¿Realmente nuestro futuro son los 0$?

Por Fernando Herrera-González. (Publicado el 13 de mayo de 2008)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/2971.

 

Chris Anderson, director editorial de la revista Wired, es un conocido gurú en el mundo del comercio electrónico. Su reputación tiene su origen en el clásico artículo “The Long Tail” y en un libro que desarrolla la misma idea.

Así que no debería sorprendernos que un artículo más reciente de Anderson (otro artículo destinado a convertirse en libro) haya sido recibido con gran interés en la comunidad de Internet.

Esta nueva pieza se titulaba provocativamente “¡Gratis! Por qué los 0$ es el futuro de los negocios”. Su idea principal puede resumirse así:

  1. Los costos marginales de las tecnologías subyacentes de Internet (capacidad de almacenamiento, capacidad de proceso y ancho de banda) tienden a cero.
  2. En un mercado competitivo, los precios igualan a los costos marginales y no existe mercado más competitivo que Internet.
  3. Consecuentemente, los precios de los servicios de Internet tenderán hacia los costos marginales y acabarán siendo cero, es decir, gratis para los usuarios.
  4. A medida que más y más empresas se vean integradas en Internet, está tendencia se extenderá en la economía.

A partir de esta idea principal, Anderson elabora una taxonomía de lo “gratuito”, en la que identifica seis categorías de modelo de negocio:

  • “Gratuitum”: Es el modelo tradicional de muestra gratuita, con la diferencia de que, en el mundo digital, el coste de proporcionar muestras gratuitas es prácticamente nulo.

En el modelo gratuitum, esto significa que por cada usuario que pague por la versión premium del sitio, 99 otros obtienen la versión gratuita básica. La razón por la que funciona es porque el costo de servir al 99% es muy cercano a cero, por no decir que no es nada.

  • Publicidad: Se crea una audiencia ofreciendo un contenido gratuito y luego se vende el acceso a esta audiencia. Es el modelo habitual de las cadenas de televisión y radio, pero con enormes nuevas posibilidades en Internet.
  • Subvenciones cruzadas: Se vende un producto a un precio por debajo de su coste y luego esta pérdida se compensa con ventas de productos complementarios, por ejemplo, el libre estacionamiento en el supermercado.
  • Costo marginal cero: Para aquellos bienes que pueden distribuirse gratuitamente por Internet, como la música o el software.
  • Intercambio de mano de obra: El usuario recibe algo gratis a cambio de que complete algunas tareas para el proveedor. Los ejemplos de Anderson de este modelo incluyen la calificación de historias para Digg y la votación de respuestas en Yahoo! Answers.
  • Economía del regalo: En palabras de Anderson, “estamos descubriendo que el dinero no es el único motivador. (…) En cierto modo, la distribución de costo cero ha convertido a la compartición en una industria”.

Por desgracia, un análisis económico adecuado de las ideas de Anderson no nos permite compartir su optimismo respecto del futuro, al menos no es este asunto.

Precios y costos marginales

Repito que el punto de partida de Anderson es éste: en un sector competitivo, los precios tienden hacia los costos marginales. Por supuesto, esto no es verdad.

En primer lugar, como demuestra James Buchanan, la tendencia es precisamente la opuesta: son los costos marginales los que se igualan a los precios mediante ajustes en la oferta.

Solo los precios tienen un contenido objetivo y empírico: ni las evaluaciones marginales de los demandantes ni los costos marginales de los proveedores pueden emplearse como base para la determinación de los precios. La razón es que ambos se igualan con los precios por ajustes de comportamiento en ambos lados del mercado.

Pero, en segundo lugar, esta igualación solo ocurriría a largo plazo y siempre que todo permaneciera igual. Es decir, no puede haber cambios ni en la tecnología ni en las preferencias de los consumidores. Ésas son las condiciones para alcanzar la “economía en rotación constante” a la que se refieren los austriacos para entender mejor el funcionamiento de ciertos aspectos económicos. A largo plazo, bien puede que los precios y costos marginales sean iguales, pero solo si no hay cambio alguno durante el proceso. Eso parece bastante improbable en el caso de Internet.

A corto plazo, el precio depende exclusivamente de las preferencias de los individuos y de las existencias disponibles: no hay dependencia de los costos. Así que no hay una relación directa entre el precio de un bien y su costo marginal.

Pero, finalmente, incluso si aceptáramos que los precios hayan convergido con el costo marginal, debe advertirse que este costo no tiene ninguna relevancia para las decisiones de los capitalistas- El propio Anderson se refiere a esto:

Pero cuéntale eso al pobre CIO que acaba de pagar una factura de seis cifras para comprar otra batería de servidores. Seguro que la tecnología no parece gratis cuando la compras en bruto.

Por supuesto, el costo marginal de un megabyte de disco duro puede ser muy bajo. El problema es que el almacenamiento no se vende en bocados de un megabyte, sino en unidades mucho mayores, que, al final, suponen grandes inversiones. Los bienes no son divisibles infinitamente, así que no tiene mucho sentido hablar de costos marginales como guía para los precios.

Los empresarios que proporcionan capacidad de almacenamiento o proceso en Internet no son capaces de comprar unidades marginales: tienen que hacer grandes inversiones para proporcionar esos recursos. Y si no recuperan esos desembolsos, tienen que abandonar el mercado, antes o después.

¿Entonces por qué se da gratis en Internet almacenamiento, capacidad de proceso y ancho de banda?

Como se ha explicado, los precios dependen de las preferencias individuales y de las existencias disponibles. Con respecto a los bienes referidos, puede concederse que la oferta en Internet es casi infinita, al menos en relación con la demanda actual.

En esas condiciones, el precio está destinado a ser muy bajo, casi insignificante, por lo que puede no tener sentido tratar de cobrar por los servicios. Los costos de transacción podrían exceder a los ingresos.

