Por Wendy McElroy. (Publicado el 29 de septiembre
de 2011)
Traducido
del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/5686.
*Traducción de Miguel Castañeda
Una de
las ideas más destructivas en la historia estadounidense podría estar cayendo
por su insoportable propio peso. Andrew Jackson declaró la idea sucintamente: “El
pueblo es el gobierno...” En el discurso de Gettysburg, Abraham Lincoln lo expandió:
“gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”.
Del pueblo significa
que el gobierno consiste en miembros procedentes del pueblo, no de una élite o
de un invasor. Por el pueblo significa que son ellos quienes tienen la
autoridad. Para el pueblo significa que aquéllos que gobiernan están actuando
en beneficio del pueblo en general en lugar de intereses creados o propios. Hoy
en día, la élite gobernante es claramente solo eso -- una élite. La persona promedio sabe que no tiene ningún
poder sobre las decisiones políticas que están devastando su vida y salud. Sabe
que a aquéllos en el poder no les importa para nada su bienestar.
Hay una
desconexión radical entre “la calle” y el gobierno, dejando a la calle rebelde
y cínica. Si el estado de ánimo lleva a los americanos a cuestionar al gobierno
en lugar de obedecerle, entonces, en última instancia, será una buena cosa.
“El
pueblo es el gobierno” es una idea peligrosa porque lleva al pueblo a confiar
en su gobierno y sus funcionarios elegidos. La creencia de que son socios
activos y valiosos del Estado hace que la gente sea menos propensa a cuestionar
motivos políticos o reclamar explicaciones. También los hace más propensos a
obedecer la ley sin importar lo injusta que ésta sea.
El
escepticismo activo hacia cualquiera en el poder es una poderosa protección de
la libertad. Hoy en día, el escepticismo parece estar en marcha. Los demócratas
se sienten traicionados por Obama y odian al GOP; los republicanos ven a la
administración Obama como un poder invasor; los partidarios del Tea Party
piensan que todos están vendiendo a Estados Unidos a la esclavitud; los
libertarios… bueno, son libertarios. Los estadounidenses no están menos divididos sobre cuestiones, que
van del aborto a los impuestos, de la guerra a la atención sanitaria, de los
derechos a la guerra en Irak. ¿Pero cuánto del actual escepticismo está
dirigido al gobierno en sí y cuánto meramente dirigido hacia un grupo
particular de políticos o problemas?
A menos
que la rebelión política se base en la teoría, la historia nos dice que
probablemente resultará en la aparición de un "fuerte liderazgo", no
la deconstrucción del poder.
¿Puede Estados
Unidos regresar a la libertad? La
solución se encuentra en el contenido de las ideas que surgen y dominan durante
los tiempos de confusión económica y política. Nada es más poderoso. Las ideas
empujaron a las 13 colonias a confrontarse al más poderoso y floreciente
imperio del mundo. Las ideas llevaron a la Rusia hambrienta y cansada de la
guerra a la revolución y la ruina. Las ideas pueden hacer girar al mundo o
detenerlo.
Un
obstáculo clave a la libertad son las ideas que se oponen a ésta, ideas que se
encuentran hoy atrincheradas en la sociedad como una forma de dogma. “Nosotros
el Pueblo” es una de ellas.
La federalización y la muerte de la libertad estadounidense
En su
nacimiento político (1776-1789), los Estados Unidos eran una liga de estados
separados-- una “liga de la amistad”-- bajo los Artículos de la Confederación.
Los Artículos declaraban, “que cada estado mantiene su propia soberanía y todos
los derechos para gobernar, excepto aquellos derechos específicamente otorgados
al Congreso”. Existió un débil Congreso federal. El núcleo del derecho
designado a ese Congreso era el de dirigir una defensa común contra los
enemigos; así, los estados individuales no podían poseer navíos o ejércitos
permanentes--aunque se alentaban las milicias. Tampoco un estado podía declarar
la guerra. Se esobozaron otros poderes modestos del Congreso. Por ejemplo, el
Congreso estableció un estándar de pesos y medidas y era el último tribunal de
apelación para las disputas interestatales.
