por Gustavo Abello - Periodista - Barranquilla, Colombia
Chávez no le tiene miedo ni a los estadounidenses, ni a Uribe, ni a un golpe de estado, ni a la prensa, ni a Vicky Dávila. Si algo tengo algo claro es que Chávez es un cobarde.
Cada vez que alguien se le enfrenta pasa de león a gatito en un segundo. Cuándo el Rey de España lo enfrentó en Chile se calló la boca; cuándo el ex-presidente Saca de El Salvador lo enfrentó públicamente, se acobardó y no asistió a la cumbre iberoamericana del 2008; cuándo Uribe lo amenazó con denunciar en las cortes internacionales por apoyo a grupos terroristas, llegó dócil y conciliador a la famosa reunión de la OEA en Santo Domingo en el 2008.
Con Suecia no ha roto relaciones diplomáticas, a pesar que son ellos quiénes están pidiendo las explicaciones sobre las armas que le dio a las FARC, porque a los europeos los respeta.
Estoy seguro que Chávez no le tiene miedo a los Estados Unidos porque él sabe perfectamente que nunca lo van a invadir. En el imaginario escenario que Estados Unidos necesitara desesperadamente el petróleo venezolano, que no es el caso, ellos no necesitarían invadir Venezuela para obtenerlo. Chávez se los está vendiendo a un precio tan barato, que saldría diez veces más caro ir a tomarlo por la fuerza.
No solo eso, Chávez no tiene a mas nadie a quién vendérselo. Créanme que ya lo hubiera hecho si pudiera. El petróleo de Venezuela es muy denso en azufre y solo puede ser procesado en refinerías acondicionadas especialmente para ese tipo de petróleo. Y en el único país dónde pueden procesar esos volúmenes es en Estados Unidos.
En el 2001 cuándo Chávez amenazó con no venderle más petróleo a Estados Unidos, Condoleezza Rice se burló de él diciéndole que “entonces se lo tendrá que comer”. Es que no tiene a más nadie a quién le pueda vendar esas cantidades y Venezuela es una economía totalmente dependiente del petróleo.
Si de verdad Estados Unidos quisiera acabar con Chávez y su revolución, solo tiene que dejar de comprarle petróleo y traerlo de Irak o sacarlo de sus propias costas. Chávez sabe que no hay un solo motivo para una invasión americana, ese es un viejo argumento que Castro usó con éxito para comprar armas y usarlas contra su propio pueblo. Y Chávez está haciendo exactamente lo mismo.
Chávez no le tiene miedo a Uribe porque sabe que es un hombre correcto que jamás va a hacer las misma fechorías que él comete. A su propio pueblo ya Chávez le perdió el miedo. La voluntad de la oposición venezolana está casi doblegada y los siento desesperanzados y sin fuerza.
Y no los culpo, lo que esa gente está pasando es horrible. Y no será del ejército venezolano de dónde saldrá un golpe de estado, ya que Chávez los tiene bien controlados. Los tres poderes de la democracia que deberían ser independientes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, están bajo su dominio. El cuarto poder que es la prensa, está muy diezmado en Venezuela. La democracia en Venezuela es una simple farsa.
La prensa internacional, las ONG, los Estados Unidos, Europa y la comunidad internacional en general, ya se aburrieron de los abusos de Chávez y ni siquiera le ponen atención. Así que Chávez sabe que nada van a hacer contra de él. No les tiene miedo. Si no pudieron con Fidel Castro que era tan solo una isla pequeña, menos con él y sus barriles de petróleo.
¿Entonces a que le tiene miedo Chávez? ¿Porqué tanto escándalo?
A diferencia de lo que muchos creen, los petrodólares de Chávez no son suficientes para la famosa revolución bolivariana. PDVSA está en dificultades serias. Desde que nacionalizaron la explotación de petróleo, la capacidad extractora de Venezuela viene disminuyendo cada año.
Los pagos de PDVSA están atrasados como 8 meses y muchas empresas que les proveen servicios les están apretando las tuercas para que pague sus deudas atrasadas. Se han quedado sin inversión extranjera y el futuro del negocio del petróleo no está tan claro para Venezuela cómo muchos creen. Solo basta leer a algunos expertos en el tema para saber que aunque tengan las famosas reservas de las que Chávez habla, no tienen ni el dinero ni la tecnología para extraer ese petróleo.
Además, los dineros oficiales no pueden ser utilizados tan fácilmente para las actividades ilegales de Chávez. Para mandarle plata a Correa, a Zelaya, a Evo, a Ortega, a Ollanta, a Piedad Córdoba, etc.…, Chávez necesita de un efectivo muy grande que no pueda ser detectado por los sistemas bancarios tradicionales. El efectivo que Chávez necesita para la expansión de su movimiento comunista, lo obtiene de sus alianzas con los narcotraficantes.
Permítanme solidificar este punto. La famosa maleta con el millón de dólares que le dieron a la Presidenta de Argentina en su campaña, no vino de PDVSA. Era proveniente de operaciones de lavado de dólares, cómo quedó consignado en el juicio realizado en Miami al respecto.
El general venezolano Hugo Armando Carvajal (Director de la División de Inteligencia Militar) ha sido el único jefe de servicios de Inteligencia Militar de América Latina al cual Estados Unidos le ha aplicado la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros de la Droga (1999), conocida como Ley Kingpin.
Además el General Carvajal figura desde hace 11 meses en la famosa "lista Clinton" (la misma dónde encuentran los Rodríguez Orejuela) y por lo tanto tiene congeladas sus propiedades y cuentas en Estados Unidos y no puede celebrar negocios con entidades de ese país en ninguna parte del mundo. Estamos hablando de un general venezolano.
En este mes, el Washington Post Journal publicó un artículo con información al respecto de la relación de Chávez con el narcotráfico, el cual relaciono a continuación: “Un informe de julio de la Oficina de Auditoría General de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés) halló que Venezuela se ha convertido en una ruta de tránsito de cocaína colombiana, 60% de la cual es exportada por las FARC. La GAO también encontró que altos miembros del gobierno de Chávez y del ejército venezolano son cómplices. ‘Según los funcionarios de Estados Unidos, la corrupción dentro de la Guardia Nacional de Venezuela representa la amenaza más significativa porque la Guardia le reporta directamente al presidente Chávez y controla los aeropuertos, fronteras y puertos de Venezuela’, dice el documento de la GAO.” [1]
En la misma lista Clinton aparecen otros dos ex funcionarios del gobierno de Chávez: Henry de Jesús Rangel, ex director de la Policía Política, Disip, y el capitán de navío (r) Ramón Emilio Rodríguez Chacín, ex ministro de Justicia y del Interior.
Este último es conocido como el contacto de Chávez con las Farc. Estos dos individuos se aliaron con un cartel de narcotraficantes en Arauca, conocido como el “Clan de los Hermanos Ríos” y con el frente décimo de la guerrilla.
Lo más grave de todo esto, es que los delitos que se les imputan fueron cometidos cuándo eran miembros activos del gobierno de Chávez.
Todavía hay más… José Ignacio Chauvín, quién es el ex subsecretario de Coordinación Política del presidente de Ecuador, está siendo juzgado por sus nexos con el clan de los hermanos Ostaiza, conocidos narcotraficantes. Según las evidencias obtenidas en correos del computador de Reyes, estos señores le enviaron $400.000 dólares a la campaña de Correa a pedido de las Farc. Esa es exactamente la misma cifra que Correa nunca pudo explicar su origen, cuándo auditaron las cuentas de su campaña.[2]
Chauvín era la mano derecha del ex-ministro del interior de Ecuador, Gustavo Larrea. En los diarios de Chauvín se encontraron las famosas pruebas de las reuniones de Larrea con las Farc de las cuáles supuestamente Correa no sabía nada. Todo esto ocurrió mientras ambos eran miembros activos del gobierno del Ecuador.
Y más aún… En las cartas de Reyes se encuentran detalles de la relación de las FARC con El Partido de Unificación Democrática (UD) de Honduras. Este es el único partido de Honduras que apoya el regreso del presidente Zelaya. Recientemente el gobierno de facto de Honduras mostró pruebas de dineros enviados por las FARC a este grupo, para financiar las famosas demostraciones a favor de Zelaya (que por cierto son bien anémicas).
Honduras es el puente obligado para que los aviones cargados de droga se reabastezcan con gasolina, antes de llegar a México y Estados Unidos. En Honduras hay un convenio entre el gobierno y los Estados Unidos para operar la base Soto Cano. Al mismo estilo del convenio que tiene Colombia con Estados Unidos en el marco del Plan Colombia y que está próximo a ser ampliado. La base de Soto Cano es la sede de la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” (JTF-B) de Estados Unidos, compuesta por efectivos del ejército, las fuerzas aéreas, fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento número 228 de la aviación estadounidense.
Son aproximadamente 600 personas y 18 aviones de combate, incluidos helicópteros UH-60 BlackHawk y CH-47 Chinook. Es también usada para operaciones anti-drogas. ¿Por qué creen que Chávez está tan obsesionado con Honduras? Porque es ruta obligada del narcotráfico y esa base es otro dolor de cabeza. Y la única forma de sacarlos de ahí es con la llegada de la revolución bolivariana.
Si algo tienen en común Chávez, Correa, Evo, Ortega y Zelaya, es que odian a la DEA. Han hecho de todo para torpedear su trabajo. Estos cinco necesitan el dinero de la droga para financiar sus planes expansionistas, ahorrar para la vejez y mantenerse fuera de problemas judiciales y rastreos de cuentas.
Con ese dinero ilícito pueden comprar conciencias, financiar campañas políticas, armar a las FARC y desestabilizar gobiernos. Y nunca nadie en América Latina podrá probarles nada. El mayor enemigo que tienen el narcotráfico y los aliados de Chávez, son los aviones del gobierno de los Estados Unidos.
Esos aviones tienen una tecnología de espionaje tan avanzada, que supera la más febril de las imaginaciones. Con esa tecnología han interceptado las comunicaciones de las FARC, hasta el punto que les toca utilizar correos humanos. Con esa tecnología engañaron a las FARC en la famosa operación Jaque dónde liberaron a Ingrid Betancourt. De ahí salen las pruebas para los casos judiciales de los funcionarios del gobierno venezolano y ecuatoriano.
El avión P-3 Orion [3] detecta los submarinos con los cuáles están llevando la droga a México. A los narcotraficantes les cuesta millones de dólares al año la presencia de esos aviones en la costa pacífica colombiana. Mientras esos aviones estén sobre cielo colombiano, Chávez, Correa y las FARC, están expuestos a que les descubran todos sus planes diabólicos.
¿Se imaginan todo lo que podrían hacer estos pillos sin la vigilancia americana sobre Colombia y Honduras?
A lo que le tiene miedo Chávez es a que termine en una cárcel de Estados Unidos, tal cómo terminó Manuel Noriega el ex-dictador de Panamá. Esos aviones están todo el día escuchando conversaciones, interceptando radios, monitoreando actividades. Y su radio de alcance no se detiene en la raya de la frontera de Colombia con Venezuela o Ecuador.
De ahí saldrán todas las pruebas para que en el futuro Chávez sea procesado por narcotráfico, lavado de dólares, etc...
¿Se pueden imaginar ustedes cuánto dinero pueden estarle ofreciendo los capos del narcotráfico a Chávez para que haga hasta lo imposible para sacar esos aviones de ahí? Con esa plata financiaría cómo tres revoluciones bolivarianas juntas.
Detrás de todo este show de Chávez están los grandes capos de la droga con su dinero maldito y corruptor. Aliados con Chávez y sus compinches, estos mafiosos están desestabilizando la paz de América Latina. Algo en menor escala ya lo vivimos en Colombia, solo que esto es una mega versión latinoamericana de nuestra guerra contra las drogas.
Ya sé que este artículo está muy largo, pero hay un punto más. Mientras esos aviones americanos estén volando sobre Colombia, los famosos Sukhoi son tan peligrosos como los avioncitos de papel que tirábamos en el colegio en la clase de geografía. Los aviones de guerra tienen un radar con alcance limitado, básicamente vuelan a ciegas en misiones de largo rango. Necesitan de la ayuda de radares militares para identificar los aviones enemigos y Venezuela no tiene esos radares.
En el hipotético caso de que la Fuerza Aérea de Venezuela quisiera realizar una operación contra Colombia, los aviones serían derribados por un misil que ellos nunca sabrían de dónde salió. Aunque Colombia solo tiene 5 radares militares de corto alcance, los aviones E-3 americanos (los del radar enorme sobre el fuselaje) [4] pueden cubrir el territorio colombiano con gran facilidad. Ellos detectarían los Sukhoi con la anticipación necesaria para organizar una defensa apropiada.
De ser derribados los Sukhoi, nadie podría probar jamás si los mísiles usados venían de un K-Fir colombiano o de un F-22 americano (conocido como el avión invisible). Y Chávez lo sabe. Todos los millones que se gastó en esos aviones son inservibles para sus planes expansionistas mientras los aviones americanos estén en cielo colombiano. Así que para Chávez esos aviones representan el mayor impedimento para sus planes malévolos. Y va a hacer hasta lo imposible por sacarlos de Colombia y de Honduras.
Pero esta vez se equivocó de país. En Colombia las cosas son a otro precio.
P.D. Respuesta al vicecanciller para América Latina y el Caribe, Francisco Arias Cárdenas, cuándo se preguntaba “¿Cómo una pulga puede parar a un elefante?”, al referirse a que Colombia no podría controlar al ejército de Estados Unidos cuándo estos se encuentren en las bases colombianas.
Esta es mi respuesta para usted, señor Cárdenas: ¿Por qué necesitaría un elefante de la ayuda de una pulga, para pisar otra pulga mas pequeña?
Fecha: martes, 13 octubre, 2009 7:25
Esta en total desacuerdo con lo que publicaron sobre Honduras
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Mi querido Thor: La nota de HRF sobre los sucesos de Honduras no reflejan la verdad ni relatan históricamente los hechos tal y como sucedieron. Estoy ahora en Italia, no tengo mucho tiempo para un análisis más extenso. Pero el Presidente Zelaya fue y es un traidor a la Democracia. Fue electo engañando a sus compatriotas y cuando con ese engaño llegó al poder, giró ideológicamente y comenzó su plan para cargarse la Democracia en Honduras como lo hizo Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y Correa lo está haciendo en Ecuador. Zelaya forma parte de la gran conspiración neocomunista que pretende apoderarse de América Latina.
La estrategia ha sido la misma: llegan al poder con elecciones, después, cambian la Constitución, disuelven los parlamentos y se perpetúan en el poder y terminan declarándose marxistas, como Evo Morales.
Lo que Zelaya trató de hacer para estos planes era ilegal. Quiso cambiar la Constitución para reelegirse. La Corte Suprema le advirtió que esa maniobra era inconstitucional y por lo tanto ilegal. El Congreso también le señaló que su pretensión violaba la Constitución hondureña y por lo tanto era ilegal. Con el apoyo y el dinero de un gobierno extranjero (todo el material electoral llegó desde Venezuela en un avión que envió Chávez).
No obstante las advertencias de la Corte Suprema, siguió con sus planes de cargarse la Democracia en su país, donde imperaba la ley y en base a ese imperio de la Ley, la Corte Suprema le ordenó al Ejército, (que no está para defender al Presidente, sino a la Constitución, ) que arrestara y expulsara del país a Zelaya. Eso no es un golpe de Estado, no hay militares gobernando en Honduras. Mientras la OEA vio como Zelaya iba actuando ilegalmente, no dijo una palabra, cuando la Corte Suprema le advirtió era ilegal su pretensión la OEA y los que hoy se rasgan las vestiduras, contemplaban en silencio cómplice como este traidor de Zelaya trataba de hundir a su país en el totalitarismo y que se convirtiera en otra Venezuela, en otra Bolivia o en otra Cuba.
La Declaración de la HRF es históricamente incorrecta, dejándose llevar por la cobarde complicidad de los que por falta de valor dejan de hacer o no se atreven a decir las cosas como son. Nada supe de que esa declaración, ni de su publicación de la cual he sabido aquí en Italia.
Por esa razón, por mi desacuerdo absoluto con esa nota, renuncio de forma irrevocable a mi cargo de Chairman de Human Rigths Foundation y también a cualquier cargo en la misma ya sea de miembro del Directorio Internacional o cualquiera otro. Te ruego como Presidente que estás a cargo del quehacer diario de HRF des curso a esta renuncia mía, que yo también lo haré por mi parte.
Armando Valladares
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por Fernando Londoño Hoyos
Quedaron atrás los discursos interminables, los desplantes, las promesas vagas y las mentiras piadosas. Diez años después de la posesión de Hugo Chávez como Presidente de Venezuela, al pueblo no le queda más remedio que afrontar su desoladora realidad.
Ese esfuerzo elemental de conciencia crítica debió hacerse hace mucho. Pero las masas enardecidas en las calles piensan muy poco. Mucho antes que Chávez, lo descubrieron Mussolini y Hitler, esos dos maestros insuperables en el arte de manejar las turbas.
La sicología de las masas es una materia apasionante de la ciencia política. Porque cuesta entender que una gente rica se deje arrastrar a los sótanos de la miseria sin intentar una protesta, sin dejar siquiera una constancia. Pero así pasan las cosas. Entre discursos baratos y gestos histriónicos, Fidel Castro trajo a los cubanos hasta los confines de la indigencia y sólo lo notaron los que tuvieron el valor de arrostrar los peligros de una mar embravecida antes que soportar los delirios de un megalómano detestable.
