Rodrigo Diaz

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July 07, 2009 - Posts

El Derecho a No Obedecer - XIV - Críticas que se hacen a la división del trabajo

Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo décimo cuarto:

XIV. Críticas que se hacen a la división del trabajo

1a. La división regional del trabajo hace terribles las crisis.

Porque esas regiones entregadas a un solo ramo de la producción se ven de un momento a otro privadas del pan a consecuencia de un accidente natural. Estas crisis, aunque perjudiciales, tienen la ventaja de aumentar la previsión y el ahorro. No hay cosa en la tierra que no tenga sus inconvenientes y ventajas según el modo como se considere.

2a. Deteriora moral y físicamente al trabajador.

Dicen que el obrero entregado a una tarea parcelaria, acaba por ser un autómata y un inconsciente; que haciéndose mecánica la actividad ya no exige ninguna cerebración.

Es preciso no ser romántico en estos problemas, y abarcarlos en su conjunto. La división del trabajo aumenta la producción, aumenta las necesidades, agrandando por lo tanto la personalidad; sino aumenta los ocios es porque el hombre es un ser perfectible, y cuando alcanza una satisfacción se encuentra con su personalidad aumentada con una necesidad más. Precisamente el concepto de progreso está encerrado en esta ley: las necesidades tienen un mínimum fijo y un máximum indefinido. Para convencerse de que la división del trabajo ennoblece al hombre, basta comparar un obrero de Europa, en donde existe la gran división del trabajo, con uno de nuestros pequeños industriales. ¿Cuál es más hombre? ¿Cuál es más apto para la lucha? Y también aumenta los ocios; solo que ese no es el único ideal; el aumento de producción debe dedicarse a tres objetos: ahorro, consumo y ocios.

3a. El trabajador es colocado en una gran dependencia de las circunstancias: crisis, cambio de moda, etc., etc.

Estas críticas son hechas por miopes, por observadores de detalles, por hombres poco comprensivos: el ahorro, la previsión, todas esas cualidades que desarrolla en el hombre el progreso, es decir, el aumento de producción, son remedios para esos males accidentales. Además, algunas desventajas tiene que tener la vida para que sea agradable: si el hombre estuviera asegurado contra todos los accidentes y dolores, no tendría estímulo ninguno para procurarse la felicidad. Precisamente el trabajo no es sino una reacción proporcional al sufrimiento que ocasionan las necesidades. Si se pudiese organizar una sociedad de la que se descartase toda contingencia adversa permanecería estacionaria. Porque el hombre es imperfecto, es dinámico; porque sufre, reacciona; porque no tiene asegurado el porvenir, ahorra.

4a. La división industrial del trabajo daña a veces la división natural de las ocupaciones.

Por ejemplo, sustrayendo la mujer a su casa y a sus hijos para arrojarla en las fábricas.

Eso no es cierto en absoluto; las que así lo hacen es porque lo necesitan; cuando una mujer va a la fábrica es porque los motivos que tiene para ello vencen a los motivos que la retienen en la casa. Son males inevitables, y que existen en mayor número allí en donde no hay división del trabajo. La mayor producción en una sociedad disminuye esos males. Y argumentando a lo Ginebra: es así que la división del trabajo aumenta la producción; luego disminuye esos males. Estos no provienen de la división del ti abajo, y el Gobierno no puede suprimirlos a menos que pudiese aumentar la riqueza, cosa imposible porque esta depende del mayor trabajo de los asociados. La prueba de ello está en que en los países en donde se han dado leyes que reglamentan el trabajo de las mujeres y de los niños, esas leyes han sido eludidas. A este propósito dice Cimbali:

“Non si vedranno cosi facilmente gli effeti delle legge sul lavoro delle donne e dei fanciulli perchè troppo facilmente eluse. Ma il Soldi a dimostrato che dove essa è stata rigorosamente applicata, le donne per eluderla si sonno acconciate a sobbarcarsi a labori più faticosi e meno retribuiti perchè meno sorvegliati” (5).

