April 2008 - Posts
Hans-Hermann Hoppe
I
Dondequiera que haya escasez de recursos en relación con la demanda humana, surge la posibilidad de conflicto. La solución a tales conflictos es la asignación de derechos sobre la propiedad privada - derechos de control exclusivo. Todos los recursos escasos deben ser de propiedad privada para evitar conflictos, que de otra manera serían ineludibles. Sin embargo, aunque la asignación de derechos de propiedad privada hace posible una interacción libre de conflictos, tampoco la asegura. Existe la posibilidad de violaciones a los derechos de propiedad, y si hay violaciones, entonces debe haber derecho a la autodefensa y al castigo, así como también responsabilidades por parte del malhechor (Hoppe 1987 y 1993).
Todo esto es verdad sin importar cómo y a quién se asignen tales derechos y, por tanto, a quién sea considerado o no en cada caso como agresor o víctima.
Cuando consideramos lo que se podría llamar un requisito praxeológico de cualquier sistema de asignación de derechos de propiedad todavía estamos en la esfera del análisis del derecho “positivo”. Para hacer posible la interacción sin conflicto, tal sistema debe considerar el hecho que el hombre actúa y debe actuar. En otras palabras, debe ser un sistema “operacional”. Para lograrlo,,y basándose en el sistema adoptado, los actores humanos deben poder determinar previamente, en cualquiera instante del tiempo, qué se les permite y qué no se les permite hacer. Para determinarlo, se necesitan límites objetivos, señales e indicadores de posesión y de propiedad, así como de la invasión injusta de dichas posesión y propiedad. Igualmente, al considerar un caso a posteriori, los jueces deben tener criterios “objetivos” sobre lo que es propiedad y agresión, para tomar una determinación a favor o en contra de un demandante.
II
A la luz de los requisitos técnicos que debe satisfacer todo sistema de derechos de propiedad, analizaremos una propuesta específica (y explícitamente normativa) para definir violaciones a la propiedad privada y a los derechos de propiedad: la solución Locke-Rothbard. En esta tradición intelectual, propiedad se define como aquellos objetos tangibles, físicos, que han sido “visiblemente” rescatados de su estado natural de bienes sin dueño mediante actos de apropiación y de producción. Al mezclar el trabajo propio con recursos específicos, se establecen límites discernibles objetivos de propiedad y se conectan objetos específicos a individuos particulares. Hay indicadores en los objetos poseídos (al compararlos con los que no) y en quien los posee (o no) que todos pueden “captar”. Por otra parte, la teoría satisface perfectamente el requisito de ser operacional al poder trazar hacia atrás en el tiempo la propiedad actual hasta actos de “apropiación original” (hasta el momento en que eran meramente recursos de la naturaleza o sin dueño). De acuerdo con esta teoría, el hombre pudo, de hecho, haber actuado desde el principio del tiempo. (En claro contraste, cualquier teoría que haga la asignación de los derechos de propiedad mediante “contrato” o acuerdo o ley estatal [legislación] no permite que la persona actúe desde el primer momento, sino solamente después de la conclusión de dicho contrato o de la llegada del Estado. Por consiguiente, tal teoría se debe considerar como “técnicamente” deficiente.)
Sin embargo, aquí no nos importa tanto la definición positiva de propiedad sino la definición negativa complementaria de ofensa punible. De acuerdo con la restricción fundamental de que así como toda propiedad es privada también el crimen debe ser privado (cometido por individuos específicos contra víctimas específicas), Rothbard ha desarrollado la “teoría de la responsabilidad estricta” que abarca ambas, la ley criminal y la de daños y perjuicios. En cada caso criminal o de daños y perjuicios,
la evidencia debe ser probatoria al demostrar estrictamente la cadena causal de actos de invasión a la persona o a la propiedad. La evidencia se debe construir para demostrar que el agresor A de hecho dio inicio a un acto evidente de invasión de la persona o la propiedad de B. (Rothbard 1997, p. 137)
Por tanto, lo que el demandante debe probar, más allá de toda duda razonable, es una estricta relación entre el demandado y su agresión contra el demandante. Debe probar, en resumen, que A realmente “causó” una invasión a la persona o a la propiedad de B (…) Para establecer responsabilidad debe probarse, más allá de toda duda razonable, la estricta causalidad de la agresión que produce el daño. La corazonada, la conjetura, la plausibilidad, incluso la mera probabilidad, no son suficientes (…). La correlación estadística (…) no puede establecer causalidad. (Rothbard 1997, pp. 140-41)
Un aspecto importante de esta definición: Se acepta la necesidad de establecer la causación, basada en “evidencia individualizada” más que en la mera probabilidad basada en evidencia “estadística” (o preponderancia de evidencia). No obstante, la propuesta de Rothbard debe ser criticada como excesivamente “objetivista,” porque no tiene en cuenta condiciones “subjetivas” importantes que se deben combinar con indicadores objetivos para determinar la responsabilidad. “Excesivamente,” porque el objetivismo de Rothbard no está en armonía con la naturaleza de las cosas, ni está de acuerdo con sus propias definiciones de propiedad y de apropiación original, conllevando esta última también un elemento subjetivo importante: la apropiación implica intención. (Por ejemplo, no toda recolección de fruta se debe considerar como una apropiación del árbol frutal, sino solamente de la fruta, y no todo desvío del camino diario cuenta como un acto de posesión. [Rothbard] 1998). Por nuestra parte, considerarmos que no todas las invasiones físicas implican responsabilidad y, más importante aún, que algunas acciones conllevan responsabilidad aunque no ocurra invasión física abierta alguna. En este caso es de gran valor el ilustrativo análisis de Adolf Reinach en relación con el concepto de causalidad en el derecho penal (europeo continental) (Reinach 1989).
III
Para Rothbard, parece que la culpa o la falta se establecen mediante prueba de causalidad del daño. Reinach por su parte hace énfasis en que la causalidad y la falta son elementos independientes, y tienen que estar presentes ambos para imponer responsabilidad.
Así, escribe:
En el caso de muerte de una persona no basta con que la muerte resulte de la acción de alguien que pueda responder por sus actos (que esté cuerdo): como requerimiento adicional en una ofensa punible es necesario que exista intención deliberada (premeditación), o intención sin deliberación (negligencia) o, para decirlo en forma sucinta, debe haber también falta. Causalidad con éxito y falta son requisitos del castigo. - Siempre debe haber falta.
Sin embargo, existe también causalidad sin falta, la cual queda libre de castigo. Consideremos los siguientes ejemplos de daño y causalidad que no implican responsabilidad debido a carencia de falta. A conduce por una calle. B salta de detrás de un árbol sobre la calle y muere. A ha causado la muerte de B. ¿Se debe responsabilizar a A, o debería quedar libre? A invita a B a su casa. Un rayo cae en la casa, y B queda herido. A (y su propiedad) han causado lesión a B, porque sin la invitación B habría estado en otra parte. ¿Es A (o su asegurador) responsable ante B o debe B (o su asegurador) correr con los gastos? Un árbol propiedad de A, alcanzado por un rayo, cae sobre la propiedad de B dañando a B. ¿Es A (o su asegurador) responsable ante B o debe B (o su asegurador) correr con los gastos? A y B van juntos de caza al coto de B (o de A). Se acercan a un grupo de ciervos por lados opuestos y disparan al mismo tiempo. Una bala perdida hiere a B. ¿Es A responsable ante B o debe B asumir este riesgo y los gastos asociados?
Rothbard probablemente habría aceptado que A no tiene responsabilidad en estos casos, y habría precisado que los había contemplado bajo el título de “riesgos propios asumidos”. La vida implica elementos ineludibles de riesgo. Incumbe a cada individuo el aprender cómo vivir con tales riesgos y asegurarse contra ellos. Sin embargo, esto implica admitir que el criterio estrecho de causalidad es inadecuado. Parece que lo que es necesario agregar al criterio de Rothbard es: Nadie es responsable de los “accidentes” sufridos en su persona y propiedad. Más bien, el riesgo de accidentes, y su aseguramiento, debe ser asumido individualmente (por cada persona y propietario por sí mismo). La gente puede ser declarada responsable solamente por sus acciones, sean intencionales o negligentes (pero no por los accidentes en que resulten implicados). Las acciones sin embargo implican ambos, elementos “objetivos” (externos) y elementos “subjetivos” (internos). Por lo tanto, la inspección exclusiva de acontecimientos físicos nunca puede ser considerada como suficiente en la determinación de responsabilidad (debe haber falta también, y sólo podemos hablar de falta si un acontecimiento se produce por una acción).
IV
Consideremos ahora la definición de Reinach de acción - causalidad. Una acción de cáracter (penal) legal
es un acontecimiento que no puede ser cancelado sin cancelar a su vez el efecto, siempre que éste tenga carácter legal. (…) “Causa” de un acontecimiento (…) se llama entre otras cosas a esa condición que se debe agregar a un elemento de un todo conceptual sin cuyo segundo componente dicho acontecimiento no se puede concebir que haya ocurrido. (…)Causar un acontecimiento significa activar una condición de éxito; causar intencionalmente un acontecimiento significa activar una condición que trae como resultado el éxito. Causar intencionalmente algo significa entonces activar una condición de éxito, queriendo que esta condición - claro está, conjuntamente con otras- conduzca al éxito. (…) Quien desee, por tanto, debe ser consciente de que puede contribuir al éxito deseado (…) de que es posible ese éxito mediante su “contribución” y otros factores por él conocidos.. (…) Su responsabilidad por comportamiento negligente es similar. En esto caso no se desea el éxito; pero podía y debía haberlo evitado. En cuanto sigue siendo algo cuya ocurrencia dependió de mí, también, de una manera especial es “mío”.
A la luz de las definiciones de Reinach, volvemos al criterio de causalidad de Rothbard. Mientras que su criterio por un lado es muy amplio para incluir invasiones accidentales entre las ofensas punibles, por otro lado parece demasiado estrecho en la determinación de responsabilidades. Algunos ejemplos, tomados de Reinach y modificados levemente, ilustran el punto. A, superior de B, envía B al bosque, con la esperanza de que B sea alcanzado por un rayo. Se satisfacen sus esperanzas.
¿Ha causado A la muerte, o heridas, a B? ¿Debería A ser responsable? Con respecto a la causalidad, Reinach contestaría que sí: sin la orden de A autorizando a B, éste no habría muerto. Sin embargo, Reinach negaría que A es responsable, no porque no haya causalidad, sino porque no hay intención o negligencia por parte de A (hay sólo esperanza). Rothbard también sostendría que A no es responsable, no debido a la carencia del intención sino debido a la ausencia de causalidad (las órdenes verbales probablemente no cuentan como causas, porque no son causas “físicas”).
Ahora cambiemos el escenario: A puede calcular exactamente cuándo un árbol particular será alcanzado por un rayo. Envía a B a ese árbol, y ciertamente B es alcanzado.
Reinach habría encontrado aquí causalidad, de la misma forma que en el primer caso. Lo que hace que los dos casos sean diferentes y conlleve responsabilidad en el segundo, es la intención entendida como “querer con la conciencia de certidumbre objetivamente asociada a la realidad.” En el segundo caso, A es responsable porque causó el acontecimiento con la creencia objetivamente justificada de que su acción, en cooperación con otros factores, conduciría al resultado deseado. En cambio, según el criterio de Rothbard no existe ninguna causalidad en el segundo caso, como tampoco existió en el primero (la secuencia de eventos - y de fenómenos externos – es de hecho igual en ambos casos). Por lo tanto, Rothbard tendría que dejar libre a A, tanto en el segundo caso como en el primero.
¿Cómo es posible? Consideremos otro ejemplo. A, que contrata a B, le ordena que venga directamente hacia él, sabiendo que a mitad del camino hay una trampa oculta. B camina hasta caer en la trampa y se hiere. Reinach encontraría que A es responsable. Rothbard lo dejaría ir, porque no hay “invasión física abierta” iniciada por A. A simplemente dice algo a B (que en sí mismo, y claramente, no es un acto invasor); y entonces la “naturaleza” toma su curso sin interferencia adicional de parte de A. Es decir, la trampa, al ser un medio indirecto y no invasivo por sí mismo, aunque cause un daño físico, tendría que quedar libre de sanción.
Esto no sólo se opone a nuestra intuición moral. Más importante aún es que la exclusión del daño físico indirectamente causado, de la clase de ofensas punibles no tiene análogía en la teoría positiva de la propiedad y de la apropiación original. No tenemos ningún problema, por ejemplo, en concibir un acto “indirecto” de apropiación. A, jefe de B, da órdenes a éste para que despeje y perfore un pedazo de tierra, sin dueño previo, para buscar petróleo. B encuentra petróleo. De tal modo A, y no B, es el dueño del petróleo (aunque A sea solamente la causa indirecta del acto de apropiación).
Por consiguiente, si A pide a B que perfore para buscar petróleo, esperando que en vez de encontrar petróleo B caerá en una trampa en la localización dada, entonces A también debe ser declarado responsable de este acontecimiento. Si no es así, ¿por qué no?
Consideremos esta secuencia de hechos: A desea la muerte de B e intenta lograrlo a través de la oración diaria. B muere realmente.
En este caso ni Reinach ni Rothbard encontrarían responsabilidad y presumiblemente por la misma razón. No existe causalidad (mera coincidencia) y por lo tanto no hay responsabilidad por parte de A.
Ahora cambie el escenario: A reza por la muerte del B. Acontece que B ve y oye esto y, siendo supersticioso y de disposición física extremadamente delicada, muere de miedo.
En este caso, también, Reinach y Rothbard alcanzan el mismo veredicto, que A no es responsable, pero lo hacen por diferentes razones. Reinach encontraría que existe la causalidad en el segundo caso. B muere porque A ha rezado para que muera. Lo que ahora falta, y libra de culpa a A es la intención (o la negligencia) con relación al resultado. A desea matar a B por medio de la oración, que es simple y objetivamente ineficaz en lo que tiene que ver con el resultado. A no utiliza más medio que la oración. La muerte de B es el resultado de un proceso causal que es incidental (accidental) a las acciones de A. Ésta es la razón por la cual A debe quedar libre. Rothbard, por otra parte, dejaría libre a A por la ausencia de causalidad. A no ha realizado ninguna acción que se puede interpretar como invasora de la persona o de la propiedad de B.
Considere un segundo cambio en el escenario: A reza por la muerte de B. A sabe que B es supersticioso y que está en una débil condición física, e informa a B de su tentativa. B muere de miedo.
Reinach declararía responsable a A en este caso, mientras que Rothbard no. Para Reinach en este caso la causalidad existe exactamente de la misma manera que en la primera. Y de hecho, como fenómeno – en lo que se refiere al aspecto exterior de las cosas - los dos casos son esencialmente iguales. La única diferencia es que A le dice a B intencionalmente lo que, en el primer escenario, B había descubierto accidentalmente. La responsabilidad, según Reinach, resulta de la presencia de intención o de negligencia. En el segundo caso, al hablarle a B, A actúa, intencional o negligentemente, para lograr la muerte de B. (Reinach dejaría ir a A solamente si A no hubiera sabido algo sobre la condición médica de B. En tal caso, decirle eso a B pudo ser insensible o cruel. Sin embargo, mientras que los procesos causales implicados son exactamente iguales a los del escenario anterior: si A sabe o no sabe sobre la condición de B, B muere, A no obstante quedaría libre porque no existe intención ni negligencia con respecto al resultado.) Rothbard, igualmente consecuente, encontraría que tampoco, ni en el primero ni en el segundo caso, existe causalidad. No hay invasión física abierta de A a B. Los rezos de A no causaron la muerte de B, y el informar a B, por sí mismo, no implicó ninguna invasión física.
Por lo tanto, A debe quedar completamente libre. (Basándose en su criterio de causalidad Rothbard no haría ninguna distinción entre el A que sabe o el que no sabe acerca de la condición de B. A no es responsable en ningún caso).
Que A no debe ser declarado responsable de ninguna manera, o forma, no es intuitivamente convincente. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si A pudiera de hecho matar gente mediante rezos, y B muriera como resultado de sus oraciones? No hubo invasión causal física, y aún así A habría matado a B. ¿Aún así debería A quedar en libertad? ¿Se le debe permitir matar a rezos a quienquiera que desee? Más importante, y según lo indicado antes, el énfasis exclusivo en la invasión física directa no tiene ningún análogo en la teoría de la apropiación. No excluimos todos los actos “indirectos” de apropiación como inválidos por sí mismos. Uno puede llegar a ser el dueño de cosas que nunca toca, es decir, sin la existencia dealgo siquiera levemente parecido a causación física. ¿Por qué han de ser diferentes las cosas cuando se trata de actos más agresivos que apropiativos? ¿Por qué toda agresión “indirecta” o encubierta (causada por medio de palabras) debería excluirse categóricamente como posible responsabilidad? Sin duda, si A dijo a B que deseaba que C estuviera muerto, y B mata a C no declararíamos responsable a A. Pero ¿haríamos igual si A pagó a B, o si A y B fueran miembros de una cuadrilla organizada de la que A es el líder, y B mata a C? Del mismo modo, , si Clinton o Bush ordenan a sus generales que maten iraquíes, los generales ordenan a sus oficiales que ordenen a los soldados, y los soldados matan según lo ordenado, ¿deben ser los soldados sólo responsables de “haber causado” las muertes, o, y podemos imaginar que Rothbard no discreparía, deberían todos y cada uno desde el presidente hasta los soldados ser declarados conjunta y separadamente responsables? En ese caso, la intención es importante.
Finalmente, un ejemplo de una tentativa fallida muestra que el criterio de Rothbard es demasiado estrecho. A desea matar a su esposa, B. Compra un veneno mortal al farmacéutico, y lo añade regularmente al té de B. Sin embargo, el farmacéutico ha incurrido en una equivocación. No vendió un veneno a A sino algo completamente inofensivo. B muere en un accidente automovilístico sin relación. El farmaceuta descubre su error y se descubre la trama. ¿Debe A ser declarado culpable o inocente (los herederos de B están demandando A)?
Reinach encontraría culpable a A. Hay intención (y por lo tanto falta) y hay causalidad (fallida). A lleva a cabo una serie de acciones que él cree que son adecuadas, y objetivamente lo son, para obtener el resultado deseado. Sólo la existencia de un evento causal (el error del farmacéutico) incidental (accidental) evitó el resultado deseado.