Pero ahora nuestro caso es la Venezuela de Hugo Chávez. La que sólo ha tenido espacio para oír discursos de la peor catadura, vestir camisetas rojas y vociferar consignas contra el imperio satánico, contra los ricos, contra los curas, contra los vecinos, contra todo el mundo.
¿Qué ha quedado después de todo eso?
Pues algo parecido a lo de siempre. Si en uno de sus últimos esfuerzos pedagógicos Castro enseñaba a los cubanos el uso de la olla arrocera, la última novedad de su grotesca tecnología, Chávez tiene que dar clase sobre cómo bañarse en tres minutos.
Por supuesto que no hay agua. Porque en diez años no huboespacio para construir presas donde almacenarla en los veranos previsiblemente largos. Los cuasi infinitos recursos petroleros se fueron en apoyar elecciones de amigotes, en consentir robos de la "boliburguesía" y en un inconcebible carnaval de ineptitud e ineficacia. Pero algún consuelo habrían de tener los venezolanos. Y es que su angustia no se limita a carecer de agua para bañarse, sino que tampoco tienen luz para trabajar, para cocinar, para combatir los calores insufribles con un poco de aire acondicionado. Porque en el país más rico en petróleo de todo este Continente, faltando el agua tampoco se construyeron termoeléctricas. Ni agua, ni luz. Es la combinación perfecta de males para desesperar a cualquiera, pero sobre todo el síntoma de un aterrador balance de esta sustitución de la administración pública por el folclor comunista en el poder.
No teniendo agua para bañarse ni energía eléctrica para sobrevivir en este siglo de la industrialización y la tecnología, a los venezolanos les quedará espacio para meditar en lo que les ha pasado. Y advertirán con horror que su producción petrolera se ha venido a pique. Que sus puertos, sus carreteras, sus aeropuertos son los de hace diez años, pero diez años más viejos. Que el suyo es el país de la mayor inflación de América y que el costo de vida terminará por asfixiarlos. Que ya no producen nada y que tienen que comprarlo todo si no quieren ver vacíos los estantes de sus mercados. Que de sus reservas internacionales nada queda y que de tanta fanfarronada solo aparecen en el balance unos aviones ultrasónicos que no sirven para atrapar al ladrón, al atracador, al asesino transeúnte, que son los únicos enemigos verdaderos en su dramática perspectiva de las cosas.
Venezuela está despertando de su larga pesadilla. Y aún entre la simplicidad de las masas chavistas, entenderán que no les falta agua por las piscinas de los ricos, ni luz por los aires acondicionados de los centros comerciales.
Y descubrirán que mientras gritaban en las calles se les robaron entero su país, el más rico de toda esta América.
por Mario Vargas Llosa
Publicado en edición impresa de La Nación el Sábado 25 de julio de 2009
Ahora bien, sentado este principio, que la interrupción de la democracia por una acción militar no es justificable en ningún caso, es preciso analizar lo ocurrido más de cerca y con prudencia, porque en este golpe de Estado, como en la famosa "cena de las burlas", nada es lo que parece ser y la frontera entre la verdad y la mentira resulta más escurridiza que una anguila.
Tal vez más que la acción misma del asalto a la residencia del jefe de Estado hondureño haya que reprochar a los militares, y a los jueces que les dieron la orden de hacerlo, que, con semejante atropello, hayan convertido en víctima de la democracia, y poco menos que en héroe de la libertad, a un demagogo irresponsable como Mel Zelaya, quien, en violación flagrante de la Constitución que había jurado respetar, se disponía a llevar a cabo un referéndum para hacerse reelegir, una pretensión que fue condenada por la Corte Suprema y la Fiscalía de la Nación, y por la que el Congreso hondureño había iniciado un proceso para destituirlo como jefe del Estado. Este era un procedimiento legítimo en defensa de la democracia que la acción militar frenó y desnaturalizó, sembrando una confusión de manicomio.
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| Fecha: 08/08/2009 - Autor: Alberto Mansueti |
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¡No tenga miedo a las palabras “capitalismo” ni “Derecha”! Si a la economía libre la llaman “capitalismo liberal”, pues asumamos su defensa, ¿y qué? Y si los propulsores del socialismo se llaman de Izquierda, entonces los del capitalismo somos de “Derecha”, ¿y qué?
En eso los socialistas no son acomplejados, y una de las razones de su amplio predominio es que nos endilgan a nosotros los calificativos de “capitalistas” y “derechistas” como epítetos infamantes, y no los reivindicamos: por eso nos tiran a la lona en el primer round. Pero otro gallo cantara si asumimos nosotros esos términos. Y los clarificamos y matizamos: así como hay muchas clases de izquierdas, democráticas y revolucionarias, así también hay muchos tipos de derechas, mercantilistas y liberales.
Los socialistas ahora no tienen exactamente las mismas ideas que antes -ni sus oponentes- pero no es cierto que los términos Izquierda y Derecha hayan perdido vigencia, o esos conceptos se hayan desactualizado. Aunque para comprender bien sus significados conviene rastrearlos desde su origen, a fines del s. XVIII, en la revolución industrial inglesa, y en la revolución democrática francesa.
#) “Capitalismo” es el sistema de economía libre y Gobierno limitado (“gendarme nocturno”), que en el pasado hizo ricos a países muy pobres hace 300 o 200 años: Suiza, Holanda, Escocia, Inglaterra. Se basa en la libre y abierta competencia, con igualdad de oportunidades jurídicas. Sin ser perfecto -nada humano lo es- es muy superior a cualquier otro en orden a permitir la creación de riqueza para todos.
#) Estatismo es el sistema contrario, el de siempre en Latinoamérica, excepto en parte entre 1880 y 1930.
El estatismo viene en dos variedades: mercantilismo y socialismo; el primero es malo, y el segundo es peor. Mercantilismo es un sistema de privilegios para oligarquías económicas, que permite crear riqueza sólo para unos pocos, y el resto sigue en la pobreza. Y la pobreza se junta con la ignorancia, y engendran el socialismo, sistema de privilegios para oligarquías políticas, que no crean riqueza para nadie sino que destruyen la poca que hay.
#) El socialismo debe ser analizado y juzgado por sus resultados reales, y no por aquellos supuestos logros ideales que sus partidarios dicen perseguir, de palabra y en el papel, en sus discursos, sermones, clases y charlas.
Hay dos subespecies de socialismo: el reformista, democrático o girondino (menchevique), que se impone mediante la propaganda engañosa; y el revolucionario o jacobino (nazi o comunista: bolchevique), que usa la presión y las armas: stalinista, mussolinista, hitlerista o maoísta.
Mediante el proceso político -el toma y dame del estatismo- las izquierdas blandas y las derechas antiliberales combinan socialismo democrático con mercantilismo, creando y repartiendo privilegios para oligarquías políticas y económicas a la vez. Siempre fracasan.
Y tras los inevitables fracasos de estas combinaciones irrumpe siempre el ala más dura, comunista y radical. Así es p. ej. otra vez en Venezuela, Bolivia, Ecuador o Paraguay, con Presidentes que ahora la clase media repudia, pero que como candidatos contaron con buena parte de sus votos.
#) “Izquierda” se llamó durante las sangrientas revoluciones europeas de 1789, 1820, 1830, 1848, 1871 y 1917-18, a la fuerza ideológica y política que en nombre del socialismo atacó violentamente el Gobierno limitado, el capitalismo y la propiedad, la ética socialmente aceptada (“victoriana”) y las instituciones tradicionales: matrimonio, familia y religión. En estas trágicas masacres asesinaron aldeas completas de gentes, y diezmaron pueblos y villas, y barrios o sectores enteros en muchas ciudades.
#) “Derecha” se llamó desde entonces a la muy heterogénea alianza de factores sociales, económicos, religiosos, militares y políticos que reaccionaron (“reaccionarios”) resistiendo con determinación y vigor a las izquierdas: elites urbanas, clase media de las villas o burgos (“burguesía”), Iglesias, ejército, los monárquicos (constitucionales y absolutistas) y los tradicionalistas y conservadores. Y liberales. Pero también mercantilistas.
Sin embargo, ya en el s. XX -desde las revoluciones mexicana (1911) y rusa (1917)- las derechas se perdieron en nostalgias románticas y defensas de privilegios, y fueron incapaces siquiera de poner contención a las izquierdas.
#) Y emergieron dos facciones ultrasocialistas: las del fascismo y socialismo nacional, y las del comunismo o socialismo internacionalista (“proletario”). Las segundas acusaron falsamente de “derecha” (¡extrema!) a las primeras. Pero no hubo grandes diferencias; sólo lucha por el poder. Sean camisas rojas, negras o pardas, sus “logros” fueron hambre, miseria, opresión, guerras sin fin, campos de concentración, torturas, muerte y sufrimientos. Balas y sangre. Pol Pot.
#) Aunque después de 1945 se fue imponiendo el demosocialismo de camisa blanca, en sus ediciones escandinavas, anglosajonas -laborismo o new deal- o a la francesa, y árabe, sionista, iberoamericana, negras, tercermundistas, etc. Tampoco hubo muchas diferencias, y no mucho mejores fueron los frutos observables: -- estatismo: Estado intervencionista, ineficiente y parásito; -- gasto público desbordado, con impuestos exorbitados, y en muchos casos astronómicas deudas estatales; -- degradación de la moneda e inflación de precios, y con alto desempleo; -- regulaciones paralizantes y anticompetitivas, con improductividad e ineficiencia en las empresas privadas; -- inseguridad en las calles, injusticia en los tribunales, y corrupción galopante; -- y por último, pero no menos destacable: medicina y educación políticamente subordinadas a los Gobiernos y de calidad muy pobre, y jubilaciones y pensiones indignas y miserables.
Es cierto que la derecha mercantilista favorece los privilegios, injustos y por ende inmorales. Pero la derecha cristiana y liberal, defiende la propiedad privada contra las expropiaciones, invasiones, robos y secuestros; la ley y el orden contra la criminalidad y la anarquía; el trabajo, el ahorro, la inversión y la producción contra el populismo y el distribucionismo; la creación de riqueza contra la pobreza; y la familia contra su depauperación y desaparición. Nada de malo.
#) ¿El “centro”? Es el intento de esconderse en una fórmula de compromiso, en la práctica siempre estatista, mucho menos que óptima, e intrínsecamente inestable. O es un subterfugio para evitar la definición.
alberman02@hotmail.com
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Un miembro de mi familia, de innegable ideología colectivista, me dijo tiempo atrás: "Tú crees que a mí me puede gustar esta situación de estancamiento y pobreza en que vive tanta gente mundialmente? Te parece que yo puedo estar en contra de elevar su nivel de vida?" A lo cual contesté con otra pregunta: "Cómo conjugas lo que dijiste con ese constante empecinamiento en adherir a ideologías políticas y económicas que justamente provocan y sostienen este estancamiento económico y social que condena a tanta gente a vivir en la miseria?"
Murmuró algo de que creía en lo que los colectivistas prometen y agregó que el hambre y la desesperación son el resultado de capitalistas ávidos que arrebatan toda la riqueza mundial mientras que el socialismo, si solamente se le dejase actuar, podría remediar fácilmente esta situación. A mi comentario de que en los países industriales las personas alcanzan un nivel de vida bastante cómodo y que, además, lo que producen colabora en gran medida a aliviar situaciones que serían sino muchísimo peores, contestó con la ya antiquísima convicción de que los países ricos son ricos porque roban todo lo que los países pobres tienen mientras que los países pobres lo son porque… oh, ya conocemos toda esa palabrería, porque la hemos leído y oído millones de veces por parte de gente que ha hecho y hace todo lo posible por difundir la noria del arroró contra el Capitalismo, que todavía no existe pero que es el único sistema económico por el cual las personas alcanzan el nivel de lo que se llama "una existencia humana civilizada".
Yo pensé en lo que Marx mismo dijo en su "Manifiesto Comunista" de que la burguesía (como se llamaba al Capitalismo en ese entonces) incrementó la riqueza de los pobres en el corto período de 100 años, pero me pareció inútil tratar de cambiar la mentalidad de una persona que quiere quedar adherida a conceptos falsos. De todas formas, yo había meramente tocado el punto neurálgico de todo colectivista, la gran contradicción interna que le prohíbe conectarse con la mecánica del bienestar: el deseo inherente de permanecer atado al arroró que le susurra el veneno de sus mentiras. Hay personas que simplemente no quieren entender que la libertad personal, el empuje personal de querer mejorar la propia existencia, el aprendizaje, la adquisición de conocimientos, el deseo de resolver los problemas existentes, que frecuentemente mueve a un cerebro dado a producir un invento que permite crear más riqueza para todas la personas que se benefician con la invención involucrada, es la mecánica requerida para construir un nivel de vida más elevado.
Pensé en Josiah Wedgwood creando una vajilla de cerámica blanca que la persona común podía adquirir a alrededor de un chelín por pieza en la época en que Wedgwood encontró la forma de cómo fabricarla, pero los colectivistas permanecen incólumes ante cualquier avance a una vida mejor. Sueñan con eliminar a la sociedad industrial para poder regresar a lo que creen que han sido los tiempos pastorales que nunca existieron, una fábula de pobreza y oscuridad como revelaron las primeras fotografías de la vida rural. Todavía estoy esperando a que algún entusiasmado Verde invente un aparato nuevo, asombroso y particularmente económico para extraer una fuente de energía hasta ahora desconocida de la naturaleza, pero aparentemente el ingenio y la inventiva de un John Galt no son una característica común entre estas personas.
La insistente devoción a las premisas del colectivismo revela un empecinado rechazo de la realidad y una adherencia a visiones fantásticas. En consecuencia, comparten con quienes adhieren a la religión el mismo fundamento psicológico: el deseo de evadir la responsabilidad personal, el rechazo a adquirir una visión positiva de ésta sola y única vida que tendremos en toda la eternidad y la esperanza de que algo más grande que nosotros mismos y que se encuentra más allá del universo ha de proveer los medios de supervivencia. Un deseo de regresar al vientre materno, donde Mamá se ocupaba de todo, es la añoranza no expresada. La realidad, que se encuentra permanentemente presente, es rechazada como destructora de los deseos idílicos. Los impostores profesionales, muchos de los cuales han sucumbido a su autoengaño, utilizan estas nostalgias generalizadas para obtener sus propias metas de poder y riqueza sobre sus compatriotas. Forman el conjunto de mandamases religiosos y políticos colectivistas. Adhieren y representan a la misma ideología. Persiguen la misma meta de dirigir al ciudadano crédulo. Cuando no pueden obtener la adhesión voluntaria para sus deseos sociales y/o místicos acuden, por éste y muchos otros motivos, a la violencia.
Pero la realidad no se aparta. Se niega a ser echada de lado, lo cual produce una contradicción en términos que, como tal, origina una oposición y un conflicto que es inevitable, necesario e inamovible.
Las existentes autoridades auto-establecidas asumieron automáticamente la forma de vida típica de los animales irracionales que precedieron a la especie de seres racionales producidos por la evolución. Mientras no existiese un marco social distinto de aquél que es típico de los animales irracionales, las autoridades auto-establecidas no hallaron o, al menos, hallaron poca oposición y, en consecuencia, no tuvieron mucho que temer. La mayoría de la población obedecía y quienquiera que se atreviese a levantar la voz era rápidamente eliminado. Más aún, dado que el entorno social requerido por los seres racionales tardó en desarrollarse, ya que la evolución procede lentamente, la posición imperativa de las autoridades auto-establecidas no fue desafiada. De hecho, continúa siendo así en la mayor parte del planeta, especialmente en aquellas sociedades que apenas, si es que de manera alguna, pueden considerarse civilizadas, por más que deseen serlo. A pesar de ello y por lenta que fuese la evolución, el tamaño del cerebro y su relación con el organismo que lo contiene, continuó creciendo, lo cual produjo una situación en la que ya no se pudo ocultar los hechos. El descubrimiento de cómo hacer fuego y la invención de la rueda, los primeros rudimentos de las matemáticas en Babilonia, Egipto, China, la India y Grecia, los primeros logros de la arquitectura, el comienzo de la cirugía en Egipto, etc., y, más tarde, el cruce de la frontera que habría de producir lo que se llamaría el Renacimiento, todo esto llevó directamente al momento cuando en Virginia, hace aproximadamente 350 años, se concibió y desarrolló no sólo la idea sino el concepto mismo de la individualidad. A partir de ahí el desafío de la nueva forma del medio social frente a la antigua forma de vida se hizo evidente.
Fue éste el momento en que el grupo más avanzado de seres humanos habría de iniciar la revolución contra el misticismo y la existencia en manada. Tal como lo demuestra a diario la historia, estamos cruzando ahora el tiempo de transición hacia la etapa de individualización total. El momento de la confrontación final con quienes quieren detener el avance de la humanidad para enviarla de regreso a lejanas creencias y la vida en manada resulta ineludible.
El actual resurgimiento de las religiones y demás sectas esotéricas, el recrudecimiento de la oposición islámica al mundo moderno y su intención de destruirlo mediante la violencia ilimitada y una también ilimitada producción de niños, son claros indicadores de que la individualización y los derechos humanos inherentes al nuevo tipo de sociedad han sido claramente reconocidos por quienes adhieren a una forma de vida irracional. Correctamente los reconocen como destructores de viejas costumbres que desde hace ya mucho tiempo han dejado de tener toda vigencia para el ser humano racional.
