Por Frank Shostak. (Publicado el 25
de enero de 2012)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5881.
En su artículo del 11 de enero de
2012 en el New York Times, el premio
Nobel Paul Krugman escribía:
Como mínimo, hemos aprendido que la
trampa de liquidez no es ni un producto de nuestra imaginación ni algo que solo
sucede en Japón: es una amenaza real y cuando acabe, si acaba, deberíamos en
todo caso estar en guardia ante su retorno, lo que significa que hay una
alegato muy sólido tanto para un objetivo más elevado de inflación como para
una política agresiva cuando el desempleo esté alto con baja inflación.
La conclusión es que la Fed casi con
seguridad no empezará, y muy seguramente no debería hacerlo, a aumentar los
tipos de interés dentro de poco.
¿Pero tiene sentido que por medio
de más inflación la economía de EEUU pueda salir de la trampa de liquidez?
El origen del concepto de la trampa de liquidez
En el marco popular de pensamiento
que se origina en los escritos de John Maynard Keynes, la actividad económica
se presenta en términos de un flujo circular del dinero. Así, el gasto de un
individuo se convierte en parte de las ganancias de otro y el gasto de éste se
convierte en parte de las ganancias del primero.
Las recesiones, según Keynes, son
la respuesta al hecho de que los consumidores (por ciertas razones
psicológicas) han decidido recortar sus gastos y aumentar sus ahorros.
Por ejemplo, si por alguna razón la
gente tiene menos confianza en el futuro, recortará sus desembolsos y atesorará
más dinero. Así que, una vez que alguien gasta menos, esto empeora la situación
de algún otro individuo, lo que a su vez rebaja su gasto.
Por consiguiente, se pone en marcha
un circulo vicioso: la caída de confianza de la gente les hace gastar menos y
atesorar más dinero y esto rebaja más la actividad económica, haciendo así que
la gente atesore más, etc.
Siguiendo esta lógica, para impedir
que un recesión de vaya de las manos, el banco central debe aumentar la oferta
monetaria y rebajar agresivamente los tipos de interés.
Una vez los consumidores tengan más
dinero en su bolsillo, su confianza aumentará y empezarán a gastar de nuevo,
restableciendo así el flujo circular del dinero, o eso se dice.
Sin embargo, en sus escritos,
Keynes sugería que podía darse una situación en la que una rebaja agresiva de
los tipos de interés por parte del banco central llevaría a los tipos de
interés a un nivel por debajo del cual no podría caer más.
Esto, según Keynes, podría ocurrir
porque la gente podría pensar que los tipos de interés han tocado fondo y por
tanto deberían aumentar posteriormente, llevando a pérdidas de capital en las
carteras de bonos. Como consecuencia, la demanda de dinero de la gente se haría
extremadamente alta, lo que implicaría que la gente atesoraría dinero y
rechazaría gastarlo sin que importe lo mucho que el banco central intente
expandir la oferta monetaria.
Keynes escribió:
Existe la posibilidad, por las
razones antes explicadas, de que, después de que el tipo de interés haya caído
a un cierto nivel, la preferencia de liquidez puede convertirse el
prácticamente absoluta en el sentido de que casi todos prefieran efectivo a tener
deuda que dé un tipo de interés muy bajo. En este caso, la autoridad monetaria
habría perdido el control efectivo sobre el tipo de interés.
Keynes creía que, una vez que se
volvía ineficaz una política de bajos tipos de interés, las autoridades debían
intervenir y gastar. El gasto puede ser en todo tipo de proyectos: lo que
importa aquí es que se inyecte un montón de dinero, lo que se espera que
impulse la confianza de los consumidores. Con un mayor nivel de confianza, los
consumidores rebajarán sus ahorros y aumentarán sus gastos, restableciendo así
el flujo circular del dinero.
¿Ahorran dinero los individuos?
En el marco keynesiano el flujo
monetario siempre creciente es la clave de la prosperidad económica. Lo que
genera crecimiento económico es el gasto monetario. Cuando la gente más su
dinero, se considera que ahorra menos.
Por el contrario, cuando la gente
reduce su gasto monetario en el marco keynesiano, esto se considera como que
ahorra más. Obsérvese que en el modo de pensar popular (es decir, keynesiano),
el ahorro es una mala noticia para la economía: cuanto más ahorra la gente,
peor van las cosas. (La trampa de liquidez viene de un exceso de ahorro y un
defecto de gasto, o eso dicen).
