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<?xml-stylesheet type="text/xsl" href="http://mises.org/Community/utility/FeedStylesheets/rss.xsl" media="screen"?><rss version="2.0" xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/" xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/" xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"><channel><title>Rodrigo Diaz : Trabajo</title><link>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Trabajo/default.aspx</link><description>Tags: Trabajo</description><dc:language>en</dc:language><generator>CommunityServer 2008.5 SP2 (Build: 40407.4157)</generator><item><title>Leyes del salario mínimo</title><link>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/09/09/leyes-del-salario-m-237-nimo.aspx</link><pubDate>Thu, 10 Sep 2009 01:36:00 GMT</pubDate><guid isPermaLink="false">944abf2b-d1be-4bf2-990d-438cb0e377e9:250399</guid><dc:creator>Rodrigo Diaz</dc:creator><slash:comments>0</slash:comments><comments>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/09/09/leyes-del-salario-m-237-nimo.aspx#comments</comments><description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Por Henry Hazlitt&lt;/em&gt; &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hemos examinado anteriormente algunos de los perniciosos resultados que producen los arbitrarios esfuerzos realizados por el Estado para elevar el precio de aquellas mercanc&amp;iacute;as que desea favorecer. La misma especie de da&amp;ntilde;os se derivan cuando se trata de incrementar los sueldos mediante las leyes del salario m&amp;iacute;nimo. Esto no debe sorprendernos, pues un salario es en realidad un precio. En nada favorece la claridad del pensamiento econ&amp;oacute;mico que el precio de los servicios laborales haya recibido un nombre enteramente diferente al de los otros precios. Esto ha impedido a mucha gente percatarse de que ambos son gobernados por los mismos principios. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las opiniones acerca de los salarios se formulan con tal apasionamiento y quedan tan influidas por la pol&amp;iacute;tica, que en la mayor&amp;iacute;a de las discusiones sobre el tema se olvidan los m&amp;aacute;s elementales principios. Gentes que ser&amp;iacute;an las primeras en negar que la prosperidad pueda ser producida mediante un alza artificial de los precios y no vacilar&amp;iacute;an en afirmar que las leyes del precio m&amp;iacute;nimo, en vez de proteger, perjudican las industrias que tratan de favorecer, abogar&amp;aacute;n, no obstante, por la promulgaci&amp;oacute;n de leyes de salario m&amp;iacute;nimo e increpar&amp;aacute;n con la m&amp;aacute;xima acritud a sus oponentes. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, deber&amp;iacute;a quedar bien sentado que una ley de salario m&amp;iacute;nimo, en el mejor de los casos, constituye arma poco eficaz para combatir el da&amp;ntilde;o derivado de los bajos salarios y que el posible beneficio a conseguir, mediante tales leyes, s&amp;oacute;lo superar&amp;aacute; el posible mal en proporci&amp;oacute;n a la modestia de los objetivos a alcanzar. Cuanto m&amp;aacute;s ambiciosa sea la ley, cuantos m&amp;aacute;s obreros pretenda proteger y en mayor proporci&amp;oacute;n aspire al incremento de los salarios, tanto m&amp;aacute;s probable ser&amp;aacute; que el perjuicio supere los efectos beneficiosos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo primero que ocurre cuando, por ejemplo, se promulga una ley en virtud de la cual no se pagar&amp;aacute; a nadie menos de treinta d&amp;oacute;lares por una semana laboral de cuarenta y ocho horas, es que nadie cuyo trabajo no sea valorado en esa cifra por un empresario volver&amp;aacute; a encontrar empleo. No se puede sobrevalorar en una cantidad determinada el trabajo de un obrero en el mercado laboral por el mero hecho de haber convertido en ilegal su colocaci&amp;oacute;n por cantidad inferior. Lo &amp;uacute;nico que se consigue es privarle del derecho a ganar lo que su capacidad y empleo le permitir&amp;iacute;an, mientras se impide a la comunidad beneficiarse de los modestos servicios que aqu&amp;eacute;l es capaz de rendir. En una palabra, se sustituye el salario bajo por el desempleo. Se causa un mal general, sin compensaci&amp;oacute;n equivalente. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &amp;uacute;nica excepci&amp;oacute;n se registra cuando un grupo de obreros recibe un salario efectivamente por debajo de su valor en el mercado. Esto puede ocurrir s&amp;oacute;lo en circunstancias o lugares especiales donde las fuerzas de la competencia no funcionen libre o adecuadamente; pero casi todos estos casos especiales podr&amp;iacute;an remediarse con igual efectividad, m&amp;aacute;s flexiblemente y con menor da&amp;ntilde;o potencial, a trav&amp;eacute;s del actuar de los sindicatos. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cabe pensar que si la ley obliga a pagar mayores salarios en una industria dada, pueda &amp;eacute;sta elevar sus precios de tal suerte que el incremento pase a gravitar sobre los consumidores. Sin embargo, tal desviaci&amp;oacute;n no es tan hacedera ni se escapa con tanta sencillez a las consecuencias de una artificiosa elevaci&amp;oacute;n de sueldos. Muchas veces no es posible aumentar el precio de sus productos, pues quiz&amp;aacute; se induzca al consumidor a la b&amp;uacute;squeda de un sustitutivo. O bien, si contin&amp;uacute;an adquiri&amp;eacute;ndolo, los nuevos precios les obliguen a comprar menos cantidad. En su consecuencia, aunque algunos obreros de la industria en cuesti&amp;oacute;n se han beneficiado del alza de salarios, otros por ello perder&amp;aacute;n sus empleos. Por otra parte, si no se aumenta el precio del producto, los fabricantes marginales son desplazados del negocio. En realidad se habr&amp;aacute; provocado una reducci&amp;oacute;n en la producci&amp;oacute;n y el consiguiente paro, recorriendo camino distinto. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se mencionan estas consecuencias, siempre hay alguien que replica: &amp;laquo;Perfectamente; si para conservar la industria X es ineludible pagar salarios &amp;iacute;nfimos, justo es que los salarios m&amp;iacute;nimos obliguen a su cierre.&amp;raquo; Ahora bien, tan audaz afirmaci&amp;oacute;n prescinde de ciertas realidades. En primer lugar, no advierte que los consumidores han de soportar la p&amp;eacute;rdida del producto. Olvida tambi&amp;eacute;n que los obreros que trabajaban en la industria en cuesti&amp;oacute;n quedan condenados al desempleo. Finalmente, ignora que por bajos que fueran los emolumentos abonados, eran los mejores entre todas las posibilidades que se ofrec&amp;iacute;an a los obreros de la tantas veces aludida industria X, pues de lo contrario habr&amp;iacute;an acudido a otra. Por lo tanto, si la industria X es suprimida por una ley de salarios m&amp;iacute;nimos, quienes en ella trabajaban se ver&amp;aacute;n constre&amp;ntilde;idos a aceptar empleos que reputaron menos interesantes que los que por fuerza han de abandonar. Su demanda de trabajo har&amp;aacute; descender todav&amp;iacute;a m&amp;aacute;s los salarios de las ocupaciones alternativas que ahora les son ofrecidas. No cabe eludir la consecuencia: siempre que se imponen salarios m&amp;iacute;nimos se provoca un incremento del desempleo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;Adem&amp;aacute;s, los programas de asistencia destinados a aliviar el paro originado por la ley del salario m&amp;iacute;nimo crean un serio problema. Mediante un salario m&amp;iacute;nimo de $7,50&amp;nbsp;por hora, verbigracia, se proh&amp;iacute;be a cualquiera trabajar cuarenta horas semanales por menos de trecientos d&amp;oacute;lares. Supongamos ahora que se ofrece una asistencia de s&amp;oacute;lo&amp;nbsp;ciento ochenta d&amp;oacute;lares semanales. Ello equivale a haber prohibido que una persona emplee su tiempo eficazmente ganando, por ejemplo,&amp;nbsp;doscientos cincuenta&amp;nbsp;d&amp;oacute;lares semanales, manteni&amp;eacute;ndole en cambio inactivo percibiendo un subsidio de&amp;nbsp;ciento ochenta&amp;nbsp;d&amp;oacute;lares a la semana. Hemos privado a la sociedad del valor de sus servicios; al hombre, de la independencia y dignidad que se derivan de la autosuficiencia econ&amp;oacute;mica, incluso a bajo nivel, separ&amp;aacute;ndole de la tarea m&amp;aacute;s de su agrado, y, al propio tiempo, recibe una remuneraci&amp;oacute;n menor a la que pod&amp;iacute;a haber ganado por su propio esfuerzo. