Por Robert P. Murphy. (Publicado el 18 de octubre de
2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5745.
Este año
he estado en la Academia Mises llevando a los alumnos a través del tratado
clásico de Murray Rothbard, Man, Economy,
and State. (Para detalles sobre la clase actual, que cubre el último tercio
del libro, ver aquí).
En la clase anterior nos ocupamos del análisis del precio de la tierra de
Rothbard. En un tema revelador porque implica capitalización y emprendimiento,
dos áreas en las que los austriacos han hecho contribuciones seminales a la
teoría económica.
Precios de la tierra y rentas
Al inicio del capítulo 9,
Rothbard ofrece un sucinto resumen de buena parte del análisis precedente en el
libro:
Hemos
estado usando el término renta en
nuestro análisis para referirnos al precio de contratación de los servicios de
bienes. Este precio se paga por servicio unitario, distinguiéndose de los
precios de todos los factores que rinden el servicio. Como todos los bienes
tienen servicios unitarios, todos los bienes generan rentas, ya sean bienes de
consumo o cualquier tipo de bienes de producción. Las futuras rentas de bienes
duraderos tienden a capitalizarse y encarnarse en su valor de capital y por
tanto en el dinero actualmente necesario para adquirirlos. Como consecuencia,
los inversores y productores de estos bienes tienden a ganar sencillamente un
retorno de intereses sobre su inversión (pp. 557-558).
Aunque
incluye muchas cosas en este párrafo, las explicaciones de Rothbard son claras.
Todos los factores de producción (ya sea un tractor, una bombilla o un terreno)
rinden un flujo de servicios por unidad de tiempo. El economista puede explicar
el precio de la renta de un factor de acuerdo con su productividad marginal.
Supongamos
que los aparceros calculan que un acre adicional del terreno del granjero Smith
les permitiría aumentar sus ganancias anuales en 250$. Si tenemos una
competencia abierta (es decir, sin restricciones del gobierno), entonces en
equilibrio esperaríamos que los aparceros pagaran una renta de (cerca de) 250$
por acre por el uso del terreno del granjero Smith.
Supongamos
ahora que en lugar de arrendar sus terrenos, el granjero Smith quiere
venderlos. ¿Cuánto podría esperar obtener por ellos?
En el
caso básico de certidumbre acerca del futuro, la respuesta que Smith capitalizaría el valor presente
descontado de todos los futuros pagos de rentas que correspondan a la tierra de
labranza. Por ejemplo, supongamos que se espera que la tierra de labranza
produzca un flujo anual de pago de rentas de 250$. A un tipo de interés
constante del 5%, el precio de mercado de un acre del terreno de Smith sería de
5.000$. Esto es lo que puede pedir Smith y debería recibir por vender su
terreno, al menos en un mundo en que todo sea cierto acerca del poder de
ganancias futuras del terreno y el tipo constante de interés.
Para ver
por qué es ésta la respuesta, pensemos en un inverso con 5.000$. Puede utilizar
este dinero para comprar un bono que rinda un 5% anual (porque suponemos que
ése era el tipo de interés). Esto significa que nuestro inversor puede ganar un
rendimiento perpetuo de pagos de 250$ en dividendos con este bono. En un mundo
de certidumbre, no es más arriesgado invertir en terrenos que en bonos, así que
un acre del terreno del granjero Smith, que también
rinde un flujo de renta perpetua
de 250$ al año, debe generar también un precio de compra de 5.000$.
Una vez
que entendemos el proceso básico, es fácil ver cómo influirán los cambios en
los fundamentos subyacentes. Por ejemplo, si el aumento de la población aumenta
la demanda de comida, de forma que los apareceros obtienen una renta anual de
500$, entonces el precio de mercado de la parcela de terreno aumentará de
5.000$ a 10.000$.
