Por Gennady Stolyarov II. (Publicado el 25 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/3858.

                                            

Vivimos en tiempos en que los hechos y la propaganda son demasiado fáciles de mezclar (a menudo deliberadamente). Recuerdo hace mucho tiempo, sentado en el curso avanzado de Ubicación Histórica de EEUU en mi instituto público, cuando el profesor mencionó explícitamente la “falta de regulación estatal” como una de las causas de la Gran Depresión. Lo raro era que hay precedido esta explicación con una advertencia explícita hacia mí de que no me iba a gustar lo que él iba a decir.

Era como si supiera que estaba presentando una posición con carga ideológica como un hecho, y lo hizo de todos modos, porque en su cabeza no cabía otra interpretación posible de la Gran Depresión. Él y millones como él se beneficiarían enormemente si leyeran The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal [La Guía Políticamente Incorrecta de la Gran Depresión y el New Deal], de Robert P. Murphy.

El mito de la Gran Depresión creada por el capitalismo del laissez-faire (y su resolución por el New Deal, la Segunda Guerra Mundial o ambos) es tan prevalerte que en las encuesta de opinión popular, Franklin Delano Roosevelt aparece constantemente entre los cinco mejores presidentes de los EEUU, mientras que el nombre de Herbert Hoover se ha convertido en sinónimo de inacción gubernamental durante una crisis económica. Se han publicado cientos de libros, ensayos e incluso obras de ficción para cambiar estas ideas, pero de alguna manera las falacias han sobrevivido y han sido ansiosamente explotadas por los supuestos FDR de las últimas siete décadas.

Para millones de estadounidenses que no han estudiado economía austriaca y la teoría del ciclo de económico de Mises/hayek o leído las brillantes críticas de del New Deal por parte de H.L. Mencken, Isabel Patterson, Albert Jay Nock, Garet Garrett y John T. Flynn, el generalizado mito de que el laissez-faire como ruinoso y FDR como salvador, les parece cierto, evidente e incontestable. Por desgracia, mucha de esta misma gente vota políticas y a políticos que prometen un “Nuevo New Deal”. Un plan así profundizaría aún más la actual crisis económica, que se agudiza con la hiperregulación, la manipulación de la oferta monetaria por parte de la Reserva Federal y las consecuencias no previstas de intervenciones previas, incluyendo el New Deal original.

La obra de Murphy trata de corregir los errores populares acerca de la Gran Depresión atacándolos directamente. Prácticamente cualquier afirmación realizada (que la Depresión fue causa de los excesos del capitalismo, que Hoover agudizó la Depresión “no haciendo nada”, que el New Deal revitalizó la actividad económica y mitigó el desempleo y que la Segunda Guerra Mundial llevó a los Estados Unidos a la recuperación) se refuta con detalle. En el curso de esta desmitificación, se trata al lector con concisas y elegantes explicaciones de la teoría austriaca del ciclo económico, la economía de la reducción de impuestos, las virtudes del patrón oro y los peligros de las monedas fiduciarias y con explicaciones de los errores, tanto de las fórmulas keynesianas de déficit en el gasto, como de la sugerencia de la Escuela de Chicago de que la Reserva Federal disparó la Gran Depresión al no producir una inflación suficiente.

Para añadir diversión al libro y permitir a los lectores identificarse con aspectos más concretos de las políticas que critica, Murphy explica muchos de los disparates y corrupciones del New Deal: el uso de “números de la suerte” por parte de FDR para fijar el precio del oro, la persecución de los hermanos Schechter por desafiar las restricciones a la producción avícola de la Administración Nacional de Recuperación, el intento de FDR de llenar el tribunal Supremo de sus partidarios después de que decidiera a favor de los hermanos Schechter, la confiscación de existencias de oro a los ciudadanos privados y el uso omnipresente de fondos gubernamentales del New Deal para sobornar e intimidar a electores para que apoyaran las políticas de FDR.

Murphy nos recuerda hábilmente que los políticos que buscan suprimir nuestras libertades económicas y políticas para favorecer una planificación centralizada no son omniscientes ni benevolentes: frecuentemente se sacan de la manga normas políticas y siempre resultan ser justos, tolerantes o preocupados por el bienestar humano objetivo. Detrás de la sublime retórica y la falsa amabilidad de hombres como FDR aparece el duro, impaciente, implacable y a menudo indiscriminado sicario, del modelo de esos criminales que entran en casas de pacíficos ciudadanos para asegurarse de que no estaban violando la Ley de Recuperación Industrial Nacional cosiendo ropa por las noches.

Si hay alguna esperanza de un rechazo intelectual de la ideología del New Deal en los Estados unidos, el libro de Murphy será uno de los elementos esenciales para ello. Murphy cruza el estrecho entre la teoría y las preocupaciones accesibles a la mayoría de los lectores. Aunque por desgracia, dado el estado de la educación hoy día, la mayoría de los estadounidenses no sería capaz de inmunizarse contra las flacias económicas comunes leyendo a Menger, Mises, Hayek y Rothbard, la ayuda de Murphy expone algunas de las ideas clave de estos pensadore sen un formato más accesible para el ciudadano medio sin formación económica formal.

Murphy también incorpora el trabajo de historiadores como Burton Folsom y Paul Jonson e incluye información biográfica para explicar las vidas motivos y personalidades de Calvin Coolidge, Herbert Hoover y otras figuras clave de los años 1920 y 1930. Murphy hace por la compresión popular de la Gran Depresión a principios del siglo XXI lo que Frederic Bastiat hizo por el libre comercio a mediados del XIX y Leonard Read y Henry Hazlitt por los principios básicos de economía en el siglo XX.

Soy un antiguo alumno de Murphy y puedo acreditar su capacidad para permitirme avanzar de un conocimiento básico de la economía austriaca hasta la publicación de un artículo en el Quarterly Journal of Austrian Economics. Por experiencia personal, sé que es culto, cosmopolita, elegante  y capaz de articular los argumentos (y reconocer las fortalezas y debilidades) de una inmensa variedad de teorías y visiones del mundo. Al mismo tiempo posee talento para explicar ideas complejas y complicadas, conectándolas con fenómenos concretos e incluso bromeando con ellas.

Como tal, esta perfectamente preparado para explicar algunas de las observaciones económicas e históricas del siglo XX a una audiencia de masas. De hecho podría esperarse razonablemente que miles de lectores de este libro lo usaran como puerta de entrada para descubrir las obras de muchos de los pensadores de libre mercado que aquí se citan. La lista de lecturas sugeridas (“Libros que no se supone que vayas a leer”), que sazona todo el texto hacen que sea una compra útil por sí mismas.

Quizá algún día mi antiguo profesor de historia de EEUU, y gente como él, utilicen The Politically Incorrect Guide to the Great Depression and the New Deal en sus cursos para equilibrar los muchos textos y presentaciones explícitamente a favor del New deal y el intervencionismo que dominan hoy los programas de las escuelas públicas. Si esto es demasiado esperar, al menos este libro tiene el potencial de atraer a muchos jóvenes estudiantes y hacer que lo busquen por iniciativa propia como un antídoto contra las mentiras que encuentras en las fuentes de la “corriente principal”.

----------------------------- 

Gennady Stolyarov II es actuario, ensayista filosófico independiente, compositor, matemático aficionado y editor jefe de Rational Argumentator y Progress of Liberty. El Sr. Stolyarov es autor de numerosas guías gratis de estudios sobre economía, matemática avanzada y ciencia actuarial y tiene el nivel más alto posible (Nivel de influencia 10) para un productor de contenidos en Associated Content.

Happy Thanksgiving to all the readers in the United States that follow “A View from the Trenches”. Even though this is a short week, what we witnessed yesterday makes it impressive, indeed.


Yesterday was full of macroeconomic data (overall positive, with new jobless claims in the US dropping below 500k), but two events really stole my interest.
Early in the morning, the news out of that Dubai announcing the restructuring of Dubai World, which is state-controlled, seemed that it would add more stress to the sovereign credit default swap market, after last week’s concern over the health of Greek banks. Dubai World was going to ask all providers of financing to Dubai World and Nakheel PJSC to standstill and extend maturities until May/10. With this press release, Dubai’s credit default swap widened 116bps to 434bps, but without impacting the sovereign market. Truly unbelievable, if you compare this to other past debt crisis in emerging markets.


The other (by now not so unbelievable) event is related to my last comment, on Tuesday, about my view on how the exit strategy by the Fed will play. The main point I made was that contrary to what many analysts predict, I believe the Fed will not target a level of excess reserves. In my view, it is more consistent with the policy developed so far to target a level of “excess supply of liquidity”. The problem here is how to define “excess supply”. Liquidity measurements have always been a concern, and perhaps deserve a special chapter in the theory of statistics rather than monetary theory. This problem is faced by every central bank. Therefore, we may not be able to measure the excess supply, but we can see its impact. This is similar to Heisenberg’s principle in Physics. For instance, yesterday we had the 7-yr Treasury notes auction, which took the total issuance during this short week to $118BN!!! It was a complete success, with the yield closing down -4bps and a flatter curve.


What does this have to do with excess supply of liquidity? The solid demand for this issuance did not affect at all the equity market. At all! Let me repeat this: Yesterday, we had the explicit insinuation of an upcoming sovereign default coming out of an emerging market, a successful auction of a US Treasury 7-yr issuance, an increase in equity prices and an increase in gold! Amazing! Who was the big loser? The US dollar!


This is an example of the impact of excess liquidity (as I write, Gold is trading at $1,194/oz.).  Below is a chart, showing the 30-yr Treasury (in white) and S&P500 Index(in orange)prices during the session yesterday (Source: Bloomberg). The change in dynamics after 1pm, when the auction results were announced is very, very clear. And both the 30-yr note and S&P500 Index rose in conjunction. Under “normal” conditions, a increase in bond prices (higher interest) rates, should have the opposite effect on equities. These are certainly not normal times…

nov2609

 

Yesterday too, an interesting note on Quantitative Easing by Prof. Charles Goodhart, from the London School of Economics (Mr. Goodhart was also member of the Bank of England Policy Committee from 1997 to 2000), was published by Morgan Stanley (”The Global Monetary Analyst”, Nov. 25th). In it, Prof. Goodhart indirectly sides with the notion of excess supply, suggesting that “asset markets (…) determine the end of QE”. I fully agree.
Now, the important issue here is that if you want to be consistent all the way on this subject, excess supply is eliminated with asset sales, not necessarily with interest rate increases. Please, take a good note of this. If you target excess reserves, you can play with interest rates. If you target excess supply, you must sell assets in the balance sheet of central banks. It makes sense. When central banks buy assets, they inject liquidity that creates asset bubbles. To keep them muted, central banks must sell assets.
Will central banks sell assets? Not initially, but eventually. Why should we care about this? Because it should provide us with a good tool to assess when the bubbles will go bust. You can trade gold accordingly!

The comments expressed in this website and daily letters are my own personal opinions only and do not necessarily reflect the positions or opinions of my employer or its affiliates. All comments are based upon my current knowledge and my own personal experiences. You should conduct independent research to verify the validity of any statements made in this website before basing any decisions upon those statements. In addition, any views or opinions expressed by visitors to this website are theirs and do not necessarily reflect mine. My comments provide general information only. Neither the information nor any opinion expressed constitutes a solicitation, an offer or an invitation to make an offer, to buy or sell any securities or other financial instrument or any derivative related to such securities or instruments (e.g., options, futures, warrants, and contracts for differences). My comments are not intended to provide personal investment advice and they do not take into account the specific investment objectives, financial situation and the particular needs of any specific person.