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas consecuencias se producir&amp;aacute;n siempre que el socorro sea inferior en un centavo a los&amp;nbsp;trescientos d&amp;oacute;lares. Sin embargo, cuanto m&amp;aacute;s elevado sea el mismo, tanto peor ser&amp;aacute; la situaci&amp;oacute;n en otros aspectos. Si se ofrece un subsidio de&amp;nbsp;trescientos d&amp;oacute;lares, se facilita a muchos igual cantidad sin trabajar que trabajando. En fin, cualquiera que sea la cantidad a que ascienda el subsidio, provoca una situaci&amp;oacute;n en la que cada cual trabaja s&amp;oacute;lo por la diferencia entre su salario y el importe del socorro. Si &amp;eacute;ste, por ejemplo, es de trescientos d&amp;oacute;lares semanales, los obreros a quienes se ofrece un salario de un 10 d&amp;oacute;lares por hora o cuatrocientosa d&amp;oacute;lares a la semana, ven que de hecho se les pide que trabajen por&amp;nbsp;cien d&amp;oacute;lares a la semana tan s&amp;oacute;lo, puesto que el resto pueden obtenerlo sin hacer nada. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cabr&amp;iacute;a pensar en la posibilidad de escapar a estas consecuencias ofreciendo ese socorro en forma de trabajo remunerado, en lugar de hacerlo a cambio de nada; pero esto es tan s&amp;oacute;lo cambiar la naturaleza de las repercusiones. La asistencia en forma de trabajo significa pagar a los beneficiarios m&amp;aacute;s de lo que el mercado hubiera ofrecido libremente. Por tanto, s&amp;oacute;lo una parte del salario de ayuda proviene de su actividad (ejercida, por lo general, en trabajos de dudosa utilidad), mientras que el resto es una limosna disfrazada. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Probablemente hubiera sido mejor, en todo evento que el Estado, inicialmente, hubiera subvencionado francamente el sueldo percibido en las tareas privadas que ya ven&amp;iacute;an realizando. No queremos alargar m&amp;aacute;s este asunto, pues nos llevar&amp;iacute;a al examen de cuestiones que de momento no interesan. Ahora bien, conviene tener presentes las dificultades y consecuencias de los subsidios al considerar la promulgaci&amp;oacute;n de leyes del salario m&amp;iacute;nimo o el incremento de los m&amp;iacute;nimos ya fijados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;br /&gt;De cuanto antecede no se pretende deducir la imposibilidad de elevar los salarios. Lo &amp;uacute;nico que se desea es se&amp;ntilde;alar que el m&amp;eacute;todo aparentemente sencillo de incrementarlo mediante disposiciones del poder p&amp;uacute;blico es el camino peor y m&amp;aacute;s equivocado. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Parece oportuno advertir ahora que lo que distingue a muchos reformadores de quienes rechazan sus sugerencias no es la mayor filantrop&amp;iacute;a de los primeros, sino su mayor impaciencia. No se trata de si deseamos o no el mayor bienestar econ&amp;oacute;mico posible para todos. Entre hombres de buena voluntad tal objetivo ha de darse por descontado. La verdadera cuesti&amp;oacute;n se refiere a los medios adecuados para conseguirlo, y al tratar de dar una respuesta a tal cuesti&amp;oacute;n, no el l&amp;iacute;cito olvidar unas cuantas verdades elementales; no cabe distribuir m&amp;aacute;s riqueza que la creada; no es posible, a la larga, pagar al conjunto de la mano de obra m&amp;aacute;s de lo que produce. &lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La mejor manera de elevar, por lo tanto, los salarios es incrementando la productividad del trabajo. Tal finalidad puede alcanzarse acudiendo a distintos m&amp;eacute;todos: por una mayor acumulaci&amp;oacute;n de capital, es decir, mediante