El Derecho a No Obedecer - VIII - En donde se dice cuál ha sido el progreso de la humanidad
Presentamos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el capítulo octavo:
VIII. En donde se dice cuál ha sido el progreso de la humanidad
Entiendo por valor la relación que existe entre dos riquezas: si una tela de algodón de un metro vale en el mercado un litro de leche, puede decirse: un metro de tela de algodón vale un litro de leche.
El hombre vive en sociedad para satisfacer más fácilmente sus necesidades; para eso se divide el trabajo: este es el origen del cambio.
Entiendo por libertad de trabajo o concurrencia, la facultad del individuo para ocuparse en lo que quiera.
Sentadas estas definiciones podemos afirmar que una riqueza no tiene más valor que el trabajo en ella encerrado. Veámoslo:
Hoy, por haber descubierto un método para moler el trigo, y por haber empleado una máquina para ello, puede obtener con un trabajo de diez, lo que otros, sin ese método y esa máquina, producen con un trabajo de veinte. Se dirá: “Ahí está la prueba de que las riquezas tienen más valor que el trabajo en ellas empleado; en los cambios no se miden los trabajos sino las riquezas. Los que producen el trigo con un trabajo de veinte, pueden cambiarlo por objetos en que se haya empleado el mismo trabajo; el de la máquina hará lo mismo, y se ganará un trabajo de diez”. No es así: a causa de la libre concurrencia, el valor de las riquezas tiende a medirse y se mide por el trabajo en ellas empleado. Efectivamente, halagados los demás por la ganancia de diez que está obteniendo el de la máquina, la aplicarán ellos también y resulta que al fin todo el trigo se produce con un trabajo de diez, y que sólo se puede cambiar por trabajos equivalentes, pues ninguno querrá dar por el trigo un esfuerzo mayor del que él necesita para producirlo.
¿Qué resulta pues? Que la ayuda de las máquinas y de las fuerzas de la naturaleza se hace gratuita. Que la electricidad, el vapor, la fuerza hidráulica, la fuerza del viento etc., etc., son propiedad común. Res comunis omnium. Resulta que el valor es el trabajo encerrado en las riquezas; que cada uno tiene según su esfuerzo, como desean algunos socialistas. Podemos exclamar con Leonardo de Vinci:
“O giustizia di te, Primo motore! O entupenda necessita” (4).
Esa gratuidad de las fuerzas de la naturaleza es la causa de que hoy un par de medias valga treinta centavos, mientras que Isabel de Inglaterra saltaba de alegría al saber que le venía de Francia un par de medias de seda.
El progreso es, pues, el levantamiento general de la humanidad, pero no la igualdad de los individuos: esto último es contra el orden de las leyes. Un obrero de hoy tiene más satisfacciones que un rico de Tiro, pero entre un remero y un rico de Tiro hay la misma diferencia que entre un obrero y un rico de Francia.
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(4) “¡Oh, tú, justicia, Primer motor! ¡Oh, estupenda necesidad!”.