Para terminar este capítulo resumiré la sinrazón de estas críticas: la división del trabajo aumenta la producción; esto nadie lo niega. He aquí pues que se disminuyen los esfuerzos, se vive más satisfecha y ampliamente, se es más feliz. Se preguntará: ¿por qué no se ha disminuido realmente el esfuerzo? Porque el hombre es perfectible, y su mayor producción la emplea en extender más su conciencia, en hacerse más hombre, en aumentar sus necesidades, en acrecer su personalidad. Si el hombre no se hubiera agrandado, y tuviese hoy sólo las necesidades del hombre primitivo, no tendría que trabajar sino pocas horas. Pero se han aumentado enormemente las necesidades, el hombre se ha hecho más complicado. Esa es la causa de que el trabajo de hoy sea tan rudo como antes. Por ser imperfecto es dinámico el hombre., y por ser indefinidamente perfectible será eternamente dinámico. En este sentido es muy verdadera la frase bíblica: ganarás siempre el pan con el sudor de tu frente.

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(5) “No se verán fácilmente los efectos de la ley en el trabajo de la mujer y de los niños porque es fácilmente eludida. Pero Soldi ha demostrado que donde la ley ha sido aplicada rigurosamente, las mujeres con tal de evitarla se han sometido a trabajos más fatigosos y menos retribuidos con tal de evitar el ser vigiladas”.

El Derecho a No Obedecer - XIII - Del aumento de la producción por la división del trabajo

Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo décimo tercero:

XIII. Del aumento de la producción por la división del trabajo

Aumenta la producción por las razones siguientes:

1a. Porque desarrolla la habilidad profesional. Los músculos como el espíritu se pliegan fácilmente a una tarea uniforme; los movimientos que se repiten constantemente llegan a ser mecánicos, y a tener un grado extraordinario de rapidez.

2a. Porque ahorra pérdidas de tiempo al trabajador, pues no hay que cambiar de sitio ni de herramientas, ni de oficio.

3a. Porque disminuye el aprendizaje.

4a. Porque así pueden sustituir las máquinas a la mano del hombre: para poder emplear las máquinas es preciso que el trabajo esté dividido hasta tal punto que las tareas se hayan hecho muy sencillas, uniformes y susceptibles de una repetición constante.

5a. Porque se emplea a cada uno según sus facultades y no se desperdician brazos.

La división regional e internacional del trabajo aumenta la producción porque cada región puede entregarse a producir aquello que le sea más fácil y menos costoso. Así aumenta el producto en la Humanidad y disminuye el esfuerzo.

La división hereditaria del trabajo aumenta la producción porque las cualidades, talentos y aficiones se heredan.

La Sociedad como Fin y la Sociedad como Medio

por Manfred F Schieder

"La civilización es el progreso hacia una sociedad de privacidad.
La existencia del salvaje es pública, regida por las leyes de la tribu.
La civilización es el proceso que consiste en liberar al hombre de los hombres
(Ayn Rand en "El Manantial)