Rothbard habría dejado libre a A, porque no existe causalidad como él la define. De hecho, en lo que concierne al mundo exterior, A no ha hecho ningún daño a B. El intento de acabar con su vida fue un total fracaso. (El mismo Rothbard se siente disconforme al tomar esta posición y comenta: “aunque el intento criminal no invadió propiedad alguna en sí mismo, si el suceso criminal hubiera llegado a ser conocido por la víctima, la resultante incitación al miedo debería ser perseguida como un ataque. Así el intento criminal (o ultraje) no resultaría impune”) Rothbard (1997, p. 163).
De nuevo, la principal razón por la cual esta solución parece insatisfactoria es la falta de una analogía en la teoría positiva de propiedad y apropiación. No se requiere que un acto de apropiación original tenga éxito para considerar que ha tenido lugar y determinar la propiedad. Por ejemplo, A corta la maleza de un pedazo de tierra sin dueño con la intención de crear un parque. Sin embargo al hacerlo quema accidentalmente todos los árboles. La acción de A es fallida. Este no es el resultado que buscaba. ¿Es él, de todos modos, dueño del bosque quemado? Así parece. Sin embargo, si existen intentos fallidos de apropiación que sin embargo se consideran como actos de apropiación, ¿por qué no debería haber también intentos fallidos de agresión que sin embargo se consideren como agresión?
V
Está claro que aunque los criterios “objetivos” (externos, observables) deben jugar un papel importante en la determinación de la propiedad y la agresión, tales criterios no son suficientes. En particular, definir agresión “objetivisticamente” como una “abierta invasión física” parece deficiente porque excluye la trampa, la incitación y los intentos fallidos, por ejemplo. Ambos, el establecimiento de derechos de propiedad y su violación surgen de acciones: actos de apropiación y expropiación. Sin embargo, además de la apariencia física, las acciones también tienen un aspecto interno, subjetivo. Este aspecto no puede ser observado a través de nuestros sentidos. Más bien se debe comprobar por medio del entendimiento (verstehen). La tarea del juez no puede – por la naturaleza de las cosas - reducirse a una simple decisión basada en un modelo cuasi-mecánico de causación. Los jueces deben observar los hechos y entender a los actores y las acciones implicadas con el fin de determinar la existencia de falta y responsabilidad.
REFERENCES
Hoppe, Hans-Hermann. 1993. The Economics and Ethics of Private Property. Boston: Kluwer. ———. 1987. A Theory of Socialism and Capitalism. Boston: Kluwer.
Reinach, Adolf. 1989.“Über den Ursachenbegriff im geltenden Strafrecht.” In Reinach, Sämtliche Werke, Vol. I. München: Philosophia.
Rothbard, Murray N. 1998. The Ethics of Liberty. New York: New York University Press. ———. 1997. “Law, Property Rights, and Air Pollution.” In Rothbard, The Logic of Action, Vol. II. Cheltenham, U.K.: Edward Elgar.
Actualmente en los EE.UU., en casos criminales, se requiere prueba más allá de toda duda razonable. En cambio, en casos de agravio (ultraje) es suficiente probar que hay algo que tiene mayor probabilidad de suceder que de no suceder (preponderancia de evidencia).
(Reinach 1989, p. 8).
Liegt der Tod eines Menschen vor, so genügt es nicht, dass der Erfolg durch die Handlung eines Zurechnungsfähigen herbeigeführt wurde, sondern es muss als weitere Strafvoraussetzung Vorsatz und Überlegung bzw. Vorsatz ohne Überlegung bzw. Fahrlässigkeit oder, wie wir umfassend sagen können, Schuld hinzutreten. Strafvoraussetzung ist stets Verursachung des Erfolgs und Schuld.—Schuld ist immer erforderlich.
Ibid., p. 29: Eine strafrechtlich relevante Handlung “muss etwas sein, das nicht hinwegfallen kann, ohne dass auch der Erfolg, soweit er rechtlich in Betracht kommt, hinwegfallen müsste.”
Ibid., p. 39: “‘Ursache’ eines Erfolges . . . nennt man unter anderem diejenige Bedingung, die zu dem einen Gliede eines gedachten Zusammen hinzugedacht werden muss, damit an Stelle des zweiten Gliedes der betreffende Erfolg als eintretend gedacht warden könne.”
Ibid., p. 30: Einen Erfolg verursachen heisst, durch eine Handlung eine Bedingung des Erfolges setzen; ihn vorsätzlich verursachen heisst, durch eine Handlung eine Bedingung setzen, damit sie den Erfolg herbeiführe. . . . Etwas vorsätzlich verursachen heisst demnach: durch eine Handlung eine Bedingung des Erfolges setzen, wollend, dass diese Bedingung—natürlich im Vereine mit anderen—den Erfolg herbeiführe.
Ibid., p. 31: “Der Wollende muss (dabei) das Bewusstsein haben, dass er zu dem gewollten Erfolg etwas beitragen kann . . . (und) dass der Eintritt des Erfolges aus seinem ‘Beitrag’ und den übrigen ihm bekannten Faktoren möglich ist.”
Ibid., p. 42: “Ähnlich verhält es sich mit der Verantwortung für fahrlässiges Vorgehen. Hier ist der Erfolg zwar nicht von mir gewollt; aber ich hätte ihn vermeiden können und sollen. Insofern ist er doch etwas, dessen Dasein von mir abhing: auch er ist in besonderem Grade ‘mein.’”
“Wollen mit dem objektiv geforderten Bewusstsein der Gewissheit.”
Brad Edmonds
Todos podemos ayudar mediante la práctica del arte de la persuasión de la gente con la que discrepamos. Por supuesto, cuando nos equivocamos en algo, también necesitamos reconocerlo –esto requiere imparcialidad emocional y habilidad de razonar, y desafortunadamente, depende también del conocimiento y de las habilidades comunicadoras de la otra persona. Pero incluso cuando los hechos y la lógica están de nuestra parte, aún hemos de permanecer alerta. Nunca es sencillo para alguien considerar una opinión opuesta, así que se necesitan gran habilidad para que cuaje en la otra persona. Tal habilidad puede ser convincente, así como lo fueron algunos tipos con mensajes repugnantes –Hitler, Jim Jones y otros son ejemplos de ello.
Tanto los hechos como la razón están de parte de la abolición del Estado, pero los estatalistas están demasiado atados al tópico y creen en demasiadas falacias, como la de que la Guerra Civil fue diferente que la Revolución Americana o que el Estado debería prohibir ciertos tipos de droga. Durante la discusión las palabras inundan la conversación, la gente se emociona y nadie puede llegar a la correcta persuasión.
Las reglas básicas: Utilice siempre la honestidad, la amabilidad, la generosidad e incluso el humor. Estas cosas parecen obvias, pero es fácil errar durante una discusión. Si alguien dice algo absurdo, está creando una oportunidad para que sea amable –“ésa es una opinión compartida por mucha gente” es una buena respuesta- mejor que un igual de amable pero deshonesto “ése es un buen punto”. Si alguien le insulta, una táctica válida que puede calmar las aguas es “Puede que sea o no sea verdad el hecho de que sea un pirado pero al menos no estoy hablando sobre si deberíamos o no bombardear Eslovenia”. Y si usted es más brillante que su oponente, es mejor no hacer esto muy perceptible. Ésta es la parte generosa; centrada en los datos y principios, y le hace a su oponente razonar sobre sus propias conclusiones. Hágale sentir inteligente. La mejor forma de guardar el interés por usted es haciéndose relacionar con un aumento del autoestima de su oponente.
A la gente le encanta hablar sobre si misma, así que háblele a su oponente de él. Cuando después le ofrezca soluciones liberales para temas que le impacten, puede adaptarlas a sus situaciones personales. De esta manera usted ha conseguido que le tenga cariño, le ha hecho pensar que es usted un gran conversador (porque tuvo una oportunidad para hablar sobre él); y le ha dado ideas que le parecen plausibles, llegando de esa manera a su mente.
¿Son estas tácticas taimadas o manipuladoras? Ciertamente lo son, así como otras tantas acciones que realizamos con otras personas durante el día. A veces nos damos cuenta de que lo estamos haciendo, otras no. La verdad es que la honestidad, la bondad, la generosidad y la templaza emocional sean manipuladoras o no, confeccionan el comportamiento moral apropiado en estos casos. Hacer que alguien se sienta mejor mientras le abres la mente a opciones que nunca había considerado, con las que nunca antes se había enfrentado, es algo positivo. La manipulación es algo malo cuando se lleva a cabo como táctica dañina y deshonesta o cuando uno tiene fines que entran en conflicto con el bienestar su oponente.
Es importante que persuada. Cuantas más personas enamoradas del Estado encuentre, mejor estaremos todos si cambian de posición: Así cómo Billy O’Reilly u otros bombarderos felices neocón racionalizan la matanza de niños en Irak o Afganistán; “Los individuos son en última instancia responsables de sus respectivos Estados.”
Nadie ha mostrado tanto la amabilidad de mostrar el caso de la abolición del Estado coactivo como Mary Ruwart. En su libro "Curando el mundo en una era de agresión", escrito hace diez años pero revisado con nuevos datos en 2003, la Dr. Ruwart nos provee de brillantes ejemplos de privatización, desde las carreteras hasta la medicina o la policía; y también específicos ejemplos de los errores del Gobierno de USA y sus crímenes, y por supuesto todo ello bien documentado. Más allá de esto, Ruwart hace un excelente trabajo explicando las razones básicas de por qué el Estado siempre yerra –el libro no es una mera tabla de triunfos privados y errores estatales.
Si usted ha leído a Rothbard, Hoppe, Benson, Mises y otros autores semejantes, no encontrará en Ruwart nada nuevo en el ámbito teórico; para los liberales ilustrados, el libro es más que nada útil por los datos y ejemplos, contándose por cientos. La parte más usada en mi caso es la bibliografía. El libro es brillante en su llamamiento a los izquierdistas y a aquellos nuevos en teoría liberal. Ruwart utiliza terminología similar a la compasión, y apela a los ungidos estatistas que pretenden encontrar la solución de la pobreza en la redistribución de ricos a pobres, que creen que un buen plan sanitario surge cuando el Estado se encarga de ello, y demás supercherías. Cuanto más izquierdista sea el lector, más directo y persuasivo será este libro.
Además, yendo aún más lejos, Ruwart culpa directamente al lector, aunque siempre con respeto, por utilizar la fuerza del Estado para repeler cualquier enfermedad social. Este recurso es utilizado en cada capítulo del libro, y cada uno de ellos recoge todos los compromisos del Estado. El libro está dirigido sobre todo a aquellos que necesitan convencimiento. Ruwart comparte aquella frase de Billy O’Reilly de que los individuos al final son los únicos responsables de su Estado. A diferencia de O’Reilly, Ruwart muestra por qué, nosotros, gente normal, tenemos las herramientas y la responsabilidad de terminar con el Estado. Incluso su libro contiene un capítulo sobre cómo comenzar en la labor.
En un cordial y comprensivo tono, Ruwart presenta al Estado y a todos aquellos que utilizan la violencia para solucionar los problemas sociales como los auténticos agresores. Es amable, generosa, no ataca a los lectores y no escribe en clave petulante. Este libro sería un excelente regalo para alguien que actualmente crea en el Estado.
¡Ahora, ve a persuadir a alguien!
Apéndice: Escribí recientemente en relación a las propuestas sobre cómo las carreteras privadas podrían funcionar, y en ese momento utilicé varias ideas que actualmente están en uso, pero he de decir que ciertamente el mercado generaría otras aún mejores que las imaginé. Los lectores comprobarán que no me equivoco. Primero, la mayoría de las carreteras privadas probablemente no cobrarían un peaje. Las calles en zonas de negocios serían mantenidas por los comerciantes de la zona, quienes tendrían un gran incentivo en mantener en perfectas condiciones las carreteras y dejar libre paso. Las zonas residenciales serían menos frecuentadas y los residentes tendrían un incentivo para cargar peajes. Segundo, en relación a la privacidad, mencioné que el mercado se encargaría de indicar si mediante un sistema de facturas la posición de un supuesto criminal es revelada. El mercado tiene actualmente una solución mejor, en forma de cheque digital, similar a una tarjeta prepago de larga distancia. Los propietarios de carreteras y los sistemas de gestión transaccional nunca sabrían quién es usted. La tecnología ya está en uso.
Brad Edmonds escribe desde Alabama.
Traducido por Fernando Barrera López de Lacalle
TOMADO, CON AUTORIZACIÓN, DEL BLOG DE JORGE VALÍN - www.jorgevalin.com
En nuestro sistema, las garantías de la libertad y del
funcionamiento del autogobierno provienen de la constitución
de la república; y el principal problema: de la democracia.
—William Graham Sumner, 1877—
Empezado este mes, 30 distinguidos políticos y científicos de Asia y Europa se encontraron en Seúl (Corea) para preguntarse “¿Qué es la Democracia?”[1] La respuesta fue muy poco productiva desde el punto de vista práctico. Lo que fue importante fue la esperanza de intentar responder a esta pregunta.
En los Estados Unidos no tenemos ni el tiempo ni las ganas de hacernos esas preguntas. En palabras de Ortega y Gasset, vivimos en una “época de auto satisfacción”. Aquí, la democracia es lo que la democracia es; y todos estamos de acuerdo en querer más. Si algo es democrático, es bueno para la nación, es bueno para el oprimido, para la humanidad, fin de la cuestión. La forma más eficaz para atacar a algún político de la oposición es llamarlo anti–demócrata. Algunos buscan difundir la democracia por todas partes, mientras que otros lamentan la pérdida de democracia en el país. El candidato presidencial John Kerry de forma recurrente promete luchar por “nuestra democracia americana”.
Pregúntele al americano medio qué es la democracia; y con voz baja dirá: algo relativo al bien común y para el bien de la gente. Después, pregúntele si cree que estamos perdiendo nuestra democracia, y él lamentará de forma enfática: “¡Sí!” ¿Cómo puede la gente querer más democracia mientras que nadie tiene idea alguna de lo que significa?
Estados Unidos no es una democracia. Al menos esa no fue la intención de los fundadores en 1787. Más bien, Estados Unidos es una república, o como dijo John C. Calhoun: “una república federal democrática”. La diferencia, según James Madison, es que “en una democracia, la gente encuentra y ejerce el gobierno en persona; en cambio, en una república la gente se reúne y se administra por medio de sus representantes y agentes”.
Sir Henry Sumner Maine, político insuficientemente reconocido de la Inglaterra Victoriana, nos recuerda que la democracia “es simplemente una forma de gobierno. Es el gobierno de la Mayoría, en oposición —de acuerdo con el análisis de los antiguos griegos— al gobierno de los Pocos, y el gobierno de Uno”. Continua diciendo: “La democracia, es el gobierno de una indeterminada comunidad que toma el relevo al monarca. Tiene las mismas características que la Monarquía; cuenta con las mismas funciones aunque las ejerce a través de órganos diferentes. El éxito de la gestión de ambos gobiernos se basa exactamente en lo mismo”.
Sacándole su reluciente apariencia, la democracia debe satisfacer el mismo test de suficiencia que las otras formas de gobierno. Es decir, los derechos de los individuos han de ser conservados y protegidos de la agresión externa e interna manteniendo las normas de la paz para todos sus ciudadanos. Pero, no hay una justificación a priori donde se demuestre que la democracia satisface mejor estos requisitos que una monarquía o una teocracia. Veremos el porqué en las siguientes líneas.
Elementos Democráticos
Ciertamente, los elementos de la democracia se han incorporado al sistema americano. El derecho a votar —americanos mayores de 18 años— puede ser llamado como un elemento democrático dentro de un gobierno republicano. Así, la actual tendencia de sustituir “democracia” por “república” como uno de los hechos característicos de la defensa americana ha ido incrementándose llevándonos al camino de la servidumbre por medio del voto popular.
Pero hoy, la “democracia” ha tomado vida propia —su auténtico significado como sistema de gobierno mayoritario directo se ha perdido siendo sustituido por el camino de una mayor centralización del estado. Se ha convertido, por su propia naturaleza, simplemente en un sinónimo de comunidad. Hablamos sobre las “democracias occidentales” olvidando mencionar la república, forma constitucional de gobierno que poseen la mayoría de países.[1]
En la medida que los elementos democráticos se han instaurado en la gestión gubernamental de los asuntos económicos y políticos, la democracia no garantiza en ella misma la libertad; y es que de hecho, la democracia se ha convertido en una de las mayores amenazas para la libertad. Cuando hablamos directamente de simple mayoría democrática estamos hablando de 51 miembros enfrentándose a otros contundentes 49 miembros de la sociedad. Olvidar las limitaciones constitucionales, el gobierno mayoritario (como gobierno minoritario) amenaza la fundación de la libertad.
El apelativo democracia, al menos usado como la afilada hacha del igualitarismo, se ha convertido en la fuerza conductora de la nivelación social. F. A. Hayek escribió: “Como parece ser el destino de la mayoría de los términos expresados políticamente, el término ‘democracia’ está siendo usado para describir varios tipos de cosas que poco tienen que ver con su auténtico significado. Y ahora de forma recurrente, el término democracia se está usando para designar lo que en realidad significa ‘igualdad’”.
Tomemos, por ejemplo, un reciente artículo que apareció en “The American Prospect” titulado “Solve Inequality with Democracy” (“Solucione la Desigualdad con Democracia”), donde los autores dicen que: “la desigualdad en la distribución de las rentas, con todas sus venenosas consecuencias, es el resultado de premeditadas decisiones políticas y sólo pueden ser mitigadas y finalmente transformadas reclamando principios democráticos”. Por lo tanto, la igualdad sobre las rentas vendrá por medio de la democracia. Pero como advirtió William Graham Sumner, “Si a lo que aspiramos es al principio de igualdad probablemente lo obtendremos: acabaremos siendo todos igual de esclavos”. Dejando a parte las objeciones morales de limitar el sueldo de los individuos por la fuerza, no hay nada incorrecto en las tesis que mantienen los autores anteriores. Mientras que no especifican exactamente en que “principios democráticos” se basan (nadie lo hace), podemos asumir que se refieren a las actuaciones de la voluntad de la mayoría. Pero en un mundo donde siempre haya más escasez que abundancia, podremos ver el miedo que tuvieron los Fundadores a la multicracia[2] .
