Por Randall G. Holcombe. (Publicado el 20 de octubre de
2009)
Traducido del inglés. El artículo original se encuentra
aquí: http://mises.org/story/3770.
El TARP, el Troubled Asset Relief Program [Programa de
Alivio para Activos Dudosos] ha cumplido un año. El 19 de septiembre de 2008,
el anterior Secretario del Tesoro, Henry Paulson anunció la necesidad de un
programa de 700.000 millones de dólares para comprar activos tóxicos en
posesión de los bancos para evitar una crissi financiera y después de alguna
modificación el Congresó aprobó rápidamente el TARP l 3 de octubre. Después de
un año ¿era TARP necesario? ¿Funcionó?
Las respuestas son No y No.
Para ocuparnos de la primera pregunta, consideremos para qué
estaba diseñado el TARP. El Secretario Paulson dijo que los préstamos
interbancarios se habían agotado porque los bancos tenían activos tóxicos
(títulos soportados por hipotecas) abarrotando sus portfolios. Como nadie sabía
lo que valían, los bancos no estaban seguros acera de la seguridad financiera
de otros bancos. Esta inseguridad causaba una reticencia a prestar y obligaba a
los mercados financieros a cerrase.
La solución, argumentaba Paulson, era aprobar el TARP y
utilizar 700.000 millones de dólares para comprar los activos tóxicos, Al
reemplazar los activos con títulos del Tesoro, se fortalecerían los balances de
los bancos y se reactivaría el interbancario.

Préstamos
comerciales e industriales de todos los bancos comerciales en EEUU
Fuente: Consejo de
Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal
(Las zonas grises
indican recesiones en EEUU)
ES fácil decir que el programa no era necesario, a pesar de
los argumentos de Paulson, porque el dinero del TARP no se usó para comprar
activos tóxicos. En su lugar, el dinero del TARP se usó para comprara acciones
de bancos elegidos, apuntalando sus balances al dar al gobierno federal parte
de la propiedad de éstos.
Nueve de los bancos más grandes se vieron forzados a emitir
acciones para el Tesoro, pagadas con el dinero del TARP, a pesar de que
bastantes de ellos trataron de negarse. Paulson alegó que si alguno de los
grandes bancos participaban y otros no, se identificarían sus distintos niveles
de debilidad, lo que él consideraba como indeseable.
En lugar de comprar activos tóxicos, el dinero del TARP se
usó para nacionalizar parcialmente el sector bancario. También se usó para la
propiación federal de AIG (después de ser inicialmente rescatada por la Fed) y
el rescate de Chrysler y General Motors.
Cuando las compañías automovilísticas de aproximaron
inicialmente al Secretario Paulson para pedir una parte del dinero, éste dijo
que era sólo para usarlo en la cmpra de activos tóxicos de instituciones
financieras. Pero cuando el Congreso se negó a rescatar a la industria
automovilística, Paulson cambió de opinión.
¿Era necesario apropiarse de 700.000 millones de dólares
para comprar activos tóxicos? A posteriori podemos ver que la respuesta es No,
porque el dinero no se usó para eso. ¿Estamos de alguna forma mejor por
haberlos usado para nacionalizar parcialmente instituciones financiera y
empresas industriales? Todo lo que hizo TARP por Chrysler y GM fue retrasar sus
quiebras por seis meses y comprar el gobierno una parte de la propiedad.
Respecto de los bancos, puede ser que alguno hubiera caído
sin el dinero, pero eso no es algo malo. Cuando las empresas toman riesgos,
deben sopesar los beneficios potenciales del éxito contra las pérdidas
potenciales del fracaso y el apoyo del TARP elimina la segunda parte de la
balanza. Podía haber habido algunas dislocaciones a corto plazo por las caídas
de bancos, pero a largo plazo dejar que ocurriera preservaría la estructura de
incentivos que alimenta una economía de mercado.
Los bancos son intermediarios financieros que juntan
prestamistas con prestatarios. Cuando un banco se viene bajo, no reduce la
cantidad de dinero disponible para los prestatarios o evita que los ahorradores
provean de dinero que pueda prestarse. Los prestatarios y prestamistas tienen a
su disposición otros intermediarios financieros para reemplazar las actividades
que los bancos fallidos habrían realizado.
En último término, lo que hizo el TARP fue proveer de fondos
al gobierno para tomar una parte de la propiedad de empresas privadas.
Nacionalizar nuestras empresas financieras e industriales no es de interés
público. Ahora el gobierno federal posee el 80% de AIG y el 61% de GM. TARP no
era necesario. No funcionó. Y lo que realmente hizo era indeseable.
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Randall G. Holcombe es miembro investigador del The
Independent Institute, profesor de economía en la Universidad del Estado de
Florida, antiguo presidente de la Public Choice Society y la Society for the
Development of Austrian Economics. Doctorado en la Universidad de Virginia
Tech., ha esñado en la Universidad de Texas A&M y la Universidad de Auburn.
El Dr. Holcombe es asimismo miembro señor del James Madison Institute y fue
miembro del Consejo de Asesores Económicos del Gobernador de Florida.