Ahora, al contrario del pensamiento
popular, los individuos no ahorran dinero como tal. El papel principal del
dinero es como medio de intercambio. Asimismo, fijémonos en que la gente no
paga con dinero, sino más bien con bienes y servicios que han producido.
Por ejemplo, el panadero paga los
zapatos mediante el pan que fabrica, mientras que el zapatero paga el pan
mediante los zapatos que fabrica. Cuando el panadero intercambia dinero por
zapatos, ya ha pagado, por decirlo así, con el pan que fabricó antes de este
intercambio. Repito que el dinero solo se emplea para intercambiar bienes y
servicios.
Sugerir que la gente podría tener
una demanda ilimitada de dinero (atesorar dinero) que supuestamente lleve a una
trampa de liquidez, como supone el pensamiento popular, implicaría que nadie
intercambiaría bienes.
Evidentemente no es una proposición
realista, dado el hecho de que la gente necesita bienes para su vida y
bienestar. (Fijarse, por favor: la gente no demanda dinero para acumularlo
indefinidamente, sino para emplearlo en intercambios en un punto más o menos definido
en el futuro).
Al ser el medio de intercambio, el
dinero solo puede ayudar al intercambio de bienes de un productor de éstos a
otro productor. El estado de la demanda de dinero no puede alterar la cantidad
de bienes producidos, es decir, no puede alterar el llamado crecimiento
económico real. Igualmente, un cambio en la oferta de dinero no da ningún poder
para que crezca la economía real.
Frente al pensamiento popular,
creemos que no aparece una trampa de liquidez en respuesta a los aumentos
masivos de demanda de dinero de los consumidores, sino como consecuencia de
políticas monetarias demasiado laxas, que infligen un grave daño al total del
ahorro real.
La trampa de liquidez y el total menguante del ahorro real.
Mientras la tasa de crecimiento del
total del ahorro real se mantenga en positivo, éste puede continuar sosteniendo
las actividades productivas e improductivas. Sin embargo, aparecen problemas
cuando, debido a las políticas monetarias y fiscales laxas, aparece una
estructura de producción que invierte muchos más bienes de consumo que la
cantidad que produce. El consumo excesivo en relación con la producción de
bienes de consumo lleva a una caída en el total del ahorro real.
Esto a su vez debilita el apoyo a
las actividades económicas, haciendo que la economía caiga en una recesión. (El
total menguante del ahorro real pone en cuestión la falacia comúnmente aceptada
de que la política monetaria laxa del banco central puede hacer crecer a la
economía).
No hace falta decir que una vez que
la economía cae en una recesión por una disminución en el total del ahorro
real, debe fracasar cualquier intento del gobierno o el banco central por
reavivar la economía.
No es solo que estos intentos no
reaviven la economía: agotarán aún más el total de ahorro real, prolongando así
la recesión económica.
Igualmente, cualquier política que
obligue a los bancos a expandirse prestando “de la nada” dañará aún más el
total y reducirá aún más la capacidad de préstamo de los bancos.
La esencia del préstamo es el
ahorro real y no el dinero como tal. Es el ahorro real el que impone
restricciones en la capacidad de prestar de los bancos. (El dinero es solo el
medio de intercambio, que facilita el ahorro real).
Se advierte que sin un total
creciente del ahorro real, cualquier expansión del préstamo bancario va a
aumentar los activos en mora de los bancos.
Al contrario que Krugman, creemos
que la economía de EEUU está entrampado, no por un súbito aumento en la demanda
de dinero, sino porque las políticas monetarias laxas han agotado el total del
ahorro real. Lo que hace falta para arreglar la economía no es generar más
inflación, sino exactamente lo contrario. Establecer un objetivo de inflación
más alto, como sugiere Krugman, solo debilitaría más el total del ahorro real y
garantizaría que la economía permanecerá en depresión durante mucho tiempo.
Frank Shostak en investigador
adjunto en el Instituto Mises y colaborador habitual en Mises.org. Su empresa
de consultoría, Applied Austrian School
Economics, ofrece evaluaciones e informes en profundidad sobre mercados
mercados financieros y economías globales.