Por Ludwig von Mises. (Publicado el 25 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3872.

[Extraído de La acción humana]

 

Mientras un bien que se use como dinero se valore y considere por los servicios que ofrece para fines no monetarios, no parecen problemas que requieran un tratamiento especial. La tarea de la teoría monetaria consiste simplemente en ocuparse de ese componente de la valoración del dinero que viene condicionado por su función como medio de intercambio.

En el curso de la historia se han empleado diversos productos como medio de intercambio. Una larga evolución eliminó la mayor parte de estos productos de la función monetaria. Sólo quedaron dos, los metales preciosos oro y plata. En la segunda mitad del siglo XIX, cada vez más gobiernos optaron por la desmonetización de la plata.

En todos estos casos lo que se emplea como moneda es un producto que también se usa para fines no monetarios. Bajo el patrón oro, el oro es dinero y el dinero es oro. Es indiferente si las leyes asignan curso legal sólo a monedas de oro acuñadas por el gobierno.

Lo que importa es que esas monedas realmente contengan un peso fijo de oro y que cualquier cantidad de oro en bruto pueda transformarse libremente en moneda. Bajo el patrón oro, el dólar y la libra esterlina solamente eran nombre para un peso concreto de oro, con muy pequeños márgenes determinados con precisión por las leyes. Podríamos llamar a este tipo de dinero, dinero producto.

Un segundo tipo de dinero es el dinero crédito. El dinero crédito aparece por el uso de sustitutivos del dinero. Es habitual usar pagarés, reclamables a la vista y absolutamente seguros como sustitutos de la suma de dinero de la que se tiene una reclamación. (Nos ocuparemos de las características y problemas de los sustitutivos del dinero en la próxima sección).

El mercado no dejará de usar esos pagarés si una día se suspende su redención inmediata y por tanto aparezcan dudas acerca de su solvencia y la del obligado a pagar. Mientras estos pagarés hayan ido deudas que se reclaman diariamente a un deudor de solvencia indudable y puedan ser acumulados sin aviso y libres de gatos, su valor de intercambio será igual que su nominal: es su perfecta equivalencia lo que les asigna su carácter de sustitutivos del dinero.

Ahora bien, si se suspende la redención, se pospone la fecha de reclamación a un día indeterminado y consecuentemente se duda de la solvencia del deudor o al menos de su deseo de pagar, pierden parte del valor anteriormente asociado a ellos. Ahora son meros pagarés, que no dan interés, contra un deudor dudoso y que vencerán en un día indefinido. Pero como se usaron como medio de intercambio, su valor de intercambio no bajará hasta el nivel al que habrían caído si fueran simples pagarés.

Podemos asumir correctamente que ese dinero crédito podría mantenerse en uso como medio de intercambio incluso si hubiera perdido su carácter de reclamación contar un banco o tesoro y así se convertiría en dinero fiduciario. El dinero fiduciario es un dinero consistente en simples piezas de metal que no pueden ser usadas ni para fines industriales ni conllevan ninguna reclamación ante nadie.

No es una labor de la cataláctica, sino de la historia económica investigar si aparecieron en el pasado tipos de dinero fiduciario o si todos los tipos de dinero que no fueron dinero producto fueron dinero crédito. Lo único que tiene que establecer la cataláctica es que debe admitirse la posibilidad de existencia de dinero fiduciario.

Lo que es importante recordar es que con todo tipo de dinero, la desmonetización (es decir, el abandono de su uso como medio de intercambio) debe producir una caída importante en su valor de intercambio. Lo que esto significa en la práctica se ha puesto de manifiesto cuando en los últimos ocho años el uso de la plata como moneda producto se ha ido restringiendo progresivamente.

Hay ejemplos de dinero crédito y dinero fiduciario que se manifiestan en monedas metálicas. Ese dinero se imprime, como si fuera tal, en plata, níquel o cobre. Si se desmonetiza esa pieza de dinero fiduciario, sigue teniendo valor de intercambio como pieza de metal. Pero ésa es la única muy pequeña indemnización para el propietario. No tiene importancia práctica.

El mantenimiento de dinero en efectivo requiere sacrificios. Mientras un hombre mantiene dinero en su bolsillo o en sus cuentas bancarias, renuncia a la adquisición instantánea de bienes que podría consumir o emplear para producir.

En la economía de mercado estos sacrificios pueden determinarse con precisión mediante el cálculo. Son iguales a la cantidad del interés originario que podrían haber obtenido invirtiendo la suma. El hecho de que un hombre acepte esta pérdida es una prueba de que prefiere las ventajas del efectivo a la pérdida de un interés.

Es posible especificar la ventajas que la gente espera de mantener una cantidad concreta de efectivo. Pero es un error suponer que un análisis de estos motivos podría ofrecernos una teoría de la determinación del poder de compra que podría hacerse sin las nociones de efectivo y demanda y oferta de dinero.[1]

Las ventajas y desventajas derivadas del efectivo no son factores objetivos que puedan influenciar directamente el tamaño de las existencias de dinero. Cada individuo las pone en la balanza y las sopesa. El resultado es un juicio de valor subjetivo, influenciado por la personalidad individual. Distintas personas y las mismas personas en distintos momentos valoran los mismos hechos objetivos de formas diferentes.

Igual que el conocimiento de la salud y la condición física de un hombre no nos dice cuánto estaría dispuesto a gastar en comida de un cierto poder nutritivo, el conocimiento de datos acerca de la situación material de un hombre no nos permite hacer afirmaciones categóricas en relación con el volumen de su efectivo.

------------------------- 

Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído de La acción humana.



[1] Greidanus intentó hacerlo en The Value of Money [El valor del dinero] (Londres, 1932), pp. 197 y ss.

The Mother Jones magazine has been running a series of on-line articles which exemplify how progressives are exploring the ways in which various parts of the environmental/conservation agenda in developing countries have been counterproductive, adversely affected indigenous peoples, favored Western companies and played into the hands of local elites.

The articles are worth reviewing, as they reveal that enviros are starting to realize that protecting nature in the developing world requires protecting the property rights of indigenous communities.

One such article, by Mark Dowie, appeared in Mother Jones` on-line edition on November  2. The headline reads, "Conservation: Indigenous people's enemy No. 1?", the sub-header states, "For centuries we've displaced people to save nature. A huge project in Africa offers a chance to turn that around." Dowie, an award-winning investigative journalist, is an author of several books published by the MIT Press, including his most recent, Conservation Refugees - The Hundred-Year Conflict between Global Conservation and Native Peoples.

Dowie`s thesis is that, until recently, conservationists have typically taken the approach that the best way to preserve tropical forests and other wild ecosystems, the right approach was to establish pristine reserves from which people were excluded, and describes the change in strategy in the context of a new series of parks that the government in Gabon, central Africa. Dowie notes that the traditional approach - of establishing government-owned and -administered parks - has a long, and long-forgotten history in the US (emphasis added):

But there was another, more historically significant opportunity facing Gabon that day, one that Fay merely hinted at in his presentation and Sanderson didn't mention at all. It was the opportunity their own industry, transnational conservation, had in Gabon: to do right by the thousands of tribal people living inside those emerald patches, by allowing them to remain in their homelands and participate directly in the stewardship and management of the new parks. They would then not be passive "stakeholders" relocated to the margins of the park, the typical fate of indigenous peoples who find themselves in conservation "hot spots," but equal players in the complex and challenging process of defending biological diversity. The goal of such a policy would be the concurrent preservation of nature and culture; Gabon just might come to signify a happy ending of a tense, century-long conflict between global environmentalism and native people, millions of whom have been displaced from traditional homelands in the interest of conservation.

It's a century-long story of violence and abuse that began in Yosemite Valley in the mid 19th century, when the Ahwahneechee band of Miwoks were chased about, caught on, then forcefully expelled from a landscape they had cultivated for about 200 generations. Militias like the vicious Mariposa Battalion were sent into Yosemite to burn acorn caches and rout native people from remote reaches of the Valley. After the militias came the nature romantics who mythologized the vacated valley as the wilderness it never was, then lobbied state and federal governments to create a national park. They got their wish in 1890, and the remaining Indians were removed from the area, with a few allowed to remain temporarily, as menial laborers in a segregated village of 20-by-20-foot shacks.

Yosemite's Indian policy spread to Yellowstone, Grand Canyon, Mesa Verde, Mount Ranier, Zion, Glacier, Everglades, and Olympic National Parks, all of which expelled thousands of tribal people from their homes and hunting grounds so the new parks could remain in an undisturbed "state of nature." Three hundred Shoshone Indians were killed in a single day during the expulsion from Yellowstone. This was the birth of what would come to be known, worldwide, as the Yosemite model of wildlife conservation. In Africa it would be renamed "fortress conservation," and like so many other products from the North, the model would be exported with vigor to all other continents. ...

Teddy Roosevelt also proclaimed that "the rude, fierce settler who drives the savage from the land lays all civilized mankind under a debt to him… It is of incalculable importance that America, Australia, and Siberia should pass out of the hands of their red, black, and yellow aboriginal owners and become the heritage of the dominant world races."

What indigenous peoples in their right minds would not be opposed to the complicity of conservationists in continuing the process of the older colonial theft of their lands, even if the purpose was to "save" the land?  I won`t explore this now, but the record of "development" is replete with many examples - old and new - of such kinds of theft, with local ownership replaced by government ownership and a resulting "tragedy of the commons"-type of race to plunder "government" lands for valuable resources - oil and gas, minerals and timber.

Dowie notes the natural rise of indigenous opposition to "conservation" projects:

One consequence of creating a few million conservation refugees around the world has been the emergence of a vast and surprisingly powerful movement of communities that have proven themselves stewards of nature (otherwise conservationists would have no interest in their land), but were turned by circumstance into self-described "enemies of conservation."

In early 2004, a United Nations meeting was convened for the ninth year in a row to push for passage of a resolution protecting the territorial and human rights of indigenous peoples. During the meeting, one indigenous delegate rose to state that extractive industries, while still a serious threat to their welfare and cultural integrity, were no longer the main antagonist of native cultures. Their new and biggest enemy, she said, was "conservation." Later that spring, at a meeting in Vancouver, British Columbia, of the International Forum on Indigenous Mapping, all 200 delegates signed a declaration stating that "conservation has become the number one threat to indigenous territories."

Then in February 2008, representatives of the International Indigenous Forum on Biodiversity (IIFB) walked out of a Convention on Biological Diversity (CBD) annual meeting, condemning the convention for ignoring their interests. "We found ourselves marginalized and without opportunity to take the floor and express our views," read their statement. "None of our recommendations were included in [the meeting's report]. So we have decided to leave this process…"

These are all rhetorical jabs, of course, and perhaps not entirely accurate or fair. But they are based on fact and driven by experience, and have shaken the international conservation community. So have a spate of critical studies and articles calling international conservationists to task for their historical mistreatment of indigenous peoples.

The Mother Jones article looks like an excerpt from Dowie`s new book, which MIT describes as follows:

Since 1900, more than 108,000 officially protected conservation areas have been established worldwide, largely at the urging of five international conservation organizations. About half of these areas were occupied or regularly used by indigenous peoples. Millions who had been living sustainably on their land for generations were displaced in the interests of conservation. In Conservation Refugees, Mark Dowie tells this story.

This is a "good guy vs. good guy" story, Dowie writes; the indigenous peoples’ movement and conservation organizations have a vital common goal—to protect biological diversity—and could work effectively and powerfully together to protect the planet and preserve species and ecosystem diversity. Yet for more than a hundred years, these two forces have been at odds. The result: thousands of unmanageable protected areas and native peoples reduced to poaching and trespassing on their ancestral lands or "assimilated" but permanently indentured on the lowest rungs of the economy.