En tiempos de elecciones, sólo una cosa tiene auténtico sentido sobre la corrupción del ideal republicano. Lea las palabras de Bastiat hace más de 150 años y recuerde las comedias electoralistas de Bush y Kerry:
¿Cuál es la actitud del demócrata cuando se habla sobre los derechos políticos? ¿Cómo juzga el demócrata a la gente cuando hay que elegir a un legislador? Ah, entonces se dice que la gente tiene una sabiduría instintiva; gozan de la percepción más fina; su voluntad siempre es correcta; la voluntad general no puede fallar; la votación nunca es suficientemente universal…
Pero cuando al fin se elige al legislador. ¡Ah! entonces el tono de su discurso sufre un cambio radical. El pueblo regresa a la pasividad, inercia, e inconsciencia anterior. El legislador se vuelve omnipotente. [La Ley]
¿Qué podemos pensar de la democracia pues? Podemos empezar por pensar en lo que realmente es y no proclamar una fe ciega de sus presuntas grandezas. A igual que Henry Sumner Maine, podemos recordar que la democracia no es nada más que un camino para administrar el gobierno, el aparato designado para proteger nuestra persona y propiedad. Si se cree que la democracia es superior a la república, entonces la democracia sólo puede ser entendida en el contexto de cómo ha de actuar ésta dentro del gran bastión de la libertad.
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Artículo publicado el 23 de junio de 2004 con el título “What Is Democracy?” por la “Foundation for Economic Education”. También en castellano: La FEE.
[**] Jude Blanchette es economista graduado por la Loyola Collage, y trabaja en la “Foundation for Economic Education”; Irvington-On-Hudson, Nueva York. También es colaborador del “Ludwig von Mises Institute”.
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[1] Este artículo fue escrito por un autor americano para un público americano. El significado que se da a la palabra república, en España y en América (del Norte y del Sur), son muy diferentes. España puede tener un rey, incluso se puede definir como “Monarquía”; pero en ningún caso su gobierno es dictado por el rey [Nota del traductor].
[2] Una traducción literal del término sería “mobocracia”, pero poco diría al lector de lengua española. Según el Webster's Dictionary, la “multicracia”, o “mobocracy” es: “una condición donde las clases bajas de una nación controlan los asuntos sin respeto a las leyes, los precedentes [legales], o derechos inalienables” [Nota del traductor].
Por Hans-Hermann Hoppe
Publicado en Inglés el 10/15/2004
I. El problema del orden social
Sólo, en su isla, Robinsón Crusoe puede hacer cualquier cosa que desee. Para él no existen preguntas con respecto a reglas organizadas de conducta humana – cooperación social – simplemente no se presentan. Estas preguntas sólo pueden surgir una vez llegue una segunda persona a la isla, Viernes. Más aún, la pregunta es en gran parte irrelevante mientras no exista escasez. Supongamos que la isla es el Jardín del Edén; todos los bienes externos están disponibles en superabundancia. Son "bienes gratuitos," tal como el aire que respiramos el cual es normalmente "gratis". Cualquier cosa que Crusoe haga con estos bienes, no tendrá repercusiones – ni con respecto a su futura fuente de suministro ni tampoco con relación a la actual o futura fuentes de suministro de bienes para Viernes (y viceversa). De ahí que, es imposible que haya conflictos entre Crusoe y Viernes con respecto al uso de tales bienes. El conflicto es posible solamente si los bienes son escasos. Sólo entonces surgirá la necesidad de formular reglas que hagan posible una cooperación social ordenada y libre de conflictos.
En el Jardín del Edén existen sólo dos bienes escasos: el cuerpo físico de la persona y el espacio en que se para. Crusoe y Viernes tienen sólo un cuerpo y pueden pararse sólo en un lugar a la vez. De ahí que, aún en el Jardín del Edén puedan surgir conflictos: Crusoe y Viernes no pueden ocupar el mismo espacio simultáneamente sin entrar en conflicto físico entre sí. Por consiguiente, aún en el Jardín del Edén deben existir reglas de conducta social ordenada – reglas con respecto a la ubicación y al movimiento apropiado de los cuerpos humanos. Fuera del Jardín del Edén, en el reino de la escasez, deben existir reglas no sólo para el uso de los cuerpos personales sino también para todo bien escaso, y así poder excluir toda posibilidad de conflicto. Este es el problema del orden social.
II. La Solución: Propiedad privada y apropiación original
En la historia del pensamiento social y político, se han hecho innumerables propuestas para solucionar el problema del orden social, y esta variedad de propuestas, mutuamente incompatibles, con frecuencia ha contribuido a que la búsqueda de una solución única y "correcta" haya sido considerada ilusoria. Pero como trataré de demostrar, si existe una solución correcta. Por lo tanto, no hay razón para sucumbir al relativismo moral. La solución ha sido conocida durante centenares de años, si no es por más tiempo.
En tiempos modernos esta solución antigua y sencilla fue formulada muy clara y convincentemente por Murray N. Rothbard.[ii]
Permítanme empezar a formular la solución, primero para el caso especial representado por el Jardín del Edén y posteriormente para el caso general representado por el mundo "real" de escasez circundante y luego proceder a explicar porqué esta solución, y no otra, es la correcta.
En el Jardín del Edén, la solución es proporcionada por una sencilla regla que establece que todos puedan colocar o mover su propio cuerpo dondequiera les plazca, con la condición que ya nadie esté ocupando ese mismo espacio. Fuera del Jardín del Edén, en el reino de la escasez, la solución es aportada por esta regla: Cada persona es la dueña adecuada de su propio cuerpo físico, así como también de los lugares y bienes naturales que ocupe y ponga en uso por medio de su cuerpo, en condición que ya nadie haya ocupado o utilizado los mismos lugares y bienes antes que él. La pertenencia de lugares y bienes “apropiados originalmente” por una persona implica su derecho a usar y transformar esos lugares y bienes en la forma que considere adecuada, provisto que de tal modo que no cambie, a la fuerza, la integridad física de lugares y bienes apropiados originalmente por otra persona. En particular, cuando un lugar o un bien ha sido originalmente apropiado, en palabras de John Locke, “mezclándole el trabajo de uno”, la posesión de esos sitios y bienes sólo puede ser obtenida por medio de transferencia voluntaria -contractual- del título de propiedad del propietario anterior al nuevo dueño.
A la luz del extendido relativismo moral, vale precisar que esta idea de la apropiación original y de la propiedad privada como solución al problema del orden social está en completo acuerdo con nuestra “intuición moral.” ¿No es simplemente absurdo pedir que una persona no sea el dueño adecuado de su cuerpo ni de los lugares y bienes que originalmente, es decir, antes que cualquier otra persona, se haya apropiado, utiliza y/o produce por medio de su cuerpo? ¿Quién, si no él, debe ser el dueño? ¿Y no es también obvio que así lo haga la abrumadora mayoría de las gentes -incluyendo niños y aborígenes indígenas- quienes en realidad actúan según estas reglas, y lo hacen como cosa ordinaria y natural? La intuición moral, tan importante como es, no constituye prueba. Sin embargo, también existe prueba de que nuestra intuición moral es verdad.
La prueba es doble. Por una parte, las consecuencias que siguen si uno fuera a negar la validez de la definición de la institución de la apropiación original y de la propiedad privada: Si persona A no fuera el dueño de su propio cuerpo ni de los lugares y bienes originalmente apropiados y/o producidos con su cuerpo, así como de los bienes voluntariamente adquiridos (por contrato) de un previo dueño, entonces sólo existirían dos alternativas. O bien otra persona, B, debe ser reconocida como dueña del cuerpo de A, así como de los lugares y los bienes apropiados, producidos o adquiridos por A, o ambas personas, A y B, deben ser consideradas co-propietarias por igual de todos los cuerpos, lugares y bienes.
En el primer caso, A estaría reducido al rango de esclavo de B y objeto de explotación. B sería el dueño del cuerpo de A y de todos los lugares y bienes apropiados, producidos y adquiridos por A, pero A, en cambio, no sería el dueño del cuerpo de B ni de los lugares y de los bienes apropiados, producidos y adquiridos por B. De ahí que, bajo esta declaración habría constituidas dos clases, categóricamente claras, de personas —Untermenschen (criaturas subhumanas) tal como A y Uebermenschen (superhombres) tal como B— a quienes se aplican diferentes "leyes". Por consiguiente, tal regla debe ser desechada por ser una ética inaplicable a todos qua seres humanos (animales racionales). Desde el principio, cualquiera resolución como ésta sería reconocida como inaceptable universalmente y así no se puede reclamar que sirva como símbolo legal. Porque para que una regla aspire al grado de ley —una regla justa— es necesario que tal regla se aplique igual y universalmente a todos.
Alternativamente, en el segundo caso de co-propiedad igualitaria y universal, el requisito de ser una ley igual para todos estaría cumplido. Sin embargo, esta alternativa sufriría de una deficiencia aún más severa, porque si fuera aplicada, toda la humanidad perecería instantáneamente. (Desde el punto de vista que toda ética humana debe permitir la sobrevivencia de la humanidad, esta alternativa debe también ser rechazada). Cada acción de una persona requiere la utilización de algunos medios escasos (por lo menos del cuerpo de la persona y del espacio donde está parada), pero si todos los bienes fueran co-propiedad de todos, entonces a nadie, nunca, ni ningún lugar, le estaría permitido hacer nada, a menos que se hubiera asegurado previamente el consentimiento de todos los demás co-propietarios. Y aún así, ¿cómo podría alguien otorgar tal consentimiento si no es el dueño exclusivo de su propio cuerpo (inclusive de sus cuerdas vocales), mediante el cual debería expresar su consentimiento? En realidad, necesitaría primero el consentimiento de otros para que le sea permitido expresar el suyo propio, pero estos otros no podrían dar su consentimiento sin tener primero el suyo, y así sucesivamente.
Esta visión a la imposibilidad praxeológica del "comunismo universal," tal como Rothbard se refirió a esta propuesta, me lleva inmediatamente a una forma alternativa de demostrar que la idea de la apropiación original y la propiedad privada es la única solución correcta al problema del orden social.[iii] Podría decidirse sólo en el curso de la argumentación (intercambio de propuestas), que las personas tengan o no derechos y, si ese es el caso, cuáles. La justificación -prueba, conjetura, refutación— es la justificación del argumento. Cualquiera que negase que esta proposición entraría en contradicción al expresarse, ó sea que, el sólo hecho de su negación se constituye en argumento. Aún un relativista ético tendría que aceptar esta primera proposición, que sería definida por consiguiente, como el apriori del argumento.
De la aceptación innegable — posición axiomática — de este a priori de la argumentación, surgen dos conclusiones igualmente necesarias. Primero, se sigue del a priori de la argumentación cuando no hay solución racional al problema del conflicto que surge de la escasez. Supongamos, en mi guión anterior de Crusoe y Viernes, que ese Viernes no fuera el nombre de un hombre sino el de un gorila. Obviamente, de la misma forma en que Crusoe pudiera entrar en conflicto con Viernes, el hombre, con respecto a su cuerpo y el espacio que ocupa, podría también tenerlo con Viernes, el gorila. El gorila quizás también quiera ocupar el espacio que Crusoe ya ocupa. En este caso por lo menos, si el gorila fuese del tipo de ente que sabemos son los gorilas, no habría solución racional al conflicto. O el gorila aparta, aplasta, o devora a Crusoe—esa sería la solución del gorila al problema—o Crusoe domestica, persigue, golpea, o mata al gorila—esa sería la solución de Crusoe. En esta situación, quizás pueda uno de verdad hablar de relativismo moral. Sin embargo, sería más apropiado referirse a esta situación como una en la que las preguntas sobre justicia y racionalidad simplemente no van a surgir; es decir, sería considerada una situación extra-moral. La existencia de Viernes, el gorila, colocaría a Crusoe en un problema técnico, no moral. No tendría otra elección que aprender a manejar y a controlar exitosamente los movimientos del gorila, como además también, tendría que aprender a manejar y controlar otros objetos inanimados de su entorno.
Por implicación, sólo si ambas partes en un conflicto son capaces de iniciar una discusión con argumentos, puede uno hablar de un problema moral, y la cuestión es si existe, o no, solución significativa. Sólo si Viernes, a pesar de su apariencia física, es capaz de argumentación (incluso si hubiera demostrado serlo alguna vez), podría considerarse racional y tendría sentido preguntar si existe, o no, una solución correcta al problema del orden social. No se puede esperar que alguien dé siquiera alguna clase de respuesta a alguien que nunca a hecho una pregunta, y más precisamente, que nunca ha indicado su propio punto de vista relativista en forma de argumento. En ese caso, este "otro" no puede sino ser considerado y tratado como un animal o una planta, es decir, como una entidad extra-moral. Sólo si este otro ente puede detener su actividad, cualquier que sea, retroceder, y decir "sí” o “no" a algo que uno ha dicho, le debemos a dicha entidad una respuesta y, por consiguiente, podríamos posiblemente decir que nuestra respuesta es la correcta para las dos partes implicadas en el conflicto.
Además se deduce del a priori de la argumentación que todo lo que debe ser pre-supuesto en el curso de una argumentación como condición lógica y praxeologica previa de argumentación, no puede ser a su vez disputado argumentativamente respecto a su validez sin caer así, al expresarlo, en una contradicción interna.
Ahora, el intercambio de proposiciones no está hecho de proposiciones que flotan libremente, sino que constituyen una actividad humana específica. La argumentación entre Crusoe y Viernes requiere que tengan, y se reconozcan mutuamente, como poseedores de control exclusivo sobre sus respectivos cuerpos (cerebro, cuerdas vocales, etc.), así como del espacio ocupado corporalmente. Nadie podría proponer algo y esperar que la otra parte se convenza de la validez de esta proposición, o la niegue y proponga algo más, a menos que suponga de antemano el derecho, suyo y del contrincante, al exclusivo control de los cuerpos y espacios ocupados por cada uno. De hecho, es precisamente este reconocimiento mutuo, de proponente y adversario, de la propiedad de sus propios cuerpos y espacios ocupados, lo que constituye el characteristicum specificum de todas las disputas proposicionales: que mientras uno puede no estar de acuerdo con respecto a la validez de una proposición específica, puede acordar sin embargo que ésta no le conviene. Además, este derecho a la propiedad de su propio cuerpo y del espacio que ocupa debe ser considerado a priori (o indiscutiblemente) justificado, tanto por el proponente como por el adversario. Cualquiera que reclame vis-à-vis la validez de cualquier proposición en relación con un adversario ya presupondría control exclusivo, suyo y del adversario, sobre los respectivos cuerpos y espacios ocupados para poder decir simplemente "reclamo tal y tal como una verdad, y lo desafío a que me demuestre que estoy equivocado."
Además, sería igualmente imposible entrar en argumentación y depender de la fuerza de propositional de un argumento si a uno no le es permitido poseer (control exclusivo sobre) otros medios escasos (aparte del cuerpo y el espacio ocupado). Si uno no tiene tal derecho, entonces todos pereceríamos inmediatamente y el problema de justificar las reglas — así como cualquier otro problema humano — simplemente no existiría. De ahí que, en virtud del hecho de estar vivo deben presupuestarse también como válidos los derechos de propiedad sobre otras cosas. Nadie que esté vivo podría argumentar de otro modo.
Si a una persona no le es permitido adquirir la propiedad de estos bienes y espacios por medio de un acto de apropiación original, es decir, estableciendo una conexión objetiva (intersubjectivamente comprobable) entre él mismo y un bien particular y/o un espacio, antes que cualquier otra persona, y si en vez de eso la propiedad de tales bienes o espacios fueran otorgados a quien llegue tarde, entonces a nadie jamás le sería permitido empezar a utilizar un bien a menos que tuviera previamente asegurado tal consentimiento de parte de quien llegue rezagado.
¿Más cómo puede un rezagado consentir las acciones de un contendiente madrugador? Además, cada rezagado necesitaría a su vez el consentimiento de otros y posteriores contendientes rezagados, y así sucesivamente. Esto es, ni nosotros, ni nuestros antepasados, ni nuestra progenie habríamos, ni podríamos, sobrevivir si alguien hubiera seguido esta regla. Sin embargo, para que alguna persona— pasada, presente o futura— pueda discutir algo, debe ser posible la sobrevivencia; y para hacer justos estos derechos de propiedad no se pueden concebir como intemporales, ni indeterminado el número de personas involucradas. Sino que, el derecho sobre la propiedad debe ser pensado necesariamente como originándose en acciones de individuos definidos, precisados en el tiempo y en el espacio. De otro modo, sería imposible para cualquiera decir algo, en un determinado punto del tiempo y del espacio, para que alguien pueda contestar. En otras palabras, entonces, que la regla ética de la propiedad privada del primer-usuario-primer-dueño, puede ser ignorada o injustificada, lo que implica contradicción al expresar el argumento, ya que al ser uno capaz de decirlo se debe presuponer la propia existencia como unidad independiente de adopción de decisiones, en un punto dado en el tiempo y en el espacio.[iv]
III. Equivocaciones y Clarificaciones
De acuerdo a lo que se entiende por propiedad privada, la posesión de propiedades está definida como el control exclusivo de una persona particular sobre objetos y espacios físicos específicos. Opuestamente, la invasión a derechos de propiedad significa la disminución o el daño físicos, no invitados, de objetos y espacios poseídos por otras personas. Por contraste, un punto de vista bastante extendido sostiene que el detrimento o la disminución del valor (o el precio) en la propiedad de alguien constituye también una ofensa punible.
En lo concerniente a la (in)compatibilidad de ambas posiciones, es fácil de reconocer que casi toda acción individual puede alterar el valor (precio) de la propiedad de cualquier otra persona. Por ejemplo cuando la persona A entra al mercado del trabajo o al del matrimonio, puede cambiar el valor de B en esos mercados. Y cuando A cambia su valoración relativa sobre la cerveza y el pan, o si A decide convertirse en cervecero o panadero, eso cambia el valor de la propiedad de otros cerveceros o panaderos. De acuerdo a la visión de que el detrimento al valor o al precio de la propiedad constituye una violación a los derechos, A estaría cometiendo una ofensa punible contra cerveceros y panaderos. Si A es culpable, entonces B y los cerveceros y los panaderos tienen que tener derecho de defenderse ellos mismos de las acciones de A, y sus acciones defensivas pueden sólo consistir en invasiones físicas a A y a sus propiedades. A B se le debe permitir prohibir físicamente a A la entrada a los mercados del trabajo o a los del matrimonio; a los cerveceros y panaderos se les debe permitir el prevenir físicamente a A de gastar su dinero como le parezca mas adecuado. Sin embargo en este caso el daño físico o el menoscabo de la propiedad de otros no puede verse como una ofensa punible. Como la invasión física y el menoscabo son acciones defensivas, son legítimas.
