Por Robert P. Murphy. (Publicado el 13 de diciembre
de 2010)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4875.
En un
post reciente, “El
triunfo de los economistas austriacos”, David Frum lamenta el abandono de
la respetable Escuela de Chicago como los economistas preferidos por la derecha
política. Frum no ve que los republicanos conservadores se justifican en
cambiar su confianza a los economistas austriacos, porque los monetaristas del
lado de la oferta tienen un ostensible punto ciego cuando se refieren a la
Reserva Federal.
Frum está desconcertado
Frum está
consternado ante el resucitado interés por el análisis y las recomendaciones
políticas austriacas:
Un tema
subordinado de los críticos de la encuesta
de la Fed de Noah Green es el triunfo de la economía austriaca sobre la de
Chicago dentro de la derecha política actual.
Hace
treinta años, los economistas de centro derecha no aceptaban que las recesiones
fueran necesarias ni fueran de hecho respuestas saludables a las burbujas
especulativas. Aún fruncen el ceño al recordar a los funcionarios de la época
de Hoover que dieron la bienvenida a la Gran Depresión como medio para “purgar
lo podrido” del sistema del mercado.
Hace
treinta años, los economistas de centro derecha no celebraban los altos tipos
de interés como una salvaguarda de la moneda. Hace treinta años, medían la
inflación por la capacidad del dólar de comprar bienes y servicios, no por su
valor relativo con el oro o cualquier otro material.
Incluso
hoy, probablemente la mayoría de los economistas empresariales (¡la mayoría de
los economistas republicanos!) rechacen esas ideas. Advierto que la carta
e21 criticando a la Fed no estaba firmada por dos ilustres economistas
académicos de centro derecha, Greg Mankiw y Robert Barro. Advierto que no
estaba firmada por los dos principales consejeros económicos del Presidente
George W. Bush, Glenn Hubbard y Larry Lindsey.
En primer
lugar, Frum parece haber olvidado que, después de varios años de control
republicano tanto del Congreso como de la Casa Blanca, estamos en medio de la
peor crisis económica desde la Gran Depresión. Por lo que yo sé, el presidente
ignoro su consejo, pero el rechazo de los consejeros
económicos del Presidente George W. Bush a firmar una carta difícilmente me
hace sospechar de la sensatez de dicha carta.
Antes de
ocuparme del principal asunto de este artículo (es decir, la superioridad de la
Escuela Austriaca respecto de la de Chicago en lo que se refiere al insidioso
papel de la Fed), quiero corregir dos errores históricos en el condescendiente
post de Frum:
La
mención de Frum acerca de los “funcionarios de la época de Hoover” que querían
“purgar lo podrido del sistema” es una referencia a Andrew Mellon, secretario
del Tesoro de Herbert Hoover. En las memorias de Hoover, éste describe las
discusiones en la Casa Blanca tras el descalabro de la bolsa en octubre de
1929. Hoover explica en sus memorias que Mellon sí defendía una política de
liquidacionismo, en la que el gobierno federal no se movería y permitiría que
el mercado siguiera su curso natural.
Este es
el punto en el que los keynesianos modernos (una categoría que incluye
al propio David Frum, quiera o no utilizar esta etiqueta) dejan de citar la
memorias de Hoover. “¡Ajá!” dicen,
“Hoover se sentó y no hizo nada y por eso el crash de 1929 se convirtió
en la Gran Depresión. ¡Rápido, gastemos mas dinero tomado prestado!”
Por
desgracia para los keynesianos, si leyeran justo
la siguiente página de las memorias de Hoover, éste explica que rechazó el consejo de Mellon. Aunque
gente como Paul Krugman,
Brad DeLong
y, sí, David Frum continúen insistiendo en otra cosa, Herbert Hoover fue un hombre del gran gobierno
que instituyó un New Deal light.
Por
cierto que por eso el crash
financiero que ocurrió a su vista se extendió a la Gran Depresión. Si Hoover
hibera sido realmente el ideólogo del laissez afire retratado por sus críticos
(si Hoover realmente no hubiera hecho gran cosa, igual que hicieron sus
predecesores cuando afrontaron sus propios pánicos financieros), entonces los
estadounidenses modernos no sabrían nada de él. ¿Cuántos estadounidenses
pueden identificar con seguridad a los presidentes durante el Pánico de 1819 o el Pánico de 1907? Sin embargo
todos “saben” que Herbert Hoover causó la Gran Depresión porque creía en el
capitalismo puro.