El camino hacia la plena, responsable y productiva libertad personal significa una revolución contra el autoritarismo colectivista, correspondiendo el autoritarismo colectivista a la mentalidad de aquellas sociedades que se encuentran ancladas en el pasado, donde grupos de dirigentes reúnen los beneficios de riqueza y poder extraídos de una población mantenida y tratada como esclavos y siervos que deben sostener a los dirigentes. Esta forma de "existencia tradicional" se encuentra, pues, en oposición total y absoluta con las necesidades de mentes que, en el ínterin, han crecido y desarrollado a lo largo de los siglos lo que únicamente puede calificarse como "forma de existencia racional".
Quienes insisten en mantener la forma de coexistencia antigua o tradicional, echan mano a lo que fuere para retener el poder o para establecerlo y expandirlo, sin importar cuán criminales, destructivos o mortíferos que fueren los medios utilizados. Actos de terrorismo, asesinatos a mansalva y matanzas masivas son, para ellos, medios aceptables. Desprecian las invenciones para un mejoramiento de la existencia humana y la producción de bienes. Este tipo de personas tiene la mentalidad de los criminales, quienes son reacios al trabajo y contrarios a la vida. Lo que se encuentra, pues, en juego es una cuestión de supervivencia para toda la especie ya que, si tuviesen éxito en sus propósitos, llegarían a la destrucción de las naciones desarrolladas en primer lugar y, consecuentemente, a la erradicación de la mayor parte de la humanidad y el retorno al primitivismo para quienes quedasen.
Pero la realidad de la evolución misma no puede aceptar tal situación a causa de sus contradicciones implícitas, pues el colectivismo, el tipo de sociedad heredado de nuestro pasado prehistórico, opera en base a la irracionalidad, la característica propia de las especies pre-humanas. La evolución misma ha condenado y dejado atrás los tiempos pasados. Cuando el cerebro creció hasta alcanzar el nivel de la racionalidad, las preguntas que revelaron las contradicciones existentes fueron demasiado evidentes para poder ser dejadas sin considerar, a saber:
1) Si una persona es obligada a sostener a su semejante con valores idénticos a los que recibe de éste (quien debe vivir de acuerdo con las mismas premisas), dónde se encuentra el sentido del intercambio? Si cada uno entrega lo mismo que recibe, se llevaría a cabo un acto carente de sentido, empeorado, incluso, por el hecho de la entropía involucrada.
2) Si se recibe más que lo que se da, enfrentaríamos un acto de caridad, empeorado por el hecho de que sería llevado a cabo obligatoriamente y no por libre voluntad. El acto mismo lleva al receptor a un estado de dependencia y al dador a un estado de pauperismo.
3) Si se recibe menos de lo que se da, se enfrentaría pronto al espectro del empobrecimiento físico, espiritual, intelectual, cultural o como quiera llamársele.
Más allá de ello se agrega el mero hecho de que el desarrollo evolutivo de la racionalidad, con su resultado de industrialización y bienestar, no puede ni quiere coexistir con la irracionalidad.
El motivo por el cual tantas personas adhieren a la doctrina del altruismo, que es la base misma del colectivismo, reside en la creencia de que se obtendrá, con menor esfuerzo personal, un excedente por parte de quienes producen más. Para asegurarse de que esta situación se mantenga por siempre jamás, quienes adhieren a ella o bien elijen o bien favorecen a los gobiernos que declaran sostener los mismos principios. Ya sea a través de comicios o por el poder arrebatado por un grupo de maleantes dado, se ordeña (explotar es un término mucho más adecuado) a la parte productiva de la población mediante impuestos, leyes expoliativas, etc. El bando dirigente se apodera de todos los beneficios que todavía se encuentran disponibles y, echando algunos mendrugos a la población que creía que el sistema les permitiría vivir de la riqueza de la parte productiva de la población pero se vio engañada en sus esperanzas por los mismos hechos, se aseguran la lealtad y continua adherencia de la población en general. La mayoría de los países del mundo presentan ejemplos de lo que se acaba de mencionar.
Claro que todo esto involucra una gran cantidad de ignorancia y autoenceguecimiento, ya que los productores se dan cuenta de inmediato de que tiene lugar un juego en su perjuicio. En consecuencia, aplican las mismas premisas y reducen sus propios esfuerzos al nivel mínimo. Muchas veces son, incluso, asesinados por no obedecer los dictámenes de los tiranos pero, dejando momentáneamente de lado las tragedias personales involucradas, esto meramente empeora el resultado, ya que la reducción de la producción llega a un paro total. Especialmente donde las premisas altruistas se aplican con todas sus consecuencias, tal como sucede en el comunismo, aumenta el factor de la envidia tan absolutamente que se elimina físicamente a todos los productores, pasando la "producción" a manos estatales, tornándose la misma, a partir de este momento, en un caos indescriptible. Fuese lo que quedare del "mercado", se vuelve éste en un mercado paralelo, participando todo tipo de maleantes en esta parte del "sistema". Los dirigentes, más allá del hecho de que ellos mismos se encuentran involucrados en el mercado negro, echan adicionalmente mano a la extorsión y las amenazas. Aterrorizando a los países más libres y mediante el soborno de los funcionarios estatales, etc. obtienen por un tiempo los medios de sustentación necesarios. La entrega de granos por parte de los Estados Unidos a la Rusia Soviética es un claro ejemplo de lo citado. La humanidad parece no haber aprendido todavía que toda prohibición es un terreno fértil para el gangsterismo. La era de la "Ley Seca" en los Estados Unidos no eliminó al alcohol, pero sí estableció a la "Cosa Nostra", un cáncer que amenaza la continuada existencia de toda la nación.
El resultado de este tipo de "desarrollo" es el estancamiento demostrado en teoría y, consecuentemente, en la práctica por todos aquellos países que han incorporado al colectivismo a su "cultura" política. La creciente espiral de los hechos del engaño, la extorsión y el control dictatorial abarcan a toda la sociedad, reduciéndola finalmente al colapso total. Quienes pueden evadirse emigran, ya sea oficialmente, si es que pueden hacerlo o, en la mayoría de los casos, a ocultas; otros hambrean y aquellos que hasta ese momento habían logrado ahorrar parte de sus ingresos, los consumen hasta el momento de la inanición. Los negocios y las industrias privadas - la última expresión de la pretensión egoísta de vivir en propio beneficio - cierran sus puertas, son "nacionalizadas", o sea confiscadas (robadas es el término correcto) por parte del gobierno o abandonan al país en búsqueda de condiciones más favorables. La región es ocupada por los esclavos y los siervos del estado y la situación se encuentra preparada para grandes alzamientos sociales. A continuación tienen lugar guerras civiles y revoluciones con sus enormes pilas de muertes prematuras. En la mayoría de los casos sigue el agotamiento total en todos los órdenes de la coexistencia social. La población languidece y, a su debido tiempo, las naciones involucradas se despedazan y separan en diversas áreas. El resultado de la Unión Soviética es un claro ejemplo de ello.
Lo que antecede demuestra por qué el colectivismo no puede progresar y, en consecuencia, es incapaz de alcanzar el bienestar general. Es la antítesis misma del bienestar, el regreso a la prehistoria, el retroceso a la existencia de manadas de animales salvajes dirigidas por sus cabecillas, quienes son los únicos beneficiarios del sistema… mientras no comiencen los alzamientos o un sector del grupo dirigente no elimine, mediante purgas políticas, a quienes están en el camino, tal como ha demostrado la historia hasta el hartazgo.
Hasta ahora ha habido una sola excepción en lo que es generalmente entendido como "revolución", si bien los motivos que iniciaron el suceso fueron diametralmente opuestos al entendimiento general del término. Ya mencioné esta excepción en relación con los alzamientos que principalmente se proponen establecer una versión distinta del sistema ya existente. Su origen tuvo lugar durante el siglo 17 e involucró a la población de Virginia, una región de Norteamérica que, en ese entonces, todavía pertenecía a la corona británica. Lo que sucedió allí quebró al existente círculo vicioso.
Los Puritanos habían llegado al continente americano en persecución de sus convicciones religiosas, que constituyen la base del colectivismo y que fueron más tarde tomados por Marx para ser introducidos en sus dogmas: "De cada uno de acuerdo con su capacidad y a cada uno de acuerdo con sus necesidades." Todos trabajan para el bienestar de la comunidad, siendo ésta la regla general originariamente establecida para las colonias. Como resultante y debido a los detalles arriba descritos, se extendieron el hambre y la muerte por inanición como una peste, con las enfermedades y las muertes tempranas que podían esperarse de tal situación a su vera y como único resultado de lo que el colectivismo "produce".
Si bien nuevas inmigraciones desde las Islas Británicas reemplazaban a las muertes tempranas, se repetía todos los años la misma historia. En consecuencia, la población no aumentaba. Los indolentes vivían de lo que producían los productores, pero éstos mismos disminuían sus propios esfuerzos al ver que sólo recibían la misma cantidad de mendrugos que los que no hacían nada.
Después de décadas de repetidos desastres decidió el gobernador Bradford dejar de lado la doctrina dominante e intentar algo completamente distinto, algo que no se había hecho hasta entonces, ya que todos estaban convencidos que no funcionaría de todas formas. Bradford concluyó que, en el peor de los casos, lo que proponía meramente significaría una continuación de la desastrosa situación ya existente. Empero, decidió probar que habría de suceder si se permitía a cada uno trabajar específicamente en su propio beneficio.
El resultado (los defensores del sistema de mercado libre podrán sonreír ahora) fue inesperado para los Virginianos del siglo 17 y, en consecuencia, asombroso para todos los involucrados. Los más capaces, los más productivos, comenzaron a aplicar con sus familias todos sus esfuerzos al mejoramiento de la situación en que se hallaban, mientras que los menos deseosos de trabajar tuvieron que enfrentar el hecho de que ahora estaban obligados a aplicar sus propios esfuerzos si querían sobrevivir, pues ya no tenían acceso a la holganza y a vivir gratuitamente de lo que otros producían. Al cambiar la premisa, que ahora declaraba en la práctica "Cada uno para si mismo", también cambió la sociedad. El altruismo quedó de lado y el egoísmo, el generador del progreso humano, pudo actuar. En consecuencia progresó toda la sociedad, exceptuados los holgazanes. La realidad aprobó lo que no se contradecía a si mismo y produjo su propia cornucopia de bienestar material y, consecuentemente, espiritual. La realidad obligó a los perezosos a volverse industriosos, quizás no a todos ellos, ya que parece ser que la sociedad nunca podrá deshacerse completamente de gente no dispuesta a cuidar de si misma, pero sí tuvo que cambiar la mayoría de mentalidad y proveer su propia porción de esfuerzo. Es más, el proceso no requirió de orden dictatorial alguna y fue origen del vigoroso impulso que habría de originar la única y verdadera revolución registrada hasta ahora en la historia, la cual estableció, en 1776, los Derechos del Individuo e incluyó el hasta entonces insólito derecho a la persecución de la propia felicidad, que hasta ese momento no se había registrado en ningún escrito oficial.
La fórmula correcta es, pues, "Individualismo y Progreso" o, si recordamos las incontables e inútiles muertes causadas por todo tipo de colectivismo y sus Stalitlers, el grito de "Egoísmo o Muerte", ya que no ser egoísta implica un retorno al primitivismo, la anulación de la autoestima y la muerte intelectual y física. Esa filósofa extraordinaria que fuera Ayn Rand, lo expresó con palabras muy precisas en su artículo "Éticas Colectivizadas" en su libro "La Virtud del Egoísmo": "El progreso puede provenir únicamente del superávit de los hombres, es decir, del trabajo de aquellos hombres cuya habilidad produce más de lo que necesitan para su consumo personal, de aquéllos que se hallan intelectual y financieramente capacitados para aventurarse en la búsqueda de lo nuevo. El Capitalismo es el único sistema donde tales hombres pueden funcionar libremente, y donde el progreso es acompañado, no por privaciones obligatorias, sino por un constante ascenso en el nivel general de prosperidad, consumo y goce de la vida." El Capitalismo, añadió la Sra. Rand, es el sistema del futuro… si es que la humanidad desea tener un futuro.
Se extiendo un largo camino hacia esa meta, pero no es un camino difícil, ya que el trayecto se encuentra claramente delineado, pero sí es largo, pues la mente de cada ser humano o, al menos, la de la mayoría de la humanidad, debe alcanzar la misma convicción, a partir de los datos y los razonamientos con que los pensadores de mentes libres llenaron y continúan llenando la cornucopia de ideas en pos de una sociedad plenamente humana. El Capitalismo, basado en el sólido fundamento de la filosofía que lo sustenta - el Objetivismo, la Filosofía de la Razón -, se opone a todo tipo de colectivismo, pero no requiere ni de compulsión ni de violencia para probar lo que ofrece, pues los productores desprecian a la violencia como herramienta de convicción. Proveen la prueba de que el progreso sólo puede ser logrado por el Capitalismo abandonando, como lo hacen los héroes de la novela "La Rebelión de Atlas", de Ayn Rand, sus herramientas de trabajo y cerrando, cuando se les impide avanzar hacia el progreso, las fuentes de producción y bienestar que han creado. La ausencia de estas fuentes de riqueza confirman que la humanidad no puede progresar sin ellos si, como ya se mencionara, se desea progresar. Los productores son hombres de la mente, no hombres de armas y con cada nuevo día oyen con más y más claridad la voz de los arrorós con que los colectivistas intentan atarlos a su yunque de irracionalidad.
Comienza a tener lugar en el mundo un gran despertar y el grito por "Cambio", con el cual los colectivistas intentan ocultar su propósito de esclavización, corresponde en verdad a quienes defienden la independencia personal, la libertad personal y la plena integridad con los valores de la Razón, el Propósito y la Autoestima, tal como lo declarara Ayn Rand, y la racionalidad, la independencia, la integridad, la honestidad, la justicia, la productividad y el orgullo como las virtudes requeridas para obtenerlos. Más y más productores e intelectuales comienzan a oír los tambores del Individualismo, los Derechos Personales, el Derecho a Vivir para Si Mismo, el Egoísmo Productivo y la Felicidad Personal. El grito del Capitalismo creativo y productivo destruirá el letargo con el cual los colectivistas quieren adormecer a la humanidad. Es preciso romper la prisión que simboliza la noria del arroró y que mantuvo maniatada a la humanidad durante miles de años. Estamos cruzando un tiempo de gran transición.
La premisa es: CAPITALISMO, AHORA!
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Por Henry Hazlitt
Hemos examinado anteriormente algunos de los perniciosos resultados que producen los arbitrarios esfuerzos realizados por el Estado para elevar el precio de aquellas mercancías que desea favorecer. La misma especie de daños se derivan cuando se trata de incrementar los sueldos mediante las leyes del salario mínimo. Esto no debe sorprendernos, pues un salario es en realidad un precio. En nada favorece la claridad del pensamiento económico que el precio de los servicios laborales haya recibido un nombre enteramente diferente al de los otros precios. Esto ha impedido a mucha gente percatarse de que ambos son gobernados por los mismos principios.
Las opiniones acerca de los salarios se formulan con tal apasionamiento y quedan tan influidas por la política, que en la mayoría de las discusiones sobre el tema se olvidan los más elementales principios. Gentes que serían las primeras en negar que la prosperidad pueda ser producida mediante un alza artificial de los precios y no vacilarían en afirmar que las leyes del precio mínimo, en vez de proteger, perjudican las industrias que tratan de favorecer, abogarán, no obstante, por la promulgación de leyes de salario mínimo e increparán con la máxima acritud a sus oponentes.
No obstante, debería quedar bien sentado que una ley de salario mínimo, en el mejor de los casos, constituye arma poco eficaz para combatir el daño derivado de los bajos salarios y que el posible beneficio a conseguir, mediante tales leyes, sólo superará el posible mal en proporción a la modestia de los objetivos a alcanzar. Cuanto más ambiciosa sea la ley, cuantos más obreros pretenda proteger y en mayor proporción aspire al incremento de los salarios, tanto más probable será que el perjuicio supere los efectos beneficiosos.
Lo primero que ocurre cuando, por ejemplo, se promulga una ley en virtud de la cual no se pagará a nadie menos de treinta dólares por una semana laboral de cuarenta y ocho horas, es que nadie cuyo trabajo no sea valorado en esa cifra por un empresario volverá a encontrar empleo. No se puede sobrevalorar en una cantidad determinada el trabajo de un obrero en el mercado laboral por el mero hecho de haber convertido en ilegal su colocación por cantidad inferior. Lo único que se consigue es privarle del derecho a ganar lo que su capacidad y empleo le permitirían, mientras se impide a la comunidad beneficiarse de los modestos servicios que aquél es capaz de rendir. En una palabra, se sustituye el salario bajo por el desempleo. Se causa un mal general, sin compensación equivalente.
La única excepción se registra cuando un grupo de obreros recibe un salario efectivamente por debajo de su valor en el mercado. Esto puede ocurrir sólo en circunstancias o lugares especiales donde las fuerzas de la competencia no funcionen libre o adecuadamente; pero casi todos estos casos especiales podrían remediarse con igual efectividad, más flexiblemente y con menor daño potencial, a través del actuar de los sindicatos.
Cabe pensar que si la ley obliga a pagar mayores salarios en una industria dada, pueda ésta elevar sus precios de tal suerte que el incremento pase a gravitar sobre los consumidores. Sin embargo, tal desviación no es tan hacedera ni se escapa con tanta sencillez a las consecuencias de una artificiosa elevación de sueldos. Muchas veces no es posible aumentar el precio de sus productos, pues quizá se induzca al consumidor a la búsqueda de un sustitutivo. O bien, si continúan adquiriéndolo, los nuevos precios les obliguen a comprar menos cantidad. En su consecuencia, aunque algunos obreros de la industria en cuestión se han beneficiado del alza de salarios, otros por ello perderán sus empleos. Por otra parte, si no se aumenta el precio del producto, los fabricantes marginales son desplazados del negocio. En realidad se habrá provocado una reducción en la producción y el consiguiente paro, recorriendo camino distinto.