Por miles y miles de años la humanidad se degradó a sí misma - por hábito, por inercia, por ser lo obvio - resignándose a vivir de acuerdo con un sistema social que llegó de la prehistoria misma, una forma de coexistencia que los homínidos habían heredado de sus irracionales antecesores y habían transmitido a sus descendientes, en quienes, a causa de la continua evolución, la facultad de la razón prevalecía cada vez más, hasta convertirse en la característica distintiva de la especie.
Para cuando esa cualidad distintiva predominó, ya se había fijado el existente tipo de coexistencia como base de la sociedad, obligando a sus miembros a obedecer y comportarse dentro de un rígido chaleco de fuerza compuesto por gradaciones sociales, grupos e intereses. Las clases dominantes pudieron consolidar sus propias dinastías y privilegios mediante las posiciones de poder que ocupaban y todo tipo de compulsión adicional que pudieron imponer mediante amenazas, leyes y violencia desatada. Esto les permitió reservar para sí mismos todo nuevo conocimiento obtenido, el que usaron de ahí en adelante para someter a la población en general aún más férreamente a su sistema inmoral. La casta sacerdotal-principesca del Antiguo Egipto y la totalidad de la Edad Media son sólo algunos pocos ejemplos de una larga serie de estructuras similares que el lector puede encontrar en todo libro de historia.
Aún hoy en día reina este tipo de organización en la mayoría de los países, caracterizados por una dirigencia todopoderosa y una población de hecho obligada a obedecer. Esta es una estructura social propia de termitas, siendo sus ejemplos más evidentes aquellas sociedades que en el pasado y el presente son dirigidas por Stalitlers, los déspotas y tiranos de todo tipo y color.
En consecuencia, a través de miles y miles de años llegó a aceptar la población, por miedo, por hábito, por inercia, por ser lo obvio, el mando de quienes se hallaban en el poder, ya que desconocían la posibilidad de que existiese otro tipo de forma de vida, con los más desesperados escapando o emigrando a aquellas áreas del planeta donde la situación parecía ser un poco menos cruel. En líneas generales, empero, aceptaban los sometidos el hecho de que este tipo de estructura era la que debía prevalecer, una organización donde los que se hallaban en el poder dirigían y los dominados obedecían, reforzándose así continuamente el círculo vicioso existente. Aún hoy en día pueden oírse voces que demandan que "esto o aquello no puede quedar sin control. Alguien debe mandar…" y "Debería haber una ley…"
El ciudadano común parece tan estrechamente identificado con el tipo de sociedad prevalente que se convierte en la sociedad misma, o sea la sociedad como fin, donde el único derecho de existencia del individuo consiste en vivir y contribuir a este tipo de sociedad, es decir para los dirigentes, para mantenerlos, mientras éstos echan algunas migajas a los dirigidos.
Toda sociedad como fin es una sociedad de beneficiarios y sacrificantes. Como Ayn Rand indicara en su colosal obra "La Rebelión de Atlas": "El credo del sacrificio es una moral para el inmoral, una moral que declara su propia bancarrota al confesar que no puede infundir en los seres humanos ningún interés personal para el desarrollo de virtudes y valores, y dado que su alma es una cloaca de depravación, deben ser entrenados para sacrificarse. Por su propia confesión, esta moral es impotente para enseñarles a ser buenos y sólo puede someterlos a un constante castigo… Bajo una moral de sacrificio, el primer valor que se sacrifica es la moralidad; el siguiente la auto-estima. Cuando la necesidad es la medida, toda persona es a la vez víctima y parásito. Como víctima, debe trabajar para satisfacer las necesidades de otros, quedando luego como parásito, cuyas necesidades deben ser satisfechas por los demás. No puede relacionarse con el prójimo excepto representando uno de estos dos desgraciados papeles: el de mendigo o el de sanguijuela."
Vemos así que apenas comenzamos a pensar sobre un hecho que tan obviamente parece ser noble y elevado, como "la sociedad como fin" parece ser a primera vista, descubrimos que no es así, que está compuesta por errores, contradicciones y maldades, que se opone directamente al ser humano y a su inalienable derecho a ser un individuo pleno, que en tal sociedad los derechos no existen y los deberes abarcan todo y que la existencia misma es sólo permitida si el sujeto se somete al credo de que tiene que vivir para los demás y no para sí mismo.