The punch line of the book summary?

When conservationists and native peoples acknowledge the interdependence of biodiversity conservation and cultural survival, Dowie writes, they can together create a new and much more effective paradigm for conservation.

I am quite sympathetic with Dowie`s thinking, but it seems to me that he could make us of a little more intellectual framework, such as the Austrian awareness of the frequently negative role played by the state and the usefulness of property rights (such as noted in this earlier post about the destruction of the Amazon, and Elinor Ostrom`s research into successful management of open-access, common-pool resources by communities, including natives.

I left the following comments for Dowie at Mother Jones:

Mark, great article. It`s good to hear that the broader conservation community is waking up, but groups like Survival International have always tried to protect indigenous peoples`s rights.

I`m afraid the headline is a bit of a distraction, because of course the broader development effort as a whole has been much more destructive, by even more widely putting power into the hands on central elites, who often behaved kleptocratically.

Regardless of the broader background, it`s surprising that you didn`t see fit to link your topic to the whole problem of the "tragedy of the commons", which is often tied to the nationalization of resources, which deprives users of any control over the resources they depend on. Elinor Ostrom has extensively studied this problem in developing countries and elsewhere, and was awarded the Nobel Prize in economics precisely for pointing out how "government" is often the problem and not the solution:

http://mises.org/Community/blogs/tokyotom/search.aspx?q=ostrom

I commend this effort by Dowie, and note some other interesting articles at Mother Jones:


Better REDD Than Dead: The byzantine politics of paying countries to save trees.cial-reports/2009/11/climate-countdown">Our best chance to fix global warming begins on December 7. Tick. Tick. Tick.

Those arguing that inflation is not a problem are either disingenuous, blind or cheerleading for Washington. Inflation  is not happening in wages, nor is it happening in many products where the misallocation of capital has caused oversupply (real estate being just one example).  It is happening in financial assets and it is happening in commodities. All of the worldwide stimulus and money expansion has to go somewhere besides excess bank reserves and it is, slowly. At some point, the excess bank reserves will be used and inflation will roar.

Inflation starts slowly and doesn’t affect all assets equally. No bell goes off to signal its arrival. It is stealthy in the beginning, usually showing up in a few sectors of the economy. Finally it bursts out and everyone recognizes it. Is it for sure that we will have inflation? Nothing is certain. We could have a complete collapse of our

Continue reading What Inflation? This Inflation!

A must-watch video that describes the case for dollar collapse and hyperinflation. See The Dollar Bubble

Does Obama Administration Have Less Business Experience?
| Share |(no tags)
Yesterday 1:55 PM|pk|Paul Kedrosky’s Infectious Greed

Does the Obama Administration have less business experience? According to some semi-whimsical (I think) research in a new J.P. Morgan report that would seem to be the case. The author looked at private sector experience of 432 Cabinet secretaries whose activities touch most on the private sector across all presidential administrations since 1900. Here is the result:

There are obviously many, many issues here, not least of which is that the author isn’t entirely clear on what the

Continue reading Does Experience Matter?

Por Sylvester Petro. (Publicado el 24 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3856.

[The Freeman, 1958]

 

Se piensa comúnmente que las leyes antitrust son instituciones distinguen el sistema económico de Estados Unidos del resto del mundo no soviético. Se dice que si no fuera por estas leyes estaríamos ahogados por las cartelización, como en Gran Bretaña, Alemania o Francia.

En resumen, muchos creen que las leyes antitrust son responsables de que tengamos una sociedad competitiva. Proteger la competencia podría haber sido el objetivo alrededor de 1890, cuando se aprobó la ley básica. Pero indudablemente para la pasada generación la leyes antitrust no han funcionado para ese fin. En lugar de proteger han acabado dañando la competencia mediante una interpretación y administración cuestionable, al subsidiar y mantener competidores ineficientes.

Por competencia me refiero a una situación que existe cuando se observan las reglas básicas de la sociedad libre, cuando todos poseen los derechos básicos a la propiedad privada y la libertad de contratación. La competencia no es un modo de conducta que alguien tenga que promover institucionalmente. Se desarrolla natural y necesariamente entre personas que sean libres de perseguir sus propios intereses.

Sean cuales sean los intereses u objetivos personales de alguien (empresario, escultor o predicador), la consecuencia de perseguirlos es ponerle en competencia con todos los que comparten ese objetivo. Siendo este el caso, la preocupación por promover la competencia es como en el mejor de los casos una derivación de esfuerzos que podrían emplearse para proteger la propiead privada y la libertad de contratación. Mi tesis es que hemos errado en la formulación y aplicación de las leyes antitrust en los Estados Unidos.

Una lista de las leyes

¿Cuáles son estas leyes? La primera es la Ley Sherman de 1890. Esta ley hace que todo contrato o acuerdo en restringir el comercio y cualquier conspiración para monopolizar el mercado o el comercio en los Estados Unidos una falta. Después aparece la Ley Clayton de 1914, declarando ilegales ciertos tipos de contratos, como un acuerdo de ligadura o un contrato de venta exclusiva cuando el resultado pueda ser disminuir la competencia o tender a crear un monopolio.

La Ley Clayton pretendía clarificar o concretar lo prescrito en la Ley Sherman. Normalmente se incluye entre las leyes antitrust la Ley de la Comisión del Comercio Federal que establece en general que los métodos injustos de competencia deben estar sujetos a persecución. Aunque las leyes de comercio justo son leyes de estados concretos, también forman parte de las leyes antitrust. Todas prevén que cuando se realiza un contrato entre el vendedor o fabricante de ciertos bienes y el detallista identificando un precio de venta específico, todos los compradores de esos bienes que conozcan el contrato principal están obligados a observar el precio incluido en éste.

Estas leyes estatales de comercio justo aparecieron por las que creo decisiones desafortunadas bajo la Ley Sherman prohibiendo un contrato de mantenimiento del precio de venta entre un fabricante y un detallista.

Aunque no veo ninguna violación de la libertad de contratación si un detallista está dispuesto a vender al precio de venta estipulado por el fabricante, el Tribunal Supremo pensó que implicaba una restricción al comercio y sostuvo que esos contratos de mantenimiento de precio de venta eran ilegales.

Las condiciones de la depresión de 1933 impulsaron a muchos estados a aprobar leyes de comercio justo y el Congreso enmendó adecuadamente la ley Sherman para validar esas leyes estatales.

Pero esas leyes ahora van mucho más allá de legitimar un contrato razonable entre un fabricante y un detallista: permiten que el fabricante y detallista fijen precios para todas las personas que lleguen a poseer los bienes en cuestión. Esa obligación sin consentimiento parece violar el principio de libertad de contratación, como consecuencia de haber llevado a la Ley Sherman a alcanzar un resultado anticompetitivo.

La Ley Robinson-Patman de 1936 es la última de las leyes antitrust dignas de mencionar aquí. En general, esta ley prevé que el precio (que incluye cosas como gastos de publicidad y tasas de intermediación) para bienes de grado y calidad similar debe ser el mismo para todos los compradores, sujeto a estas disposiciones: (1) una discriminación de precios no es ilegal si puede demostrarse que no tiende a limitar la competencia o crear un monopolio. (2) Si el vendedor puede demostrar que sus costes de venta son menores para el comprador A que para el comprador B, entonces puede cargar al comprador A un pecio proporcionalmente menor. (3) Un vendedor puede discriminar a favor del comprador A si puede demostrar que tiene que bajar su precio en ese caso para igualar de buena fe la oferta de un vendedor de la competencia.

Igual que la Ley Clayton, la Ley Robinson-Patman pretendía especificar uno de los objetivos generales de la Ley Sherman.

El caso Northern Securities

Partiendo de esta breve explicación de las distintas leyes antitrust, procedamos a examinar cómo se han interpretado y usado. He mencionado antes que una consecuencia de la acción antitrust ha sido proteger a competidores ineficientes ante impedimentos de la competencia.

En otras palabras, las leyes antitrust se han pervertido pasando de una supuesta carta de libertad económica a un ataque demagógico a negocios grandes y exitosos con una especie de subsidio para comprar votos, no de los negocios pequeños, sino de los ineficientes.

Tanto histórica como doctrinalmente este proceso puede apreciarse en un famoso caso que afectó a los Srs. Hill y Harriman: el caso Northern Securities. Hill y Harriman, después de lo que algunas personas calificaron una guerra financiera titánica, decidieron que les resultaría ventajoso fusionar un grupo de ferrocarriles que circulaban a lo largo de los estados del norte hacia el Oeste. Los ferrocarriles eran el Great Northern y el Northern Pacific.

Los Estados Unidos les demandaron bajo la Ley Sherman, acusándoles de una violación de las secciones 1 y 2 de la ley, una combinación de restricción del comercio y un intento de monopolizar una cierta parte del comercio en el área de la Estados Unidos que cubrían estos ferrocarriles.

La decisión fue muy reñida. Una mayoría de un voto decidió que el holding violaba la ley antitrust. El Juez Harlan, abuelo del actual Juez Harlan escribió el razonamiento de la mayoría siguiendo estas líneas: al prohibir fusiones que restrinjan el comercio, lo que la Ley Sherman intentaba era ilegalizar cualquier restricción de la competencia.

Sin embargo estas compañías no competían en el 74% de sus negocios, había un solapamiento del 26% y cuando decidieron fusionarse ese 26% se destruyó. Por tanto, hubo una restricción al comercio dentro del significado de la Ley Sherman.

Holmes tenía razón

El Juez Holmes, disintiendo, razonaba a partir del hecho de que la ley no decía que cualquier reducción en el número de competidores sea una falta: decía que una fusión que restrinja el comercio es una falta. Argumentaba que como se habían usado las palabras “En restricción de comercio”, el tribunal tendría que haber empleado el sentido usual dado a estas palabras bajo la ley civil: la teoría clásica de la interpretación.

Tenía razón. La suposición es, y tenía que ser (excepto en el caso de una especificación deliberada en contrario por parte del Congreso) que las palabras de cualquier estatuto se usen en el sentido de la ley existente. Holmes continuaba con un análisis exhaustivo de la ley civil relevante y apuntaba que no había nada en absoluto en su historia que implicara que esa fusión fuera un restricción del comercio.

En efecto, Holmes seguía diciendo: el Tribunal debe recordar que la regla que esta usando en este caso es una regla que debe aplicarse por igual a todas las personas que realicen fusiones. Si se dice que estos dos ferrocarriles no pueden fusionarse porque compiten por el 26% de su negocio, debe decirse que dos ultramarinos que compitan por el 26% de su negocio no pueden fusionarse. Pasaría lo mismo con otras personas.

Además con este caso el tribunal está estableciendo un precedente al efecto de que si una de estas personas comprara la parte del otro está violando la ley. Sin pretenderlo, decía Holmes, la mayoría del tribunal está haciendo de la Ley Sherman tan destructiva de un de los principios esenciales de la sociedad en este país que es el derecho libre e inalienable a la asociación voluntaria.

Creo que Holmes tenía razón en este caso. Tenía razón tanto como analista de técnica legal como en sus predicciones. Establecida la premisa de que las fusiones voluntarias son malas, tenemos el fundamento para restringir un proceso de negocio normal y común en una economía basada en la libertad de contratación. Es el pan nuestro de cada día de los negocios y el capital.

Si una empresa piensa que sus negocios pueden ser más racionales si se combina con otra, fusiona o adquiere activos o acciones de otra corporación. Aún así, cada vez que se hace esto, que es perfectamente normal, los participantes corren el riesgo de una acusación antitrust.