Cuando se mencionan estas consecuencias, siempre hay alguien que replica: «Perfectamente; si para conservar la industria X es ineludible pagar salarios ínfimos, justo es que los salarios mínimos obliguen a su cierre.» Ahora bien, tan audaz afirmación prescinde de ciertas realidades. En primer lugar, no advierte que los consumidores han de soportar la pérdida del producto. Olvida también que los obreros que trabajaban en la industria en cuestión quedan condenados al desempleo. Finalmente, ignora que por bajos que fueran los emolumentos abonados, eran los mejores entre todas las posibilidades que se ofrecían a los obreros de la tantas veces aludida industria X, pues de lo contrario habrían acudido a otra. Por lo tanto, si la industria X es suprimida por una ley de salarios mínimos, quienes en ella trabajaban se verán constreñidos a aceptar empleos que reputaron menos interesantes que los que por fuerza han de abandonar. Su demanda de trabajo hará descender todavía más los salarios de las ocupaciones alternativas que ahora les son ofrecidas. No cabe eludir la consecuencia: siempre que se imponen salarios mínimos se provoca un incremento del desempleo.
Además, los programas de asistencia destinados a aliviar el paro originado por la ley del salario mínimo crean un serio problema. Mediante un salario mínimo de $7,50 por hora, verbigracia, se prohíbe a cualquiera trabajar cuarenta horas semanales por menos de trecientos dólares. Supongamos ahora que se ofrece una asistencia de sólo ciento ochenta dólares semanales. Ello equivale a haber prohibido que una persona emplee su tiempo eficazmente ganando, por ejemplo, doscientos cincuenta dólares semanales, manteniéndole en cambio inactivo percibiendo un subsidio de ciento ochenta dólares a la semana. Hemos privado a la sociedad del valor de sus servicios; al hombre, de la independencia y dignidad que se derivan de la autosuficiencia económica, incluso a bajo nivel, separándole de la tarea más de su agrado, y, al propio tiempo, recibe una remuneración menor a la que podía haber ganado por su propio esfuerzo.
Estas consecuencias se producirán siempre que el socorro sea inferior en un centavo a los trescientos dólares. Sin embargo, cuanto más elevado sea el mismo, tanto peor será la situación en otros aspectos. Si se ofrece un subsidio de trescientos dólares, se facilita a muchos igual cantidad sin trabajar que trabajando. En fin, cualquiera que sea la cantidad a que ascienda el subsidio, provoca una situación en la que cada cual trabaja sólo por la diferencia entre su salario y el importe del socorro. Si éste, por ejemplo, es de trescientos dólares semanales, los obreros a quienes se ofrece un salario de un 10 dólares por hora o cuatrocientosa dólares a la semana, ven que de hecho se les pide que trabajen por cien dólares a la semana tan sólo, puesto que el resto pueden obtenerlo sin hacer nada.
Cabría pensar en la posibilidad de escapar a estas consecuencias ofreciendo ese socorro en forma de trabajo remunerado, en lugar de hacerlo a cambio de nada; pero esto es tan sólo cambiar la naturaleza de las repercusiones. La asistencia en forma de trabajo significa pagar a los beneficiarios más de lo que el mercado hubiera ofrecido libremente. Por tanto, sólo una parte del salario de ayuda proviene de su actividad (ejercida, por lo general, en trabajos de dudosa utilidad), mientras que el resto es una limosna disfrazada.
Probablemente hubiera sido mejor, en todo evento que el Estado, inicialmente, hubiera subvencionado francamente el sueldo percibido en las tareas privadas que ya venían realizando. No queremos alargar más este asunto, pues nos llevaría al examen de cuestiones que de momento no interesan. Ahora bien, conviene tener presentes las dificultades y consecuencias de los subsidios al considerar la promulgación de leyes del salario mínimo o el incremento de los mínimos ya fijados.
De cuanto antecede no se pretende deducir la imposibilidad de elevar los salarios. Lo único que se desea es señalar que el método aparentemente sencillo de incrementarlo mediante disposiciones del poder público es el camino peor y más equivocado.
Parece oportuno advertir ahora que lo que distingue a muchos reformadores de quienes rechazan sus sugerencias no es la mayor filantropía de los primeros, sino su mayor impaciencia. No se trata de si deseamos o no el mayor bienestar económico posible para todos. Entre hombres de buena voluntad tal objetivo ha de darse por descontado. La verdadera cuestión se refiere a los medios adecuados para conseguirlo, y al tratar de dar una respuesta a tal cuestión, no el lícito olvidar unas cuantas verdades elementales; no cabe distribuir más riqueza que la creada; no es posible, a la larga, pagar al conjunto de la mano de obra más de lo que produce.
La mejor manera de elevar, por lo tanto, los salarios es incrementando la productividad del trabajo. Tal finalidad puede alcanzarse acudiendo a distintos métodos: por una mayor acumulación de capital, es decir, mediante un aumento de las máquinas que ayudan al obrero en su tarea; por nuevos inventos y mejoras técnicas; por una dirección más eficaz por parte de los empresarios; por mayor aplicación y eficiencia por parte de los obreros; por una mejor formación y adiestramiento profesional. Cuanto más produce el individuo, tanto más acrecienta la riqueza de toda la comunidad. Cuanto más produce, tanto más valiosos son sus servicios para los consumidores y, por lo tanto, para los empresarios. Y cuanto mayor es su valor para el empresario, mejor le pagarán. Los salarios reales tienen su origen en la producción, no en los decretos y órdenes ministeriales.
Tomado del libro de Henry Hazlitt Economía en una Lección
por Manfred F. Schieder
“El desea del niño por alcanzar la meta que se ha propuesto lo lleva a actuar correctamente. NO es la maestra quien le advierte sobre sus errores y le enseña a corregirlos, sino una compleja actuación de la propia inteligencia del niño la que lo lleva al resultado que se propuso.’
(María Montessori en "Ideas Generales sobre el Método")
Es el primer día de clase.
Para los más pequeños en el jardín de infantes, para los mayorcitos el primer grado. Impecables en sus delantales, “cual inocentes palomitas", dirá la Sra. Directora o el Sr. Director en su alocución. En sus uniformes o, simplemente, en raídas zapatillas, formarán, cual soldados (la comparación es inevitable y no menos amedrentadora), fila tras fila, columna tras columna, la nueva dotación de mentes que aguardan recibir nuevos conocimientos.
Al sonar el timbre o la campana, en las regiones modestas, caminan hacia el aula, se ubican, preparan sus útiles de escritura, el cuaderno y prestan atención, anhelantes y no sin temor, a lo que dirá la maestra. Aún no lo saben y muchos no lo sabrán jamás, pero se encuentran en un laboratorio, en una sala de torturas indoloras, dirigida desde el Ministerio de Educación y sus dependencias, donde se amoldará sus cerebros a lo que quienes gobiernan dispongan.
Ha comenzado el proceso oficial de sometimiento del soberano, el lento pero preciso operativo de masificación.
Es el Día del Control Total.
Esa filósofa suprema que inició y terminó en una sola labor la totalidad de la filosofía - Ayn Rand - expresó graves palabras sobre la educación al comparar al sistema educacional vigente en el mundo con esa ocupación horrorosa de los siglos pasados que Víctor Hugo describe en su obra “El Hombre que Ríe”: Los Comprachicos.
Los Comprachicos negociaban con niños. Los compraban, los desfiguraban de mil espantosas maneras para convertirlos en gnomos bufonescos y los vendían a reyes y príncipes como objetos de diversión. En la China, por ejemplo, tomaban una criatura de dos o tres años, la colocaban en una vasija de porcelana y la dejaban crecer, durante años, dentro de tan bizarro corsé. Esto comprimía las carnes y retorcía los huesos. En cierto momento, cuando el daño ya era irreparable, se rompía la vasija y se obtenía un hombre moldeado como el recipiente.
Anticipándome al contenido de este artículo quiero recordar al lector que el daño no se transfería a los genes.
La práctica misma, empero, no ha desaparecido. Ahora es más sutil, menos evidente.
Los colectivistas han descubierto que es menos riesgoso y de todas formas muchísimo más redituable retorcer los cerebros. Fieles a sus malvados propósitos fabrican aquello que responde a su meta de uniformar a la población mundial: robots, seres descerebrados programados pare obedecer al Stalitler de turno, a quien complace explotarlos y enviarlos a su temprana muerte, por lo cual, incluso, aun es vitoreado. Si el lector no lo creyese puedo remitirlo a leer la historia mundial.
La educación en manos del Estado es, de por si, una inmoralidad y defender a la misma a partir de la aseveración que con ello se asegura una igualdad en la oportunidad educativa de toda la población, equivale a no entender la raíz misma de la cuestión.
No se trata de una cuestión de economía, como permanentemente insiste la educación estatal. Hasta el más lego en la materia ha de entender que una educación privada es SIEMPRE menos onerosa que la estatal, encarecida por un inevitable exceso burocrático. Pero por más importante que pueda ser este aspecto del tema para la totalidad de la población, no puede su consideración afectar de manera alguna lo que la educación en manos gubernamentales - o de sectores protegidos por el Estado - significa filosófica y psicológicamente.
La idea fundamental es adoctrinar al “soberano” para que actúe a partir de ahí como un títere programado. La meta evidente es la de bloquear aun la mínima posibilidad de desarrollar ideas distintas, quizá nuevas, a partir de la observación personal de los hechos, sin la influencia de imbuídos conceptos.
Ludwig von Mises, economista gigantesco, expresa en su “Acción Humana”: “La enseñanza primaria fácilmente deriva hacia la adoctrinación política… El partido en el poder controla siempre la instrucción pública y puede, a través de ella, propagar sus propios idearios y criticar los contrarios.”
Incluso Bertrand Russell, a quien mal se le puede aplicar mote alguno de defensor del liberalismo, reconoció la maldad contenida en la educación pública al decir: “La educación estatal produce una manada de fanáticos ignorantes, prestos a iniciar una guerra o una cacería de brujas si así se les ordena hacerlo. Tan grande es este mal que el mundo sería mejor si nunca se hubiese iniciado la educación estatal.”
Ayn Rand menciona en su articulo “La Doctrina de la Igualdad de Oportunidades en la Educación” un punto particularmente inmoral: “El gobierno,” dice allí, “no tiene derecho alguno de imponerse como árbitro de ideas y, en consecuencia, sus establecimientos - las escuelas públicas y semipúblicas - no tienen tampoco el derecho de enseñar un único punto de vista, con exclusión de todos los demás. No tiene derecho de ponerse al servicio de las creencias de ningún grupo de ciudadanos en particular e ignorar y silenciar a los demás. No tiene el derecho de imponer desigualdad alguna sobre ciudadanos que llevan por igual el lastre de su sustento. Al igual de lo que ocurre con los subsidios estatales para las ciencias, es viciosamente errado forzar a un individuo a pagar por la enseñanza de ideas diametralmente opuestas a las suyas; es una violación profunda de sus derechos. Esta violación se vuelve monstruosa cuando son sus ideas las que se excluyen de tal enseñanza pública, ya que significa que está obligado a pagar por la propagación de aquello que considera falso y malvado y la supresión de aquello que entiende ser verdadero y bueno.”
La masificación de la especie, propósito declarado de todo colectivista, lleva a la humanidad a su segura destrucción. El hombre no comparte con las demás especies la característica que permite sobrevivir a éstas: adaptarse al medio ambiente. Por lo contrario, su naturaleza determina como método de supervivencia lo opuesto: debe acomodar al medio ambiente a sus propias necesidades. Este fin, diametralmente opuesto al dejarse llevar, al adaptarse, exige, claro está, una actividad compleja que sólo el ser humano es capaz de realizar: entender la realidad, comprender sus leyes resultantes y aplicar la imaginación para adaptar los materiales de la realidad - los elementos físico-químicos - a sus necesidades, siendo la imaginación la facultad de reordenar los elementos de la realidad para alcanzar valores humanos. La imaginación no funciona en un vacío: requiere del conocimiento de los elementos que se desean reordenar.
La compulsiva educación colectivista es la culpable directa del estado de neurosis permanente que hoy en día predomina en el mundo. La desindividualización no logró ni logrará jamás cambiar al ser humano hasta el punto de dejar de ser lo que es: Hombre-Individuo. Solamente logra aplastar esa característica esencial con toneladas de miedo político y social que incluyen la adoctrinación del ser humano para transformarlo en aquello que no es: masa informe. El resultado es la desintegración social (un proceso de reversión: la bestialización del hombre), el desatado odio hacia los demás expresado en el terrorismo (explosión directa de quienes han sido privados, sin saberlo, de su individualidad y su racionalidad), la falta de toda creatividad artística (barbudos y desaliñados “artistas” produciendo la injustificable y repugnante expresión adulta de las manchas con las cuales los niños tratan de representar la realidad que los rodea), las manadas de hippies y sectarios cínicos y amargados que retornan a las épocas cavernarias, la universalización de la drogadicción como única pero horrorosa válvula de evasión de un mundo que el colectivismo produjo, como evidencia de su malevolencia metafísica, a su imagen y semejanza, y cuyo único resultado posible es una acelerante degradación de la especie.
El proceso de masificación, que se encuentra en el origen de los resultados arriba descritos, comienza ya en los primeros años de vida del niño, A decir verdad, son éstos los años decisivos. Lo son tanto que han permitido decir a los jesuitas: “Dadnos un niño durante siete años y después podréis hacer lo que queráis con él." O sea, lo habrán deformado - como Comprachicos - en un obediente robot, Es en estos años que se le niega al niño el contacto directo con la realidad. Se le enseña - o sea, se lo compele - a adaptarse a lo que “la sociedad” demande. De hecho, se lo compulsa a ajustarse a lo que la sociedad - el grupo dirigente - determine; no a conocer la realidad. Esta es presentada como algo cambiante, inseguro, en lo que no se puede fiar. Se provoca así un estado de confusión permanente en un cerebro que es una hoja en blanco y que necesita desesperadamente datos informativos, y se obtiene el resultado apetecido: una mente insegura que se adhiere fácilmente a lo que dicten los mayores: los maestros primero, los conductores espirituales después, finalmente el estado dictatorial. La religión participa en forma permanente y activa de este proceso. A lo largo del mismo, la mayoría se somete; en una minoría el clima de rebelión - el individuo que intenta reafirmarse frente a un orden que no le es propio y que quiere destruirlo - es constante.
Pero si el hombre quiere sobrevivir como especie depende de una individualización cada vez mayor de cada uno de sus componentes. Cada hombre debe sobrevivir y progresar POR SI MISMO. Existe una estructura social - el Capitalismo - donde se dan las condiciones exactas para esta meta, pero en este artículo deseo llamar la atención a otro aspecto de la cuestión: PARA SOBREVIVIR. El. SER HUMANO NECESITA INFORMACIÓN, NO UNIFORMACIÓN.
Existe un solo método de enseñanza basado en el respeto de la individualidad de cada niño y es el que creó la Dra. María Montessori (1870-1952) en su nativa Italia. El método ha sido ideado para los niños en sus primeros años de vida y es tan evidente en su propósito de lograr Hombres-Individuos que los colectivistas lo reconocieron de inmediato como enemigo insoslayable. Cuando los fascistas llegaron al poder en Italia ordenaron la clausura de todas las escuelas donde se aplicaba el sistema creado por María Montessori. En Alemania y Austria - en los años que fueron regidos por el nazismo - se quemaron efigies de la pedagoga sobra piras de sus propios libros, en parques públicos en Berlín y Viena.
El sistema Montessori hace hincapié en lograr que el niño comprenda, en primer lugar, conceptos elementales tales como altura, espesor, forma, textura, color, sonido, etc. y que tome conciencia de que la realidad no es caprichosamente cambiante sino que cada cosa tiene un lugar adecuado, que el mundo que lo rodea es comprensible e inteligible, que las cosas no desaparecen inexplicablemente y que él está capacitado para tratar con ellas. Esto quita el factor "miedo" de una mente que se está formando, lo cual, a su vez, brinda una plataforma de seguridad sobre la cual puede, confiadamente, adquirir nuevos conocimientos. El resultado es una consciente sensación de auto-suficiencia (son los materiales quienes le indican el proceso de ordenamiento objetivamente correcto y no necesita, por ello, depender de la "autoridad de los adultos”) y una creciente individualización. Este es el origen mismo de hombres capaces de sobrevivir y progresar por sus propios medios.
Ayn Rand explicó así el proceso: ‘Dado que el propósito de los materiales de Montessori es ayudar al niño en el desarrollo de su conciencia, o sea entender la naturaleza de la realidad y aprender a tratar con ella - la rigidez de los problemas que debe resolver provee la lección más importante que aprenderá jamás: le enseña la Ley de Identidad (A es A). Aprende que la realidad es un absoluto que no puede ser alterado por caprichos y que si quiere tratar adecuadamente con ella debe hallar la única respuesta correcta. Aprende que un problema tiene una solución y que él tiene la habilidad de resolverlo, pero que debe buscar la respuesta en la naturaleza de las cosas con las que trate y no en sus sentimientos. Esto lo prepara, desde sus primeros pasos cognitivos, para el momento en que, siendo adulto, entienda el principio de que “la Naturaleza, para ser comandada, debe ser obedecida" - momento éste en que tal principio se habrá automatizado en su mente. Todo intento de “educar al soberano” con inseguridad, caprichos y atemorización produce los pobres neuróticos que claman contra "la tiranía de la realidad’” (de "The Montessori Method", por Beatrice Hessen - The Objectivist/Julio de 1970).
