On the legacy of Dr. Armand Hammer / Sobre el legado del Dr. Armand Hammer
On the legacy of Dr. Armand Hammer
I have a strong personal reason to be indebted to Dr. Armand Hammer, as he made possible the creation of the United World College in Montezuma, New Mexico, where I had the privilege of completing high school aided by a very generous scholarship.
His legacy today is worth a serious review in these times of conflict between communism, socialism and capitalism. Dr. Armand Hammer went to Russia during the summer of 1921 planning to do relief work for the famine in the Urals. While seeing the hunger of those sick by the typhus epidemic, in contrast with the untapped natural resources and factories still standing in decent shape, he had the business idea of shipping one million dollars worth of grain from his hometown of New York, on the condition that the cargo ship should return with furs, caviar and other commodities. Lenin, then the most powerful man in the world, summoned Dr. Hammer through a telegraph conversation back to Moscow and offered him an asbestos concession. Lenin was at the time reversing four years of communism due to its obvious failures and was planning a retreat to state socialism, and invited Dr. Hammer to create wealth for the Russian people as a foreign concessionaire for a profit. Trotsky was also of invaluable help. In 1923 Lenin died and was replaced by Stalin, who eventually ousted Trotsky and quickly started creating the state of terror and inefficiency that became the USSR for much of the balance of the 20th century. Dr. Armand Hammer remained in Moscow until 1929 when it became obvious to him that his business opportunities were over. During those final years he was able to build a pencil factory from scratch and was congratulated by many Soviet authorities for enabling the Russians to produce their pencils at a fraction of the cost of their previous imports.
After a short residence in Paris, he lived the rest of his very long life in New York and then in Los Angeles where he took over the virtually bankrupt Occidental Petroleum Corporation and transformed it into what it is today. He was able to complete tough dealings with rulers such as Ghadaffi, the Shah and Trujillo. It would be redundant for me to list here all his business achievements in a capitalist society he understood so well; what I wish to point out is that he became an extraordinary bridge between East and West in his later years. President Kennedy requested Dr. Hammer in 1961 to go back to Moscow to explore new avenues of understanding. Under the astonishment of the officials at the American Embassy, Dr. Hammer was received with honors first by Deputy Prime Minister Mikoyan and then by General Secretary Khrushchev. He was amazed that during his conversations with them, he repeated the same topics already discussed with Lenin: foreign trade, the virtues of capitalism, the shortcomings of bureaucracy, and the hope that capitalism and socialism would one day be blended with the best of both worlds. Dr. Hammer became the unofficial, reliable capitalist voice that could freely speak, understand and be understood by a succession of Russian and Chinese leaders such as Brezhnev, Andropov, Chernenko, Gorbachev, and Deng Xiaoping. He was able to convey the Russian culture to American presidents such as Roosevelt, Johnson, Kennedy, Carter and Reagan. All of these politicians quickly came in and out of office. Only Dr. Hammer remained as a bastion of intercultural understanding between both worlds for so many decades.
Every time I must deal with Venezuelan socialist bureaucracy and propaganda, I make an effort to recall Dr. Hammer’s legacy and remind myself how he was able to function in any country. It is possible to do business in any political system, even though it is hard and details must be considered ad infinitum. His legacy of international understanding and free enterprise must be kept alive against all odds.
Rubén Rivero Capriles
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Sobre el legado del Dr. Armand Hammer
Tengo razones personales poderosas para sentirme endeudado
con la memoria del doctor Armand Hammer, quien hizo posible la creación del
Colegio del Mundo Unido en Montezuma, Nuevo México, donde tuve el privilegio de
concluir el Bachillerato Internacional gracias a una generosa beca de dicha
institución.
Su legado hoy en día merece une seria revisión en estos
tiempos de pugna entre el comunismo, el socialismo y el capitalismo. El Dr.
