La inclinación por amar la libertad

Por Gary Galles. (Publicado el 27 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/3881.

                                            

Aunque llevo bastante tiempo asociado al Instituto Mises, la distancia y mi horario de trabajo han hecho que mis relaciones cara a cara con otros que comparten mi aprecio por el trabajo del Instituto hayan sido demasiado infrecuentes. Así que fue un gran placer ser capaz de asistir al evento del Mises Circle (Economic Downturn: Cause and Cure), realizado en Newport Beach (a sólo dos horas de donde vivo y, como un premio para mí, en el Balboa Bay Club, donde pasé mi luna de miel con mi mujer), el 14 de noviembre.

Tuve la oportunidad de reencontrarme con antiguos estudiantes y colegas y encontrarme por primera vez con bastante gente (incluso unos pocos fans). Disfruté especialmente al encontrarme con Louis Carabini, el patrocinador del evento. Así que después de ir a casa leí su libro, Inclined to Liberty, que regaló generosamente a todos los participantes. Igual que casi todas las obras disponibles en el Instituto Mises, ofrece observación e inspiración útiles. Así que, tanto como agradecimiento como en la esperanza de hacer que más gente lea este breve libro, me gustaría compartir unas pocas de sus perlas:

Están los inclinados a la libertad, la libertad del individuo para vivir su vida de forma pacífica. Y están los inclinado al dominio, permitiendo a otros vivir sus vidas sólo si a otros les parece bien.

El “nos” mayestático [el Estado] parece moralizar y justificar actos que el “yo” haría reprensibles.

Echar la culpa a otros de lo que no tenemos dirige nuestra energía e ingenuidad lejos de la única fuente efectiva y fiable de triunfar en el mundo: la confianza en uno mismo.

En una sociedad que confía en sí misma, las pequeñas molestias pueden mantenernos despiertos por la noche, pero en una sociedad democrática, podemos gastar toda nuestra energía vital creando un pequeña molestia tras otra y ofreciendo “nuestra” solución.

Nadie nos debe gasolina, medicinas, comida, trabajo o cualquier otra cosa, así que ¿por qué deberíamos criticar a la persona por el precio que pone o el salario que ofrece por algo que en primer lugar no está obligado a ofrecernos?

En ámbitos limitados consideramos el uso de la fuerza como medio para ayudar a otros la antítesis de la caridad. Sin embargo en la arena política nos vemos perdonando e incluso promoviendo el uso de la fuerza física como medio apropiado para obtener ayuda. Y cuando se usa esa fuerza, paradójicamente nos referimos a ella como un acto de caridad y compasión.

En el mundo real, alguien debe trabajar para proveer y pagar todos los beneficios gratuitos que otros reciben… y ese “alguien” no es el Estado.

El que reclama un derecho a aprovecharse gratis, por ejemplo sanidad gratis, está quitando derechos inalienables a la persona a la que se lo reclama.

El Estado democrático simplemente ofrece medios atractivos para que algunos adquieran los recursos producidos por otros con poco o ningún coste, al tiempo que evita cualquier recurso de aquéllos a quienes se quitan esos recursos.

Quienes ganan riqueza produciendo bienes y servicios que otros eligen comprar han liberado a multitudes de las miserias que la naturaleza infligido en otro caso. (…) Porque la obtención de riqueza en mercados libres depende de quienes aprecian valor en los bienes y servicios de quien gana, cuanto mayor sea la riqueza ganada por uno, más se necesita que otro gane en riqueza percibida (bienestar).

La ganancia de riqueza no es un juego de suma cero no un juego de suma negativa.

Quienes deseen estrechar la distancia entre ricos y pobres (restringiendo la libertad individual y transfiriendo riqueza) sólo reducirán las ganancias reales de todos y, en el proceso, dañarán más a los más pobres.

Cuando los mercados libres crean riqueza, independientemente de lo rico que se vuelve un individuo, algún otro (…) estará también mejor. (…) Esa riqueza no se ha llevado nada de la sociedad, sino que de hecho ha dado a la sociedad una cantidad de riqueza que excede con mucho la cantidad que hayan ganado.

La prosperidad de una sociedad se basa en la productividad de todos sus miembros, así que sería irracional dificultar la productividad de quienes tienen el mayor talento o habilidad, igual que sería irracional lanzar una piedra a las máquinas más productivas.

La gente en una relación, o bien tiene la autoridad para establecer las condiciones de dicha relación (libertad) o alguien fuera de la relación tiene la autoridad para establecer esas condiciones (dominio).

Cuando analicemos los asuntos personales de otros, deberíamos preguntarnos: “¿A quién pertenecen estos asuntos, a él o a mí?”

Quienes buscan los mayores beneficios financieros sostenibles para el grupo menos favorecido sólo pueden alcanzar su objetivo permitiendo mercados libres para llevar naturalmente a todos los seres humanos a mayores niveles de bienestar.

Cuando el Estado adquiere los activos de un patrimonio, se distribuyen sencillamente a personas distintas de las elegidas por quien lo tenía, Si se dice que los herederos no merecen los activos porque no los han ganado, ¿qué puede decirse de las personas que reciben esos activos a través del Estado?

La gente que pueda preocuparse por un potencial abuso de poder por parte de una familia acaudalada debería estar aún más severamente preocupada por el abuso real del poder por parte del Estado a niveles que ninguna familia podría obtener.

Cualquier propuesta política que impide una actividad pacífica perdona, en la práctica, actos de violencia (…) hacia personas que se ocupan de sus propios asuntos o interactúan con otras personas sobre una base volitiva y contractual (…) porque alguien que no participa en esas actividades encuentra objetables esas actividades y asociaciones.

Quien proponga cualquier política del Estado debe a la vez perdonar los actos necesarios para obligar a su cumplimiento (…) independientemente de la retórica, cualquier acto empelado para obligar al cumplimiento sigue siendo inconsistente con la libertad humana, pues ese cumplimiento implica un amo y un criado.

La confianza en sí mismo es una herramienta mejor que la confianza en el Estado, porque promueve la prudencia. (…) la libertad individual no garantiza un juicio mejor, pero va en esa dirección a través de la retroalimentación natural (…). Esta retroalimentación natural es la “mano invisible de la que evolucionan los mercados complejos altamente productivos y las estructuras vivas.

Los medios involuntarios de mejorar el bienestar fracasarán en lograr el objetivo buscado, independientemente de cómo se instrumenten.

Los problemas no desaparecen en los mercados libres, pro supuesto; simplemente se resuelven o minimizan más eficazmente en él que en un sistema que emplea la coacción. En los mercados libres, los problemas invitan a los emprendedores a resolverlos (…) en una variedad de maneras inimaginable.

Estoy especialmente de acuerdo con dos de sus poderosos pensamientos concluyentes:

La libertad es un fin en sí misma, con la prosperidad como externalidad positiva.

La libertad se gana cuando aceptamos la idea de que somos los únicos dueños de nuestras vidas. (…) Siempre habrá quien reclame ser tu amo, pero sabrás que no es así.

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Gary Galles es profesor de economía en la Universidad de Pepperdine.

Published Sun, Nov 29 2009 6:40 PM by euribe