Inversamente, si el daño físico y el menoscabo constituyen una violación de derechos, entonces B y los cerveceros y los panaderos no tienen derecho a defenderse de las acciones de A, porque sus acciones, su entrada a los mercados del trabajo y del matrimonio, su evaluación alterada de la cerveza y del pan, o su entrada a los negocios de la cervecería o la panadería, no afectan la integridad corporal o física de los cerveceros o panaderos. Si se defienden de todas maneras, entonces A también tendría derecho de defensa. En este caso la alteración del valor de la propiedad de otros no se puede mirar como una ofensa punible. No existe una tercera posibilidad.
Sin embargo, las dos ideas sobre derechos de propiedad no son sólo incompatibles. La visión alternativa - que uno puede ser el dueño del valor o del precio de bienes escasos - es defendible. Mientras que una persona tiene control sobre, si sus actos cambiarán, o no, las características físicas de la propiedad de otra persona, no tiene control sobre si sus acciones afectan el valor (o precio) de la propiedad de otro. El valor lo determinan otros individuos y sus evaluaciones. En consecuencia sería imposible saber de antemano si acaso las acciones que uno planea hacer son, o no, legítimas. Tendría que ser interrogada la población entera para asegurar que las acciones de uno no irían a deteriorar el valor de la propiedad de alguien más, y uno no podría empezar a actuar hasta que no se hubiera alcanzado un consenso universal. La humanidad perecería bastante antes que este postulado se hubiese satisfecho.
Más aún, la afirmación de que uno tiene derecho de propiedad sobre el valor de las cosas lleva consigo una contradicción, porque para reclamar la validez de esta proposición, que sea de aceptación universal, se tendría que asumir que es permitido actuar antes de llegar a un acuerdo. De otra forma, siempre sería imposible proponer algo. Sin embargo si a uno le es permitido enunciar una proposición, y nadie podría negar esta premisa sin caer en contradicción, esto es solamente posible debido a la existencia de límites en la propiedad, por ejemplo límites que todos pueden reconocer y confirmar independientemente y en completa ignorancia de las evaluaciones sujetivas de otros.[v]
Otro malentendido igualmente común sobre la idea de propiedad privada se refiere a la clasificación de las acciones como permitidas o no permitidas basándose únicamente en sus efectos físicos, esto es, sin tener en cuenta que cada derecho de propiedad tiene una historia (génesis temporal).
Si A actualmente daña físicamente la propiedad de B (por ejemplo con contaminación ambiental o con ruido), la situación debe juzgarse diferentemente dependiendo de cual propiedad fue establecida primero. La propiedad de A fue establecida primero, y si él ha llevado a cabo las actividades objetables antes del establecimiento de la propiedad de B, entonces A puede continuar con sus actividades. A, entonces, ha establecido una servidumbre. Como desde el principio B adquirió una propiedad sucia o ruidosa, si quiere una propiedad limpia y tranquila, B tiene que pagar a A por esa ventaja. Por el contrario, si la propiedad de B fue establecida primero, entonces A debe suspender sus actividades; y si no lo quiere hacer debe pagar a B por esta ventaja. Cualquier otro fallo es imposible e indefendible porque mientras una persona esté viva y despierta, no puede no actuar. Un madrugador no puede esperar, aún queriéndolo, a un rezagado y su aceptación para, empezar a actuar. Se le debe permitir actuar inmediatamente y si no hay otra propiedad cercana, porque el rezagado aún no ha llegado, entonces el rango de acción de uno se debe considerar limitado solamente por las leyes de la naturaleza.
Quien llega tarde sólo puede desafiar la legitimidad de quien llega a tiempo si es el dueño de los bienes afectados por las acciones del madrugador. Sin embargo esto implica que uno puede ser el dueño de cosas que aún no ha descubierto o de las cuales no se ha apropiado mediante acción física. Esto significa que a nadie le es permitido llegar a ser el primer usuario de un ente físico no descubierto ni apropiado previamente.
IV. La Economía de la Propiedad Privada
La idea de propiedad privada, no solamente concuerda con nuestra intuición moral, sino que es la única solución justa al problema del orden social; la institución de la propiedad privada es también la base de la prosperidad económica y del “bienestar o capital social”. Mientras la gente actúe de acuerdo a las leyes que soportan la institución de la propiedad privada, el capital (o el bienestar) social será el óptimo.
Todo acto de apropiación original mejora la fortuna del apropiador (por lo menos se espera que así sea); si no, no se realizarían. Al mismo tiempo, nadie empeora con esta acción. Cualquiera otra persona pudo haberse apropiado los mismos bienes y territorios, si sólo hubiera reconocido que eran escasos y por tanto valiosos, sin embargo como ningún otro individuo hizo tal apropiación, nadie puede haber sufrido una pérdida de fortuna por cuenta de la apropiación original. Por lo tanto, se cumple con el llamado criterio de Pareto (que es científicamente legítimo hablar de una mejora en el capital social, sólo si un cambio especial aumenta la fortuna individual de por lo menos una persona y no deja a ninguna en peor condición). Un acto original de apropiación cumple con este requerimiento. Acrecienta la fortuna de una persona, el apropiador, sin disminuir la fortuna física (propiedad) de nadie. Todos tienen la misma cantidad de propiedades que antes y el apropiador tiene una nueva propiedad, antes inexistente. Hasta aquí un acto de apropiación original siempre aumenta el capital social.
Cualquier acción posterior sobre bienes o territorios apropiados originalmente acrecienta el capital social, porque, sin importar lo que una persona haga con su propiedad, lo hace para aumentar su fortuna o bienestar. Es el mismo caso cuando la persona consume su propiedad o también cuando produce nuevos bienes obtenidos de la naturaleza. Todo acto de producción es causado por el deseo del productor de transformar una propiedad de menor valor en una de mayor valor.
Finalmente, todo intercambio (transferencia) voluntario, de propiedad apropiada o de bienes producidos, de un dueño a otro, incrementa el capital social. Un intercambio de propiedad es solo posible si ambos dueños prefieren lo que obtienen a lo que entregan y por tanto esperan beneficio del intercambio. Las dos personas ganan en fortuna, o bienestar, en cualquier intercambio de propiedades y la propiedad bajo el control de cualquier otra persona permanece inalterada.
En claro contraste, cualquier desviación de la institución de la propiedad privada tiene que conducir a pérdidas en el capital social.
En el caso de la co-propiedad igual y universal – comunismo universal en vez de propiedad privada – el precio a pagar sería la muerte instantánea de la raza humana, porque la co-propiedad universal significaría que a ninguno le estaría permitido hacer o mover nada. Cada desviación actual del orden de propiedad privada representaría un sistema de hegemonía y dominación inequitativo. Esto es, sería un orden en el cual a una persona o grupo – los gobernantes, explotadores o Uebermenschen – le sería permitido adquirir propiedad en diferente forma que por apropiación original, producción o intercambio, mientras que otra persona o grupo – los gobernados, explotados o Untermenschen – lo tendrían prohibido. Aunque es posible la hegemonía, conllevaría pérdidas al capital social y conduciría a un empobrecimiento relativo.
Si a A le es permitido adquirir un bien o un territorio que B se ha apropiado como lo indican signos visibles, la fortuna de A se incrementa a costa de la correspondiente pérdida de fortuna de B. No se cumple con el criterio de Pareto y el capital social estaría por debajo del nivel óptimo. Lo mismo es cierto también de otras formas de gobierno hegemónico. Si A prohíbe a B apropiarse originalmente de una propiedad baldía, o sin dueño hasta el momento; si A puede adquirir bienes producidos por B sin su consentimiento; si A puede dictar lo que B tiene permitido hacer con sus bienes apropiados o producidos (fuera del requerimiento de que uno no tiene permiso para dañar o deteriorar la propiedad de otros) – en cada caso hay un “triunfador”, A, y un “perdedor”, B. En todo caso, A aumenta su provisión de propiedades a costa de la correspondiente pérdida de propiedades de B. En ningún caso se cumple con el criterio de Pareto, y siempre resulta un nivel del capital social por debajo del óptimo.
Más aún, hegemonía y explotación conllevan niveles futuros de producción reducidos. Toda reglamentación que concede control, parcial o total, a no-apropiadores, no-productores o no-comerciantes, sobre bienes apropiados, producidos o comerciables, conduce necesariamente a una reducción de actos futuros de apropiación original, producción y de comercio mutuamente beneficioso. Porque para la persona que las lleva a cabo, cada una de estas actividades tiene asociados ciertos costos y, bajo un sistema hegemónico, los costos de llevarlas a cabo aumentan y los de no llevarlas a cabo disminuyen. El consumo presente y el disfrute llegan a ser más atractivos que la producción (consumo futuro), y el nivel de producción caerá por debajo del nivel que hubiera tenido de otra manera. Y para los gobernantes, el hecho de que ellos puedan aumentar su fortuna, expropiando a otros los bienes apropiados, producidos o adquiridos mediante contratación, conduce al desperdicio de la propiedad a disposición de dichos gobernantes. Como les es permitido incrementar su fortuna futura por medio de expropiación (impuestos), se acentúa la orientación y consumo al tiempo presente (alta preferencia temporal), y como siempre usan sus bienes “productivamente”, en forma sistemática aumentan las probabilidades de malas asignaciones, malos cálculos y pérdidas económicas.
V. El Pedigrí clásico
Como se dice al comienzo, la ética y la economía de la propiedad privada presentadas arriba no reclaman originalidad. Más bien son una expresión moderna de la tradición “clásica” que viene desde los tiempos de Aristóteles, de la Ley Romana, de Aquino y de los Escolásticos españoles Grotio y Locke.
En contraste con la utopía comunista de “La República” de Platón, Aristóteles nos entrega una lista comprehensiva de las ventajas de la propiedad privada en “Política”. Primero, la propiedad privada es más productiva. “Lo que es común a un mayor número de personas obtiene la menor cantidad de cuidado. El hombre pone más atención a lo que es de su propiedad; se preocupa menos por lo que es común; o de cualquier manera presta atención según el grado en que esté individualmente interesado. Aún cuando no haya ninguna otra causa de negligencia, el hombre está inclinado a descuidar su deber cuando piensa que otro lo está atendiendo”.[vii]
Segundo, la propiedad privada previene conflictos y promueve la paz. Cuando la gente tiene dominios de interés separados, “no habrá una base común para peleas, y el grado de interés se incrementará, porque cada hombre sentirá que se está dedicando a lo que es suyo”.[viii] “Sin duda es un hecho observable que aquellos que son dueños de propiedad común, y comparten su administración, están con más frecuencia en desacuerdo entre sí, que aquellos que tienen propiedades individuales”.[ix] Más aún, propiedad privada ha existido siempre en todas partes, mientras que espontáneamente nunca han aparecido utopías comunistas. Finalmente, la propiedad privada promueve la benevolencia y la generosidad. Le permite a uno ser así con los amigos necesitados.
La ley Romana, desde las “Doce Tablas” hasta el “Código de Teodosio” y el “Corpus Justiniano”, han reconocido el derecho a la propiedad privada como casi absoluta. La propiedad se desprendía de la posesión indiscutida, el uso previo de servidumbres establecidas, el propietario podía hacer con su propiedad como quisiera y se reconocía la libertad de contratación. Además la ley Romana distinguía, como importante, entre la ley “nacional” (Romana) – ius civile – y la ley internacional – ius gentium.
La contribución Cristiana a esta tradición clásica – representada en Santo Tomás de Aquino y los Escolásticos españoles así como también los Protestantes Hugo Grotio y John Locke – es doble. Ambas, Grecia y Roma eran civilizaciones que mantenían esclavos. Aristóteles, característicamente, consideraba la esclavitud como una institución natural. Por contraste, la civilización occidental – Cristiana -, con algunas excepciones, ha sido esencialmente una sociedad de hombres libres. En correspondencia, para Aquino y también para Locke, cada persona tenía el derecho de propiedad sobre sí mismo (auto propiedad). Sin embargo Aristóteles, y la civilización clásica generalmente, desdeñaban el trabajo, el comercio, y el hacer dinero. En contraste, de acuerdo al Antiguo Testamento, la Iglesia alababa las cualidades del trabajo y la laboriosidad. Correspondientemente, para Aquino, así como para Locke, la propiedad tuvo su primera existencia a través del trabajo, el uso, y el cultivo de tierras sin utilización previa o baldías.
La teoría clásica de propiedad privada, basada en auto-propiedad, apropiación original (homesteading o protección especial de la propiedad familiar) y contratación (transferencia de títulos), continuó encontrando proponentes eminentes, tal como J. B. Say. Sin embargo, desde la altura de su influencia en el siglo 18 hasta hace muy poco tiempo, con el avance del movimiento Rothbardiano, la teoría clásica se ha deslizado al olvido.
Por dos siglos, la economía y la ética (filosofía política) se han separado de su origen común en la doctrina de la ley natural hasta parecer como esfuerzos intelectuales inconexos. La economía era una ciencia positiva libre de valores. Preguntaba ¿“que medios son apropiados para alcanzar un fin (asumido)? La ética era una ciencia “normativa” (si acaso fue ciencia alguna vez). Preguntaba ¿“que fines puede uno escoger (y que medios usar) justificadamente?” Como resultado de esta separación, el concepto de propiedad progresivamente desapareció de ambas disciplinas. Para los economistas, la propiedad sonaba como muy normativa; para los filósofos políticos la propiedad tenía un gusto mundano a economía.
En contraste, anotaba Rothbard, tales elementales términos económicos como intercambio directo e indirecto, mercados y precios de mercado así como agresión, crimen, corrupción, y fraude no pueden definirse o entenderse sin una teoría de la propiedad. Ni es posible establecer elementales teoremas económicos que relacionen estos fenómenos, sin traer a colación las nociones de propiedad y derechos de propiedad
La singular contribución de Rothbard, de comienzos de los años 1960 hasta su muerte en 1995, fue el redescubrimiento de la propiedad y los derechos de propiedad como la fundación común de ambas, economía y filosofía política, y la reconstrucción sistemática y la integración conceptual de la moderna economía marginalista y la filosofía política de la ley natural en una ciencia moral unificada: el libertarianismo.
V. Diversiones en Chicago
Al mismo tiempo que Rothbard restauraba el concepto de propiedad privada a su posición central en la economía y reintegraba la economía con la ética, otros economistas y teoristas legales, asociados con la Universidad de Chicago, tales como Ronald Crosse, Harold Demsetz y Richard Posner estaban empezando también a redireccionar la atención profesional al tema de propiedad y derechos de propiedad.[x]
Sin embargo, mientras para Rothbard la propiedad privada y la ética lógicamente preceden a la economía, para el último la propiedad privada y la ética se subordinan a la economía y a consideraciones económicas. De acuerdo a Posner, cualquier cosa que incremente el capital social es justa.[xi]
La diferencia entre los dos acercamientos puede ilustrarse considerado el caso de uno de los problemas de Coase: Un ferrocarril transita al lado de una granja. La locomotora emite chispas que hacen daño a la cosecha del granjero. Que se debe hacer?
Desde el punto de vista clásico, lo que se necesita establecer es quien estaba allí primero, el granjero o el ferrocarril? Si el granjero estaba allí primero, podría forzar al ferrocarril o bien a detenerse y desistir de funcionar, o en caso contrario, a exigirle compensación. Si el ferrocarril llegó allí primero, entonces podría continuar emitiendo chispas y el granjero tendría que pagar al ferrocarril el costo de evitar que las chispas escapen al funcionar.
Desde el punto de vista de Coase, la respuesta es doble. Primero y “positivamente”, Coase sostiene que no importa como son asignados los derechos de propiedad y la responsabilidad desde que sean asignados y siempre y cuando se logre que (no realísticamente) los costos de la transacción sean cero.
Coase mantiene que es erróneo pensar que el granjero y el ferrocarril están en lo “correcto” o “equivocados” (responsables), son “agresor” o “víctima”. “La pregunta se piensa a menudo como una en la que A inflige daño a B y lo que se tiene que decidir es, ¿Cómo podríamos frenar a A? Pero eso está equivocado. Estamos tratando un problema de naturaleza recíproca. Para evitar el daño a B deberíamos infligir daño a A. La cuestión real que tenemos que decidir es, ¿Deberíamos permitir que A haga daño a B o deberíamos permitir a B que haga daño a A? El problema es evitar el daño mas serio.”[xii]
Aún más, dada la estatura moral “igual” de A y B, la asignación de recursos económicos, se supone, que no importa a quien se la asignaron primero los derechos de propiedad. Supongase que el daño a la cosecha del granjero A es de $1,000, y el costo del aparato de captura de chispas (ACC) para el ferrocarril B es de $750. Si a B se le encuentra responsable del daño a la cosecha, B instalará un ACC o dejará de operar. Si a B se le encuentra no responsable, entonces A pagará una suma entre $750 y $1,000 a B para que instale un ACC. Ambas posibilidades dan como resultado la instalación de un ACC. Ahora supongase que invertimos los números: El daño a la cosecha es de $750 y el costo del ACC es de $1,000. Si a B se le encuentra responsable, pagará a A $750, pero no instalará el ACC. Y si B es encontrado responsable, A no podrá pagar a B lo suficiente para instalar el ACC. De nuevo terminamos en que los dos escenarios son iguales; no habrá ACC. Por lo tanto, sin importar como se asignan inicialmente los recursos, de acuerdo a Coase, Demsetz y Posner, la asignación de factores de producción será la misma.
Segundo y “normativamente” – y para el único caso realístico que sean positivos los costos de transacción – Coase, Demsetz y Posner solicitan que los tribunales asignen derechos de propiedad a las partes en conflicto, de tal modo que “riqueza” o “valor de producción” se maximicen. Para el caso que acabamos de considerar eso significa que si el costo del ACC es menor que el daño a la cosecha, el tribunal se debe hacer del lado del granjero y declarar responsable al ferrocarril. Por otro lado, si el costo del ACC es mayor que los daños a la cosecha, entonces el tribunal de estar del lado del ferrocarril y declarar responsable al granjero. Posner da otro ejemplo. Una fábrica emite humo, y al hacerlo deteriora los valores de las propiedades residenciales. Si los valores de las propiedades se reducen en $3 millones y el costo de relocalización de la fábrica es de $2 millones, la planta debería declararse responsable y forzada a relocalizarse. Pero si invertimos los números – los valores de la propiedad bajan en $2 millones y el costo de relocalización es de $3 millones – la fábrica se puede quedar y podrá continuar emitiendo humo.
Ambas afirmaciones de “la ley y economía de Chicago”, positiva y normativa, deben rechazarse.[xiii] Y para la afirmación que no importa a quien se le asignen inicialmente los derechos de propiedad, pueden darse tres respuestas. Primero, como Coase no puede sino admitir, ciertamente si importa al granjero y al ferrocarril a quien, y cuales derechos, se asignen. Importa no solo como se asignen los recursos sino también a quien pertenecen.