Armand Hammer fue a Rusia durante el verano de 1921 con el objetivo de realizar
trabajos para paliar el hambre en los Montes Urales. Al observar la hambruna de
los enfermos por la epidemia de tifus, la contrastó con los recursos naturales
sin explotar y las fábricas zaristas todavía en relativamente buen estado, y
tuvo la idea empresarial de enviar un cargamento de granos valorado en un millón
de dólares a través de sus oficinas en Nueva York, bajo condición de que el
buque regresase con una cantidad equivalente de pieles, caviar y otros
productos. Lenin, para entonces el hombre más poderoso del mundo, convocó al
Dr. Hammer por medio de una conversación telegráfica para regresar a Moscú y le
ofreció una concesión de asbestos. En ese período Lenin comenzaba el proceso de
reversar cuatro años de comunismo debido a su obvio fracaso y replanteaba un
retroceso hacia el socialismo de estado, por lo que invitó al Dr. Hammer a
crear riquezas para el pueblo ruso con un margen de ganancia. La ayuda de
Trotsky también fue invalorable. En 1923 Lenin falleció y fue reemplazado por
Stalin, quien eventualmente exilió a Trotsky y rápidamente comenzó a crear el
estado de terror e ineficiencia que caracterizó a la URSS por buena parte del
resto del siglo XX. El Dr. Armand Hammer permaneció en Moscú hasta 1929 hasta
percibir que evidentemente sus oportunidades de negocio habían caducado.
Durante esos años finales él logró instalar una fábrica de lápices desde cero y
fue felicitado por variadas autoridades soviéticas, ya que permitió a los rusos
producir sus lápices a una fracción del costo de sus importaciones previas.
Luego de una breve residencia en París, vivió el resto de su
larga vida en Nueva York y por último en Los Ángeles, donde tomó el control de
la prácticamente quebrada Corporación Petrolera Occidental y la transformó en
la próspera multinacional que es hoy en día, teniendo para ello que lidiar con
personajes tales como Ghadaffi, el Shah y Trujillo. Sería redundante enumerar
aquí sus éxitos empresariales en esa sociedad capitalista que comprendió tan
bien; sin embargo cabe destacar que asumió el rol de ser un puente
extraordinario entre Oriente y Occidente en sus años postreros. El Presidente
Kennedy pidió al Dr. Hammer en 1961 regresar a Moscú para explorar nuevos
caminos de entendimiento. Con el asombro de los diplomáticos acreditados en la
Embajada Americana, el Dr. Hammer fue recibido con honores primero por el
Primer Ministro Encargado Mikoyan y luego por el Secretario General Khrushchev.
Él se sorprendió al percatarse durante sus conversaciones con ellos que
volvieron a colación los asuntos discutidos con Lenin tales como: comercio
exterior, las virtudes del capitalismo, las deficiencias de la burocracia, y el
anhelo que algún día el capitalismo y el socialismo se conjugasen con lo mejor
de ambos mundos. El Dr. Hammer resultó ser la voz confiable y extraoficial que
pudo libremente hablar, comprender y ser comprendida por una sucesión de líderes
rusos y chinos tales como Brezhnev, Andropov, Chernenko, Gorbachev y Deng
Xiaoping. Él fue capaz de traducir la cultura rusa para los presidentes
americanos, principalmente Roosevelt, Johnson, Kennedy, Carter y Reagan. Todos
estos políticos rápidamente entraron y salieron del cargo. Únicamente el Dr.
Armand Hammer se mantuvo como un bastión de entendimiento intercultural entre
ambos mundos por tantas décadas.
Cada vez que me toca soportar la burocracia y propaganda
socialistas venezolanas, hago un esfuerzo por retomar el legado del Dr. Hammer
y me acuerdo de cómo él pudo funcionar en cualquier país. Sí es posible hacer
negocios en cualquier sistema político, aún cuando la tarea es ardua y los
detalles deben ser considerados ad
infinitum. Su legado de entendimiento internacional debe mantenerse vivo en
contra de todos los pronósticos.
Rubén Rivero Capriles