Son los padres - especialmente aquéllos que no lograron superar individualmente el proceso oficial de uniformación - quienes deberían considerar con especial dedicación esta cuestión en relación con sus hijos. El mundo que produjo el colectivismo podrá ser el “ideal” de intelectuales y políticos pusilánimes y malvados, pero no podrá serlo jamás para hombres que, aun educados en la colectivización, todavía retienen en sí la capacidad, no importa cuán vagamente, de desear un mundo mejor para sus hijos. Tal mundo mejor no se logra aferrándose a lo que yo llamo “La Noria del Arroró”, el obstinado canto de sirena de que las cosas son así y no pueden ser rectificadas, sino tomando la decisión de repensar la situación, de no aferrarse a lo que los hipnotizantes Comprachicos quieren hacernos creer. El hombre no es masa informe sino Individuo. La repetitiva deformación física no tiene efectos genéticos (la circuncisión es una de las tantas pruebas de ello). No menos cierto es el efecto de la deformación mental inducida por los colectivistas. Miles de años de obligar a los hombres a comportarse como masa informe jamás logró ni logrará jamás un engendro semejante. Los hombres nacen como Individuos. Pero es la misión de su vida afirmarse como tales.
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Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/ALIGNING_the_CITIZEN.shtml). Traducción al castellano del autor.
El Profesor Alberto Mansueti es abogado graduado por la Universidad Nacional del Litoral y Licenciado en Ciencia Política por la Universidad Nacional del Rosario, Argentina. Es el vicepresidente del movimiento Rumbo Propio, de Venezuela y director académico del Instituto de Libre Empresa, en Perú. Mansueti es conocido como uno de los más destacados maestros del Liberalismo Clásico y ha escrito numerosos libros y artículos sobre el pensamiento liberal.
Para acceder a algunos de sus escritos:
La Derecha Boba o Porqué la Izquierda manda
Porqué Murió el Gobierno Limitado?
Las Leyes Malas (y el Camino de Salida)
Los Impuestos
Mediciones, Parcelamientos y Deslindes
Religión y Asuntos Públicos
Entrevista al Dr Alberto Mansueti en la Universidad Francisco Marroquín
Artículo elaborado por Alan Greenspan en 1966
(tomado de Tribuna Libre en Libertad Digital )
El abandono del patrón oro hizo posible que los estatistas utilizaran el sistema bancario como instrumento para una expansión ilimitada del crédito. Sin patrón oro, no hay forma de proteger los ahorros contra la inflación.
Un antagonismo prácticamente histérico contra el patrón oro es un nexo que une a los estatistas de toda condición. Parecen apreciar -quizás más clara y profundamente que muchos defensores del laissez faire- que el oro y la libertad económica son inseparables, que el patrón oro es un instrumento del laissez faire, y que el uno implica y requiere al otro. Para entender la razón de este antagonismo, primero es necesario entender el papel específico que juega el oro en una sociedad libre.
El dinero es el común denominador de todas las transacciones económicas. Es ese bien que sirve como medio de intercambio, es universalmente aceptado por todos los participantes en una economía de intercambio como pago por los bienes y servicios, y por tanto, puede ser usado como referencia del valor de mercado y como depósito de valor, es decir, como medio de ahorro.
La existencia de tal bien es una precondición de una economía en la que existe división del trabajo. Si los hombres no dispusieran de algún bien de valor objetivo que fuera generalmente aceptado como dinero, tendrían que recurrir al primitivo trueque o ser forzados a vivir en granjas auto-suficientes y renunciar a las inestimables ventajas de la especialización. Si los hombres no tuvieran un medio para almacenar el valor, es decir, ahorrar, ni la planificación a largo plazo ni el intercambio serían posibles.
Qué medio de intercambio será aceptado por todos los participantes de una economía no es una cuestión que se determine arbitrariamente. Primero, el medio de intercambio debería ser duradero. En una sociedad primitiva de escasa riqueza, el trigo podría ser suficientemente duradero para servir como medio, debido a que todos los intercambios tendrían lugar solo durante e inmediatamente después de la cosecha, no dejando ningún excedente que almacenar.
Pero las consideraciones de depósito de valor son cada vez más importantes a medida que las sociedades son más ricas y civilizadas. En éstas, el medio de intercambio debe ser un bien duradero, normalmente un metal. Un metal es generalmente elegido porque es homogéneo y divisible: cada unidad es idéntica a la otra y puede ser mezclado o formado en cualquier cantidad. Las joyas preciosas, por ejemplo, no son ni homogéneas ni divisibles.
Más importante aún, el bien escogido como medio debe ser un bien de lujo. Los deseos humanos para los lujos son ilimitados y, por tanto, los bienes de lujo siempre son demandados y siempre serán aceptados. El trigo es un lujo en civilizaciones infra-alimentadas, pero no en una sociedad próspera. Los cigarrillos en condiciones normales no servirían como dinero, pero sí sirvieron en la Europa de después de la II Guerra Mundial donde eran considerados un lujo.
El término “bien de lujo” implica escasez y un alto valor unitario. El que tenga un alto valor unitario implica que ese bien es fácilmente transportable; por ejemplo, una onza de oro (alrededor de 28,35 gramos) vale como media tonelada de lingotes de hierro.
En las etapas iniciales de una economía monetaria en desarrollo, se podrían usar varios medios de intercambio, dado que una amplia variedad de bienes cumplirían las condiciones anteriores. Sin embargo, uno de los bienes desplazará gradualmente a los otros, siendo más ampliamente aceptado.
El concepto de dinero
Las preferencias acerca de qué mantener como depósito de valor, cambiarán hacia el bien más ampliamente aceptado, lo que a su vez, lo hará todavía más aceptado. El cambio es progresivo hasta que ese bien se convierta en el único medio de intercambio. El uso de un solo medio es altamente ventajoso, por las mismas razones por las que una economía monetaria es mejor que una economía de trueque: permite la posibilidad de intercambios a una escala incalculablemente superior.
Que el único dinero sea el oro, la plata, las conchas, el ganado o el tabaco es opcional, dependiendo del contexto y desarrollo de una economía determinada. De hecho, todos han sido empleados, en diferentes fechas, como medio de intercambio. Incluso en el presente siglo, dos bienes como el oro y la plata han sido usados como medio de intercambio a nivel internacional, convirtiéndose el oro en el predominante.
El oro, teniendo usos tanto artísticos como funcionales y siendo relativamente escaso, tiene ventajas significativas sobre todos los demás medios de intercambio. Desde principios de la Primera Guerra Mundial, ha sido prácticamente el único patrón de intercambio internacional. Si todos los bienes y servicios tuvieran que ser pagados en oro, grandes pagos serían difíciles de llevar a cabo y esto tendería a limitar el grado de división del trabajo y especialización de una sociedad.
Así, una extensión lógica de la creación de un medio de intercambio es el desarrollo de un sistema bancario y de instrumentos de crédito (billetes de banco y depósitos) que actúen como sustituto del oro, siendo convertibles al metal amarillo.
Un sistema bancario libre basado en el oro es capaz de conceder crédito y así crear billetes de banco (moneda) y depósitos, según las necesidades productivas de la economía. Los propietarios individuales de oro son inducidos, por los pagos de interés, a depositar su oro en un banco (contra el que pueden girar cheques).
Pero dado que es muy raro que se dé el caso de que todos los depositantes quieran sacar todo su oro al mismo tiempo, el banquero necesita guardar solo una fracción del total de los depósitos en oro como reservas. Esto permite al banquero prestar más de la cantidad de sus depósitos de oro (lo que significa que no tiene oro como garantía de sus depósitos, sino derechos de cobro de oro). Pero la cantidad de préstamos que el banquero se pueda permitir conceder no es arbitraria: tiene que evaluarla en relación a sus reservas y a la situación de sus inversiones.
El sistema crediticio
Cuando los bancos prestan dinero para financiar proyectos productivos y rentables, los préstamos son pagados rápidamente y el crédito bancario continúa estando disponible. Pero cuando estos negocios empresariales financiados por el crédito bancario son menos rentables y les cuesta saldar las deudas, los banqueros pronto se dan cuenta de que sus préstamos pendientes de pago son excesivos en relación a sus reservas de oro, y empiezan a reducir los nuevos préstamos, normalmente exigiendo tasas de interés más altas.
Esto tiende a restringir la financiación de nuevos proyectos y requiere que los prestatarios actuales mejoren su rentabilidad antes de que puedan obtener crédito para nuevas expansiones. Así, bajo el patrón oro, un sistema bancario libre se erige como el protector de la estabilidad de la economía y el crecimiento equilibrado.
Cuando el oro es aceptado como medio de intercambio por la mayoría o todas las naciones, un patrón oro internacional libre y sin restricciones sirve para impulsar una división del trabajo a escala mundial y promueve la máxima extensión del comercio internacional.
Aunque las unidades de intercambio (el dólar, la libra, el franco, etc.) difieran de país a país, cuando todas están definidas en términos de oro, las economías de diferentes países actúan como una -siempre y cuando no existan restricciones sobre el comercio o el movimiento de capitales-.
El crédito, los tipos de interés, y los precios tienden a seguir patrones similares en todos los países. Por ejemplo, si los bancos de un país conceden créditos demasiado alegremente, los tipos de interés en ese país tenderán a caer, induciendo a los depositantes a que cambien su oro a bancos de otros países que paguen mayor interés. Esto generará inmediatamente una escasez de reservas bancarias en el país del “dinero fácil”, provocando condiciones crediticias más estrictas y una vuelta a tasas de interés competitivas más altas.
Un sistema bancario totalmente libre y un patrón oro totalmente coherente no se han alcanzado todavía. Pero antes de la Primera Guerra Mundial, el sistema bancario en los Estados Unidos (y en la mayoría del mundo) estaba basado en el oro y aunque los gobiernos intervenían ocasionalmente, la banca estaba más libre que controlada.
Periódicamente, como resultado de expansiones de crédito demasiado rápidas, los bancos alcanzaban el límite de préstamos de sus reservas de oro, los tipos de interés subían abruptamente, el nuevo crédito se cortaba, y la economía entraba en una recesión brusca pero corta. (Comparadas con las depresiones de 1920 y 1932, las contracciones anteriores a la Primera Guerra Mundial fueron realmente suaves).
Expansión crediticia
La limitación de las reservas de oro era lo que ponía freno a las expansiones insostenibles en la actividad empresarial, antes de que pudieran convertirse en el tipo de desastre que suponen las posteriores a la Primera Guerra Mundial. Los periodos de reajuste eran cortos y las economías rápidamente reestablecían una base sólida para reanudar la expansión.
Pero el proceso de cura fue erróneamente diagnosticado como la enfermedad: si la escasez de reservas bancarias estaba causando una contracción económica -argüían los intervencionistas económicos- ¡por qué no encontrar una manera de proporcionar crecientes reservas a los bancos para que nunca se queden cortos! Si los bancos pueden continuar prestando dinero indefinidamente -se decía- nunca tendrá que haber recesiones en la actividad empresarial. Y así es como se creó el Sistema de la Reserva Federal en 1913.
El origen de la Reserva Federal de EEUU
Consistía en doce bancos regionales de la Reserva Federal, nominalmente poseídos por banqueros privados, pero en realidad patrocinados, controlados y apoyados por el gobierno. El crédito concedido por estos bancos es en la práctica (aunque no legalmente) respaldado por el poder impositivo del gobierno federal.
Técnicamente, permanecimos en el patrón oro; los individuos todavía eran libres de poseer oro, y éste seguía siendo usado como reservas bancarias. Pero ahora, además del oro, el crédito extendido por los bancos de la Reserva Federal (“reservas de papel moneda”) podía servir como curso legal para pagar a los depositantes.
Cuando la economía de Estados Unidos sufrió una suave contracción en 1927, la Reserva Federal creó más reservas de papel moneda, con la esperanza de prevenir cualquier posible escasez de reservas en los bancos. Más desastroso, sin embargo, fue el intento de la Reserva Federal de ayudar a Gran Bretaña, quien había estado perdiendo oro en favor de EE.UU. debido a que el Banco de Inglaterra se negó a permitir que los tipos de interés subieran cuando las fuerzas del mercado se lo dictaban (era políticamente difícil de digerir).
El razonamiento de las autoridades involucradas fue como sigue: si la Reserva Federal inyectara gran cantidad de reservas de papel en los bancos americanos, los tipos de interés en Estados Unidos caerían a un nivel comparable con los de Gran Bretaña; esto serviría para parar la pérdida de oro de Gran Bretaña y evitar el bochorno político de tener que subir los tipos de interés.
Los efectos de la intervención monetaria
Las acciones de la FED surtieron efecto; pararon la pérdida de oro, pero en el intento casi destruyeron las economías del mundo. El excesivo crédito que la Fed inyectó en la economía se desbordó en el mercado de valores -provocando un fantástico boom especulativo-.
Más tarde, los oficiales de la Reserva Federal intentaron absorber el exceso de reservas y finalmente tuvieron éxito en frenar el boom. Pero ya era demasiado tarde: antes de 1929 los desequilibrios especulativos habían llegado a ser tan extremos que el intento produjo una brusca reducción y consiguiente desaliento de la confianza empresarial.
Como resultado, la economía americana colapsó. A Gran Bretaña le fue incluso peor, y en vez de asimilar todas las consecuencias de su anterior locura, abandonó el patrón oro completamente en 1931, partiendo en dos lo que quedaba del tejido de confianza e induciendo una serie de quiebras a nivel mundial. Las economías del mundo se sumieron en la Gran Depresión de los años 30.
Con una lógica que recuerda a la generación anterior, los estatistas arguyeron que el patrón oro era el principal culpable de la debacle crediticia que llevó a la Gran Depresión. Si el patrón oro no hubiera existido, sostenían, el abandono de Gran Bretaña de los pagos en oro en 1931 no habría causado la quiebra de bancos por todo el mundo. (La ironía fue que desde 1913 no habíamos estado en un patrón oro, sino en lo que se podría llamar un “patrón oro mixto”; con todo es el oro el que se llevó la culpa).
La Gran Depresión
Pero la oposición al patrón oro en cualquier forma -por parte de un creciente número de defensores del estado del bienestar- era provocada por una idea mucho más sutil: la comprensión de que el patrón oro es incompatible con el gasto deficitario crónico (la nota distintiva del estado del bienestar).
Despojado de su jerga académica, el estado del bienestar no es nada más que un mecanismo por el que los gobiernos confiscan la riqueza de los miembros productivos de una sociedad para apoyar una amplia variedad de esquemas de prestaciones sociales. Una parte sustancial de esta confiscación se efectúa mediante los impuestos.
Pero los estatistas defensores de este sistema reconocieron rápidamente que si deseaban retener el poder político, la cantidad de impuestos tenía que estar limitada y que debían acudir a programas de gasto público deficitario masivos. Es decir, tenían que pedir prestado dinero, mediante la emisión de bonos del gobierno, para financiar los gastos en prestaciones sociales a gran escala.
Bajo el patrón oro, la cantidad de crédito que puede financiar una economía está determinada por los activos tangibles de la misma, ya que cada instrumento de crédito es en última instancia un derecho de cobro sobre un activo real. Sin embargo, la deuda pública no está respaldada con riqueza real, sino tan sólo con la promesa del gobierno de pagarla con lo obtenido de impuestos futuros y por tanto su absorción por los mercados financieros se hace problemática si su cantidad empieza a ser apreciable.
Un gran volumen de nuevos bonos solo se puede vender al público a tasas de interés crecientemente altas. Así, el déficit público bajo un patrón está estrictamente limitado. El abandono del patrón oro hizo posible que los estatistas utilizaran el sistema bancario como instrumento para una expansión ilimitada del crédito.
Ellos han creado reservas de papel moneda en forma de bonos gubernamentales que -a través de una serie de complejas etapas- los bancos aceptan en lugar de activos tangibles, y los tratan como si fueran un depósito real, es decir, como el equivalente a lo que antes era un depósito de oro.
Un límite al intervencionismo económico
El tenedor de un bono del gobierno o de un depósito de banco creado con reservas de papel, piensa que tiene un derecho válido sobre un activo real. Pero el hecho es que ahora hay más derechos de cobro pendientes de pago que activos reales. No se debe ir en contra de la ley de la oferta y la demanda.
A medida que la oferta de dinero (de derechos de cobro) aumenta en relación con la oferta de activos tangibles de la economía, los precios deben subir eventualmente. Así los ingresos de los miembros productivos de la sociedad pierden valor en términos de los bienes.
Cuando los balances de la economía son finalmente equilibrados, uno se encuentra con que esta pérdida de valor representa los bienes que han sido comprados por el gobierno para prestaciones sociales u otros propósitos, con el dinero recaudado de los bonos financiados por la expansión de crédito bancario.
En ausencia del patrón oro, no hay ninguna manera de proteger los ahorros de la confiscación que supone la inflación. No hay ningún depósito de valor seguro. Si lo hubiera, el gobierno tendría que hacer ilegal su posesión, como se hizo en el caso del oro. Si todo el mundo decidiera, por ejemplo, convertir todos sus depósitos bancarios en plata, cobre o cualquier otro bien, y a partir de entonces rechazara aceptar cheques como pago por los bienes, los depósitos bancarios perderían su poder de compra y el crédito bancario creado por el gobierno se quedaría sin valor como derecho de cobro sobre los bienes.