Debemos reconocer la naturaleza real de la amenaza aquí oculta. El hecho es que no toda fusión puede ser denunciada. Hay una imposibilidad física. Una economía de mercado no podría funcionar si se denunciara cada acción de este tipo.

Sin embargo, desde el punto de vista de la ciencia legal, la situación resultante es muy mala. En lugar de tener una normal legal universal aplicable por igual a todos los miembros de la sociedad en una competencia libre y abierta, lo que tenemos es una persecución selectiva.

La prueba política

¿Cuál es la base de selección? No hay ninguna base legal para la selección y si no tenemos una base de selección legal no arbitraria ¿cuál sería nuestra base?

La respuesta está muy clara. Va a ser política e ideológica. Y estas dos cosas han tendido a mezclarse inextricablemente durante los últimos 40 años más o menos. Hay una gran preocupación con los tiempos de las grandes acusaciones antitrust: las acusaciones se realizan contra los fusionantes siempre que los demócratas o los republicanos quieren sacar provecho político demostrando lo duros que son con las empresas. Añádase a la mezcla la teoría marxista de que los negocios están destinados a hacerse cada vez más grandes hasta que todos estemos a merced de los monopolistas explotadores y tendremos las cualificaciones primarias para una acusación antitrust.

Primero, tiene que ser una gran empresa, lo suficientemente grande como para asustar a la gente. Y en segundo lugar, la ocasión tiene que ser propicia. ¿Qué iba a pasar a un país en el que el éxito en el mercado sea una señal para que los políticos le persigan, ansiosos por obtener el favor del público?

Es una pregunta importante, que aparece por la situación que prevalece hoy día. El peligro de demandas antitrust amenaza a cualquier empresa que se las arregle para crecer y producir más que sus competidores.

Sería realmente un alivio saber que cada empresa hace todo lo posible por obtener lo máximo que puede del mercado, que cada negocio se esfuerza por tener la mayor producción posible al coste más bajo y que, en resumen, se actúe de acuerdo con el bien público. Pero como hay tantos dispositivos intervensionistas, las varas de medir que ofrece un mercado libre dejan de estar disponibles. No podemos estar seguros de que un movimiento o un fracaso en moverse por parte de un negocio viene dictado por consideraciones económicas en respuesta a los deseos de la gente.

Demandas por fijación de precios

Continuando con los absurdos y frustraciones de la leyes antitrust, podemos revisar las demandas bajo la Ley Sherman por fijación de precios. El famoso caso de Morton Salt se ocupaba de ello. Y ha habido muchas otras, quizá 30 o 40 ante el Tribunal Supremo.

¿Pero cuál puede ser la consecuencia de un criterio de que un acuerdo de fijación de precios es ilegal? ¿Qué se puede hacer si 20 empresas han acordado poner un precio concreto a un producto? Suponiendo que sea un producto homogéneo, ¿Cómo puede esperarse que 20 empresas vendan a 20 precios diferentes? Si A cobra 98 centavos, B un dólar y Z 1,26$ ¿cómo va a vender algo Z?

Lo que pasa es que esas demandas no son nada más que ceremonias de promoción política de la postura de partido: “¡Cuidado con los empresarios!” Somos estupendos en reprender al empresario por hacer lo que es tan natural en él como respirar.

La función del mercado es encontrar el precio correcto, llevar bienes en competencia hacia el mismo precio y deshacerse de los productores que no pueden llegar a dicho precio.

El caso del Cement Institute sirve de ejemplo. Por todo el país, los fabricantes de cementos presentaban ofertas idénticas hasta el quinto decimal y el Tribunal Supremo pensó que esto era completamente imposible son alguna conspiración maliciosa. Pero si esto parece increíble, trate de vender cemento a una fracción de centavo más caro de lo que pide la competencia. Cuando los precios del cemento empiezan a mostrar variaciones será el momento de buscar colusiones o conspiraciones.

La ley es culpable.

Así que descubrimos que la misma Ley Sherman, la ley básica antitrust, se ha usado y se usa, no para promover y mantener la competencia, sino para desanimar a las empresas más capaces de operar al límite  de sus capacidades. Añádase a esto las disposiciones de comercio justo y la Robinson-Patman para perjudicar a los comerciantes más grandes y eficientes y no podemos evitar la conclusión de que las llamadas leyes antitrust son realmente anticompetencia y antisociales. Nos llevan hacia una estructura industrial rígida e inflexible que interfiere en el libre juego de las fuerzas de mercado.

Por qué funciona el mercado

Ya he mencionado algunos requisitos importantes para el funcionamiento de una sociedad libre para el juego libre de la fuerzas del mercado. El derecho a la propiedad privada es uno. La libertad de contratación es otro. Más allá de estos está la necesidad de entender mejor el proceso del mercado, más fe en él y menos miedo de él.

El mercado funciona a causa del deseo del hombre de beneficios, de obtener más de lo que pone. La formación y uso de capital descansa en esta premisa. La gente actúa para mejorar, aumentar sus ganancias, disminuir sus pérdidas. Y la mejor oportunidad de ganancias reside en la producción de bienes que quieran otros, en servir a los demás. Esto significa que el motivo del beneficio tanto moral como económicamente sensato.

El juego libre de las fuerzas de mercado también pide la libertad de comercio. Las políticas de libre comercio son las más efectivas y exitosas de todas las posibles acciones antitrust. El libre comercio es el mejor tipo de freno a todas las formas de intervención gubernamental, incluyendo subsidios a granjeros, trucos monetarios o cualquier otra interferencia que nombremos.

Una de las características nefastas de hoy día es  la gran preocupación por la paz y la armonía internacional mientras que al tiempo se erigen todo tipo de barreras al comercio. En el frente doméstico, disfrutamos de los logros productivos de la revolución industrial y reconocemos libremente las ventajas de la producción en masa a larga escala.

Pero parecemos obligados a tratar de detener la expansión de esas ventajas cuando se refieren a la distribución y venta al por menor de esos bienes y servicios. Nuestros políticos cuentan cabezas y encuentran más pequeños vendedores que operadores de cadenas de tiendas. Así que dictan sus leyes de comercio justo y Robinson-Patman deliberadamente diseñadas como barreras para el desarrollo de métodos de distribución en masa que podrían significar una vida mejor para todos como consumidores.

Quizá esto sólo refleje un temor general al tamaño en los negocios, un sentimiento que es mejor cuanto mayor sea el número de competidores. Un mercado libre competitivo no es una condición que requiera para su existencia gran cantidad de productores. Solamente requiere libertad para todo el mundo para producir cuando y como quieran. Si se diera la improbable situación de que en cierta línea de producción una sola empresa pueda satisfacer más económicamente a todo el mercado, entonces, por supuesto, tendríamos una situación que podría calificarse como monopolio.

Pero éste no es el aspecto del monopolio que teme la gente. Lo que realmente preocupa a la gente acerac del monopolio no es que una sola persona o empresa tenga control sobre un producto, sino que se haya usado fuerza, compulsión privilegios especiales para expulsar a otra gente.

Aquí es útil algo de historia. El monopolio se convirtió en un problema en el sistema legal anglo-estadounidense debido a su origen. El monopolio originado por la corona otorga a cierta gente privilegios exclusivos mantenidos por la fuerza del gobierno. La Reina Isabel otorgó un monopolio en la sal, los naipes y unas cuantas cosas más. Lo hizo sólo porque estaba insatisfecha por el hecho de que el Parlamento controlara las cuerdas de la bolsa en Inglaterra.

El Parlamento había insistido en el poder exclusivo de dictar impuestos, pero la Reina Isabel tenía ciertos fines y objetivos propios y el dinero que necesitaba para alcanzarlos vino de personas o grupos a los que se les otorgaron poderes de monopolio.

Por qué el monopolio es malo

Es muy claro que esta situación no tiene nada que ver con el libre mercado, que no otorga ninguna franquicia exclusiva. Pero el mercado no impide un monopolio. De hecho, monopolio en un sentido puramente descriptivo y derecho a la propiedad privada son la misma cosa. Cada uno de nosotros es un monopolista. Tenemos un control exclusivo de nuestra persona y todo lo que creemos legítimamente. Si creamos legítimamente la mejor y más eficiente empresa, tan productiva y tan eficiente que nadie pueda competir con ella, tendremos un monopolio en ese sentido descriptivo.

Pero no hay ningún daño social siempre que todos los demás tengan un derecho igual a producir. No puede haber ningún daño social porque el interés social reside en la producción más eficiente de bienes. En este sentido, el monopolio significa sólo que la sociedad ha alcanzado ese fin. Una persona, una empresa, en un mercado libre competitivo ha probado ser más eficiente que cualquier otra. Todos los demás son libres de producir, si creen que pueden competir.

Tenemos un ejemplo bastante bueno de esto en la industria del automóvil de este país. La industria opera en un marcado tan libre como podemos tener esta economía imperfecta de mercado. Al contrario que otras industrias, esta no está plagada de una abrumadora actitud recelosa hacia las patentes. Cualquiera puede entrar en ella.

Pero hay más saliendo que entrando. ¿Hay algo drásticamente malo en esa industria en el sentido de que se produzca un daño social? Me parece que si somos justos, tendríamos que decir que las tres grandes de la industria del automóvil son simplemente mejores servidores públicos que los demás en este sector.

Hay una gran diferencia entre monopolio en el sentido descriptivo de ser el único productor y en el sentido explorador de utilizar la fuerza o la ayuda del estado para excluir la competencia. Lo último es algo que los hombres libres deben temer. Y deberían saber que el propio tiberino es capaz de ser el que está detrás de este monopolio genuinamente antisocial.

Una acción antitrust útil

Quiero aclarar que una parte de la política antitrust es en mi opinión de verdadera utilidad social. Es la parte correspondiente a boicots secundarios y otras prácticas opresoras y depredadoras que considero interferencias dañinas en el libre mercado.

Supongamos que 30 o 40 vendedores con un suministrador común lleguen a un acuerdo para evitar competir y dividirse los territorios. Aparece un intruso, un verdadero competidor, que quiere comprar al mismo suministrador. Si los demás vendedores amenazan entonces con dejar de comprar salvo que el vendedor rechace negociar con el intruso, violarían las leyes antitrust, y yo creo que es así.

Aunque el mercado acabaría rectificando un situación así, podría producirse un daño sustancial entre tanto al intruso. Asimismo, dicha colusión podría llevar a una economía generalmente cartelizada, en perjuicio de todos. Así que no tengo objeciones a leyes antitrust como freno a boicots secundarios y otras acciones opresivas, aunque preferiría que esas prácticas abusivas estuvieran sujetas a demanda a través de las leyes civiles y no mediante una ley especial.

En realidad, es raro que los empresarios recurran a boicots secundarios, siendo los infractores más flagrantes los sindicatos. Sin embargo, los sindicatos parecen ser inmunes a las demandas por esta parte de la política antitrust que podría ser socialmente útil.

Un programa positivo

Si yo fuera responsable de mantener la competencia en los Estados Unidos, no recurriría a la ayuda de las leyes antitrust. La ley civil ofrece toda la acción legal necesaria y su gran mérito es que la gente en circunstancias legales significativamente similares tiene que ser tratada de la misma manera. La política está excluida.

Un gran paso para preservar o restaurar la competencia en este país podría tomarse aboliendo el discriminatorio y anticapitalista impuesto progresivo de la renta, que se lleva la crema del capital riesgo: quita la munición a los competidores. No pueden competir sin munición como los boxeadores no pueden actuar con sus manos atadas a la espalda. Así que mi propuesta incluiría un plan para revocar los impuestos discriminatorios.