Aparte de
perpetuar el mito de un Hoover liquidacionista, Frum también parece ignorar
cómo la Fed de Volcker acabó con la estanflación de la era Carter e hizo llegar
la “Gran Moderación”. En concreto, Paul Volcker restauró la fe en el dólar de
EEUU aumentando
los tipos de interés y estabilizando los precios de las materias primas
(como explicaba en su momento en el Wall
Street Journal Arthur Laffer, cuya buena fe de la Escuela de Chicago
supuestamente puede respetar Frum).
El talón de Aquiles de la Escuela de Chicago
La gente
me pregunta a menudo por qué me califico de economista austriaco, frente a un
más genérico “economista del libre mercado”. Después de todo, ¿cuál es la gran
diferencia entre el austriaco medio y el monetarista del lado de la oferta
medio?
Más allá
de las diferencias metodológicas, en
la práctica, la Escuela de Chicago tiene un gran defecto: su falta de una teoría del capital. En concreto, muchos
seguidores de Milton Friedman piensan que la Fed está “haciendo su trabajo”,
mientras el IPC no aumente demasiado aprisa.
Ludwig von Mises y Friedrich Hayek
apuntaron hace mucho tiempo que esta “regla de estabilización de los precios”
de consumo llevaría a un desastre. De hecho, Murray Rothbard señalaba que la
burbuja bursátil de finales de la década de 1920 (alimentada por las políticas
de la Fed) no coincidió con una
enorme inflación
de precios del consumo.
Vimos un
patrón similar en nuestros tiempos, durante los años de la burbuja
inmobiliaria. Muchos eminentes economistas de la Escuela de Chicago pensaban
que todo iba bien. Después de todo, la administración Bush había recortado
(modestamente) los impuestos y aunque había aumentado demasiado el gasto, eso
difícilmente sembraría las semillas de una minidepresión. También era cierto
que Fannie Mae, Freddy Mac y otros incentivos públicos animaban a los bancos a
dar préstamos arriesgados, pero no recuerdo a ningún economista de la Escuela
de Chicago diciendo antes del crash
que esto devastaría la economía.
Por el
contrario, hubo muchos académicos e inversores que confiaron en
la teoría austriaca del ciclo económico para diagnosticar la burbuja
inmobiliaria. Entendieron bastante correctamente que la decisión de la Fed de
Greenspan de impulsar a la baja los tipos de interés a niveles increíblemente
bajos distorsionaría la estructura de capital de la economía (cuya regulación,
después de todo, es para lo que vale
el tipo de interés del mercado, en la visión austriaca). Los tipos de interés
artificialmente bajos podían generar un auge de euforia, pero inevitablemente
darían lugar a un declive.
Paul
Krugman tiene razón cuando dice que a muchos de los críticos actuales de las
políticas keynesianas les pilló completamente por sorpresa el crash
inmobiliarios. Por el contrario, algunos economistas intervencionistas (como Nouriel
Roubini) hicieron declaraciones sorprendentemente precisas de lo frágil que
era la economía.
Conclusión
Los republicanos
conservadores se han asociado tradicionalmente con la Escuela de Chicago. Pero
si la única alternativa es entre esa aproximación (especialmente en su forma
más extrema de las expectativas
racionales) y la visión del mundo de un Roubini o un Krugman, los
conservadores serán incapaces de explicar los grandes crashes, lo que es una
seria debilidad.
Ninguna
escuela de pensamiento económico es perfecta: yo personalmente ha aprendido más
del comercio internacional en la obra de Arthur Laffer que de los austriacos.
Pero en lo que se refiere a explicar el ciclo de auge y declive (y reconocer
los peligros de las acciones de Bernanke) prefiero a los austriacos.
Robert Murphy es investigador adjunto del Instituto Mises, donde
enseña en la Mises Academy. Gestiona
el blog Free Advice y es autor de The Politically Incorrect
Guide to Capitalism, Study Guide to Man, Economy,
and State with Power and Market, Human Action Study Guide, The Politically Incorrect
Guide to the Great Depression and the New Deal y su nuevo libro Lessons for the Young
Economist.