Por Ludwig
von Mises (Publicado el 9 de enero de 2012)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5733.
[Economic
Calculation In The Socialist Commonwealth (1920)]
Desde que acontecimientos recientes
han ayudado a partidos socialistas a obtener poder en Rusia, Hungría, Alemania
y Austria y han hecho así de la ejecución de un programa de nacionalización
socialista un asunto de discusión, los propios escritores marxistas empezaron a
ocuparse más de cerca de los problemas de la regulación de la comunidad
socialista. Pero incluso ahora evitan cautelosamente la cuestión crucial,
dejándola a los desdeñados 2utópicos”. Ellos mismos prefieren limitar su
atención a lo que hay que hacer en el futuro inmediato: están siempre creando
programas de la vía al socialismo y no del propio socialismo. La única
conclusión posible de todos estos escritos es que no son siquiera conscientes
de gran problema del cálculo económico en una sociedad socialista.
A Otto Bauer, la nacionalización de
los bancos le parece el paso final y decisivo en el desarrollo del programa
socialista de nacionalizaciones. Si todos los bancos fueran nacionalizados y
agrupados en un solo banco central, entonces su consejo de administración se
convertiría en
la autoridad económica suprema, el
órgano administrativo jefe de toda la economía. Solo por la nacionalización de
los bancos obtiene la sociedad el poder de regular su trabajo de acuerdo a un
plan y de distribuir sus recursos racionalmente entre los varios sectores
productivos, para adaptarlos a las necesidades de la nación.
Bauer no explica las disposiciones
monetarias que prevalecerían en la comunidad socialista después de completar la
nacionalización de los bancos. Como otros marxistas, trata de demostrar lo
sencilla y evidentemente que el futuro orden socialista de la sociedad evolucionará
a partir de las condiciones que prevalecen en una economía capitalista
desarrollada. “Basta con transferir a los representantes de la nación el poder
que ahora ejercen los accionistas de los bancos a través del Consejo de
Administración que eligen”, para
socializar los bancos y así poner el último ladrillo en el edificio del
socialismo. Bauer deja a sus lectores completamente ignorantes del hecho de que
la naturaleza de los bancos cambia completamente en el proceso de
nacionalización y agrupación en un banco central. Una vez los bancos se
integran en uno solo, su esencia se transforma completamente: están en
disposición de emitir crédito sin ninguna limitación. De esta manera
desaparecería el sistema monetario tal y como hoy lo conocemos.
Cuando además se nacionaliza el
banco central único en una sociedad, que de otra forma ya está completamente
socializada, desaparecen los acuerdos del mercado y se derogan todas las
transacciones comerciales. En algún momento el Banco deja de ser un banco, sus
funciones concretas se extinguen, pues ya no tiene ningún espacio en la
sociedad. Puede que se mantenga el nombre de “Banco”, que al Consejo Económico
Supremo de la comunidad socialista se le llame Consejo de Administración del
Banco y que lleve a cabo sus reuniones en un edificio ocupado anteriormente por
un banco. Pero ya no es un banco: no desempeña ninguna de aquellas funciones
que desempeña un banco en un sistema económico que se base en la propiedad
privada de los medios de producción y el uso de un medio general de intercambio
(dinero). Ya no distribuye ningún crédito, pues una sociedad socialista hace
imposible necesariamente el crédito. El propio Bauer no nos dice qué es un
banco, pero empieza su capítulo sobre la nacionalización de los bancos con la
frase: “Todo el capital disponible fluye a un fondo común en los bancos”. ¿Cómo
marxista no debería plantear la pregunta de cuáles serían las actividades
bancarias después de la abolición del capitalismo?
Todos los demás escritores que se
han ocupado de los problemas de la organización de la comunidad socialista son
culpables de confusiones similares. No se dan cuenta de que las bases del
cálculo socialista se eliminan por la exclusión del intercambio y el mecanismo
de precios y que algo debe sustituirlo si no se elimina toda la economía y
resulta un caos sin esperanzas. La gente cree que las instituciones socialistas
podrían evolucionar desde una economía capitalista sin más. No es así en
absoluto. Y resulta aún más grotesco cuando hablamos de bancos, dirección bancaria,
etc. en una comunidad socialista.
Las referencias a las condiciones
que se han desarrollado en Rusia y Hungría bajo el gobierno soviético no
prueban nada. Lo que tenemos allí no es sino una imagen de destrucción un orden
social existente de producción, que ha sustituido a una economía familiar
campesina cerrada. Todas las ramas de la producción que dependen de una
división social del trabajo están en un estado de completa disolución. Lo que
está ocurriendo bajo el gobierno de Lenin y Trotsky es una mera destrucción y
aniquilación. El que, como sostenían los liberales, el socialismo debe
inevitablemente traer estas consecuencias a remolque o el que, como responden
los socialistas, sea solo el resultado del hecho de que la República Soviética
sea atacada desde el exterior, no es una cuestión que no interese en este
contexto. Todo lo que ha de establecerse es el hecho de que la comunidad
socialista soviética ni siquiera ha empezado a discutir el problema del cálculo
económico ni tiene ninguna razón para hacerlo. Pues mientras aún haya cosas
fabricadas para el mercado en la Rusia soviética a pesar de las prohibiciones
del gobierno, éstas se valorarán en términos de dinero, existirá en esa medida
propiedad privada de los medios de producción y los bienes se venderán a cambio
de dinero. Ni siquiera el gobierno puede negar la necesidad, que confirma
aumentando la cantidad de dinero en circulación, de mantener un sistema
monetario al menos durante el periodo de transición.