A pesar de ello algunos hombres notaron a lo largo de la historia, primero casi subconscientemente, que esto componía una visión monstruosamente deformada de la realidad. A medida que nuestra actividad mental incrementaba en cada vez mayor gradación, la condición establecida debió enfrentar preguntas y análisis racionales.
No fue por casualidad que llamáramos al período que siguió a la Edad Media "Renacimiento". Ni siquiera los poderes establecidos de la iglesia y la política tuvieron la fuerza suficiente para anular la denominación citada. Entre los siglos 12 y 15 surgieron los primeros brotes de la primavera que se acercaba. Tuvo lugar una revolución económica, acompañada de inmediato por una revolución científica. Hombres como Alberto Magno, Tomás de Aquinas (a pesar de todos los errores que contenían sus escritos) y Roger Bacon dieron los primeros pasos, restableciendo lentamente la observación científica, o sea la aplicación de la razón frente a las bellezas y los fenómenos de la naturaleza, un razonamiento que se había abandonado desde los tiempos de la Grecia Antigua. Marco Polo amplió el horizonte hacia nuevas regiones, las carabelas cruzaron el mar hacia un nuevo continente, la medicina recuperó su buen nombre perdido y empezamos a abandonar la visión de un mundo plano a favor de una mirada perspectiva a través, permítaseme la letanía, de las primeras aplicaciones de la perspectiva en el arte.
Todos estos y más hechos de la misma especie produjeron un cambio de mentalidad que llevó a un nuevo concepto de coexistencia social, un concepto que cobró vida a fines del siglo 18, una noción que, a pesar de la oposición que produjo, se continuó desarrollando, con sus ondas de choque que destruirán, en la confrontación final que se acerca, a la forma de sociedad tradicional, la sociedad como fin en sí misma.
Cuando Adams, Jefferson, Franklin y los demás revolucionarios establecieron lo que puede llamarse la Revolución Norteamericana de los Derechos del Individuo, no sólo echaron por la borda las sacas de té sino a toda la "sociedad como fin" para reemplazarla por algo aparentemente menos noble, menos digno, menos elevado: la sociedad como medio, cuya nobleza reside en proveer la base para los derechos del individuo que vive en ella, respetando la dignidad de todo ser humano libre y productivo, elevándolo de sujeto a ciudadano, único dueño de su propia vida y los frutos de su trabajo.
Las ideas de la libertad individual quebraron el marco tribal-colectivista para reemplazarlo por un sistema de igualdad de derechos, lo que significa que ni cuna ni linaje determinan los derechos del individuo sino simplemente la razón todopoderosa de que cada ser humano tiene derechos básicos como tal, o sea como ser humano racional. Mediante ello se echa de lado el sometimiento y la aseveración de que "la vida del ser humano se justifica únicamente si vive en beneficio de la sociedad."
Esto lleva en sí una revolución a partir de los fundamentos mismos de la sociedad, la que pierde así su función de monstruo insaciable y se convierte en un medio, una herramienta, un mercado que cada uno puede usar para cumplir sus propias metas aplicando su propio esfuerzo, siempre y cuando adhiera al principio de que su quehacer no implique una actividad criminal, o sea mientras no hiera los derechos de sus conciudadanos.
La sociedad como medio se revela así como la verdaderamente noble, la verdaderamente espléndida, la verdaderamente magnífica en toda área, sea intelectual o material.
Mientras que en la sociedad como fin todo se encuentra estructurado para justificar su existencia como tal, se revela la sociedad como medio como su polo opuesto. Evoluciona con la humanidad misma como el medio mejor y más práctico para que todo individuo pacífico y productivo alcance su propia meta y felicidad. Ayn Rand dijo en su escrito "La Virtud del Egoísmo": "Los dos grandes valores que se obtienen viviendo en sociedad son el conocimiento y el comercio. El ser humano es la única especie que puede transmitir y ampliar sus conocimientos de generación en generación; el conocimiento que un hombre tiene potencialmente a su disposición es mayor que el que nadie pudiera comenzar a adquirir en su lapso de vida; cada hombre obtiene un beneficio incalculable de los conocimientos descubiertos por los demás. El segundo gran beneficio es la división del trabajo, que capacita al hombre a dedicar sus esfuerzos a un área de trabajo en particular y comerciar con otros que se especializan en otras áreas. Esta forma de cooperación permite a todos los que participan de ella obtener un mayor conocimiento, mayor destreza y mayores beneficios por sus esfuerzos que los que podrían lograr si cada uno produjera todo lo que necesitase en una isla desierta o en una granja autosuficiente."