Por supuesto, la pregunta entonces es por qué hay un exceso de estos bienes asociados con Internet en los que el precio ha llegado a ser nulo. ¿Se han vuelto locos Google, Yahoo! y sus accionistas?

Este exceso de existencia es precisamente el resultado de los modelos de negocio aplicados por estas empresas. El análisis de sus estructura de producción revela que no es ni almacenamiento, ni capacidad de proceso ni ancho de banda lo que venden, sino algo completamente diferente por lo que puede cobrarse y obtenerse un precio.

Google no ofrece su máquina de búsqueda y otras aplicaciones web. ¿Por qué? Porque así es como atrae nuestra atención hacia sus anuncios. Google no nos vende sus servicios en línea: vende una audiencia a sus verdaderos clientes, los anunciantes. Google está comprando nuestro tiempo y vendiéndolo al por mayor. Como el tiempo es un recurso escaso y la demanda de tiempo (y atención) está aumentando como consecuencia de la feroz competencia en Internet, Google tiene que pagarnos cada vez más, según la ley de los retornos decrecientes. Este pago no se hace en términos de dinero, sino como almacenamiento y capacidad de proceso. Por eso Google nos sigue aumentando a nosotros, sus proveedores, su oferta “gratuita” en términos, por ejemplo, de capacidad de almacenamiento para cuentas de correo electrónico.

Si esto no resultara suficiente, es probable que estas empresas puedan empezar a pagar dinero a cambio de nuestro tiempo. Según el análisis económico de Anderson, esto significaría que el costo marginal está ahora por debajo de cero, lo que es completamente absurdo.

La intuición de Anderson es correcta cuando se refiere a “nuevas escaseces”, las de atención y reputación. Como se acaba de explicar, es precisamente la competencia por estos recursos la que parece explicar esta tendencia a los servicios “gratis” en algunos modelos de negocio de Internet y no la existencia de costos marginales reduciéndose a cero. (Pero uno difícilmente puede referirse a la escasez de tiempo como algo nuevo: el tiempo ha sido siempre un bien escaso y seguirá siéndolo hasta que los humanos sean inmortales).

Un último comentario: Anderson parece creer que la rebaja de los precios para las tecnologías de Internet es un fenómeno natural producido por la tecnología o por los investigadores, por ejemplo, la ley de Moore. Por el contrario, es el mercado el que aprovecha la tecnología actual. Es la competencia por ofrecer más almacenamiento y proceso en la lucha por nuestro tiempo lo que impulsa el avance tecnológico, no al contrario.

De la taxonomía de lo “gratuito”

Algunos de los modelos de negocio identificados por Anderson en su taxonomía merecen más evaluación, porque esconden falacias económicas.

Por ejemplo, el “intercambio de mano de obra” está claro que no es gratuito. Una persona realiza un trabajo a cambio de un servicio. El un pago de ese trabajo mediante trueque, pero aún así hay un pago. En este intercambio, no hay dinero, pero eso no lo hace gratuito.

Respecto del “costo marginal cero”, Anderson se refiere solo a los costos de distribución y olvida completamente los costos producción. Bien puede ser que el desembolso de la distribución de una canción o una película por Internet sea de casi cero. Pero aún tendrá que producirse. ¿Cómo recuperarán los compositores los recursos (tiempo, ideas) invertidos en desarrollar el producto?

Si, como dice Anderson, “la música no es un negocio para hacer dinero, es algo que [los músicos] hacen por otras razones, desde la diversión a la expresión creativa”, el futuro de la industria musical es ciertamente lúgubre. Un músico no puede dedicar recursos a su música precisamente porque la distribución en línea es gratuita.

Por supuesto, puede ofrecerse música gratuitamente por Internet (ya se está haciendo), pero esto no es porque los costes de distribución sean iguales a cero. Más bien sería un caso de “gratuitum” o de subvenciones cruzadas.

La “economía del regalo” de Anderson no es ni nueva ni sorprendente. En la teoría del intercambio, los beneficios y costos a considerar con beneficios y costos psíquicos, no efectivo. Los regalos pueden explicarse fácilmente teniendo esto en cuenta. Si la satisfacción de entregar algo es mayor que el beneficio real que ofrece su uso directo (es decir, su costo), el individuo procederá a donarlo. Por supuesto, para un observador externo, esto no puede explicarse solo mirando los flujos de caja.

Notas finales

En resumen, no existe un “mercado gratuito” como el que ve Chris Anderson cuando concluye: “el cero es un mercado y cualquier otro precio es otro”. Si el precio en un mercado concreto parece ser cero, estamos mirando el lado incorrecto del mercado.

Se ha demostrado que el precio solo iguala al costo marginal en la improbable “economía en rotación constante” en la que no se producen cambios. Además, el concepto de costo marginal no es relevante a la hora de tomar decisiones de inversión, porque éstos no son infinitamente divisibles.

La razón por la que algunos bienes se entregan gratuitamente en algunos mercados no tiene relación con ninguna noción hipotética de “costos marginales tendiendo a cero”. De hecho, estos bienes supuestamente gratuitos se nos “dan” a cambio de nuestro tiempo y atención. Como el tiempo es un recurso crecientemente escaso, su valor aumenta constantemente, en términos de almacenamiento, proceso y ancho de banda.

Con el tiempo correctamente identificado como un recurso escaso, se necesita la teoría económica para entender el proceso de intercambio. Y no hay lugar para la “gratueconomía” de Chris Anderson. Más suerte la próxima vez.

 

 

Fernando Herrera-González escribe desde España, donde está preparando su doctorado en economía austriaca aplicada a la regulación de las telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Madrid.

Published Wed, Dec 7 2011 7:16 PM by euribe