Otro punto de mi propuesta para preservar la competencia en Estados Unidos incluiría la revocación de leyes que han otorgado tantos privilegios especiales y exenciones a los sindicatos y otros grupos de presión. En esto me reconforta el hecho de que el mejor de todos los estudiosos del derecho, Sir Henry Maine, llegó a la misma conclusión: un conjunto de leyes intrincado no es una señal de una sociedad compleja, sino de una sociedad primitiva.

La ley inglesa hasta cerca del final del siglo XVIII se caracterizaba por una red de leyes sensata y práctica que regulaban los asuntos más íntimos, especialmente cuando eran económicos. Había leyes fijando la cantidad de harina en el pan. Quien reparaba ruedas no podía reparar carros. Había leyes contra el acoso comercial, el acaparamiento y la reventa y así sucesivamente.

Alguien dijo que los hombres que miraban al futuro a finales del siglo XVIII y principios del XIX gastaban la mayoría de su tiempo eliminando leyes de los códigos y, como saben, el ímpetu hacia esa muy útil forma de conducta humana la proporción la teoría del laissez-faire.

La eterna tarea de la humanidad

Todo el que esté interesado en tener una sociedad libre, creo que debería dedicarse a divulgar las ideas de la libertad: dejemos que las detalladas medidas reales se preocupen de sí mismas, como inevitablemente harán.

Las ideas tienen que venir primero. Lo más importante para una sociedad es que sus factorías de ideas estén bien gestionadas. Los estudiosos, escritores y filósofos de una sociedad tienen que ser buenos o realmente hay pocas esperanzas.

¿Cómo podemos conseguir un cambio en las factorías de ideas? No tengo respuesta salvo la cruda de una lenta autodisciplina y una búsqueda más rigurosa y objetiva de la verdad: cosas que durarán para siempre. Es la eterna tarea de la humanidad.

--------------------------- 

Sylvester Petro (1917-2007) fue profesor de Derecho y autor de varios libros sibre la historia de las políticas laborales en los Estados Unidos, incluyendo The Labor Policy of a Free Society [La política laboral en una sociedad libre], The Kohler Strike [La huelga en Kohler] y The Kingsport Press Strike [La huelga de prensa en Kingsport]. Como profesor y director del Instituto de Análisis Legal y Político de la Universidad de Wake Forest, enseñó a varias generaciones de estudiantes acerca de la historia de los sindicatos, defendiendo al tiempo la libre asociación y la libre contratación como esenciales para una comunidad libre y próspera. Fue miembro de la Sociedad Monte Pelerin y defensor del Instituto Mises.

Este artículo es una trascripción de una lección informal en un seminario de la Fundación para la Educación Económica en 1957. Se publicó por primera vez en The Freeman, 1958, vol. 5, pp. 409-424.

“A Total Unmitigated Disaster for the Economy and for Freedom”

In a damning piece in The Freeman William L. Anderson explains why the healthcare plan will be our country’s Munich.

“There is nothing good to say about a new law that is going to raise taxes to confiscatory levels and will place a huge financial burden on people at a time when the government is actively going to war against American businesses. We are looking at totally politicized medical care in which every decision made by doctors and patients potentially can be nationalized and thrown into the maw of “public debate.”

“For all of the talk of cutting costs and saving money, this bill will do the opposite. It flies in the face of everything we know to be true in economic analysis, and it flies in the face of natural law itself.”

The implications of the proposed legislation go well beyond a deterioration in health care. We will be lucky to avoid a Great Depression if the government ceases all of its nonsense. Passage of the proposed healthcare plan guarantees it and condemns Americans to a standard of living much lower than most can imagine. Indeed, it will alter dramatically the concept of “the American way of life.”

www.economicnoise.com

I haven't written a soccer post in a long time but I thought that with the holidays upon us, and this heartwarming story appearing, it made sense to do so.

I enjoy both American and English football. I never did play American football except in backyards and in PE the way we used to when I was a kid. While I wanted to be a great running back I just wasn't built for the job. (I wonder if there's a government program out there to help me cope?) Anyway, I did play soccer. And I got quite good at the game where my size and speed worked to my advantage. Though I will be an Auburn Tigers fan to the day I die my love for futbol has eclipsed that of football.

The games are very different, both to play and to watch. Both can be heart-stopping or intensely dull. And in both sports you have to watch three or four games to get a real sizzler. I prefer college football to professional and root for the best conference in the nation, the SEC. No.1 Florida, No. 2 Alabama, what more needs to be said? It's like that every year. In soccer I watch a good bit of English Premier League, German Bundesliga, and La Liga. Italian is a bit overly dramatic for my tastes (sort of like the Big12), South American soccer is frankly crass, and American MLS, while improving, still lags in execution.

Yes, the games are very different, but one thing about the sports and the leagues that will always be similar are the cellar teams. The doormats. Whether it is the NFL or the NCAA, the EPL or the Serie A, there are teams that just suck. The Detroit Lions come to mind. Back to back seasons of turf twisting revulsion. One of the things I prefer about European futbol is that the worst three teams get moved down to the next level, and the best three teams in the lower level get to move up. It makes for some exciting play as teams slated for dismissal try to claw their way out of the relegation zone. The Lions should have been gone last year. Or refunded the fans money.

Which brings up Wigan Athletic F.C. in the English Premier League. Unlike Detroit, Wigan doesn't suck. They aren't the best team but they beat Chelsea earlier in the year and they aren't in last place or even locked in a relegation battle. Wigan has some good players and a competent coach. They just don't have as much money as the Man-U's and Real Madrid's of the world. They usually put up a pretty good fight but last week were taken to task by Tottenham Hotspur to the tune of 9 to 1. That's 63 - 7 in football speak. And since scoring a goal is (generally) a good bit more difficult than a touchdown, it is really more like 100 - 0, since their goal was consolation at best. Granted, Jermain Dafoe had a good day; the guy just couldn't miss, netting 5 goals. but on a normal day, he'd have scored 2 or 3. And those other goals - how often does every free kick and shot hit the upper-ninety. No, it was just a wierd game. But that happens.

And following the crushing defeat, Wigan has done the noble thing. The players are refuding the fan's money. Out of their own pockets. Yes, you heard me right, faithful readers. The Wigan players are refunding the ticket price of the fans who travelled to Whiteheart Lane. They realize their performance was sub-par, that it was not entertainment in any identifiable form, and that without fans their club is meaningless. In short, they are making the only amends they can for behaving irresponsibly. And naturally they have vowed to put forth a more respectable effort against (red hot) Sunderland this coming Saturday. For those of you who may be wondering, this is the correct response for abject failure to perform.

Detroit? Wall Street? Are you listening? No I don't suppose you are.

Futbol Guru, www.not-a-lemming.com

I haven't read Crisis and Leviathan by Robert Higgs, but I feel like he could issue an updated edition with at least a few pages on Climategate.  To recap: hackers released data from a major climate research center that show that scientists have been somewhat less than forthright with climate change data.  It appears that data that didn't fit the climate change story was massaged, and research that challenged the status quo was silenced.  More analysis is here, including the following:

The damage here goes far beyond the loss of a few billions of taxpayer dollars on bogus scientific research. The real cost of this fraud is the trillions of dollars of wealth that will be destroyed if a fraudulent theory is used to justify legislation that starves the global economy of its cheapest and most abundant sources of energy.

It always seems to work that way, doesn't it?  Climatologists, conservationists, sociologists, physicians, economists... some group of "experts" scream that the sky is falling; statists listen, get excited, send taxpayer dollars their way, and introduce some new freedom-restricting laws; and we, the forgotten men, pay for it.  Stricter emissions standards mean more expensive and less reliable cars.  Nature reserves prevent use of natural resources like timber and oil.  Subsidies for ethanol production simultaneously increase the deficit (and thus taxes) and the cost of food.  Bailouts reward risky business practices and lobbying efforts while punishing fiscal discipline and accurate forecasting.  

Then--surprise, surprise--we learn that the "experts" were less than completely honest!  No one (except a few "crazies" who had to be silenced for the sake of "progress") could have imagined that ANWR is covered in ice, corn doesn't make an efficient fuel, bailouts don't cause net job growth, and man-made global warming is a hoax.  History suggests that the chances of this latest debacle being enough to stop Cap and Trade are slim.  But no matter--even if the do-gooders fail today, they'll be back in a few years with a different set of "experts" proclaiming a different crisis--to which the only solution, they will assure us, will be to regulate us to death.

An Optimist’s Version of Apocalypse Now
Tuesday, November 24, 2009

John Rubino sees a financial apocalypse in our near future. For him, the catalyst that triggers the process is rising interest rates accompanied by a falling dollar. In his post entitled Long-Term Bonds and the End of Our World he describes it as follows:

"At some point in the next year or two, long-term Treasuries thus become the short of the decade. Falling bond prices will push up interest rates on all loans tied to Treasuries. Home mortgages, business loans, even credit cards will go up, while consumer borrowing and spending will shrink.

And then it gets interesting. With bond yields spiking and currency values plunging, the Fed and other central banks will, for the first time since their creation, be impotent. Lowering short term rates (already near zero) will be ineffective, while buying more bonds with newly-created dollars will force the dollar lower, making bonds even less attractive to ..."

Continue reading An Optimist’s Version of Apocalypse Now

por Gustavo Abello - Periodista - Barranquilla, Colombia

Chávez no le tiene miedo ni a los estadounidenses, ni a Uribe, ni a un golpe de estado, ni a la prensa, ni a Vicky Dávila. Si algo tengo algo claro es que Chávez es un cobarde.

Cada vez que alguien se le enfrenta pasa de león a gatito en un segundo. Cuándo el Rey de España lo enfrentó en Chile se calló la boca; cuándo el ex-presidente Saca de El Salvador lo enfrentó públicamente, se acobardó y no asistió a la cumbre iberoamericana del 2008; cuándo Uribe lo amenazó con denunciar en las cortes internacionales por apoyo a grupos terroristas, llegó dócil y conciliador a la famosa reunión de la OEA en Santo Domingo en el 2008.

Con Suecia no ha roto relaciones diplomáticas, a pesar que son ellos quiénes están pidiendo las explicaciones sobre las armas que le dio a las FARC, porque a los europeos los respeta.

Estoy seguro que Chávez no le tiene miedo a los Estados Unidos porque él sabe perfectamente que nunca lo van a invadir. En el imaginario escenario que Estados Unidos necesitara desesperadamente el petróleo venezolano, que no es el caso, ellos no necesitarían invadir Venezuela para obtenerlo. Chávez se los está vendiendo a un precio tan barato, que saldría diez veces más caro ir a tomarlo por la fuerza.

No solo eso, Chávez no tiene a mas nadie a quién vendérselo. Créanme que ya lo hubiera hecho si pudiera. El petróleo de Venezuela es muy denso en azufre y solo puede ser procesado en refinerías acondicionadas especialmente para ese tipo de petróleo. Y en el único país dónde pueden procesar esos volúmenes es en Estados Unidos.

En el 2001 cuándo Chávez amenazó con no venderle más petróleo a Estados Unidos, Condoleezza Rice se burló de él diciéndole que “entonces se lo tendrá que comer”. Es que no tiene a más nadie a quién le pueda vendar esas cantidades y Venezuela es una economía totalmente dependiente del petróleo.

Si de verdad Estados Unidos quisiera acabar con Chávez y su revolución, solo tiene que dejar de comprarle petróleo y traerlo de Irak o sacarlo de sus propias costas. Chávez sabe que no hay un solo motivo para una invasión americana, ese es un viejo argumento que Castro usó con éxito para comprar armas y usarlas contra su propio pueblo. Y Chávez está haciendo exactamente lo mismo.