Segundo y más importante, para el valor de la producción social es importante, fundamental, la forma como son asignados los recursos. Los recursos asignados a negocios productivos no son simplemente dados. Ellos mismos son el resultado de actos previos de apropiación original y producción, y que tanta apropiación y producción haya depende del incentivo de apropiadores y productores. Si los apropiadores y productores son los dueños absolutos de lo que se han apropiado y producido, por ejemplo, si no resultan cargos vis-a-vis los llegados en segundo y tercer lugar a causa de actos de apropiación y producción, entonces se ha maximizado el nivel del capital. Por otro lado, si los apropiadores originales y los productores se les encuentra responsables en relación a los rezagados, como está implicado en la doctrina de la “reciprocidad del daño”, entonces el valor de la producción será mas bajo que si no fuera así. Es decir, la doctrina del “no importa” es contra-productiva para la meta establecida de maximizar el capital.
Tercero, la afirmación de Coase que el uso de los recursos permanecerá sin afectarse por la asignación inicial de los derechos de propiedad, no es generalmente cierta. Cierto, es fácil producir contra-ejemplos. Suponga que el granjero no pierde $1,000 en cosechas a causa de las chispas del ferrocarril, sino que pierde un jardín de flores que tiene un valor para él de $1,000 pero no tiene ningún valor para alguien más. Si los tribunales asignan responsabilidad al ferrocarril, se instalará el ACC de $750. Si la corte no asigna responsabilidad al ferrocarril, el ACC simplemente no se instalará porque el granjero no tiene fondos suficientes para sobornar al ferrocarril para que lo instale. La asignación de recursos es diferente dependiendo de la asignación inicial de derechos de propiedad.
Similarmente, hay tres respuestas contra la afirmación normativa de “la ley y economía de Chicago”, que los tribunales deberían asignar derechos de propiedad de tal modo que se maximice el capital social. Primero, cualquier comparación de utilidad es científicamente imposible, sin embargo los tribunales tienen que hacer de todas maneras dichas comparaciones siempre que hacen un análisis de costo–beneficio. Tales análisis de costo-beneficio son tan arbitrarios como las suposiciones en que están basados. Por ejemplo, suponen que los costos psíquicos pueden ignorarse y que la utilidad marginal del dinero es constante e igual para todos.
Segundo, como muestran los ejemplos numéricos dados anteriormente, los tribunales asignan derechos de propiedad en forma diferente dependiendo de la cambiante información del mercado. Si el ACC es menos costoso que el daño a la cosecha, el granjero se encuentra en lo correcto, mientras que si es más costoso que el daño, el ferrocarril se encuentra en lo correcto. Es decir, diferentes circunstancias llevarán a una redistribución de los títulos de propiedad. Nadie podrá estar siempre seguro de su propiedad.[xiv] Incertidumbre legal hecha permanente. No parece justo ni económico; más aún quien, que esté bien de la cabeza, podría alguna vez acudir a una corte que ha anunciado que podría re-asignar títulos existentes de propiedad en el transcurso del tiempo, dependiendo de las cambiantes condiciones del mercado.
Finalmente, una ética tiene que ser no sólo permanente sino estable en condiciones cambiantes; una ética tiene que permitir a uno tomar una decisión entre “justo e injusto” antes de uno actuar, y debe referirse a algo que esté bajo el control de un actor. Tal es el caso de la ética de la propiedad privada y su principio de “el primer dueño es aquel que primero la usa”. De acuerdo a esta ética, actuar justamente significa que las personas usen sólo recursos adquiridos con justicia – recursos apropiados originalmente, producidos o adquiridos contractualmente de un dueño anterior – y que los emplee de tal forma que no dañe la propiedad de otros. Cada persona puede determinar de antemano si se cumple esta condición o no, y tiene control sobre si sus acciones dañan físicamente la propiedad de otros. En claro contraste, la maximización del capital falla en ambos casos. Nadie puede determinar de antemano si sus acciones conducirán a la maximización del capital. Si acaso se puede determinar, sólo puede hacerse ex post, después de los hechos. Ninguno tiene tampoco control sobre si sus acciones van a maximizar el capital social. Tener tal control depende de las acciones y evaluaciones de otros. De nuevo, ¿quien que esté bien de la cabeza puede someterse a si mismo al dictamen de un tribunal que no le permita saber de antemano como actuar correctamente, ni como evitar actuar injustamente, sino que hará su juicio ex post, después de los hechos?
Hans-Hermann Hoppe (http://www.hanshoppe.com) es miembro principal del Instituto Ludwig von Mises. Este ensayo es el capítulo segundo de “El Elgar Companion de la Economía de los Derechos de Propiedad”, editado por Enrico Colombatto. Deje sus comentarios en el blog, http://www.mises.org/blog
TRADUCCIÓN DEL INGLÉS AL ESPAÑOL, CON AUTORIZACIÓN DEL AUTOR, POR RODRIGO DÍAZ
Hace cerca de 50.000 años, el número de “seres humanos modernos” podría no exceder los 5.000 individuos, confinados al Noreste de África. Vivían en sociedades integradas por bandas pequeñas (10-30) personas que ocasionalmente se juntaban y formaron una reserva genética común de cerca de 150 y quizás hasta de 500 personas (un tamaño que los genetistas han encontrado como que es necesario para evitar efectos disgénicos). La división del trabajo era limitada, cuya partición principal era entre mujeres - actuando sobre todo como recolectoras - y hombres - actuando sobre todo como cazadores. No obstante, la vida parece haber sido buena inicialmente para nuestros antepasados. Se permitían una vida cómoda con solamente algunas horas del trabajo regular, con buena nutrición (alto valor proteico) y mucho tiempo libre para disfrutar.
Sin embargo la vida de cazadores y recolectores enfrentaba un desafío fundamental. Las sociedades de cazadores-recolectores llevaban esencialmente vidas parásitas. Es decir, no agregaban nada al suministro de productos entregados por la naturaleza. Sólo agotaban las fuentes de bienes. No producían (fuera de algunas herramientas) sino que consumían solamente. No cosechaban ni criaban sino que tenían que esperar a que la naturaleza regenerara y reaprovisionara. Esta forma de parasitismo implicaba el problema inatajable del crecimiento de la población. Para mantener una vida cómoda, la densidad demográfica tendría que haber seguido siendo extremadamente baja. Se ha estimado que una milla cuadrada de territorio era necesaria para sostener confortablemente una o dos personas, e inclusive, en regiones menos fértiles eran necesarios terrenos más grandes aún.
La gente podía por supuesto intentar evitar esta presión del aumento poblacional, y las sociedades de cazadores-recolectores de hecho lo intentaron. Inducían abortos, practicaban el infanticidio especialmente el infanticidio femenino, y reducían el número de embarazos manteniendo largos períodos de lactancia (que, conjuntamente con la baja grasa corporal característica de mujeres en constante movimiento, reducía la fertilidad femenina). Es claro que todas estas prácticas aliviaban el problema pero no lo solucionaban. La población seguía aumentando.
Dado que el tamaño de la población no se podía mantener en un nivel estacionario, sólo había tres alternativas para el surgente “exceso” de población. Podían renunciar a la vida de cazadores-recolectores y encontrar un nuevo modo de organización social, podían luchar por el suministro limitado de alimentos o podían migrar. Aunque la migración de ninguna manera era gratuita – tenían además que cambiar territorios familiares por territorios desconocidos - parecía como la opción menos costosa. Fue así como despegándose de su patria en el Este de África, el globo entero fue conquistado por bandadas sucesivas de gentes que se separaban de sus parientes para formar nuevas sociedades en áreas nunca antes ocupadas por seres humanos.
El proceso era esencialmente igual siempre: un grupo invadía algún territorio, la presión de la población aumentaba, algunas personas permanecían en el sitio, un subgrupo se movía más lejos, y así generación tras generación. Una vez que se separaban, no existía prácticamente ningún contacto entre las diferentes sociedades de cazadores-colectores. Por lo tanto, aunque al inicio estuvieron estrechamente relacionadas unos con otros por relaciones directas de parentesco, estas sociedades formaron reservorios genéticos separados y, al enfrentar diversos ambientes naturales y como resultado de la deriva genética y las mutaciones que interactuaba con la selección natural, en el transcurso del tiempo adquirieron apariencias claramente diferentes.
Parece que este proceso también comenzó hace 50.000 años aproximadamente, poco después de la aparición “del hombre de comportamiento moderno” y de su adquisición de la habilidad para construir embarcaciones. De este tiempo hasta hace alrededor de 12.000 a 11.000 años las temperaturas globales cayeron gradualmente (desde entonces estamos en un período interglaciar de calentamiento) y por consiguiente los niveles del mar bajaron. La gente cruzaba el Mar Rojo en la Puerta de la Pena (Gate of Grief), que era entonces una simple brecha estrecha de agua sembrada de islas dispersas, hasta tocar tierra en el extremo sur de la Península de Arabia (que en ese entonces gozaba de un período comparativamente húmedo). De allí en adelante, como preferían permanecer en climas tropicales a los cuales se habían ajustado, la migración continuó hacia el Este. El recorrido se hacía sobretodo en embarcaciones porque hasta hace aproximadamente 6.000 años, cuando el hombre aprendió a domesticar caballos, esta forma de transporte era mucho más rápida y más conveniente que el recorrido a pie. Por lo tanto, la migración ocurrió a lo largo de la línea de la costa primero - y procedió de allí hacia el interior a través de los valles de los ríos - hasta llegar finalmente a la India. Allí, el movimiento de la población parece haberse partido en dos direcciones. La una prosiguió alrededor de la Península Indica hacia el Sureste de Asia e Indonesia (que por ese entonces estaba conectada al continente asiático) y finalmente al ahora fragmentado continente de Sahul (Australia, Nueva Guinea y Tasmania, que estuvieron unidas hasta hace cerca de 8.000 años), el cual en ese entonces estaba separado del continente asiático por un canal de sólo 60 millas de ancho, poblado de islas, lo que permitía navegar tramos cortos saltando de isla en isla, así como también hacia el Norte, costa arriba hasta la China y eventualmente al Japón. Por otra parte, el proceso de migración salió de la India en dirección Noroeste, a través de Afganistán, Irán, y Turquía y en última instancia hasta Europa. También hubo una división de esta corriente migratoria, cuya gente empujó en dirección Noreste hacia el Sur de Siberia. Migraciones posteriores, muy probablemente en tres oleadas, los primeros hace aproximadamente 14.000-12.000 años, pasaron de Siberia a través del estrecho de Bering - entonces un puente en tierra (hasta hace aproximadamente 11.000 años) - al continente americano y parece que alcanzaron la Patagonia cerca de 1.000 años más tarde. La última ruta de migración salió de Taiwán, la cual estaba ocupada desde hace aproximadamente 5.000 años, navegando a través del Pacífico hasta alcanzar las islas de la Polinesia y por último llegar a Nueva Zelandia, hace cerca de 800 años.
A pesar de todos estos detalles complicados, en cierto momento en el tiempo, la masa de tierra disponible para ayudar a satisfacer las necesidades humanas no pudo acrecentarse más. En jerga económica, la fuente del factor de producción “tierra” llegó a ser fija, y cada aumento en el tamaño de la población humana tuvo que sostenerse con la misma cantidad invariable de tierra. De la ley económica de rendimientos sabemos que esta situación tiene que terminar en un problema Maltusiano. La ley de rendimientos indica que para cualquier combinación de factores de producción - en el caso actual: tierra y trabajo - existe una combinación óptima. Si uno se desvía de este grado óptimo, aumentando el suministro de sólo un factor - en nuestro caso: trabajo - mientras que el suministro del otro - tierra – se mantiene constante, entonces la cantidad física de producción, o bien decididamente no aumenta, o por lo menos, no en proporción al suministro creciente de trabajo. Es decir, mientras otros factores permanezcan iguales, un aumento en el tamaño de la población, más allá de cierto punto, no viene acompañado por un aumento proporcional de riqueza. Si se pasa de este punto, la producción física de bienes por persona disminuye. El estándar de vida, en promedio, baja. Se ha alcanzado entonces el punto de superpoblación (absoluta).
¿Qué hacer para enfrentar este desafío? De las tres opciones antes mencionadas como respuesta a la presión del aumento poblacional: emigrar, pelear o encontrar un nuevo modo de organización social, solamente los dos últimos siguen abiertos. Me concentraré en el último, la respuesta pacífica.
El desafío fue enfrentado con una doble respuesta: por un lado economizando tierra y por otro lado “privatizando” la producción de descendencia - en una sola frase: a través de la instituciones de la familia y de la propiedad privada.
Para entender estos dos conceptos debemos dar primero una ojeada al tratamiento del factor de producción “tierra” por las sociedades de cazadores-recolectores.
Se puede asumir con seguridad que la propiedad privada existía dentro del marco de la casa tribal. La propiedad privada existía con relación a cosas tales como ropa, herramientas, instrumentos y ornamentos personales. Hasta el punto que tales artículos fueron producidos por particulares, por individuos identificables (durante su tiempo libre) o adquiridos por otras personas, de sus fabricantes originales, a través de regalos o intercambio (trueque) y eran considerados propiedad individual. Sin embargo, como los bienes eran el resultado de esfuerzos concertados o conjuntos, muchas veces eran considerados bienes colectivos. Posiblemente esto se aplicaba mayormente a los medios de subsistencia: a los frutos recolectados y a los animales cazados como resultado una cierta división del trabajo intra-tribal. (Sin duda la propiedad colectiva desempeñó, en ese entonces, un papel prominente en las sociedades de cazadores-recolectores, y es debido a esto que el término “comunismo primitivo” se ha empleado con frecuencia para describir economías primitivas, tribales: cada individuo contribuía a la “renta” hogareña según sus capacidades, y cada uno recibía de la renta colectiva según sus necesidades).
¿Qué decir de los suelos sobre los cuales ocurrían todas las actividades tribales? Uno puede determinar con seguridad que los suelos no eran considerados propiedad privada. ¿Pero eran propiedad colectiva? Se ha asumido típicamente que este es el caso. De hecho, sin embargo, los suelos no eran ni propiedad privada ni colectiva sino que, por el contrario, constituían parte del ambiente, o más específicamente, de las condiciones generales de la acción.
El mundo externo en el cual ocurren las acciones del hombre se puede dividir en dos porciones categóricamente distintas. Por una parte, hay esas cosas que se consideran los medios o bienes económicos; y por otra parte, hay esas cosas que se consideran ambiente. Los requisitos para que un elemento del mundo externo pueda ser clasificado como un medio o un bien económico son tres. Primero, para que algo llegue a ser un bien económico, debe haber una necesidad humana. En segundo lugar, debe haber la percepción humana de una cosa que se cree está dotada de propiedades causalmente conectadas con la satisfacción de esta necesidad. Tercero, y lo más importante en el actual contexto, un elemento del mundo externo así percibido debe estar bajo control humano de tal forma que pueda ser empleado para satisfacer la necesidad dada. Es decir, solamente si una cosa es llevada a tener una conexión causal con una necesidad humana, y además esta cosa está bajo control humano, puede uno decir que este ente ha sido apropiado - se ha convertido en un bien - y por lo tanto es propiedad de alguien. Por otra parte, si un elemento del mundo externo tiene conexión causal con una necesidad humana, pero nadie controla ni interfiere con este elemento, entonces, tal elemento se debe considerar como parte del ambiente no asignado y por lo tanto no es propiedad de nadie.
Con estas consideraciones como telón de fondo, puede uno ahora responder la pregunta con respecto al status de la tierra en una sociedad de cazadores-recolectores. Ciertamente, los frutos recolectados de un arbusto son una propiedad; ¿pero qué decir sobre el arbusto que causalmente se asocia a los frutos recolectados? El arbusto es simplemente elevado de su estatus original, de ser condición ambiental de la acción y mero factor contribuyente a la satisfacción de necesidades del ser humano y una vez que ha sido apropiado, pasa al status de propiedad y factor genuino de producción: es decir, una vez que el hombre ha interferido a propósito, con el proceso causal natural que conecta el arbusto y los frutos, por ejemplo, regándolo con agua o podando sus ramas para producir un cierto resultado: un aumento en la cosecha por encima del nivel que se hubiera logrado naturalmente.
Similarmente, no se cuestiona que el animal cazado es propiedad; ¿pero qué decir sobre la manada de la cual formaba parte este animal? La manada debe ser mirada como naturaleza no poseída mientras el hombre no haya hecho nada que se pueda interpretar (y que está en su propia mente) como una causal conectada con la satisfacción de una necesidad percibida. La manada solamente se convierte en propiedad una vez que se ha satisfecho el requisito de interferir con la cadena de acontecimientos naturales para producir cierto resultado deseado. Éste sería el caso, por ejemplo, cuando el hombre se dedique al manejo de los animales (pastoreo), es decir cuando intente activamente controlar los movimientos de la manada.
¿Qué decir sobre la tierra en la cual ocurre el movimiento controlado de la manada? Según nuestra definición, las personas que manejan las manadas no pueden ser considerados dueños de la tierra. Porque simplemente siguen sus movimientos naturales, y su interferencia con la naturaleza se restringe a mantener al grupo reunido, para tener acceso más fácil a sus miembros, en caso que se presente la necesidad de suministro de carne animal. Las personas que manejan las manadas no interfieren con la tierra para controlar los movimientos de la manada; interfieren solamente con los movimientos de los miembros de la manada. La tierra se convierte en propiedad una vez que deciden no controlar la manada y se dedican en vez de eso, a la cría de animales, es decir, una vez que tratan la tierra como un medio (escaso) de intervenir el movimiento de los animales mediante el control de la tierra. Esto requeriría confinar la tierra de alguna manera, cercándola o construyendo algunos otros obstáculos que restringieran el flujo libre, natural, de los animales. Más bien que ser simplemente un factor que contribuye a la existencia de las manadas, la tierra se convierte, ahora sí, en un genuino factor de producción.
Estas consideraciones demuestran que es erróneo pensar que la tierra era propiedad (colectivamente poseída) de las sociedades de cazadores-recolectores. Los cazadores no manejaban manadas y menos aún, no estaban dedicados a la cría de animales; y los recolectores no eran jardineros ni agricultores. No ejercitaban control sobre la fauna y flora tomadas de la naturaleza, atendiéndolas o preparándolas. Simplemente arrancaban pedazos de la naturaleza. La tierra no era más que una condición de sus actividades, no su propiedad.
