Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo décimo cuarto:
XIV. Críticas que se hacen a la división del trabajo
1a. La división regional del trabajo hace terribles las crisis.
Porque esas regiones entregadas a un solo ramo de la producción se ven de un momento a otro privadas del pan a consecuencia de un accidente natural. Estas crisis, aunque perjudiciales, tienen la ventaja de aumentar la previsión y el ahorro. No hay cosa en la tierra que no tenga sus inconvenientes y ventajas según el modo como se considere.
2a. Deteriora moral y físicamente al trabajador.
Dicen que el obrero entregado a una tarea parcelaria, acaba por ser un autómata y un inconsciente; que haciéndose mecánica la actividad ya no exige ninguna cerebración.
Es preciso no ser romántico en estos problemas, y abarcarlos en su conjunto. La división del trabajo aumenta la producción, aumenta las necesidades, agrandando por lo tanto la personalidad; sino aumenta los ocios es porque el hombre es un ser perfectible, y cuando alcanza una satisfacción se encuentra con su personalidad aumentada con una necesidad más. Precisamente el concepto de progreso está encerrado en esta ley: las necesidades tienen un mínimum fijo y un máximum indefinido. Para convencerse de que la división del trabajo ennoblece al hombre, basta comparar un obrero de Europa, en donde existe la gran división del trabajo, con uno de nuestros pequeños industriales. ¿Cuál es más hombre? ¿Cuál es más apto para la lucha? Y también aumenta los ocios; solo que ese no es el único ideal; el aumento de producción debe dedicarse a tres objetos: ahorro, consumo y ocios.
3a. El trabajador es colocado en una gran dependencia de las circunstancias: crisis, cambio de moda, etc., etc.
Estas críticas son hechas por miopes, por observadores de detalles, por hombres poco comprensivos: el ahorro, la previsión, todas esas cualidades que desarrolla en el hombre el progreso, es decir, el aumento de producción, son remedios para esos males accidentales. Además, algunas desventajas tiene que tener la vida para que sea agradable: si el hombre estuviera asegurado contra todos los accidentes y dolores, no tendría estímulo ninguno para procurarse la felicidad. Precisamente el trabajo no es sino una reacción proporcional al sufrimiento que ocasionan las necesidades. Si se pudiese organizar una sociedad de la que se descartase toda contingencia adversa permanecería estacionaria. Porque el hombre es imperfecto, es dinámico; porque sufre, reacciona; porque no tiene asegurado el porvenir, ahorra.
4a. La división industrial del trabajo daña a veces la división natural de las ocupaciones.
Por ejemplo, sustrayendo la mujer a su casa y a sus hijos para arrojarla en las fábricas.
Eso no es cierto en absoluto; las que así lo hacen es porque lo necesitan; cuando una mujer va a la fábrica es porque los motivos que tiene para ello vencen a los motivos que la retienen en la casa. Son males inevitables, y que existen en mayor número allí en donde no hay división del trabajo. La mayor producción en una sociedad disminuye esos males. Y argumentando a lo Ginebra: es así que la división del trabajo aumenta la producción; luego disminuye esos males. Estos no provienen de la división del ti abajo, y el Gobierno no puede suprimirlos a menos que pudiese aumentar la riqueza, cosa imposible porque esta depende del mayor trabajo de los asociados. La prueba de ello está en que en los países en donde se han dado leyes que reglamentan el trabajo de las mujeres y de los niños, esas leyes han sido eludidas. A este propósito dice Cimbali:
“Non si vedranno cosi facilmente gli effeti delle legge sul lavoro delle donne e dei fanciulli perchè troppo facilmente eluse. Ma il Soldi a dimostrato che dove essa è stata rigorosamente applicata, le donne per eluderla si sonno acconciate a sobbarcarsi a labori più faticosi e meno retribuiti perchè meno sorvegliati” (5).
Para terminar este capítulo resumiré la sinrazón de estas críticas: la división del trabajo aumenta la producción; esto nadie lo niega. He aquí pues que se disminuyen los esfuerzos, se vive más satisfecha y ampliamente, se es más feliz. Se preguntará: ¿por qué no se ha disminuido realmente el esfuerzo? Porque el hombre es perfectible, y su mayor producción la emplea en extender más su conciencia, en hacerse más hombre, en aumentar sus necesidades, en acrecer su personalidad. Si el hombre no se hubiera agrandado, y tuviese hoy sólo las necesidades del hombre primitivo, no tendría que trabajar sino pocas horas. Pero se han aumentado enormemente las necesidades, el hombre se ha hecho más complicado. Esa es la causa de que el trabajo de hoy sea tan rudo como antes. Por ser imperfecto es dinámico el hombre., y por ser indefinidamente perfectible será eternamente dinámico. En este sentido es muy verdadera la frase bíblica: ganarás siempre el pan con el sudor de tu frente.
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(5) “No se verán fácilmente los efectos de la ley en el trabajo de la mujer y de los niños porque es fácilmente eludida. Pero Soldi ha demostrado que donde la ley ha sido aplicada rigurosamente, las mujeres con tal de evitarla se han sometido a trabajos más fatigosos y menos retribuidos con tal de evitar el ser vigiladas”.
Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo décimo tercero:
XIII. Del aumento de la producción por la división del trabajo
Aumenta la producción por las razones siguientes:
1a. Porque desarrolla la habilidad profesional. Los músculos como el espíritu se pliegan fácilmente a una tarea uniforme; los movimientos que se repiten constantemente llegan a ser mecánicos, y a tener un grado extraordinario de rapidez.
2a. Porque ahorra pérdidas de tiempo al trabajador, pues no hay que cambiar de sitio ni de herramientas, ni de oficio.
3a. Porque disminuye el aprendizaje.
4a. Porque así pueden sustituir las máquinas a la mano del hombre: para poder emplear las máquinas es preciso que el trabajo esté dividido hasta tal punto que las tareas se hayan hecho muy sencillas, uniformes y susceptibles de una repetición constante.
5a. Porque se emplea a cada uno según sus facultades y no se desperdician brazos.
La división regional e internacional del trabajo aumenta la producción porque cada región puede entregarse a producir aquello que le sea más fácil y menos costoso. Así aumenta el producto en la Humanidad y disminuye el esfuerzo.
La división hereditaria del trabajo aumenta la producción porque las cualidades, talentos y aficiones se heredan.
El Profesor Alberto Mansueti, Abogado Argentino Venezolano y residente en Guatemala me ha enviado un interesante libro, Las Leyes Malas y el Camino de Salida El libro recoge la sabiduría del Profesor Mansueti, quien consigna allí sus puntos de vista sobre el Gobierno Limitado y su conexión con la Biblia.