La política financiera del estado del bienestar requiere que no haya ninguna forma de que los propietarios de riqueza puedan protegerse a sí mismos. Este es el mezquino secreto de los ataques de los estatistas contra el oro. El déficit público es sencillamente un ardid para la oculta confiscación de la riqueza.
El oro se interpone en este insidioso proceso como protector de los derechos de propiedad. Si uno entiende esto, no debería tener dificultad en comprender la causa del antagonismo frente al oro de los estatistas.
Artículo elaborado por Alan Greenspan en 1966.
Una de las muchas webs donde puede leerse el artículo en inglés:
http://www.usagold.com/gildedopinion/greenspan.html
Por Jaime Raul Molina en la Página de la Fundación Libertad (http://www.fundacionlibertad.org.pa/)
En Honduras, el Presidente Manuel Zelaya intentaba subvertir el orden constitucional, pero la institucionalidad fue preservada por valientes hombres que se negaron a permitirle a Zelaya constituirse en tirano.
Zelaya pretendía violentar la Constitución haciendo un referéndum sobre la posible convocación en noviembre a una Asamblea Constituyente. El problema es que la Constitución hondureña no permite la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente como método para reformar la Constitución, de modo que el tal referéndum es ilegal desde su concepción. Así se lo hizo saber el Tribunal Supremo Electoral. Entonces Zelaya decidió proseguir de todos modos, y por eso llamó al ejercicio 'encuesta' y no referéndum, y pretendía llevarlo a cabo con el Instituto Nacional de Estadísticas (controlado por el Ejecutivo), entidad a la que claramente no le corresponde una consulta popular como ésta. Pretendía además hacerlo de tal manera que las fuerzas armadas colaboraran en el ejercicio, y cuando el jefe de las Fuerzas Armadas conjuntas Romeo Vásquez Velásquez se negó a cooperar, alegando (correctamente) que se trata de un acto inconstitucional, el Presidente Zelaya decidió destituirlo. El Ministro de Defensa, Edmundo Orellana, renunció en protesta, y así lo hicieron también los jefes de las tres ramas militares, Naval, Aérea y Ejército.
Entonces, Vásquez recurrió contra la decisión ante la Corte Suprema de Justicia y ésta resolvió de forma unánime (5-0) declarar nula la destitución y por tanto restituir a Vásquez.
Ante la advertencia de parte del Tribunal Supremo Electoral sobre la ilegalidad de la encuesta, posición ratificada por la Corte Suprema de Justicia, garante de la Constitución, el Presidente Zelaya decidió proseguir de todas maneras. La llamada 'encuesta' tendría lugar el pasado domingo 28 de junio. Ante este evidente rompimiento del orden constitucional de parte de Zelaya, el Fiscal General Luis Rubí ordenó a las fiscalías bajo su mando, a acudir hoy a los centros de votación ilegales para tomar evidencia del delito. Así se hizo y paralelamente las F.F.A.A. fueron ordenadas por la propia Corte Suprema de Justicia, a detener al Presidente. Esto se hizo y en efecto el Presidente fue detenido y puesto en un avión hacia San José, Costa Rica.
Análisis: En una República, gobierna la Constitución y la Ley, no los hombres. Ningún hombre, ni siquiera el Presidente en funciones, está por encima de la Constitución y las leyes. Cualquier acto de insubordinación contra el orden constitucional establecido, es en sí un golpe de estado. En este caso, es harto claro que ha sido el Presidente Manuel Zelaya quien ha violentado el orden constitucional, con un acto consumado (al iniciar los actos para el referéndum declarado ilegal por todas las instancias judiciales y autoridades electorales de Honduras).
Ante esto, ¿qué debían hacer las demás autoridades del país (Órgano Judicial, Ministerio Público, Tribunal Supremo Electoral y F.F.A.A.)? ¿Debían quedarse de brazos cruzados viendo cómo el Presidente violentaba la Constitución? ¿No es acaso el deber de todo ciudadano (y con mayor razón, la de los ciudadanos investidos con funciones de guarda de la Constitución y las leyes), el usar los medios que estén a su alcance para proteger la República, la Constitución y las Leyes?
A mi modo de ver, la Corte Suprema de Justicia, el Tribunal Supremo Electoral, la Fiscalía General y los demás fiscales bajo su mando, al igual que las F.F.A.A. hondureñas, han actuado cívicamente para proteger la Constitución el día domingo. Actuaron con valentía para proteger a su República del intento golpista de su Presidente Manuel Zelaya.
Sin embargo, veo con tristeza cómo todos los gobiernos del mundo corren a condenar dichas actuaciones, y en cambio a respaldar al golpista Zelaya. ¿Qué clase de diletantes nos gobiernan a todos, que corren a defender a un Presidente que tan abiertamente pretendía subvertir el orden constitucional de su país?
Proporciones guardadas (y ni tanto), el abandono que los gobiernos actuales de todo el mundo le están dando hoy al pueblo hondureño y a sus instituciones, me recuerdan el abandono que del pueblo checoslovaco hicieron las potencias europeas en 1938 en Munich. En esto, lamentablemente debo incluir al gobierno saliente de mi país Panamá, del Presidente Martín Torrijos, que ha corrido también a respaldar a Zelaya y a desconocer la actuación del resto de las instituciones republicanas hondureñas.
por Manfred F Schieder
"La verdad es que, empero, sólo existe una realidad."
"Quién podría sobreestimar al progreso del mundo si todo el dinero malgastado
en la superstición pudiera ser usado para iluminar, elevar y civilizar a la humanidad?"
(Robert Green Ingersoll – 1833-1899)
No me cabe duda que el contenido de este artículo provocará no poco escozor en aquellos lectores no familiarizados con la filosofía del Objetivismo de Ayn Rand.
Empero, es inevitable e imperioso tratar el tema, ya que afecta centralmente a quienes defienden las ideas del liberalismo político y su expresión económica del mercado libre pero adhieren a las premisas filosófico-morales erradas.
Los intelectuales liberales que no adhieren al Objetivismo o desconocen sus premisas, se encuentran inmersos en una contradicción en términos compuesta, por una parte, por el liberalismo político y económico y, por la otra, por un sistema "moral-místico" de índole irreal y, en consecuencia, irracional totalmente opuesto al liberalismo. Este es el tema a tratar.
Ayn Rand indicó en sus escritos que las contradicciones sólo pueden surgir cuando al menos una de las premisas que la forman es falsa o errada. Corregida o desechada la premisa que produce la contradicción se resuelve la misma. Rand desarrolló la filosofía del Objetivismo a partir de la realidad y como ésta revela y denuncia de inmediato toda incoherencia, evitó cuidadosamente caer en contradicción alguna.
No sucede así con quienes han tratado de fundar los conceptos del liberalismo y su sistema económico, el Capitalismo, en premisas contrarias al liberalismo o, incluso, han tratado de dejar de lado la cuestión, en el entendimiento de que las ideas económicas liberales alcanzan para solucionar la cuestión del bienestar humano. No es así y las iras que se han abalanzado contra ellos desde los más diversos sectores políticos, sociales y económicos lo han demostrado. Entienden que las ideas económico-liberales que promulgan alcanzan para elevar el bienestar humano y se preguntan, pues, por qué tienen tantas dificultades para transmitir al público verdades que deberían ser autoevidentes.
El motivo de su fracaso es la parcialización de su actuación, ya que intentan conjugar sus ideas económico-liberales con un concepto moral directamente opuesto a las mismas. Tal conciliación es imposible. El ser humano es un ser ético, ya que su supervivencia depende de una norma valorativa, una guía moral que le permite evaluar sus acciones. Empero, en las estructuras sociales hasta hoy en día vigentes debe adherir a un sistema de valores irracionales, lo cual crea una contradicción en términos que se encuentra en la base de la totalidad de los problemas sociales que aquejan a la humanidad desde el momento en que el ser humano alcanzó el nivel de la característica que lo define como tal, la capacidad de la razón.
Nuestro desarrollo fue avanzando por la evolución natural; durante la misma heredamos de nuestros antecesores irracionales una forma social y, en consecuencia, también económica, y un fundamento de comportamiento que denominamos moral, adecuado a nuestros ancestros pero que de manera alguna corresponde ahora al avance intelectual, científico y técnico, es decir al nivel cultural que hemos alcanzado como seres racionales. El tipo de sociedad tribal y sus motivaciones éticas todavía nos encierran en su rígido marco, pero ese patrón social y "moral" es obsoleto, por corresponder al colectivismo y a creencias irracionales que son propias de toda sociedad primitiva y que no corresponden, por lo tanto, a la sociedad humana moderna.
La humanidad llegó al punto en que debe enfrentar el reconocimiento de la contradicción fundamental y emprender su corrección, si quiere evitar su desaparición como especie, la cual constituye una evidente probabilidad dada la posesión de armas nucleares y bacteriológicas en poder de estructuras teocráticas y colectivistas. De hecho, si la humanidad se niega a resolver conscientemente la contradicción existente, será ésta la que se encargará de corregir la premisa que, desde su punto de vista, es falsa: la existencia de una especie de seres dotados de la característica de la razón que todavía adhieren a antiguas creencias irracionales. La Naturaleza, que no permite la continuidad de contradicción alguna en el universo, eliminará a la especie humana, origen mismo de la civilización, y solucionará así la existencia de la contradicción en sí.
"No es la inmoralidad de los hombres la responsable del colapso que amenaza ahora con destruir al mundo civilizado, sino el tipo de moralidad que se impuso a los seres humanos," escribió la eximia filósofa Ayn Rand. "La responsabilidad es de los filósofos del altruismo. Ellos no tienen motivo para sentirse horrorizados por el espectáculo del éxito que han tenido, ni derecho de condenar a la especie humana: los hombres les obedecieron y llevaron sus ideales morales a la práctica… En aras de un retorno a la moral se sacrificaron todos aquellos males que los hombres consideraron como causante de sus desgracias. Sacrificaron la justicia a favor de la piedad, sacrificaron la independencia a favor de la unidad, sacrificaron la razón en favor de la fe. Sacrificaron la riqueza a favor de la pobreza, sacrificaron la autoestima a favor de la negación del Yo, sacrificaron la felicidad en favor del deber. Destruyeron todo lo que consideraron ser malvado y alcanzaron todo lo que tenían por bueno. Por qué se horrorizan ahora ante el mundo que los rodea? Ese mundo no es el producto de vuestros pecados, sino el producto y la imagen de vuestras virtudes. Es su ideal moral llevado a la realidad en su forma total y perfecta. (de "La Ética Objetivista" y "La Rebelión de Atlas")
Intrínsecamente explica esto el éxito logrado por el marxismo en sus diversas variantes políticas, mera secularización de dogmas morales que trajimos como lastre en esa lenta evolución que nos alejó de los animales irracionales. El Marxismo y sus derivados, dice P. T. Bauer en su obra “Desacuerdo con el Desarrollismo”, ofrece una fe o creencia mesiánica que cubre los aspectos de la vida y promete la salvación, si bien en un futuro indefinido, o sea aquí pero no ahora. Esta atracción como religión secular, mesiánica, permite a quienes adhieren a ella, sentir que participan de un movimiento destinado a lograr la victoria.
El hecho de que el sistema abunda en inconsistencias internas que aseguran su autodestrucción y que sus predicciones hayan sido refutadas por los hechos, el que mentes geniales como Bastiat, Menger, Böhm Bawerk, von Mises, Hayek, George Reisman, Ayn Rand, etc. demolieron la estructura demostrando que es opuesta a la naturaleza de las cosas y no menos a la naturaleza humana y que es irreconciliable con la realidad e intelectualmente insostenible, no fue tomado en consideración por sus adherentes. Al igual que las religiones y junto con ellas, ofrece el marxismo premisas morales dogmáticas y, por ello, falsas. Como el ser humano puede arrastrase a lo largo de su vida casi sin alimento pero no carente de estructura moral, el Marxismo avanzó.
Frente a tal embate los liberales retrocedieron balbuceando que querían las mismas metas a través de otros métodos, se aferraron a dogmas y conceptos establecidos por el misticismo y traducidos a su expresión social, el colectivismo, e intentaron convertir a éstos en sus propios fundamentos válidos.
Como no podía ser de otra manera – y merecidamente – fracasaron. Aquellos dogmas no les correspondían, esas premisas altruistas no eran su fundamento, esos conceptos morales ancestrales no respondían a las exigencias racionales alcanzadas. La gente, que ya había aceptado y se sentía “segura” sobre el basamento moral hábilmente construido por los ideólogos colectivistas a partir de los preceptos místicos enquistados desde hacía milenios en las mentes sencillas, los rechazó, pues preferían una moral imposible a un bienestar carente de una ética correspondiente.
El que los intelectuales del liberalismo estén descubriendo que el colectivismo conduce a la destrucción de la especie se debe a que estamos viviendo ahora, a nivel mundial, las desastrosas consecuencias de ese futuro en el que, según las hipócritas expresiones de Keynes, de todas formas estaríamos todos muertos. Porque nosotros somos ese futuro, nosotros somos los hijos de esos muertos, pero esto será de poca ayuda para los liberales si no comprenden urgentemente la necesidad del por otra parte inevitable sinceramiento de su postura valorativa, eso es, de la moralidad a la que muchos todavía adhieren.
El descubrimiento de la contradicción fundamental misma se remonta aproximadamente 200 años en el pasado, si bien la gestación de la revelación de la existencia de la contradicción comenzó mucho antes, en la Antigua Grecia, cuando Parménides (-540 a –470) desarrolló sus deducciones sobre la existencia de la existencia, a la que se agregaron posteriormente las inquebrantables leyes de la lógica de Aristóteles que Kant quiso quebrar para poder evidenciar la existencia de un "ser superior". Naturalmente le fue imposible destruir las deducciones de Aristóteles y esto lo llevó a rechazar a la razón para poder dar sustento a las creencias irracionales. La evidencia de la contradicción cuajó plenamente cuando Alfred Russell Wallace y Charles Darwin descubrieron independientemente el mecanismo de la evolución de las especies. Darwin se vio inspirado en su trabajo por deducciones realizadas previamente por su abuelo y más tarde se agregaron muchos otros detalles adicionales que completaron la labor, tales como el descubrimiento de las leyes de la genética por Gregor Mendel y los desarrollos científicos de Miller, Crick, Watson, etc.
Podríamos citar aquí muchos más pasos intermedios, tales como las deducciones sobre el universo realizadas por Giordano Bruno y Galileo Galilei entre otros, pero no es necesario citar tantos datos relacionados que, por otra parte, se encuentran en todo buen libro de la historia de las ciencias, para poder hablar de la contradicción esencial que todas estas labores científicas revelaron.
Sí es necesario, en cambio, citar el renovado impulso hacia el creciente establecimiento de la libertad individual, que se había iniciado ya en la Grecia Antigua y que fuera prohibido, en Occidente, por el surgimiento del Cristianismo, porque ese impulso brindó la base para los descubrimientos científicos relacionados con la contradicción aquí tratada.
El primer toque de atención al respecto fue el establecimiento del derecho al Habeas Corpus ad subjiciendum, la presencia del acusado en todo proceso, arrancado por una agrupación de nobles al poder del rey de Inglaterra en el siglo 12. Esta semilla habría de crecer con gran vigor en los siglos siguientes, a pesar de los denodados esfuerzos de religiosos, pseudofilósofos y políticos por sostener la subyugación de la población ejercida con férrea brutalidad. Entre otros puede citarse a Campanella, Tomás Moro, Hobbes, Saint Simon y Marx como traidores del empeño humano en pos de la libertad individual.
El Habeas Corpus es sólo el ejemplo puntual de una rebelión no declarada pero que de hecho había comenzado a surgir en los cerebros de ciertos pensadores y científicos, en aquel entonces alquimistas que, a través de muchas veces casuales descubrimientos, habrían de significar el comienzo de la ciencia de la química y otras áreas del saber científico.
Todo ello colaboró a que, inevitablemente, se hiciese evidente la contradicción existente.
Pero fue recién con la llegada de Ayn Rand (1905-1982) que los intelectuales y políticos liberales – y crecientemente también algunos intelectuales colectivistas, lo que explica el cada vez más notable cambio de posición en muchos de ellos -, comenzaron a darse cuenta que no sólo diferían los métodos sino que también eran distintas las metas perseguidas. Fundamentalmente, lo distinto es la base misma del liberalismo: nuestros valores, metas, conducta, deberes morales, las relaciones con nuestros semejantes, o sea todas y cada una de las columnas que constituyen la filosofía. Dicho en otros términos la filosofía es la base de toda realización humana. Repito: la filosofía es la base de todo lo demás.
Lo explicaré en otros términos. Si usted entiende que vive en un universo gobernado por leyes naturales y que, en consecuencia, es estable, firme, absoluto y comprensible, si piensa que el ser humano adquiere sus conocimientos por medio de un proceso de razonamiento, si entiende que las dos premisas citadas permiten deducir un sistema moral que señala el derecho a existir para uno mismo, la felicidad, la autoestima, el orgullo por las obras realizadas, como valores, y que esta ética necesariamente lleva a un sistema social donde el gobierno no tiene derecho alguno de intervenir en los quehaceres humanos (siempre y cuando éstos no signifiquen un acto de violencia contra otras personas), evidentemente tendrá una óptica objetiva de su relación con la existencia y, como resultado, una sensación de confianza y optimismo que será radicalmente distinta a la inseguridad que experimenta quien acepta que vivimos en un caos incomprensible, que las ideas nos son implantadas por vía de seres o entes sobrenaturales, que somos ciegos pasajeros de un mundo que “no hicimos“, sometidos a cumplir las órdenes de quienes se nos presentan como superiores y que nuestra existencia se justifica únicamente si vivimos para los demás.