No
debería aplaudirse ningún gobierno no voluntario. Pero no todos los gobiernos
deben ser igualmente despreciados. Por ejemplo, mediante el acuerdo de poder
limitado de la Confederación (especialmente en relación con la capacidad de
recaudar fondos), el Congreso no podía participar en guerras en el extranjero o
imperios. Solamente podía invocar a la defensa común contra un invasor.
Luego, en
1787, se reunió la Convención Constitucional. Su propósito anunciado era el de
modificar y consolidar los artículos de la Confederación. Hubo un entendimiento
explícito de que cada cambio a los artículos tenía que ser ratificado por todos
los estados antes de que pudiera adoptarse.
En su lugar,
la convención se dirigió y usó para abandonar los Artículos con el fin de
forjar un modelo totalmente nuevo de gobierno. En su libro Toward An American Revolution, el historiador Gerald John Fresia
escribía:
Los
redactores desafiaron estas estipulaciones legales, abandonaron su autorización
de solo modificar los Artículos, diseñaron un gobierno nacional centralizado enteramente
nuevo, e insertaron en la Constitución que debería entrar en efecto cuando fuera
ratificada por solo nueve estados.
El
Historiador J.W. Burgess declaró, que lo que
los redactores
hicieron realmente
fue, dejando de lado toda ficción y verborrea, asumir poderes constituyentes,
ordenar una constitución de gobierno y libertad y demandar un plebiscito al respecto sobre las cabezas
de todos los poderes legalmente organizados existentes. Si Julio César o
Napoleón hubieran cometido estos actos, habrían sido acusados de dar un golpe
de estado.
En su libro Empire
As A Way of Life, el historiador William Appleman Williams agregaba:
Bajo el
liderazgo de Madison, la (...) convención de 1787(...) elaboró (a puerta
cerrada) la Constitución. Tanto en la mente de Madison como en su naturaleza,
la Constitución era un instrumento de gobierno imperial local y en el
extranjero.
La
Constitución era lo suficientemente impopular dentro de la propia convención que
fueron necesarios muchos acuerdos para aprobarla; un acuerdo era la regla de los
tres quintos, por la cual los esclavos contaban como tres quintas partes de un
ser humano para propósitos de conteo de votos de sus propietarios en las
elecciones. La Constitución era aún más impopular fuera de la convención, entre
el público. Sin una Carta de Derechos adjunta para garantizar las libertades
individuales contra la intrusión federal, es muy poco probable que la
Constitución hubiera sido suficientemente ratificada en las legislaturas de los
estados para convertirse en ley.
La
ratificación de la Constitución en 1789 estableció el auspicio federal bajo el
cual los estados funcionaron y funcionan hoy. América se convirtió en una
nación federal. El documento anunciando su nacimiento comenzaba con, “Nosotros
el Pueblo de los Estados Unidos, con el fin de formar una Unión más perfecta...”
A través
de una Carta de Derechos añadida a regañadientes, el gobierno federal asumió el
manto de la protección de los derechos individuales, tales como el de proceso adecuado.
Pero las apariencias eran ilusorias. Antes de que pasara una década, el
Congreso adoptó las Actas de Sedición y Extranjería (1798), lo que suspendió
los derechos de la Primera Enmienda; se convirtió en crimen escribir expresiones
“falsas, escandalosas y maliciosas” en contra del gobierno o sus funcionarios o
de promover ya fuera la sedición o la oposición al presidente y al Congreso.
La
libertad de expresión fue suspendida largamente por una guerra, aunque no
declarada: la Cuasi Guerra
con Francia. Aunque lejos de ser una “guerra por el imperio”, la Cuasi Guerra
sí estableció el precedente de un gobierno federal violando severamente la
Carta de Derechos en tiempos de crisis, aunque invocaba otros aspectos de la
Constitución para su autoridad. Como era previsible, le siguieron guerras de imperio.
