verán dañadas si realizan negocios con la empresa. No se permiten inspecciones
de este tipo a las agencias gubernamentales: simplemente pueden amenazar a sus
socios con la fuerza.
Repito que resulta evidente que los bienes conllevan bienes
secundarios, como calidad, higiene, rapidez y otras preocupaciones y que la
provisión de estos bienes secundarios vendría dictada por la acción del
consumidor, lo que sería muy bueno para los huérfanos haitianos. Trágicamente
los estados no permiten a las empresas competir con ellos en estas áreas y así
vemos fracasos como el retraso
en el papeleo.
Por tanto podemos ver que el que esas empresas sean
compañías con fines lucrativos u organizaciones de beneficencia sería algo
absolutamente intrascendente desde el punto de vista de los niños huérfanos. En
realidad, es completamente posible que las empresas privadas ofrezcan mejores
niveles en la recogida, transporte y distribución de huérfanos.
Conclusión
La reticencia a considerar la provisión privada de la
adopción de huérfanos es destructiva e inhumana. Puede esperarse que los
proveedores privados de huérfanos traten a éstos con mayor respeto que el que
cabe esperar de los gobiernos; de hecho, en un libre mercado, no tendrían otra
opción.
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Eric Staib es especialista en economía en la Universidad de
Oklahoma.