El que la esencia del problema a
afrontar aún no haya visto la luz en la Rusia soviética lo demuestra claramente
las declaraciones de Lenin en su ensayo Die
nächsten Aufgaben der Sowjetmacht. En las deliberaciones del dictador
recurre allí siempre a la idea de que la tarea inmediata y más urgente del
comunismo ruso es “la organización de la contabilidad y control de estos
asuntos, en los que los capitalistas ya han sido expropiados y de todas las
demás preocupaciones económicas”. Aún
así, Lenin está lejos de darse cuenta de que aquí hay un problema completamente
nuevo que es imposible de resolver con los instrumentos conceptuales de la
cultura “burguesa”. Como un político verdadero, no se preocupa por asuntos más
allá de sus narices. Aún se encuentra rodeado por transacciones monetarias y no
se da cuenta de que con la progresiva socialización el dinero también pierde
necesariamente su función como medio de intercambio en su uso general, en la
medida en que la propiedad privada y con ello desaparecería el intercambio.
La implicación de las reflexiones
de Lenin es que le gustaría reintroducir en los negocios soviético la
contabilidad “burguesa” sobre una base monetaria. Por tanto también desea
restaurar los “expertos burgueses” a un estado de gracia. Del
resto, Lenin es tan poco consciente como Bauer del hecho de que de en una
comunidad socialista las funciones de un banco son impensables en su sentido
existente. Desea ir más allá en la “nacionalización de los bancos y proceder “a
una transformación de los bancos en el punto nodal de la contabilidad social
bajo el socialismo”.
Las ideas de Lenin sobre el sistema
económico socialista, al que trata de llevar a su pueblo, son en general
oscuras.
“El estado socialista”, dice
solo puede aparecer como un total de
comunas de producción y consumo, que registran concienzudamente su producción y
consumo, se ocupan de su trabajo económicamente, aumentan ininterrumpidamente
su productividad laboral y así alcanzan la posibilidad de rebajar la jornada
laboral diaria a siete o seis horas o incluso menos.
Todo factor, toda villa aparece como
una comuna de producción y consumo que tiene el derecho y la obligación de
aplicar la legislación soviética general a su manera (‘a su manera’ no en el
sentido de su violación, sino en el de la variedad de sus formas de realización)
de resolver a su manera los problemas de calcular la producción y distribución
de productos.
“Las comunas principales deben
servir y servirán a las más atrasadas como educadoras, profesoras y líderes
estimulantes”. El éxito de las comunas principales debe divulgarse en todos sus
detalles para proporcionar un buen ejemplo. Las comunas “que muestren buenos
resultados de negocio” deberían ser recompensadas de inmediato “recortando la
jornada laboral diaria y con un aumento en los salarios y permitiendo una mayor
atención a los bienes y valores culturales y estéticos”.
Podemos inferir que el ideal de
Lenin es un estado de sociedad en el que los medios de producción no son
propiedad e unos pocos distritos, municipios o incluso de los trabajadores
afectados, sino de toda la comunidad. Su ideal es socialista y no sindicalista.
Esto no hace falta destacarlo especialmente en un marxista como Lenin. No es
extraordinario para Lenin el teórico, sino para Lenin el estadista, que es el
líder de la revolución rusa sindicalista y de los pequeños campesinos. Sin
embargo, de momento nos ocupamos del Lenin escritor y podemos considerar por
separado sus ideales, sin dejar que nos distraiga el retrato de la cruda
realidad.
Según Lenin el teórico, toda gran
ocupación agrícola e industrial es miembro de la gran comunidad del trabajo.
Quienes sean activos en esta comunidad tienen derecho al autogobierno: ejercen
una profunda influencia en la dirección de la producción y también en la
distribución de bienes que son asignados al consumo. Aún así, el trabajo es
propiedad de toda la sociedad y como sus productos también pertenecen a la
sociedad, esta dispone por tanto su distribución. ¿Cómo, debemos preguntarnos
ahora, se lleva a cabo el cálculo económico en la economía de una sociedad
socialista que esté así organizada? Lenin nos da una respuesta muy inadecuada
remitiéndonos a la estadística. Debemos dar estadísticas a las masas, de forma
que la población activa aprenda gradualmente por sí misma a comprender y darse
cuenta de la cantidad y tipo de trabajo que debe realizarse, de la cantidad y
tipo de diversión que debe tomarse, de forma que la comparación de los
resultados industriales de la economía en el caso de comunas individuales se
convierta en objeto de interés y formación general.
Con estas insuficientes alusiones
es imposible inferir lo que Lenin entiende por estadísticas y si está pensando
en el cómputo monetario o in natura.
En todo caso, debemos volver a lo que hemos dicho acerca de la imposibilidad de
conocer los precios monetarios de los bienes de producción en una comunidad
socialista y acerca de las dificultades que aparecen en el camino de la
valoración in natura. Las
estadísticas solo serían aplicables al cálculo económico si pudieran ir más
allá del cálculo in natura, cuya
impropiedad para este fin hemos demostrado. Es naturalmente imposible donde no
se realicen relaciones de intercambio entre bienes en el proceso de comercio.
Ludwig von Mises es reconocido como
el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de
teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises
abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía
política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones
a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la
integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la
demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el
problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que
la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a
la que llamó “praxeología”.
Este artículo está extraído de Economic
Calculation In The Socialist Commonwealth (1920), capítulo 5.