Chávez no le tiene miedo a Uribe porque sabe que es un hombre correcto que jamás va a hacer las misma fechorías que él comete. A su propio pueblo ya Chávez le perdió el miedo. La voluntad de la oposición venezolana está casi doblegada y los siento desesperanzados y sin fuerza.

Y no los culpo, lo que esa gente está pasando es horrible. Y no será del ejército venezolano de dónde saldrá un golpe de estado, ya que Chávez los tiene bien controlados. Los tres poderes de la democracia que deberían ser independientes, el ejecutivo, el legislativo y el judicial, están bajo su dominio. El cuarto poder que es la prensa, está muy diezmado en Venezuela. La democracia en Venezuela es una simple farsa.

La prensa internacional, las ONG, los Estados Unidos, Europa y la comunidad internacional en general, ya se aburrieron de los abusos de Chávez y ni siquiera le ponen atención. Así que Chávez sabe que nada van a hacer contra de él. No les tiene miedo. Si no pudieron con Fidel Castro que era tan solo una isla pequeña, menos con él y sus barriles de petróleo.

¿Entonces a que le tiene miedo Chávez? ¿Porqué tanto escándalo?

A diferencia de lo que muchos creen, los petrodólares de Chávez no son suficientes para la famosa revolución bolivariana. PDVSA está en dificultades serias. Desde que nacionalizaron la explotación de petróleo, la capacidad extractora de Venezuela viene disminuyendo cada año.

Los pagos de PDVSA están atrasados como 8 meses y muchas empresas que les proveen servicios les están apretando las tuercas para que pague sus deudas atrasadas. Se han quedado sin inversión extranjera y el futuro del negocio del petróleo no está tan claro para Venezuela cómo muchos creen. Solo basta leer a algunos expertos en el tema para saber que aunque tengan las famosas reservas de las que Chávez habla, no tienen ni el dinero ni la tecnología para extraer ese petróleo.

Además, los dineros oficiales no pueden ser utilizados tan fácilmente para las actividades ilegales de Chávez. Para mandarle plata a Correa, a Zelaya, a Evo, a Ortega, a Ollanta, a Piedad Córdoba, etc.…, Chávez necesita de un efectivo muy grande que no pueda ser detectado por los sistemas bancarios tradicionales. El efectivo que Chávez necesita para la expansión de su movimiento comunista, lo obtiene de sus alianzas con los narcotraficantes.

Permítanme solidificar este punto. La famosa maleta con el millón de dólares que le dieron a la Presidenta de Argentina en su campaña, no vino de PDVSA. Era proveniente de operaciones de lavado de dólares, cómo quedó consignado en el juicio realizado en Miami al respecto.

El general venezolano Hugo Armando Carvajal (Director de la División de Inteligencia Militar) ha sido el único jefe de servicios de Inteligencia Militar de América Latina al cual Estados Unidos le ha aplicado la Ley de Designación de Cabecillas Extranjeros de la Droga (1999), conocida como Ley Kingpin.

Además el General Carvajal figura desde hace 11 meses en la famosa "lista Clinton" (la misma dónde encuentran los Rodríguez Orejuela) y por lo tanto tiene congeladas sus propiedades y cuentas en Estados Unidos y no puede celebrar negocios con entidades de ese país en ninguna parte del mundo. Estamos hablando de un general venezolano.

En este mes, el Washington Post Journal publicó un artículo con información al respecto de la relación de Chávez con el narcotráfico, el cual relaciono a continuación: “Un informe de julio de la Oficina de Auditoría General de EE.UU. (GAO, por sus siglas en inglés) halló que Venezuela se ha convertido en una ruta de tránsito de cocaína colombiana, 60% de la cual es exportada por las FARC. La GAO también encontró que altos miembros del gobierno de Chávez y del ejército venezolano son cómplices. ‘Según los funcionarios de Estados Unidos, la corrupción dentro de la Guardia Nacional de Venezuela representa la amenaza más significativa porque la Guardia le reporta directamente al presidente Chávez y controla los aeropuertos, fronteras y puertos de Venezuela’, dice el documento de la GAO.” [1]

En la misma lista Clinton aparecen otros dos ex funcionarios del gobierno de Chávez: Henry de Jesús Rangel, ex director de la Policía Política, Disip, y el capitán de navío (r) Ramón Emilio Rodríguez Chacín, ex ministro de Justicia y del Interior.

Este último es conocido como el contacto de Chávez con las Farc. Estos dos individuos se aliaron con un cartel de narcotraficantes en Arauca, conocido como el “Clan de los Hermanos Ríos” y con el frente décimo de la guerrilla.

Lo más grave de todo esto, es que los delitos que se les imputan fueron cometidos cuándo eran miembros activos del gobierno de Chávez.

Todavía hay más… José Ignacio Chauvín, quién es el ex subsecretario de Coordinación Política del presidente de Ecuador, está siendo juzgado por sus nexos con el clan de los hermanos Ostaiza, conocidos narcotraficantes. Según las evidencias obtenidas en correos del computador de Reyes, estos señores le enviaron $400.000 dólares a la campaña de Correa a pedido de las Farc. Esa es exactamente la misma cifra que Correa nunca pudo explicar su origen, cuándo auditaron las cuentas de su campaña.[2]

Chauvín era la mano derecha del ex-ministro del interior de Ecuador, Gustavo Larrea. En los diarios de Chauvín se encontraron las famosas pruebas de las reuniones de Larrea con las Farc de las cuáles supuestamente Correa no sabía nada. Todo esto ocurrió mientras ambos eran miembros activos del gobierno del Ecuador.

Y más aún… En las cartas de Reyes se encuentran detalles de la relación de las FARC con El Partido de Unificación Democrática (UD) de Honduras. Este es el único partido de Honduras que apoya el regreso del presidente Zelaya. Recientemente el gobierno de facto de Honduras mostró pruebas de dineros enviados por las FARC a este grupo, para financiar las famosas demostraciones a favor de Zelaya (que por cierto son bien anémicas).

Honduras es el puente obligado para que los aviones cargados de droga se reabastezcan con gasolina, antes de llegar a México y Estados Unidos. En Honduras hay un convenio entre el gobierno y los Estados Unidos para operar la base Soto Cano. Al mismo estilo del convenio que tiene Colombia con Estados Unidos en el marco del Plan Colombia y que está próximo a ser ampliado. La base de Soto Cano es la sede de la “Fuerza de Tarea Conjunta Bravo” (JTF-B) de Estados Unidos, compuesta por efectivos del ejército, las fuerzas aéreas, fuerzas de seguridad conjuntas y el primer batallón-regimiento número 228 de la aviación estadounidense.

Son aproximadamente 600 personas y 18 aviones de combate, incluidos helicópteros UH-60 BlackHawk y CH-47 Chinook. Es también usada para operaciones anti-drogas. ¿Por qué creen que Chávez está tan obsesionado con Honduras? Porque es ruta obligada del narcotráfico y esa base es otro dolor de cabeza. Y la única forma de sacarlos de ahí es con la llegada de la revolución bolivariana.

Si algo tienen en común Chávez, Correa, Evo, Ortega y Zelaya, es que odian a la DEA. Han hecho de todo para torpedear su trabajo. Estos cinco necesitan el dinero de la droga para financiar sus planes expansionistas, ahorrar para la vejez y mantenerse fuera de problemas judiciales y rastreos de cuentas.

Con ese dinero ilícito pueden comprar conciencias, financiar campañas políticas, armar a las FARC y desestabilizar gobiernos. Y nunca nadie en América Latina podrá probarles nada. El mayor enemigo que tienen el narcotráfico y los aliados de Chávez, son los aviones del gobierno de los Estados Unidos.

Esos aviones tienen una tecnología de espionaje tan avanzada, que supera la más febril de las imaginaciones. Con esa tecnología han interceptado las comunicaciones de las FARC, hasta el punto que les toca utilizar correos humanos. Con esa tecnología engañaron a las FARC en la famosa operación Jaque dónde liberaron a Ingrid Betancourt. De ahí salen las pruebas para los casos judiciales de los funcionarios del gobierno venezolano y ecuatoriano.

El avión P-3 Orion [3] detecta los submarinos con los cuáles están llevando la droga a México. A los narcotraficantes les cuesta millones de dólares al año la presencia de esos aviones en la costa pacífica colombiana. Mientras esos aviones estén sobre cielo colombiano, Chávez, Correa y las FARC, están expuestos a que les descubran todos sus planes diabólicos.

¿Se imaginan todo lo que podrían hacer estos pillos sin la vigilancia americana sobre Colombia y Honduras?

A lo que le tiene miedo Chávez es a que termine en una cárcel de Estados Unidos, tal cómo terminó Manuel Noriega el ex-dictador de Panamá. Esos aviones están todo el día escuchando conversaciones, interceptando radios, monitoreando actividades. Y su radio de alcance no se detiene en la raya de la frontera de Colombia con Venezuela o Ecuador.

De ahí saldrán todas las pruebas para que en el futuro Chávez sea procesado por narcotráfico, lavado de dólares, etc...

¿Se pueden imaginar ustedes cuánto dinero pueden estarle ofreciendo los capos del narcotráfico a Chávez para que haga hasta lo imposible para sacar esos aviones de ahí? Con esa plata financiaría cómo tres revoluciones bolivarianas juntas.

Detrás de todo este show de Chávez están los grandes capos de la droga con su dinero maldito y corruptor. Aliados con Chávez y sus compinches, estos mafiosos están desestabilizando la paz de América Latina. Algo en menor escala ya lo vivimos en Colombia, solo que esto es una mega versión latinoamericana de nuestra guerra contra las drogas.

Ya sé que este artículo está muy largo, pero hay un punto más. Mientras esos aviones americanos estén volando sobre Colombia, los famosos Sukhoi son tan peligrosos como los avioncitos de papel que tirábamos en el colegio en la clase de geografía. Los aviones de guerra tienen un radar con alcance limitado, básicamente vuelan a ciegas en misiones de largo rango. Necesitan de la ayuda de radares militares para identificar los aviones enemigos y Venezuela no tiene esos radares.

En el hipotético caso de que la Fuerza Aérea de Venezuela quisiera realizar una operación contra Colombia, los aviones serían derribados por un misil que ellos nunca sabrían de dónde salió. Aunque Colombia solo tiene 5 radares militares de corto alcance, los aviones E-3 americanos (los del radar enorme sobre el fuselaje) [4] pueden cubrir el territorio colombiano con gran facilidad. Ellos detectarían los Sukhoi con la anticipación necesaria para organizar una defensa apropiada.

De ser derribados los Sukhoi, nadie podría probar jamás si los mísiles usados venían de un K-Fir colombiano o de un F-22 americano (conocido como el avión invisible). Y Chávez lo sabe. Todos los millones que se gastó en esos aviones son inservibles para sus planes expansionistas mientras los aviones americanos estén en cielo colombiano. Así que para Chávez esos aviones representan el mayor impedimento para sus planes malévolos. Y va a hacer hasta lo imposible por sacarlos de Colombia y de Honduras.

Pero esta vez se equivocó de país. En Colombia las cosas son a otro precio.

P.D. Respuesta al vicecanciller para América Latina y el Caribe, Francisco Arias Cárdenas, cuándo se preguntaba “¿Cómo una pulga puede parar a un elefante?”, al referirse a que Colombia no podría controlar al ejército de Estados Unidos cuándo estos se encuentren en las bases colombianas.

Esta es mi respuesta para usted, señor Cárdenas: ¿Por qué necesitaría un elefante de la ayuda de una pulga, para pisar otra pulga mas pequeña?

