Por Hans-Hermann Hoppe (Publicado el 10 de
octubre de 2011)
Traducido del inglés. El artículo original
se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5747.
Déjenme empezar con una cita de un
artículo que mi viejo amigo Ralph Raico escribió hace unos 15 años:
Ludwig von Mises y F.A. Hyek están
ampliamente considerados los más eminentes pensadores liberales clásicos de
este siglo. También son los dos economistas austriacos más conocidos. Fueron
grandes intelectuales y grandes hombres. Tuve la suerte de tener a ambos como
maestros. (…) Aún así, está claro que el mundo los trata de forma muy
diferente. A mises se le negó el Premio Nobel de economía, que ganó Hayek el
años siguiente a la muerte de Mises. De Hayek se hacen ocasionalmente
antologías y se estudia en cursos universitarios, cuando es imposible evitar un
portavoz de la libre empresa; Mises es prácticamente un desconocido para la
academia estadounidense. Incluso entre organizaciones que defienden el libre
mercado en general, es Hayek el honrado e invocado, mientras que Mises es
ignorado o enviado al fondo.
Quiero especular (y presentar una teoría)
de por qué es así y explicar por qué yo (y entiendo que la mayoría de nosotros)
tenemos una opinión distinta. Por que yo (y supuestamente usted) somos
misesianos y no hayekianos.
Mi teoría es que la mayor preeminencia de
Hayek tiene poco o nada que ver con la economía. Hay poca diferencia entre la
economía de Mises y la de Hayek. De hecho, la mayoría de las ideas económicas
asociadas con Hayek se originaron en Mises y solo este hecho haría que Mises
estuviera muy por encima de Hayek como economista. Pero la mayoría de los
hayekianos declarados de hoy en día no son economistas de formación. Pocos han
leído realmente los libros responsables de la fama inicial de Hayek como
economista, es decir, su Monetary
Theory and the Trade Cycle y su Precios
y producción. Y me aventuro a decir que no hay más de diez personas
vivas hoy que hayan estudiado, de principio a fin, su Pure
Theory of Capital.
Por el contrario, lo que explica la mayor
preeminencia de Hayek es su obra, principalmente en la segunda parte de su vida
profesional, en el campo de la filosofía política, y aquí, en este campo, la
diferencia entre Hayek y Mises es realmente chocante.
Mi teoría es esencialmente la misma que
avanzaba mi amigo Ralph Raico: Hayek no es un liberal clásico en absoluto, o un
“Radikalliberaler” como le había
calificado el NZZ,
despistado como es habitual. Hayek es realmente un socialdemócrata moderado, y
como vivimos en la época de la socialdemocracia, esto le hace un intelectual
“respetable” y “responsable”. Hayek, como recordarán, dedico su Camino
de servidumbre a “los socialistas de todos los partidos”. Y los
socialistas en todos los partidos ahora le pagan utilizando a Hayek para
presentarse como “liberales”.
Para probarlo, me basaré principalmente en
Los fundamentos de la libertad y en
sus tres volúmenes de Derecho,
legislación y libertad, que se consideran por lo general como las
contribuciones más importantes de Hayek al campo de la teoría política.
Según Hayek, el gobierno es “necesario”
para cumplir las siguientes tareas: no solo para la “aplicación de la ley” y la
“defensa contra enemigos externos”, sino que “un gobierno de una sociedad
avanzada tendría que usar su poder para obtener fondos mediante impuestos para
proveer algunos servicios que por distintas razones no puedan ser
suministrados o no puedan suministrarse
adecuadamente, por el mercado”. (Como en todo momento existen un número
infinito de bienes y servicios que el mercado no provee, Hayek da al gobierno
un cheque en blanco).
Entre estos bienes y servicios están
protección contra violencia, epidemias o
fuerzas naturales como inundaciones o avalanchas, pero también muchas de las
amenidades que hacen tolerable la vida en las ciudades modernas, la mayoría de
las carreteras (…) la provisión de patrones de medida y de muchos tipos de
información que van de los registros territoriales, mapas y estadísticas a la
certificación de la calidad de algunos bienes o servicios ofrecidos en el
mercado.