Más aún, la mayoría de las personas ni siquiera se ha tomado todavía el trabajo de diferenciar tan nítidamente ambas posiciones, ambos “sentidos de vida“. En general existe en su cerebro un horroroso “collage” de indiscriminadas y aun insospechadas contradicciones absorbidas al paso o aceptadas subconscientemente a partir de escritos y peroratas de así llamados intelectuales no menos confundidos si no evidentemente malvados. Si usted se pregunta de donde vino la economía “mixta”, lo que antecede le proveerá una buena pista.
No creo necesario puntualizar que el liberalismo como sistema social – y su expresión económica, el Capitalismo de “Iaissez faire” total – ha tenido tantas dificultades en convencer de sus evidentes ventajas de libertad, derechos individuales y bienestar porque la mayoría de sus proponentes se limitó o bien en mantenerlo en un vacío filosófico o a empantanarlo en contradicciones sin fin por el temor de tener que enfrentar dogmas y conceptos morales establecidos pero falsos.
El sistema liberal es distinto de raíz, como lo demostró Ayn Rand a través de la filosofía del Objetivismo, donde dedujo que el hombre tiene una sola herramienta de supervivencia: la facultad de la razón y que debe usar la misma para adaptar el medio ambiente a sus necesidades en lugar de adaptarse él al medio ambiente como lo hacen los animales irracionales, meta que desean alcanzar los falsos adoradores de la naturaleza, enemigos del progreso técnico: los ecólogos y ambientalistas. El hombre carece del código instintivo que los animales tienen incorporado en sus genes y esto lo obliga a usar su cerebro para deducir un código de valores racionales, labor ya efectuada por Ayn Rand, quien dedujo los valores que sirven como sustento del hombre y las virtudes que permiten obtener aquellos. Pero todo esto hace necesario un sistema social fundamentalmente distinto al tribal, que prevalece entre las demás especies, un sistema social racionalmente individualista donde la vida de cada hombre sea un fin en sí misma y no un medio para los fines de los demás; donde la felicidad de cada hombre, en ésta, su única vida, sea su meta moral más elevada y el objetivo de su esfuerzo productivo; donde su libertad y sus derechos estén sólo limitados por iguales derechos de sus pares, los demás seres humanos.
Propiciar, promover o adherir a religión alguna es, para los liberales, desacertado por incongruente. Las religiones son la antítesis directa de la libertad del individuo, son las camaradas y defensoras de todas las doctrinas colectivistas que han llevado tanto mal a las poblaciones del mundo entero. Es preciso que los liberales que no adhieren al Objetivismo o que desconocen sus premisas, comprendan que adherir a una religión como fundamento moral de sus ideas es cometer una trágica contradicción en términos. Ninguna religión fundamenta a las ideas liberales, por más que haya habido y todavía existan quienes quieran adherir a tal despropósito. Es profundamente lamentable que muchos liberales aún no lo hayan comprendido.
El fundamento de las religiones es la veneración de la pobreza, todo esto más allá de la evidente contradicción con el fausto que los "defensores de los pobres" acumulan y mantienen para sí mismos, una postura que, por otra parte, sólo podrán mantener mientras sometan a los pobres a su condición de miseria. El pensamiento liberal es totalmente contrario a tal posición. El liberalismo promueve el bienestar económico y, en consecuencia, sus esfuerzos se encaminan hacia la creación de riqueza y el desarrollo personal hasta donde cada individuo pueda o quiera. Pero por ello mismo no puede el liberalismo reducir su programa meramente a la promoción de la riqueza económica. Si bien esta tarea es importantísima, ella sola, sin una declaración de principios morales basados en la razón y la realidad, no llevará al ser humano en general a renunciar a su adherencia a un fundamento moral falso por irracional.
El liberalismo posee un fundamento moral propio que debe difundir pero que es completamente contrario al que promueven las religiones. Mientras los liberales no entiendan y acepten esta cuestión de integridad en todas sus consecuencias actuarán con evidente si bien inconsciente hipocresía y no obtendrán las adherencias mayoritarias que desean y necesitan. No podrán convencer. Las personas en general son bien intencionadas pero no por ello tontas. Su "sentido de vida" les indica la falsa postura moral pretendida por el liberalismo que, por una parte, acepta tácitamente la doctrina de pobreza que predican las religiones en general, mientras, por la otra, se opone a ella con sus propuestas de productividad y bienestar. La incompatibilidad es evidente y, en consecuencia, también insostenible. Toda contradicción provoca descrédito.
La moral correspondiente al ser humano no es la fantasía que han inventado los jerarcas místicos con la finalidad de dominar al ser humano, sino aquella deducida de la realidad, la lógica y el análisis de la naturaleza humana por la genial filósofa Ayn Rand: el Objetivismo. Pretender unir al liberalismo con las religiones en cualquiera de sus numerosas variantes, es una contradicción en términos.
Si las religiones hubiesen sido eliminadas hace milenios, se habría evitado la muerte de millones y millones de productivos seres humanos de todas las edades que perecieron en inútiles guerras religiosas, y ya se habría prácticamente eliminado en el mundo la pobreza y las plagas físicas y sociales que las acompañan. El dinero malgastado en edificar templos inútiles, en mantener a los mismos y a las organizaciones y personas relacionadas con ellos, se hubiera podido invertir en actividades productivas privadas que habrían solucionado los problemas económicos y de salud de innumerables poblaciones. Se hubieran evitado guerras y se hubiera establecido la libertad y, en consecuencia, la felicidad humana. Esto no es ninguna fantasía ni anhelo imposible, pero no haber actuado en su consecución es imperdonable y muchos liberales no parecen haber entendido todavía como se traza el camino que lleva al bienestar y la felicidad, a pesar de que ya existen los fundamentos filosóficos, ideológicos y políticos para hacerlo. Así no se construye el futuro! A todo ello se agrega ahora el fanatismo islamita a tan descorazonante situación y si ellos lograran la victoria ella sería el fin de la existencia humana, lo cual no es ni bondadoso, ni benevolente ni deseable.
Existe una sola idea moral que respalda a las ideas de la libertad individual y fue Ayn Rand quien la dedujo a partir del análisis de la realidad. No se puede combinar incompatibles, porque de la mezcla de fundamentos opuestos resulta una mezcla carente de sentido. "No puede haber compromiso alguno en relación con los principios morales," indicó Ayn Rand en su artículo "No requiere compromisos la vida?", y en "La Rebelión de Atlas" reforzó esta declaración al escribir: "En todo compromiso entre el bien y el mal, solamente es el mal quien obtiene beneficios." Intentar mezclar religiosidad con libertad es una contradicción monstruosa que jamás permitirá a quienes dicen defender la libertad lograr la victoria, pues ésta no se alcanzará jamás respaldando las ideas económicas liberales sobre bases "morales" irracionales. Las ideas económicas correctas se basan en ideas filosóficas correctas pero éstas, precisamente por ser correctas, son fundamentalmente distintas a las que sostienen las religiones. Mientras que las mismas defienden en todas sus formas al colectivismo altruista, cimenta el Objetivismo las ideas económicas correctas (el Capitalismo) estrictamente en el contexto filosófico-moral que le corresponde. No existe otra solución.
Una sociedad de hombres libres no se podrá basar jamás en leyes bíblicas o similares, según la variante religiosa, que consagren la importancia de seres o entes imaginarios y obliguen al ser humano a vivir de acuerdo a las reglas impuestas por tales imposibles. Lo sagrado es la existencia del ser humano y no fantasías absurdas, y es esencial para los liberales entender esto. El sistema social del Capitalismo es la función económica de una forma de sociedad definidamente basada en el uso de la razón y que, por lo tanto, es irreligiosa, es decir atea, en oposición al comunismo que es la expresión secular de toda teocracia.
Es pues, imperioso que los liberales que aún no han adoptado la moral deducida de la realidad por la filósofa Ayn Rand, acepten y promuevan la misma por ser la única que corresponde al liberalismo político y económico. Ella elimina la contradicción existente en sus conceptos fundamentales. Sin ella carecen de toda posibilidad de sembrar con éxito sus ideas.
Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason"
http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/Religion_&_Liberalism_%28%29.shtml
Traducción al castellano del autor.
Estudio liderado por el sociólogo Luis Pedro España con datos a 2008
Ver más adelante: Datos a tomar en cuenta
Un grupo de académicos liderado por el sociólogo Luis Pedro España ha desarrollado un estudio sobre la pobreza en Venezuela que contrasta datos obtenidos en 2008 con 1998 y el resultado no es del todo positivo. Si bien la población sumergida en la pobreza desciende desde 56,33% hasta 48,14% del total, proporción que equivale a 10 millones de personas, Luis Pedro España, quien participó en un foro organizado por Veneconomía para evaluar las tendencias del país, subraya que las familias en pobreza extrema tan sólo disminuyen 3% y representan "un poco más de tres millones de venezolanos".
La radiografía señala que el crecimiento de la economía entre 2004 y 2008 creó una ola de movilidad social que principalmente fue aprovechada por quienes están preparados para captar renta petrolera. "El Gobierno no cuenta con una política de distribución del ingreso que llegue a la capa más pobre; es un mito que este sector ha sido el más favorecido", explica Luis Pedro España. "Detectamos que la calidad de vida de las familias en pobreza extrema ha empeorado. Hace diez años 9% de las familias en esta condición habitaban en viviendas con piso de tierra; ahora se trata de 22%. Al mismo tiempo, la proporción de viviendas sin servicio de agua aumenta desde 40 hasta 60%", afirma Luis Pedro España.
El estudio creó un índice para medir la pobreza compuesto de variables como característica de la vivienda, servicios, promedio educativo, disponibilidad de vehículo propio e ingreso familiar. Básicamente, una familia en pobreza extrema ubicada en el estrato E tiene cocina de gas, un televisor, educación primaria y un ingreso que no supera los 900 bolívares al mes. El estrato D tiene nevera, DVD y en algunos casos educación secundaria, mientras que el ingreso del C supera el costo de dos canastas alimentarias, dos personas por cuarto y en algunos casos vehículo propio. El estrato B dispone de un ingreso que supera las 5 canastas alimentarias.
Una de las conclusiones más llamativas del estudio es que diez años atrás sólo 25% de la clase B habitaba en barrios y ahora la proporción es de 57%. "Ahora se puede encontrar en una zona popular como Antímano o San Agustín a familias con un ingreso que supera 5 o 6 veces el costo de la canasta alimentaria y con miembros profesionales. La carencia de vivienda hace que no puedan mudarse, no hayan a dónde ir", dice Luis Pedro España.
Al abordar el tema de los programas sociales conocidos como misiones, afirma que "no han tenido mayor efecto en la reducción de la pobreza, encontramos que 73% del ingreso de las familias del estrato E no proviene del Ejecutivo. Las transferencias del sector público no están focalizadas y no son tan grandes como comúnmente se piensa". El economista Gustavo Rojas afirma que la tendencia actual de los precios del petróleo deriva en que este año el país recibirá un ingreso similar al obtenido entre 2004 y 2005. Este retroceso se traducirá en un recorte de las importaciones cercano a 50% y en un frenazo importante del crecimiento.
Ante la interrogante de si un alza en los precios del crudo puede ayudar a recuperar el crecimiento de la economía, sostiene que la inversión, pieza esencial para producir más y crecer, se ha evaporado. Destaca que el país vivió una situación similar en 1982, cuando el precio del crudo llegó al equivalente actual de 90 dólares y la economía se contrajo. "Más cercano tenemos que en 2008 cuando el precio del crudo batió récord y el crecimiento del sector privado fue cero", indica Gustavo Rojas. Humberto Calderón Berti, ex ministro de Energía, sostiene que el país está tomando decisiones desacertadas por el interés político. "La mayoría de las empresas que están en la Faja no tienen tecnología ni músculo financiero para desarrollar proyectos, simplemente se trata de comprar solidaridad política". Además, advierte que la política de la OPEP de defender los precios del petróleo mediante recortes de producción puede ser contraproducente ya que los países que no forman parte de la Organización aumentarán el bombeo y ganarán mercado.
Datos a tomar en cuenta (tomado de El Universal de Caracas, Julio 23 de 2009)
- Humberto Calderón Berti señala que para soportar la producción que Pdvsa afirma realizar son necesarios 130 taladros activos y "tenemos la mitad".
- Indica que los planes para construir gasoductos no se han concretado porque el país no tiene gas.
- El 85% del gas nuestro está asociado al petróleo.
- El abogado Juan Martín Echeverría sostuvo que el país está asistiendo al desmantelamiento de la Constitución.
- El economista Gustavo Rojas destacó la dependencia petrolera del país subrayando que sin el crudo las exportaciones venezolanas serían de sólo 7 mil millones de dólares.
- Un resultado similar a Haití.
"Los empresarios son el símbolo de una sociedad libre - el símbolo de los Estados Unidos. Si perecieran, la civilización perecería."
(de "La Minoría Perseguida de Estados Unidos: las Grandes Empresas", por Ayn Rand, en "Capitalismo: El ideal Desconocido")
por Manfred Schieder
Envidiados, despreciados y difamados por doquier, hallados culpables de todos y cada uno de los problemas que aquejan al mundo, maldecidos por la población en general como "hombres ricos" y "barones del robo" y utilizados como chivos expiatorios cuando los gobiernos o cualquier grupo político, ideológico o intelectual necesita liberarse de los inevitables y desastrosos resultados de sus incontables actos de irracionalidad, y sintiendo una pesada carga de culpa por saber, subconscientemente, que no viven ni de acuerdo con el camino trazado ni conforme al sistema "moral" existente, constituyen los empresarios la nueva minoría racial que sirve como víctima propiciatoria en esa "moderna" cacería de brujas que los intelectuales, los místicos y los políticos incitan para alejar a la furia popular de si mismos.
Cuando hablo de los empresarios no me refiero, claro está, a aquellos mandatarios burocráticos de aventuras económicas estatales o mixtas que solamente son los usuarios de los privilegios, subsidios y proteccionismos estatales que resguardan su ineficacia e incapacidad, a costa de la población en general, de todo riesgo que los empresarios privados deben enfrentar en relación con toda decisión tomada. La población en general ha sido convenientemente y por acción psicológica acallada para que no se queje del colosal robo al que la someten los gobiernos con las permanentes pérdidas cargadas sobre sus hombros mediante lo que los gobiernos llaman "empresas estatales" con "sentido social".
Desafortunadamente todavía hay demasiado pocos empresarios dispuestos a alzarse y enfrentar la situación y aún muchos menos que sí lo hicieron y estén además dispuestos a defender sus derechos como verdaderos benefactores de la humanidad. Demasiados de ellos prefieren acudir en multitud para solicitar "ayuda estatal", o sea dinero extraído a la población en general mediante impuestos obligatorios, para rescatar a sus empresas apenas el camino se torna escarpado. General Motors es un caso bien conocido hoy en día, con Opel, su hija alemana, colgando lloronamente de sus faldas. La cuestión es: por qué ha de ser "rescatada" una empresa si es incapaz de producir los coches que desea el público, o si insiste en continuar fabricando automóviles que nadie quiere comprar ahora, en tiempos difíciles, cuando los compradores temen gastar su dinero, ganado con gran esfuerzo y prefieren conservarlo para enfrentar quién sabe qué dificultades que todavía vendrán? Hay quienes dirán: Pues, para ayudar a los técnicos, a los operarios, a los empleados, los vendedores, empleados que quedarían sin trabajo, etc. Pero ésta no es la solución.
Ludwig Erhard, el constructor del "milagro alemán" después de la 2da. Guerra Mundial, demostró la manera correcta de proceder cuando la fábrica de automotores Borgward fracasó en su época. Todos los socialistas reclamaron ayuda en ese momento pero el obeso fumador de cigarros Erhard, quien se parecía un tanto a la cómica figurita del cerdo capitalista, denegó toda ayuda, indicando que sería injusto "rescatar" a una empresa que no era capaz de mantenerse por sus propias fuerzas. Adicionalmente agregó que sus trabajadores y empleados, todos ellos gente capaz, encontrarían rápidamente otros empleos en fábricas de coches bien dirigidas y en millares de otras empresas que elaboraban productos que atraían compradores. La historia demostró que tenía razón. Los gobiernos actuales aparentemente no aprendieron la lección… ni lo hicieron los "empresarios" ahora involucrados en las demandas de rescate.
A lo largo de los tiempos no solamente permitieron los empresarios que los gobiernos interfiriesen en sus negocios sino que fomentaron tales interferencias, solicitando primero favores y promesas de reyes y señores feudales y, más tarde, como sucede en Estados Unidos y otros lugares, mediante "generosos" grupos influyentes y/o de presión, personas con poder político, asociaciones empresarias con conexiones políticas, etc. etc. Más adelante y a su debido tiempo, se convirtieron las concesiones y favores en órdenes directas por parte del gobierno, ya que ésta es la marcha natural de los sucesos si nadie se opone a su mecánica. Bajo tales condiciones le es fácil a los gobiernos poner en funcionamiento una poderosa maquinaria que obliga a los bancos y las instituciones financieras a proveer créditos a compradores de bienes cuyos ingresos los convierten ya desde el principio en receptores que no serán capaces de devolver el dinero recibido; este proceso funciona especialmente cuando el gobierno se sabe respaldado por los lamentos de los izquierdistas que reclaman "ayuda para los pobres". En muy poco tiempo los prestatarios rebasados en su capacidad de pago alcanzan el momento en que ya no podrán pagar sus deudas. Una vez que el esperado desastre tiene lugar (ya hubo un ensayo previo de tales desastres en 1929), recaen las consecuencias, que nadie quiso prever ni estaba dispuesto a evitar, injusta pero también inevitablemente sobre la parte productiva de la población mundial, generando, como sucede en la actualidad, una enorme cantidad de gente capaz ahora desocupada.