Por John Chamberlain. (Publicado el 5 de octubre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3877.

[The Freeman, 1973]

 

El mensaje de The Conquest of Poverty, de Henry Hazlitt es que se debería haber ocupado de este asunto en pretérito si no fuera por la nociva doctrina de que “el estado sabe más”.

¡Vaya! La tendencia a manejar problemas de “distribución” de ingresos por políticos cuya única habilidad real es la acumulación de votos ha impedido que Occidente utilice la gran fuerza productiva que se puede encontrar en el principio de libre asociación. Así que la cura de la pobreza sigue estando en el futuro.

¿Hasta dónde estamos quitándonos al gobierno de nuestras espaldas? El Sr. Hazlitt no es un pesimista total: cree en el poder de la educación. Sin embargo una mera demostración verbal no es un maestro absoluto: se necesita una conjunción de acontecimientos para hacer efectiva la educación.

Por suerte, los acontecimientos vienen en auxilio del Sr. Hazlitt: lo que decía hace veinte años acerca de las mentiras del estatismo está reapareciendo al ser repetido por otros hombres menos perspicaces que ahora se horrorizan ante lo que la inflación, un fenómeno creado por el gobierno, está haciendo para agravar nuestros problemas.

Como la pobreza es algo relativo (siempre algunas personas  serán más pobres que otras), el Sr. Hazlitt ha tenido sus dificultades con las definiciones convencionales. Se hacen juicios de valor. Es erróneo definir la pobreza, como hace una “autoridad”, como la condición que afecta “a cualquier familia con un ingreso menor de la mitad de la familia media”. Si se aceptara esa definición, significaría que el porcentaje de pobres nunca disminuiría hasta que todos los ingresos fueran iguales. El cuarto inferior de una nación podría estar suficientemente alimentado como para estar sano y aún habría candidatos para pedir ayudas si esa definición se perpetuara.

Lo que propone el Sr. Hazlitt es que el “nivel de subsistencia” debe ofrecer nuestra definición de trabajo de la línea de pobreza. Cualquier intento de ofrecer ayuda a adultos capaces más allá de su subsistencia debe tomar dinero de la producción y así hacer más pobre a la sociedad en general.

El capitalismo, asociado al ingenio tecnológico, es lo que ha apartado a Occidente del fantasma de la fatalidad maltusiana. Antes de la Revolución Industrial, la creciente población presionaba inexorablemente sobre los medios de subsistencia. Pero cuando las fábricas de Manchester en Inglaterra empezar a absorber a los pobres en paro del campo e hicieron posible la importación de trigo barato, Malthus quedó desacreditado como profeta para los propios británicos. Tal y como salieron las cosas, el ingenio que desató el capitalismo se reflejó en las estadísticas de natalidad: la gente de clase media que no necesitaba grandes familias para disponer de mano de obra en el campo encontró formas de limitar el número de hijos.

La combinación de familias más pequeñas y una mejor aplicación de la ciencia a la propia agricultura acabo con los problemas de hambre en Occidente. Estamos en camino de limitar la pobreza a los incapacitados crónicos sin cargar al sistema productivo con impuestos más altos y la ineficacia que siempre sigue a la interferencia o apropiación del gobierno.

Repasando los registros de la antigüedad, el Sr. Hazlitt advierte lo que hizo “el New Deal de la antigua Roma” para debilitar nuestro primer gran imperio universal. Entre una esclavitud apoyada por el estado, altos impuestos, el auxilio multiplicado de “pan y circo” y la imposición final de controles de precios, la eficiencia productiva romana simplemente se desvaneció.

En Gran Bretaña hubo un realismo salvador en la aplicación original de las “leyes de pobres”. Pero en 1795 los magistrados de Berkshire, reunidos en Speemhamland, decidieron complementar los salarios de acuerdo con el precio del pan. Esto dio a toda la gente del campo un “mínimo garantizado”. El aumento en los costes de la ayuda fue geométrico.

Con el fin de hacer que la gente volviera a trabajar y desarrollar la Revolución Industrial, Gran Bretaña tuvo que modificar la ley de pobres en 1834. La lástima por el pobre tenía que conciliarse con la lástima por el trabajador, el inversor y el contribuyente, como apuntó Nassau Senior. Así que Inglaterra aceptó las casas de trabajo, un lugar que garantizaba a un pobre lo suficiente para vivir sin hacer a la ociosidad suficientemente atractiva como para socavar características tan deseables como la frugalidad, la industria y la ambición.

Sin embargo, el aumento en la riqueza afectó al sentido común de los británicos y la mentalidad de Speemhamland retornó con los sentimentalistas, siguiendo las recomendaciones de los radicales (Beatrice Webb y el Primer Ministro David Lloyd George), fueron convencidos para aceptar la idea del Estado del Bienestar. Con el Plan Beveridge (protección de la cuna a la tumba), el “difícil problema” apuntado por Nassau Senior en 1834 hizo aparecer de nuevo este dilema. Cómo, bajo un bienestar estatal puede uno “permitirse que las clases más pobres reciban ayuda adecuada sin daño material a su diligencia o providencia”.

El Sr. Hazlitt duda bastante que el problema pueda resolverse alguna vez a satisfacción de todos. Reconoce que sería políticamente imposible sacar totalmente al estado del negocio del bienestar. Pero ve alguna esperanza en el valor educativo de los acontecimientos.

En los últimos años cuarenta y principios de los cincuenta, el Sr. Hazlitt advirtió que si Washington iba a extender ayuda derrochadora a otras naciones en forma de Plan Marshall y donaciones “Punto cuatro”, no salvaría al mundo. Los préstamos entre gobiernos, dijo en su momento, se despilfarrarían por las burocracias políticas y por tanto disminuiría el capital para empresas libres productivas.

El Sr. Hazlitt fue considerado duro de corazón por los “liberales” de los cincuenta y los sesenta, pero ahora el sentido común le apoya. Los dólares que hemos entregado para ayuda internacional nos atormentan al enfrentarnos a las estadísticas de la balanza de pagos.

Igualmente, la inflación que se ha causado por “bienestar desbocado” está provocando a las clases medias, incluyendo a los negros que han progresado en la vida, a lanzar una fría mirad a los presupuestos desequilibrados y programas desmesurados por cosas como la renovación urbana y varios programas de generación de empleo. Puede que necesitemos la “crisis inflacionaria” final para recuperar nuestros sentidos.

Pero el Sr. Hazlitt, después de esperar durante veinte años, puede descubrir que después de todo es posible enseñar a la gente “economía en una sola lección”, por citar su éxito de ventas con tal título.

La solución real al problema de la pobreza no reside en ningún sistema de auxilio gubernamental o en cualquier empeño en redistribuir riqueza o ingresos. Reside, dice el Sr. Hazlitt, en aumentar la producción. Se aumenta la producción realizando inversiones en herramientas más eficientes. El empresario libre dejado a su aire, utilizando ahorros de capital, es el verdadero héroe en la guerra contra la pobreza.

¿Cuánto falta para que nuestros intelectuales empiecen a ver a través de mentiras que son tan viejas como la economía del emperador Diocleciano? Me sentiría mejor acerca de las perspectivas si libros como The Conquest of Poverty [La conquista de la pobreza] se reseñaran en la portada de la sección de libros del New York Times del domingo. Esto probablemente no vaya a ocurrir mañana. Pero los acontecimientos continuarán pidiendo paso. Lo que el Sr. Hazlitt tenía que decir acerca de la necesidad de liberar los intereses productivos de una nación está destinado a tenerse en cuenta a medida que aumenta nuestra crisis inflacionaria.

Los políticos ya están intentando tratar de limitar las revisiones al alza del salario mínimo haciendo excepciones especiales para adolescentes que buscan trabajo. El sentido común se abre paso. E incluso algunos de los grandes sindicatos, por ejemplo, el del acero, ahora dudan de la efectividad de los aumentos de sueldo que superan la productividad. Si los sindicatos captan la idea ¿pueden los intelectuales quedarse atrás? El Sr. Hazlitt puede llegar a ser profeta en su tierra.

----------------------------------- 

John Chamberlain (1903-1995) fue un periodista estadounidense, autor de libros sobre capitalismo y considerado como “uno de los más relevantes críticos literarios de Estados Unidos”. Influenciado por Albert Jay Nock , atribuyó a las escritoras Ayn Rand, Isabel Patterson y Rose Wilder Lane su “conversión” a lo que llamaba “una vieja filosofía estadounidense” de ideas libertarias. Junto con sus amigos Henry Hazlitt y Max Eastman ayudó a promocionar el trabajo de F.A. Hayek escribiendo el prólogo a la primera edición estadounidense de Camino de servidumbre en 1944. En 1946, Leonard Read, de la Foundation for Economic Education, fundó una revista sobre libre mercado llamada The Freeman, recuperando el nombre de una publicación que había dirigido Albert Jay Nock. Sus primeros directores incluyeron a Chamberlain y Herny Hazlitt. Después de cesar como director, Chamberlain continuó con su columna periódica para la revista, "A Reviewer’s Notebook".

Este artículo fue publicado originalmente en The Freeman, 1973, vol.23, pp. 377-380.

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 6 de noviembre de 2009)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3861.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]

 

La mayor parte de la gente (sin exceptuar a los historiadores) tiende a creer que el progreso económico y cultural es algo continuo: en cada siglo la gente está mejor que en el precedente. Esta cómoda presunción tuvo que desaparecer bastante pronto, con la Alta Edad Media después del colapso del Imperio Romano. Pero se sostiene generalizadamente que después del “renacimiento” del siglo XI, el progreso en Europa Occidental fue bastante constante y continuo desde entones hasta hoy. Requirieron esfuerzos heroicos de muchas décadas por parte de historiadores económicos como los profesores Armando Sapori y Roberto Sabatino López para convencer a los historiadores de que hubo un grave declive secular en la mayor parte de Europa desde aproximadamente 1300 a mediados del siglo XV, un periodo que podría calificarse como la Baja Edad medio o el Renacimiento temprano. Este declive secular califica incorrectamente una “depresión” que afectó a la mayor parte de la Europa Occidental, con la excepción de unas pocas ciudades-estado italianas.

El declive económico viene marcado por una brusca caída de población. Desde el siglo XI, el crecimiento económico y la prosperidad habían incrementado las cifras de población. La población total de Europa Occidental, estimada en 24 millones en el año 1000 había evolucionado hasta 54 millones para 1340. Sin embargo, en poco más de un siglo, de 1340 a 1450, la población de Europa Occidental cayó de 54 millones a 37, una bajada del 31% en sólo un siglo.

Sin embargo la batalla por establecer el hecho de que el gran declive ha hecho poco por establecer la causa o causas de esta debacle. Centrarse en la devastación de los brotes de peste negra a mediados del siglo XIV es parcialmente correcto, pero superficial, pues estos brotes se causaron en parte por una crisis económica y una caída en los niveles de vida que empezó antes en el mismo siglo. Las causas de la gran depresión de Europa Occidental pueden resumirse en una escueta frase: la dominación nuevamente impuesta por el Estado. Durante la síntesis medieval de la Alta Edad Media hubo un equilibrio entre el poder de la Iglesia y el del Estado, siendo la Iglesia ligeramente más poderosa. En el siglo XIV ese equilibrio se había roto y el estado-nación empezó a tener el dominio, acabando con el poder de la Iglesia, imponiendo impuestos, regulando, controlando y devastando en una guerra prácticamente continua durante más de un siglo (la Guerra de los Cien Años, de 1337 a 1453).[1]

El primer y más importante y crítico paso en el aumento de poder del estado a costa de arruinar la economía fue la destrucción de las ferias de Champaña. Durante la Alta Edad media, las ferias de Champaña eran el principal mercado de comercio internacional y el centro del comercio nacional. Estas ferias se habían cuidado delicadamente por los reyes y nobles de Francia estableciendo zonas libres de impuestos o regulaciones, mientras que la justicia se impartía rápida y eficazmente en tribunales privados y de comerciantes. Las ferias de Champaña llegaron a su cenit durante el siglo XIII y eran el centro del comercio terrestre transalpino con el norte de Italia, ofreciendo bienes de tierras lejanas.

