Por Art Carden y Timothy M. Shaughnessy. (Publicado el 23 de septiembre
de 2008)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/3112.
Los huracanes Katrina, Rita, Gustav
e Ike se han ido pero su legado permanecerá. Podemos aprender de los desastres
y de la recuperación tras ellos: los desastres naturales son “momentos
educativos”, porque muestran cómo las intervenciones “bienintencionadas” del
gobierno e incluso la ayuda privada pueden tener consecuencias negativas no
buscadas. La escaseces, las quejas de “inflar los precios” y otros sospechosos
habituales llenan titulares en periódicos mientras los economistas escupen al
viento de categoría 5.
La gente se refiere a la economía
como “la ciencia lúgubre” por muchas razones. Una razón que tiene cierta
importancia es la dificultad de la caridad. Recientemente, el obispo Larry
Brandon y su catedral baptista Praise Temple Full Gospel en Shreveport quiso
“ofrecer algún alivio a los ciudadanos en la comunidad por los altos precios de
la gasolina debido a los cambios recientes en nuestra economía”. El alivio
consistía en 25$ de gasolina gratis por vehículo, distribuidos en cinco
gasolineras locales de Murphy USA (Wal-Mart) hasta un total de 10.000$. Un
periódico de la zona informaba de que “la policía de Shreveport y Bossier City
ayudará con el tráfico” durante la entrega.
Indudablemente no podemos acusar al
obispo y a su congregación por sus motivos, que son encomiables. De hecho,
esperamos que inspire a muchos otros a realizar actividades similares. Muchos
en su congregación y en todo el país se ven afectados por los altos precios de
la gasolina. Para nosotros, ha significado gastar unos 15$ extra para llenar
quincenalmente el depósito. Los esfuerzos de la iglesia son un paso loable en
la buena dirección. Como muchas iglesias realizan labores similares, ofreciendo
comida gratis durante las vacaciones o material de colegio cuando empieza la escuela,
podemos utilizar una economía sencilla para analizar el plan y hacer
recomendaciones de mejoras que nos ayuden a exprimir aún mejor nuestros dólares
caritativos.
La gente echa la culpa de los
problemas a “cambios recientes en nuestra economía”, como si fuera preferible
un mercado estático. Si no hubiera cambios, ningún ciudadano necesitaría
auxilio. A escala macroeconómica, el legado del keynesianismo es que la batalla
contra los “cambios” se compra al precio de la prosperidad general. Para el
empresario, un “cambio” es una oportunidad a la espera de ser explorada. Para
el economista, un “cambio” generará (o debería generar) una asignación más
eficiente de recursos escasos hasta su uso más valorado.
Ante el Gustav, la demanda de
gasolina se disparó cuando la gente del sur de Louisiana se vio obligada a
evacuar. En un mercado libre, los altos precios resultantes animarían a
aumentar la producción de gasolina y desanimarían el consumo frívolo de
gasolina, haciendo que remitiera cualquier escasez temporal.
La gasolina gratis en Wal-Mart del
Praise Temple logra lo contrario. ¿Hay alguna garantía de que los 10.000$ de
gasolina se dirigirán hacia su uso más altamente valorado cuando se entrega a
un precio cero? Los que huyan de un huracán probablemente paguen el precio más
alto que la garantiza, pero la entrega de gasolina significa que muchos litros
se entregan a gente que no se h visto dañada, que además consumió varios
galones esperando en las largas colas para su lleno gratis de 25$. Programas
como éste tienen también costes ocultos. Se produce una mala asignación
adicional de nuestros recursos escasos cuando se usan policías para acorralar a
los compradores de gangas en lugar de para combatir delitos reales.
Nuestra experiencia es que los
estudiantes conocen intuitivamente la importancia de los precios para
equilibrar las cantidades ofertadas y demandadas. El estacionamiento en
nuestras universidades es gratuito y por tanto las plazas están bastante
abarrotadas, para desesperación de algunos de nuestros alumnos pudientes pero
tardones. Al cobrar un precio de cero, ya sea por el estacionamiento o la
gasolina (o la sanidad), siempre generará un exceso de demanda, de uso,
escaseces y baja calidad.
Estamos de acuerdo en que la
caridad es una virtud, pero a veces planes bienintencionados tienen
consecuencias indeseables o no desarrollan todo su potencial porque cambian los
incentivos de la gente. En el futuro, esperemos que los líderes religiosos
aprecien mejor las realidades económicas de nuestro mundo y esperemos que los
economistas no escondan sus enseñanzas bajo un cesto. Si no, habrá muchos más
conductores varados la próxima vez que se produzca un huracán.
Art Carden es profesor ayudante de
economía y empresa en el Rhodes College en Memphis, Tennessee, e investigador
adjunto en el Independent Institute ubicado en Oakland, California. Ha sido
investigador en el verano de 2003 en el Ludwig von Mises Institute e
investigador visitante en el American Institute for Economic Research en junio
de 2008. Sus trabajos de investigación pueden encontrarse en su página de autor
en Social Science Research Network
y en su sitio web. También colabora
asiduamente en Forbes.com, Division of Labour y The Beacon.
Tim Shaughnessy es profesor
asociado de economía y finanzas en la Escuela de Negocios de la Louisiana
State University en Shreveport. Se doctoró en economía en la Florida State
University en 2003. Su investigación de centra generalmente en asuntos de
elección pública, con un interés reciente en los efectos espaciales del voto.