Por George Reisman. (Publicado el 10
de noviembre de 2010)
Traducido del inglés. El artículo
original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4834.
Hay un hecho fundamental acerca del
mundo que tiene profundas implicaciones para el suministro de recursos
naturales y la relación entre producción y actividad económica por un lado y el
entorno humano por el otro. Es el hecho de que toda la tierra consiste en
elementos químicos sólidamente apretados. No hay un solo centímetro cúbico ni
encima ni dentro de la tierra que no sea un elemento químico u otro o alguna
combinación de elementos químicos. Cualquier cucharada de tierra, tomada de
cualquier lugar se revela bajo análisis que no es sino una mezcla de elemento
que van del aluminio al zirconio. Medidos desde las capas superiores de su
atmósfera 4.000 millas hasta su centro, la magnitud de los elementos químicos
que constituyen la tierra en de 260.000 millones de millas cúbicas.
Esta enorme cantidad de elementos
químicos es la oferta de recursos naturales que proporciona la naturaleza. A
ella se unen todas las fuerzas energéticas dentro y alrededor de la tierra,
desde el sol y el calor proporcionados por miles de millones de millas cúbicas
de hierro fundido en el centro de la tierra al movimiento de las placas
tectónicas que forman su corteza a los huracanes y tornados que salpican su
superficie.
Por supuesto, en sí mismo, esta
oferta de recursos naturales es en buena
parte inútil. Lo importante desde la perspectiva de la actividad y la
producción económica es el subgrupo de recursos naturales que la inteligencia
humana ha identificado como poseedores de propiedades capaces de servir a las
necesidades y deseos humanos y sobre los cuales los seres humanos han obtenido
realmente el poder de dirigirlos a la satisfacción de sus necesidades y deseos
y hacerlo sin gastar cantidades ingentes de trabajo. Es la oferta de recursos naturales económicamente
utilizables.
La oferta de recursos naturales
económicamente utilizables es siempre solo una pequeña fracción de la oferta
general de recursos naturales proporcionados por la naturaleza. Con la
excepción del gas natural, incluso ahora, después de más de dos siglos de rápido
progreso económico, el total de la oferta de minerales extraídos por el hombre
cada año suma considerablemente menos que 25 millas cuadradas. Es un ritmo que
puede sostenerse durante los próximos 100 millones de años antes de que se
aproxime al 1% de la oferta que representa la tierra. (Estas estimaciones se
basan en hechos como el que el total anual global de la producción de petróleo,
hierro, carbón y aluminio pueden respectivamente suponer 1,15, 0,14 0,5 y 0,04
millas, basándonos en el número de unidades producidas y la cantidad que
corresponde a un metro cúbico. La producción de gas natural supone más de 600
millas cúbicas, pero se reduce a 1,1 millas cúbicas cuando se licua). En la
misma línea, toda la oferta de energía producida por la raza humana en un año
es aún mucho menor que la generada por un solo huracán.
A la vista de estos hechos, no
debería sorprender que la oferta de recursos naturales económicamente
utilizables no sea algo que sea fijo y dado y que se agota por las actividades
económicas del hombre. Por el contrario, no solo es una muy pequeña fracción de
la oferta de recursos naturales ofrecida por la naturaleza sino una fracción
que es susceptible de un agrandamiento
sustancial durante un tiempo futuro considerable. Las operaciones de minería
podrían desarrollarse multiplicadas por 100 a la escala presente durante un
millón de años y seguir afectando a menos del 1% de la tierra.
La oferta de recursos naturales
económicamente utilizables se expande a medida que el hombre aumenta su conocimiento
de la naturaleza y su poder físico sobre ella. Se expande cuando avanza en la
ciencia y la tecnología y mejora y aumenta su oferta de equipos de capital.