A principios del siglo XIV, Felipe IV, el Hermoso, rey de Francia (1285-1314), actuó imponiendo impuestos y saqueos y destruyendo en la práctica las muy importantes ferias de Champaña. Para financiar sus perpetuas guerras dinásticas Felipe dictó un duro impuesto a las ventas sobre las ferias de Champaña. También destruyó el capital y las finanzas domésticas mediante repetidos impuestos confiscatorios a grupos u organizaciones con dinero. El 1308 destruyó la poderosa Orden de los Templarios, confiscando sus fondos para el tesoro real. Felipe impuso también una serie de ruinosos impuestos y confiscaciones a judíos e italianos del norte (“lombardos”) que eran importante para las ferias: en 1306, 1311, 1315, 1320 y 1321. Además, en su guerra contra los flamencos, Felipe acabó con la antigua costumbre de que todos los mercaderes fueran bienvenidos a las ferias y decretó la exclusión de los flamencos. El resultado de estas medidas fue un rápido y permanente declive de de las ferias de Champaña y de la ruta comercial de los Alpes. Las ciudades-estado italianas intentaron desesperadamente reconstruir las rutas comerciales y navegar a través del Estrecho de Gibraltar hasta Brujas, que empezó a florecer aunque el resto de Flandes estaba en decadencia.

Fue particularmente funesto que Felipe, el Hermoso, inaugurara el sistema de impuestos periódicos en Francia. Antes de él, no había impuestos periódicos. En la era medieval, aunque se suponía que el rey era todopoderoso en su ámbito, éste estaba restringido por la sacralidad de la propiedad privada. Se suponía que el rey era un ejecutor y defensor armado de la ley y sus ganancias se suponía que derivaban de las rentas de las propiedades reales, cuotas feudales y aduanas. No había nada que pudiéramos llamar una contribución regular. En una emergencia, como una invasión o el inicio de una cruzada, el príncipe, además de invocar la obligación feudal de luchar por él, podía pedir a sus vasallos una subvención, pero esa ayuda tenía que solicitarse más que ordenarse y estar limitada en su duración al periodo de emergencia.

Las constantes guerras del siglo XIV y la primera mitad del siglo XV empezaron en los 1290, cuando Felipe, el Hermoso, aprovechándose de la guerra del Rey Eduardo I de Inglaterra con Escocia y Gales, se apropió de la provincia de la Gascuña, hasta entonces inglesa. Esto empezó un continuo estado de guerra entre Inglaterra y Flandes por un lado y Francia por el otro, y llevó a una desesperada necesidad de fondos tanto para la corona inglesa como para la francesa.

Los mercaderes y capitalistas de las ferias de Champaña podían tener dinero, pero la mayor y más tentadora fuente de saqueo real fue la Iglesia Católica. Tanto los reyes ingleses como los franceses procedieron a poner impuestos a la Iglesia, lo que les llevó a enfrentarse al papa. El Papa Bonifacio VIII (1294-1303) resistió resueltamente esta nueva forma de pillaje y prohibió a los monarcas poner impuestos a la Iglesia. El Rey Eduardo reaccionó denegando justicia a la Iglesia en los tribunales reales, mientras que Felipe fue más combativo al prohibir la transferencia de ingresos de la Iglesia de Francia a Roma. Bonifacio se vio obligado a retractarse y permitir el impuesto, pero su bula Unam Sanctum (1302) insistía en que la autoridad temporal debía someterse a la espiritual. Fue demasiado para Felipe que audazmente apresó al papa en Italia y le preparó un juicio por herejía, que se interrumpió por la muerte del anciano Bonifacio. En este momento Felipe, el Hermoso se apropió del mismo Papado y trasladó la sede de la Iglesia Católica Romana de Roma a Aviñón, donde procedió a nombrar él mismo al nuevo papa. Durante prácticamente todo el siglo XIV, el papa, en su “cautividad babilónica”, fue una abyecta herramienta del rey de Francia: el papa no retornó a Italia hasta los inicios del siglo XV.

De esta forma, la una vez poderosa Iglesia Católica, poder dominante y autoridad espiritual durante la Alta Edad Media se rebajó hasta ser prácticamente un vasallo de real opresor francés.

Por tanto, la decadencia de la autoridad eclesiástica se correspondió con el aumento de poder del Estado absoluto. No contento con confiscar, saquear, imponer impuestos, aplastar las ferias de Champaña y poner a la Iglesia Católica bajo su bota, Felipe, el Hermoso, también obtuvo ingresos para sus eternas guerras con la degradación de la moneda y generando así una inflación secular.

Las guerras del siglo XIV no causaron y gran cantidad de devastación directa: los ejércitos eran muy pequeños y las hostilidades, intermitentes. La mayor devastación vino de los altos impuestos y la inflación monetaria y el préstamo para financiar las eternas aventuras reales. El enorme incremento en los impuestos fue el aspecto más ruinoso de las guerras. Los gastos de la guerra: reclutamiento de un ejército de tamaño modesto, pago de sus soldadas, suministros y fortificaciones; todo ello dobló o cuadruplicó los gastos ordinarios de la Corona. Si a eso añadimos los altos costes de los préstamos y de calcular y recaudar los impuestos y la ruinosa carga de los impuestos de la guerra, todo queda muy claro.

Los nuevos impuestos estaban por todas partes. Hemos visto el grave efecto de los impuestos a la Iglesia: en una gran granja de un monasterio, a menudo absorbían más del 40% de los beneficios netos. Un impuesto fijo de un chelín dictado por la Corona Inglesa en 1380, supuso un gran daño a campesinos y artesanos. El impuesto suponía el salario de un mes para los trabajadores agrícolas y el de una semana a los trabajadores urbanos; además, como a muchos trabajadores y campesinos pobres se les pagaba en especie en lugar de en dinero, conseguir la moneda para pagar era especialmente difícil.

Otros nuevos impuestos eran ad valorem en todas las transacciones: impuestos a bebidas al por mayor o al detalle y a la sal y la lana. Para combatir la evasión de impuestos, los gobiernos establecieron mercados en monopolio para la sal en Francia y “puntos básicos” para la lana inglesa. Los impuestos restringieron la oferta y aumentaron los precios, arruinando el comercio esencial de lana inglesa. Se dificultó aún más la producción y comercio con requisas masivas realizadas por los reyes, causando así una caída drástica de ingresos y riqueza, así como bancarrotas entre los productores. En resumen, los consumidores sufrieron precios artificialmente altos y los productores bajos ingresos, con el rey sangrando la economía del diferencial. Los préstamos solicitados por el gobierno no ayudaron mucho más, llevando a repetidas quiebras de los reyes y a las grandes pérdidas y bancarrotas consecuentes entre los banqueros privados tan imprudentes como para prestar al gobierno.

Originados como una respuestas a una “emergencia” de tiempo de guerra, los nuevos impuestos se convirtieron en permanentes: no sólo porque la guerra duró más de un siglo, sino porque el Estado, siempre buscando un aumento en sus ingresos y poderes, aprovechó una oportunidad de oro de convertir los impuestos de guerra en una parte permanente del patrimonio nacional.

Desde la mitad del siglo XIV hasta el final de éste, Europa se vio azotada por la devastadora epidemia de la peste negra (peste bubónica), que el corto periodo de 1348 a 1350 eliminó a un tercio de su población. La peste negra fue en buena parte consecuencia de la rebaja en los niveles de vida del pueblo causada por la gran depresión y la consecuente pérdida de resistencia a la enfermedad. Esta epidemia continuó reapareciendo, pero no en una forma tan virulenta en cada década del siglo.

Los poderes de recuperación de la raza humana son tan grandes que esta enorme tragedia no causó prácticamente ningún efecto catastrófico de orden social o psicológico en la población europea. En cierto sentido, el efecto permanente más pernicioso de la peste negra fue la respuesta  de la Corona Inglesa  al imponer controles permanentes de salarios máximos y racionando el trabajo obligatorio en la sociedad inglesa. La repentina disminución de la población y el que consecuentemente se doblaran los salarios fue afrontado por el gobierno con una imposición severa de controles de salarios máximos en la Ordenanza de 1349 y el Estatuto de los Trabajadores de 1351. Se estableció un control de salarios máximos a instancias de las clases contratantes: grandes, medianos y pequeños terratenientes y maestros artesanos, en particular los primeros alarmados por el aumento de los salarios agrícolas. La ordenanza y el estatuto desafiaban las leyes económicas al intentar imponer un control de salarios máximos a los niveles previos a la epidemia. El resultado inevitable, sin embargo, fue una gran escasez de trabajo, pues al salario máximo establecido la demanda de trabajo fue enormemente mayor que la oferta nuevamente escasa.

Cada intervención del gobierno crea nuevos problemas en el curso de vanos intentos por resolver los antiguos. Entonces el gobierno afronta esta disyuntiva: acumular nuevas intervenciones para resolver los inexplicables nuevos problemas o revocar la intervención original. Por supuesto, el instinto del gobierno es maximizar su riqueza y poder añadiendo nuevas intervenciones. Eso hizo el Estatuto de Los Trabajadores inglés: imponía trabajos forzados a los antiguos niveles salariales a todos los hombres de Inglaterra menores de 60 años, restringía la movilidad del trabajo, declarando que el señor de un territorio concreto tenía derecho prioritario al trabajo de un hombre e hizo un delito que un empresario contrate a un trabajador que haya abandonado a un amo anterior. De esta forma, el gobierno inglés acabó racionando el trabajo al tratar de paralizar a los trabajadores en sus ocupaciones previas a la epidemia y con salarios igualmente previos a la epidemia.

Este racionamiento forzado del trabajo va contra la natural inclinación de los hombres a trasladarse a mejores trabajos y mejor pagados, así que a inevitable aparición de los mercados negros de trabajo hicieron difícil la aplicación de los estatutos. Desesperada, la Corona Inglesa lo intentó de nuevo en el Estatuto de Cambridge de 1388, para hacer el racionamiento más riguroso. Se prohibió cualquier movilidad del trabajo sin autorización escrita de las autoridades locales y se impuso el trabajo infantil obligatorio en la agricultura. Pero había una evasión continua  de este cártel de compradores obligatorios, especialmente por las grandes propiedades, que tenían especiales deseos y capacidad para pagar salarios más altos. La monstruosa maquinaria judicial inglesa era totalmente ineficaz para aplicar la legislación, aunque los gremios urbanos monopolísticos (monopolios obligados por el gobierno) fueron capaces de imponer parcialmente el control de salarios en las ciudades.

 ---------------------------------- 

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.



[1] La disminución de la población fue prácticamente uniforme en toda Europa Occidental, con la población italiana bajando de 10 a 7,5 millones, Francia y Holanda de 19 a 12 millones, Alemania y Escandinavia de 11,5 a 7,5 millones y España de 9 a 7 millones. El mayor porcentaje de caída fue en Gran Bretaña, donde el número de habitantes cayó de 5 a 3 millones en este periodo.

More Posts Next page »