Sin duda, el punto de inflexión fue la Guerra de 1812, impulsada por un deseo
de expandir los territorios del noroeste. Con la Guerra Española-Americana
(1898)--por la cual Estados Unidos adquirió el control de Puerto Rico, Guam,
Filipinas y Cuba (temporalmente)--el gobierno federal se convirtió en imperio.
“Nosotros el Pueblo” y la Guerra de Secesión
El
discurso de secesión había existido en América desde los Artículos de la Confederación;
de hecho, la Guerra de Independencia puede verse como un acto de secesión. Pero
la Guerra de Secesión fue la línea divisoria histórica.
Antes de
la Guerra de Secesión (1861-1865), los Estados Unidos se consideraban un
plural. Por ejemplo, era más común para los libros y los periódicos de usar la
frase: “Estos Estados Unidos son...”
Fue
necesaria la muerte de 620.000 soldados y un número desconocido de civiles para
cambiar la sintaxis al singular: “Estados Unidos es...”
El cambio
no fue solo conceptual sino político. Cualesquiera los otros factores que
causaron la Guerra de Secesión, era innegable una expresión del último estado del
estado contra el poder federal: el derecho de secesión. En 1860 y 1861, once
estados del sur se separaron de los Estados Unidos y se unieron
independientemente como los Estados Confederados de América. El historiador
Maury Klein resumió el principal problema de la Guerra de Secesión en su libro Days of Defiance: Sumter, Secession, and the
Coming of the Civil War. Escribía:
¿Fue la
República una nación unificada en la cual los estados individuales fusionaron
para siempre sus derechos soberanos e identidades, o fue una federación de
estados soberanos unidos para propósitos específicos de la cual podían
retirarse en cualquier momento?
El Norte
afirmaba que Estados Unidos era una nación unida para siempre; peleó en el
nombre de “Nosotros el Pueblo de Estados Unidos, con el objetivo de formar una
Unión perfecta...” Si bien la esclavitud
se considera comúnmente como la causa de la Guerra ed Secesión -- y su importancia
no debería ser subestimada -- el entonces Presidente Lincoln declaraba claramente
en una carta (22 de agosto de 1862) a Horace Greeley, editor del New York Tribune:
Mi objetivo
primordial en esta lucha es salvar a la Unión, y no es ni salvar o destruir la esclavitud.
Si yo pudiera salvar a la Unión sin liberar a ningún esclavo, lo haría, y si
pudiera salvarla mediante la liberación de todos los esclavos, lo haría; y si
pudiera salvarla mediante la liberación de algunos dejando a otros solos,
también lo haría. Lo que haga sobre la esclavitud, y la raza de color, lo haré
porque creo que ayudará a salvar a la Unión; y de lo que me abstenga, me
abstendré porque no creeré que ayude a salvar a la Unión.
En 1865,
el Norte ganó el “debate” sobre la secesión. Cuatro años después, en Texas vs. White, el Tribunal Supremo
declaró que la secesión era “nula” e ilegal. La decisión de la mayoría fue presentada
por el Juez Principal Salmon Chase, que había sido un miembro de gabinete bajo
Lincoln. Escribió:
Cuando (...)
Texas se convirtió en uno de los Estados Unidos, entró en una relación
indisoluble. Todas las obligaciones de unión perpetua, y todas las garantías
del gobierno republicano en la Unión, se adjuntaron de una vez al Estado. El
acto que consumó su admisión en la Unión fue algo más que un compacto; fue la
incorporación de un nuevo miembro en el cuerpo político. Y era definitivo.
¿Descentralización, la nueva secesión?
La descentralización
es la forma moderada de secesión.
La descentralización
es el proceso por el cual un sistema político que es uniforme y centralizado se
convierte en diversificado y descentralizado. En el contexto actual, esto
significa trasladar el poder desde el nivel federal hasta el estado o estados.
Entre las presuntas ventajas: las autoridades serán más receptivas y rendidoras
de cuentas de aquellos a los que “sirven” si esas personas son vecinos. Ésa es
la teoría.
