Por James E. Miller. (Publicado el 14 de noviembre
de 2011)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5806.
Ha aparecido recientemente en la American Political
Science Review un estudio de casos efectuado por David Skarbek de la
Universidad de Duke que analiza la manera en que la mafia mexicana
desarrolló su propia forma de gobierno en el interior del sistema carcelario
del condado de Los Ángeles. A
continuación presentamos un extracto del resumen
del mencionado estudio.
¿Cómo es posible que individuos que
no cuentan con instituciones gubernamentales eficaces sean capaces de
establecer derechos de propiedad y facilitar el intercambio comercial por sí
mismos? El tráfico de estupefacientes
ilegales en Los Ángeles ha prosperado a pesar de no sustentarse en
instituciones formales de gobierno con bases estatales. Ha surgido un sistema
alternativo de gobierno a partir de un entorno totalmente inesperado: la vida
en la cárcel. Las bandas encarceladas de la mafia mexicana pueden extorsionar a
los traficantes de drogas que transitan por las calles porque ejercen un
considerable control sobre los reclusos del sistema carcelario del condado y
porque los traficantes libres siempre temen una posible encarcelación. La
habilidad de dichas bandas para obtener los recursos que necesitan las ha
incentivado a generar sus propias instituciones de gobierno que mitiguen las
fallas del mercado surgidas entre las pandillas latinas de traficantes libres,
lo que incluye hacer cumplir las transacciones, proteger los derechos de
propiedad y resolver conflictos.
La formación de un “orden
espontáneo” a menudo sorprende a quienes consideran que el Estado es la
quintaesencia de toda civilización. El orden espontáneo fue definido por
Friedrich Hayek como:
Un sistema que se ha desarrollado no
por medio de la dirección central o el patrocinio de un individuo en particular
o de un grupo circunscrito de individuos, sino gracias a las consecuencias no
pretendidas surgidas a partir de las decisiones de miles de individuos, cada
uno de los cuales busca la satisfacción de sus propios intereses por medio del
intercambio voluntario, la colaboración y el ensayo y error.
Durante los últimos 50 años, la
mafia mexicana ha desarrollado su propio sistema de derecho de propiedad, de
protección y de orden al interior del sistema carcelario de Los Ángeles. Este
fenómeno comenzó en 1956, cuando grupos de prisioneros latinos comenzaron a
unirse para protegerse entre sí. Ya que el gobierno que los puso inicialmente
bajo llave no era capaz de hacer cumplir derechos de propiedad adecuados para
los reclusos, emergió en respuesta un sistema interno de gobierno. A partir del establecimiento de ciertas
protecciones básicas surgieron disposiciones de gobierno tanto para obtener
riqueza dentro de un territorio geográfico delimitado como para proveerlo de
leyes y orden. Lo que ha hecho la mafia mexicana es, básicamente, crear su
propio Estado dentro de los Estados Unidos de América y del Estado de
California.
Al igual que en muchos otros Estados,
algunos de sus miembros han alcanzado posiciones de mayor influencia a pesar de
promover un modelo igualitario, donde todos sus integrantes supuestamente “sólo
tienen un rango oficial (…) un solo voto
y donde nadie puede darle a otro una orden". Por otra parte, ningún estado
se precia de tal si carece de impuestos y la mafia mexicana no es la excepción.
Utilizando una forma de extorsión por medio de gravámenes a las ganancias
obtenidas por los traficantes libres, bajo amenaza de violencia si el individuo
va a prisión, la mafia mexicana desempeña la función de cobrador de impuestos
incluso tras las rejas. Este impuesto normalmente fluctúa entre 10% y 30% de
los ingresos obtenidos. A cambio de tal gravamen se ofrece protección por parte
de los compañeros presidiarios si el individuo tiene la mala fortuna de caer en
prisión. Para que la mafia mexicana maximice la ganancia por concepto de
impuestos obtenida del tráfico de drogas, esta práctica apunta a mitigar la
violencia real.
También se ha desarrollado un sistema
para el arbitraje de conflictos que permita garantizar la paz. Skarbek menciona
el caso ocurrido en febrero de 1994, cuando representantes de la mafia mexicana
y de dos bandas callejeras conocidas como Calle 18 y MS-13 se reunieron para
resolver la hostilidad generada por un miembro de la pandilla que había matado
a otro. Luego del arbitraje se alcanzó un acuerdo de paz, evitando así una
guerra entre bandas, lo que, en definitiva, benefició la mantención del flujo
de dinero en efectivo proveniente del tráfico de drogas. Este proceso se
repitió para resolver otra serie de conflictos. Incluso los tiroteos desde
automóviles en movimiento son regulados por la mafia mexicana, pues el uso de
armas no autorizadas es castigado con pena de muerte o encarcelamiento.
A pesar de basarse en la amenaza de
la coacción, el sistema de gobierno al que se somete la mafia mexicana tiene
bastantes aspectos empresariales. En su libro Man,
Economy, and State, Murray Rothbard describe la
actividad natural de un empresario de la siguiente forma:
En su búsqueda de ganancias, el
empresario percibe que ciertos factores han sido subvalorados respecto de sus
potenciales productos de valor. Al reconocer esta discrepancia y tomar medidas
al respecto, lo que el empresario hace es trasladar factores de producción
(obviamente factores no específicos) desde otros procesos productivos al
proceso de su interés.