Los actuales sucesos económicos y, en consecuencia, políticos, ya están expandiendo sus desagradables resultados. Las operaciones de "rescate" demandadas por los bancos y las instituciones financieras al actual presidente de los Estados Unidos, y la concesión de tales rescates, rápidamente revelaron los adicionales propósitos políticos que las acompañan: un inexorable control estatal que llevará al mundo primeramente a un regreso al socialismo y luego al comunismo, tal como Marx previó y yo mencioné en mi reciente escrito "La sociedad como fin y la sociedad como medio". Aunque un poco tarde y ya muy avanzados en ese camino parecen comenzar a darse cuenta los empresarios financieros de lo que se halla oculto entre bambalinas, y se apuran ahora a devolver al estado el dinero recibido y quizá también están aprendiendo las sabias palabras de George Washington: "El gobierno no es razón, no es elocuencia; es fuerza. Como el fuego, es un servidor peligroso y un amo amedrentador."
Los medios periodísticos naturalmente siempre favorecieron al popular colectivismo y, en consecuencia, favorecen todas las reglamentaciones estatales, ignorantes o sin importarles el hecho de que los fundamentales derechos individuales, tal como se hallan anclados en la Constitución de los Estados Unidos, también cesarán para ellos mismos. Pocos intelectuales supieron señalar esto, entre ellos Ayn Rand y sus Objetivistas, Ludwig von Mises, George Reisman (cuyo artículo "El Mito de que el Mercado Libre es Responsable de Nuestra Crisis Financiera" es extraordinariamente revelador en la materia), Friedrich A. Hajek y Murray N. Rothbard y sus seguidores y, tal como ese medio omnirevelador que es el Internet indica, incluso algunos intelectuales izquierdistas. Conocer la verdad oculta detrás de los hechos desafortunadamente parece quedar reservado a los menos.
Cuando hablo aquí de empresarios me refiero, naturalmente, a empresarios libres, libres hasta donde pueden actuar como tales en medio del pantano de leyes e impuestos de todo tipo echados sobre sus hombros, imposiciones que ahogan mundialmente a la sociedad misma y pueden provocar su desintegración total. Nuevamente me refiero a empresarios LIBRES, libres hasta donde es actualmente posible, dadas las condiciones imperantes, esa especie compuesta, como dijera Ludwig von Mises en su colosal obra "La Acción Humana", por "aquéllos que tienen un empeño especial en ganar ajustando la producción a los previsibles cambios de condiciones, aquéllos que tienen mayor iniciativa, mayor espíritu de aventura y un ojo avizor más alerta que la multitud; esos pioneros del empuje y la promoción del mejoramiento económico (3ra. Parte, Cap. 14, Subcap. 7)".
Los empresarios son los constructores del futuro. Obsérvese que el "Gran Salto hacia Adelante", el momento en que comenzó el progreso humano, se relaciona directamente con la Revolución Industrial del siglo 18. Qué es lo que hizo tan extraordinario al lugar donde tuvo lugar y al tiempo en que sucedió? Descubrimientos o inventos de alguna importancia particularmente sensacional? De ninguna manera. Hasta ese entonces ya habían hecho los seres humanos muchos descubrimientos y realizado extraordinarios inventos, todo lo cual se acumuló a lo largo de los siglos. Quienes quieren ocultar al factor fundamental que "disparó" el proceso señalan a la máquina de Watt como iniciadora del proceso. Pero el principio que había hecho posible esa máquina ya era conocido por los antiguos griegos y, sin embargo, nada sucedió en ese momento que iniciase el gran empuje. De hecho, el origen de muchos logros científicos pueden seguirse hasta la Antigua Grecia, pero eran vistos, aún hasta y más allá del Renacimiento, como meros juguetes ingeniosos, conjuntos físicos y químicos imaginativos.
Hasta la segunda mitad del siglo 18 prevaleció el concepto místico de que todo esfuerzo humano es inútil, incluso carente de sentido, por ser la existencia humana solamente la preparación para la "verdadera" vida que será alcanzada para toda la eternidad en otra, desconocida "realidad". Los teólogos declaraban esto, y lo continúan haciendo aún hoy en día, como un dogma indiscutible e innegable de sus "enseñanzas". Los filósofos, comenzando con los presocráticos hasta nuestros días - a excepción del genial Aristóteles -, funcionaban y funcionan como meros servidores del misticismo, secularizando esta versión de la existencia (por ejemplo, Platón con su mundo bidimensional de formas e imágenes, Kant con sus objetos noumenales y fenomenales, etc.). Esta obligación de creer que la existencia humana no puede ser mejorada, necesariamente incluye un sentimiento profundo de que todo lo que se haga será una pérdida de tiempo.
Empero, llegó el momento en que el cerebro de algunos hombres se rebeló, consciente o subconscientemente, contra esta creencia. Hombres con metas prácticas tomaron en sus manos la labor de llevar los logros científicos a aplicaciones prácticas. Hombres como James Brindley, Josiah Wedgwood, John Wilkinson, Matthew Houlton y docenas más, aprovecharon la mayor libertad existente en Inglaterra para convertirse en "hacedores de dinero" cambiando, como segunda consecuencia, la vida de los pobres, una existencia frustrada en pocilgas de horrible pobreza y falta de esperanzas. "Es cómico pensar que ropa interior de algodón y jabón puedan producir un cambio en la vida de los pobres," escribió el brillante Jacob Bronowski en su libro "El Ascenso del Hombre" (Cap. 8). "Sin embargo fueron las cosas simples - carbón en el hogar, vidrio en las ventanas, una selección de comidas - las que provocaron el maravilloso ascenso en el standard de vida y en la salud. De acuerdo con nuestros standards actuales, los pueblos industriales eran barracas, pero para la gente que había llegado de una choza, vivir en una vivienda significaba una liberación del hambre, de la suciedad y de las enfermedades; una nueva riqueza de selección se les ofrecía."
Los hombres que apostaron su dinero a la confianza de que tanto pobres como ricos habrían de comprar los productos que ellos ofrecían al mercado, fueron los hombres de negocio. Los empresarios, naturalmente movidos por su interés personal y al mismo tiempo benefactores sociales de dimensiones colosales, crearon mercados masivos para que todo producto pudiese alcanzar todo nivel social, aún el más bajo imaginable. Su maquinaria aumentó la labor humana y, en consecuencia, elevó el premio económico de su labor. "Al organizar el esfuerzo humano en empresas productivas," escribió la extraordinaria filósofa Ayn Rand, "creó (el empresario) empleo para los seres humanos en incontables profesiones. Él es el gran liberador que, en el breve lapso de un siglo y medio, liberó a los seres humanos de la presión de sus necesidades físicas, de la terrible esclavitud de un día de 18 horas de trabajo manual para obtener meramente la subsistencia mínima; el que los liberó de hambrunas, pestes y de la estancante falta de esperanza y el terror en que la mayoría de los seres humanos vivieron en todas las centurias precapitalistas - y en las cuales la mayoría continúa viviendo en los países no-capitalistas." (de "Para el Nuevo Intelectual")
Los mismos Marx y Frederic Engels confirmaron su monstruoso propósito de querer devolver a los seres humanos a las edades prehistóricas de la ignorancia, las pestes y la prisión intelectual y física del comunismo, cuando reconocieron en su "Manifiesto Comunista" que "La burguesía (el nombre dado en su época a los capitalistas), mediante el rápido mejoramiento de todos los instrumentos de producción, mediante los medios de comunicación inmensamente facilitados, llevan a todos, incluso los países más atrasados, a la civilización. Los precios baratos de sus productos son la artillería pesada con la que destruyen a todas las murallas chinas, con las cuales obligan a capitular el obstinado odio de los países subdesarrollados contra los foráneos. (El Capitalismo) ha creado ciudades enormes… rescatando así a una considerable parte de la población de la imbecilidad de la vida rural… La burguesía, durante su imperio de apenas cien años, creó fuerzas productivas más masivas y más colosales que todas las generaciones anteriores juntas… En la misma proporción en que la burguesía, o sea el capital, se ha desarrollado, en la misma proporción se desarrolló (mi énfasis) el proletariado, la moderna clase trabajadora."
Pero los intelectuales se negaron a reconocer esta transformación. Tanto los filósofos como los pensadores en general, evadieron la responsabilidad de explicar a la población cómo podía haberse convertido tal "milagro" en realidad, cuál era el origen de tan asombroso avance humano, cómo podía ser que la Revolución Industrial y su sistema económico, el Capitalismo (un sistema social basado en el reconocimiento de los derechos individuales, incluidos los derechos a la propiedad, en el cual toda propiedad se encuentra en manos privadas, como definiera Ayn Rand en su artículo "Qué es el Capitalismo?") pudiese producir un resultado tan asombroso.
La mayoría de los intelectuales permanecieron sumergidos en el pantano de su propio retroceso mental. Buscando la protección de los poderes y temiendo la ira de monarcas y teócratas, no se atrevieron a analizar el fenómeno. Todavía atados a los conceptos dogmáticos del medioevo, se vieron incapacitados de descubrir qué había posibilitado el heroico triunfo capitalista.
Sería recién en el siglo 20 cuando quedaría develado el nuevo y extraordinario logro intelectual. Ayn Rand dedujo, a partir de los hechos de la realidad, el fundamento que sustenta a los empresarios y su labor, un fundamento que la mayoría de los hombres de negocio mismos desconocían. Ellos estaban ocupados en producir y, sin saberlo, construir, el futuro. Ayn Rand reunió las piedras angulares en una sola e indestructible unión conocida actualmente con el nombre de Filosofía del Objetivismo.
Lo único que se encuentra a disposición de las personas mientras vivan dentro de las premisas del altruismo, la demanda de existir para el prójimo como justificación de la propia existencia, es el estancamiento y la resignación y nada dentro de tal sistema cambiará jamás para mejor, tal como la historia demostrara incontables veces. El altruismo es la noción de que cada uno debe sacrificarse por los demás, o sea la "moralidad" de los caníbales.
El altruismo es, pues, totalmente irreconciliable con el Capitalismo, ya que éste representa el continuo esfuerzo de cada uno por mejorar su propia vida satisfaciendo sus necesidades y deseos. La práctica de la resignación, la adoración del sufrimiento y el auto-sacrificio, la supervivencia a partir de la caridad y los redrojos, es la típica existencia de la sociedades tribales, colectivistas, lugares donde la población se halla sujeta a los caprichos de príncipes y caciques tribales. "Aquí se encuentra la profunda brecha entre los empresarios y el altruismo," indicó Ayn Rand en su artículo "La Sanción de las Víctimas", "pues los hombres de negocio no se sacrifican por los demás - si lo hiciesen fracasarían en sus quehaceres en pocos meses o días - ellos obtienen beneficios, ellos se enriquecen, ellos son recompensados, tal como ellos merecen. Es esto lo que los altruistas, los colectivistas y otros "humanitarios" odian en el empresario, ya que los verdaderos hombres de negocio persiguen una meta personal y tienen éxito en la misma. No se engañe a sí mismo pensando que los altruistas son motivados por la compasión hacia el que sufre. Ellos son motivados por el odio al exitoso."
Los empresarios sufren una profunda sensación de culpa por encontrarse inmersos en la dicotomía formada por las premisas de una "moral" antigua que se les ha enseñado a respetar y lo que la realidad les dice que deben hacer, y esa culpa se encuentra intensificada por el hecho de que los empresarios no pueden adherir a lo arbitrario, lo caprichoso, lo irracional, ya que dependen plenamente de la facultad que es exclusiva del cerebro humano: la razón. En consecuencia ellos representan al ser humano como lo que es: un ser racional.
Son los empresarios libres y sus hermanos de sangre, los Nuevos Intelectuales, quienes, a partir de la filosofía del Objetivismo de Ayn Rand colocan el fundamento y defienden la existencia del Capitalismo como la única sociedad humana racional posible, y quienes llevan la responsabilidad directa de rescatar a la humanidad de su auto-inmolación, una humanidad que no parece estar dispuesta a renovarse filosófica y moralmente a sí misma.
Nada intermedio puede proveer la solución adecuada. La solución a medias es un elemento inestable, radioactivo, cuyo tiempo ha pasado. La confrontación final se decidirá entre el Objetivismo y los actualmente existentes tipos de comunismo y sus similares, las teocracias de todo tipo, una decisión que deberá tomarse entre dos alternativas: una sociedad racional de seres humanos racionales y un campo de servidumbre esclava hostigada por los latigazos de sus bestiales dirigentes. La confrontación se decidirá entre una moralidad racional, basada en el derecho humano de existir para sí mismo y el altruismo, lo que significa existir, quiérase o no, para quienes mandan, una tribu de seres cuyo único parecido con el ser humano es su apariencia física.
Pero "el mundo que ustedes desean puede ser obtenido; existe, es real, es posible y es vuestro," escribió Ayn Rand en su obra cumbre "Le Rebelión de Atlas", "pero para lograrlo se requiere la dedicación total y un quebramiento completo con el mundo del pasado, con la doctrina de que el ser humano es un animal de sacrificio que existe para el placer de los demás. Luchen por el valor de vuestra persona. Luchen por la virtud de vuestro orgullo. Luchen por la esencia de lo que es el ser humano: por su soberana mente racional. Luchen con la radiante certeza y la absoluta rectitud de saber que la vuestra es la Moralidad de la Vida y que vuestra es la batalla por todo logro, todo valor, toda grandeza, toda bondad y toda alegría que haya existido jamás en el mundo."
A partir de esta base le será muy fácil a los empresarios decidir el "quo vadis" de su camino.
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Nota: El original en inglés del presente artículo fue publicado en las páginas del Web de "Rebirth of Reason" (http://rebirthofreason.com/Articles/Schieder/Quo_vadis,_Businessmen.shtml). Traducción al castellano del autor.
por Mauricio García Villegas – tomado de EL ESPECTADOR – Julio 11 de 2009
Profesor de la U. Nacional e investigador de Dejusticia.
Luego de cuarenta años de lucha infructuosa contra las drogas ilícitas —todo empezó cuando Richard Nixon la emprendió contra los hippies y los jóvenes libertarios de los sesentas—, hoy las opiniones de los partidarios de la legalización empiezan a ser tomadas en serio.
¿Qué ha pasado para que esto finalmente suceda? ¿Fueron acaso los argumentos de los académicos y científicos sociales que durante años pusieron en evidencia la estupidez de esa guerra? ¿O tal vez fue el dolor de las innumerables víctimas que ha dejado esa cruzada puritana? ¿O fue quizás el efecto devastador de las mafias en países como Colombia, Afganistán, Rusia o México?
Pues no, nada de eso. La convicción de los prohibicionistas no tambalea hoy por esas evidencias en su contra, sino por otra cosa: por el dinero que cuesta mantener a los prisioneros de esa guerra.
El caso más dramático se vive en California, un Estado que tiene un déficit de 24 mil millones de dólares, ocasionado por la desastrosa combinación de dos políticas conservadoras: la reducción de los impuestos, por un lado, y la decisión de actuar con dureza frente al consumo de drogas (Get tough on drugs), por el otro. Resultado: mientras hace treinta años el presupuesto destinado a las prisiones era la quinta parte del presupuesto destinado a la educación, hoy ambos presupuestos son iguales y eso debido a que la población carcelaria pasó de 30 mil, a más de 150 mil. Algo parecido sucede en estados como Michigan, Vermont, Oregon, Delaware y Connecticut, entre otros.
Ante semejante descalabro, muchos altos funcionarios están hoy dispuestos a discutir políticas de legalización. Se estima que si los actuales consumidores de marihuana pagaran un pequeño impuesto al consumo, el Estado recolectaría mil trescientos millones de dólares anuales. Eso no acabaría con el déficit actual, pero si a eso se le suma la liberación de todos los que están en la cárcel por fumarse un varillo, la solución estaría muy cerca. Por eso, el gobernador Arnold Schwarzenegger —republicano— ha dicho que el Estado de California está dispuesto a estudiar los méritos de las propuestas de legalización de la marihuana.
Las razones que tiene Schwarzenegger para decir eso son, desde luego, muy distintas a las esgrimidas por los promotores de la legalización: no están fundadas en la defensa de la libertad, no tienen nada que ver con las razones humanitarias que han llevado a los jueces a exigir una mejoría en las condiciones de vida de los presos y tampoco tienen nada que ver con la lucha contra la discriminación de los negros (mientras los consumidores blancos son cinco veces más numerosos que los negros, éstos últimos representan el 62% de los presos por drogas). Son razones simplemente económicas, las mismas que se esgrimen hoy en muchos estados para eliminar la pena de muerte, la cual, aunque no parezca, es mucho más costosa que la cadena perpetua.
Pero a los defensores de la legalización les tiene sin cuidado que los prohibicionistas no crean en principios humanitarios o de libertad. Les basta con que, finalmente, los prohibicionistas sean consecuentes con lo que piensan, es decir, que reconozcan que la mejor manera de ser duros contra las drogas, es legalizándolas.
P.D. Mientras tanto, en Colombia avanza el proyecto de reforma constitucional para penalizar la dosis personal.
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