Por otro
lado, supongamos que el precio del arrendamiento del terreno sigue siendo de
250$ al año, pero que las preferencias temporales de la comunidad (grado de
impaciencia) aumentan de forma que el tipo de interés aumenta al 10%. Ahora el
valor capitalizado del activo disminuye de 5.000$ a 2.500$. Aunque el terreno
sea igual de productivo que antes (incluso en términos de renta anual), el tipo
de interés más alto dobla el descuento sobre futuros flujos de caja. Así que el
actual precio de mercado de los terrenos cae a la mitad cuando se dobla el tipo
de interés.
El terreno marginal genera una renta positiva
Rothbard
explica que, en nuestro mundo, es un hecho empírico que el trabajo es más
escaso que la tierra. (Resulta ser verdad: podríamos imaginar lógicamente qué
pasaría si fuera verdad lo contrario). Por consiguiente, dependiendo del tamaño
de la población y otros factores, en cualquier momento concreto podemos
disponer los lotes de terreno clasificándolos del menos valioso al más valioso.
Como la
tierra es más abundante que el trabajo, siempre habrá un umbral que indique el
terreno marginal, lo que significa la
última parcela de tierra que merece la pena cultivar. El terreno que sea más
fértil (o deseable por otras razones) es el terreno supermarginal, que produce rentas superiores que el terreno marginal.
Por el contrario, el terreno submarginal
no da ninguna renta y no está integrado en el proceso de producción.
Rothbard
distingue la perspectiva austriaca respecto de la aproximación estándar del mainstream:
Es
importante reconocer (…) que el terreno marginal no generará una renta cero,
sino solo cercana a cero. La razón es que, en la acción humana, no hay una
continuidad infinita y la acción no puede proceder en pasos infinitamente
pequeños. Los escritores con mentalidad matemática tienden a pesar en esos
términos, de forma que los puntos antes y después del punto bajo consideración
tienden a agruparse en uno. Sin embargo, el uso de terreno marginal, solo merecerá
la pena si genera alguna renta, por pequeña que sea ésta (p. 560).
En otras
palabras, los economistas mainstream
tienden a pensar que el terreno marginal genera una renta cero, porque ésa es
la única conclusión lógica si dividimos la lista de fertilidad de los terrenos
en unidades infinitesimales. Pero en la aproximación austriaca (caracterizada
por la elección con un fin, en lugar de la indiferencia) alguien evidentemente
cultivará una parcela de terreno solo si ofrece una perspectiva de renta (por
muy pequeña que sea).
Introduciendo la incertidumbre
Hasta
ahora nos hemos ocupado del caso sencillo pero no realista en el que las
ganancias de renta de una porción de tierra son constantes. Rothbard explica
las complicaciones de los cambios y cómo se ocupan de ellas los empresarios:
En este
punto, consideremos una gran pesadilla de los seguidores de Henry George: la
especulación en los terrenos que impide que se usen terrenos productivos. Según
los georgistas, toda una panoplia de males económicos, incluyendo las
depresiones del ciclo económico, derivan de la retención especulativa de de
terrenos que impide su uso, causando una escasez artificial y altas rentas para
los lugares en uso. (…)
Sin
embargo, en muchos casos, un lugar, una vez dedicado a cierta línea de
producción, no podría cambiarse fácilmente o sin costes sustanciales a otra
línea. Allá donde el aparcero prevea que pronto habrá disponible una mejor
línea de uso o tenga dudas sobre la mejor dedicación del terreno, mantendrá el
terreno para usarlo si el ahorro en “costes de transformación” es mayor que su
coste de oportunidad de esperar y dejar pasar rentas obtenibles actualmente. El
propietario de terrenos especulador está, por tanto, dando un gran servicio a
los consumidores y el mercado al no dedicar el terreno a un peor uso
productivo. Al esperar a dedicar el terreno a un uso productivo superior, está
asignando el terreno a los usos más deseados por los consumidores.