Mientras que la "sociedad como fin" lleva una larga cadena de nombres diferentes (dictadura, tiranía, despotismo, colectivismo, monarquía, feudalismo, socialismo, fascismo, nazismo, comunismo, oligarquía, democracia, etc., cada uno con su peculiar nivel de esclavitud), lleva la "sociedad como medio" uno solo, pero éste de absoluta nobleza: Capitalismo de laissez faire total, un sistema basado en el reconocimiento de los derechos individuales, donde todo derecho, incluyendo el derecho a la propiedad, se encuentra en poder de cada individuo, libre de interferencia gubernamental y donde el gobierno mismo ha sido reemplazado, en el cumplimiento de sus deberes específicos, por una Administración de los Medios de Defensa de los Derechos del individuo (las cortes de justicia y las áreas de seguridad interna y externa). El sistema social así definido, coloca a su plena implementación en el futuro, ya que no ha existido hasta ahora como tal en lugar alguno. Empero, no debe situarse demasiado lejos en el futuro, ya que la lógica de la historia misma lo sitúa en un futuro cercano, a menos que la humanidad quiera correr el riesgo de su propia desaparición a causa de la estrangulación llevada a cabo por la sociedad feneciente, la sociedad como fin que ya perdió hace tiempo todo sentido de existencia.
En esta relación es conveniente señalar que Leslie Snyder, en su excelente libro "Justicia o Revolución", recordó que Marx no consideró que se requiriese una revolución violenta en los Estados Unidos de América para implantar al comunismo. Entendió que, tratándose de una democracia, los mismos ciudadanos votarían eventualmente al socialismo primero y al comunismo después. Las recientes elecciones norteamericanas demostraron que, desafortunadamente, Marx, hasta ahora, estuvo en lo cierto.
Alexis de Tocqueville dijo: "No existen derechos privados tan poco importantes que puedan ser entregados sin impunidad a los caprichos del gobierno" y el inmortal Thomas Jefferson recordó a la población el 6 de julio de 1763 que "el árbol de la libertad debe ser renovado de vez en cuando con la sangre de patriotas y tiranos. Es su fertilizante natural." Quiera el mundo recordar sus palabras.
El análisis que antecede puede molestar a aquellas personas educadas dentro de los cánones de la vieja "sociedad como fin", pero presenta claramente la cuestión de si la sociedad es más importante que el individuo. Evidentemente es la sociedad misma la menos importante, ya que para sustentarla debe protegerse en primer lugar al individuo, pues el individuo es la entidad y columna de apoyo de la sociedad misma. La historia ha demostrado en numerosas oportunidades, a través de la violenta caída de innumerables Stalitlers, que quienes creen que el grupo por ellos encabezado y dominado tiene el derecho de destruir a sus individuos pacíficos y productivos terminan por ser destruidos ellos mismos. Es la existencia de los individuos pacíficos y productivos lo que permite a la sociedad funcionar de acuerdo con su verdadero propósito: como medio para que el individuo alcance sus propias metas y construya su propia felicidad. La destrucción de estos individuos destruye a la humanidad misma.
Es, en consecuencia, la sociedad como medio la que se presenta como la verdaderamente correcta. Existe y se desarrolla mientras el individuo mismo pueda, libremente, progresar y mejorar su existencia, y decae cuando la población es sometida a la esclavitud. Esto trae a la mente las palabras escritas por el pensador inglés Samuel Smiles (1812 - 1904): "El progreso social es la consecuencia del progreso individual." Es así que donde el individuo no puede progresar la sociedad misma no se puede desarrollar. Las palabras de Ayn Rand al comienzo de este artículo subrayan el principio presentado. No podría existir un resumen más exacto.
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Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/Society_as_an_End_and_Society_as_a_Means.shtml).

Traducción al castellano del autor.

Las Leyes Malas y el Camino de Salida por el Profesor Alberto Mansueti

El Profesor Alberto Mansueti, Abogado Argentino Venezolano y residente en Guatemala me ha enviado un interesante libro, Las Leyes Malas y el Camino de Salida El libro recoge la sabiduría del Profesor Mansueti, quien consigna allí sus puntos de vista sobre el Gobierno Limitado y su conexión con la Biblia.