Las funciones adicionales del gobierno
incluyen “la garantía de cierta renta mínima para todos”; el gobierno debería
“distribuir sus gastos en el tiempo de una manera tal que actúa cuando decaiga
la inversión privada”; debería financiar escuelas e investigación, así como
aplicar “regulaciones en la construcción, leyes alimentarias, la certificación
de ciertas profesiones, la restricción en la venta de ciertos bienes peligrosos
(como armas, explosivos, venenos y drogas), así como algunas regulaciones de
seguridad y salud para los procesos de producción y la provisión de
instituciones públicas como teatros, campos de deportes, etc.” y debería hacer
uso del poder de “dominio eminente” para mejorar el “bien público”.
Además, sostiene en general que “hay
razones para creer que con el aumento de la riqueza general y la densidad de la
población, continuará aumentando la porción de todas las necesidades que solo
pueden satisfacerse por medio de la acción colectiva”.
Además, el gobierno debería implantar un
extenso sistema de seguros obligatorios (“coacción que pretende evitar una
coacción mayor”), las viviendas públicas subvencionadas son una posible tarea
del gobierno e igualmente la “planificación urbana” y la “urbanización” se
consideran funciones propias del gobierno (siempre que “la suma de las
ganancias exceda la suma de las pérdidas”). Y finalmente, “la provisión de
amenidades y oportunidades de recreo o la preservación de la belleza natural o
de lugares históricos o de interés científico (…) Parques naturales, reservas
de la naturaleza, etc.” son tareas legítimas del gobierno.
Además, Hayek insiste en que reconozcamos
que es irrelevante lo grande que sea el gobierno o si crece y lo rápido que lo
hace. Lo único importante es que las acciones del gobierno cumplan ciertos
requisitos formales. “Es el carácter más que el volumen de la actividad del
gobierno lo que importa”. Los impuestos como tales y el nivel absoluto de
impuestos no son un problema para Hayek. Los impuestos (e igualmente el
servicio militar obligatorio) pierden su carácter de medidas coactivas,
si al menos son predecibles y se aplican
sin considerar cómo emplearía el individuo sus energías en otro caso; esto les
priva en buena medida de la naturaleza perjudicial de la coacción. Si la
necesidad conocida de pagar cierta cantidad de impuestos se convierte en la
base de todos mis planes, si un periodo de servicio militar es una parte
previsible de mi carrera, entonces puedo seguir un plan general de vida hecho
por mí mismo y soy tan independiente de la voluntad de otra persona al haber
aprendido los hombres a vivir en sociedad.
¡Pero por favor, debe ser un impuesto
proporcional y un servicio militar general!
Podría seguir y seguir, citando las
definiciones entremezcladas y contradictorias de libertad y coacción de Hayek,
pero eso basta para explicarme. Simplemente pregunto: ¿Qué socialista y qué
verde podrían tener problems con todo esto? Siguiendo a Hayek, todos pueden
orgullosamente llamarse a sí mismos liberales.
En un contraste evidente, ¡qué
refrescantemente claro (y muy distinto) es Mises! Para él, la definición de
liberalismo puede condensarse en un solo término: propiedad privada. El estado, para Mises, es la fuerza legalizada y
su única función es defender la vida y la propiedad sometiendo a los elementos
antisociales. Respecto del resto, el gobierno es “el empleo de hombres armados,
de policías, gendarmes, soldados, guardias de prisiones y verdugos. La
característica esencial del gobierno es la aplicación de sus decretos mediante
golpes, muertes y encarcelamientos. Quienes piden más interferencia del
gobierno están pidiendo en definitiva más compulsión y menos libertad”.
Además (y esto es para quienes no hayan
leído mucho a Mises pero invariablemente dicen “pero ni siquiera Mises era un
anarquista”), está claro que el joven Mises admitía la secesión limitada, hasta
el nivel de individuo, si llegamos a la conclusión de que la gobierno no está
haciendo lo que se supone que ha de hacer: proteger la vida y la propiedad. Y
el Mises mayor nunca rechazó esta postura. Mises, por tanto, como apuntaba mi
propio maestro intelectual, Murray Rothbard, es un radical del laissez-faire:
un extremista.
Hans-Hermann Hoppe, economista de la Escuela Austriaca
y filósofo anarcocapitalista, es profesor emérito de economía en la UNLV,
miembro distinguido del Instituto Ludwig von Mises y fundador y presidente de The
Property and Freedom Socie