Lo que
probablemente confunde a los georgistas es el hecho de que muchos lugares no
estén usados y aún así tengan un precio de capital en el mercado. El precio de
capital del lugar incluso podría aumentar si el ligar sigue sin utilizarse. Sin
embargo, esto no significa que se trame alguna villanía. Simplemente significa
que no se esperan rentas en el lugar durante unos pocos años, aunque pueda
generar rentas positivas en el futuro. El valor de capital del terreno, como
hemos visto, totaliza el total descontado de todas las rentas futuras y este
total de rentas puede ejercer una influencia tangible desde una distancia
considerable en el futuro, dependiendo del tipo de interés. Por tanto no hay
ningún misterio en el hecho de un valor de capital para un lugar sin utilizar,
o en su aumento. El lugar no se está reteniendo villanamente frente a la
producción (pp. 570-571).
Podemos
ilustrar el análisis de Rothbard con dos ejemplos. Primero, consideremos algo
que es demasiado habitual hoy en día: Un edificio comercial con una señal de
“SE ALQUILA” en la ventana. Supongamos además que este edificio está en una
condición de abandono durante varios meses. ¿Qué deberíamos entender de este
extraño resultado?
A primera
vista (y si olvidamos los problemas de la incertidumbre en el mundo real), el
propietario del edificio parece ser tonto. Después de todo, si hubiera bajado
el precio, sin duda podía haber hecho que algún
inquilino se mudara al edificio y empezara a pagarle una renta. No importa lo
bajo que sea el precio, algo es mejor que nada, suponiendo que el inquilino no
dañe físicamente las instalaciones.
En
realidad, esta crítica de nuestro hipotético propietario del edificio es
injusta. En el mundo real, el propietario de edificios no sabe exactamente qué
inquilinos potenciales están dispuestos a pagar por alquilar espacio. Cuando
acepta un nuevo inquilino, ambos firmarán seguramente un contrato que garantice
al inquilino el espacio durante un tiempo (tal vez un año o más), sujeto a
varias condiciones. Esto es así porque el inquilino no querría tener el
problema de habilitar el espacio para su negocio, solo para verse expulsado dos
meses más tarde porque el propietario encontró un inquilino dispuesto a pagar
más renta.
Dado que
éste es el tipo de contrato que firmaría con un nuevo inquilino, el propietario
del edificio no rebajará
sencillamente el precio a cada hora hasta cerrar un acuerdo después del primer
día vacante. En su lugar, establecerá un precio (tal vez optimistamente), por
el que estaría encantado de alquilar el espacio. Le merece la pena mantener el
espacio vacío, tal vez durante varios meses, esperando a encontrar el inquilino
especial que esté dispuesto a pagar el precio.
Así que vemos
que incluso en un mercado no intervenido hay razones para que haya recursos
“ociosos”. El proceso aquí es análogo a una persona
en paro buscando un nuevo trabajo. Hay una verdadera búsqueda, en la que
las partes de un acuerdo mutuamente beneficioso tienen antes que encontrarse.
En un
ejemplo distinto, supongamos que el gobierno haya declarado a un terreno
concreto como humedal haciendo ilegal su desarrollo comercial. Originalmente,
el terreno tiene un precio de mercado de 0$. Sin embargo un grupo de enterados
sabe que las administración entrante planea eliminar la restricción. Si
ocurriera eso, el pantano podría drenarse y podría construirse un centro
comercial sobre el terreno, generando fantásticos beneficios a los
propietarios.
En este
segundo escenario, los enterados comprarían el terreno a su propietario
original y estarían dispuestos a pagar un precio considerable por él, si es
necesario. Aquí también veríamos un terreno que produce un precio de compra
positivo aunque estuviera generando una renta cero.
Conclusión
La
Escuela Austriaca es conocida por sus contribuciones a la teoría del capital y
del interés, así como al emprendimiento. Todos estos asuntos se unen en la
explicación del precio de mercado de la tierra. Como es habitual, la exposición
de Rothbard en Man,
Economy, and State es completa y clarísima. A quienes quieran una
visita guiada por este libro, les doy la bienvenida a su incorporación a
nuestra actual
clase en la Academia Mises.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy,
and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.