La mafia
mexicana también participa en un proceso de esta naturaleza al estudiar las
posibilidades de encarcelamiento de cada uno de sus objetivos. Aquéllos que
tienen altas probabilidades de ser arrestados y, posteriormente, encarcelados
son presionados para que paguen impuestos. Lo mismo ocurre con quienes tienen
amigos o parientes con grandes posibilidades de ir a la cárcel. Más allá de
nuestra opinión personal sobre este tipo de extorsión, es evidente que, de una
forma u otra, el espíritu empresarial surge hasta en los escenarios más
insólitos.
¿Qué
pueden sacar en limpio de este fenómeno de orden emergente los libertarios
austríacos, considerando que reconocen la importancia de los derechos de
propiedad pero, al mismo tiempo, son reacios a cualquier clase de coerción?
Después de todo, la mafia mexicana ha establecido un semimonopolio de violencia
y coerción en un área geográfica limitada, lo que significa que se ha
convertido en su propio Estado dentro de la jurisdicción de los Estados Unidos
y del gobierno californiano.
En primer
lugar, se debe considerar que la necesidad de protección básica y de derechos
de propiedad en medio de la inoperancia de las autoridades públicas a este
respecto fue lo que precipitó el incentivo y el ánimo de lucro entre los
reclusos para formar la mafia mexicana y poner en práctica sus métodos
tributarios. De haber existido una
adecuada protección oficial, tal sistema soterrado de leyes y de orden
probablemente nunca habría surgido.
Esto nos
lleva al siguiente aspecto: el modelo impositivo y de protección de la mafia
mexicana nació, en efecto, como resultado de un orden espontáneo. Considerando
el punto de vista de Hayek, los miembros originales de la mafia mexicana
establecieron este sistema en beneficio de sus propios intereses.
Sin
embargo, donde los postulados de Hayek no se aplican es en el uso de la
coerción por parte de la mencionada mafia. Aunque el orden emergente como
consecuencia de acciones determinadas es digno de ser celebrado cuando deviene
en paz y colaboración voluntaria, las tácticas violentas empleadas por la mafia
mexicana resultan detestables. Tal como lo indica el principio de no agresión, base
fundamental del liberalismo austríaco, la violencia injustificada ejercida
hacia cualquier individuo es moralmente reprochable.
Y lo
anterior nos lleva a la siguiente conclusión: el surgimiento del sistema de
gobierno de la mafia mexicana puede atribuirse a la prohibición estatal de los
estupefacientes. Si el estado considerara los derechos de propiedad como
sagrados, no existirían leyes contra las drogas y, por consiguiente, muchísimas
menos personas en prisión. Sin la amenaza del encarcelamiento y los posteriores
ataques de violencia una vez en la cárcel, la mafia mexicana perdería de manera
considerable su capacidad de cobrar impuestos.
Al igual
que el sistema de leyes y propiedad privada que se desarrolló durante el
establecimiento del lejano oeste norteamericano, la creación del gobierno
interno de la mafia mexicana demuestra que el hombre es capaz de diseñar sus
propios servicios de protección ante la incapacidad de las entidades
gubernamentales oficiales. En el caso del “no tan salvaje” oeste norteamericano,
la protección de la propiedad y el orden se desarrolló como medida para
facilitar las condiciones de vida de los colonos en ausencia de las estructuras
estatales pertinentes. En el caso de la mafia mexicana, por su parte, la
protección y el arbitraje de conflictos surgieron como respuesta no sólo a un
vacío de autoridad gubernamental sino también ante mecanismos de explotación
violenta. Ambos casos, aunque similares
en cuanto órdenes emergentes, generaron resultados diferentes: uno logró
reducir la violencia por medio de colaboraciones voluntarias y el otro utilizó
la fuerza con características estatales para mantener el control.
Aunque es
vergonzoso que el sistema de ley y orden de la mafia mexicana haya derivado en
coerción, el estudio de casos de Skarbek constituye una importante herramienta
para analizar este ejemplo de orden espontáneo, que deja en evidencia que la
humanidad, en posesión de deseos infinitos, se transforma y adapta
permanentemente a circunstancias variables.
Si tan
solo nuestros líderes electos se mostraran abiertamente como los sinvergüenzas
llenos de tatuajes cuyo comportamiento inspiran, tal vez el electorado no
estaría del todo dispuesto en una próxima oportunidad a respaldar sus baterías
de poderes y autoridades coercitivas. Al fin y al cabo, lo único que diferencia
a los sujetos antes descritos de quienes legislan entre las cuatro paredes del
Congreso, los edificios gubernamentales o la municipalidad es su mera
apariencia superficial.
James E. Miller es licenciado en administración pública con
especialización en negocios en la Universidad de Shippensburg, Pannsylvania. Fue
columnista del Shippensburg Slate y contribuye actualmente en el
periódico de su pueblo natal, el Middletown
Press and Journal. Vea su blog.