Rodrigo Diaz

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El Derecho a No Obedecer - II - De la causa principal de la corrupción de la democracia en Colombia

Presentaremos este documento, escrito en el año 1919, por el Maestro Fernando González, conocido como el Filósofo de Otraparte, o también como el Filósofo de Envigado (Colombia). Veremos la coincidencia de sus ideas con las de la Escuela Austríaca de Economía. El Maestro dividió su escrito en 18 capítulos. Hoy presentamos el segundo capítulo:

II. De la causa principal de la corrupción de la democracia en Colombia

Que en Colombia no rija la ley de la proporcionalidad de las actividades es la causa principal de la corrupción de su democracia.

Se ha aceptado entre nosotros como principio innegable que las universidades y escuelas deben multiplicarse, pues son la base del progreso.

Hay en Colombia poco o nada de vías de comunicación y una población escasa; de ahí la imposibilidad de intensificar el trabajo por medio de su división y de la aplicación de las máquinas. Tenemos pues, un pueblo pobre, aislado e ignorante por consiguiente, y un número exagerado de bachilleres y doctores. He aquí el cuadro que puede trazarse: la soberanía reside esencial y exclusivamente en aquel pueblo mísero y fanático; este número exagerado de intelectuales entra en competencia para ser los representantes del pueblo soberano ¡Bonita lucha! ¡Cómo funciona la ley de la oferta y la demanda, para satisfacer los apetitos de este grupo de ambiciosos a quienes Garófalo y Tarde colocarían sin vacilación entre los matoides! ¡Cómo se halagan las pasiones y la credulidad del populacho! ¡Cómo se simulan esos mismos fanatismos y se cultivan en la masa anónima con tesón y con amor!

Medítese bien en esto y se verá la causa de la corrupción de nuestra joven democracia. El número de semi-intelectuales es exagerado; luchan para adquirir el pan cotidiano por medio de representaciones en las asambleas del pueblo; allí, para conservar el favor, simulan fanatismos rabiosos; se establece un engranaje de pasiones repugnante: por eso la verdad tan vieja y que en fuerza de repetirse se ha vuelto banal, de que cada pueblo tiene el gobierno que merece, es irrefutable; la democracia es una forma buena o mala, según los tiempos y lugares.

Repito que no obra en mí el deseo de inculpar, sino el de exponer las leyes naturales y necesarias que han hecho de la democracia colombiana un conjunto de perspectivas mentales, poco grato para la visión hipercrítica del esteta, pero sugestivo y atrayente para el observador: la causa principal es esta: en Colombia no ha regido la ley de la proporcionalidad de las actividades.