La descentralización
es un objetivo libertario comúnmente aceptado o, más bien, un paso en la buena
dirección. Las plataformas del Partido Libertario incluyen a menudo la
descentralización. La adoptada por Vermont en 1998 declaraba; “Reconocemos que
uno de los primeros pasos para alcanzar una sociedad libre es la descentralización
del gobierno”.
La
sección 8, “Policía”, de la plataforma de California (adoptada en 1998) dice, “Hacemos
un llamado a la descentralización de la protección policial a nivel de barrios
cuando no sea posible la entera privatización”.
Voces más
prudentes observan que la descentralización no garantiza los derechos
individuales. A veces solo trae al gobierno hasta tu patio trasero donde puede
oprimirte de primera mano. No obstante, la teoría libertaria es más partidaria
de la descentralización que de la centralización.
La teoría
libertaria se inclina hacia la descentralización de varias formas.
El
teórico social Friedrich A. Hayek se opuso vigorosamente a los que él llamaba “racionalistas
constructivistas”. Éstos son defensores de una autoridad centralizada que
considera a la sociedad como el resultado de una ingeniería y diseño sociales.
Hayek estaba argumentando específicamente contra el ideal socialista y marxista
de sociedad. Argumentaba, en su lugar, que las sociedades crecieron “a partir
de los esfuerzos libres de millones de individuos”.
Como la
sociedad resultó de la acción humana y no del diseño humano, Hayek rechazaba
los intentos de ingeniería de la sociedad, de planificación centralizada y de coordinación
de sus instituciones. Una razón: era una imposibilidad práctica adquirir el
suficiente conocimiento del presente, y mucho menos del futuro, para hacerlo.
En su libro Nation, State,
and Economy (1919), el economista austriaco Ludwig von Mises analizó
las desastrosas consecuencias de intentar implantar lo imposible.
A través
de sus escritos, Hayek y Mises presentaron dos conceptos a favor de la
descentralización:
1.
el individualismo
metodológico; y
2.
el orden espontáneo.
En su magnum
opus La Acción Humana, Mises
describió el individualismo metodológico:
Primero
debemos darnos cuenta de que todas las acciones son realizadas por individuos.
(...) Si escudriñamos el significado de las varias acciones realizadas por los
individuos debemos necesariamente aprender todo sobre las acciones de todo el
grupo.
El
lenguaje era un ejemplo utilizado para ilustrar el orden espontáneo que emerge
de acciones descoordinadas de los individuos. Ninguna autoridad central inventó
el hablar humano, por no mencionar el diseño de un lenguaje específico. Los
individuos lo hicieron para facilitar la obtención de lo que deseaban el uno o
del otro, así que el lenguaje evolucionó. En realidad, mientras más
centralizada se haga la autoridad, mayor será el bloqueo del orden espontáneo.
Conclusión
Desde una perspectiva libertaria radical, sin embargo, el
principal problema de la descentralización es el mismo que acosa a la secesión;
parece que nunca irá lo suficientemente lejos. Llevada a su extremo propio y
lógico, la descentralización debería resultar en un gobierno del individuo, por el individuo, para el
individuo, y no meramente en adquirir un mejor amo. Igualmente, la secesión
no debería permitir meramente a estados o ciudades abandonar una forma de
gobierno centralizado, sino también al individuo.
En cualquier caso, el concepto de “Nosotros el Pueblo” es
un poderoso obstáculo tanto para la secesión como la descentralización. Hasta
que el concepto sea completamente desacreditado y haya caído en desgracia, el
gobierno de EEUU se basará en la legitimidad transmitida por el concepto. Pretenderá
estar en asociación con “el pueblo” que le rendirá obediencia y respeto. Bajo
el “Nosotros el Pueblo”, no puede ocurrir un verdadero cambio político.
Wendy McElroy es autora de varios libros. Mantiene activos dos sitios
web: WendyMcElroy.com e ifeminists.com.