un aumento de las m&amp;aacute;quinas que ayudan al obrero en su tarea; por nuevos inventos y mejoras t&amp;eacute;cnicas; por una direcci&amp;oacute;n m&amp;aacute;s eficaz por parte de los empresarios; por mayor aplicaci&amp;oacute;n y eficiencia por parte de los obreros; por una mejor formaci&amp;oacute;n y adiestramiento profesional. Cuanto m&amp;aacute;s produce el individuo, tanto m&amp;aacute;s acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto m&amp;aacute;s produce, tanto m&amp;aacute;s valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagar&amp;aacute;n. Los salarios reales tienen su origen en la producci&amp;oacute;n, no en los decretos y &amp;oacute;rdenes ministeriales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tomado del libro de Henry Hazlitt &lt;em&gt;&lt;strong&gt;Econom&amp;iacute;a en una Lecci&amp;oacute;n&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="clear:both;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://mises.org/Community/aggbug.aspx?PostID=250399" width="1" height="1"&gt;</description><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Gobierno/default.aspx">Gobierno</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Socialismo/default.aspx">Socialismo</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Desempleo/default.aspx">Desempleo</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Trabajo/default.aspx">Trabajo</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Intervencionismo/default.aspx">Intervencionismo</category></item><item><title>El Derecho a No Obedecer - VII - Que trata del progreso</title><link>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/06/30/el-derecho-a-no-obedecer-vii-que-trata-del-progreso.aspx</link><pubDate>Tue, 30 Jun 2009 19:20:00 GMT</pubDate><guid isPermaLink="false">944abf2b-d1be-4bf2-990d-438cb0e377e9:227688</guid><dc:creator>Rodrigo Diaz</dc:creator><slash:comments>0</slash:comments><comments>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/06/30/el-derecho-a-no-obedecer-vii-que-trata-del-progreso.aspx#comments</comments><description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Presentamos este&amp;nbsp;documento, escrito en el a&amp;ntilde;o 1919, por el Maestro Fernando Gonz&amp;aacute;lez, conocido como el Fil&amp;oacute;sofo de Otraparte, o tambi&amp;eacute;n como el Fil&amp;oacute;sofo de Envigado (Colombia). Veremos la&amp;nbsp;coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austr&amp;iacute;aca de Econom&amp;iacute;a. El Maestro dividi&amp;oacute; su escrito en 18 cap&amp;iacute;tulos. Hoy presentamos el&amp;nbsp;cap&amp;iacute;tulo s&amp;eacute;ptimo:&lt;/em&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;p align="center" class="normal-3"&gt;&lt;strong&gt;VII. Que trata del progreso&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;Lo hermoso del mecanismo humano es su compleja sencillez: el trabajo es una reacci&amp;oacute;n contra un dolor, pero es un gasto de energ&amp;iacute;a, doloroso tambi&amp;eacute;n; el hombre reacciona contra ese dolor nuevo, seg&amp;uacute;n las leyes que he demostrado. Efecto de esa nueva reacci&amp;oacute;n es la siguiente ley: el mayor producto con el menor trabajo.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;Sentar&amp;eacute; las siguientes proposiciones consecuencias:&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;I. El individuo buscar&amp;aacute; el medio de dar mayor eficacia a su esfuerzo: divisi&amp;oacute;n del trabajo, m&amp;aacute;quinas, capital, medios de comunicaci&amp;oacute;n, etc., etc.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;II. La tendencia dominante del individuo es a la gratuidad del producto.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;III. El individuo no consigue disminuir su esfuerzo, porque existe la ley del &lt;em&gt;m&amp;aacute;ximum&lt;/em&gt; indefinido de las necesidades: &lt;em&gt;sisifismo&lt;/em&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;IV. El resultado real del trabajo es el aumento de la personalidad.