Se puede decir que el primer paso hacia la solución de la trampa Maltusiana que enfrentaban con su crecimiento las sociedades de cazadores-recolectores, fue exactamente el establecimiento de la propiedad de las tierras. Presionados por el descenso en el estándar de vida, como resultado de la superpoblación absoluta, los miembros de la tribu sucesivamente (por separado o colectivamente) se apropiaron, cada vez más, de naturaleza (tierra) no-poseída previamente. Esta apropiación de la tierra tenía un efecto doble inmediato. Primero, se producían más bienes y por consiguiente se podían satisfacer más necesidades que antes. De hecho, este fue el motivo real detrás de la apropiación de las tierras: la idea de que la tierra tenía una cierta conexión causal con la satisfacción de necesidades humanas y podía ser controlada. Controlando la tierra, el hombre realmente empezaba a producir bienes en vez de simplemente consumirlos. (Importante, el producir bienes también implicaba ahorrar y almacenar bienes para consumir posteriormente). En segundo lugar, la mayor productividad alcanzada al economizar tierra, hizo posible por tanto que un mayor número de personas pudiera sobrevivir en una extensión dada de tierra. De hecho, se ha estimado que con la apropiación de la tierra y el cambio correspondiente en su existencia, al pasar de cazador-recolector a agricultor-jardinero y criador de animales, se pudo mantener, en la misma cantidad de tierra, un tamaño de población entre diez y cien veces mayor que antes.
Sin embargo, la economía en la tierra era solamente parte de la solución al problema que se presentó por la presión del aumento poblacional. Con la apropiación se hizo un uso más eficaz de la tierra, teniendo en cuenta que sustentaba un tamaño mayor de población. Pero la institución de la propiedad de la tierra en sí no afectó el otro lado del problema: la proliferación continuada de descendientes. Este aspecto del problema requería también una solución. Tenía que encontrarse una institución social que pusiera esta proliferación bajo control. La institución diseñada para lograr esta tarea fue la institución de la familia. Como Thomas Malthus explicaba, para solucionar el problema de la superpoblación, la institución del característico “comercio entre los sexos” también tuvo que experimentar un cambio fundamental.
¿En qué consistía el comercio entre los sexos antes y cuál fue la innovación institucional introducida por la familia en este aspecto? En términos de teoría económica, el cambio se puede describir como pasar de una situación donde ambas, las ventajas de tener hijos - creando un productor potencial adicional - y especialmente sus costos – al crear un consumidor adicional (alguien a quien alimentar) - fueron socializados, es decir, cosechados y pagados por toda la sociedad más bien que por los “productores” del nuevo vástago, hasta llegar a una situación donde ambos, las ventajas así como también los costos que implicaba la procreación, fueron internalizados por, y de nuevo imputados económicamente a, aquellos individuos causalmente responsables de los hijos.
Cualesquiera que hayan sido los detalles exactos, parece que la institución de una relación entre hombres y mujeres, estable y monogámica - y también poligámica - que hoy en día se asocia con el término familia, es bastante reciente en la historia de la humanidad y estuvo precedida de una institución que podría definirse, en términos amplios, como inter-curso sexual “no restringido” o “no regulado” o como “matrimonio en grupo” (también conocido como “amor libre”). El comercio entre los sexos durante esta etapa de la historia humana no eliminaba la existencia de relaciones temporales, por parejas, entre un hombre y una mujer. Sin embargo, en principio consideraban a cada mujer un socio sexual potencial de cada hombre, y viceversa. En palabras de Friedrich Engels: Los “hombres vivían en poligamia y sus mujeres simultáneamente en poliandria, y consideraban a sus hijos como pertenecientes a todos. …. Cada mujer pertenecía a todo hombre y cada hombre a toda mujer.”
Sin embargo, lo qué Engels y muchos socialistas posteriores dejaron de notar en su glorificación de la pasada, y también supuestamente de la futura, institución del amor libre, es el hecho que esta institución tenía un efecto directo sobre la producción de descendientes. Como ha comentado Ludwig von Mises: “es cierto que, aún si una comunidad socialista pudiese establecer el `amor libre’, no podría de ninguna manera establecer el nacimiento gratuito”. Lo qué Mises implicaba con esta observación es que el amor libre tenía consecuencias, a saber embarazos y nacimientos, y que los nacimientos implicaban ventajas así como también costos. Esto no importaría mientras las ventajas excediesen los costos, por ejemplo, mientras un miembro adicional de la sociedad agregase más a ella como productor de bienes que lo que sacase de ella como consumidor - y esto pudo muy bien haber sido el caso durante algún tiempo. Pero según la ley de rendimientos esta situación no podía durar para siempre. Inevitablemente, se debía llegar al punto en que los costos del descendiente adicional excedían sus ventajas. Entonces, cualquier procreación adicional debía cesar – se tenía que ejercitar el freno moral - a menos que uno hubiese deseado experimentar una caída progresiva en el estándar de vida. Sin embargo, si se consideraba a los niños como hijos “de todos” o “de nadie” porque cada uno había mantenido relaciones sexuales con todos los demás, entonces el incentivo a refrenarse de la procreación desaparecía o disminuía perceptiblemente. El instinto, en virtud de la naturaleza biológica del hombre, lleva a cada mujer y a cada hombre a colocar sus genes en la siguiente generación de la especie. Mientras más descendientes tenga uno, mejor, porque más de sus propios genes sobrevivirán. No hay duda, este instinto natural humano se podría controlar con deliberación y raciocinio. Pero si el sacrificio económico que había que hacer fuera ninguno, o poco, por simplemente seguir sus propios instintos animales, ya que los niños eran sostenidos por toda la sociedad, entonces sería poco, o no existiría, el incentivo de ejercitar algún freno moral, de emplear la razón en materia sexual.
Desde un punto de vista puramente económico, entonces, la solución al problema de la superpoblación debía ser de inmediato evidente. La propiedad de los niños, o más correctamente, el confiarlos al cuidado por encargo, tenía que ser privatizada. Más bien que considerar a los niños como posesión colectiva, o confiados al cuidado por encargo a la “sociedad”, o ver los nacimientos como un evento natural incontrolado o incontrolable y en tal caso considerar a los niños como posesión, o encargo, de nadie, los niños tenían que ser considerados como entes producidos privadamente y confiados al cuidado privado.
Más aún y finalmente: con la formación de familias monógamas o polígamas vino otra innovación decisiva. Anteriormente, los miembros de una tribu formaban un sólo domicilio unificado, y la división del trabajo intra-tribal era esencialmente una división de trabajo al interior de tal domicilio. Con la formación de familias vino la separación de este domicilio unificado en varias moradas independientes y con ella también la formación de propiedades “separadas” – o privadas - de la tierra. Es decir, la apropiación previamente descrita de la tierra no era simplemente una transición de una situación donde algo que era anteriormente no-poseído, llegaba ahora a ser poseído, sino, más precisamente, como algo previamente no-poseído, se convertía ahora en varias posesiones separadas o moradas independientes (permitiendo así también el surgimiento de la división del trabajo inter-moradas).
En consecuencia, el aumento en la renta social derivado de la propiedad de la tierra ya no se distribuía como antes: a cada miembro de la sociedad “según su necesidad.” En vez de eso, la parte correspondiente a cada morada del total de la renta social vino a depender del producto imputado económicamente a cada una de ellas, es decir, a la labor y propiedades invertidas en la producción. Es decir: el propagado “comunismo” pudo continuar todavía internamente en cada morada, pero desapareció de la relación entre los miembros de viviendas diferentes. Dichas rentas difirieron, dependiendo de la cantidad y de la calidad del trabajo y de las propiedades invertidas, y nadie podía demandar algo sobre la renta producida por los miembros de otra casa, con excepción de la suya propia. Así, el “ir en coche” sobre los esfuerzos de otros llegó a ser casi, sino del todo, imposible. Aquel que no trabajaba no podría esperar seguir comiendo.
Así, en respuesta a la presión creciente del aumento poblacional había llegado a su existencia un nuevo modo de organización social, desplazando la forma de vida del cazador-recolector, que había sido característica en la mayor parte de la historia humana. Ludwig von Mises resume el tema así: La “propiedad privada en los medios de producción es el principio regulador que, dentro de la sociedad, balancea los medios limitados de subsistencia a disposición de dicha sociedad, con la menos limitada capacidad de aumentar el número de consumidores. Al hacer que la parte del producto social correspondiente a cada miembro de la sociedad dependa del producto económicamente imputado a él, es decir, de su trabajo y su propiedad, la eliminación de los seres humanos sobrantes en la lucha por la existencia, que se ensaña en los reinos vegetal y animal, sea substituida por una reducción en la natalidad como resultado de fuerzas sociales. El ‘freno moral`, las limitaciones impuestas por posiciones sociales sobre la natalidad, substituye la lucha por la existencia.”
HANS-HERMANN HOPPE [envíe correo electrónico a: [email protected]], a quien Lew Rockwell llama "un tesoro internacional", es Profesor de Economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas, es miembro principal del Ludwig von Mises Institute y Redactor de The Journal of Libertarian Studies. Recibió su Doctorado en Filosofía y su grado posdoctoral en la Universidad Goethe en Francfort, Alemania, y es el autor, entre otros trabajos, de Teoría del Socialismo y el Capitalismo; Economía y Ética de la Propiedad Privada; Democracia - El Dios Que Fracasó; y el Mito de la Defensa Nacional (editor).
Este documento fue presentado por primera vez en el Segundo Encuentro Anual de la “Sociedad de la Propiedad y la Libertad”, que tuvo lugar en Bodrum, Turquía, entre el 24 y el 28 de Mayo de 2007. Es el resumen del capítulo más largo dentro de la estructura de un proyecto mayor de libro.
Publicado en Inglés en el Artículo Diario del Blog del Ludwig von Mises Institute, en Marzo 11 de 2008.
Autor: Henry Hazlitt
[Este artículo es un extracto de los primeros capítulos del libro Lo que usted debe saber acerca de la inflación (1964)]
!Lo qué es la inflación!
Ningún tema es tan debatido hoy - ni tan poco entendido - como la inflación.
Los políticos en Washington hablan de ella como si se tratara de alguna horrible aparición del más allá, sobre la que no tienen control - como una inundación, una invasión extranjera, o una plaga. Es algo por lo que siempre prometen que van a "luchar" – siempre y cuando el Congreso, o el pueblo, les dé las "armas" o "un mandato fuerte" para hacer el trabajo.
Sin embargo, la única verdad es que nuestros dirigentes políticos se han inventado la inflación, a su propia moneda y por sus propias políticas fiscales. Prometen luchar con la mano derecha contra las condiciones defendidas con la mano izquierda.
La inflación, siempre y en todas partes, se causa en primer lugar por un aumento en la oferta de dinero y crédito. De hecho, la inflación es el aumento en la oferta de dinero y crédito. Si recurrimos al American College Dictionary, por ejemplo, encontramos una primera definición de inflación:
La indebida expansión o aumento de la moneda de un país, sobre todo por la emisión de papel moneda no redimible en especie.
Sin embargo en los últimos años el término se ha venido utilizando en un sentido radicalmente distinto. Tal como podemos ver en la definición dada a renglón seguido por el mismo American College Dictionary:
Un aumento sustancial de los precios causado por una indebida y excesiva expansión de papel moneda o de crédito bancario.
Ahora, evidentemente, un aumento de los precios causado por una expansión de la oferta monetaria no es lo mismo que la expansión de la oferta de dinero en sí.
Claramente, una causa o condición no es lo mismo que una de sus consecuencias. El uso de la palabra "inflación", con estos dos significados, bastante diferentes, conduce a una permanente confusión.
Originalmente la palabra "inflación" se aplicaba sólo a la cantidad de dinero. Y significa que el volumen de dinero se inflaba, se exageraba, se disparaba. No es mera pedantería insistir en que la palabra debe ser utilizada sólo en su sentido original. Utilizarla en el sentido de que es "un aumento de precios" es desviar la atención de la verdadera causa de la inflación y de la curación real de la misma.
Veamos lo que sucede en virtud de la inflación, y por qué sucede. Cuando la oferta de dinero se incrementa, la gente tiene más dinero para ofrecer por los bienes. Si el suministro de bienes no aumenta - o no aumenta tanto como la oferta de dinero - entonces los precios de los bienes van a subir. Cada dólar individual pierde valor debido a que hay más dólares. Por lo tanto se ofrecerán más de ellos por, digamos, un par de zapatos o de cien bultos de trigo, de los que antes se ofrecían. "Precio" es una relación de intercambio entre un dólar y una unidad de mercancías. Cuando la gente tiene más dólares, valora menos cada uno de ellos. Los bienes entonces aumentan de precio, no porque sean más escasos que antes, sino porque son más abundantes los dólares.
En los viejos tiempos, los gobiernos inflaban mediante el artificio de recortar o limar las monedas. Luego descubrieron que podían inflar más barato y más rápido mediante la impresión de grandes cantidades de papel moneda. Esto es lo que pasó con los assignats franceses en 1789, y con la moneda norteamericana durante la Guerra Revolucionaria. Hoy en día el método es un poco más indirecto. El gobierno vende sus bonos o pagarés a los bancos. En pago, los bancos hacen "depósitos" en sus libros contra los cuales el gobierno puede girar. Un banco, a su vez, puede vender sus pagarés gubernamentales al Banco de la Reserva Federal, el cual paga por ellos, ya sea haciendo depósitos de crédito o haciendo imprimir más billetes a la Reserva Federal para pagar con ellos. Es así como se fabrica el dinero.
La mayor parte de la "oferta monetaria" del país no está representada en monedas o billetes que pasan de mano en mano, sino por depósitos bancarios que se retiran mediante cheques. Por lo tanto, cuando los economistas miden la oferta monetaria suman los depósitos de demanda inmediata (y ahora con frecuencia, también, los depósitos a plazo) al dinero por fuera de los bancos para obtener el total. El total de dinero y crédito así sumados era, en los EE.UU., de $63,3 millones a fines de diciembre de 1939, y de $308,8 millones a finales de diciembre de 1963. Este aumento de 388% en el suministro de dinero fue la razón por la cual aumentaron abrumadoramente los precios al por mayor, en un 138%, en el mismo período.
Algunas Precisiones
A menudo se afirma que atribuir la inflación exclusivamente a un aumento en el volumen de dinero es una "excesiva simplificación". Esto es cierto. Hay que tener en cuenta muchas precisiones.
Por ejemplo, debe pensarse que la "oferta monetaria" incluye no sólo el suministro de los billetes que pasan de mano en mano, sino la oferta de crédito bancario - especialmente en los Estados Unidos, donde la mayoría de los pagos se efectúan mediante cheque.
También es una simplificación excesiva decir que el valor del dólar individual depende simplemente de la actual oferta de dólares pendientes de pago. Depende también del suministro futuro esperado de dólares. Si la mayoría de la gente teme, por ejemplo, que la oferta de dólares vaya a ser aún mayor dentro de un año, entonces el valor actual del dólar (medido por su poder de compra) será inferior a lo que la presente cantidad de dólares indicaría.
Los políticos en Washington hablan de inflación como si se tratara de alguna horrible aparición del más allá, sobre la que no tienen control.
Una vez más, el valor de cualquier unidad monetaria, como el dólar, no sólo depende de la cantidad de dólares, sino de su calidad. Cuando un país se retira del sistema del patrón oro, significa en la práctica que el oro, o el derecho a reclamar oro, de repente se convierte en un mero papel. El valor de la unidad monetaria, por lo tanto, cae por lo general de inmediato, incluso aún si no ha habido aún ningún incremento en la cantidad de dinero. Esto se debe a que la gente tiene más fe en el oro que en las promesas, o en el criterio, de quienes manejan los asuntos monetarios del gobierno. Difícilmente se puede encontrar un caso en toda la historia, en el que el retiro sistema del patrón oro no haya sido prontamente seguido por un aumento en el crédito bancario y en la cantidad de dinero recién salido de la imprenta.
En resumen, el valor del dinero varía básicamente por las mismas razones por las que varía el valor de cualquier mercancía. Así como el valor de un bulto de trigo depende no sólo de la oferta de trigo total actual sino en la oferta futura esperada y en la calidad del trigo, así también el valor del dólar depende de una variedad similar de consideraciones. El valor del dinero, igual que el valor de los bienes, no está determinado únicamente por relaciones mecánicas o físicas, sino primordialmente por factores psicológicos que a menudo pueden ser complicados.
Cuando se estudian las causas, y la cura, de la inflación, una cosa es encontrar complicaciones reales y otra muy distinta es involucrarse en, o dejarse engañar por, complicaciones innecesarias o inexistentes.
Por ejemplo, se dice con frecuencia que el valor del dólar no sólo depende de la cantidad de dólares, sino de su "velocidad de circulación". Una "velocidad de circulación" aumentada, no es sin embargo, motivo de caída en el valor del dólar; es realmente una de las consecuencias del temor a una baja en el valor del dólar (o, para decirlo a la inversa, de la creencia de que habrá un aumento en el precio de las mercancías). Es esta creencia la que impulsa a la gente a cambiar dólares por mercancías. La insistencia de algunos autores sobre la "velocidad de circulación" es sólo otro ejemplo del error de sustituir razones psicológicas reales por razones mecánicas dudosas.
Otro callejón sin salida: en respuesta a quienes señalan que la inflación es causada principalmente por un incremento de la oferta de moneda y crédito, se alega que el aumento de los precios de los productos básicos a menudo se produce antes del incremento en la oferta de dinero. Esto es cierto. Esto es lo que ocurrió inmediatamente después del estallido de la guerra en Corea. Las materias primas estratégicas comenzaron a subir de precio ante el temor de que iban escasear. Los especuladores y los fabricantes empezaron a comprarlos con fines de lucro o para protección de inventarios. Pero para hacer esto tuvieron que pedir prestado más dinero de los bancos. El aumento de los precios estuvo acompañado por un aumento igualmente notable en los préstamos y depósitos bancarios. Desde el 31 de mayo de 1950 al 30 de mayo de 1951, los préstamos de los bancos del país aumentaron en 12 mil millones de dólares. Si este aumento de los préstamos no se hubiera hecho, y no se hubieran girado nuevos fondos contra los préstamos (unos 6 millones de dólares a fines de enero de 1951), el aumento de los precios no podría haberse sostenido. La subida de precios solo fue posible, en definitiva, por el aumento en el suministro de dinero.