Por ejemplo, la oferta de hierro
como recurso natural económicamente utilizable era de cero para la gente de la
Edad de Piedra. Se convirtió en recurso natural económicamente utilizable solo
después de que se descubrieran usos para él y se dieran cuenta de que el hierro
podía contribuir a la vida y el bienestar humanos una vez forjados los
distintos objetos. La oferta de hierro usable era una cuando solo podía
extraerse cavando con palas. Se hizo sustancialmente mayor cuando las
excavadoras sustituyeron a las palas manuales. Se hizo aún mayor cuando se
encontraron métodos para separarlo de componentes que contenían azufre. Y así
ha seguido y puede continuar haciéndolo con cualquier recurso natural
económicamente utilizable. Su oferta ha aumentado y puede continuar aumentando
por tiempo indefinido.
El hecho de que la tierra esté
hecha de elementos químicos que el hombre ni crea ni destruye implica que,
desde el punto de vista de la ciencia física, la producción y la actividad
económica pueden entenderse como constitutivas de meros cambios en las
ubicaciones y combinaciones de los elementos químicos. Así, por ejemplo, la
producción de automóviles representa el movimiento de parte del hierro del
mundo de ubicaciones como el Mesabi Range en Minnesota al resto del país y, en
el proceso, la separación del hierro de elementos como el oxígeno y el azufre y
su recombinación con otros elementos como el cromo o el níquel.
Los cambios en las ubicaciones y
combinaciones de los elementos químicos que constituyen la producción y la
actividad económica no son en absoluto al azar sino que se dirigen precisamente
a mejorar la relación de los elementos químicos con la vida y el bienestar
humanos. El hierro en automóviles y electrodomésticos y en las vigas metálicas
que sostienen edificios y puentes tienen una relación mucho más útil y valiosa
con la vida y el bienestar humanos que el hierro que está en el suelo. Lo mismo
pasa con el petróleo y el carbón cuando se ponen de disposición de ser usados
para dar calor y luz a los hogares y ofrecer energía para las herramientas y
máquinas del hombre. Lo mismo pasa con la relación entre todos los elementos químicos que constituyen el material de los
productos comparados con aquellos elementos que están en el suelo.
En la medida en que la naturaleza
esencial de la producción y la actividad económica es mejorar la relación entre
los elementos químicos que constituyen la tierra y la vida y el bienestar
humanos, también es necesario mejorar el medio
ambiente del hombre que no es otra cosa que esos mismos elementos químicos
y sus fuerzas energéticas asociadas. La idea de que la producción y la
actividad económica son dañinas para el medio ambiente se basa en el abandono
del hombre y su vida como fuente de valor en el mundo y su sustitución por un
patrón de valor no humano, es decir, la creencia de que la naturaleza es intrínsecamente valiosa.
Con el hombre y su vida como patrón
de valor, el medio ambiente mejora por tanto cuando se llena de casas, granjas,
fábricas y carreteras, todas las cuales sirven directa o indirectamente para
hacer la vida más fácil. Cuando la naturaleza se ve en sí misma como valiosa,
entonces el medio ambiente se daña siempre que el hombre crea o hace cualquier
cosa que cambie el estado de naturaleza existente, pues entonces está
destruyendo sus supuestos valores intrínsecos.
Una consecuencia final que puede
deducirse es que un problema importante de nuestro tiempo no es la
contaminación medioambiental sino la corrupción
filosófica. Es la que subyace bajo la
creencia de que precisamente la mejora en las condiciones materiales externas
de la vida humana es de alguna forma dañina medioambientalmente.
El Doctor George Reisman es Profesor
Emérito de Economía en la Universidad de Pepperdine y autor de Capitalism: A Treatise on
Economics (Ottawa, Illinois: Jameson Books, 1996). Su sitio web es www.capitalism.net. Su
blog se encuentra en www.georgereisman.com/blog/.
(Puede descargarse una réplica completa
de su libro Capitalism:
A Treatise on Economics en pdf en el disco duro del lector simplemente
clicando en el título del libro que aparece aquí y salvando el fichero cuando
aparezca en pantalla).