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;V. El progreso es indefinido; jam&amp;aacute;s estar&amp;aacute; lleno el individuo.&lt;/p&gt;&lt;div style="clear:both;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://mises.org/Community/aggbug.aspx?PostID=227688" width="1" height="1"&gt;</description><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Individualismo/default.aspx">Individualismo</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Trabajo/default.aspx">Trabajo</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Divisi_26002300_243_3B00_n+del+Trabajo/default.aspx">Divisi&amp;#243;n del Trabajo</category></item><item><title>El Derecho a No Obedecer - VI - El hombre y sus necesidades</title><link>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/06/27/el-derecho-a-no-obedecer-vi.aspx</link><pubDate>Sun, 28 Jun 2009 03:39:00 GMT</pubDate><guid isPermaLink="false">944abf2b-d1be-4bf2-990d-438cb0e377e9:226691</guid><dc:creator>Rodrigo Diaz</dc:creator><slash:comments>0</slash:comments><comments>http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/2009/06/27/el-derecho-a-no-obedecer-vi.aspx#comments</comments><description>&lt;p&gt;&lt;em&gt;Presentamos este&amp;nbsp;documento, escrito en el a&amp;ntilde;o 1919, por el Maestro Fernando Gonz&amp;aacute;lez, conocido como el Fil&amp;oacute;sofo de Otraparte, o tambi&amp;eacute;n como el Fil&amp;oacute;sofo de Envigado (Colombia). Veremos la&amp;nbsp;coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austr&amp;iacute;aca de Econom&amp;iacute;a. El Maestro dividi&amp;oacute; su escrito en 18 cap&amp;iacute;tulos. Hoy presentamos el&amp;nbsp;cap&amp;iacute;tulo sexto:&lt;/em&gt;&amp;nbsp;&lt;/p&gt;
&lt;p align="center" class="normal-3"&gt;&lt;strong&gt;VI. El hombre y sus necesidades&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;El hombre es ser consciente y su personalidad aumenta en proporci&amp;oacute;n al aumento de su conciencia. Las necesidades se multiplican por medio de cuatro factores: la lucha por la vida, la imitaci&amp;oacute;n, el h&amp;aacute;bito y la herencia. Sentar&amp;eacute; las siguientes proposiciones: las necesidades tienen un &lt;em&gt;m&amp;iacute;nimum&lt;/em&gt; fijo y un &lt;em&gt;m&amp;aacute;ximum&lt;/em&gt; indefinido; el hombre siempre est&amp;aacute; en estado de tendencia. Si el hombre, por medio del trabajo, llena sus necesidades, otras nacen y le impulsan a reaccionar.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;&lt;em&gt;Premisa&lt;/em&gt; - Entiendo por felicidad el estado de un ser que nada necesita. La felicidad, para m&amp;iacute;, es un concepto negativo, y en esto estoy de acuerdo con Schopenhauer.&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;Previo todo lo anterior puedo escribir las siguientes proposiciones - deducciones:&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;I. El trabajo es el efecto de las necesidades, y como todo efecto es proporcional a su causa;&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;II. El hombre es indefinidamente progresivo (Las necesidades tienen un &lt;em&gt;m&amp;aacute;ximum&lt;/em&gt; indefinido);&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;III. Por el trabajo no se llega a la felicidad, pues el dolor crece indefinidamente;&lt;/p&gt;
&lt;p align="justify"&gt;IV. El fin real del trabajo es aumentar la personalidad, o la individualidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/p&gt;&lt;div style="clear:both;"&gt;&lt;/div&gt;&lt;img src="http://mises.org/Community/aggbug.aspx?PostID=226691" width="1" height="1"&gt;</description><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Escuela+Austr_26002300_237_3B00_aca+de+Econom_26002300_237_3B00_a/default.aspx">Escuela Austr&amp;#237;aca de Econom&amp;#237;a</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Felicidad/default.aspx">Felicidad</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Necesidad/default.aspx">Necesidad</category><category domain="http://mises.org/Community/blogs/rodrigodiaz/archive/tags/Trabajo/default.aspx">Trabajo</category></item></channel></rss>