Rodrigo Diaz

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El Derecho a No Obedecer - IX - Definición de la división del trabajo

Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo noveno:

IX. Definición de la división del trabajo

La división del trabajo es la descomposición de él en partes más o menos simples; el trabajo es la humana actividad aplicada a la producción de cosas útiles, y como aquélla es sucesiva, claro es que puede descomponerse en partes. En cada tarea parcelaria se ocupa una categoría particular de obreros, y resulta así mucho más productivo el trabajo.

La causa de la división del trabajo es la misma que impulsa al hombre a reunirse en sociedad con sus semejantes: la imposibilidad de que cada individuo aislado atienda a la satisfacción de sus necesidades. Platón parte de este hecho para exponer el desenvolvimiento y la teoría de su República. En el coloquio II dice:

“Sócrates: Así, la necesidad de una cosa, habiendo obligado al hombre a juntarse a otro hombre, y otra necesidad a otro hombre más, la multiplicidad de necesidades ha reunido en una misma habitación a muchos hombres, con la idea de ayudarse unos a otros”.

Más adelante agrega:

“Nuestras necesidades forman la sociedad”.

Este hecho natural es la base de la Economía Política; de él se desprenden como consecuencias necesarias los demás fenómenos económicos: el cambio, el comercio, la moneda, la circulación fiduciaria... Efectivamente, si cada individuo se dedica a producir aquello para lo que está mejor dotado por la naturaleza, es claro que dará a otro el exceso de sus productos a cambio de los que él necesita y que otros producen; de allí también la profesión de comerciante y la necesidad de un valorímetro. La división del trabajo es una necesidad natural, que da origen a la sociedad, y es la base de la Economía Política.

“Sócrates: Porque reflexiono que nosotros no nacemos con los mismos talentos, aunque sí con grandes y numerosas necesidades, y que uno tiene más disposición que hacer una cosa y otro para hacer otra.

Adimanto: Soy de vuestro parecer.

Sócrates: Decidme, pues, ¿irían mejor las cosas si uno solo tuviese muchos oficios o si cada uno se limitase al suyo?”.

Partiendo del hecho de la división del trabajo, Platón llega a consecuencias muy avanzadas para su época:

“Sócrates: Pues casi es imposible edificar una ciudad en un suelo de donde pueda sacarse todo lo necesario para su subsistencia sin valerse de transportes.

Adimanto: La razón os sobra, Maestro.

Sócrates: No basta, pues, a cada uno trabajar para sí y sus conciudadanos, sino que será preciso que trabaje para los extranjeros de quienes necesita.

Adimanto: Exactamente.

Sócrates: Pero en la misma ciudad ¿Cómo nuestros ciudadanos se darán parte unos a otros de sus trabajos, habiendo sido esta la principal razón que hubo para edificar la ciudad?

Adimanto: Es claro que vendiendo y comprando.

Sócrates: Según esto, aún nos es necesario un mercado y una moneda que facilite la permuta en el comercio”.

Y siguiendo de tal manera, paso a paso, las consecuencias de su principio, llega Platón a establecer la manera natural como se forman los comerciantes, la industria de transportes, los detallistas, los jornaleros y hasta los artistas, aunque respecto de éstos se muestra bastante severo.

Es imposible encontrar sociedad alguna, por primitiva que sea, en donde no haya habido alguna división del trabajo, pues el objeto de la asociación es la ayuda recíproca. Este hecho primitivo y natural es el origen del desarrollo de la personalidad humana.

El desmenuzamiento de las tareas ha evolucionado gradualmente, desde los pueblos primitivos donde era muy imperfecta, hasta la división maravillosa de hoy: en Londres, por ejemplo, en la profesión de relojero, se cuentan 102 tareas diferentes, y los americanos del norte dividen la hechura de un reloj en 400 partes. En los tiempos antiguos, el sacerdote era médico, abogado y juez; hoy es asombrosa la especialización en las profesiones. Se puede medir el adelanto de un pueblo por la desmenuzación del trabajo.

Así como la diversidad de aptitudes en los individuos es la causa próxima de la división de las actividades, así mismo hay una división regional e internacional del trabajo, causada por la influencia del clima y la naturaleza del suelo. La naturaleza no ha esparcido en todas partes el hierro, la hulla, el algodón, la viña, el café, etc. etc. He aquí pues, como las mismas causas que llevan a los individuos a asociarse, llevan también a los pueblos a asociarse y dividirse el trabajo. Son leyes naturales y necesarias. Mediante esas leyes los pueblos han pasado de un exclusivismo casi completo a un cosmopolitismo asombroso. Puede decirse hoy que el mundo forma un solo pueblo.