Algunas falacias populares
Una de las falacias más persistentes acerca de la inflación es la suposición de que es causada, no por un aumento en la cantidad de dinero, sino por una "escasez de bienes".
Es cierto que un aumento de los precios (que, como hemos visto, no debería ser identificado con la inflación) puede ser causada ya sea por un aumento en la cantidad de dinero o por una escasez de mercancías - o por ambas cosas a la vez. El trigo, por ejemplo, puede aumentar de precio, ya sea por un aumento en la oferta de dinero o por una mala cosecha. Pero rara vez encontramos, incluso en condiciones de guerra total, un aumento general de precios causado por una escasez general de bienes. Sin embargo, es tan persistente la falacia de que la inflación es causada por una "escasez de bienes", que incluso en la Alemania de 1923, después de que los precios se habían disparado cientos de miles de millones de veces, altos funcionarios y millones de alemanes le echaban la culpa del problema a una "escasez general de bienes" – cuando al mismo tiempo los extranjeros ingresaban a Alemania, con oro o aun con sus propias monedas, para comprar mercancías a precios más bajos que los de productos equivalentes en su país de origen.
Utilizar la palabra inflación para significar "un aumento de los precios" sirve sólo para desviar la atención de la causa real de la inflación y de la forma lograr su verdadera curación.
El aumento de los precios en los Estados Unidos ha venido siendo, atribuido constantemente desde 1939, a una "escasez de bienes". Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran que el ritmo de producción industrial aumentó casi se triplicó (277%) entre 1939 y 1959. Tampoco es una buena disculpa decir que el aumento de precios en tiempos de guerra es causado por un déficit de los bienes civiles. Incluso en la medida en que los bienes civiles fueron realmente escasos en tiempo de guerra, la escasez no habría producido ningún aumento sustancial en los precios si los impuestos se hubieran llevado un porcentaje tan grande de los ingresos civiles como el rearme se llevó de los bienes civiles.
Esto nos lleva a otra fuente de confusión. La gente a menudo habla como si un déficit presupuestario por sí mismo fuera la causa necesaria y suficiente de la inflación. Un déficit presupuestario, sin embargo, si es financiado en su totalidad con la venta de bonos del gobierno pagados con ahorros reales, no necesariamente provocará inflación. E incluso un superávit presupuestario, por el otro lado, no es garantía contra la inflación. Esto es aparente cuando, como en el año fiscal que terminó el 30 de junio de 1951, hubo una inflación substancial a pesar de haberse producido un superávit presupuestario de $3,500 millones de dólares. Lo mismo ocurrió a pesar de los excedentes presupuestarios de los ejercicios fiscales de 1956 y 1957. Un déficit presupuestario, en definitiva, es inflacionista solamente en la medida en que provoca un aumento de la oferta de dinero. No obstante la inflación puede presentarse incluso con un superávit presupuestario si hay un incremento de la oferta monetaria.
La misma cadena de causalidad se aplica a todas las llamadas "presiones inflacionistas" - en particular la conocida "espiral de salarios y precios". Si no estuviera precedido, acompañado o seguido de un rápido aumento de la oferta de dinero, un aumento de los salarios por encima del "nivel de equilibrio" no sería motivo de inflación, sino que se limitaría a causar desempleo. Y un aumento de los precios, sin un aumento de dinero en efectivo en los bolsillos de la gente no hará sino provocar una caída en las ventas. El aumento de salarios y precios, para abreviar, es generalmente consecuencia de la inflación. Pueden causarlo pero sólo en la medida que presionan un aumento en la oferta de dinero.
La cura de la inflación
La cura para la inflación, como con la mayoría de las curas, consiste principalmente en la eliminación de la causa. La causa de la inflación es el aumento del dinero y del crédito. El cura es detener el aumento de dinero y de crédito. La cura para la inflación, en breve, es dejar de inflar. Es tan simple como eso.
Aunque simple en principio, esta cura implica a menudo detallar decisiones complejas y desagradables. Empecemos con el presupuesto federal. Es casi imposible evitar la inflación con un déficit profundo y persistente. Ese déficit es casi seguro que será financiado por medios inflacionarios - es decir, mediante la impresión directa o indirecta de más dinero. Los enormes gastos del gobierno no son por sí mismos inflacionarios - siempre que se sufraguen exclusivamente con ingresos fiscales, o mediante préstamos pagados totalmente con ahorros reales. Pero las dificultades en cualquiera de estos dos métodos de pago, una vez que los gastos han pasado de un cierto punto, son tan grandes que es casi inevitable recurrir a la imprenta.
"El valor del dinero varía básicamente por las mismas razones por las que varía el valor de cualquier mercancía."
Más aún, a pesar de que estos enormes gastos pagados en su totalidad con impuestos también enormes no son necesariamente inflacionarios, inevitablemente reducen y perturban la producción, y socavan cualquier sistema de libre empresa. El remedio para los grandes gastos gubernamentales no es por lo tanto crear impuestos igualmente enormes, sino que se ponga fin a la irresponsabilidad en el gasto.
Por el lado monetario, el Tesoro y la Reserva Federal debe dejar de crear dinero artificialmente barato - es decir, deben dejar de mantener en forma arbitraria las bajas tasas de interés. La Reserva Federal no debe volver a la anterior política de comprar, a la par, los bonos del propio gobierno. Cuando los tipos de interés se mantienen artificialmente bajos, se fomenta el aumento de los préstamos. Esto conduce a un aumento de la oferta de dinero y crédito. El proceso trabaja en ambos sentidos - porque es necesario aumentar la oferta de dinero y crédito, a fin de mantener los tipos de interés artificialmente bajos. Es por ello que una política de "dinero barato" y una política de apoyo a los bonos del gobierno son simplemente dos maneras de describir la misma cosa. Cuando los Bancos de la Reserva Federal compraban bonos del gobierno del 2½%, digamos, a la par, se deprimían la base del interés a largo plazo al 2%. Y realmente pagaban estos bonos mediante la impresión de más dinero. Esto es lo que se conoce como "monetización" de la deuda pública. La inflación continuará mientras estas cosas sucedan.
Si el Sistema de la Reserva Federal está determinado a poner fin a la inflación y comportarse a la altura de sus responsabilidades, se abstendrá de realizar esfuerzos para reducir los tipos de interés y de “monetizar” la deuda pública. Debe volver, de hecho, a la tradición de que la tasa de descuento del banco central, normalmente, (y sobre todo en un período inflacionario) sea una tasa "que penalice" - es decir, una tasa superior a la que usan los bancos miembros en sus préstamos entre si.
Quisiera dejar constancia aquí de mi convicción de que el mundo nunca saldrá por si mismo de la actual época de inflación, hasta que regrese al patrón oro. El Patrón Oro provee un control prácticamente automático a la expansión del crédito interno. Esa es la razón por la cual los burócratas lo abandonaron. Además de ser una salvaguardia contra la inflación, es el único sistema que ha proporcionado al mundo el equivalente de una moneda corriente internacional.
"La cura para la inflación, en pocas palabras, es dejar de inflar. Es tan simple como eso".
La primera pregunta que hay que hacer hoy no es, ¿cómo podemos detener la inflación?, sino, ¿queremos detenerla realmente? Porque uno de los efectos de la inflación es el de lograr una redistribución de la riqueza y de los ingresos. En sus primeras etapas (hasta que llega al punto de socavar y distorsionar gravemente la producción en sí), la inflación beneficia a unos grupos a expensas de otros. Los primeros grupos adquieren un genuino interés en mantener la inflación. Muchos de nosotros seguimos bajo la falsa quimera de que podremos ganar el juego - que podremos aumentar nuestro ingreso más rápidamente que nuestro costo de vida. Así que hay mucho de hipocresía en el clamor contra la inflación. Muchos de nosotros estamos en realidad gritando "Mantengan deprimidos todos los precios y los ingresos, excepto los míos propios".
Los gobiernos son quienes más se aprovechan de esta hipocresía. Al mismo tiempo que profesan "luchar contra la inflación" practican una política de "pleno empleo". Como un defensor de la inflación alguna vez escribió en el Economist de Londres, "La inflación es nueve décimas de cualquier política de pleno empleo."
Lo que olvidó añadir es que la inflación siempre tiene que terminar en una crisis y en una depresión, y que, peor que la propia depresión podría ser la falsa percepción popular de que la caída ha sido causada, no por la inflación anterior, sino por defectos inherentes al "capitalismo".
La inflación, para resumir, es el aumento en los volúmenes de dinero y crédito bancario en relación con el volumen de bienes. Es perjudicial porque deprecia el valor de la unidad monetaria, eleva el costo de vida de todos, aplica lo que en la práctica es un impuesto a los más pobres (sin excepción) a una tasa tan alta como la de los más ricos, elimina el valor de ahorros anteriores, desalienta el ahorro futuro, redistribuye la riqueza y el ingreso en forma arbitraria, alienta y premia la especulación y los juegos de azar en detrimento del ahorro y del trabajo, socava la confianza en la justicia del sistema de libre empresa, y corrompe la moral pública y privada.
Pero no es "inevitable". La podemos atajar de la noche a la mañana, si tenemos la sincera voluntad de hacerlo.
Henry Hazlitt (1894-1993) se desempeñó como miembro del consejo fundador del Instituto Mises.
Fue un filósofo libertario, economista y periodista de The Wall Street Journal, The New York Times, Newsweek y The American Mercury, entre otras publicaciones.
Es mejor conocido por su libro Economía en una Lección. Este artículo fue extraído de los primeros capítulos de Lo que usted debe saber acerca de la inflación (1964).
TRADUCIDO POR RODRIGO DIAZ
por Antal E. Fekete - Universidad del Patrón Oro
Dividiendo el Imperio Romano en dos mitades
¿Qué tanto oro?
Muchos lectores de mi columna me han preguntado que tanto oro creo que hay en Fort Knox, y que cantidad de oro creo que ha sido almacenada por los estadounidenses que podría estar disponible para acuñar monedas en caso que la Casa de Moneda de los EE.UU. se volviera a abrir al oro.
No tengo cifras, ni siquiera estimaciones. Desde mi punto de vista, estas cifras ya no importan. Lo que importa es si se puede restaurar la confianza de tal forma que empiece a fluir el oro a la Casa de Moneda. La situación es definitivamente triste, como lo demuestra el tratamiento dado al candidato presidencial Ron Paul, por parte del Establecimiento, de su propio partido, de los medios de comunicación, del público inversionista y del electorado. Lo han tratado con frialdad durante un período tan extraordinario como este, precisamente cuando el mundo financiero comienza a desmoronarse a nuestro alrededor. Él podría ser el mensajero de Dios, pero no ha sido tratado mejor que a nadie antes, enviado como profeta a su tierra. Incluyendo un debate sobre el oro como dinero, mucho menos de regresar de nuevo al uso del oro como moneda, el cual ha sido enérgicamente rechazado por todos, incluyendo la misma gente que va a sufrir por su majadería y su fingida sordera mientras el dólar es ignominiosamente eliminado del ruedo.
Oro en acción
Oro almacenado en bóvedas es una cosa, y otra es oro en acción. Oro en acción es tan diferente de oro almacenado como el día es de la noche. Lo primero sugiere confianza en el presente y radiante optimismo por el futuro. Usted se atreve a gastar su moneda de oro pero también espera confiado que regrese a sus manos en los mismos términos. Lo segundo sugiere desconfianza en el presente y profundo pesimismo sobre el futuro. La moneda de oro no es para gastarla. Tal vez nunca vuelva a usted.
Siempre que se atesora oro, existe el peligro de que la economía caiga a sus peores niveles, posiblemente de vuelta a la barbarie. Si todo el oro se atesora, la prosperidad se derrumba independientemente del estado de los conocimientos y la tecnología. Pero si se vuelve a abrir la Casa de la Moneda el oro fluiría, y la economía podría resucitar de entre los muertos. La gente hablaría de un "milagro económico". Nuestros dirigentes no ven esto. Para ellos el oro sigue siendo una "reliquia bárbara", en lugar de ser el elixir de la vida, que hace retroceder a la moribunda economía del borde mismo del abismo.
La clave de la confianza
Intercambio y comercio, y la prosperidad que depende de ellos, se articula en dos ingredientes primitivos: integridad y confianza. Es función del dinero promover su existencia e interacción. Por 63 siglos, han trabajado juntos desde que la primera pepita de oro se utilizó como intercambio por el hombre. El oro es la clave de la confianza. La aceptación universal del oro a través de la historia ha permitido que los organismos de producción, consumo, intercambio y distribución logren el más alto nivel de prosperidad en consonancia con el nivel de conocimientos y tecnología. Saque usted el oro, y hete ahí: el conocimiento y la tecnología ya no patrocinan la prosperidad. Es inevitable el hundimiento de nuevo al Oscurantismo.
El terror del error
Los Estados Unidos han perdido su oportunidad en este año de elecciones, de tener un gran debate nacional sobre los méritos de una moneda corriente metálica y de cómo el oro podría ser forzado a servir, a última hora, como forma de evitar un desastre mundial. La Casa de la Moneda de los EE.UU. no será reabierta al oro, y el "terror del error" seguirá su curso hasta su final amargo. Una depresión devastará el mundo. Sauve qui peut, sálvese quien pueda, ese es el mensaje de la campaña para las elecciones presidenciales de 2008 la cual ha abortado seis meses antes de tiempo.
Fin del Imperio Romano
Tal vez un país extranjero, abrirá su Casa de la Moneda al oro y a la plata. Los chinos podrían hacerlo, pero como todos los orientales son demasiado suspicaces y misteriosos, además son totalmente desconfiados y la confianza es la característica de la forma occidental de hacer negocios. Sea como sea, la historia parece repetirse. Recordemos la división del Imperio Romano en 395 dC en dos mitades, oriental y occidental. En 476 la mitad occidental dejó de existir, y empezó la Edad Oscura, el Oscurantismo. La civilización, como la gente la había conocido, se esfumó. Sin embargo, la mitad oriental, en parte debido al hecho de que pudo mantener abierta al oro su Casa de Moneda, continuó existiendo otros mil años. El oro en circulación representaba la confianza. Confianza en la producción, confianza en el comercio, confianza en el futuro.
La edad del Oscurantismo
Ahora ya no hablamos de deflación y depresión. Nos enfrentamos a la Segunda Venida del Oscurantismo. En el momento de la caída del Imperio Romano todo el oro disponible mantuvo en acción un robusto comercio mundial. El problema no era escasez de oro. El problema era que el oro iba a la clandestinidad. Si se hubiera tratado de poner de nuevo en circulación, el Oscurantismo podría haberse atajado. Eso no sucedió, debido a la ignorancia y el egoísmo de los dirigentes, y a su presunción de que la rápida depreciación monetaria del sistema serviría a los propósitos del Imperio. Como el oro iba a la clandestinidad, y no había ningún estadista que presionara para forzarlo de nuevo al servicio, no hubo forma de salvar la civilización en la parte occidental del Imperio Romano.
Es importante entender que la Edad Oscura que siguió, y el pasaje del oro a la clandestinidad, eran sólo dos caras de una misma moneda. Estamos hoy encarando la misma doble amenaza. Esta vez, también, la Edad Oscura podría durar varios cientos de años.
El Bizante, salvador de la civilización
La mitad oriental del Imperio Romano, Constantinopla, salió mejor librada. Allí se mantuvo abierta al oro la Casa de Moneda por otros mil años. Sus gentes no sólo sobrevivieron: prosperaron. La moneda de oro del Imperio, el bizante (el nombre viene de Bizancio, como se conocía Constantinopla antes que el Gran Constantino la bautizara con su propio nombre) salvó la civilización de la ruina en la que había sucumbido con tanta facilidad la parte occidental del Imperio.
Si la historia se repite a continuación, la mitad Oriental de nuestra civilización, con el respaldo de la fuerza económica de la renaciente China, tendrá la sabiduría para salvar el mundo mediante la apertura de la Casa de Moneda a la plata. Por desgracia, Occidente no estará entre los beneficiados.
Gente llorando de desesperación
Nuestros dirigentes gubernamentales que manejan nuestra moneda sin respaldo y los programas de crédito, no entienden que la gente puede enfrentar tragedia y desastre a raíz del colapso del sistema monetario. Hasta cuando se produzca tan devastadora catástrofe, procederán como si una Providencia especial fuera a proteger la nación del caos social y monetario en el cual la masa indefensa llorará de desesperación. La gente lo único que puede hacer es sufrir debido a que personajes ineptos, en el ámbito de la economía monetaria, arrojaron la Constitución al viento, usurparon un poder ilimitado, y tomaron posesión del sistema monetario de la nación.
Cuando una política monetaria de verdaderos estadistas se sustituye por la estupidez, la imprudencia, la irresponsabilidad, y los consiguientes malos ejemplos de comportamiento humano, la catástrofe y el caos asechan a la desafortunada nación atrapada en una de estas frecuentes tragedias de la humanidad.
Impostores cosen los invisibles vestidos del Emperador
El procedimiento común es evitar que científicos monetarios de actitud vertical, cuyos esfuerzos en favor de la masa indefensa de gentes son generalmente mirados con resentimiento, ridiculizados, perseguidos con impuestos y, a veces, sometidos a otras formas de castigo, como el ostracismo o algo peor. Al mismo tiempo los manipuladores de la moneda intentan persuadir al público que son hombres inteligentes y honorables que actúan en el mejor interés de la nación, basados en la más reciente evidencia científica. Estos personajes son agasajados con vinos y viandas, se les otorgan premios y distinciones, y son sujetos a toda clase de alabanza y agradecimiento. Los medios de comunicación y la prensa financiera no encuentran nuevos superlativos para calificarlos. Pero todo este bombo no cambia el hecho de que están alabando a impostores que fingen coser el traje nuevo del Emperador, "invisible para todos, menos para el sabio".
El Oro es anatema para el credo comunista, así como también para la ideología del dinero sin respaldo
Los Estados Unidos está ilustrando una vez más cómo una nación, cuando es suficientemente inepta y presuntuosa en el ámbito de economía monetaria, prosigue su curso basado en créditos impagables que terminan en angustia, tragedia y desesperación. A menos que, en el último momento, los dirigentes políticos occidentales de alguna manera lleguen a ver la luz, y abran al oro, primero que los chinos, la Casa de Moneda. No pregunte de donde vendrá el oro. Si los chinos deciden y logran atraer la plata, anatema a su credo comunista, entonces seguramente los seguidores de Keynes y Friedman podrían atraer el oro, anatema de su ideología del dinero sin respaldo.
Desindustrialización de los Estados Unidos
El dinero sin respaldo ha desindustrializado los Estados Unidos tan efectivamente como dos guerras mundiales y el mismo dinero sin respaldo a su paso ha desindustrializado a Alemania. Ese país tuvo que empezar a acumular su capital a partir de cero al final de la Primera Guerra Mundial, sólo para malgastarlo en otra guerra inútil que dejó al país en ruinas, dividida, y bajo ocupación enemiga. Pero Alemania, por lo menos en su parte occidental, al igual que la mitológica ave Fénix, renació de sus cenizas y se convirtió en el país más rico de Europa en 1965.
Porqué el milagro económico alemán ha renunciado a la moneda de oro
Según informe de la revista Newsweek del 11 de noviembre de 1957, bajo el título Oro para la Venta, el doctor Ludwig Erhard, Ministro de Economía de Alemania Occidental en 1947, estuvo contemplando abrir al oro la Casa de Moneda. Según el informe, dijo que "los alemanes prefieren el sonido de las brillantes monedas de oro al prosaico roce del papel moneda". Desistió por una sola razón: no quería avergonzar al rico y poderoso EE.UU., donde las monedas de oro eran tabú.
Tomando a sorbos mal disimulados del vaso de la inflación
Si la historia de Newsweek es cierta, Erhard cometió un error histórico. Intentar evitar una ofensa al poderoso plegándose a sus debilidades y falta de decoro, es un fenómeno que uno ve de vez en cuando en el comportamiento social. Erhard no quiso faltar al respeto a la potencia ocupante, según deja al descubierto su sistema de moneda corriente, introduciendo una moneda realmente respetable en Alemania Occidental. Prefirió que nos siguiéramos considerando a nosotros mismos “respetables como la mujer de enfrente”, mientras pereceamos en zapatillas en el dormitorio, abrazando a nuestra descuidada figura una amplia bata de moneda sin respaldo, el pelo revuelto, mientras seguimos "tomando a sorbos, sin ningún disimulo, del vaso de la inflación" para parafrasear las palabras de Harold Wincott en su escrito en el Financial Times de Londres (en el artículo No Laughing Matter (No es Cuestión de Risa), del 5 de octubre de 1954).
El incesante hablar de liderazgo en el Mundo Libre
Los funcionarios de los Estados Unidos han estado hablando incesantemente de su responsabilidad como líderes del Mundo Libre, y de sus inigualados conocimientos en todos los campos de la actividad humana. Sin embargo, aquí estamos invitados a uno de los más humillantes espectáculos. Alemania, un país derrotado, con indulgente tolerancia en la esfera de la ciencia monetaria, hace una elección inferior en la reforma de su sistema de moneda, por temor a molestar al poderoso líder a quien, en forma disoluta, le ha faltado liderazgo en el ámbito del dinero. Gran liderazgo para el Mundo Libre. Tanto más por sus conocimientos inigualados.
Flotación por hundimiento
Usted no necesita una guerra en su territorio para desindustrializar su país. Los Estados Unidos han logrado tal hazaña, pulgada a pulgada, desde 1971, estando por ese entonces en el apogeo de su poder industrial, que además, y no es sorprendente, coincide con la ruptura final entre el dólar y el oro. Lo más sorprendente de esto es que no se ha hecho nada para detener el descenso durante ese período. Las advertencias de los economistas monetarios han sido ignoradas, inclusive ridiculizadas. Los Estados Unidos persisten con el programa de Friedman de 'flotación por hundimiento'. El dólar ha sido objeto de continua y consciente degradación, una y otra vez desde 1972, a pesar del evidente daño que se hacía al capital industrial de los EE. UU.
La devaluación de la moneda corriente es auto-mutilación. La flotación es una devaluación disfrazada - como si las mutilaciones parciales fueran menos dolorosas. Sea como sea, la receta de Milton Friedman de flotación del dólar ha causado el mayor consumo de capital que se haya registrado en la historia. Ha convertido a los norteamericanos en prisioneros de la "gratificación instantánea". Se ha hecho caso omiso de una lección, aquella que muestra que, una vez que se consume, o se disipa, capital industrial, o de cualquier otro tipo, ya no puede ser restituido al clic del mouse (como si se puede hacer con el crédito mal usado).
No es la declaración de guerra, sino la declaración del oro como 'tabú' lo que destruye el capital industrial.
La verdadera causa de la desindustrialización de una floreciente potencia industrial no es la guerra sino la declaración del oro como tabú. Sin embargo, como el ejemplo de Alemania nos muestra, el proceso no es irreversible. Con una moneda sana respaldando sólidamente a productores y ahorradores, el país podría volver a regenerar su base industrial. Podría recuperar su capital industrial. Pero se necesita disciplina, reducción en el consumo, ahorro - y, sobre todo, liderazgo monetario.
Todavía no es demasiado tarde para reversar el tren de la destrucción.
Basta con abrir al oro la Casa de Moneda de los EE. UU.
1 de abril de 2008.
* Nota:
ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.
En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.
Más artículos del Profesor Fekete en su página Web: www.professorfekete.com
TRADUCIDO POR RODRIGO DÍAZ DE B
por Antal E. Fekete *
Universidad del Patrón-Oro
25 de marzo de 2008.
Hace setenta y cinco años este mes Franklin Delano Roosevelt inauguró su gobierno como Presidente número 32 de los Estados Unidos. Pocos días después de jurar hacer cumplir la Constitución de los EEUU, por medio de una Proclama Presidencial cerró al acuñe de monedas de oro en la Casa de Moneda de los EEUU. Recordemos que la Casa de Moneda había sido establecida por la Constitución para proteger el derecho de la gente a la posesión de dinero legítimo.
Roosevelt había sido elegido sobre la plataforma del dinero legítimo. Apenas instalado en su oficina, cambió de parecer. Confiscó el oro de las gentes, alteró el valor de conversión, y a cambio entregó billetes de la Reserva Federal los cuales han llegado a perder hasta un 95 por ciento de su valor en los años subsiguientes. Y se corre el riesgo de perder, en corto tiempo, lo poco que queda de ellos.
Esa experiencia dejó flotando un trauma moral que vuelve a abrumarnos 75 años después, incluso si el Establecimiento, los medios de comunicación, y aún la Academia, quisieran que olvidáramos este aniversario. No lo lograrán. Los pollos de Roosevelt no lo permitirán. Ha tomado a los pollos 75 años para volver a casa, a posarse a dormir. Su vuelta a casa la hacen con saña. Los pasados 75 años fueron un período de turbulencia inaudita en los mercados financieros. Nunca, durante estos 75 años había encarado la nación una crisis monetaria más grave que la que enfrenta ahora. El sistema bancario del país amenaza con reventar. El sistema de crédito afronta a un desplome violento.
Usted oirá muchas explicaciones acomodadizas sobre lo que ha sucedido, desde las hipotecas “subprime”, pasando por una política monetaria descuidada en la Reserva Federal, hasta la política fiscal de un gobierno derrochador. Sin embargo, hay una explicación que usted nunca oirá, ni del establecimiento, ni de la economía convencional, ni de los medios de comunicación. No mencionarán jamás al verdadero culpable, el dólar inconvertible. Está completamente establecida una tendencia a que casi todo empresario, legislador, jurado, e incluso pastor, vaya con la marea. Quizás tales personas confunden la posición y el poder con la sabiduría, o con la idoneidad en campos donde ellos no son competentes. Por lo que observamos, ni uno de nuestros líderes, ninguno de los jueces, ningún gerente de negocio es competente en el campo del dinero. No entienden que una crisis monetaria, tal como la que amenaza al dólar inconvertible en este momento, podría aniquilar totalmente el valor de su dinero. Está perfectamente claro que los Estados Unidos están en un problema muy grave porque ya no pueden producir los bienes necesarios para su sobrevivencia, ni los pueden comprar en los mercados de mundo, en un alto grado a causa del uso de su moneda inconvertible. Peor todavía, como consecuencia de haber escogido una moneda inconvertible tenemos una falta de honorabilidad sin precedentes en el gobierno. Los estándares de deshonestidad se riegan como cáncer a través de la nación, ya que personajes insensatos dan apoyo al uso de tal moneda.
Es difícil de encontrar una práctica monetaria inadecuada que no haya sido adoptada, de una u otra forma desde 1933 por los modernos John Law de las finanzas. En el siglo XVIII el aventurero escosés John Law se hubiera sentido completamente en casa entre los aventureros modernos que llevan el timón del Tesoro y la Reserva Federal de los EEUU.
Cuando la Casa de Moneda de los EEUU fue cerrada al oro por Roosevelt, en marzo de 1933, y el país se embarcó en el azaroso mar de la moneda manipulada, un gran número de individuos y organizaciones instaron a un pronto regreso al patrón-oro (que, créalo o no, entre ellos se incluye la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, el Concilio Consultor Federal, 37 miembros del staff de la Universidad de Columbia, y 710 miembros de la Asociación Económica norteamericana, para mencionar sólo unos pocos). La pregunta que surge es, ¿qué ha pasado con esas voces opuestas durante todos estos años? Algunos fueron callados mediante soborno y chantaje, o fueron simplemente corrompidos por un movimiento político al que encontraron improcedente oponerse. Aquellos individuos verticales que levantaron sus voces de protesta, por otro lado, fueron silenciados con el simple desgaste, el descrédito y aún con la muerte. No se les permitió llevar la antorcha hasta la próxima generación. Todo conocimiento acerca del dinero-oro fue purgado sistemáticamente de los currículos de las universidades e institutos de estudios avanzados y reemplazado por charlatanería seudo-matemática.
Por supuesto, se puede esperar que los grupos, generalmente controlados por lucro, cambien su posición con el mudar de las mareas políticas. Pero no hay defensa válida que puede ser ofrecida cuando hombres que fingen ser científicos pero que ajustan sus principios de acuerdo con los cambios en la moda política, o inventan ecuaciones diferenciales fraudulentas para supuestamente describir el comportamiento del dinero en manos de la gente.
Las políticas monetarias de quienes abogan por una moneda inconvertible han sido principalmente las de charlatanes. Los que hoy pasan por economistas monetarios o bien, no han entendido las lecciones del pasado; o han estado dispuestos a desecharlas como basura en aras de obtener tantas ganancias personales como puedan, repitiendo como loros la línea oficial de propaganda.
Una profunda y penetrante corrupción ha afligido a la ciencia monetaria durante los pasados 75 años, comparable al Lysenkoism en la Unión Soviética, ahora difunto. La única diferencia aparente es que los adversarios del enfant terrible de la genética soviética, Trofim Denisovich Lysenko, fueron relegados al Archipiélago de Gulag para nunca oír de ellos otra vez. Todavía, podrían pasar muchas décadas de doloroso esfuerzo para reparar el daño causado por el Lysenkoism, estilo estadinense, que ha borrado del mapa la ciencia monetaria norteamericana, alguna vez famosa y respetada mundialmente. El bienestar de nuestra nación, más bien, el del mundo entero, ha sido socavado gravemente por esta congoja. Está por verse si los científicos que conocen las lecciones del pasado y las prescripciones indicadas por la evidencia acumulada durante siglos pueden hacer algo de importancia para corregir esta triste situación. En este sentido la recepción que ha tenido la candidatura presidencial del Dr. Ron Paul no nos da muchas esperanzas.
James P. Warburg en su libro Hell Bent for Election (Garden City, N.J., 1935) el cual podríamos titular en Español como ¨Decisión Inquebrantable¨, cita un discurso de campaña dado por Roosevelt en Butte, Montana, el 19 de septiembre de 1932, como la base para valorar al hombre que violaría su promesa en un asunto tan importante, como lo es, el popular estándar monetario:
"Recuerda que actitud y método - la manera como hacemos las cosas, y no apenas la manera como las decimos - son casi siempre la medida de nuestra sinceridad". Este discurso auto-acusador fue omitido en la publicación de los “Papeles y Directrices de Franklin Delano Roosevelt” compilados por Samuel I. Rosenman, así también como otro discurso dado por Roosevelt en Brooklyn. Cito a Warburg:
'El 4 de noviembre de 1932, el Sr. Roosevelt hizo esta llamativa declaración: "Una de las tergiversaciones mas comúnmente repetidas por los Republicanos, incluyendo al Presidente, ha sido el reclamo de que la posición Demócrata con respecto al dinero no ha sido suficientemente clara. El Presidente tiene visiones de dólares de caucho. Esto es sólo una parte de su campaña del temor. No caracterizaré estas declaraciones. Solamente presento los hechos. La plataforma Demócrata declara específicamente: 'Respaldamos una moneda sana que será preservada de todos los peligros'. Esto es Inglés simple".
Esa declaración sólo podría significar, si algo significaba a los millones de personas que votaron por Roosevelt, una moneda bajo el patrón-oro. ¿Hay algún defensor del dólar inconvertible, aún entre los que tratan de transmitir la impresión de que la mayoría de la gente quería abandonar el patrón-oro en 1932, que tenga el valor moral para comentar sobre estos discursos? Roosevelt dijo más aún:
"A los empresarios del país, que combaten duramente para mantener su solvencia e integridad financieras, les dijo el Presidente Hoover, en lenguaje brusco, en Des Moines, Iowa, cuan cercano estuvo el país, hace algunos meses, de salir del patrón-oro. Esto, como ha sido demostrado claramente desde entonces, fue una difamación que afecta el crédito de los Estados Unidos… no se ha dado una respuesta adecuada a la grandiosa filípica del Senador Glass la otra noche, en que mostró cuán deleznable era esta afirmación. Y yo podría agregar que el Senador Glass hizo un desafío devastador que ningún gobierno responsable vendería al país valores pagaderos en oro si supiera que la promesa, sí, el convenio incorporado en esos valores, fuera tan dudoso como el que el Presidente de los Estados Unidos dice que fue".
Cito a Warburg:
'El 12 de marzo de 1933 - una semana después que Roosevelt había asumido la Presidencia, el Tesoro de Estados Unidos expidió $800.000.000 en obligaciones pagaderas "en moneda de oro de los Estados Unidos del presente estándar de valor" - el mismo convenio al que nos hemos referido en el párrafo anterior, del que hablaba Roosevelt pocos días antes de ser elegido. 'Valores adicionales fueron expedidos poco tiempo después incorporando el mismo convenio.
'El 7 de mayo de 1933, el Presidente Roosevelt, en una transmisión de radio al país, anunció su intención de repudiar este convenio. 'Y el 5 de junio de 1933, el convenio fue rescindido por el Congreso. 'El punto no es si concordamos o disentimos con el juicio o el razonamiento de Roosevelt. El punto es que si él tenía esa convicción con respecto a la cláusulas del oro y pensaba actuar sobre ese tema, nos parece que la gente tenía derecho de saberlo antes de que se les pidiera votar'.
Los Casa de Moneda de EEUU fue vuelta a abrir al oro después del lapso de la Guerra civil y la Reedificación, en el 2 de enero de 1879. Al celebrar el acontecimiento el General James A. Garfield dijo en su alocución en Chicago: "Oiremos todavía ecos del viejo conflicto, tales como ‘el barbarismo y la cobardía del oro y la plata' y 'las virtudes de dinero inconvertible'. Las teorías que les dieron luz permanecerán entre nosotros como fantasmas rezagados, pero pronto encontrarán el descanso en la tumba política de temas difuntos…"
Garfield advirtió que la "periódica manía" del papel moneda quizás se cierna sobre el país de vez en cuando. La fuerza que tiene el presente episodio de la manía aparentemente nunca antes había sido experimentada por nuestro pueblo. El fin de esta gran enfermedad no está todavía a la vista. Si las experiencias pasadas nos proporcionan una buena lección, entonces las consecuencias posteriores a nuestro fracaso al entender la naturaleza de esta manía, prometen ser muy dolorosas, incluyendo la mayor devastación monetaria y económica que el mundo haya visto jamás.
Orval W. Adams, alguna vez presidente de la Asociación norteamericana de Banqueros, en su artículo “Inflación, el Comején de la Civilización”, escribió en 1956: 'Abran la Casa de Moneda al oro. El oro es un regalo de un Creador Sabio al mundo. No hay substituto. Nunca lo habrá. Sin el oro como base para el intercambio doméstico e internacional, la civilización no podría haber surgido del período del trueque en la Alta Edad Media. El oro es el único seguro contra los políticos despiadados que desvalorizan y corrompen el intercambio de dinero y los sistemas monetarios de la gente libre del mundo. Repito, el oro es una bendición de la Sabia Providencia para prevenir la tragedia que viene después del uso de un medio de intercambio, manipulado políticamente, desvalorizado y corrupto. El patrón-oro es el guardián perpetuo en la torre del gobierno de los hombres libres, quien evita que el veneno del totalitarismo entre al torrente sanguíneo del dinero sano'.
En más de una ocasión el patrón-oro fue alegre, aunque prematuramente, enterrado. Una de estas ocasiones fue la 'oración fúnebre' ante de Cámara de Diputados de París durante la ocupación Nazi, pronunciado por uno de los altos funcionarios del partido nazi, quien declaró 'con profunda satisfacción interior' que 'el patrón-oro se encuentra ahora tan alejado de las realidades de la vida como la filosofía de la Revolución francesa: Libertad, Fraternidad e Igualdad entre los hombres…'
Cuando Roosevelt confiscó el oro de sus súbditos y los forzó a aceptar a cambio notas de crédito, o billetes, inconvertibles, el propósito fue dar al gobierno libertad para disponer a su antojo del producto del trabajo de la gente, al privarlas de la libertad de defenderse de las arbitrariedades del gobierno y de convertir el producto de su trabajo en oro si así lo deseasen. Al hacerlo, Roosevelt abrió de par en par la puerta a la tiranía del gobierno, la cual se ha manifestado en un nivel salvaje del gasto público, una pesada carga de impuestos, una moneda radicalmente depreciada, una inmensa deuda pública, un alto grado de socialización y un creciente manejo administrativo de la economía por parte del gobierno, y aún hasta en la suspensión de los derechos civiles.
Hoy muchas personas celebran la llegada del oro a los $1000. En su festivo humor la gente es responsable al olvidarse de la consecuencia siniestra de este importante hito. Es la realización del proyecto de Roosevelt de privar a la gente de la libertad de resguardar el fruto de su trabajo de las garras del gobierno al convertir su propiedad en oro. A $1000 por cada onza de oro, no hay muchas personas que pueden comprarlo para protegerse de la confiscación de los frutos de su trabajo. Oro a $1000 es un hito en el camino- en el camino al infierno.
* Nota:
ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.
En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.
El e-mail del Profesor Fekete es: [email protected]
TRADUCIDO POR RODRIGO DÍAZ